"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry está allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronóstico, se enamoran.


Epilogo

El primer día

Once años después.

La familia se abría paso entre el gentío que abarrotaba la estación de King Cross. Era el primero de septiembre. Un día muy especial para una pequeña niña castaña la cual caminaba apresuradamente de la mano de su madre, en sus ojos se leía la determinación, y a pesar de su escaso tamaño se abría paso con ahínco entre los viandantes.

—No tan rápido, Lily—le recordó su madre. Hermione Granger, embarazada de siete meses, intentaba mantener a raya el ímpetu de su hija mayor. Sabía que estaba ansiosa, ella también lo había estado la primera vez, pero ahora su tercer embarazo le impedía caminar con la rapidez que Lily esperaría.

—Lo siento, mamá—contesto su hija mirándola con un par de enormes ojos claros. Nadie podía decirle que no a esa mirada.

—¿Por qué no puedo ir yo a Hogwarts, papi? —preguntó esta vez una pequeña de cabello negro azabache. Abigail Potter se encontraba sentada sobre el baúl escolar de su hermana mayor, el cual iba convenientemente ubicado en el carrito empujado por su padre.

—Aun eres muy pequeña para ir, Abby. Tienes que esperar unos pocos años más.

—¿Cuántos? —volvió a preguntar la pequeña girándose para mirar a su padre.

Harry la miro con dulzura.

—Eh, bueno, unos seis años más—respondió.

—¡Pero eso es mucho tiempo! —exclamó la pequeña con reproche mientras seguían avanzado por la estación— ¿O no? —agrego dudosa. Miró a su madre esta vez esperando una respuesta.

—Más o menos, tesoro. Pero te prometo que el tiempo pasara volando…

—¿Lily no podría llevarme ahora? —insistió—, va a llevar a Winnie ¡y es una lechuza! ¿Por qué no puedo ir yo entonces?

—Cuando tú vayas a Hogwarts también podrás llevar una mascota—le recordó su padre.

—¡Sí! Pero para eso faltan seis años…—le recordó cruzándose de brazos y haciendo un mohín con sus pequeños y sonrojados labios.

—Te contaré todo sobre Hogwarts en las vacaciones, Abby—dijo Lily—, así será casi como si estuvieras allí ¿eso te gustaría?

La pequeña sonrió mientras asentía. Sus grandes ojos castaños brillaban de alegría.

Aquella discusión se había repetido en constantes ocasiones desde que había llegado la carta de Hogwarts de su hermana mayor, la pequeña Abby, tan consentida como cualquier otra niña de cinco años, no comprendía porque ella no podía ir también a ese colegio del que sus padres siempre hablaban. Y del que ahora su hermana tampoco paraba de hablar. Tampoco entendía porque no podía tener una varita como sus padres o su hermana, ni mucho menos porque no se le permitía dibujar en los libros de su hermana. Ella siempre dibujaba en los libros que había en la casa y nadie le decía nada.

Bueno, casi nada. A su madre no le había gustado cuando había decidido redecorar su libro sobre leyes mágicas. Esa vez su mamá no había estado para nada complacida.

Los Potter siguieron avanzando hasta llegar al espacio entre los andenes 9 y 10 de la estación. De dos en dos avanzaron hasta la barrera y la atravesaron para llegar al ya conocido anden 9 ¾. Allí, esperando, se encontraba el tren de Hogwarts, humeando con anticipación. Por los alrededores del andén magos y brujas de todas las edades se despedían de sus hijos. Algunos, como Lily, partían por primera vez. Otros tal vez por última vez. Había muchos conocidos allí, despidiéndose de sus hijos que iniciarían un nuevo año escolar. Hermione diviso a Fleur y Bill Weasley que estaban cerca del tren, aquel era el primer año de su hija menor, Dominique, quien tenía la misma edad que Lily. Algo más alejada de sus padres se encontraba la rubia Victorie, de trece años, conversando animadamente con Teddy Lupin. El joven alzó la mano para saludar a su padrino antes de acercarse a ellos para conversar.

Teddy ya iba en su quinto año, aquel día llevaba el cabello castaño claro desaliñado y unos ojos de un brillante color violeta. Orgulloso, en su pecho portaba la insignia que lo designaba prefecto de Hogwarts, lo cual había sido motivo de celebración hacía un par de semanas cuando el joven recibió la noticia.

—¿Cómo estas, enana? —inquirió Teddy desordenando el de por si indomable cabello de Lily. La muchacha hizo un mohín de disgusto aun cuando sabía que Teddy no le decía así con mala intención—. ¿Ansiosa por tu primer viaje en el expreso de Hogwarts?

Lily asintió.

—Solo quería recordarte—dijo Teddy ahora en tono serio—, que ahora que soy prefecto no permitiré ningún tipo de mal comportamiento de tu parte…

—Deja de asustarla, Teddy—lo reprendió Victorie dándole un codazo amistoso en las costillas. Teddy fingió sentirse adolorido y todo rieron con su actuación.

—Aun ni siquiera sé si quedaré en Gryffindor como ustedes—dijo la pequeña no sin cierta ansiedad, dirigió una mirada inquieta a sus padres. Ellos habían sido parte de Gryffindor. La mayoría de los adultos que conocía habían estado en la misma casa ¿Qué sucedía si ella terminaba en otra casa?

—No importa en la casa que quedes, tesoro—le dijo su padre—. Nosotros estamos orgullosos de ti igualmente. Cualquier casa se sentirá honrada de tenerte.

Lily asintió con los ojos brillantes por las lágrimas que querían salir de ellos.

Fleur también se acercó para saludar a Hermione y preguntarle cómo iba su embarazo. Las dos mujeres habían logrado establecer una amistad contra todo pronóstico. Además, después de algo de tiempo —y bastante persuasión por parte de Ginny— las antiguas rencillas que habían alejado a los Weasley y a los Potter por fin se habían aplacado. Sin embargo, para algunas personas el dolor no desaparecía. Y menos aún lo hacía el recuerdo.

Los secretos seguían como tales, y nunca nadie hablaba de ellos, pero Hermione sabía que llegaría el día en que tal vez tuviera que decirle la verdad a su hija. Hablarle de esa historia, de ese pasado que ella desconocía y que a su madre aun le dolía. Pero todavía no. Aún era muy pronto.

Si ella pudiera, sabía que nunca hablaría de ello nuevamente. Amaba a su esposo, lo amaba como nunca pensó que podría amar a un hombre. Y él la amaba a ella. Y sus hijas. Porque no había distinción alguna entre ellas. Porque él había amado a Lily desde el primer momento en que la vio, igual que ella.

Mientras ella estaba sumergida en sus pensamientos, Harry ayudó a su hija mayor a subir su baúl y la jaula de su lechuza al tren. Ubico todo en el mismo compartimento en que las jóvenes Weasley habían dejado las suyas. Luego, él y Lily volvieron a bajar, aún era pronto, el tren no partiría hasta dentro de quince minutos más.

—¿Dónde está George? —inquirió Harry cuando se reunieron con los demás.

—Tarde como siempre—respondió Bill—. De seguro Angelina estará furiosa—agregó pues ya no era novedad que George Weasley se retrasara cada 1 de septiembre, algo que sus hijos y su esposa odiaban. Y que no podían evitar por más que lo intentaron.

Unos minutos después, el silbato del tren comenzó a sonar anunciando que ya hora de embarcar.

Lily se acercó a sus padres, primero abrazó a su madre quien con lágrimas en los ojos le susurró unos últimos consejos al oído. Volvió a abrazarla con fuerza antes de dejarla ir. Le resultaba difícil, era la primera vez que estarían separadas por tanto tiempo. Pero era necesario y ella lo sabía. Su hija sería una gran bruja algún día. Luego de un último abrazo y sendos besos en la mejilla por parte de su madre Lily abrazó a su padre, enterró su cabeza en su pecho, sus brazos firmemente entrelazados en su cuello. A pesar de que estaba ansiosa y emocionada por ir a Hogwarts, le dolía pensar que no estaría con su padre por tanto tiempo.

—¿No estas nerviosa, cierto? —le preguntó, y aun cuando la niña negó, él sabía que se sentía nerviosa y que intentaba hacerse la valiente por los demás. Te ira bien, ya lo veras. Estudia mucho y no te metas en muchos problemas ¿de acuerdo?

Lily rio. Harry le dio un beso en la frente y la abrazó nuevamente. Su hija partía por primera vez a Hogwarts, aun no podía creer que el tiempo pasara tan rápido… Su hija, nunca nadie se atrevió a decir lo contrario. Y él nunca lo pensó, pues desde el primer momento supo que ella sería siempre su hija, su pequeña.

La pequeña castaña se despidió de su hermana menor quien con lágrimas en los ojos le pidió nuevamente que la llevara con ella aun cuando sabía que esto era imposible.

Entonces, después de haberse despedido de toda su familia, subió al tren. Su pequeño rostro con forma de corazón se encontraba surcado por las lágrimas. Se acercó a una de las ventanillas para decir adiós. Hermione, quien también lloraba, se acercó más a Harry, sus fuertes brazos la rodearon, él también tenía los ojos brillantes por las lágrimas contenidas. Abby se abrazaba con fuerza a una de las piernas de su padre mientras intentaba secarse las lágrimas con el puño de su sweater.

—Nuestra pequeña se va a Hogwarts—dijo Hermione de pronto, cuando el tren comenzaba a perderse en la distancia—. No puedo creer que ya haya llegado el momento, parece que fue ayer cuando nació, ¿lo recuerdas? —le preguntó.

Harry asintió.

—¿Cómo podría olvidar uno de los días más felices de mi vida? —dijo antes de darle un breve beso en los labios.

Es hermosa…—susurró Harry, estaba sentado en el borde de la cama en la cual se encontraba recostada Hermione.

Ella alzó la mirada hasta encontrar sus ojos y sonrió. Entre sus brazos tenía a su pequeña hija y no podía evitar estar de acuerdo, ella era en verdad hermosa. Tan pequeña, tan frágil… tan real. Con uno de sus dedos tocó su pequeña naricita respingona, la pequeña abrió los ojos, de ese color azul grisáceo que todos los bebés tienen al nacer, y los volvió a cerrar al instante. Al parecer ella también estaba cansada. El parto había sido duro para las dos.

Tiene tu cabello…—comentó Harry en el mismo tono, no podía dejar de mirar a las dos mujeres que ahora eran lo más importante en su vida.

Hermione asintió.

Es tan pequeña… Es nuestra bebé, Harry—él le sonrió antes de inclinarse para besarla suavemente.

Cuando ambos estuvieron seguros de que la bebé dormía, Harry la tomó de los brazos de su madre y la depositó en la pequeña cunita que habían traído junto a la cama. La arropó por más tiempo del necesario, se sentía incapaz de dejar de mirarla. Había algo tan especial en la experiencia, aun cuando él sabía que en realidad no era su padre… Sacudió la cabeza, aquello ya no importaba. Ella era su hija, lo demás ya carecía de importancia.

Cuando al fin pudo dejar de mirarla, se cambió la ropa que traía por un pijama algo más cómodo. Eran cerca de las dos de la mañana y todos en la casa estaban cansados después de lo ocurrido ese día.

¿Has pensado en cómo se va a llamar? —preguntó en cuanto se unió a Hermione en la cama.

Ella asintió mientras se reacomodaba en la cama. Se sentía adolorida después del parto y cansada. También debía admitir que se sentía extraña. Estaba tan acostumbrada a tener a su pequeña dentro de ella, casi inconscientemente toco su vientre levemente abultado. Ya no había ningún bebé allí.

Quiero que se llame Lily… Lily Rose Potter…

Harry no dijo nada. Se la quedó mirando con una intensidad pocas veces vista. Sus ojos verdes brillaban de forma extraña. Hermione se sintió preocupada por unos instantes ¿acaso no le gustaba el nombre? ¿Lo consideraba un atropello de su parte? Mil preguntas comenzaban a bullir dentro de su cabeza.

Harry…—dijo titubeante.

Él tomo su rostro entre sus manos y la besó con tanta ternura que ella sintió que su corazón explotaría en cualquier minuto. Cuando al fin se separaron, él sonreía.

Me encanta—dijo—. Simplemente me encanta.

Ambos se sonrieron felices. Él la atrajo hasta sus brazos y así abrazados se quedaron dormidos.

Fin


Bueno, ha llegado a su fin. En verdad espero disculpen la demora que tuve en concluir esta historia (culpen a mi internado intrahospitalario, el cual aprobé con nota máxima, por si les interesa) Espero que les haya gustado el final que quise darle, en verdad, lo tenía pensado desde el primer momento pero ¡Vaya si lucho para ser escrito! Pero hoy, resulto, creo que el viento y la lluvia que resuenan contra la ventana de verdad me inspiraron. Si bien había dicho que quedaban dos capítulos, bueno, después de analizarlo me decidí por terminar así (mezclando un poco de lo que tenía pensado para el capítulo que al final no escribí) la razón de esto es que intenté hacer un capítulo más y me sonaba sumamente redundante y demasiado ¿no sé? ¿Cotidiano? Y no es la forma en que iba llevando el fic hasta ahora así que me decidí mejor por esta conclusión, espero les guste tanto como a mí me gusto escribirla.

Antes de seguir con los agradecimientos finales, muchas gracias por sus reviews, y en respuesta a los que me faltaron:

emily pineda: Muchas gracias por leer y comentar. Lamento la demora en la actualización, espero que este final lo haya compensado.

NatisJD: Me alegra que te gustara, muchas gracias por comentar.

Xtabay74: Hola, me alegra que te haya gustado la historia, eso me hace sentir sumamente feliz debo confesar. Respecto a lo que decías de Ginny, bueno espero dentro de poco subir el breve one-shot que explicará eso… Muchas gracias por tus comentarios.

Guest: Muchas gracias por leer y comentar esta historia.

Para concluir, quiero darles las gracias a todas aquellas personas que siguieron esta historia desde el día uno y también a quienes se sumaron en el camino. Gracias por todos y cada uno de sus hermosos reviews. Gracias por agregar a esta historia a sus favoritos (y a mí también) gracias por el apoyo, gracias por la comprensión ¡gracias por la paciencia! Espero que nos leamos muy pronto (siempre y cuando mis compromisos universitarios lo permitan) Volviendo a agradecerles, me despido… Será hasta la próxima historia.

Kath