Disclaimer: Los personajes son de Lewis Carroll y de Tim Burton. Esto está basado en la película "El laberinto del Fauno" de Guillermo del Toro.


El Laberinto de Pandora


Prefacio


Mally, la lirón, terminó la taza de té que estaba bebiendo con avidez y la dejó en la mesa en frente de ella. Esa fue una gran taza de té, casi se su tamaño, y aun así no había sido la más grande de su vida, por eso mismo se la había terminado como si fuera una taza perfecta para su pequeño tamaño, pero al parecer ese tipo de tazas estaba desapareciendo por culpa de Thackery, que no hacía más que lanzarlas a los visitantes, incluso a la Reina Blanca. Antes. Ella se levantó de su asiento y caminó sobre las dos mesas que la separaban de la esquina hasta donde estaba el Sombrerero.

Éste, con la vista perdida, no le mostró atención, pues buscaba el azúcar para echar en su taza. Sus ojos verdes se concentraban en buscar la azucarera. No la encontraría, la tenía la Liebre de Marzo y la estaba ocupando como loco. Una vez que vio la posición del azúcar, resopló y se echó en su silla, resignado.

Bebió un sorbo de su té, para luego abrir los ojos de golpe, brillándole más que nunca y entonces saltó de su silla violentamente, haciendo a Mally retroceder. Él trató de sacar el mal sabor que se había alojado en su lengua por el té bebido. Después de unos segundos, una vez terminado el mal sabor un poco, pues aún lo sentía, se sentó de nuevo en su silla, relajado y fijándose por primera vez en la pequeña lirón.

—Es un té realmente sin sabor —exclamó, así que, para sacarse el resto del mal sabor, tomó un pan de una canasta hecha de madera morada, y se lo llevó a la boca, dándole un gran mordisco. Sin embargo no sonrió—. Mejor —y lo siguió comiendo con tranquilidad.

Mally, después de ver totalmente estupefacta la escena del Sombrerero, se largó a reír incontrolablemente, haciendo que rodara por la mesa de un lado para otro.

—No es de risa —dijo secamente luego de haber terminado su pan y fijar nuevamente su atención en ella.

La lirón no pudo responder de inmediato a las protestas de sus amigos, ya que necesitó recuperar la respiración debido a que no había podido antes porque la risa incontrolable se lo impedía. Una vez recuperado el aliento, se levantó, temblorosa de las patas, y se acercó al Sombrerero con decisión.

—Sí lo es —respondió tratando de no romperse a reír otra vez, así haciendo que los hombros le temblaran ligeramente.

—Que no.

—Que sí.

—No.

—Sí.

—¡Cuchara! —intervino Thackery tirándole el objeto de plata al Sombrerero, para luego tirase las orejas largas con fuerza. Por otro lado, el Sombrerero esquivó con facilidad la cuchara voladora y cogió otro pan del mismo lugar del otro pan, la diferencia es que este traía mermelada de frambuesa.

Desde la salida de Alice luego de la muerte del Jabberwocky y expulsión de la Reina Roja y de la Sota, las cosas en el nuevo Submundo habían mejorado, al principio, la Reina Mirana había reparado todos los lugares afectados por la bestia, lo más que pudo, ya que las vidas perdidas no podían volver de nuevo, y eso era lo que ella más lamentaba. También los días se hicieron más largos y brillantes, las flores volvían a cantar y los animales correteaban libremente por los bosques, todo era felicidad y fiestas interminables en el castillo blanco. Para el Sombrerero, todo fue por etapas, la primera de ella fue el día después de que Alice se hubiera ido, fue a todas las fiestas de la Reina, ver a sus amigos y bailar una que otra vez, sin embargo, no más Futterwacken, todos estaban felices y había mucho té para beber junto a Mally, que aún lo perseguía para todas partes. Hasta la Reina Blanca le preguntó si quería de nuevo su puesto como Sombrerero Real, a lo que él no se negó.

Amaba hacer sombreros.

Eso solo fue los primeros tres meses, luego, de un día para otro, sin la menor advertencia, todo se empezó a oscurecer para el Sombrerero, no se sentía bien, y la inspiración para hacer sombreros para la Reina se desvaneció. Todo parecía tan lúgubre y monótono. Dejó de tomar té con Mally. Era una sensación horrorosa que lo estaba consumiendo. No parecía ni la mitad de lo que era antes. Solo un hombre roto y solo. Los colores en sus ropas eran apagados, lo único que quedaba en pie eran sus ojos, que no había dejado su color habitual. No entendía el por qué de su estado y no tenía energías para averiguarlo. Desde ese día no tuvo nada interesante que hacer.

Pero la peor etapa de todas fue la tercera, y última. A pesar de estar roto, seguía sintiendo que una parte de él seguía intacta, y esa era la locura, su única forma de defenderse ante el dolor que amaba molestarlo. Luego, comprendió el por qué de ese vacío que desmoronó su corazón y la pared de ladrillos que había estado construyendo desde el día en que todo su clan pereció bajo las llamas del Jabberwocky. Era un sentimiento, con nombre, era amor. Estaba enamorado. Y a pesar de que se supone que iba a ser una experiencia hermosa, no era simple para él, pues la mujer que amaba los había dejado, dos veces, y estaba casi seguro de que no caería por un agujero por tercera vez. La sensación, era de los más extraña, parecía a como comerse un plato de mariposas, y no era parecido a otro amor antes, no era el mismo que tenía por su familia o por sus amigos, éste era diferente, no entendía qué, pero sabía que lo era.

Entonces tomó una decisión, algo apresurada, pero sintiéndose seguro de tomarla: No dejaría que nadie más entrara así en él, de esa forma y de ninguna otra, no quería sufrir más. Por otra parte se dio cuenta que no podía seguir esperando por su regreso, así partió su decisión, así que dejó todos los asuntos del corazón de lado ya que esa parecía la única forma de no dejar que alguien pudiera volver a lastimarlo de esa forma, para no volver a sentirse solo ni el dolor de perdida, porque no iba a existir amor. Las promesas no le afectarían y la muerte le daría lo mismo, podría ser feliz a su modo. Ese fue el principio de volverse distante, pero no lo hizo todo de una pasada, poco a poco se fue distanciando de los demás hasta quedar en una mesa con un lirón y una liebre, tomando té. Había cambiado, los sentimientos que portaba era solo un reflejo de los recuerdos de los verdaderos que alguna vez estuvieron ahí. Así que su voz igual se transformo, porque, sin sentimientos, se iba la importancia de la mayoría de las cosas, pero, sin embargo, no todas.

Eso ya desde hace ocho años y cada año que pasaba el Sombrerero no hablaba nada que tuviera que ver con ella. Era como si la hubiera olvidado. Tal vez, si ella regresaba, las cosas volverían a ser como antes.

Y así se hizo una gran pregunta: ¿Cuándo?

No hace mucho, la Reina Blanca cayó enferma, cosa que le hizo delirar y ordenar que trajeran a su campeón de vuelta, porque Alice era la única que podía encontrar una cura para ella antes que pereciera bajo los efectos de su enfermedad. A pesar de que estaba delirando, se hizo caso a las órdenes de la alteza. Así que dos irían, Mally y el Sombrerero, todos esperaban una reacción de felicidad ante el segundo mencionado, pero grande fue sorpresa al ver que solo siguió tomando el té diciendo que tenía que terminarlo primero y luego haría unos sombreros, una vez todo eso terminado, iría a buscarla.

Ella volvería pronto y después…, se iría, una vez más.


Se me ocurrió mientras miraba esa hermosa película. Espero que les haya gustado.