Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza. Aviso/Danger:Abstenerse mentes puras e inocentes, algunas frases o situaciones pueden dañar vuestra sensibilidad. Nos leemos abajo :D

Música de acompañamiento: America - Imagine Dragons


Noveno capítulo: La primera palabra de Prim

Katniss´s POV

Juega por el parque: la pequeña niña de rizos dorados y ojos grises. Mi pequeña Primrose, con tres años recién cumplidos, le lanza la pelota a su abuelo, mi padre Haymitch, desde lo alto. Parece casi ayer cuando la tuve. Todavía recuerdo cuando la sostuve entre mis brazos por primera vez, creo que es algo que nunca se me borrará de la memoria. También recuerdo la cara de Peeta al cogerla, sonriendo y llorando a más no poder. Fue doloroso, la experiencia más dolorosa de mi vida, pero cuando vi a Peeta sosteniendo a nuestra hija en brazos, y tres años después de ello, sé que el esfuerzo mereció la pena.

- Papá, ten cuidado con ella –grito, sentada desde el banco.

- Tranquila preciosa, que no son mis gansos –me contesta mi padre, cogiendo a Prim en brazos y llevándola a los balancines.

- Tú gansos saben cuidarse solitos.

Mi padre me dedica una sonrisa emponzoñada y se lleva a la pequeña hasta el balancín. Tanto mi madre como mi padre están siendo unos abuelos fantásticos. Al año de tener a Primrose me dejaron retomar las clases a distancia, en dos años estaré licenciada en Literatura inglesa. Y desde entonces, cuando yo tengo que estudiar, mis padres son los primeros que se ofrecen en cuidar de Prim. Todavía recuerdo cuando les dije que estaba embarazada con tan sólo dieciséis años, Peeta y yo pensamos que nos matarían pero fueron bastante tolerantes. Mi padre incluso se desmayó cuando el parto, o eso me dijeron. Mientras veo a Prim sonreír cuando su abuelo la balancea oigo mi teléfono móvil sonar.

- ¿Diga?

- Date la vuelta.

Hago lo que dice la voz y me giro para encontrarme con quien menos pensaba encontrarme aquí en Londres.

- ¡Annie!

Me levanto de un salto y salgo corriendo a por mi amiga, que extiende los brazos y también sale a mi encuentro. Annie Cresta es mi mejor amiga desde el último año de instituto. Se supone que tendría que estar en Oxford terminando su carrera en Enfermería, junto con Finnick y Peeta. Nos quedamos abrazadas entre vítores de alegría y sorpresa. Hasta a la pequeña morena se le escapan un par de lágrimas.

- ¿Qué haces aquí? ¿Has venido sola? No puedo creer que no hayas venido ni con Finnick –digo yo, tomando el brazo de mi amiga y volviendo al banco donde estaba antes sentada.

- He venido sin Finnick, no seas tan mala –me responde, riendo alto- Hace semanas que terminé la carrera Katniss.

- Pero te quedan las prácticas, ¿verdad? Deberías estar en ellas.

- Esa es la cosa... Me han cogido en un hospital de Londres. Me quedo aquí.

- ¡No puede ser! –contesto, volviendo a abrazar a Annie- Enhorabuena Annie, eso suena genial.

- Sí, no te podrás separar de mí nunca, Everdeen.

Escruto un segundo a Annie, está más delgada que cuando se fue a Oxford, aunque sigue teniendo un cuerpo menudo con curvas bien definidas. Desde que se fue a Oxford a estudiar, y como yo me tuve que quedar en Londres por el embarazo, sólo nos habíamos visto por Skype, al igual que con Peeta y Finnick. Ni siquiera pudo venir al parto, porque tenía exámenes.

- Ahora dime donde está la pequeña Mellark –me despierta la voz de Annie, sonriendo de lado.

- Es esa de allí –contesto, señalando a los balancines- Es esa que está con mi padre.

La cara de Annie al ver a mi hija es para fotografiarla, primero abre los labios formando una O grande, luego sonríe, y después se tapa la boca con las manos mientras se la saltan las lágrimas. Mientras yo la froto los hombros y ella me dice lo mucho que se parece a Peeta, mi padre llega hasta nosotras con Prim dándole la mano.

- Annie, cuánto tiempo.

- Señor Everdeen –contesta Annie, levantándose y dando dos besos a mi padre- Es un gusto volver a verle.

Me levanto a la par que mi amiga y mi hija sale entonces dispara a mis brazos, exigiendo que la coja, alargando sus rechonchos brazos. La cojo en brazos y la quito unos mechones de pelo rubio que se la escapan de la coleta mientras se la enseño a Annie.

- Annie, te presento a Primrose Mellark. Dile hola a tía Annie cariño.

Prim alarga la mano hasta los dedos de Annie que la frotan las mejillas a la niña, cogiendo el dedo gordo y haciendo que todos nos riamos.

- Perdona. Todavía no sabe hablar.

- ¿No ha dicho nada?

- Ha salido lenta, como su padre –comenta mi padre, cruzándose de brazos.

- ¡Papa!

- ¿No se supone que a su edad ya debería decir algo? –pregunta mi amiga, moviendo el dedo ante la atenta mirada de Prim.

- Sí, eso dicen los doctores. Pero sólo hace ruidos y esas cosas. No ninguna palabra exacta.

Prim justo hace un chillido y suelta el dedo de mi amiga, para luego esconder la cara en mi pecho. En los tres años que tiene no ha dicho ni una sola palabra, es algo que tanto a Peeta como a mí no nos preocupa, mientras que la niña esté sana.

Por el camino de vuelta a mi casa Annie me informa de cómo están Finnick y Peeta. Resulta que Finnick también está en Londres, terminando los papeles para conseguir el título de licenciado en Derecho, es sorprenderte lo rápido que ha conseguido sacarse una carrera tan complicada. En cuanto a Peeta le queda hacer la presentación del proyecto de fin de curso y ya estará licenciado en Comunicación Audiovisual.

- Hablé anoche con él, tenía unas ojeras que podían barrer el suelo –digo yo, mientras mi padre nos abre la puerta de casa- Tiene que ser difícil ese proyecto.

- No es difícil, pero ya sabes cómo es Peeta. Se lo toma demasiado en serio. Quiere sacar una buena nota que luego le sirva para un buen trabajo.

- Pero está con las prácticas en esa revista de moda, ¿no lo cogerán ahí?

- La última vez que hablé con él me dijo que se le había caído el café sobre la mesa de la jefa asique no tengo mucha idea.

- Oh, sí, me contó eso –contesto yo, soltando a Prim de su silla y dejando que salga corriendo por la casa- ¿Y él sabe que estás aquí?

- Claro. Él me dijo que fuera a verte nada más llegar, pero tenía que dejar las cosas en casa de mis padres como comprenderás.

- ¡Y no me dijisteis nada!

Annie me saca la lengua y sale en busca de Prim hasta la hora de la cena. Paso casi toda la tarde poniéndome al día con Annie, comentando hasta el más mínimo cotilleo que se cuece sobre nuestros antiguos compañeros de instituto. Mi amiga acepta gustosa a pasar la noche en casa y así disfrutar de Prim, que parece no quitarle el ojo de encima en toda la cena.

- En serio, esa cara es la misma que pones tú cuando no te ponen Kit-Kat en el helado.

- No, cuando no ponen DOS BARRAS, es cuando me enfado –replico yo mientras subimos a la pequeña a su cuarto para acostarla.

- Quien vería a Peeta con ella ¿verdad?

- La verdad es que está que no caga con ella. Pero es complicado, con eso de que está lejos. La tiene que ver a través del ordenador, y ha venido dos fines de semana antes de los exámenes. Y ahora con el proyecto…

- Bueno, sabes que después de esto Peeta y tú podréis estar juntos –me contesta Annie mientras pone la manta sobre Prim- Y con esta dulzura con patas.

- Peeta la llama "su panecillo" –digo yo, sonriendo de lado y apoyándome en el borde de la cuna- Han sido unos años horribles, eso de tener la relación a distancia es un incordio.

- Ni lo quiero imaginar. A mí sí me separaran de mi Finnick no aguantaría ni diez minutos. Y Peeta lo cronometró, en serio, diez minutos.

- No sé por qué pero te creo.

- El caso es que todo termina, ahora vienen los buenos tiempos. Peeta volverá a casa, encontrará un trabajo y podréis vivir los tres juntos como queríais.

Lanzo un suspiro ahogado y me recojo un mechón de pelo que se me ha escapado de la trenza. Annie y yo nos quedamos mirando como la pequeña Prim da vueltas y no termina de dormirse.

- Venga cariño –digo yo, subiendo más la manta a Prim-. ¿Quieres que mami te cante? Dilo. Venga, di que sí.

Prim me mira con sus enormes ojos grises y sonríe ampliamente.

- Tienes que decir "sí", Prim –dice Annie- Dilo Prim, di "sí, mami".

La pequeña no parece ceder a nuestras exigencias y se pone a medio llorar, como ya veo por donde va a saltar la aprieto las mantas y la canto una nana por lo bajo.

En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,

Hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;

Recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo

Y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.

Este sol te protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor,

Tus sueños son dulces y se harán realidad

Y mi amor por ti aquí perdurará.

En lo más profundo del prado, bien oculta,

Hay una capa de hojas, un rayo de luna.

Olvida tus penas y calma tu alma,

Pues por la mañana todo estará en calma.

Este sol te protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor.

Tus sueños son dulces y se harán realidad

Y mi amor por ti aquí perdurará.

Antes de que pueda terminar la canción Primrose ya ha cerrado los ojos y se queda dormida bocarriba. Me derrito lentamente con su cara durmiendo, es exactamente igual que la de Peeta. El recuerdo de Peeta hace que se me salten un segundo las lágrimas, pero Annie enseguida ofrece su brazo sobre mis hombros.

- Lo hecho tanto de menos Annie…

- Aguanta cariño.

- Desearía que estuviera ya aquí, ¿sabes? ¿Y si Prim dice sus primeras palabras y él no está delante? No me lo perdonaría nunca.

Pocas veces me he derrumbado por este tema, pero es que estoy cansada de tenerlo tan lejos. Él me prometió que se sacaría la carrera y encontraría un trabajo para cuidar de su hija y de mí, ¿pero a qué precio? Annie me frota los brazos en aire reconciliador mientras mi pequeña se gira de nosotras en sus sueños. Cuando enjugo una lágrima rebelde miro a Annie, que tiene la vista seria y fijada sobre Prim.

- ¿Qué… qué ocurre Annie?

- Estaba pensando… Eso de las primeras palabras de Prim. Se… -duda la morena, mordiéndose el labio-. Se me ha ocurrido una idea, creo.

- ¿Tú, teniendo ideas? Estar tan cerca de Finnick te ha afectado.

- Calla y escúchame –Annie se gira a mí y me toma de las manos-. ¿Y si vamos a darle una sorpresa a Peeta?

- ¿Qué?

- Estamos a sábado, y el lunes si mal no recuerdo Peeta tiene la presentación del proyecto, ¿verdad?

- Sí… sí, creo.

- Pues cojamos el coche y vamos a Oxford a que lo veáis. Igual hacer la presentación contigo delante le da más fuerzas. Y seguro que se lleva una alegría al verte.

- Annie no –digo en un susurro y negando con la cabeza- No puedo dejar a Primrose aquí tanto tiempo.

- Nos la llevaremos. Seguro que Peeta se muere todavía más si llevamos a "su panecillo" con nosotras.

- ¿Pretendes que pase un día entero conduciendo, contigo, y con un bebé? Estás mal Cresta, aléjate de Finnick, te ha pegado su locura.

Antes de que pueda seguir replicando Annie me agarra de las muñecas y me hace mirarla a los ojos. Tiene los ojos más grandes de lo normal, de un tono verde que siempre me ha recordado al mar cuando los miro. Por tal y cómo me mira mi amiga, la veo plenamente consciente de lo que me ha dicho. ¿Sería lo correcto? Ir a ver a Peeta, con Prim…

- Está bien. Vamos. ¿Qué se dice en estas ocasiones? Nos…

- ¡Nos vamos a Oxford!

Al día siguiente por la mañana ya estamos las tres en el coche montadas, Primrose, Annie, y yo, encaminadas hacia Oxford para ir a ver a mi novio. Mis padres rehusaron un poco con el plan, pero al final dijeron que Peeta necesitaba un respiro y que realmente esto le daría un empujón bastante grande. Así pues, Annie y yo alternamos puestos para conducir, y cada media hora paramos para comprobar que Prim está bien. Es sorprendente ver cómo mi hija aguanta todo el viaje como la mejor de las tres, hasta incluso parece pasárselo en grande cuando atravesamos una reserva natural situada junto a la carretera y de la que salen los patos volando.

- Seguro que le recuerdan a los gansos de su abuelo –digo yo, mirando por el espejo retrovisor mientras Prim levanta la vista por la ventanilla.

- ¿Te gustan los gansos Prim? Di ganso, venga. Gan-so. ¿Gan-so? –empieza a decir Annie desde la parte de atrás.

- No lo intentes, no suelta prenda.

- Esto no es normal, ya debería decir cosas como mamá o papá.

Justo entones el móvil de Annie suena, lo saco de la guantera delantera y se lo paso hacia atrás, con la curiosa mirada de Prim clavada todavía en el cielo.

- Hola cariño. Espera que pongo que el altavoz –dice la morena al aparato, se lo quita de la oreja y pulsa un botón-. Ahora, dile algo a Primrose, Finnick.

- ¡Sobrinaaaaaaaa!

Prim, al oír la voz de Finnick, se gira en redondo hacia el móvil y extiende las manos para intentar cogerlo.

- Dile algo a tío Finnick cariño –digo yo desde delante.

- Hola Katnuss –me dice la voz del cobrizo-. ¿Sigue sin soltar prenda?

- Nada Finnick, lo tiene bien guardado en secreto. ¿Qué tal estáis, y Peeta?

- Estamos bien. Ahora acabo de salir del cuarto de pegarme con tu novio.

- ¿Y eso? –pregunta Annie-. Si vosotros no os peleáis nunca, Tom y Jerry.

- Muy graciosa cariño –bufa Finnick-. Está de los nervios con el proyecto. Os juro que no me ha dejado dormir ni un puto día. ¡Sí hasta me ha grabado cuando no me dejaba dormir! Está ido, Katniss.

- No será para tanto. Además, no le queda tanto.

- Por dios, llegad ya y quitarle ese calentón porque juro que no sobrevive a hoy. Espero que el tener que volver de Londres para soportar a ese sándwich vegetal haya merecido la pena ¿Cómo lleváis el viaje, por cierto?

- Genial, estamos ya casi llegando. Creo que pararemos ahora a echar gasolina y ya tiraremos hasta el final.

- ¿Llegáis aquí a la noche, verdad?

- Si no hay complicaciones sí –contesto yo, mirando a la carretera.

- Genial, entonces hacemos lo planeado. Llamadme cuando estéis casi llegando y yo ya veo el modo de sacar al psicópata de tu novio para que os encuentre. Aunque no se cómo.

- Seguro que lo encuentras Finnick.

- Si no sobrevivo, recuerda que te quiero Annie –dice Finnick desde el aparato, haciendo que mí amiga se sonroje-. Y a Katniss la dejo mi colección de nudos.

- ¿Nudos? ¿Qué mierda de herencia es esa Odair?

- Nos vemos a la noche, chicas.

Antes de que pueda replicar a Finnick este cuelga, lanzando un beso al teléfono. Prim todavía sigue mirando al aparato con cara extrañada, a saber que pasa por su cabecita. Annie sonríe y yo sigo conduciendo con la mirada puesta al frente. Tras varias horas al coche, por fin cae la noche sobre la carretera. Pensamos que íbamos a llegar sobre la noche, pero parece ser que calculamos mal. Espero llegar al menos antes de que empiece su presentación. Paramos a echar gasolina y cenar en una pequeña estación de servicio, con el cuerpo dolorido. Justo cuando salimos para volver al coche, vemos que algo falla en este.

- No tiene ruedas…

- Nos han robado las ruedas.

Así es. En su lugar hay cuatro ladrillos de hormigón gris colocados para que el coche no se callera. Poso a una dormida Prim y su cuna transportable en el suelo y me quedo embobada mirando mi coche, esperando a que aparezcan mis ruedas.

- No, por favor no –empiezo a decir, andando hasta el coche y buscando mis ruedas.- No puede ser. Esto no puede estar pasando. ¿Qué vamos a hacer? Aunque quiera llamar a mi padre, estamos demasiado lejos para que nos traiga ruedas y llegaríamos tarde a la presentación de Peeta.

Me giro para mirar a Annie, que ha empezado a hacer lo de taparse los oídos con las manos y ausentarse de la realidad, cosa que hace cada vez que se pone nerviosa. Me acerco a ella y veo que Prim ha despertado y se pone a llorar.

- Cariño –digo, cogiendo a la pequeña en brazos e intentando que no llore-. No llores. Iremos a ver a papá, ya verás que sí.

- ¿Tienen algún problema señoritas? –me dice una voz a mis espaldas.

Giro sobre mis talones y me encuentro de bruces con un cuerpo grande y fornido, vestido con una cazadora de cuero, y seguido de otros cuatro tíos de la misma pinta. Llevan gafas de sol a pesar de noche, los largos cabellos blancos recogidos hacia atrás con pañuelos negros, y con parches cosidos sobre las chaquetas de cuero. Son moteros. Trago saliva y miro al hombre que me ha hablado.

- Esto… nos han… robado las ruedas del coche.

- ¿Robado las ruedas?

- Sí –dice Annie, que parece haber despertado y se acerca a mí con paso firme-. Estábamos de camino a Oxford y paramos para cenar cuando nos robaron. Y ahora seguro que no llegamos a tiempo…

- ¿Y qué hacen dos jovencitas yendo a Oxford ellas solas? –pregunta el hombre con voz ronca, escrutando a Prim-. ¿Y con una niña pequeña, además?

- No es una niña pequeña, es mi hija Primrose. Y que les importará a unos moteros lo que hagamos o no, ¿eh?

Annie me mira con las cejas alzadas mientras yo sigo con la mirada clavada sobre el hombre que nos habla, sé que no debería haber saltado así, pero es mi carácter. El hombre aguanta la mirada unos segundos, antes de volverse a sus amigos y reírse.

- Lo decía porque nosotros vamos de camino a Oxford. Podemos llevaros.

- No voy a montar a mi hija en una moto. Eso sería…

Antes de que pueda seguir hablando, Prim se suelta de mis brazos y estira el cuerpo para intentar tocar al señor que tengo delante, sonriendo como nunca y tirando fuerte de mí para soltarme. Lo hace con tanta fuerza que se me escapa de los brazos y el hombre la coge justo a tiempo para que no caiga. Resulta extraño ver a un hombre tan grande y con aspecto tan agresivo sosteniendo a un bebé como si fuera un profesional.

- Creo que ella no tiene problema en ir en moto, ¿verdad pequeña? Además, no sólo tenemos motos, preciosas.

Prim se aferra con fuerza al cuello del hombre cuando la pregunta, como hace cuando Peeta la ofrece hacer algo a cambio de golosinas. Miro un segundo a Annie, que tiene la misma cara de sorpresa que yo.

- Aunque fuéramos con ustedes –empieza a decir mi amiga-. No llegaremos a tiempo a Oxford. No hasta mañana por la mañana.

- ¿A qué hora tendríais que estar? –nos pregunta uno de los más jóvenes moteros situados tras el grandullón-. Si escoltamos la furgoneta con las motos, podríamos estar en Oxford para las nueve o así. ¿No, Snow?

- Tienes razón Séneca –contesta el grandullón, que parece llamarse Snow y ser el líder de la banda-. Podemos llevaros en nuestra furgoneta y en un par de horas estaríais plantadas en Oxford.

- ¿A qué hora empieza la presentación de Peeta, Annie? –pregunto yo, volviendo la vista a mi amiga.

- A las nueve de la mañana.

- Justo a tiempo, entonces –nos dice Snow, sonriendo sin enseñar los dientes.

Alterno la mirada entre Annie, Prim, y la banda de moteros. No debería irme con desconocidos, desconocidos que tienen a mi hija en brazos. Me muerdo el labio dándole vueltas a la cabeza. Necesito ver a Peeta, aunque sea lo veré tras la presentación, o incluso pueda irrumpir en la estancia, eso no le gustaría.

- Está bien, nos iremos con vosotros.

No sé por qué acepto, pero parece ser una idea que Prim adora, ya que no para de dar saltos hasta que nos montamos en la enorme furgoneta del grupo de moteros. Annie se pone en la parte de atrás junto a un par de herramientas y avisa a Finnick de que llegaremos justas de tiempo. Una hilera de motos pasa bufando por los lados del vehículo, con las largas puestas y dando pitidos con sus cláxones. La furgoneta arranca y los seguimos a la velocidad de la luz. A mitad de trayecto Prim se queda dormida, y yo con ella, apoyando la cara contra el cristal y con el ruido de las motos de fondo. No sé cuanto tiempo he dormido, pero cuando oigo la voz de Annie llamarme a lo lejos noto que el sol me golpea en la cara.

- Katniss, Katniss…

- ¿Qué? –digo, dando un salto en mi asiento y viendo que Prim no está en mis brazos-. ¿Y Primrose?

- Tranquila, está aquí.

Miro a Snow que es quien lleva la furgoneta y veo que tiene a Prim entre sus brazos, sujetando el volante del vehículo con ambas manos. Me quedo helada al ver a mi hija tan resuelta con ese hombre.

- Despertó hace unas horas, y casi se tira encima de Snow –dice Annie, sonriendo desde la parte trasera.

- Tú hija es bastante insistente, hay que decirlo. No ha parado de hacer señas a las motos para que pitasen.

- ¿Prim, haciendo señas? –pregunto yo, limpiándome los ojos con los puños para despertar.

- Sí, aunque se niega a hablar nada esta pequeña. De mayor deberíais comprarla una moto, seguro que le gusta.

- ¿Dónde estamos ya?

Miro por la ventana y diviso lo que son las torres de la Universidad de Oxford. El corazón se me para un segundo, ya estamos llegando. ¿Pero qué hora es? Saco el teléfono para ver la hora y me encuentro con 50 llamadas de Peeta. Mierda, son las nueve menos cuarto, en quince minutos empieza su presentación. Insisto a Snow de que acelere, y le hace un gesto a las motos, que nos escoltan hasta la entrada de la Universidad cuando dan las nueve menos cinco.

- Ya podéis correr chicas –nos dice Seneca desde el frente de la diligencia de motos mientras salimos corriendo hacia el auditorio.

Yo me encargo de coger a Prim en brazos y Annie lleva el resto de cosas, aunque no corre tan deprisa como yo y va algo más cargada. Corremos y corremos por todo el campus como si de las rebajas se trataran. Me consigo guiar por los carteles y llegar al auditorio cuando justo oigo la voz de Peeta hablando desde el interior.

- Buenos días. Mi nombre es Peeta Mellark y vengo a presentar mi proyecto "Excelsior", consistente en…

Pongo la oreja en la puerta, no puedo entrar ahora que ha empezado la presentación. Mierda, he llegado tarde. Annie llega detrás de mí mientras me tiro al suelo con Primrose, que se sale de mis brazos y da vueltas a mí alrededor. Mi amiga me pone la mano en el hombro y me dice que esperaremos a que termine.

- Lo siento cariño –digo a Prim- Tendremos que esperar a papá un tiempo…

Cuando toco las rosadas mejillas de mi niña esta parece poner cara de no entender que pasa, mira a la puerta, y luego me mira a mí de nuevo.

- Y entonces en esta parte decidimos utilizar una luz difusa para crear…

Casi como si fuera un gato, Prim levanta las cejas y mira la puerta, oyendo la voz de su padre que sigue hablando. Entonces veo como Prim abre la puerta y sale disparada hacia dentro del auditorio al grito de:

- ¡Papá! ¡Papá, papá, papá!

Me levanto como un resorte y salgo detrás de mi hija, que ya va por mitad del pasillo, con todo el auditorio mirándola mientras ella sigue gritando a su padre. Peeta sale a su encuentro desde el otro lado del salón y la coge en brazos justo cuando yo llego, coincidiendo los tres en mitad del auditorio. Me abrazo fuerte a mi novio al igual que hace Prim.

- ¿Qué, qué estáis haciendo aquí? –me despierta la voz de Peeta. Levanto la vista y veo que está casi llorando y vestido con un traje precioso-. ¿Qué acabas de decir Prim?

- ¡Papá! –repite Prim, alzando los brazos e intentando abarcarnos a ambos-. Papá, papá, papá.

- O dios mío –digo yo, dándome cuenta al fin-. Sus primeras palabras.

- Repítelo Prim –dice Peeta, mirando a nuestra pequeña.

- Pa… Papá.

Y es ahí, los tres reunidos, como si no hubiera nadie más en el mundo que pueda separarnos, cuando nuestra hija Primrose Mellark dijo sus primeras palabras.

Fin del noveno capítulo.


HOLA HOLA PANES QUEMADOS ¿Qué tal, todo bien, disfrutando al fin el verano? Siento haber tardado en subir, pero quienes me tienen en favoritos comprobarán que ESTOY ACTUALIZANDO TODAS LAS HISTORIAS, y he tenido tiempo para escribir más capítulos así que seguramente suba más de continuo ¡VIVAAAAAAAA! ¿qué tal, os ha gustado, os habeís reído? Sé que queréis el BESO, pero me está costando lo suyo escribirlo y se me ocurrió la idea de la primera palabra de Prim en el día del padre ¡Así es mi cabeza!

Gracias a todos los que leéis "All about Us", sois geniales, seguro que os gustará estas historias. Y también gracias a todos los que os pasasteis por los primeros relatos, creo que hasta incluso os gusta más los Antes que la otra en si jajaja MIL GRACIAS

Como siempre, decir, G-R-A-C-I-A-S a mis Mentalmente Desorientadas favoritas de twitter. Tanto a las del rol (QUEDAN PLAZAS LIBRES; APUNTAROS A UN ROL DE LJDH) como a las de fuera de él. Os habéis convertido en algo DEMASIADO importante en mi vida, y que os quiero.

Capítulo dedicado a todos los padres y madres, se lo merecen por aguantarnos cada día.

Contesto reviews por PM, ¡y voy a actualizar el resto de historias!

and may the ods be ever in your favor!

Pedro Mellark.