"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry está allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronóstico, se enamoran.


Capitulo diecisiete

Retrocediendo en lugar de avanzar

— ¡No tienen ningún derecho a estar aquí!—exclamo la señora Weasley, su expresión era decidida a pesar de que sus ojos se encontraran inflamados y enrojecidos producto de las lágrimas que de seguro había estado derramando.

La furiosa mujer se había adelantado hasta impedirles el avance por el pasillo del hospital, muchas de las personas que también esperaban allí por noticias de sus familiares detuvieron lo que estaban haciendo y se quedaron observado la escena. Unos cuantos cuchichearon entre si explicándoles a los demás los pormenores del escándalo que había llevado a la disolución del trio dorado.

—¡Váyanse! —siseo la mujer, era consciente que todos en la sala de espera la observaban y aquello solo aumentaba su irritación inicial.

—Hermione quiere verlo—fue Harry quien habló. La castaña se mantenía a su lado en silencio, su mano apretaba con fuerza el antebrazo de él. Estaba nerviosa, adolorida y asustada y a Harry no le gustaba verla así.

—No tienen ningún derecho a estar aquí—insistió la señora Weasley, al borde de la histeria—. No sé cómo se atrevieron a…

Harry no supo cómo defenderse sin acabar confesando toda la verdad que tanto tiempo les había llevado ocultar. Y viéndolo desde la perspectiva de la señora Weasley, ella tenía todo el derecho a decirles que se fueran. Ella tenía todo el derecho a sentirse herida por ellos. Pero Hermione quería ver a Ron aun cuando él no comprendiera porque quería hacerlo.

Por un momento la idea de que Hermione fuera a confesar toda la verdad se hizo presente en su mente. Sin saber porque todo su ser se rebeló ante ello.

No, ella no haría eso, se dijo, no después del beso. Era ineludible que algo entre ellos había cambiado y él no quería perder aquello.

Aún no hemos hablado de eso, pensó. Pero sabía que las circunstancias no lo habían permitido, además, no iba a agobiarla hablándole de sus sentimientos que a cada momento parecían estar más claros. Aquel no era el momento.

Ya tendrían tiempo. Todo el tiempo del mundo.

O al menos eso era lo que él esperaba.

—Déjalos, mamá…—todos quedaron sorprendidos al ver quien pronunciaba estas palabras: Ginny. La joven Weasley estaba más delgada que antes, un par de ojeras se habían notar bajo sus ojos. Sus ojos no brillaban como antes.

Harry se sintió sumamente culpable, sabía que el aspecto apagado de la joven bruja no se debía solamente al estado de salud de su hermano. Pero no hubo ningún otro tipo de sentimientos aparte de ese. Solo una profunda culpa lo embargaba al ver el rostro de la mujer que una vez dijo amar.

—Pero… Ginny…—dijo su madre, su tono de voz se había dulcificado considerablemente al dirigirse a la menor de sus hijos—. Pero hija, ellos…

—Ya lo sé, madre—la interrumpió—. Pero fueron los mejores amigos de Ron durante muchos años, tal vez… Tal vez todo esto sirva para que las cosas vuelvan a ser como antes—intentó sonreír—, al menos en parte.

La mujer mayor se encogió de hombros no muy satisfecha pero dejo de cortarles el paso. Hermione le dedico una media sonrisa agradecida a Ginny y de inmediato preguntó, su voz teñida con un leve tinte de desesperación:

—¿Cómo esta…?

La expresión de Ginny no mentía. Y aun cuando Harry sabía la situación en la cual se encontraba su otrora viejo amigo, no pudo evitar estremecerse al oírlo de boca de otra persona. Hacía que todo pareciera más real.

—Muy mal. Los… —se le quebró la voz—, los sanadores no creen que logre… sobrevivir.

Ginny se secó las lágrimas con el dorso de su mano, la situación era demasiado angustiosa. Intentó respirar con profundidad a fin de controlar un poco sus emociones, fue difícil, pero lo logro. Hermione se acercó vacilante hacía ella y le tocó el antebrazo, la pelirroja alzó la mirada.

—¿Podría verlo…?—pregunto vacilante.

Ginny asintió, aun cuando pensaba que su madre no le agradaría mucho eso. Pero ella había visto la mirada aterrada en los ojos de la castaña, al parecer ella necesitaba verlo. Ella no podía decirle que no. Si la situación hubiera sido distinta, ella sabía que Hermione no la hubiera mantenido alejada de Harry.

—¿Esta él… consciente? —Ginny negó esta vez.

—No, los sanadores no han podido determinar qué tipo de hechizo lo golpeo…

—Fueron demasiados—interrumpió Harry. El recuerdo de lo acontecido lo invadió por unos instantes. Sacudió la cabeza a fin de acabar con los recuerdos.

—Sígueme—dijo Ginny, tomando a Hermione del brazo, juntas comenzaron a andar hasta la puerta en mitad del pasillo, los demás Weasley miraban con curiosidad pero ninguno de ellos dijo nada ante la presencia de Hermione allí.

La habitación era como cualquier otra en el hospital San Mungo, de un blanco inmaculado, pulcra, sin ventanas y aun así sumamente iluminada. En el fondo, recostado y completamente inmóvil, se encontraba Ron. Hermione tuvo que mirarlo fijamente para asegurarse de que en verdad respiraba. Ginny cerró la puerta detrás de si después de haber observado por unos segundos a su hermano.

Ya no quedaban cicatrices visibles del ataque que había sufrido, pero aun así, Hermione sabía que el daño iba por dentro. Se sentía tan culpable. Ella jamás había pensado que iba a tener que verlo así alguna vez. Se acercó con pasos vacilantes al lado de la cama, dolía tanto. No pudo evitar verse embargada por la culpa. Aun cuando sabía que ella nada tenía que ver con el ataque que Ron había sufrido.

Pero ella estaba ocultándole un secreto. Ella le había hecho sufrir.

Sin poder evitarlo, sus manos rodearon su propio abdomen. ¿Debería…? No podía creer que en verdad estuviera pensando en decirlo, a fin de cuentas, era imposible que él estuviera escuchándola. No parecía reaccionar a nada.

Además, decirlo no cambiaría las cosas.

Sintió como una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla hasta caer sobre el blanco edredón de la cama. Con cuidado, tomó una de las manos de Ron. Estaba fría y laxa. Sin vida.

—Lo siento, lo siento tanto, Ron—susurró.

Más lágrimas se unieron a aquella primera lágrima solitaria. Y muy a su pesar se dijo que aún no había olvidado a Ron, aun le dolía verlo así, aun sentía.

—Si tan solo las cosas hubieran sido diferentes—dijo con un gemido lastimero.

Verlo así se le estaba haciendo más duro de lo que pensaba. Acarició lentamente la mano inerte, estaba tan pálida, tan fría… No pudo evitar pensar en todos aquellos planes que tiempo atrás habían tenido. Matrimonio, una casa, hijos pelirrojos corriendo por las habitaciones… todo aquello había quedado atrás porque él no había sido el hombre que ella había soñado.

Porque él la había lastimado más allá de lo imaginable.

Y sin embargo, allí estaba Harry, y todos los extraños sentimientos que despertaba en ella y que solo lograban confundirla más. Sentía que la cabeza le iba a estallar.

Le dio un ligero apretón a la mano y se limpió las lágrimas antes de salir de la habitación. Había sido incapaz de decírselo, aun cuando él no pudiera escucharla.

Sabía que nunca podría. A pesar de lo confuso que eran sus sentimientos en aquel momento, aún estaba presente el miedo.

Y no había nada que ella pudiera hacer contra ello.

Salió de la habitación con pasos vacilantes, se sentía mareada. Abrumada por todo lo que estaba sucediendo, por todo lo que estaba sintiendo. Harry se acercó a ella en cuanto la vio salir, alargó una de sus manos para tomarla pero ella no alcanzó a hacerlo pues entonces todo se volvió negro y dejo de ver lo que había a su alrededor.

Cuando Hermione despertó, todo resultaba confuso. Con vacilación se llevó una mano hasta la cabeza y se masajeo la frente. Los recuerdos se entremezclaban con un extraño sueño. Pensó que se encontraría en su cama pero se encontraba en otro lugar, desconocido en un primer momento pero que por la blancura de todo lo que la rodeaba supo que se trataba del hospital. Seguía allí. Todo había sido verdad. Todo.

Intentó incorporarse, pero aún se sentía débil.

—¿Cómo se siente señora Potter? —preguntó una mujer, por su atuendo supuso de inmediato que se trataba de una de las sanadoras de San Mungo, ¿qué podía haberle sucedido para necesitar una?

—Me siento algo mareada—respondió sincera—. Disculpe pero… ¿Por qué estoy aquí?

—Sufrió un desmayo—contestó la mujer—, lo cual es normal en su situación.

—Pensé que eso no sucedía después de los tres primeros meses.

—Normalmente así es, en el caso de un embarazo muggle normal. Pero usted es una bruja y su esposo también, y es normal que para esta etapa de la gestación el bebé comience a experimentar descargas de magia que repercuten en su estado.

Aquello la extrañó, no recordaba haber leído nada semejante en los libros que había comprado, por primera vez en su vida había algo de lo que no sabía nada y eso la hacía sentir sumamente insegura. Odiaba sentirse así, la hacía ver débil. Ya se sentía demasiado vulnerable.

Sentía deseos de llorar. Y aquello no ayudaba.

—Supongo que no ha estado viendo a ninguna comadrona experimentada—comentó la sanadora. Hermione se encontraba momentáneamente perdida en sus pensamientos.

—Eh… no. He estado viendo a un médico muggle—respondió.

—Ya lo sospechaba. Bueno, le recomendaré a alguien, ella se encargara de realizarle visitas de rutina para ver cómo está el estado del bebé. Y no se preocupe señora Potter, es normal que se sienta más cansada que lo normal—Hermione se sorprendió de esto, había pensado que su mal estado solo se debía a la preocupación. Muy a su pesar debía admitir que había estado ignorando las señales—. Aun así lo mejor será que limite al mínimo el uso de magia durante los siguientes dos meses o al menos hasta que el nivel de magia de su bebé se regularice.

Hermione asintió. Habían algunas cosas que ella desconocía completamente, muy a su pesar se dijo que se había concentrado en la parte práctica de la maternidad y no en ese otro tipo de diferencias, las relacionadas con la gestación. Debía preguntarle a su madre si ella también había notado algunas de esas señales, aunque seguramente ella también lo había atribuido a algo normal como la propia Hermione había hecho.

No pudo evitar suspirar. La sanadora se acercó para ayudarla a levantarse de la camilla en la que había estado recostada entonces llamaron a la puerta, la mujer le hizo un gesto para que permaneciera sentada en el borde de la camilla mientras ella con un movimiento rápido de varita abría la puerta. Allí en el umbral, y con el rostro marcado por la preocupación, se encontraba Harry.

Hermione sintió como su corazón comenzaba a latir con mayor fuerza pero se obligó a recomponer el gesto y no dejar que su rostro la delatara.

—Despertaste—dijo Harry. Hermione simplemente asintió.

Harry entró en la estancia, luego de escuchar las instrucciones que la sanadora le repitió ayudo a Hermione a bajar de la camilla. Ninguno de los dos habló mientras caminaban por los pasillos del hospital rumbo a la salida. Ninguno dijo nada aun cuando habían muchas cosas entre ambos que debían ser aclaradas.

El silencio se prolongó incluso cuando llegaron a la casa que compartían en Godric's Hollow, casa que ninguno de los dos había pisado desde esa tarde de Navidad.

—Me voy a la cama—susurró Hermione nada más traspasar el umbral. No hubo más palabras, Harry se quedó mirando como ella desaparecía escaleras arriba.

Él fue hasta la cocina, desde la ventana ya se veían los primeros rayos del sol anunciando un nuevo día. Un nuevo año. Se preparó algo rápido para comer notando repentinamente lo hambriento que se sentía, cuando se sentó a comer no pudo evitar pensar en lo distinta que era su vida ahora en comparación con el primer día del año anterior.

Se dio cuenta de que no cambiaría nada de lo que había ocurrido.

Una vez dio cuenta de todo lo que había puesto en su plato decidió ducharse, se sentía extrañamente incómodo en su propio cuerpo pero ni siquiera el agua caliente y el delicado jabón ayudaron. Sabía que el problema era otro y se encontraba durmiendo en un costado de la cama de la habitación principal.

Ella había intentado que no se notara pero él la conocía demasiado bien, siempre había sido así. La observó unos instantes mientras dormía, su pecho bajaba y subía lentamente con cada respiración que tomaba, le gustaría poder ayudarla pero había cosas que él no podía hacer y eso era aclararle a ella sus propios sentimientos.

Pero los de él eran cada día más claros y temía que más temprano que tarde estos salieran a la luz sin poder evitarlo.

Se moría por besarla nuevamente. Durante todos esos días persiguiendo a los mortifagos fugitivos, con la muerte siguiéndole a la saga, no había dejado de pensar en ella. En Hermione. Se sentía un tonto por no haberse dado cuenta antes, por no haber notado a quien tenía frente a él.

Por todos esos años en que se engañó pensando que lo que sentía era simple y puro amor fraternal.

Estaban más allá de aquello.

Había confundido el amor con la atracción, había pensado que el amor era eso. Una revelación que te golpeaba con la fuerza de un rayo. Pero estaba equivocado, el amor era como una corriente de agua subterránea que riega un campo floreciente. Era estar allí cuando el otro te necesita, el amor era amistad, confianza, era lealtad.

Todo eso lo sabía ahora. Estaba claro para él como las memorias en un pensadero. Lo que necesitaba saber era si ella sentía lo mismo.

Suspiro antes de ponerse el pijama y meterse en la cama, no se resistió y rodeo con sus brazos la ya no tan pequeña cintura de Hermione, enterró su rostro en su indomable cabello respirando el dulce aroma del mismo.

Y allí, con ella en sus brazos, por fin se sintió en casa.

Hermione se despertó de un sueño intranquilo sintiéndose rodeada por la calidez de un par de brazos que conocía muy bien. Cerró los ojos unos instantes y entonces la culpa se llevó la mejor parte de ella, sin poder evitarlo, empujo los brazos de Harry lejos de ella. De inmediato se sintió vacía.

—¿Qué sucede? —preguntó él con voz somnolienta, su movimiento lo había despertado.

El sol se colaba por entre los pliegues de las cortinas, debía ser cerca de media mañana pero ambos parecían lo suficientemente exhaustos para seguir durmiendo.

—Quiero estar sola—contestó Hermione aun de espaldas a él.

—Hermione…—insistió Harry, con cuidado se inclinó levemente hacía ella pero la castaña parecía adivinar sus intenciones y se alejó rápidamente de él hasta el borde de la cama.

—Quiero estar sola…—repitió.

Harry asintió de espaldas a ella, entendiendo que irremediablemente después de esa visita al hospital algo había cambiado. Apartó las mantas de la cama casi con violencia y salió de la habitación. Esperaba que el sofá de su estudio resultara cómodo aunque repentinamente ya no sentía sueño.

Hermione soltó un suspiro lastimero en cuanto sintió la puerta cerrarse a sus espaldas y sin poder evitarlo rompió a llorar de cara a la almohada.

Cuando se levantó ya era pasado el mediodía, no había vuelto a dormir, simplemente había dado vueltas en la cama sintiéndose furiosa y culpable consigo misma a partes iguales. La confusión era la peor parte por eso ni siquiera se permitía pensar en ella.

Bajo hasta la cocina sabiendo que sus ojos eran incapaces de ocultar que había estado llorando, estaban rojos e hinchados, esperaba que Harry no le preguntara porque había llorado. No sabría que responderle.

¿Habría sido por Ron? No estaba segura.

¿Había sido porque lo había herido? Tal vez.

¿Había sido porque se sentía despiadada diciéndole lo que sentía mientras su antiguo amor yacía moribundo?

Sabía cuál era la respuesta pero se negaba a verla.

Lentamente se preparó algo para comer simplemente porque sabía que debía hacerlo por el bien del bebé no porque se sintiera hambrienta. Se sentó a la mesa con un gran vaso de leche y un par de tostadas, acababa de dar el primer bocado cuando Harry entró a la habitación.

Ninguno de los dos se saludó. Aquel día no parecían estar para las palabras. Él simplemente se limitó a prepararse algo para comer, se lo llevaría hasta su estudio, aún tenía papeleo por hacer antes de su reunión con el Ministro de Magia esa misma tarde. Se estaba dando vuelta para salir de la cocina cuando el ulular de una lechuza llamó su atención pensando que debía tratarse de algún asunto del Ministerio se adelantó para tomar la nota que la lechuza le tendía. No era una carta con el sello oficial del ministerio si no un trozo de pergamino rasgado. Lo abrió con manos temblorosas temiendo lo que aquella misiva podía decir. En la nota solo se leía con una caligrafía rápida y temblorosa pero aun así demasiado conocida. Ginny.

Se ha ido.

Sabía muy bien lo que significaba esa escueta frase, sintió como algo dentro de él se rompía al leerla por lo que tuvo que volver a recorrer con la vista aquella frase para asumir que era real.

Aun así no parecía verdad.

—Hermione…—susurró.

—¿Qué?

—Hermione, Ron…—se le quebró la voz—. Ron esta… muerto.

La castaña rompió a llorar, todo su cuerpo temblaba producto de los sollozos que escapaban con violencia de su garganta. No pudo evitarlo y se acercó a ella, la abrazó con fuerza mientras sentía como lentamente los sollozos comenzaban a hacerse más esporádicos hasta finalmente desaparecer. Pero el llanto no acababa, las lágrimas mojaban su camisa y sin poder evitarlo él también lloró.

Por el amigo que se había ido… por el hermano que ya no estaba.

Por el tiempo perdido.


Ya sé lo que dirán ¡al fin!

Lamento en verdad la demora, algo más corta que la vez anterior, pero estos días no han sido los mejores para mí. Me dieron una pésima noticia y no me sentía yo misma y por lo mismo no era capaz de escribir algo apropiado, pero ahora… en parte me siento mejor. Solo les pediré paciencia por si esto hubiera de repetirse nuevamente.

Supongo que algunas se sienten sorprendidas, otras tal vez decepcionadas, pero bueno, la verdad es que en un principio no sabía muy bien qué hacer con Ron… hasta que hace un par de meses esto llego a mi mente y no pude decirle que no. Aunque, ya ven, intenté reivindicarlo un poco al final…

Tal vez también se sentirán confundidas con la aptitud de Hermione en estos momentos, pero bueno, sentía que era necesario, la culpa, la confusión… No podía dejarla indiferente ante la situación del que ella creyó el amor de su vida.

Y, tercer punto, lo del bebé, como nunca se nos ha dicho si existe diferencia o no, decidí correr con colores propios, a fin de cuentas los niños magos o brujas realizan magia involuntaria, entonces pensé ¿y los bebés? Todos sus sistemas están en desarrollo y la magia es parte de ellos, es evidente que tiene que marcar una diferencia. Más de eso se verá en el siguiente capítulo.

Bueno, antes de acabar, quiero agradecer todos sus reviews, like y follows que hacer crecer cada día esta historia, además, quiero responder a los reviews que no he podido contestar por pm:

emily pineda: me alegra que te gustara el capítulo, en verdad me halaga que digas que tengo talento… esperare seguir dándoles lo mejor. Muchas gracias por leer y comentar.

jessica-haruzuch: Muchas gracias por leer y comentar, y en especial por entender que el dolor es necesario y que la historia no puede ser siempre color de rosas. Saludos.

Zae: Lamento la prolongada desaparición, la verdad, si me pongo a explicarla me sale del tamaño de un capítulo entero, demasiadas cosas, pero ya estoy aquí, me alegra que te gustará el capítulo. Muchas gracias por leer y comentar la historia capitulo a capitulo.

Sara Swan: Si, he vuelto. Y descuida, no abandonare esta historia, lamentablemente las musas no han estado de mi lado para seguir escribiendo Light in darkness de momento, tendré que ver qué hacer con ello. Me alegra de que te gustara el capítulo y espero que la reacción de los Weasley haya sido satisfactoria. Saludos.

Bueno, nuevamente, gracias por todo (principalmente la paciencia) espero tener el próximo capítulo dentro de una semana.

Saludos (y no se olviden de comentar)