"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry está allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronóstico, se enamoran.


Capitulo diecinueve

Una nueva vida, un nuevo comienzo

Hermione sostenía una taza de té caliente entre sus manos frías, Harry estaba sentado frente a ella. Estaban separados por la mesa de la cocina que parecía del doble de su verdadero tamaño en esos momentos. Ninguno de los dos decía nada desde que se sentaron allí diez minutos atrás.

Ninguno de los dos parecía preparado para decir aquello que llevaban tanto tiempo guardándose para sí.

Hermione bebió un sorbo de su té. El sabor se sintió amargo en su boca a pesar de que estaba endulzado con bastante azúcar.

Los minutos pasaban como bien lo indicaba el pequeño reloj circular sobre la encimera. Ninguno parecía querer romper el hielo, sin embargo, uno de los dos debería hacerlo si querían llegar a algún lugar.

La pregunta sin responder era quien sería el primero. Los minutos seguían pasando y pasando, y pasando…

Inspirando casi con violencia, Hermione se preparó para decir las palabras que se llevaba meses susurrando en silencio.

—Lo siento…—su voz sonó tan débil que Harry tuvo que alzar la mirada para estar seguro de que eran los labios de la castaña los que se movían.

Lo eran. Aquella era la primera vez que él la miraba a los ojos en meses y Hermione no pudo evitar sentirse momentáneamente intimidada por la intensidad con la que esos ojos verdes se clavaban en los suyos. Había momentos así, los cuales siempre había negado, en que él la miraba de ese modo y ella sentía como sus piernas se convertían en gelatina.

Ahora, fue él quien habló.

—Yo también lo siento… No debí comportarme contigo como lo he estado haciendo. Fue muy injusto de mi parte, pero es que pensé…—sacudió su cabeza, desordenando aún más su oscuro cabello. Sus ojos verdes dejaron de mirarla.

Ella no pudo resistirse, con pasos lentos, producto de lo avanzado de su embarazo, camino hasta quedar junto a él. Una de sus manos acarició el descuidado cabello de su mejor amigo, ella sintió como su cuerpo se tensaba producto de la sorpresa pero inmediatamente después se relajaba ante su toque.

—¿Tú pensabas qué, Harry…?—preguntó en voz baja.

Harry no alzó la mirada. Parecía que no la había escuchado, por lo que repitió:

—¿Tú pensabas qué, Harry…?

Cuando él alzó la mirada, ella no apartó las manos, estas siguieron moviéndose por su cabello.

—Yo pensé que tú estabas sintiendo algo más por mí…

Hermione no supo porque, pero aquellas palabras aceleraron su corazón, por acto reflejo, quiso alejar sus manos de la cabeza de Harry pero él se lo impidió sosteniéndolas contra sus mejillas, reclinando su rostro sobre sus palmas abiertas. Haciendo que un escalofrío la recorriera por completo.

—Pensé que tal vez podíamos tener una oportunidad. Que tal vez, todo podía ser verdad. Fui tan tonto… al no notarlo antes. Pero, no soy ciego… sé que tú sigues queriéndolo y que lo que yo siento…

—¡Lo que sientes me importa, y mucho! —dijo ella, apasionada. Sus ojos castaños brillaban enfebrecidos.

—Pero tú sigues queriéndolo. No importa lo que haya pasado—insistió Harry.

Hermione suspiró dejando salir todo el aire de sus pulmones casi con violencia.

—No voy a mentirte. Nunca más. Lo quise, quise mucho a Ron. Y aun me siento algo confundida con todo lo que ha ocurrido este último año… Ha sido todo demasiado difícil para mí. Demasiados cambios. Tenía un plan de vida ¿sabes? Un plan que simplemente se vino abajo como un castillo de arena. Y…—ella se detuvo, sintiendo como el nudo en su garganta que se había comenzado a formar al inicio de sus palabras se ceñía más fuertemente. No pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas cuando prosiguió—. Oh, Harry, he sido tan tonta, tan tonta. No creo que lo comprendas, pero tenía tanto miedo… llevo años luchando por ser la mejor, por siempre mostrarme segura y confiada y… Y de pronto todo cae y yo ya no sé ni quien soy.

» Y de pronto apareces tú. Como si fueras un caballero de brillante armadura de un cuento que he dejado abandonado en mi estantería. Y todo se hace más confuso. Mucho más. Porque nunca pensé que podría sentirse así…—quitó las manos de su cabello y se cubrió el rostro con ellas buscando amortiguar un sollozo. No lo logro—. Tenía miedo, aun lo tengo. Me asuste cuando empecé a sentir por ti cosas que no conocía… Me asuste aún más cuando te besé y tú me devolviste el beso ¿Qué significaba? ¿Sentías algo por mí o simplemente la oscuridad de la noche te hizo confundirte? Sé que soy totalmente distinta a Ginny… sé que apenas si tenemos cosas en común. Pero… cuando me besaste pensé que tal vez no era solo yo la que estaba sintiendo algo nuevo, pero entonces…

—Hermione…

—Déjame terminar por favor—pidió—. Entonces, entonces sucedió todo esto con Ron—su voz se quebró aún más al pronunciar su nombre—, y me sentí tan mal, tan culpable… porque no podía dejar de pensar en ti ¡y él se estaba muriendo! Y todas sus acusaciones de pronto me parecieron tan ciertas. Tan ciertas… Yo siempre te ponía en primer lugar, sin siquiera darme cuenta. Y tú siempre estabas allí y… había veces, en que nos entendíamos perfectamente sin decir nada. Y no sé porque pero me dio miedo ser lo que él decía que era e intenté alejarme de ti. En verdad lo intenté. Pero no puedo, no puedo estar lejos de ti ¿y sabes porque? —preguntó, pero su pausa fue tan breve que no le dio tiempo a él de responder—. Porque te quiero, Harry, te quiero… te quiero tanto, no sé cómo demoré tanto tiempo en darme cuenta. Siempre te he querido es solo que… Por favor, di algo—rogó al verlo en silencio.

Él no habló. Con lentitud, como si no quisiera asustarla, se puso de pie. Y con aun mayor lentitud se acercó a ella hasta que sus narices se tocaron entre sí. Hermione cerró los ojos sin poder evitarlo y entonces… sus labios volvieron a impactar contra los suyos. Este beso fue distinto al primero. Y aun así, muy similar. Cuando sus labios se encontraron por primera vez fue como encontrar algo que crees desde hace tiempo perdido, fue volver al hogar. Cuando sus labios comenzaron a moverse, tímidos a un principio, fue como si el hielo que los cubriera por fin se resquebrajara. Cuando los brazos de él la abrazaron, ella se sintió en el cielo.

Fue un beso con el dulce sabor del reencuentro y el regusto salado de las lágrimas. Fue un beso que pareció durar una eternidad y a la vez tan solo un segundo.

Cuando por fin se apartaron, no sin cierta reticencia, Harry apoyó su frente contra la de ella. Ambos se mantenían con los ojos cerrados.

—Tengo miedo…—susurró Hermione, sus ojos cerrados, sus manos firmemente aferradas a la espalda de él—, tengo miedo de abrir los ojos y descubrir que esto ha sido solo un sueño.

—No lo es—le respondió—. Te quiero, Hermione. No es un sueño, por favor, abre los ojos…

Y ella los abrió. Aquellas orbes castañas brillaban ahora con una nueva intensidad y él no pudo evitar besarla otra vez.

—Lamento el modo en que me comporté contigo—dijo Harry en cuanto dejaron de besarse—, actué de un modo despreciable. Pero me sentía tan herido… pensé que esa noche, que ese beso solo fueron algo sin importancia. Por un minuto llegue a pensar que querías que todo acabara y decir la verdad. No sabes cuándo me dolió la idea. No quiero perderte—susurró apasionadamente—. Y tampoco quiero perderlo a él o ella—susurró más lentamente ahora, sus manos abarcaron el abultado vientre de la castaña—. Quiero que seamos una familia. De verdad. Te quiero, a ti, para siempre…

—Y yo a ti…

—¿Podrás perdonarme?

—¿Y tú a mí? —preguntó a su vez.

—Comencemos de nuevo. No más malos entendidos, solo tú y yo… No más dudas, no más miedos.

—No entiendo cómo puedes quererme—no pudo evitar preguntar. Harry sonrió.

—¿Acaso no te has visto en un espejo? —inquirió.

—Debo estar horrorosa.

Él la abrazó con fuerza.

—Tonterías. Eres la mujer más hermosa del mundo. La más hermosa, la más inteligente, la más valiente… la más terca—agregó con una sonrisa que le valió un ceño fruncido de Hermione. Él la beso allí, donde sus finas cejas intentaban unirse sin éxito—. Te amo… eso no va a cambiar.

—Pero…—insistió. Aun no se sentía segura. Había hábitos de los cuales era sumamente difícil deshacerse—. ¿Qué hay de Ginny…?

—No sé si alguna vez fue amor. Al menos sé que no es igual a lo que siento por ti. Pero tal vez era necesario, tal vez me confundí… cuando comencé a salir con ella tenía 16 años y ¿qué sabe un chico de 16 sobre el amor? Mejor dicho ¿qué sabía yo del amor?

—No lo sé…

—Nada. Pero ahora sé lo que es. El amor no es como un rayo que te golpea con violencia. El amor es… es como nosotros. Es lento, es tranquilo… es como una corriente subterránea que de pronto, sale a la superficie. Tú siempre estuviste conmigo, Hermione. Siempre hemos sido tú y yo… simplemente éramos demasiado jóvenes para notarlo… Pero ahora, solo quiero pasar el resto de mi vida contigo ¿no quieres tú lo mismo?

—Si—susurró ella—. Si, si…

—Para siempre…—susurró él justo antes de besarla.

Aquella noche, después de muchos meses, Hermione sintió que estaba de vuelta en casa, acurrucada sobre el pecho de Harry. Rodeada por sus brazos.

Esa noche, no hubo pesadillas.

Los días que siguieron… fueron como un sueño. Por lo que Hermione se encontró ocasionalmente pellizcándose el antebrazo para cerciorarse de que todo era verdad.

Con la llegada de la primavera también comenzaba a acercarse la fecha en que el bebé nacería. El inminente nacimiento de su hijo o hija, pues aun no sabían el sexo del bebé, tenía sumida a Hermione en un estado de ansiedad constante, además, mientras más se acercaba la fecha más incómodo se volvía su embarazo. Ya no recordaba la última vez que fue capaz de ver sus pies mientras caminaba o la última vez que pudo dar una corta caminata sin sentir que sus pies eran del triple de su tamaño. Nada le quedaba bien y parecía que su vientre no paraba de crecer.

Las noches eran lo peor… pues parecía que el bebé no podía mantenerse quieto cada vez que su madre se colocaba en posición horizontal, buscar una posición cómoda para dormir hizo que varias noches Harry se despertara al caer de la cama.

—Lo siento—se disculpaba ella.

—No te preocupes—Harry siempre respondía mientras se ponía de pie y volvía a la cama, después la abrazada y Hermione podía descansar un par de horas entre sus brazos.

Bajar las escaleras cada día era un martirio. Siempre le tomaba cerca de quince minutos llegar a la cocina, a pesar de que Harry insistía en que ella podía pasar perfectamente el día en cama. O al menos, desayunar arriba. Hermione a su vez insistía en que algo de ejercicio —aunque este fuera subir y bajar las escaleras— la ayudaría. Pero una mañana a inicios del mes de mayo, cuando el sol entraba a raudales por las ventanas de la casa, ella simplemente se quedó a medio camino.

Fue tan repentino que ni siquiera pudo estar segura de que aquello en verdad estaba sucediendo. El dolor vino de repente, bajando como fuego liquido por su columna y asentándose con fuerza en su vientre. Hermione había tenido una buena cuota de dolor en su vida pero nada se asemejaba a ello. Por miedo a caer, se aferró con más fuerza al pasamano de la escalera, aun cuando lo único que deseaba era envolver con sus manos su vientre y recostarse en posición fetal para que así el dolor disminuyera.

Intentando no gritar de dolor, apretó sus labios con fuerza. Y espero a que acabase.

Solo cuando el dolor comenzó a remitir, ella pudo permitirse hablar.

—¿Harry? —susurró pero era imposible que él la escuchara desde la cocina, inspirando un poco para recuperar el aire que la contracción le había quitado, gritó: — ¡¿Harry?!

Él la encontró aun aferrada al pasamano. Su rostro estaba pálido. Tan pálido como el de uno de los fantasmas que habitaban Hogwarts.

—¿Hermione? —inquirió, la preocupación haciéndose patente en su voz mientras con pasos rápidos llegaba hasta ella, la tomó de los hombros y ella casi se desploma contra él.

—El bebé…—susurró—, creo que ya viene…

Y esta vez… ella estaba segura, no como hacía unas semanas cuando había sentido las primeras contracciones de preparto las cuales palidecían en comparación a la intensidad de la que acababa de sentir. Algo frio se deslizo por su espalda. Era el miedo. Miedo a lo que estaba por venir, miedo de que algo fuera a ir mal… sintió como su cuerpo iba perdiendo calor. No podía dejarse vencer por el miedo pero tampoco podía evitar sentirlo. Desesperada, busco los ojos verdes de Harry pero no le trajeron ninguna paz, él también estaba preocupado.

Y entonces, el dolor se dejó sentir nuevamente y esta vez ella no pudo evitar gritar.

—Tranquila, tranquila…—le susurraba Harry mientras la sujetaba, aún seguían en precario equilibrio sobre uno de los escalones.

La siguió abrazando hasta que sintió que ella se calmaba un poco, entonces, la ayudo a llegar hasta la habitación. Hermione parecía una pequeña muñeca desmadejada entre sus brazos y se dejó hacer mientras recuperaba fuerzas. Estaba tan pálida como el almohadón sobre el cual descansaban su cabeza y espalda.

—Tienes que contactar a Helen…—dijo ella en alusión a la comadrona—. Y también a mamá, no me perdonaría perdérselo—calló, apretando los labios con fuerza mientras se preparaba para el dolor que estaba por sentir. Hizo un gesto con la mano para detener a Harry que se apresuraba a ir a su lado—. Hazlo, por favor. Voy a estar bien…—le dijo, pues a pesar de todo, no era la primera mujer que tenía que soportar los dolores del parto.

Harry la observó sin saber muy bien que hacer, no quería dejarla sola, pero también sabía que había muchas cosas que preparar antes de la llegada del bebé. ¿Cuánto demoraría? No tenía la menor idea. En esos momentos pensó que tal vez hubiera sido una buena idea mirar alguno de los libros que Hermione tenía sobre embarazos.

—¿No crees que deberías ir al hospital? —inquirió.

Hermione negó, su rostro se veía más tranquilo. El dolor había pasado.

—No, aún hay tiempo. Además Helen sabrá lo que hay que hacer. Quiero que nuestro bebé nazca aquí…

La forma en que pronunció las palabras nuestro bebé, hizo que algo se sacudiera casi con violencia en el interior de Harry. Él asintió. Sin poder resistirse se acercó hasta ella y le dio un rápido beso en la frente antes de salir de la habitación para cumplir con lo que Hermione le había encomendado.

Hermione se dejó caer contra los almohadones mientras mantenía la vista fija en el pequeño reloj sobre la mesita de noche, los minutos fueron pasando sin que nada ocurriera, pasaron cerca de trece minutos antes de que sintiera una nueva contracción a pesar de que era de la misma intensidad que las otras tres anteriores dolió. Y mucho.

El mismo proceso se repitió antes de que Harry volviera a la habitación acompañado de la comadrona, de inmediato la mujer fue al lado de Hermione. Con su varita realizo una serie de rápidos hechizos que aumentaron de tamaño el pequeño bolso que traía consigo e hicieron aparecer una mesita donde dejo toda su indumentaria. Después se acercó a Hermione y le pregunto qué era lo que sentía.

Harry simplemente se quedó mirando, sin saber muy bien que debía hacer.

—Señor Potter, si se va a quedar allí quieto mirando, lo mejor será que se retire. Ahora, si quiere ser de utilidad, porque no me alcanza algo de ropa más cómoda para su esposa.

Algo en el tono autoritario de la mujer se le hizo familiar por lo que no se lo tomó a mal. A decir verdad, necesitaba que alguien le dijera que hacer, él no tenía ni la menor idea de lo que se esperaba de él. Su única experiencia con bebés era la que había obtenido cuidando de vez en cuando a su ahijado, Teddy Lupin, pero él siempre había sido su padrino y bueno… ahora iba a ser padre. Y eso suponía una gran diferencia, como levantarse a medianoche a cerciorarse de que el bebé estaba bien y cambiar pañales.

Pero el parto… aquello sí que era totalmente ajeno a él y no sabía muy bien que hacer.

Harry asintió y se dirigió al armario para buscar algo para Hermione, pero de inmediato le asaltó la duda. ¿Qué querría para esos momentos?

—Tercer cajón a la derecha. Ahí hay un camisón que me vendría bien—dijo ella desde la cama. Él busco lo que ella le pedía y se lo alargo a la comadrona.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó él a Hermione.

—Bien…—le respondió—. ¿Ya le avisaste a mamá?

Él asintió.

—Van a llegar en una hora a lo sumo, me dijo que la llamara a su celular por cualquier cosa.

—Señor Potter, tal vez no le importaría retirarse unos minutos—dijo la comadrona frunciendo los labios. Era una mujer alta y delgada como una vara. Mirándola con atención Harry decidió que le recordaba un poco a la profesora McGonagall, aunque esta mujer no era como la actual directora de Hogwarts. Era una matrona de la antigua escuela, esa que no logra comprender porque un hombre querría entrar en el cuarto de una parturienta.

—Déjelo, Helen—pidió Hermione—quiero que este conmigo.

Para cuando la madre y el padre de Hermione llegaron a la casa de Godric's Hollow, Hermione llevaba casi dos horas en trabajo de parto y aún quedaban varias más por venir. El tiempo parecía pasar cada vez más lento mientras esperaban. La comadrona le daba constantemente de beber a Hermione una poción de color rosa pálido para calmar sus dolores pero no había nada que pudiera hacer para acelerar el proceso. Todos debían esperar.

Y contar los minutos. Que cada vez se hacían más lentos.

Cuando el sol hacía rato se había ocultado dando paso a la noche las contracciones se volvieron más dolorosas y continuas. Y ni siquiera la extraña poción de la comadrona pudo hacer algo para aminorar el dolor que estas le provocaban a Hermione. Cansada, se llevó las manos a su vientre, duro producto de la contracción mientras rogaba entre dientes porque el dolor acabara pronto. Mientras tanto en la habitación se habían hecho todo tipo de preparativos para recibir al bebé. Harry, que hacia un rato había sido expulsado de allí, pues ponía nerviosa a la comadrona, fue requerido. Hermione quería que estuviera con ella cuando fuera el momento. Necesitaba que estuviera allí.

No quería que el pasado interfiriera, aunque sabía que era una posibilidad. Su secreto podía quedar en evidencia esa noche. Y aun así, no podía dejar de pensar en el futuro…

Quería que todo lo malo quedará atrás… el nacimiento del bebé solo podía significar alegría. Aun cuando una lagrima traicionera se deslizara por su mejilla al recordar. Se la secó antes de que él entrara a la habitación, no quería que la viera llorar, no quería que tuviera dudas. Nunca más.

La comadrona ayudo a Hermione a encontrar la posición más cómoda para lo que estaba por venir. Estaba agotada, su cabello más enredado que nunca se le pegaba al cuello y a las sienes producto del sudor, tenía el rostro sonrojado y los ojos brillantes. Y aun así, sentía una felicidad enorme expandiéndose por su pecho, dentro de poco, aquel pequeño ser que había crecido dentro de ella durante nueve meses vería el mundo por primera vez.

Cuando llegó el momento de pujar, Harry ya estaba a su lado. A pesar de los inconvenientes que la comadrona encontraba a la presencia masculina en la habitación. A él no le importó, se acercó hasta el respaldo de la cabecera y tomó una de las manos de Hermione entre las suyas. Se inclinó para dejar un pequeño beso en su frente sudorosa. Sus ojos verdes brillaban indicándole que todo iría bien.

—En cuanto se lo indique, tiene que pujar ¿de acuerdo señora Potter? —inquirió la mujer, posicionada entre las piernas de la joven—. Ahora…

Pujar era difícil, más después de tantas horas de agotadora espera. Pero era el último paso, por lo que Hermione reunió sus menguantes fuerzas y lo hizo. Pero nada sucedió. Luego de unos minutos de descanso, la comadrona le pidió que pujara otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y entonces, mientras recostaba su cabeza sudorosa sobre el mullido almohadón, sintiendo como las fuerzas que había reunido finalmente se agotaban, escuchó el sonido más maravilloso que alguna vez hubiera oído.

El llanto de un bebé. Su bebé.

Unas cuantas lágrimas cayeron desde sus ojos entrecerrados pero ella no las notó.

—Es una niña, Hermione, una niña—la voz de un emocionado Harry le llegaba desde un lugar muy lejano.

Todo parecía lejano ahora, mientras las imágenes comenzaban a desaparecer y los sonidos se hacían más apagados.

Ella no abrió los ojos.

Y aun así, siguió escuchando el llanto del bebé. Su bebé.

Su hija.

Lily Rose.

Lily Rose Potter.

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Hola. Bueno, luego de una bastante prolongada ausencia (y más de cuatro intentos de subir el archivo a ), les traigo el nuevo capítulo. En verdad lamento la demora pero esto de ser interna es un tanto agotador, estoy nueve horas atendiendo pacientes y después, cuando llego a casa estoy totalmente agotada por lo que mi inspiración parecía decidida a tomarse vacaciones de mí. Pero esta semana ha emprendido su regreso… hoy en gloria y majestad. En verdad espero que les haya gustado el capítulo ¡y no desesperen por cómo ha acabado! Como bien pueden ver, el misterio se ha revelado. Y ¡es una niña!

Aprovecho de comentar que a este fic le quedan dos capítulos a lo sumo, así que ya estamos llegando a la recta final. Por lo que intentaré mantener de rehén a mi inspiración. Y respondiendo más extensamente a una duda, que se me olvido aclarar el capítulo anterior, lo que Ginny le contó a Hermione seguirá siendo un secreto… pero lo revelaré, en un one shot que esperó escribir pronto.

Ahora, pasando a otros temas, los reviews que me faltan por responder:

NatisJD: Hola, me alegra que te esté gustando la historia, lamento la demora, pero al fin está el capítulo. Gracias por leer y comentar.

Emily Pineda: Hola, como ves, no he abandonado esta historia… simplemente me he demorado más de lo normal en actualizar. Confió en que la espera haya valido la pena, como siempre, gracias por leer y comentar.

Guest: Hola, bueno, explicaciones… explicaciones, por lo poco que sé (y he visto en clases y bueno, en el trabajo) el círculo del maltrato es super difícil de romper, incluso, yo he sido algo fantasiosa en esta parte, pero bueno… Además, como J.K. Rowling lo ha dicho, Hermione en el fondo es super insegura, por lo que bueno era más que justificable que se sintiera como se siente. Particularmente yo tampoco comprendo sus sentimientos, pero soy consciente que en el fondo deben existir… por eso me hubiera parecido irreal que ella siguiera adelante tan fácilmente. Aquello es difícil.

Respecto a Ginny, bueno, he querido darle un giro distinto al personaje… no me apetecía escribir una Ginny-malvada que es casi el ¿anti-cannon, se podría decir? en las historias en que Harry y Hermione acaban juntos. Me ha gustado el cambio, aunque me causa curiosidad poder escribir una Ginny-malvada. Ahora, tus otras preguntas, bueno, creo que las respondió el capítulo, excepto la última. Bueno, me cambié el nombre porque hace tiempo no lo hacía y mi nuevo username es más ad-doc a mis otros username en twitter y tumblr… y no sé, tiene su encanto como seudónimo a la hora de escribir, tal vez lo use para algo más que fanfiction. El nombre está inspirado en el apellido de uno de los personajes de la fabulosa escritora Elizabeth Gaskell. Gracias por leer y comentar.

Bueno, ahora sí, me despido. Espero que hayan disfrutado del capítulo… y, como estoy inspirada, mañana actualizaré, claro que, otra historia. Les dejo el summary a quienes no la conocen, esta vez, me sumerjo en el fandom de The Hunger Games…

Cristal: Desde las tranquilas aguas del Distrito 4 hasta los horrores de Los Juegos del Hambre. Un alma rota, una mente frágil y un amor tan puro que puede llevarlos a la misma muerte. Finnick & Annie.

Espero que tengan un buen fin de semana, nos leemos pronto.

¡Adieu!

K