Weeee, aquí vengo con otro Pones *-* Es un poco rarillo, pero me llevaba rondando por la cabeza acer algo así, so... Además, ya sabéis que yo siempre tengo ideas raras xD En fin, advierto que va a contener palabras malsonantes, violencia, sexo y drogas (sí, todo el pack MUAJAJAJA!). Sé que los nombres de las bandas son horribles, pero peor eran los que tenía pensados D: Uno es de un vídeo juego y el otro es inventado. Y eso. Espero que os guste *OOO*


CAPÍTULO 1: Nothing's certain at the start.

Danny

-… de esta madrugada. La policía no ha querido revelar todavía quiénes son los causantes del incendio en este local, situado en pleno Londres. Algunas fuentes nos informan de que este establecimiento recreativo podría pertenecer a los Blackstars, la famosa banda callejera, y que esto podría haber sido un acto de su banda rival, los Sleeping Dogs, como signo de venganza por…

Apago la televisión, gruñendo y frotándome con el nudillo un ojo. Me acababa de despertar y no tenía ganas de andar escuchando esa clase de cosas cuando mi cerebro todavía no se había reiniciado del todo. Además, era una completa pérdida de tiempo. Quiero decir, ya me sabía todos los detalles de ese incidente. A fin de cuentas, Jimmy me había llamado a las cuatro y pico de la mañana para decirme (bueno, más bien para gritarme) que el Paradise se había convertido en una bonita y gigantesca bola de fuego.

Vuelvo a gruñir, metiéndome otra cucharada de cereales con leche en la boca. Hoy iba a ser un día movidito. Jimmy seguramente andaría con un humor de perros. Y, por supuesto, iba a querer vengarse. De nuevo.

Llevábamos como seis meses con cosas de este tipo: ahora yo le doy una paliza a uno de los tuyos, y tú le das un chivatazo a la policía para que pille a uno de nuestros camellos, yo destrozo varios de tus coches, tú quemas uno de mis locales de ocio… Cada vez las acciones iban a más, y sabía que como siguiésemos así, íbamos a acabar muy, pero que muy mal. Pero era lo que había, era hasta normal. Normal en el sentido de que, a ver, ¡éramos dos bandas callejeras enfrentadas! Lo raro era que no nos hubiéramos liado ya a tiros por Londres…

Termino de desayunar, y tras lavar la taza y la cuchara, salgo de la cocina estirando los brazos por encima de la cabeza. Miro el reloj al pasar por el salón y frunzo el ceño, dirigiéndome hacia una de las habitaciones del apartamento.

-¡Lilly! ¡O estás preparada en la entrada en dos minutos o te juro que vas andando al instituto!-grito, tras golpear con los nudillos en la plancha de madera. Escucho algunas palabras amortiguadas no demasiado agradables dirigidas hacia mi persona.- ¡Y no digas palabrotas!

-Eres un pesado, ¿lo sabías?-increpa la voz de mi hermana pequeña, todavía dentro de su habitación.

-Te queda minuto y medio.-contesto simplemente, rodando los ojos y yendo a buscar las llaves del coche y mi chaqueta. Estábamos a finales de septiembre, pero aun así las temperaturas ya rozaban la escala del 'hace fresquito, ¿no?'.

Un minuto y veinte segundos después, Lilly aparece en la entrada, donde estaba esperándola. Sonrío, aunque frunzo el ceño después al ver las pintas que lleva. El uniforme del instituto es el de siempre, con eso no hay problema. Lo que me preocupa es la media tonelada de maquillaje que debe de llevar. Porque tanto potingue en la cara no debe ser nada bueno… Sus ojos azules, igual de brillantes que los míos, están remarcados por una gruesa línea negra, sus pecas (que se distribuyen por su nariz y mejillas en una cantidad mucho menor que las mías) han desaparecido tras una capa de polvos y sus labios son de un color rosa brillante debido al pintalabios. Se ha alisado su melena pelirroja y la lleva recogida en una apretada coleta. Parecía que tenía diecinueve años, en lugar de quince.

-¿Por qué no me habías dicho que hoy tenías que ir de payaso? Te hubiera traído los zapatos gigantes… ¡Au!-me da un puñetazo en todo el estómago, seguido de una mirada que haría temblar hasta al mismísimo Jack el Destripador. Pero llevo razón. Era muy guapa sin toda aquella mierda. Además, no entendía por qué necesitaba arreglarse tanto para ir al instituto. ¡Iba a estudiar, no a ligar! Aunque no se lo digo, porque cada vez que lo hago me salta eso de 'mira quién va hablar'. Sí, yo había dejado mis estudios a los dieciséis, pero fue porque… bueno, eso es otro tema. La cuestión es que no quería que Lilly siguiera mis pasos.- ¿Te has despedido de mamá?

Bajamos a la calle, donde en seguida nos recibe una fina neblina made in London.

-Sí, pero estaba dormida.-murmura Lilly, una vez dentro del coche, mientras se pone el cinturón y yo arranco. Hemos recorrido unos cuántos metros cuando vuelve a hablar.- ¿De verdad sigues creyendo que es buena idea dejarla sola en casa?

Arrugo el entrecejo por tercera vez consecutiva en lo que va de mañana.

-Ya es mayorcita, Lilly. Es ella la que tiene que decidir qué hacer. Y si es lo suficiente responsable para beber y para tomar esas mierdas que se mete, también tiene que ser responsable para cuidar de sí misma.

Por el rabillo del ojo veo que mi hermana mira con una expresión triste por la ventana, jugueteando con las manos en su regazo.

-No creo que ella lo elija, Danny. Solo que…

-¿Solo que qué, Lilly? ¿Qué todavía no ha superado lo de papá? ¿Qué es la única forma que encuentra de desahogarse? Ya es hora de que lo supere, como hemos hecho nosotros. Además, estamos mejor sin él.-mi última frase suena firme, cortante. No quería discutir más.

Odiaba hablar de aquello. No es que odiase a mi madre, pero… me decepcionaba y entristecía que fuese tan débil, que no fuese ella la que, por ejemplo, estuviese llevando a Lilly al instituto en vez de estar recuperándose en casa de la resaca de la noche anterior. A ver, no me malinterpretéis, no me importaba llevar a Lilly a dónde fuera, ni tampoco encargarme de las tareas ni ser el que llevaba el dinero a casa. Pero a veces… a veces echaba de menos tener una madre de verdad… Y sobre mi padre… no quería pensar ahora en ello.

Ninguno de los dos habla hasta que llegamos al instituto, diez minutos después. Aparco en doble fila, justo a la entrada.

-No creo que pueda venir a buscarte a la salida. ¿Le importaría a tu amiga Kate llevarte a casa?-digo, tamborileando en el volante. Normalmente tenía tiempo para venir a recogerla, pero según debía estar Jimmy con lo del incendio, intuía que no iba a salir de trabajar (bueno, mejor dicho ''trabajar'') hasta tarde.

Lilly murmura un 'de acuerdo' por lo bajo y sale del coche sin despedirse ni nada.

Genial.

Suspiro, enfadado, y luego me paso los dedos por los ojos, apretándolos ligeramente. Ella no lo sabía. No sabía lo que era, o lo que había sido, estar en mi pellejo. Despreciaba los consejos que le daba, creía que todo lo que hacía lo hacía para fastidiarla, cuando solo quería protegerla. Podía ser una insoportable quinceañera, pero la quería. Muchísimo, más que a mí mismo. Por ella había hecho cosas que me habían llevado a...

El pitido del móvil me saca de mis pensamientos. Al ver el identificador suspiro de nuevo.

-Me gritas y te juro que en cuanto aparezca por ahí te pateo el culo.-digo nada más acercármelo a la oreja. Obtengo como contestación una pequeña risa que me hace adivinar que no es Jimmy el que está al otro lado de la línea.

-¿Un mal día, tío?-la voz de Harry suena divertida, casi burlona. Le gruño.-Me tomaré eso como un puede.

-¿Qué haces con el teléfono de Jimmy, Harry?-pregunto mientras me incorporo a la carretera. Sí, soy un temerario, conduciendo y hablando por teléfono, ¿qué pasa?

-Se lo ha dejado olvidado y pensé en hacerte una llamadita para saber cuánto vas a tardar en venir.

-Ya estoy de camino, en quince minutos estoy allí. ¿Dónde anda ahora?

-Con Noah. ¿O era Melanie? No sé, una está a ver si le calma un poquito. Ya sabes a lo que me refiero.-eso me hace poner los ojos en blanco, mientras pongo una mueca. No tenía nada en contra de ninguna de las dos. En realidad no tenía nada contra de nadie del género femenino. Y cuando digo nada, es nada de nada. En todos los sentidos, vamos, que no sentía absolutamente nada por ninguna tía. Cosas de ser gay, me imagino.

-Sobre exceso de información, Haz. Y más vale que cuando llegue hayan acabado. No estoy de humor para andar aguantando cachondeos. En el sentido literal de la palabra.

Harry se vuelve a reír, mientras yo tomo una rotonda y acelero para pasar un semáforo que se iba a poner rojo.

-Me parece que alguien está celoso. Sabes que también te podemos conseguir alguien a ti. Así, rubio y travieso, como sé que a ti te gustan, para que te haga algún favorcillo para levantarte, ya sabes… la moral.-las palabras de Harry solo logran que me sonroje y que dé un volantazo para adelantar a un coche. Será gilipollas…

-Que te jodan, Harry.

Antes de colgar escucho como me grita un 'no, sería para que te jodiese a ti, amigo' que solo hace que avergonzarme más.

Sí, vale, ¿qué? Hacía siglos (en realidad solo unos cuantos meses… pero parecían siglos) que no tenía ninguna, uhm, relación íntima con nadie. Pero es que no había tenido tiempo de conocer a nadie que realmente me llamase la atención, y yo no era de esos de 'aquí te pillo, aquí te mato'. Los rollos de una sola noche no me gustaban demasiado, solo había tenido unos pocos y porque seguramente estaba borracho. Al contrario de lo que se piense la gente, los pandilleros también teníamos sentimientos y soñábamos con encontrar a una persona con la que pasar el resto de nuestras vidas. Al menos algunos. Bueno, quizás solo yo…

Además, quería a alguien que me quisiese por lo que era no por… No, espera, por lo que era no, por eso no quiero que me quieran. Es decir, sí, por lo que era, pero no por lo que era. ¡Mierda, me estoy liando! Céntrate, Jones: quería a alguien que me quisiese por cómo era como persona, no porque fuese uno de los pandilleros más influyentes de todo Londres. Eso, sí, así es.

Unos quince minutos después, estoy caminando hacia uno de los locales que había en la parte marginal de Londres. Oh, sí, ¿os creíais que Londres era solo el Big Ben, el London Eye, los autobuses rojos y todo lo demás era felicidad y color? Siento deciros que no, que Londres era como cualquier otra gran ciudad del mundo: estaba lo que se enseñaba de cara al exterior, y lo que no se enseñaba. A lo largo de los años, había aprendido a apreciar más esto último. Al menos era algo completamente real. Quizás no bonito, pero real.

Me cuelo entre dos bloques de pisos marrones, cuyas paredes estaban cubiertas de graffitis. Al final del callejón hay una puerta metálica, la cual se abre en cuanto la empujo un poco con el hombro.

-¡Danny! ¡Menos mal que has llegado!-me recibe una voz masculina una vez que he subido las escaleras y he llegado a una enorme habitación, con sofás y demás. Esto era una antigua discoteca, pero cuando cerraron por culpa de la delincuencia del lugar, nosotros, uh, la tomamos prestado. Ahora era el punto de encuentro más importante, una especie de cuartel general, de los Blackstars.

Jimmy viene casi corriendo hacia mí, pisando fuerte y con los puños apretados.

-¿¡Viste lo que nos hicieron esos hijos de puta?! ¿¡Lo que le hicieron al Paradise?!-escucho estallar su mandíbula, sus ojos verdes echando chispas.

-Relájate, Jimmy, o te va a dar una taquicardia.-me dirijo hacia la sofá, dejándome caer al lado de Harry, que me mira con media sonrisa. Le lanzo una mirada asesina. Seguro que todavía se estaba recreando con la conversación telefónica de antes. Aunque, por suerte, Jimmy y Melanie, o Noah, o quien fuese, ya habían acabado, porque a ninguna de las dos se le veía en pelo por allí. Pero no parecían haber tenido éxito en su misión de calmar a Jimmy, porque seguía que se subía por las paredes.

-¿¡Que me relaje?! ¡El Paradise era donde sacábamos más pasta! ¡Todo el mundo sabía que tenía que ir allí si quería pillar algo!

Suspiro, pasándome una mano por el pelo. Cuando era pequeño, yo también lo tenía pelirrojo, como Lilly, pero con los años se me fue oscureciendo hasta convertirse en castaño. Lo que no habían desaparecido eran los rizos… Aunque como ahora llevo el pelo corto, no se notan tanto.

-Jimmy, siéntate y respira hondo. Encontraremos algo que hacerles a los Sleeping Dogs como venganza. Pero, por favor, necesito que te relajes.- a regañadientes, Jimmy me obedece, sentándose en el sillón situado en frente al nuestro. Sí, allí estábamos. Los mandamases de los Blackstars. La banda la había creado el hermano mayor de Jimmy, pero cuando murió en un tiroteo, este tomo el relevo y nos puso a Harry y a mí, sus dos mejores amigos (y que ya nos habíamos hecho cierto renombre en la banda) a cada lado de su trono. Y si no fuera por Harry y por mí, haría tiempo que aquel chico estaría en prisión. O muerto.

-Tenemos que hacerles algo que les duela de verdad. Algo que les siente como una buena patada en los huevos.-comenta Harry, encendiendo un cigarrillo. Sus ojos profundamente azules se entrecierran cuando exhala el humo.

Nos quedamos un rato en silencio, pensando y pasándonos el cigarrillo. Ya habíamos molido a palos a uno de los suyos, y también le habíamos destrozado parte de su propiedad. ¿Qué más quedaba? ¿Quizás acabar con alguno de sus proveedores? No, no había que llegar a los extremos del asesinato a no ser que fuera estrictamente necesario. A fin de cuentas, éramos pandilleros, no mafiosos.

-¿Y si…?-empieza Harry, frotándose la barbilla.-Quizás podemos pagarles con la misma moneda. Hacer que ellos pierdan también su mayor fuente de ingresos.

-¿A qué te refieres?-pregunta Jimmy, frunciendo el ceño con incomprensión.- ¿Quieres que quememos alguno de sus locales?

Me parece a mí que Harry no se refiere a eso. Además, copiarles sería muy poco elegante.

-No, no quemarlos. Algo peor.-la sonrisa de Harry casi se torna malvada mientras se incorpora del todo.-Me refiero a hacer que la policía empapele el Highway 69.

Jimmy arruga la nariz.

-¿Y cómo coño hacemos eso? Ian se encarga de guardar las apariencias tan bien como nosotros. No van a pillarlos por vender droga en el local. No es idiota.

-Ya. Pero ¿y si otros les denunciasen por intoxicación, por ejemplo? Entonces la policía haría una redada y sacaría todos los trapos sucios que guardan en ese pub.

Uhm… sí… era muy buena idea. No seríamos directamente nosotros los que jodiésemos a Ian y a su banda de pacotilla. Seguro que sospecharían de nosotros, pero no podrían probar nada. Me gustaba, sí señor. Era… retorcido.

Jimmy sonríe con la idea, y yo asiento mientras llevo lo que queda de cigarrillo a mis labios. Luego miro a Harry con una ceja arqueada.

-La idea está muy bien. Pero, ¿cómo hacemos que los denuncien por intoxicación?

Harry suelta una risita por lo bajo, llevándose la mano al bolsillo del pantalón. Saca una bolsita de plástico que contiene un polvo blanco.

-Muy fácil. Solo hay que colarse en el Highway 69 y echar un poquito de esto en las bebidas.

Dougie

-… no ha querido revelar todavía quiénes son los causantes del incendio en este local, situado en pleno Londres. Algunas fuentes nos informan de que este establecimiento recreativo podría pertenecer a los Blackstars, la famosa banda callejera, y que esto podría haber sido un acto de su banda rival, los Sleeping Dogs…

La pantalla de la televisión se vuelve negra de repente.

-¡Ey, la estaba viendo!-gruño, bajando la tostada que estaba mordisqueando y frunciendo el ceño.

-Ya sabes lo que ha pasado. ¿Para qué quieres escuchar lo que dicen esos gilipollas?

Ruedo los ojos, volviendo a morder la tostada mientras descruzo las piernas y me acomodo mejor en la encimera sobre la que estoy sentado.

-Qué raro que no quieras alimentar tu enorme ego viendo una y otra vez tu hazaña.-medio bromeo, enarcando una ceja.

Ian se acerca a mí, riendo y, oh, sí, vestido únicamente con sus bóxers. Esa noche se había quedado a dormir… ''dormir'' en mi casa, como muchas veces sucedía. Quería, ¿cómo había dicho él? Ah, sí, 'celebrar su victoria aplastante sobre los Blackstars'. Palabras literales.

-No deberías hablarme así, Doug. Por mucho menos he mandado apalear a algunos.-su tono de voz tiene cierto matiz amenazador, pero yo sonrío de lado.

-Ya, pero yo no soy cualquiera. Además, sé que si fuese como todos los demás, me habrías dado la patada hace mucho tiempo.

Aunque parezca increíble, Ian y yo llevábamos juntos casi un año. Él era ya el líder de los Sleeping Dogs cuando entre en la banda, con diecinueve años. Al principio no era nadie, y tampoco nadie me creía capaz de sobrevivir mucho tiempo en las calles. Menuda sorpresa se llevaron todos cuando descubrieron que no solo sobreviví, sino que además había llamado la atención de Ian. Supongo que no estaba acostumbrado a que le replicasen. ¿Si le tenía miedo? Sí, claro. Pero por nada del mundo dejé, o dejaré, que lo sepa nunca.

Ian se coloca en frente de mí, cerca, una mano al lado de mi cadera y la otra en mi barbilla.

-Eres un chico listo, Doug.-susurra, haciendo que le mire directamente a los ojos. Son marrones, muy oscuros, teñidos de un cierto matiz amenazador permanente. Me limito a sonreír hasta que él recorre la poca distancia que nos separa para besarme.

-Dougie, ¿no habrás visto mi… oh, uh-alguien entra en la cocina, aunque se corta en seco en cuanto nos ve.-Mm, hola, Ian, no sabía que estabas aquí.

¿Antes había dicho 'mi' casa? Bien, me he hecho un poco de lío con el posesivo. El apartamento en realidad pertenecía a Tom, el chico rubio que acababa de interrumpirnos. Me había ofrecido hacía años que viviese con él, ya que no quería estar las veinticuatro horas del día en casa de Ian. Era un tipo muy majo, congeniábamos muy bien y casi era como un hermano mayor para mí. También pertenecía a los Sleeping Dogs, pero nunca lo hubieras dicho por su aspecto de niño de no haber roto un plato en su vida. Y lo cierto es que era muy buena persona… dentro de las circunstancias en las que nos movíamos, claro.

-¿Qué has perdido, Tom?-pregunto, separando un poco a Ian, que saluda a Tom con la cabeza y luego me roba lo que me queda de tostada.

-El ordenador portátil. ¿Sabes dónde está? Lo he buscado por toda la casa pero lo han debido abducir los alienígenas.-sí, Tom era a veces un poco/mucho friki. Pero eso solo lo hacía más adorable.

-¡Oh, sí, lo cogí yo ayer! Necesitaba pasar unas fotos al editor de imágenes para incluirlas en el artículo y el mío estaba sin batería. Está en mi habitación.

Tom asiente y va a por él, dejándonos a Ian y a mí otra vez solos.

-Así que era eso lo que estabas haciendo cuando llegué.-supone él, acertando, mientras la mano que antes estaba en mi barbilla recorre mi muslo de arriba abajo, colándose por debajo de la pernera del pantalón de deporte corto que llevo.

-Sí, estaba terminando de editar las fotos para el proyecto. Pero no me acaba de convencer. Por la tarde saldré a hacer más fotos, a ver si me inspiro.

Por muy raro que suene viniendo de un pandillero, la fotografía y el periodismo eran mis pasiones. Mi sueño era poder hacerme fotógrafo profesional, viajar por todo el mundo recopilando imágenes e historias, para hacer ver a la gente cómo veía yo el mundo. Ahora mismo estaba participando en un proyecto que podía abrirme las puertas a una plaza en la facultad de Periodismo de la universidad. Tenía que hacer un artículo ilustrado con fotografías sobre un tema libre. Como me queda más a mano, había decidido coger el tema de los gánsteres y las bandas callejeras. Pero nada de lo que había hecho (ni las fotos ni los empieces de artículos) hasta ahora me gustaba, ninguno era lo suficientemente bueno. Y quedaban apenas dos meses para que se acabase el plazo de entrega…

-Bien, cuando acabes vienes a mi casa. Allí nadie nos molestará.-dice simplemente Ian, volviendo a atrapar mis labios con un poco de rudeza.

Sí, vosotros también os habéis dado cuenta. A Ian le importaba una mierda mi proyecto. Pero, ¿creéis que me dolía? No demasiado. Quiero decir, aunque éramos novios, ninguno de los dos tenía grandes sentimientos por el otro… al menos, no nada serio (y cuándo digo serio, me refiero a esa cosa destructiva y horrible que es el amor). Eso yo lo sabía, y él también. Yo solo estaba con Ian por la posición que me otorgaba. Se sentía muy bien sentirte importante. Además, como nadie quería vérselas con él, nadie se atrevía a hacerme daño… nadie se atrevía a volver a abusar de mí… Pero aquello era otro tema. La cuestión es que estando con él me ganaba el respeto y la protección que yo solo no era capaz de conseguir.

Y yo para él… bueno, siempre presumía de todo lo que tenía. Y yo era su mayor trofeo. No me importaba ser como un mero objeto para él siempre y cuando fuese el más importante. Sonará frío, pero era la verdad. Además, el sexo no estaba nada mal, todo hay que decirlo.

¿Cuál era la única pega? Que nunca podría tener un novio de verdad en mi vida. Como ya he dicho, Ian le arrancaría la cabeza a cualquiera que me pusiese la mano encima, en todos los sentidos. Pero, dada mi experiencia, era algo a lo que gustosamente podía renunciar.


Por ahora, esto es todo :D No dudéis en hacerme saber qué os parece! (oooi, qué formal quedo eso e.e )