¡Hola! Aquí les traigo un nuevo fic. No es una historia, sino un montón de anécdotas juntas.

Son desde el punto de vista de Ikuto, las "torturas" que pasó a mano de esas criaturas que lucen como ángeles y le hacen vivir un infierno ajajja xD Nuestro querido neko hentai aprenderá que si él era un problema para las personas, no es nada comparado con los problemas que sus hijos le harán pasar a él.

Una comedia, que te hace ver que uno nunca termina de aprender a ser padre.


Anécdota 1: Mismo aspecto, mismo instinto asesino

- ¡Kei-niichan!- Akemi hizo un puchero.

- ¡No! No te voy a responder- le respondió él enojado- ¡Deja de molestarme!

- Cuida tu tono Kei- le advirtió- O no vuelves a salir en un mes- Kei resopló.

- Hazlo, no me importa- comenzó a dirigirse a su cuarto- ¡Disfruta malcriando a tu princesita!

- ¡Dos meses!- le gritó, sonriendo al oír como comenzaba a maldecir en voz baja.

A veces no entendía como podía ser tan rebelde, ¿de donde lo había aprendido? Como si ella estuviera presente, pudo oír su voz diciendo "Me preguntó a quien podría haber salido, siendo tú un ejemplo de obediencia" de manera sarcástica. Él sonrió, antes de volver a la lectura del periódico que traía entre manos.

Akemi se sentó en la otra punta de la mesa en la que él estaba sentado, y luego suspiró dramáticamente. Él la miró discretamente y vio como ella solo estaba allí sentada, soplando hacia arriba para mover su flequillo. Detestaba verla así, para ser sinceros detestaba verla con cualquier cara que no fuera de extrema felicidad, Kei tenía razón, ella era su princesita. Todas lo eran.

Abrió la boca para decirle algo, pero en ese momento Minami entró en la cocina con la velocidad de un tornado y derecho a la heladera, de la cual sacó una botella grande de agua que vació hasta la mitad en segundos.

- Ah- dijo con satisfacción cuando paró- Acabo de superar mi propio record- comentó con orgullo, mirándolos con una sonrisa.

- Eso es genial onee-chan- la felicitó Akemi- Eres increíble.

Minami le sonrió y le revolvió el cabello.

- Gracias por el aliento, pequeña.

- Arrasaras en la próxima competencia- le dijo él, consciente del alto nivel de Akemi.

- Ese es mi plan. Si mantengo mi nivel, talvez cuando tenga dieciocho pueda entrar al equipo olímpico- levantó el pulgar hacia él- En las próximas olimpiadas me verán con la medalla de oro, apuéstenlo, y más les vale que todos estén allí para verme ganar.

- ¿Acaso soy millonario para llevar a la familia a donde sea que concurses?- le dijo con burla.

- No, solo eres el heredero de una empresa multinacional- ella le replicó.

- Lo mismo con Kei, y sin embargo él me sigue pidiendo dinero- ambas se rieron.

- Kei es Kei- Minami dio otro trago al agua- Y hablando de él, lo escuché gritar hace un rato ¿Qué pasó?

- Kei-niichan fue malo conmigo.

- Eso no es sorpresa, Kei es un malhumorado- dijo ella con simpleza, apoyándose en la pared al lado de la heladera.

- Pero son gemelos, ¿Por qué Kei-niichan no puede ser como tú, onee-chan?

Excelente pregunta la que Akemi había hecho. Él muchas veces se había preguntado lo mismo, como siendo gemelos ellos eran tan distintos entre sí. En aspecto eran iguales, su mismo cabello y ojos, Kei era una versión más joven de él, mientras que Minami era una versión femenina de Kei. Uno no dudaba que eran gemelos, hasta que los escuchaba hablar y los veía actuar. Eran dos polos opuestos, allí donde Kei era hosco, Minami era dulce como pocos, Minami amaba los deportes y practicaba a diario, Kei se encerraba en su habitación, tocando el violín de vez en cuando. Minami tenía notas que iban sobre el promedio y que aumentaban con todas sus actividades extracurriculares. Por causa de Kei, él visitaba a Tadase en su oficina cada semana, tratando siempre lo mismo y prometiendo que haría que Kei asistiera más seguido.

Se preguntaba como eran tan opuestos, pero más se preguntaba a quien había salido Minami. Él no podía decir nada de Kei, era tal y como él había sido cuando tenía su edad. Minami era el misterio.

- Él no podría soportar la presión de ser tan genial como yo- contestó con gracia.

Akemi se rió ante lo dicho por Minami y él sonrió de lado, volviendo al periódico. Sintió una mirada sobre él y cuando revisó, vio a Akemi mirándolo fijamente.

- ¿Qué?- le preguntó, algo incomodo por la forma en que lo miraba.

La forma curiosa y evaluativa en que ella clavaba sus dorados ojos en él le trajo un recuerdo. Pero no buenos recuerdos. Akemi era el vivo reflejo de Amu, y más ahora que tenía trece años, le recordaba mucho a la niña de la que él se enamoró en su adolescencia. Como también recordaba esa mirada.

- Kei-niichan fue malo conmigo- dijo en un puchero, tranquilizándolo al ver que solo quería que él castigara a Kei- Tú no serás malo conmigo ¿verdad?

- Por supuesto que no, eres mi princesita- le respondió con una sonrisa. Escuchó a Minami aclararse la garganta- Las dos lo son- se corrigió.

- Entonces ¿vos me vas a contestar?- él asintió- ¿Por qué dicen que el sexo oral también es peligroso?

Su mente se paralizó. ¿Qué era lo que su pequeña princesa le había dicho?

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- … ¿Por qué dicen que el sexo oral también es peligroso?- ella tiró toda el agua que tenía en la boca, debido a la sorpresa. ¿En serio Akemi acababa de preguntarle aquello a su padre?

Y hablando de su padre, parecía que estaba en un recorrido gratis por el infierno.

- Akemi ¿Por qué preguntas eso?- le preguntó, mientras trataba de hacer reaccionar a su padre- ¿Papá? ¡Papá!- intentó al ver que él no le respondía nada.

- Bueno, unas chicas estaban hablando de eso mientras estábamos estudiando y tenía curiosidad.

Suspiró de alivio al escuchar eso, y de hecho fue eso lo que había logrado traer de vuelta a su padre.

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- Ikuto ¿puedo hacerte una pregunta?

Él la miró sentada frente a él, con una expresión de gran seriedad en el rostro. Debía admitir que se veía adorable así. Se veía adorable de cualquier manera, aunque tenía que admitir que él no era para nada imparcial, ya que estaba perdidamente enamorado de la pelirosa delante de él.

- Hazla- le contestó de manera corta.

- ¿Tú te masturbas?- él nunca se habría esperado una pregunta de ese tipo por parte de ella.

Amu era una niña inocente que ni siquiera entendía lo que la palabra pervertido significaba, ¿Cómo era posible que ahora le estuviera preguntando si él se masturbaba? Él solo se había ido de viaje por seis meses desde que ella se había graduado y ella seguía siendo inocente en aquel tiempo. ¿Qué había pasado en esos seis meses que la había cambiado totalmente?

- Q… ¿Qué?- él deseaba que aquella pregunta haya sido producto de una locura momentánea y que Amu le haya preguntado algo distinto.

- Te pregunte si tú te masturbas- no, era tal y como él había escuchado- Contesta. Leí en una revista que todos los chicos lo hacían, ¿tú lo haces? ¿O es solo una mentira?- ella se acercó a él, decidida a conseguir una respuesta- ¿Con que frecuencia lo haces? ¿Y puedes hacerlo a pesar de que no tienes a nadie que te atraiga?

Ella tenía su rostro a centímetros del de él y esto era lo más cerca que ella se hubiera acercado por su propia cuenta. Él realmente tenía mala suerte como para que sucediera justamente en esta situación.

- Ikuto- volvió a llamarlo- Contesta.

- N…No es de tu incumbencia- ¡Genial! ¿Desde cuando él tartamudeaba?

- Quiero saber, ¿por qué no me contestas?

- Ya leíste que todos lo hacen, no necesitas mi respuesta.

- Entonces sí lo haces.

- Como dije, no es de tu incumbencia- le soltó tratando de salir de allí.

- ¿Por qué estás siendo brusco? Solo tengo curiosidad. Pero lo que no entiendo ¿Cómo es posible que puedas hacerlo si no tienes nadie que te atraiga?

Ella estaba demasiado cerca y su instinto felino actuó. La tomó del cuello y la volteó en la cama, quedando él sobre ella, a diferencia de hace unos instantes en los que ella estaba sobre él. La miró bajo él, su cabello rosado dispersado por todas partes, sus ojos dorados bien abiertos y sorprendidos, su dulce boca rosada entre abierta, invitándolo a un cielo en el que él soñaba entrar. Ella era la tentación en persona.

La tentación en el cuerpo de una niña de trece años se dijo a si mismo, de manera frustrada.

- Tú…- le susurró- Tú no sabes las grandes tentaciones a las que me enfrento día a día.

Bajó la cabeza y besó su frente, mientras aspiraba el dulce aroma de su cabello. Con eso tendría que bastarle hasta el día siguiente, él no podía quedarse más allí, no mientras sus hormonas estuvieran tan alborotadas como lo estaban en ese momento. Se levantó y comenzó a dirigirse al balcón, tenía que salir de allí cuanto antes.

- Nos vemos otro día, princesa- se despidió, evitando mirarla y ser tentado.

- Tú... ¿en quien piensas cuando haces eso?- por primera vez en el día, volvía a escuchar esa timidez encantadora en su voz.

- En nadie- le replicó, ya con un pie fuera- Renuncie a eso hace como dos años.

Ella no le respondió nada y él saltó, comenzando a alejarse de su casa con un paso lento.

- Y aún me quedan años sin ni siquiera eso como consuelo- murmuró en voz baja, pensando en los años de nada de placer a los que Amu lo había condenado sin saber.

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Si, hace años, una pregunta similar y realizada por una persona con el mismo aspecto de Akemi, había hecho que su cabeza explotara. Si es que se entendía a lo que él se refería. Y ahora, Akemi, con la misma inocencia que Amu, le había hecho una pregunta que casi le provoca un infarto. Aunque ese inusual dolor en su pecho bien podría ser un infarto real.

- Bueno, unas chicas estaban hablando de eso mientras estábamos estudiando y tenía curiosidad.

Eso no lo tranquilizaba exactamente, pero lo sacaba de los terribles escenarios en los que se había imaginado a su pequeña. Ahora tenía que encontrar a las culpables de ensuciar la dulce e inocente mente de su querida princesa.

- Akemi, eso no es…- intentó explicarle a su pequeña, pero ella lo interrumpió.

- Digo, yo ya lo hice una vez y nada me pasó. Sinceramente me cuesta creer que haya peligro.

¿Qué ella que?

Matar, eso era lo que pasaba por su mente. Matar a ese malnacido que se había aprovechado de Akemi. Se levantó y agradeció estar en la cocina, así sería más fácil encontrar un cuchillo.

- ¡Akemi!- escuchó como Minami la regañaba- ¡Eso está muy mal! ¡Eres apenas una niña!

- ¿Qué tiene de malo?- le replicó Akemi- Los maestros lo hacen.

- ¡Ellos son adultos!

- Algo tan simple no debería restringirse solo a los adultos, nosotros también podemos hacerlo. No hace falta mucho, solo lees un libro y listo.

Ah, el cuchillo de la carne, tenía el tamaño perfecto.

- ¡¿Y donde conseguiste tú un libro de esos?!

- En cualquier biblioteca están.

- Tú, pequeña…espera ¿Qué? ¿En la biblioteca?

- Si.

- En la biblioteca no hay de esos libros.

- Los hay, prácticamente cualquier libro de biología habla de la planificación familiar, aparte en años superiores de preparatoria les dan cursos.

¿Talvez el sacacorchos para sacarle sus muy malditos ojos?

- ¿Cómo sabes de eso?

- Unas amigas me pidieron que las ayudara a estudiar para esos cursos, y tuve que leer todo y explicárselos. Por eso digo que el sexo oral no es peligroso. Sino yo me hubiera enfermado por tener que explicarles el tema así estudien.

- Akemi… ¿tú crees que el sexo oral es hablar sobre reproducción sexual?

Definitivamente una bolsa en la que estaría su… ¿De qué estaba hablando Minami?

- Si, ¿no es así?- le respondió Akemi- ¿No lo dice el nombre? Si es sexo oral, se trata de hablar de sexo.

- No es eso, es…no importa, lo que tienes que saber es que eso no es sexo oral. Lo único que hiciste fue explicarle a tus amigas sobre planificación familiar.

- ¿No es sex…?

- No, y trata de no decirlo de nuevo- la cortó Minami- Papá- lo llamó- ¿Qué estas haciendo rebuscando en el cajón de los cuchillos?

- Nada- le contestó de manera rápida, soltando el cuchillo que sostenía con firmeza con su mano izquierda.

- ¿Acaso estabas…?- los ojos de Minami se abrieron con terror.

- No estaba haciendo nada, solo estaba buscando el sacacorchos.

- ¿Y por que ahí?

- Discúlpame, no pensaba bien al ver que Akemi había tenido sexo oral.

- Papá, respecto a eso…

- Escuché- le contestó. Miró a Akemi- Tu confesión me causó un susto Akemi- le dijo de manera seria.

Akemi bajó la cabeza y susurró un "Perdón".

- Talvez por eso Kei-niichan se enojó conmigo cuando le pregunté a él- terminó diciendo con tristeza- Mejor me voy a disculpar con él.

- No hay sorpresa de porque le gritó si ella le preguntó lo mismo que a ti- comentó Minami.

- Talvez yo también debería quitarle el castigo, viendo que no tuvo otra manera de evitar responderle.

- Él sacó tu auto el fin de semana pasado cuando estabas de viaje- él la miró sorprendida.

- No entiendo porque me cuentas esto, si siempre sueles apañarlo.

- Sabes que lo quiero, es mi gemelo y todo, pero él se pasó en una de sus burlas. Vamos a ver que le parece este chiste- comentó mientras se retiraba con una sonrisa malévola.

Él sonrió al verla irse también, talvez la mayoría del tiempo ella actuara como si hubiera sido criada por otra persona, pero había momentos en los que ella era exactamente igual a él y aún más de lo Kei alguna vez pudiera llegar a ser.


¿Unos pequeños Amu e Ikuto? Tal vez sí, tal vez no. Lo único cierto es que Akemi es tan inocente como su madre y puede que incluso más. ¿Quien la mantiene tan inocente? No me imagino quien, pero de seguro no es esa persona que la considera su pequeña princesita :P

Pobre Kei, comprendo su incomodidad, no hay nada peor que tu hermano menor preguntándote algo relacionado a eso. Yo, evadí la pregunta, y le dije que estaba ocupada(aclaración, mi hermano es pequeño, responderle con la verdad sería un trauma. No piensen mal de mi por no contestarle)

Tal vez la reacción de Ikuto luce un poco exagerada, pero el realmente no pensaba matar a nadie, solo se consolaba con la idea. Lo que creo que va un poco con su personalidad, él no haría un drama como el papá de Amu o lloraría ante lo que descubrió, él definitivamente actuaría. Aunque nunca contra su pequeña princesa.

Bueno, espero que les haya gustado. Dejen reviews con sus opiniones. ¡Adiós!