Con este capítulo, viendo la buen recepción el fic, quería cerrarlo (ya sabéis, el número 3 es el cabalístico del destino, la estructura musical del Barform y todo eso...). En fin, que no sé si os habréis dado cuenta, pero aunque el elemento de las manzanas siempre ha estado presente en los otros dos capítulos (como también va a estarlo en este), también el título de ellos tiene algo que ver con este último.

El primero se desarrolló en la Clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y el segundo en la de Runas Antiguas.

Este tercero deja un vacío intermedio (ya han salido de Hogwarts, como podéis ver) en el que cada uno puede pensar lo que quiera acerca de cómo se terminó consolidando su relación... o tal vez, con tiempo y una caña, me decida a escribirlo. Por ahora, creo que sobra decir que aunque este capítulo se sitúa fuera de la escuela, no deja de ser otra clase: de paternidad, de buen marido, llamémosle X, pero Hermione siempre ha tenido madera de profesora.

Ahora, releyendo los reviews me acabo de dar cuenta de que Raque9ironmaiden me pidió permiso para publicar en whattpad este fic. ¡Por supuesto que sí, muchísimas gracias! Perdona por no haber contestado en el anterior capítulo, soy un caso para la tecnología y como voy siempre con prisas no me di cuenta.

¡De verdad, mil gracias a todos por comentar! Espero que guste...

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-No puedo creerme que me hagas hacer esto.

-He dicho que quiero manzanas-repitió por enésima vez, categórica y sin lugar a réplica.

Draco Malfoy la miró de forma tan adorable que estaba convencida de que el gato de Shrek le tendría envidia, pero ella siguió en sus trece.

Viendo que no funcionaba, suspiró dramáticamente, dejando caer de nuevo la cabeza en la almohada con un quejido lastimero.

-Joder, Hermione.

-Si sabes lo que te conviene, y quieres volver a "joder, Hermione"-cambió el tono con el que él lo había pronunciado a uno muchísimo más sugerente-, me traerás manzanas.

El hombre resopló, rindiéndose. Se levantó de la cama, con el cabello rubio completamente despeinado, y se puso una camisa de seda oscura, sin molestarse en cambiarse el pantalón del pijama. Hermione sonrió como si fuera Navidad.

-Verdes, entonces, ¿no?-murmuró calzándose descuidadamente con una mano y refregándose los ojos con la otra.

-Sip-se recreó en la "p", arrellanándose aún más bajo las sábanas. De repente, jadeó, llevándose las manos al abultado vientre y Draco volteó a verla, con la camisa a medio abotonar y la preocupación brillando en sus ojos grises.

-¿Estás bien?

Hermione lo miró con ojitos de cordero degollado, semi-incorporándose en la cama. Le rompió el alma verla tan descorazonada. ¿Era miedo, nervios, contracciones?

-No-se quejó, casi de forma infantil, con el labio inferior sobresaliendo ligeramente-, quiero mis manzanas. ¡Y las quiero ya!

Él alzó los ojos al cielo, sin poder contener una sonrisa. A la mierda los botones de nácar, estaba demasiado dormido como para ser capaz de meter cada obra de arte en miniatura por su ranura. Se acercó hasta la cama y depositó suavemente un beso en los labios de la chica, que se lo devolvió con entusiasmo. Benditas hormonas.

Después se desplazó hasta quedar a la altura de su estómago y musitó con adoración, apoyando una mano encima para notar las patadas que provenían de dentro:

-Como después de hacerme ir a comprarlas a las tres de la mañana me salgas Gryffindor, te desheredo.

Hermione soltó una risita cantarina al escuchar la falsa amenaza.

-Tengo un presentimiento.

-¿Niño o niña?-preguntó, con curiosidad. Detestaba las sorpresas, y más cuando duraban tanto tiempo. ¿Qué más le daba decirle de una puñetera vez el sexo de su bebé? Podría haberlo visto en las ecografías... pero la muy retorcida de su mujer era condenadamente lista y había pixelado las partes que no quería que identificara de ellas.

Así, en el estado tan avanzado en el que estaba de la gestación, no tenían absolutamente nada ni de rosa ni de azul, predominando en la ropita y complementos infantiles los verdes –obvio-, naranjas, rojizos, blancos y demás tonos neutros.

-No-volvió a reírse en su cara-. Mi intuición me dice que su casa de Hogwarts será del color que me traigas la bendita fruta-lo despachó señalando la puerta.

Draco rodó los ojos, cogiendo por el camino un abrigo. Verdes, gracias Merlín a Hermione le apetecían manzanas verdes. Ese bebé iba a ser Slytherin como que él se llamaba Draco Malfoy.

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Fue directo a la sección que tan bien se conocía ya, la frutería. Podría haber mandando a un elfo doméstico a encargarse del asunto, pero como bien le llevaba recordando su mujer todos esos meses atrás, tenía que empezar a lidiar personalmente con sus responsabilidades, como padre y marido.

Lo que significaba que los elfos estaban durmiendo tan tranquilamente, mientras él estaba –como un jodido elfo doméstico- comprando manzanas, a las tres de la mañana, en un supermercado muggle. Porque no, a Hermione no se le podía engañar y parecía haber desarrollado una tremenda afición al sabor de la fruta de ese super en particular... ¡Y los aguacates estaban de oferta!

-¿Otra vez?-escuchó a su espalda.

Gracias a Dios, como había escuchado decir a los muggles, Hermione solo había tenido antojos de manzanas, de todo tipo. Pero era algo que fácilmente se podía conseguir y de lo que las personas de su alrededor estaban prevenidas, como el dueño de aquella voz.

-Está en racha, se ha terminado las reservas de la casa-se limitó a contestar, sintiendo todavía esa extraña sensación al mantener precisamente con él una conversación civilizada.

-Ginny quiere sardinas y caracoles con chocolate.

Draco compuso una mueca de asco al escuchar el Niño que Sobrevivió al que No debe ser nombrado, pero que no tenía tan claro que fuera a sobrevivir al embarazo de la Weasley menor.

Aunque, ahora que lo pensaba, lo estaba haciendo bastante bien si había aguantado estoicamente a los sobreprotectores hermanos mayores zanahorios.

-Merlín se apiade de ti- le dijo con sinceridad.

-Pues eso no es lo mejor: el otro día la pillé con el bote de la pasta dentífrica. Fuimos al medimago y le recetó no sé qué para el hierro- sonaba tremendamente cansado y Draco casi sintió algo parecido a pena por él-. Va a acabar conmigo, en serio.

Apretó los labios hasta transformarlos en una línea tensa, conteniendo la risa.

-Lamento comunicártelo, Potter, pero tu mujer está loca. Y tú mismo te la has buscado. Pero, si te sirve de consuelo, creo que si sobreviviste al Innombrable... un bebé no puede ser para tanto, por mucho que cague.

OoOoO

-Granger, ¡¿QUÉ COÑO HACE MI HIJO DISFRAZADO DE ELFO DOMÉSTICO?!

Aquel grito histérico le había salido del alma. Contempló con espanto cómo el Orgullo de los Malfoy estaba sentado sobre la alfombra del comedor, vistiendo solamente un trapo atado a su cuerpecito sobre el abultado pañal y jugando con una lechuza blanca de peluche.

El bebé de ojos claros alzó la mirada y le sonrió al reconocerlo, revelando un incipiente dientecito de leche. Luego sacó la lengua y se llevó la lechuza a la boca.

-¡No digas palabrotas! Es Halloween, Draco-le explicó, pintándose los labios frente al espejo del mueble, sin molestarse en mirarlo, un metro más allá-. Vamos a salir a pedir dulces y lo que recolectemos lo donaremos a la PEDDO.

Draco Malfoy suspiró, pasándose la mano por el pelo, con evidente desesperación. Esa mujer iba a volverlo loco. ¡¿Qué mandrágoras hacía disfrazada de princesa alemana del siglo XVI?!

Él, de familia influyente y reconocida en el mundo mágico, y ella, componente del Trío Dorado estaban siempre de una forma u otra en El Profeta, Corazón de Bruja o El Quisquilloso. Su relación –los vivitos y coleantes, "Romeo y Julieta modernos", los habían llamado- había sido seguida con entusiasmo por todo el mundo, casi a la par de la del Elegido con la jugadora de las Arpías de Holyhead.

Desde que nació su hijo, se habían apartado de las cámaras, pero eso no significaba que no se supiera absolutamente todo en el Ministerio. Sería un peñazo ir a trabajar y escuchar "Malfoy", "disfraz" y "elfo doméstico" en la misma oración. Ya tenía claro que su reputación se iba a ir por el desagüe como dejara salir así a su hijo de la Mansión de su familia.

-¿Y no habían más disfraces en madame Malkin, Hermione?

Ella volteó a verlo con una expresión que no le gustó para nada. Esa sonrisa podría haberla hecho quedar en Slytherin.

-Oh, también había pensado en vestirlo del Niño que Sobrevivió, ya sabes... –conjuró unas gafas en miniatura con maquiavélica satisfacción viendo su espanto al juguetear con ellas- solo tendría que pintarle la cicatriz; todavía guardo mis bufandas de Gryffindor.

No podía estar hablando en serio. No se atrevería. Su hijo era rubio –gracias a Merlín y a su genética-, y aunque la loca de su madre se lo hubiera planteado, no daría el cante como Harry Potter.

Pero cuando Hermione le hacía pasar un mal rato era cuando más le gustaba. Por eso, aun cuando llevaban tanto tiempo de casados y más divertida le parecía su relación con sus tira y aflojas, la seguía llamando por su apellido de soltera.

-No sabes cuánto te detesto ahora mismo, Granger-dijo, cambiando el verbo que realmente tenía en mente, dejándola por imposible. Detestar, desear... siempre habían ido ligadas de la mano cuando se trataba de la ahora señora Malfoy.

Ella contuvo una risita, mirándolo perversa.

-Oh, sí que lo sé -susurró a milímetros de su boca, encendiéndolo, pero sin llegar a besarlo-. ¡Mira que contento está Scorpius con sus orejitas élficas! ¿No es adorable?

Tenía que reconocer que sí, lo era. Y sí, su hijo tenía una sonrisa tan amplia y sincera en el rostro que no tuvo valor para cambiarle el disfraz.

Hermione cogió una cestita de mimbre (si se suponía que iban a pedir el "truco o trato", ¿por qué se llevaba una manzana roja de casa?) y le sonrió aún más ampliamente, colgándosela del brazo.

-Tú vas a disfrazarte de Spike. Tienes el abrigo de cuero en la percha, querido. Péinate como solías hacerlo en primero y segundo antes de cerrar y date prisa, que te esperamos afuera.

Frunció el ceño sin entender una mierda. ¿Spike? ¿Que ÉL iba a disfrazarse también? La vio coger a Scorpius en brazos y dirigirse hacia la majestuosa salida.

-¿Spike?

-Si hubieras visto Buffy Cazavampiros conmigo mientras estaba embarazada, ahora no irías de ignorante por la vida. ¡Date prisa, Draco!

Rodó los ojos, sabiendo que no podía negarle nada y conjuró un peine y gomina. Negó con la cabeza antes de tomar la chaqueta de cuero negra de la percha y cerrar la puerta tras de sí, dispuesto a seguir a Blanca Nieves y a Dobby hasta el fin del mundo si hiciera falta.

OoOoO

N/A: Me da penilla terminarlo aquí, pero ahora sí que sí creo no voy a tocarlo más. Lo que en principio creé como un OneShot de regalo de cumpleaños para mi dulce Alexis Lestrange se ha terminado convirtiendo en esto.

Dije que la cabeza no me daba para más Drapples, pero aquí tenéis otro capítulo... y bueno, por mucho que lo diga, creo que siempre me quedaré corta:

Gracias, muchas gracias, de verdad, desde la manzanita de mi pecho.