Hola muchach s!

Un gustote saludarlos de nuevo, esta vez les traigo un KibaNabi, romántico pero trágico. Notas de autos y mas tonterías, hasta abajito.

Disclaimer: See, see Naruto no es mio, es del Troll de Kishimoto *Si, porque nos trolleo con el manga*

Advertencia: Rated T por tintes de violencia, AU *Si, eso *importante* es un Universo Alterno* y el proximo cap cambio el Rated a M, por... lemmon jejeje

Imperfecta.

Por: Ichijouji Kany-chan


¿Cuántas veces es posible que una herida física cierre?

Hanabi se preguntaba eso todas las noches, mientras observaba quieta el techo desde su cama.

Toda su vida el insomnio fue algo usual en ella, esta noche no debía de ser la excepción. El dolor punzante que le recorría desde la punta de los dedos hasta el mismo inicio de las hebras de su cabello estaba allí, atormentándola. Giró su rostro hacia la izquierda y observó el reloj digital que marcaba claramente con luces rojas las tres en punto.

Bufó exasperada y se dio media vuelta en la cama. No midió su fuerza. Y sin mirar pudo saberlo, una de sus heridas estaba abierta, por la misma inercia se llevó la mano hacia su muslo y lo sintió húmedo. Pudo sentir como de la carne abierta se desprendía el líquido carmesí y soltó otro bufido.

Se levantó de su cama y caminó hasta el baño de su habitación. Ya sin siquiera encender la luz se acercó a su botiquín, sacó el agua oxigenada junto con las motas de algodón y sin más se curó la herida.

Imperturbable como siempre.

El dolor del líquido entrando en su lesión ya no lo sentía. Estaba tan acostumbrada que la sensación de ardor ya no significaba nada. Guardó todo en su lugar y antes del salir del lugar posó su cuerpo en frente de su espejo de cuerpo completo y se observó.

Recorrió con su mirada sus piernas todas laceradas y amoratadas, desde los tobillos hasta el final de sus muslos. Sus brazos y parte de su tronco con varios rasguños y golpes, desde los más leves hasta las más terribles manchas de la agresión, marcas rojas por donde miraras. Gracias a dios no podía ver su espalda, le daba miedo pensar en cómo estaría, de hecho, la ponía a temblar el insignificante hecho de solo tocarla y sentir las cicatrices.

Miró en su largo espejo su cara, hermosa pero gastada. Sus ojeras doblaban el tamaño de sus bellos y blanquecinos ojos, que además, eran fríos y cortantes. Su tez era pálida, más de lo que debía ser por la misma genética de los Hyuga y sus labios estaban resecos y fríos. Gracias a dios era la única parte de su cuerpo que se mantenía intacta, según las mismas palabras de su padre, la cara era lo más notorio, y nadie podía enterarse de lo que día tras día vivía Hanabi Hyuga.

La joven soltó un pequeño gruñido y salió de su baño casi corriendo, queriendo regresar a su cama, a fingir que dormía, solamente para esperar el amanecer y tener que vivir otro de sus días.

Se recostó en la cama con sumo cuidado, al fin y al cabo no quería abrir otra cicatriz; se cubrió con las sabanas y cerró los ojos esperando al menos lograr dormitar. Y, como todas las noches, no lo logró.

Miró de nuevo su reloj y noto que habían pasado apenas 10 minutos desde la última vez que lo observó. Esta vez, resignada a pasar otra noche entera en vela, paseó sus orbes blanquecinos por su habitación.

Justo en frente de ella se encontraba la foto familiar, el inicio y generador de sus peores pesadillas. Era una foto muy vieja enmarcada justo a un lado de su escritorio. Una foto que hacía parecer que los Hyuga eran una familia feliz, unida y ejemplar. Por un lado estaban sus padres Hiashi y Minami Hyuga sosteniendo en brazos a Hinata, su hermana mayor, que en ese entonces habría de tener unos 7 años, y a ella misma con tan solo 2. Mientras que por el otro lado de la fotografía, se encontraba su tío Hizashi y su esposa Haruna con su hijo Neji, el primo de Hanabi y su única esperanza en el mundo. Obviamente no recordaba el día en que la foto fue tomada, era demasiado pequeña. Ya ni siquiera podía rememorar los bellos días en los que aun vivía con su hermana y su madre, antes de que ambas murieran.

Unas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, pero, aunque fuese sola dentro de su habitación, ella se prohibía llorar, porque era solo una muestra más de debilidad, una razón más para ser imperfecta. Y siendo como era, no podía darse ese lujo.

Ella sufría, sufría diariamente por eso, por no ser idéntica a su hermana mayor o a su madre. Que en toda la extensión de la palabra y en opinión de los más importantes críticos (y de los no tan importantes) eran perfectas. Tenían todo aquello que un Hyuga deseaba, los característicos ojos blanquecinos brillantes y profundos (no por nada eran conocidos como la familia de "la mirada celestial"), unos cabellos azules y lacios que parecían sacados de un mismo ser angelical y una piel pálida con textura de seda que las hacia parecer muñecas de porcelana con vida. Eran el orgullo de la familia, y más importante aún, el centro de las historias de la prensa, que cuando tenían vida, las perseguían día y noche. Siempre eran invitadas junto con su padre (uno de los más importantes ministros de Japón) a eventos exclusivos, entraban a la lista de las mujeres más famosas e influyentes de las revistas más cotizadas *y frívolas* del continente.

Y Hanabi, en el olvido.

Tenía muchas cosas de las cuales sentirse orgullosa. Era excelente practicando Taijutsu y Karate. Tenia de los promedios más altos de su escuela y aunque ella no lo sintiera, o más bien no le importara, era bastante cotizada entre los hombres. Porque no era la típica chiquilla de colegio que va regodeándose con minifaldas y toneladas de maquillaje en la cara solo para atraer la mirada de un hombre, al contario, cada día usaba más largas sus faldas y sus medias, su cara aunque rebozaba de maquillaje, jamás lo hacía para llamar la atención, todo eso era solamente para ocultar esa heridas tan graves que siempre intentaba ocultar y esas ojeras que mancharían su rostro y revelarían todos sus problemas y desgracias a quien la viera. Pero así eran los hombres, les encantaban las mujeres que se hacían del rogar, que mantenían un carácter frío, distante y hasta cierto punto grosero, que no se ofrecían y que mantenían siempre la cara en alto, tal como ella. Si la vida fuera distinta con ella, tendría una actitud diferente, sería más sonriente y menos fría con la gente. Mas ese no era el caso.

Porque, después de obtener todo el desprecio de tu padre y vivir toda una adolescencia solitaria e indiferente… ¿Qué otra cosa podía hacer?

Después de un largo y tortuoso silencio, su despertador por fin sonó. Eran la seis en punto y ella tenía que arreglarse para llegar temprano a su escuela. Se levanto con la misma monotonía de siempre y busco su uniforme y su bata.

Esta misma tarde debía de pedirle a su sirvienta que le confeccionara una nueva falda, la que tenía en su manos le quedaba larga a sus piernas pero pequeña a sus heridas.

La muy menuda castaña suspiro cansadamente y se dirigió a la ducha, otro día mas le esperaba y no es que fuera algo que la emocionara.

-o-o-o-o-o-o-o

Su mirada perdida se posó por encima de los cristales blindados del coche de su padre. Claro está que él no conducía, él le contrataba un chofer para eso, a donde sea que ella necesitase ir a las horas que fuesen, para eso lo tenía, solo no tenia que molestarlo más de la cuenta. Se dirigían al colegio como todas las mañanas. Ella callada mirando al infinito, imperturbable. El chofer estaba acostumbrado a ello, la pobre Hanabi no llevaba la mejor vida, y desde que Hinata-sama ya no se encontraba, todas las personas en la mansión habían adoptado una actitud más sombría y distante, y la menor de los Hyuga vivía la situación más deplorable de todas. Vivía en la sombras, escondida cual ratón en su madriguera, temerosa de salir.

Toda la servidumbre de la mansión Hyuga vivía a diario la desdicha de la hija menor, como si fuera una película o una telenovela, esperando impacientes por el final pero sin poder hacer nada para que este llegara.

Sin darle más vueltas al asunto, lo que vivía Hanabi era esto, ella era hija de uno de los ministros más importantes de Japón. Y si bien Hiashi jamás fue un padre cariñoso ni atento, cuando la madre de las hermanitas Hyuga murió, toda la actitud del patriarca cambió. Se volvió mucho más violento y cruel con sus hijas, y aun más con la pequeña castaña.

El mundo de la política era asqueroso, mandaba el que fregaba más o el que manejaba mejor a la prensa y al público, así de sencillo. Triste, pero cierto.

Tras la muerte de la pobre Minami, que podríamos compararla como la Lady Di japonesa, el grupo político de Hiashi fue en decadencia, el pueblo comenzó a sospechar de él y empezaron los reclamos, las turbas y los problemas. Pero como siempre, detrás de todo político importante hay una relacionista pública, fue allí cuando entro en escena su Manager Karin y le recomendó lo obvio, publicitar a sus hijas para intentar que el público se encariñara de nuevo con la imagen del político, y lo miraran como un orgulloso padre de familia. Y allí es cuando entro Hinata, la viva imagen de su madre. No es que Hanabi no fuera bonita, pero no era lo que la gente quería ver. Ella era ruda por naturaleza, físicamente se parecía demasiado a su padre y admitámoslo, su cuerpo jamás le fue de gran ayuda. En cambio Hinata era dulce y tierna como su madre, puede que fuese tímida y a veces tartamuda, pero eso era algo que el público amaba en ella, tenía un cuerpo de envidia e infarto y una sonrisa tan sincera que junto a ella, el pan lucia malvado.

Así, es como se maneja la imagen de los políticos.

Y aunque la imagen de Hinata ayudó un poco a su padre, la verdad es que la muerte de su amada esposa lo amargó demasiado. Comenzó a perder los estribos demasiado fácil. Se portaba demasiado frío y cortante, y solucionaba los problemas de todo siempre con dinero, y cuando se enojaba soltaba golpes, no pensaba, solo hería. En ese tiempo siempre estuvo Hinata, protegiéndola, porque a ella no la podía tocar, no sin que un paparazzi se enterara y lo divulgara. Claro, no era que ella levantara la cabeza frente a su padre, jamás le respondía y se portaba igual de sumisa que su madre, pero siempre se interponía entre él y su hermanita siempre que se atrevía a levantarle la mano.

Por eso la admiraba, porque se atrevió a defenderla y a cuidarla cuando nadie más lo hacía. La servidumbre estaba bajo amenaza de despido si interferían con los "asuntos familiares", y su madre ya hacia muerta desde hace 8 años, cuando la pobre tenía solamente 9.

Claro, también estaba su primo Neji, que al quedar huérfano quedó bajo la custodia de su padre. Y si bien el también se desvivía por protegerla, por el momento el estaba en el extranjero, más precisamente en Londres, cursando sus últimas clases para obtener una maestría en derecho. Él prometió que volvería, que la rescataría, pero necesitaba tiempo. Y aunque en el momento ella se portó muy fría con él, sintiéndose traicionada, la verdad es que deseaba lo mejor para él, y sabía que cumpliría su promesa.

Por eso ahora Hinata y Neji no estaban, y día tras día, Hanabi tenía que arreglárselas a solas con su padre, un agresivo y tosco político, que se alteraba a la mínima provocación. Y vamos, que la castaña jamás fue y jamás será callada y sumisa como su madre y su hermana, ella le respondía, le retaba. Y las consecuencias las sentía a diario en los dolores punzantes en su cuerpo, que cubría con sus uniformes y ropas cada vez más largas y protectoras, sus maquillajes y su actitud distante y fría.

Su ahora poco consuelo, era la escuela a la que asistía 9 horas diarias por 5 días a la semana. 9 horas sin gritos, ni reclamos ni golpes, solamente ella, sus libros y sus compañeros que aunque no eran sus personas favoritas es el mundo, eran mejores que pasar el día con su padre y sus aburridos compañeros de trabajo.

Cerró los ojos y recargó su cabeza en el cristal del coche, aumentó lo más que pudo el volumen de su Ipod para perderse por lo menos cuarenta cinco minutos (que era lo que duraba el trayecto desde su casa hasta el colegio) en su música, y no pensar en nada más. Eran los únicos momentos, irónicamente; en los que podía dormir plácidamente, dejándose llevar por el sonido de los instrumentos y en el arrullo que el propiciaban los suaves asientos del vehículo y el ligero ajetreo de la carretera. Al fin y al cabo tenía a su fiel chofer que siempre la despertaba al llegar a la entrada de la institución.

Sumida en su sueño no notó el momento en el que se estacionaron, su chofer le abrió la puerta y le sacudió ligeramente como todas las mañanas, eso siempre bastaba para que la joven abriera los ojos y saliera elegantemente del auto. La única diferencia fue que esta vez cuando Hanabi abrió los ojos, lo primero que se encontró no fue con la salida abierta y una mano que le ayudaba a salir, sino que esta vez lo primero que vieron sus orbes blancos fue una pequeña cajita de metal con un moño azul adornando la tapita con una pequeña nota que decía en letras poco legibles "Feliz Cumpleaños Hanabi-sama"

-La primavera de la juventud se mantiene florecida un año más en usted, Hanabi-sama- el joven le entregó la caja y la ayudó a salir del coche. Esta le recibió con un abrazo (que vamos, a ese hombre es imposible de rechazarle un abrazo) y se dio media vuelta para dirigirse hacia su escuela.

-Feliz cumpleaños de parte de todo el personal, Hanabi-sama- dijo el chico sonriente.

-Gracias Lee-san- respondió con su rostro serio como siempre, aunque esta vez el brillo en sus ojos era mucho más fuerte y pasivo. Lo cual hizo feliz al pelinegro, puede que no lo dijera, pero a la chica le alegraba saber que el personal se preocupaba por ella.

Continuó su camino hasta posarse sobre un árbol a pocos metros de la entrada y abrió la cajita. Eran 8 galletitas de jengibre con forma de estrellas de colores con pequeños mensajes escritos en glaseados de azúcar. Una por cada empleado cercano a ella. Estaban dos verdes que decían el mismo mensaje en color verde de su chofer Lee y su padre, su mayordomo Gai. Una rosa de su sirvienta Ten-Ten y una amarilla de su jardinera Ino. Una roja de su nana Kurenai y una azul de la doctora familiar Shizune. Y al final dos enormes estrellas naranjas de sus chefs Choza y Choji.

Y de pronto sintió esa sensación calientita en su corazón, una que no sentía desde que Hinata y Neji partieron. Una que le gustaba. Si no fuera por la bondad de los empleados de su padre, jamás hubiese recordado que era su cumpleaños.

Al menos ese día intentó tener un buen cumpleaños. Trató de mostrarse relajada y con el ceño más relajado. Aunque nadie le felicitara, porque bueno, ella jamás le dijo a nadie cuando era su fecha de cumpleaños, sentía que nada podía arruinar la felicidad momentánea que sentía, hasta sus dos mejores y únicas amigas le notaron diferente y le apoyaron todo el día a seguir con esa casi imperceptible sonrisa.

Pero justo cuando el día iba a terminar y pensaba que tal vez sería un buen día, notó como en el estacionamiento se paraba una motocicleta negra con remaches rojos y una característica calcomanía de un Rottweiler mostrando sus colmillos encerrado en un aura de fuego… sí, bastante especifico. El motociclista estaba vestido totalmente en cuero negro y debajo de su casco se podía apreciar perfectamente un par de tatuajes rojos en forma de colmillos. Eso significaba solamente una cosa.

-Inuzuka- se dijo a sí misma la Hyuga. Y en contra de cualquier pronóstico, su día se amargo.

Lo supo sin que el chico se quitara el casco, ese era Kiba Inuzuka, uno de sus dolores de cabeza más grandes. Un pandillero renegado. El mejor amigo de su hermana y el sueño de todas las chicas del instituto. 23 años, alto, fornido y debía de admitirlo, bastante sexy con ese traje de cuero, todos sus tatuajes y esa motocicleta.

Era famoso en ese colegio, por el simple hecho de que fue el primer alumno al que ni con la más estricta institutriz se puso corregir. Fue el primer expulsado, porque ni con todo el dinero de su familia logro quedarse. No piensen mal, era muy inteligente, solo que jamás le agradaron las reglas ni los uniformes, el jamás perteneció realmente al honorable "Instituto Konoha".

En cuanto el chico puso un pie fuera de su moto, se comenzaron a escuchar los cuchicheos y suspiros por parte de las chicas del colegio, él era el típico cliché de chico malo con la que toda adolescente correcta y bien encaminada sueña con tener. Desbordaba un aura sexy y peligrosa que todas soñaban con poseer.

Claro, a Hanabi jamás le interesó, era solo el perro de su hermana. Así era como ella le llamaba, perro. No era solo por sus prominentes colmillos y sus actitudes toscas y bestiales. También tenía una obsesión por dichos animales y por su inseparable amigo canino. No recordaba bien su nombre, pero sí le extraño que ese día no estuviera con él.

El castaño se acercó a grandes zancadas a donde la ojiperla se encontraba. No sabía qué era lo que él quería, pero seguramente le traería problemas. Justo plantado en frente de ella, se quitó el casco y se sacudió el cabello, la miró por unos segundos mientras escuchaba aquellos ligeros murmullos de sorpresa y envidia por parte de las chiquillas del instituto. Le encantaban aquellas niñitas en celo que enloquecían cada vez que él se acercaba aunque sea un poco a la escuela.

Hanabi harta de ver la presunción en su rostro rodó los ojos y con la voz más fría que pudo poner le preguntó:

-¿Qué es lo que quieres, perro?

El morocho soltó una carcajada asemejándose más a un fuerte aullido y con la misma voz cortante le respondió:

-Ya lo sabrás pronto, mi pequeño témpano.

-Vaya, me sorprendes Inuzuka, sabes el significado de la palabra témpano. Si sigues así pronto sabrás hablar como un humano decente.

Kiba frunció el ceño ligeramente, siempre odió la altanería con la que ella le hablaba, pero por el fin de obtener lo que quería volvió a relajarse y sonrió de nuevo. Y para antes de que ella lanzara otro insulto, la cogió de la cadera y se la llevo a rastras hacia su moto, mientras ella gritaba un montón de improperios y amenazas en su contra. La soltó en un asiento especial al lado de su moto (en el que normalmente transportaba a su perro) y la amarró contra toda su voluntad con el cinturón de seguridad. Claro, Hanabi se intento soltar, solo fue que obviamente el Inuzuka no iba a retar a la pequeña fiera así nada mas, fue preparado para recibir golpes e insultos y traía su determinación al 100%. Sí, fuera como fuera se la llevaría, tenía muchas cosas que charlar con ella. Seriamente.

Dio un guiño a las amigas de Hanabi que hacían de espectadoras en la puerta de la escuela y sin más arrancó la moto dejando a Hanabi estupefacta y con mil insultos es la boca.

Las muchachas conocían bastante bien a ambos para saber que no era necesario llamar a la policía. Dejando de lado el hecho de que su amiga sabia defenderse muy bien, sabían que el Inuzuka no le haría nada grave, porque si no, Hanabi sin problemas podría dejarlo 10 veces peor. Mas bien, ahora rezaban por la seguridad del castaño, porque fuesen cuales fuesen sus intenciones, la chica no era de las que escucharan razones. Si bien la Hyuga tenía solo dos amigas, confiaba bastante en ellas y les comentó en algún momento la situación que vivía con el muchacho y ellas supieron inmediatamente que de alguna manera u otra, estaba en buenas manos.

De hecho cualquier mano era mejor que la de su propio padre.


Ok, ahora si. Dejenme ver si recuerdo TODO lo que les tenía que decir.

Para empezar muchas gracias a mi querida Beta Sabaku no kuraii, por revisarme y corregirme mis errores. Y por apoyarme con esta historia que anda rondando mi cabecita desde hace tanto.

Ok, aclaraciones: 1, Si no sabes quien es Lady Di, pues búscalo en Wikipedia... ok no... fue una mujer muy importante para inglaterra, la esposa del principe, una mujer mas buena que el pan, y que por eso, la reina la mando matar... esa es básicamente la historia resumida.

2. Para incluir a varios personajes *como yo quería* los puse como la servidumbre, no fue justo para mi pobrecito Lee ni mi querida Ino, pero bueno, era eso o inventar OCs a lo menos para llenar los espacios. Y por cierto, tal vez se hayan confundido respecto a lo que pasó con Hinata *evil face* era exactamente lo que quería, para saber sobre lo que su trágico *o no* destino le deparó, tendrán que esperar el próximo capitulo.

3. Por favor lean esto, es importante. Yo se que algunos querrán reclamarme por la situación de Hanabi. Me dirán que en el Manga ella es la fuerte y Hinata la deshonra, pero dense cuenta, esto es un AU. En la vida real, cuenta mas la imagen pública que la misma fortaleza y sabiduría... *Si no me creen, vean al nuevo presidente de México ¬¬* De alguna manera plasmo ese sentimiento de frustración e ira. Y tomándolo desde ese ángulo, ciertamente hanabi *que aunque es bonita no lo es tanto como Hinata* quedaría en segundo plano.

4. Es un tree-shot... no mas no menos. Los cabos sueltos se irán atando poco a poco. Y el siguiente capitulo es un lemmon, advertidos quedan.

Muchas gracias por darle la oportunidad a la historia, y recuerden que los reviews son las vitaminas para hacer crecer un fic!

Los amo! Besos, Dattebayo!

Kany.