Todo lo de Crepúsculo le pertenece a Stephenie Meyer.

Sí, supongo que volví :3


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11. Estrategias

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Según Tanya, la vida era demasiado injusta con ella. Pensaba que ella no merecía ser la hija de Aro Vulturi, un poderoso criminal que la había orillado a adentrarse a la casa de Charlie Swan, y que tampoco merecía tener una hermanastra como Marie Bailey, ya que ella solo era el recuerdo de la zorra que su padre había traído a su casa después de la muerte de su verdadera madre. Ahora con la cabeza y el corazón frío pensaba que era realmente extraño que a Aro Vulturi se le hubiesen muerto dos esposas en menos de diez años. La madre de Marie y su propia madre.

El horrible porsche naranja que estaba estacionando en la entrada de su mansión, ocupando su lugar, le indicó aún más que este no sería su mejor día. Marie estaba en la casa y Tanya no tenía que ser adivina para saber que esa niñata de veinte años se encontraba hurgando la habitación suya, como siempre.

De mala forma arrojó sus maletas en el piso del salón para que cuando la sirvienta volviera se las llevara, y subió corriendo las escaleras para encontrar a su hermanastra hurgando entre las joyas que Tanya tenía guardadas en una caja de madera.

— ¡¿Qué mierda haces?! —gritó de frustración porque evidentemente no venía de buen ánimo. En Francia las cosas no habían resultado como esperaba. Marie le dio una pequeña sonrisa arrogante, tomó unos pendientes de zafiro, los depositó en su bolsillo y comenzó a caminar tranquilamente hacia la salida, pero Tanya la tomó del brazo fuertemente.

—No es necesario que me toques, hermanita— los ojos fríos de la castaña perforaron a Tanya, y su voz que antes era dulce se transformó en un sonido agrio que hizo a Tanya apretar los dientes.

— ¿Qué haces en mi habitación? No eres una niña pequeña, sabes que no debes entrar acá.

—Claro, claro— murmuró y comenzó a caminar por la habitación hasta llegar al escritorio de su hermana—. Oye Tanya… ¿quién es esta mujer? Se me hace algo familiar, sus ojos verdes… el cabello y todo eso.

Tanya abrió los ojos como platos al ver la fotografía que había tomado Marie en sus manos y se la quitó. Tomó aire y dio gracias a que su hermana no había leído la inscripción que tenía la foto en la parte de atrás.

—Concéntrate en tus asuntos, Marie— gruño—. Vengo de París, ¿sabes? Vengo agotada, furiosa y estás tú aquí para colmarme la paciencia, ¿lo haces con querer o simplemente eres así de desagradable?

—Idiota— sintió que ella murmuró cuando se había dado la vuelta para guardar la foto—. Siempre la misma tonta Tanya jugando a los misterios— dijo con molestia—. Eres una Vulturi, no una Denali, ¿para qué niegas tu apellido siempre que te lo preguntan? Yo nunca he negado que soy la bastarda de Aro y que por eso mi apellido siempre fue Bailey. Deberías aprender de mí — Tanya rió burlesca y se cruzó de brazos enarcando una ceja.

— ¿De una drogadicta? Le jodes la vida a todos en esta casa, Marie. No haces nada por tu cuenta, no trabajas, no ayudas, no limpias, ¡no haces nada! Mi padre tiene que huir de acá porque a penas pisa el primer escalón llegas tu y le amargas el día— se acercó a su rostro y susurró las palabras—. Y si, sabemos que eres su bastarda y por lo mismo deberías estar agradecida.

—Mi gratitud— le respondió rodando los ojos— va hacia Aro, no hacia ti.

—Suficiente tengo con salvarte el trasero sin que te des cuenta, además de tener que compartir una puta herencia que por derecho me pertenece sólo a mí. — dijo Tanya apuntando su pecho.

—Quédate con tu mugrosa herencia— se encogió de hombros y sacó su pipa para fumar marihuana. Cuando la iba a prender, Tanya la tiró al piso de un manotazo—, ¿quién te crees? — susurró con voz amenazadora Marie.

Tanya miró los ojos de su hermana y supo que le recordaron irremediablemente a los de la otra Marie, la novia de Edward, pero en ese momento recordó que los de aquella Marie eran de color chocolate aunque ella, extrañamente, pensaba que en algún momento los había visto azules.

Siguió mirando a su hermana, porque la encontró desconcertantemente similar a la novia de Edward. Las piezas comenzaron a encajar y supo que si quería acabar con Edward Masen primero debía terminar con todo lo que estuviera a su alrededor.

—Tú me vas a ayudar— Marie la miró amenazante, pero cuando Tanya sacó de un cajón otra fotografía de un hombre de ojos verdes y cabello cobrizo, enarcó una ceja y asintió apreciando lo que veía.

— ¿Por qué debería hacerlo? —murmuró—. El tipo es guapo, pero ¿qué gano yo con esto?

—Droga— murmuró Tanya encogiéndose de hombros—, eso y una cuenta a tu nombre en donde te depositaré todos los meses, ¿qué otra cosa podrías querer tú?

—La droga puedo tenerla en cualquier minuto, basta con que vaya al subterráneo de esta casa y saque uno de los paquetes de papá, ¿crees que soy idiota?, ¿o acaso pensabas que realmente me gusta estar en esta casa? Y la cuenta… eso es más interesante.

—Lo que papá tiene en el subterráneo es sólo un tipo. Yo te estoy ofreciendo una variedad impresionante porque tengo mis contactos, Marie— sonrió—. Y todo a cambio de que hagas lo que quieras con este sujeto; fóllatelo, bésalo, muérdelo, lo que quieras, pero necesito pruebas de eso. Una foto o un video.

— ¿Sólo eso? —la incredulidad era tan palpable en la voz de Marie que Tanya no pudo evitar sonreír— ¿Tener drogas y dinero ilimitadamente sólo por estar con un tipo, que además es guapo, y sacar fotos de eso?

—Sólo eso, hermanita.

—Já—rió Marie—. Parece pan comido.

Si lo pensaba bien, a Tanya no le importaba como terminara este asunto porque de las dos formas ganaba. O bien Marie podía conseguir esas fotos y así destruir la vida sentimental de Edward. O bien podía fallar y caer en manos de un criminal que obviamente se iba a deshacer de ella.

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Un año después por fin habíamos podido volver a Estados Unidos. No sin alterar un sinfín de documentos y nombres.

Casi al final del territorio estadounidense, en un pequeño pueblo, parecía que habíamos encontrado nuestro lugar. Pero eso se derrumbó tan rápido como todo de mi vida, porque aún seguía recordando mi encuentro con Charlie Swan en Chicago semanas atrás.

Aquí me tienes —levanté mis manos con gesto despreocupado y lo miré con desprecio—. Estuviste buscándome por todo Paris, enviaste a un sujeto que resultó muerto, pero finalmente estoy aquí frente a ti y no eres capaz de hacer nada.

Nos traicionaste, Edward —Charlie miró hacia otro lado y siguió sosteniendo su arma—, y debes pagar por ello.

No me matarás, ni le harás nada a mi mujer —dije refiriéndome a Bella—, ¿y sabes por qué? Porque soy importante para lo que tú quieres lograr, Charlie. Yo y James éramos los únicos que podíamos ayudarte a hacer que tuvieras el control completo de Francia y que tu sociedad fuera mucho más importante que la de Italia. Ahora estás solo con tu sobrino que es un cobarde y con Emmett que piensa solo en sus intereses.

Veo que sigues defendiendo a esa mujercita— rió —, ¿dónde está ella?, ¿chupándole la polla a otro hombre? —apreté mis dientes y me acerqué a paso lento hacia él—. No es más que una zorra y fuiste tan tonto como para traicionar a tu familia por ella—murmuró— ¿qué esperabas acaso? ¿Ils vécurent heureux et eurent beaucoup d'enfants, Edward, ou loin des yeux, loin du coeur?*

Todo en mi vista se volvió rojo y sentí como la sangre latía fuerte contra mi cuello. En ese momento miré los ojos cafés de Charlie y no recordé ni me importó que el haya sido como un padre para mi, que me haya apoyado; lo que me importaba era mantener su boca cerrada y lo hice estrellando mi puño contra su mandíbula.

No me disparó aún cuando seguía teniendo su revólver en las manos cuando cayó hacia atrás producto del impacto, y supe antes que no lo haría porque él era muy cobarde como para traicionar a los que "quería". En el fondo Charlie era un buen hombre que sólo se encontraba presionado por las circunstancias.

¡Nunca en tu perra vida vuelvas a hablar así de ella! —golpe—. No eres más que un cobarde que se escuda insultando a una mujer—golpe—. No vales nada ni siquiera para tu sociedad— di el último golpe y me paré, mirando como mis manos se encontraban magulladas y con pequeñas gotas de sangre.

Charlie comenzó a jadear y me miró con rabia: — Te arrepentirás, Edward. Cuídala todo lo que quieras, pero llegará el día en que la mataré. Esto ya no es una amenaza ni una advertencia, es la constatación de algo que sucederá.

Ese día me sentí superior a Charlie con la golpiza que le di. Volví a sentir eso que sentía antes cuando mataba a personas por encargo y no era precisamente para protegerme. Si Bella me escuchaba, probablemente pensaría que era un monstruo, aunque quizás ella ya lo sabía.

Mi estómago se apretó cuando estacioné el coche a fuera de nuestra casa. Comúnmente estaría solo la pequeña camioneta que ella tenía para salir a comprar víveres al pueblo, pero ahora había un Mercedes negro que yo conocía muy bien. Era el Mercedes de Charlie.

Corrí con el corazón agitado por la casa, sintiendo el sonido de la ducha. Me relajé un poco sólo cuando escuché la voz de Bella cantar.

Alerta a todo lo que pasaba, me concentré más y me di cuenta de que el dueño del Mercedes aún estaba en esta casa. Mis pies no hicieron ruido cuando caminé hacia la habitación mía y de Bella, encontrándome algo que nunca esperé.

Ese hombre no era Charlie Swan, por lo menos no él que yo conocía. Era un vestigio de lo que alguna vez conocí. No había nada que temer de él, incluso su arma estaba tirada a un lado de la cama mientras el sostenía con amargura un retrato que no tenía ni idea de donde había sacado.

Aún así, yo tenía que proteger a mi mujer.

—Tienes cinco segundos para decirme que mierda estás haciendo aquí— dije apuntando a su sien con mi arma.

Charlie me miró con el ceño fruncido y alzó el retrato hacia mí. Era de una mujer de ojos verdes y cabello castaño claro, muy parecida a Bella en sus rasgos.

Me tomó un minuto saber que se trataba de la madre de Bella, pero ¿por qué Charlie lloraría por ella? De repente no quería saberlo.

—Ahora puedo entenderlo—murmuró—. Ahora sé que tú la amas como yo amé a Reneé. Marie… ella no se llama así, ella es Bella, mi Isabella. Es mi hija.

Solté un jadeo y mi agarre flaqueó un poco.

— ¿Edward? —escuché a Bella gritar del baño.

—Soy yo, mi amor, ma petite chèrie. Tengo que atender unas cosas, volveré en la noche, querida.

Caminé rápidamente hacia la puerta con Charlie siguiéndome detrás. El me siguió después en su Mercedes hasta que llegamos a una calle solitaria.

—Ahora me dirás que significa esa estupidez de que Isabella es tu hija.

El hombre parecía demacrado. Casi me da pena.

—Yo no tengo que rendirte cuentas de nada, Edward. Lo único que puedo hacer es darte gracias por mantenerla con vida, por protegerla incluso de mí—niega con la cabeza, como si estuviera perdido—. Está demás decir que eres bienvenido nuevamente a mi familia, que cuentas con mi protección y que eres libre.

Me dio una última mirada antes de acelerar su coche para marcharse.

Había una cosa que me decía que debía creerle a Charlie.

Primero, el no era un buen actor. Es hombre, no puede llorar por simple gusto, no puede fingir eso.

Segundo, es que si él quisiera acabar con Bella, la forma más vergonzosa para él sería haciéndola pasar por su hija.

Tercero, Charlie conocía muy bien una clausula intangible que estaba en todos nosotros cuando comenzábamos esta vida, y eso es que a la familia no se le dejaba atrás. El ahora lo comprende, el ahora ve porque yo no podía dejar a Bella o porqué tuve que matar a James. Si la amaba tanto como lo hago, es imposible dejar a quién es tu familia ahora.

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Bella estaba acariciando sus piernas con crema cuando llegué. La vista de mi mujer húmeda, cálida y aromática me aturdió un poco, pero no podía distraerme porque debía hablar con ella. De ninguna manera sabría que Charlie era su padre, hasta que el tuviera los cojones y se lo dijera, pero debía decirle que pertenecíamos de nuevo a su familia.

Charlie lo dijo como si lo sugiriera, pero está más que claro que eso era parte de una obligación.

—Debemos hablar—ella asintió sin prestarme mucha atención—. Me encontré con Charlie Swan hoy.

Inmediatamente sus ojos me miraron, como si temieran lo que iba a decir.

— ¿Qué pasó?

—No necesitas mayor explicación que la que te voy a dar, así que no preguntes más—frunció el ceño—. Resumiendo, me dijo que el olvidaría todo lo que ha pasado, todo lo de James y que más o menos nos invita a ser parte nuevamente de su familia.

— ¿Y tu aceptaste? —sus cejas casi se juntaban— ¡Claro que lo hiciste! Mierda, ¿cómo pudiste, Edward?

Detuve sus manos y la acerqué a mi pecho antes que me lanzara su bote de crema.

—No es una cuestión de aceptar o no, Bella. Estamos casi obligados. Charlie nos está dando la oportunidad de volver a ser parte de su familia. Es eso o una vida huyendo.

Mi corazón se partió un poco cuando sus ojos se volvieron vidriosos. Me miró con rabia e incredulidad. Yo sabía lo que pensaba, pero tampoco podía decirle la verdad completa, así que prefería que pensara que era un cobarde.

—Mis hermanos llegarán en unas horas de la escuela. Sería mejor para ellos que no estuvieras acá cuando eso pase, así no nos ven pelear, porque definitivamente esto no se queda acá—dijo—. Tal vez te apetezca dormir en la habitación en invitados hoy, necesito pensar.

No, no se quedaría así. Por lo menos me merecía un beso antes de irme.

La tomé a la fuerza y le di un beso apretado que obviamente me correspondió. Una última mirada a sus ojos ardientes, y me fui prometiéndonos a los dos que esto se arreglaría.

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Lo siguiente es que me encontré entrando a un bar del tipo que frecuentaba antes y que desde hace algunos años no había vuelto a entrar.

Paseé mi vista aburrida por todo el lugar, dándome cuenta de que estos lugares nunca cambiaban, al igual que yo. Me senté cerca de la barra y pedí una cerveza, y me di cuenta que tenía mucha razón ya que a los pocos minutos llegó la típica chica que se te pega como lepra para hacerte "compañía". Esta era una mujer delgada y pequeña que se sentó descaradamente frente a mí.

— Buenas noches— susurró con voz tranquila. Levanté mis ojos distraídamente para encontrarme con una mujer realmente menuda y pequeña, de complexión muy delicada, ojos azul profundo y cabello castaño claro. Había algo en la forma de sus ojos, en el corte de cabello, en su boca roja o en sus pecas que me recordaba ligeramente a Bella.

Miré su nariz pequeña y respingada que estaba ligeramente enrojecida y dilatada, luego alterné mi vista hacia sus dedos que reposaban en la mesa y me quedó completamente claro que ella era una drogadicta, o quizás sólo una ávida consumidora de cocaína y marihuana. Para decirlo de manera más elegante.

—Buenas noches—dije de vuelta y por cortesía.

— ¿Pasé la prueba entonces? ¡Me siento tan bien al saber que no te importa hablar con una pobre drogadicta como yo!— habló con sarcasmo, sorprendiéndome y bebiendo un sorbo del líquido rosado que descansaba en la copa que había traído consigo.

—Lárgate si no te gusta cómo te miro, y si alguien te juzga por ser una drogadicta es tu culpa, no la mía. —sus ojos se abrieron mucho más, dándome una idea de cuan largas eran sus pestañas.

— ¿Así tratas a las mujeres? —se recuperó de la sorpresa y me gritó con su molesta voz— Pensé que eras más caballero… ¡tanto tiempo desperdiciado! Definitivamente eras más agradable desde lejos, y hace años atrás…

—Para— detuve su verborrea—, ¿quién mierda eres tú y porqué me conoces desde antes? —inmediatamente se sonrojó y me miró entre sus pestañas, logrando que soltara un bufido.

—Venías mucho hace años y bueno siempre pensé en lo guapo que eras — la miré como si estuviera loca—. Pero ahora me doy cuenta que no eres más que un idiota— repuso con enojo.

¿Esto era real? Una chica –obviamente guapa- me dice que estuvo mirándome como acosadora hace casi dos putos años y luego me insulta. Maldita drogadicta bipolar.

Pero lo importante, y lo que había aprendido de Charlie –aunque él no fuera una buena referencia ahora-, era que un hombre de honor siempre se debía dar a respetar. Yo no podía permitir que esta pequeña mujer pensara que yo estaba a su nivel, aunque debía aceptar que más de una vez Bella me gritó cosas en nuestras pequeñas peleas, pero siempre lo resolvíamos demasiado bien, por lo que supongo que su lengua tenía un pase libre para hacer lo que quisiera. Eso era exclusivo de ella, no de otras mujeres.

—Cuidado como me hablas, pequeña perra —la tomé de su mentón y me confundí al ver su mirada de suficiencia. Ella puso sus manos sobre mis hombros unos segundos y luego me separó fuertemente.

— ¿Sabes? Lo hiciste demasiado fácil— se paró y comenzó a rebuscar en su bolso—. Ahora si quieres algún día divertirte, llámame aquí.

Puso una tarjeta en mis manos y antes que pudiera hablar ya se había marchado.

- Marie Bailey V. –

Atónito y sin entender, pagué la cuenta y salí corriendo por la calle para buscar a esta mujer, la cual encontré por el sonido rápido y frenético de sus tacones al pisar la calle.

No sabía por qué la seguía, y todo era muy parecido a cuando vi a Bella por primera vez y la tuve que llevar a un callejón para salvarla.

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* ¿Vivieron felices y comieron perdices, Edward, u ojos que no ven corazón que no siente?


El capitulo no está ni siquiera editado o bien revisado, por si encuentran un error. Sinceramente espero que haya sido de su agrado.

Aproximadamente la segunda semana de diciembre salgo de vacaciones, pero aún así quise subirles este capítulo que acabo de terminar.

Supongo que vuelvo, y con más historias, las cuales subiré una vez que haya terminado por lo menos un fic de los que me quedan o lo lleve bien adelantado.

Por si alguien se pregunta, Marie es la amiga que Bella tuvo después de que la culparan por la muerte de su madre, ¿que pequeño es el mundo?

Espero que estén bien.

Isa.