Bien, sí seguro se preguntaran ¿No debería continuar los otros fics? Pero, la inspiración no llega jajaja pero se me ocurrió este pequeño fic de los principes en el antiguo Milenio de Plata. Este fic esta pensado completo, y tomará cosas de mi cerebro, otras pocas del manga y del anime! Y será terminado este mes, no pienso alargarlo mucho. Sólo lo usaré para liberar mi mente de ideas para poder continuar «conquistame» y las «guardianas»

Les aclaro el tema de que tiene cosas tomadas del manga y del anime pa q no me digan "Oh, pero esto ya lo leí" ó "Para eso leo el manga de nuevo" xD Van advertidas jajajja

Espero que este como los otros fics, sean de su agrado. Chaito!


Luna Maldita

~sólo un amor eterno la podra liberar~

::·Prólogo·::


El majestuoso Milenio de Plata brillaba en todo su esplendor cuidando y protegiendo de cada planeta. Su reina, la diosa de la luna, vivía en paz y armonía acompañada de su pequeña hija, la princesa Serenity.

Una gran reunión se llevaba a cabo en palacio para festejar el nacimiento de la princesa. Todo mundo acudió, incluso los herederos de los planetas del sistema solar, las cinco princesas de los planetas "inners" prometieron su lealtad para la protección de la pequeña Serenity, mientras que las otras cuatro princesas "outers" -desde su puesto-, enviaron sus felicitaciones. En representación de la tierra, mandaron al único hombre soberano de un planeta, al príncipe Endymion.

Entre saludos y felicitaciones una voz retumbó en todo el castillo lunar.

«Yo también, la felicito. El evento más grande de la luna, ¿y se olvidaron de mí?»

Las pequeñas sailors se pusieron en posición para defender a su princesa, ante aquella voz que ensombreció toda la fiesta.

—Contaminas nuestro sagrado palacio —gritó la pequeña venus—, ¿Quién eres?

—Yo también vivo aquí —respondió la sombra dejando ver sus ojos—, vengo de lo más profundo de la luna.

—¡Está mintiendo! —aseguró Júpiter—. ¡Tú no vives aquí!

—¿No eres tú la que está invadiendo la luna? —preguntó Mars.

La reina entregó a su pequeña hija a la líder de las guardianas –Sailor Venus- y se encaminó al espejo decidida, la otra mujer se dejo ver en el cristal.

—Sí vienes en son de paz, voy a darte la bienvenida. Pero, no puedo permitir que traigas oscuridad y maldad.

—No seas tonta —respondió la mujer encerrada en el espejo—, también has venido de otra galaxia, compartimos el mismo origen. La luz necesita de oscuridad, reina, necesitas oscuridad. Deja que tome tu mano —extendió la mano hacia la soberana del milenio de plata—. ¡Dale la bienvenida a la oscuridad!

—¡Maldito monstruo! —exclamó Júpiter lanzando un ataque—, ¡desaparece de una vez!

—Con la Luz viene la oscuridad… y la oscuridad llama a la luz…

—Como la oscuridad llama a la luz… —comentó la reina toman su cetro lunar—. Entonces, yo te sellaré, en la oscuridad por siempre.

La mujer de cabellos plateados atrajó a la mujer del espejo hasta el cristal de plata y luego lo regresó hacia el espejo.

—Este es un regalo de mi parte —gritó antes de meterse completamente en el espejo—. ¡Toma un hermoso hechizo! —la mujer de larga cabellera oscura, lanzó una energía negra que rodeó a la pequeña princesa—. Este reino dejará de existir, la princesa morirá antes de subir al trono. ¡Este es mi regalo para ti!

Ante aquellas palabras, la reina se acercó a su bebé y la estrechó entre sus brazos cayendo arrodillada al suelo. Las cuatro pequeñas sailors se miraron entre sí y afirmaron con la cabeza.

—No se preocupe majestad —Venus le hizo una reverencia cerrando los ojos—, nosotras protegeremos a la princesa para que la maldición de esa sombra no haga efecto…

—Neherenia —susurró entre sollozos la reina—, Neherenia es la sombra de la luna, es mi hermana.

—¿Su hermana? —exclamaron sorprendidas las niñas.

—Fuimos creadas para mantener el balance entre la luz y la oscuridad… pero ella se vio envuelta en la soberbia y la envidia… Por eso tuve que encerrarla en el espejo hace un par de años atrás.

—Majestad —susurraron.

—Por el poder del cristal de plata que me han otorgado —la mujer de cabellos plateados besó la frente de su hija—, voy a asegurarme de que mi hija no pasé por nada peligroso. Tendrá todo lo que quiera en el palacio y —las miró—, ustedes me van a ayudar a ello.

—¡Si!

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Pasaron unos tranquilos quince años de paz y tranquilidad en el reino de la luna. Las Sailors se encargaban de enseñarle a su princesa las cosas básicas de su cargo. Mercury, la educó en conocimientos. Mars, en espiritualidad. Júpiter en defensa. Y Venus en los sentimientos hacia los seres vivos.

La princesa Serenity se convirtió en una hermosa jovencita de largos cabellos dorados y ojos tan azules como el planeta que día tras día contemplaba en silencio. Había oído por Mercury, sobre el pasto, la brisa, el calor, entre otras cosas y se moría de ganas de conocerlo, de sentirlo… de vivirlo en persona y no a través de los libros.

—Oh planeta azul que veo a través de mi ventana —susurró la rubia de coletas apoyada en el balcón—, quisiera tanto poder ir aunque sea una vez a aquel planeta. La curiosidad que me invade día a día se está haciendo imposible de soportar…

«Princesa»

Una voz a sus espaldas la hace virar, ahí en la puerta del balcón, una mujer de cabellos oscuros y mirada tierna la espera. Es Luna, su consejera.

—Princesa, el baile de máscaras está por comenzar —extendiéndole entre sus manos, un lindo antifaz—, es hora de bajar.

—Enseguida bajo —le dijo amablemente cerrando sus ojos azules. La mujer giró adaptando la forma de una linda gata negra y salió del cuerto. Una vez sola, se echó una mirada por última vez al espejo. Su vestido de blanco marfil parece de ensueño. Mangas largas, con los puños bordados en dorados, el busto ajustado -también bordado en dorado- donde nace la falda larga acampanada hasta el suelo. Es su primera vez con ese tipo de vestidos, giró sobre sus pies, con cuidado para no caerse, y sonrió. Ese vestido era tan cual lo imaginó. Tomó el antifaz que Luna le había entregado y se lo colocó. Una última mirada en el espejo y se acercó a la puerta para abrirla, dejando entrar en la silenciosa habitación un poco de la música de la orquesta del salón. Aspiró profundo y se encaminó a la fiesta.

Mas una sombra apareció en su espejo, unos par de ojos, tres lunas y una sonrisa endemoniada.

—Yo estaré aquí encerrada por toda la eternidad, pero mi regalo estimada Serenity, pronto será una realidad. La pequeña princesa de cabellos dorados… dejara de existir y con ella, el milenio de Plata.