Vampire Hunter

~Prólogo~

Lluvia… truenos… relámpagos… oscuridad nocturna… grandes gotas caen fuertemente, resbalando por las hojas de los frondosos árboles, paseando por las ramas, finalmente salpicando en el suelo, creando el sonido agudo y a la vez relajante que me gusta. Grandes gotas de agua fría recorriendo mi cara, mi cuello, unas adentrándose en mis ropas; otras simplemente formando micro-ríos en mi piel. Los relámpagos, ráfagas eléctricas cuya luz rebota en mi platinada cabellera. Truenos ensordecedores, casi rompiendo mis tímpanos como cuando yo lo hacía con las personas que me rescataron.

Mi nombre es Midnight Storm; traducido al español como "tormenta de medianoche", porque me encontraron abandonada justamente ese momento; pero si quieren pueden decirme sólo "Night".

Me acosté con los brazos tras la cabeza a modo de almohada sobre el frío y mojado césped mientras que la lluvia seguía salpicándome. Comencé a recordar ese día, en el que mi vida cambió para siempre. Pero… ¿Qué hubiese pasado… si jamás me hubiese enterado de mi verdadera naturaleza? ¿Quiénes son mi familia? ¿O a qué clase de extraño y desconocido mundo pertenezco?

NOCHE 1: Secuestro

Todo inició en un anochecer, cierto lugar parecía despoblado excepto por una casa en lo más central y profundo del bosque, en cuyo jardín se encontraban jugando un par de pequeños niños.

—¿Qué le dijo un cable a otro cable?

—No sé

—¡Somos los intocables!

Ambos comenzaron a reír por el chiste que dijo Zero, el hermano mayor. Un niño de 7 años de pelo plata, ojos amatista y tez blanca. Algo serio y sin facilidad de sentir emociones pero alegre y dulce con su hermanita.

—¿Quién te enseñó ese chiste? -preguntó la hermana de 4, linda y adorable, de claros cabellos y cuyos ojos azules tiraban a zafiros-

—Fue papá, si quieres te enseño otros.

—Claro, pero qué diría el Señor Pucky. -colocó la cara del perrito de peluche en su oreja- Sí, a él también le agrada la idea.

—¡Zero! -gritó Ichiru, el gemelo cuya voz era un poco más dulce y aguda, quien estaba cubierto por una manta azul verdosa para protegerlo del frío; pues era demasiado propenso a enfermarse- ¡Mamá te está llamando!

—Pero le iba a enseñar chistes a Night.

—¡Zero! ¡Ven un momento! -le llamó una aguda y madura voz-

—¡V-Voy mami! -sobresaltado se fue dejando sola a la niña-

—Señor Pucky, juguemos a los columpios.

La pequeña Night colocó a su peluche en el asiento, comenzando a balancearlo mientras cantaba.

~Alrededor del viejo arbolito

Un mono cazó una abeja,

Tras hacer eso el mono pensó…~

De repente lo columpiaba tan alto que el peluche salió volando hacia unos lejanos arbustos.

—Upps. -corrió hasta cansarse, revolvió las hojas con sus manitas adentrándose más. Siguió caminando apartándose cada vez de su casa, sin darse cuenta adentrándose al bosque. Solo era una criatura inocente a los peligros a los que se aproximaba-

—Dile a tu hermanita que entre, ya es muy tarde. -dijo el padre antes de volver a entrar a la casa-

—Sí. -al dirigirse al jardín la llamó- ¡Oye Night! ¡Mira! ¡Mamá nos hizo galletas! -exclamó, sosteniendo una bandeja- ¿Night? -vio entonces al perrito de peluche de su hermanita en el fondo de un arbusto- Señor Pucky… -en frente notó unas huellas de zapatos. Preocupado por dónde estaba dejó la bandeja y emprendió su búsqueda-

Mientras tanto la pequeña Night no dejaba de buscar a su peluche, sin embargo no sintió la presencia de un par de hombres. Ellos aprovecharon su distracción: se le acercaron lenta y sigilosamente y con un saco la envolvieron; ni siquiera tuvo tiempo de gritar. Zero saltó del árbol en el que estaba.

—¡Dejen a mi hermana, malditos!

Corrió a atacar a uno de los hombres pero tenía la mala suerte de ser apenas un niño y todavía débil. El hombre al que logró abrazarle la pierna de inmediato le pateó hacia varios metros… y escaparon mientras Zero recién podía levantarse.

—¡NIGHT REGRESA! ¡NIIIIIIIIIIGGGHHHHHTTT!

Gritó a todo pulmón. Quería llorar, estaba muy furioso consigo mismo: no pudo salvar a su propia hermana, fue el pensamiento que no dejaba de pasear en su mente sobre todo en su conciencia. Cayó de rodillas a descargar sus penas.

En otro lado de la frontera, la puerta de una cabaña es azotada y los hombres entran con el paso pesado.

—¡Qué noche! Suerte que atrapamos a una más.

—Oye esta niña no deja de moverse adentro, parece una culebra.

—Déjala en la cama.

Tiró el saco como si se tratara de un montón de basura.

—¡Au! -se quejó Night saliendo del saco al golpearse la cabeza- ¡Abusivos!

—Cuidado Hidan, debemos cuidar a la que nos traerá la mercancía.

—En mi opinión, ella ya está bien cuidada. -comentó tomándole el rostro, ella se apartó-

—¡Son unos tontos! Mi hermano le dirá a mis papás y ustedes…

—¡Nosotros qué! -interrumpió Kakuzu, callando a la niña de golpe- Enciérrala con los otros y no olvides borrarle la memoria.

—Sí…

Hidan se llevó a Night cargándola a modo de costal a un sótano oscuro. Al abrirse la puerta de este una cinta de luz invadió el cuarto. El mayor la dejó con brusquedad no sin antes inyectarle sustancias amnésicas, como a los otros niñitos del lugar, desmayándose.

—Dulces sueños, lindo angelito.

Se fue cerrando la puerta tras de él haciendo la cinta de luz cada vez más y más delgada, y dejando a la pequeña y a los niños… en la fúnebre oscuridad.

Doce años después…