Resumen: Cuando la conoció él quería aplastarla. Cuando lo conoció sabía que era el demonio que le venía a hacer un trato por su alma. Sus vidas estaban unidas en más de un sentido, todo oculto entre 4 pareces. NALUSTI. (NALU Vs STILU, ¡VOTA!) (2do resumen)

Pareja: triángulo amoroso, Natsu Dragneel/Lucy Heartfilia/Sting Eucliffe, mención al NaLi (suave y sin cliché) Gerza, Gruvia y demás parejas tradicionales.

Clasificación: T

N/a: Esta historia está dedicada a Veichen-nee-Chwan, KMAZFRSF (¡Levy-chan!) por su constante apoyo, ¡Muchas gracias!


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Desadaptados

Aline Kiryuu

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Capitulo I. Tú

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Después de cerrar la puerta con llave miró a su derecha. Vivía en un condominio de casas iguales, lo suficientemente lejanas para no escucharse entre ellas, pero lo suficientemente cerca para verse a través de la ventana. En la casa vecina aparecía, después de un rato, un joven pelirosado que se despedía entusiasmado de su familia. Lucy sonrió por pura inercia acercándosele para ir a la escuela juntos. Era su mejor amigo y vecino desde hace ya 7 años, Natsu Dragneel.

Lo conoció una mañana de abril, incluso antes de descubrir que vivían juntos; él la encontró en el parque llorando a lágrima viva por las burlas de otros. Una pequeña delgaducha, escondía temerosa su cabeza entre sus manos, agachada, llena de arena lanzada por los otros niños. Ella era rica, lo bastante para no tener que vivir en ese barrio, pero su madre se empeñó, antes de morir, en que Lucy debía tener una vida normal, que no todo fuese riquezas y que pudiera tener derecho a amigos verdaderos. Jude Heartfilia, el padre de Lucy, no era capaz de resistir la mirada suplicante de su esposa y así, renunciando a los lujos de una gran mansión, se instalaron en magnolia, una ciudad de apenas 532 habitantes, ávida del comercio y con abundantes parques de sakuras en flor. Layla disfrutó la vista sólo por una vez, porque cuando ella se decidió ir a buscar más cosas para el remolque en medio de la carretera se produjo un accidente automovilístico que acabó con su vida.

Las autoridades culparon al suelo resbaladizo causado por las lluvias, otros a la curva mal señalada, pero lo que es cierto es que el 7 de julio en la carretera 777x muchas vidas se perdieron, entre ellas a Layla Heartfilia, la madre de Lucy y el sentido amoroso de Jude.

— ¡Hi Luce! —saludó Natsu corriendo a su lado.

Ambos intercambiaron una charla amistosa en camino a Fairy Tail, el instituto que los vio crecer. En el trayecto se cruzaron con más amigos; al ser una ciudad pequeña los niños se entrelazaban desde jóvenes. Lucy se enfrentó a un abrazo aplastante de sus dos mejores amigas, Levy Mcgarden y Erza Scarlet. Ambas eran diferentes pero igual de magnificas a su estilo. Levy era pequeña, casi parecía un hada, delicada, graciosa, su cabello azul caía en ondas sostenida por una diadema color amarillo que la misma Lucy confeccionó para ella. Levy era una gran amiga y ávida lectora, un tema en común para la rubia. Lucy quería ser escritora, era una forma de escape para su soledad, una vez en clases la rubia comentó que redactaba una historia de magos, los demás jóvenes se rieron de lo ilusa que era, en cambio, Levy se le acercó emocionada, intercambiando nombres y creando apodos, ese fue el inicio de su amistad.

— ¿Cómo estás hoy Lucy?

También estaba Erza, una chica pelirroja, fuerte, tan decidida y aguerrida que barrió sola con todas las bandas de pandilleros escolares. Era la presidenta del consejo escolar y de la clase, Erza era un modelo a seguir, era hermosa, fuerte y confiada, cosas que Lucy pensaba carecer.

— Muy bien, ¡Gracias! —sonrió lo más convincente posible y cambió el tema observando a las personas. Erza se preocupaba por Lucy, ella entendía lo que sufría. Ese abandono...

Lucy Heartfilia era querida por sus amigos, una rubia feliz, inteligente, a quien le gustaba escribir y comentar la lectura con Levy; era una chica promedio de cabello largo rubio un tanto desordenado, sostenido por una cinta azul regalada por su madre un día antes de morir; era alguien que no llamaba la atención, con su inseguridad fomentada por los malos tratos de su padre y el vacío que dejo su madre. Lucy Heartfilia estaba sola, más de lo que un adolecente debería afrontar.

Con un suspiro la rubia bajó la mirada a sus pies, frente a ella todos sus amigos parecían brillar, eran deslumbrantes cada uno a su manera, Levy era adorable, Erza hermosa, Natsu rebelde pero amable; sentía que no encajaba en ese marco, sus ropas estaban flojas y sus zapatos sosos, la placa de metal adornaba sus dientes y la incapacidad para maquillaje. Lucy no era alguien digno de recordar, salvo por su record de asistencia y calificaciones intachables, inclusive la misma Lucy se olvidaba que era una chica o una adolecente; con 17 años en este mundo, donde 7 los pasó en completa carencia paterna, sola en una casa deshabitada, sin un rastro de las fotos de su madre, Lucy no tenía de donde construir valor, tenía lecciones pagadas por su padre de cómo ser una dama, tenía los sirvientes a su disposición para cualquier cosa, pero Lucy vivía abandonada, encerrada entre cuatro paredes, añorando los días pasados.

Se despertó de su ensueño acercándose a su puesto de siempre, a un lado se agolpo Mirajane Strauss quien pasó los brazos por sus hombros comentando lo delgada que estaba. Lucy volvió a sonreír falsamente, esta vez para la persona que consideraba lo más cercano al calor familiar.

Mirajane era su ídolo, no sólo como estudiante sino como mujer. Ella salió adelante sola con sus dos hermanos menores de un seno familiar delictivo, ella se propuso avanzar por sus medios de la manera más justa posible, Lisanna y Elfman Strauss se fueron con ella. Lucy no sabía del todo la historia de los tres hermanos albinos, pero entendía que todo el dolor lo atravesó Mirajane. Aún no podía imaginarse a una Mira sádica y gótica, según lo que le contaron cuando apenas llegó a esa ciudad era conocida como el demonio, pero un incidente con su hermana pequeña la hizo cambiar.

Lisanna… La divisó en los brazos de Natsu, ellos aún eran "simplemente amigos" pero sólo darle tiempo al tiempo y todo sería diferente. Como aquella vez...

Resistió ese nudo que se le formaba en la garganta, buscó entre su bolso para distraerse y a su vez que los demás no se fijaran en su expresión. Lisanna era dulce, una buena niña, un tanto escurridiza y ágil de mente. Lisanna Strauss fue quien la vio en el parque cuando estaba sola, ella fue quien le dijo a Natsu que debían acercarse, Lisanna fue quien curó sus heridas y apartó el pelo de su cara, Lisanna fue la primera persona aparte de su madre que dijo "hermosa".

Lucy estaba en deuda con Lisanna, la rubia no haría nada que pudiera dañar a la peliblanca. Todo lo que podía hacer era mirar desde lejos, sonreír y aconsejar a sus dos amigos a que confesaran sus sentimientos. A pesar de que Lucy ya estaba enamorada de uno de ellos.

No sabía cuándo comenzó a amarlo de ese modo, Natsu era todo lo que quería ser, él sonreía tan sincero que llegaba al alma, tomaba tu corazón y lo guardaba para sí mismo. El Dragneel era todo lo que una chica podría querer: fuerte, amable, confiado y guapo, no lo negaba, pero Lucy nunca se fijó en su apariencia, ella se enamoró de su sonrisa. Fue un sentimiento inocente que no entendió bien hasta que los vio juntos, besándose, hace dos años atrás.

Sabía que Natsu también quería a Lisanna, la misma Lucy fue quien lo sostuvo en su regazo acariciando su pelo en consuelo. Lisanna obtuvo una beca de un prestigioso instituto artístico llamado "Edolas" y con los trabajos a tiempo parcial de sus hermanos mayores no podía darse el lujo de rechazarla, incluso si eso significaba irse del país durante años. Por ello, justo antes de despedirse, Lucy corrió buscando a la albina para darle un obsequio de despedida y fue cuando los descubrió.

Lisanna estaba llorando aferrada al pelirosado, Natsu con la mirada perdida, la tomó entre sus brazos besándola con fuerza, la barrera de amistad se había derribado ese día antes de separarse. Ahora que Lisanna había vuelto, no sabía cuánto tiempo costaría que la barrera volviera a disolverse.

Con un suspiro triste sacó una libreta de anotaciones, sólo podía hacer lo de siempre, hundirse en su mundo de fantasía, en donde Lucy era una maga celestial atractiva y sexy, el lugar donde todos eran magos, donde los dragones y los gatos voladores parlantes existían.

Lucy comenzó a escribir.

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Contempló a su padre borracho y a su madrastra enojada. En el umbral de la puerta le esperaban sus maletas, todo estaba resuelto, los pasajes, la estadía, hasta la trasferencias de escuela, todo…Menos avisarle a él.

— Te vas por unos meses a donde tus tíos los Dragneel, ¿Los recuerdas? —Comentó su padre intentando ser gentil con la orden dada, Sting sólo resopló restándole importancia, apoyándose en la pared y echando un vistazo a su casa.

Sting Eucliffe no era un buen muchacho, ni siquiera era amable con sus progenitores, él era lo que el mundo lo había obligado a ser, un antisocial, ganador y arrogante chico de 17 años. Sus ojos vagaron a una fotografía familiar, en ella se distinguían las cabezas rojas de sus próximos convivientes.

Los recordaba. Aquella, la familia feliz que le causaba nauseas, recordaba los ojos rasgados, y el pelo rojizo. Pero lo más importante.

Recordaba a Natsu Dragneel, su primo.

— Fairy Tail es una buena escuela, no habrá problemas —Susurró su madrastra distraída del tema, sus manos huesudas ya no tenía la alianza de oro que hace unos días antes si, Sting casi tuvo el impulso de reírse en su cara.

"¿Tan poco duraste?" Deseó preguntar, pero en vez de eso decidió morderse la lengua sólo por una vez, le dejaría pasar, sólo porque estos serían los últimos momentos juntos.

Weisslogia, su padre, y su quinta novia, ya estaban por separarse, esta vez su papá tuvo la tonta idea de casarse con ella. Duraron aproximadamente medio año, entre discusiones y reconciliaciones, al final la adicción de su padre al alcohol pudo más que todo el "amor" que se decían tener. Sting sólo apostaba, sinceramente pensaba que esa novia se iría al día siguiente de sentir el aliento etílico por la mañana.

Sting no creía en el amor, ni tampoco en la existencia de cosas relacionadas con eso. La gente se volvía estúpida por las emociones y cuando se es estúpido, se es débil. Sting no era débil, él aplastaba a los débiles. En su corta existencia no congeniaba con la gente, a lo mejor fueron las circunstancias de nacimiento o su infinito odio hacia los demás, pero Sting sólo vivía para sobrevivir día a día, esperando ganar una beca y largarse de su hogar; partir a un país diferente y quizás, solo quizás, llevarse a una persona consigo. A Rogue Chaney, su mejor amigo.

Rogue era su conciencia, y sentido ético, era la moral que Sting no poseía, Rogue era quien lo frenaba o ponía una mano sobre su hombro, Rogue era su barrera de contención y en Fairy Tail… Él no estaría para detenerlo.

— Es sólo por el tiempo en que resolvemos el divorcio.

Quería gritar, quería negarse a la orden, pero lo único que pronuncio fue un "Bien" y se encerró en su cuarto de un portazo. Subió la música de rock hasta el máximo, sabía que afuera otra vez estarían peleando, posiblemente por su causa o la repartición de bienes. Se acostó en su cama exprimiendo la familiaridad de su rincón privado por última vez.

Los próximos meses serían estresantes, todo por la presencia de su primo.

Natsu-san…

Cuando eran niños fueron amigos, Sting llegó a admirar a ese chico salvaje, quería ser como él, quería tener lo que él tenía. Natsu Dragneel era imprudente, valiente y la luz de los ojos de sus padres, Natsu tenía todo lo que Sting no, y eso le dolía.

Fue en el momento donde su abuelo Acnologia empezó con sus comparaciones. "Sting-kun tiene excelentes calificaciones, pero Natsu es un deportista nato", "¡Wooo! Natsu ganó el campeonato, ese es mi nieto" y mil y una más, su familia los ponía en competencias, un duelo constante que jugaba con los sentimientos de ambos.

Sting antes admiraba a Natsu, ahora quería ser mejor, tenía que superarlo, después de todo, en la primera competencia que le ganó, su padre se mantuvo sobrio toda la noche celebrando con su hijo.

Ahora todo se iría al infierno.

Vivían lejos, Magnolia estaba a miles de kilómetros de distancia, eso los frenaba de compararse a sí mismos. En su escuela no tenía el fantasma de Natsu, pero ahora lo tendría a su lado, dormiría bajo el mismo techo, compartiría con él.

Apretó los dientes con ira, parecía que recién estaba aceptando la idea de vivir junto a ellos. Sting no deseaba estar cerca de los Dragneel, eso le recordaría muchas cosas, entre ellas, los deseos de tener una familia.

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Lucy reordenó sus materiales dentro de su mochila, su clase estaba terminando el ciclo escolar ya todos se iban a casa. Esta noche estaba más entusiasmada, hoy en la noche iría a casa de Natsu a terminar un proyecto, estaba acostumbrada a hacer equipo con él en todo. Ahora los profesores ni siquiera preguntaban, sólo escribían sus nombres juntos en una combinación ganadora.

Sonrió ampliamente sintiendo sus mejillas arder, amaba la casa de Natsu, estaba llena de vida y era tan acogedora que ella misma se sentía parte de su familia. La primera vez que los visitó Igneel, el padre de Natsu, la asustó con una máscara de un dragón, según los Dragneel es una tradición familiar, ya era normal que se rumoreara que Natsu era hijo de un dragón. A veces, cuando Igneel visitaba la escuela, nombraba a su hijo como "Dragonslayer" (asesino de dragón) por la capacidad de sacarlo de sus casillas y estresarlo, eso hizo que Natsu tuviera ese sobrenombre, junto a Wendy su hermanastra y Gajeel con Laxus que también eran parte de su familia.

Wendy Marvell aún tenía el apellido de su fallecido padre. Él murió en el mismo incidente automovilístico de la carretera el 7 de julio, en ese incidente murió también la madre de Natsu y su pequeña hermana en gestación. Entre las lágrimas ambos viudos encontraron consuelo, Natsu acepto encantado a su nueva hermana, era como si dios decidiera enviarle otra por la perdida en el accidente.

Grandine era una mujer sofisticada, extrañamente amorosa. En realidad era tan brusca que cuando Natsu no la ayudaba en las tareas del hogar en lugar de castigarlo como una madre normal se lanzaba encima de su hijastro en una llave de lucha libre, según Igneel ella era una digna dama dragón.

Negó con la cabeza, quitando cualquier pensamiento relacionado con la fantasía, estaba acostumbrada a retratar su realidad en papel, a veces las cosas tristes eran felices en sus notas, y otras muy desoladoras, eso dependía el ánimo en que estaba. Por ejemplo esos días cuando su padre envió un representante desconocido a la junta de padres e hijas, destruyó el gremio de magos que con tanto esmero se dedicó al crear, un gran dragón negro apareció y los mandó al olvido, tal como lo había hecho su papá con ella.

— Lucy-san —Giró a la presencia, frente a ella estaba Jellal Fernández, un alumno de intercambio, su sorpresa fue mayor a saber que él y Erza se conocían y más al ver que había alguien con el atrevimiento de tatuarse la cara.

— ¿Si, Jellal-san? —preguntó educadamente como le enseñaron a hacerlo, Jellal miró hacia un lado indeciso antes de continuar, pero una pequeña sonrisa de Lucy fue lo suficiente para alentarlo.

— ¿Hoy podrías quedarte a limpiar el salón? Es el deber de Erza y necesito que hoy salga temprano —La expresión llena de necesidad que le dedicó Jellal fue suficiente para que Lucy aceptara hacerlo, era demasiado blanda de corazón para negar cualquier petición, la mayoría de Fairy Tail lo sabía, sus propios amigos lo sabían, unas cuantas veces eso le había traído más de un problema consigo misma, era de ese tipo de persona que no podía decir que no. No pudo negarse cuando Lisanna pidió su consejo para Natsu, no pudo negarse cuando Natsu hizo lo mismo.

Dejó las cosas en su lugar, agarrando su celular para enviar un mensaje a Natsu y cancelar su noche de trabajo. Lucy acomodó sus mangas y se puso a trabajar.

Jellal desde un rincón la miraba sin decir palabras, quería ayudarla pero era todo parte del plan, el mismo Natsu lo había tramado. ¿Una excusa para holgazanear? No, era para no herir a su amiga. Natsu no sabía por qué, pero los grandes ojos al descubierto de Lucy le provocaban un gran impacto, si la desilusionaba mencionando que en vez de quedarse con ella iría a una cita con la albina, la molestaría y en consecuencia esos orbes chocolates se lo demostrarían.

Erza caminó a su lado entrelazando sus dedos con los de Jellal, ella misma tenía reticencias hacia la idea de engañar a su amiga, pero no quería verla llorar de nuevo ¿Era cobarde? Si, Lucy despertaba en cualquiera la necesidad de protegerla, verla tan quebrada y enfundarle otro golpe más no era algo que deseara.

"Corazón que no ve, corazón que no siente…" pensó la pelirroja alejándose de la rubia, muy dentro de sí sabía que sólo estaba retrasando lo inevitable.

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Natsu corrió por las calles con una gran sonrisa en su cara, llegando a su casa en tiempo perfecto despachando su bolso en la entrada para correr a su habitación. Se cambió a una muda de ropa ya preparada y salió a la cocina a comer algún refrigerio antes de irse a su "Cita". Llevaba esperando esto de hace unas semanas, hoy por fin Lisanna le dijo que sí; planeaba tantas cosas, desde ir al lugar donde cuidaron a Happy o al parque que solían jugar cuando niños.

Donde encontraron a Lucy…

Suspiró con su ánimo bajando abruptamente.

Le había mentido a Lucy, no frente a frente, y no una mentira completa pero aun así no debió hacerlo. Recogió entre su bolsillo un papel escrito por su amiga, donde anunciaba que hoy no tenía derecho a evadirse, en la esquina graciosamente dibujado estaba Happy, su gato mascota. Apretó los dientes sintiendo su corazón más oprimido.

— Hermanito, ya estás aquí —entró Wendy a la cocina para llenar el plato de Charlie, su gata —, pensé que vendrías con Lucy-san

Natsu desvió su mirada lejos de la de su hermana menor, la niña ladeó la cabeza confusa antes de fijarse en la vestimenta del chico.

— ¿Vas a salir? —Parpadeó analizando sus recuerdos—. Pero Lucy-san dijo-

—Sé lo que dijo —la interrumpió sin querer escuchar, frunció el ceño sintiéndose más enojado consigo mismo—, pero tengo algo importante que hacer así que cancelé.

"¡Natsu! ¡Hoy vamos a divertirnos juntos!"

— Hermanito…—una mueca de tristeza se formó en la cara de Wendy que Natsu no quiso mirar totalmente consciente que sólo lo haría sentir peor.

Ajustó su bufanda y salió por la puerta trasera, no quería ni imaginar lo que Grandine le haría si se enteraba. En su familia amaban a Lucy, más de lo que se daba cuenta. Ella era tan amable, un alma solitaria que deseaba calor, y los Dragneel eran fuego y aire, justo lo necesario.

Wendy vio salir a su hermano, incapaz de elegir entre su familia o alguien que consideraba como tal, bajó la mirada a donde un pequeño gato azul le miraba de la misma manera. La niña se agachó hasta la altura del animal, acariciándolo detrás de las orejas.

— Happy, ¿También estas preocupado por Lucy-san? —Por extraño que pareciera, el inusual gato solo respondió un "Aye", pero Wendy sabía que era una afirmación—. No te preocupes Happy, mi hermanito tonto se dará cuenta lo linda que es Lucy, tú sólo espera.

— ¡Aye!

Wendy rió ahora más feliz y se levantó para coger el plato de su otra mascota. Justo cuando iba cruzar el umbral de la cocina, una nota atrajo su atención.

— ¡¿Qué?! ¡Era hoy! —Corrió a detener a su hermano pero él ya había desaparecido, intranquila llamó al número celular de su madre—. Contesta mamá…contesta —rogó en voz alta—… Waaa ¡¿Qué haré?! —gimió de ansiedad mirando el papel, regañándose por haber olvidado lo que estaba escrito.

Con una caligrafía redonda y dibujos de llamas, Igneel avisaba el gran acontecimiento que habían estado esperando.

"¡Hoy en la noche llega su primoooo! ¡Estén decentes! :D"

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Odiaba el trasporte, era desagradable por el olor y el movimiento constante, no podía controlar lo que hacía, sólo dependía de un conductor que no todo el tiempo estaba en sus cabales ¿Y si los estrellaba contra un poste o algo? Contuvo una arcada producida por el mareo. Odiaba el trasporte y... odiaba a su padre.

Sin duda.

Abrió la ventanilla del tren con destino a Magnolia y diez tardías paradas más. Inhaló un poco de aire limpio, era eso o vomitar sobre el asiento de enfrente, lo bueno era que no tenía que compartir su cabina con nadie, aunque seguramente la misma gente lo había esquivado por lo verde de su cara.

— No quiero subirme a un tren nunca más…

El mareo al movimiento era un trauma de su niñez, cuando tenía 6 años su abuelo montó a todos sus nietos en su auto, sus padres no contaron con que el señor de edad madura había bebido demasiado, el alcohol y exceso de velocidad dejó una huella imborrable en los cerebros de Natsu, Sting y Gajeel.

Sting también sabía que a Rogue no le gustaban los automóviles esa fue la razón de conocerse. Cuando tenía trece las náuseas eran tantas que el chófer del autobús escolar lo obligó a sentarse en la parte de atrás, allí también estaba Rogue, con la cara tan blanca que parecía un fantasma, en vez de saludarse ambos vomitaron al mismo tiempo; el inicio de una bella amistad.

— Rogue idiota —se permitió una sonrisa verdadera.

Le avisó al Chaney unas horas antes de irse a tomar el tren, no es que él mismo supiera que se iría antes. Rogue sólo se encogió de hombros lanzándole su mejor par de audífonos y unos CD de música metal, junto a su propio Notebook y cosas personales, eso le daría el entretenimiento suficiente para encerrarse en su habitación y no hacer una vida familiar con los Dragneel. Había decidido no mezclarse con ellos; comer, dormir e irse a la escuela, no haría amigos, no los necesitaba, posiblemente buscaría un empleo de medio tiempo o vagaría por las calles.

Antes de irse revisó la página web de Fairy Tail, se burló de los cursis ideales de amistad y compañerismo, pero también había clubes interesantes y Fairy Tail tenía muchos nexos con escuelas y universidades importantes, si estaba el tiempo justo en ese lugar podría ganarse una beca y largarse a otro país, como era su sueño. Ese era su objetivo.

Le dio un vistazo a su celular, faltaban 4 horas para llegar, programó la alarma y se acomodó en su asiento, todo lo que podía hacer era dormir hasta llegar a su destino. Con sus metas claras cerró los ojos azules.

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— ¡Ya está! —Gritó a nadie en particular. La escuela estaba deshabitada y las luces de la ciudad eran más claras, era tarde, pero Lucy aún seguía con su trabajo de limpieza, la sala quedó impecable tal como Erza lo hacía, no podía dejar mal a su amiga.

Agarró sus cosas un poco más emocionada, si se apuraba podía tener el tiempo compartido con Natsu, el sol aún no bajaba en su totalidad, tendría tiempo para trabajar y ver una película o dos.

Corrió con la mochila al hombro, tropezando de vez en cuando. Al pasar por los arboles de cerezos decidió que un atajo por el parque sería lo más idóneo para ahorrar tiempo, inocente e ilusionada caminó hacia las puertas sin imaginarse lo que había dentro.

Respiró profundo disfrutando el olor. Aún faltaba para que las sakuras florecieran, pero el aroma a flores estaba impregnado en el lugar. Rememoró un día en que estaba enferma, no pudo ir al festival de primavera, pero Natsu se encargó de cortar un árbol y lanzarlo río abajo para que ella lo viera. Se sintió tan especial aquel día, era una de las tantas razones del porque se enamoró de él.

Haciendo equilibrio entre las piedras alzó sus ojos para admirar el paisaje, pero en él sólo vio a los dos jóvenes tomados de la mano.

— ¿Eh?

Lisanna se veía feliz, corriendo entre los juegos infantiles, mientras Natsu la perseguía por detrás. Lucy abrió la boca varias veces para hablar, pero no le salía la voz, su corazón se estrujó de nuevo, tan doloroso como cuando los vio besarse.

Natsu pudo visualizarla a lo lejos, preso del pánico pasó una mano por la espalda de Lisanna, empujándola para comprar un helado, ella saltó entusiasmada en búsqueda de los dulces, Natsu caminó cerrando los ojos intentando todo lo posible para ignorar esa sensación desagradable que se extendía por su alma.

"Sólo fue una mentira piadosa, a Lucy no le importará" pensó y fue tras Lisanna, ignorando la pulsante mirada en su nuca. Tragó pesadamente intentando sonreír para su cita.

Lucy se quedó ahí plantada, contemplando como se iban juntos, se recordó respirar profundamente unas veces para poder reaccionar, su bolso se deslizó de su hombro cayendo al suelo y la rubia trató con todas sus fuerzas que no saliera líquido alguno de sus conductos lagrimales.

Una señora de cabello azulado se agacho a su lado, recogiendo sus cosas y entregándoselas con una sonrisa amable, Grandine, la madrastra de Natsu.

— Lucy-chan, toma.

La rubia parpadeó unas cuantas veces para volver a la realidad, fingió una sonrisa pero sólo salió una risa nerviosa, colocó de nuevo su bolso sobre su hombro dando gracias a su vecina, Lucy sabía que Grandine la observaba con un poco de pena, pero en estos momentos lo menos que quería era lastima ajena. Dio una reverencia en adiós para irse, pero Lucy fue detenida por la mano de la señora.

— Ne… Lucy-chan —una extraña mueca se coló por sus facciones elegantes, Lucy olvidó momentáneamente su dolor y lo remplazó con una pisca de miedo, Grandine siempre tenía ideas extravagantes y arrastraría a todos con ella—, acompáñame a la tienda, necesito un montón de comida y cosas de niños, ¿Sabias? ¡Hoy tenemos un nuevo bebe por venir!

Lucy grito un "¡Ieeeeek!" pasando su mirada del rostro de la señora hasta su estómago, Grandine notando esto se echó a reír.

—No, nooo, estoy hablando de un sobrino de mi marido, ¡Sting-kun! —Extendió sus manos para darle énfasis— Veras, él se va a venir a quedar con nosotros unos meses, mmmm —pensó un momento—… No sé cuántos en realidad, pero… Quiero que tenga un lindo cuarto.

Tomó las manos de Lucy mirándola con emoción, por segunda vez en el día Lucy no tuvo otra opción más que aceptar.

— E-está bien Grandine-san —fue cortada por un abrazo demoledor, a veces Lucy no sabía de dónde sacaba tanta energía esa señora—, será un placer ayudar.

— ¡Yatta! —Tomó su mano arrastrando a la rubia al distrito comercial y se giró para sonreírle— Lucy-chan… ¡Harás a Sting-Kun muy, muy, muy feliz! ¡Lo prometo!

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Sting no era feliz, faltaba media hora para llegar a Magnolia y a su tío Igneel se le había ocurrido despertarlo mandándole un centenar de mensajes de texto en los que decía que estaba muy emocionado de recibirlo. Ese era el gran problema de la familia Dragneel, eran todos hiperactivos, según sabía, la esposa de Igneel también lo era. Una gota de sudor corrió por su frente al imaginarse sus reacciones.

— "Wendy también será un monstruo…" pensó. También tenía que soportar a la niña. Se quejó estirando sus músculos, el mareo aún estaba, pero decidió ignorarlo. Su celular sonó otra vez, rodó los ojos al leer el nombre de Igneel con una carita feliz.

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Wendy corría de un lado a otro, llamando a algunos amigos para que le ayudasen a limpiar la habitación que sería ocupada estos meses, suspiró frustrada de ver tantos cachivaches de su mamá; el cuarto de huéspedes estaba lleno de ropa, máquinas para hacer ejercicio, entre otras cosas. Romeo levantó una caja de lo que parecía… ¿Calcetines? ¿Quién guarda una colección de calcetines sin par? Negó bruscamente e indicó que todo lo dejarían en el sótano. En ocasiones Wendy pensaba que era la única sensata de su familia.

Miró el espacio frente a ella, ya todo estaba despejado, barrió un poco para quitar el polvo y tendió la cama, todo estaba muy vacío, pero sabía que su madre vendría con cosas decorativas y un lindo cobertor para la cama. Esperaba que llegara a tiempo.

Bajó a la cocina para cuidar el pavo, ya que su mamá no tenía talento para cocinar la responsabilidad de tener a todos bien alimentados en la casa recaía en ella, limpió su frente sonriendo feliz, esperaba que su nuevo primo se sintiera en casa. Sintió el pelaje de Charlie contra su pierna, acarició a su mascota y le advirtió que fuera amable con su invitado.

En ese instante la puerta se abrió revelando a una muy cansada Lucy, quien traía en sus brazos un sinfín de bolsas. Wendy corrió a ayudarla, pero su madre interfirió enérgicamente.

— ¡Tenemos tiempo para pintar! —Wendy parpadeo mientras que Lucy se recostaba en el suelo, Grandine lanzó un rugido mientras corría hacia la habitación de su nuevo sobrino con un galón de pintura.

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Igneel se movía de un lado a otro en la silla de la terminal de trenes, las personas a su alrededor lo miraban un poco extrañados, en vez de un hombre de treinta y tantos parecía un niño de siete con ganas de ir al baño; sacó de nuevamente su celular para escribir otro mensaje de aliento, eso hacía cada 5 minutos.

Sting no había tenido una vida fácil, su hermano Weisslogia cayó en una profunda depresión después de la muerte de su esposa, el alcohol era su remedio para los males y ni siquiera la presencia de su hijo aminoraba su adicción. Igneel planeó una intervención, por ello es que Sting estaba aquí.

Weisslogia en su último fracaso matrimonial entendió que no podía seguir así, fue una epifanía repentina ver un día a su hijo llegar a medianoche y no haber saber dónde estaba; Sting estaba tan lejano a su padre, ese niño no tenía apoyo alguno. Por ello, Weisslogia decidió internarse, Igneel aceptó gustoso tener a Sting con ellos, tenía la esperanza de enseñarle un poco sus costumbres y brindarle un poco de amor.

Sonrió más feliz que nunca, a su lado estaba la máscara del rito Dragneel, un dragón rojo escupe fuego.

— Jejejeje

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Entre las tres y los amigos de Wendy lograron tener todo listo a tiempo, aún faltaba hacer las ensaladas, pero Grandine se encargaría de ello.

— No puede ser tan difícil, ¡¿Verdad?! —se escuchó desde el primer piso mientras que Wendy y Lucy asumían que esos vegetales no podrían ser comestibles. Ambas se miraron unos segundos antes de estallar en risa.

Lucy aún se sentía mal pero el entusiasmo de Grandine y la dulzura de Wendy curaban su corazón, con gusto ayudó a armar la habitación del nuevo miembro de la familia de sus vecinos, de hecho se tomó la libertad de decorarla a su gusto, Grandine era tan extremista y las indicaciones de Igneel eran muy fetichistas con los dragones y lagartos.

Eligió su color favorito, esperaba que eso no le molestara. La habitación estaba pintada de azul con detalles en blanco, decorada con cosas que Lucy presintió correctas, era una habitación para un roquero, una guitarra eléctrica antigua que ni Igneel ni Natsu tocaban estaba colgada como adorno, mientras Wendy y Grandine dibujaron en un rincón a un dragón blanco como el signo de Sting Eucliffe.

Lucy ladeo la cabeza, ¿Por qué se llamaba "Eucliffe" si su apellido debería ser "Dragneel"?

Se encogió de hombros, pero antes de irse a ayudar a la cocina se dio cuenta de algo. Esta habitación estaba justo al frente de la suya, si tenía suerte pillaría a esta nueva persona cada vez que mirase a la ventana. Rezó a todos los dioses que quien sea que sea este Sting no la vea hacer algo vergonzoso en la intimidad de su cuarto.

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— ¡WAAAAA! —Sting pasó de largo al sujeto con mascara de dragón e ignoró a las personas conmocionadas que salían junto a él, al parecer su tío Igneel no recordaba que ya tenía 17 años y no caía en trucos tan burdos como esos.

— ¡Hey! ¡Sobrinito! ¡Diles que vengo contigo! —Igneel corrió esquivando a los guardias, Sting sólo se limitó a recoger sus maletas poniendo a prueba su paciencia, al final se rindió y habló con los encargados para que dejaran libre a su tío.

— ¡Gracias por ayudarme! —Exclamó feliz Igneel caminado hacia el estacionamiento.

— "¿No se supone que tú tienes que ayudarme?"—pensó mirando su espalda. Igneel era lo que recordaba, impulsivo, gritón, muy alegre. Sting recordó que él quería un padre así cuando era niño. No le dio importancia a la repentina nostalgia subiendo al auto.

En el camino por la carretera visualizó Magnolia, era una villa con un río atravesándola, tenía un aire a campo y una sensación acogedora muy diferente a la ciudad en la que antes vivía; pasó por las afueras de lo que suponía era Fairy Tail. Su anterior escuela, Sabertooh, parecía una cárcel, en cambio Fairy Tail era tan abierta que si quería podía irse y no aparecer en toda la clase. Una idea tentadora…

— ¡Y allá esta la plaza! ¡Y por allá la carnicería! Wa…Excelente carne, ya quiero comer…

No sabía qué hacer, así que pasó a su modo automático, cruzarse de brazos, adornar su cara con una sonrisa falsa y torcida, respondiendo cuando le hablaban. Entraron al condominio que imaginó sería su hogar por los próximos meses, las casas tan brillantes, eran tan diferentes a lo que estaba acostumbrado.

Se estacionaron en una casa en particular, esta estaba con un árbol que la identificaba de las otras, Igneel saltó mientras Sting tranquilamente salía del auto, el hombre de pelo rosado le informo que entrara mientras él se encargaba de las maletas, Sting tocó la puerta, no tenía llaves, después de escuchar unos pasos correr, la puerta se abrió.

— ¡Buenas tardes Igneel-san! —dijo una chica, cercana a su edad, rubia y llena de pintura.

"Ella es..." —fue lo primero que pasó por su mente al ver su rostro, con el pelo firmemente sujeto en un rodete superior con mechones cayendo desordenadamente por su frente enmarcando su rostro pequeño que destacaba su piel pálida contra una inocente mancha de pintura azul en su mejilla derecha; tenía grandes ojos marrones brillantes dándole la apariencia de una muñeca, adorable sin embargo su cuerpo estaba expuesto sensualmente por una camisa blanca trasparente pegándose a sus curvas, mostrando el nacimiento de sus senos, tentador. Ella abrió los ojos impresionada reconociéndolo como un desconocido, encogiéndose totalmente.

Lucy se quedó callada por la vergüenza, jugueteando con el dobles de la camisa prestada por Grandine, ahora se sentía mal de estar vestida con unos simples short de jean y camiseta blanca prestada, era… revelador.

Murmuró unas disculpas apresuradas agachando la cabeza, sin la capacidad de mirar a la nueva persona a la cara.

—Hey, ¿Qué te pasa? Mírame —su voz parecía aburrida, pero sin duda era una orden. Lucy levantó la mirada para enfrentar a un joven rubio más alto que ella con una mirada un tanto helada.

Su corazón estuvo a punto de explotar.

— ¡Oh! ¡Luuucy~! —Gritó Igneel pasando un brazo por los hombros del chico intimidante — Te presento a mi sobrino y Sting —ahora Igneel posó su mano en la cabeza de Lucy—… Te presento a Lucy-chan ¡Espero que se lleven bien!

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N/a: Este fics tendrá a lo máximo 3 capítulos y un epilogó pero los capítulos son laaargos, y cuentan con más información. Es mejor que capítulos cortos y los dejes colgados por semanas, ¿verdad? Bueno, ¡a votar! Una vez hice una encuesta pero me di cuenta que no vale la pena, al final solo dicen su opinión en los Review y no se pasan por el perfil.

NALU Vs STILU

Algunos pensaran: "¡ya! Voy a votar nalu porque es más popular y Sting es un bastardo" pues lean la historia para pensarlo, ya verán por qué, no quise caer en clichés, y hacer OoC.

Natsu: es un chico bueno, tiene todo lo que desea y lucha por sus ideales, pero también tiene 17 años y una familia bien constituida, no ha sufrido las mismas penurias que los demás protagonistas, es normal que el vea el físico, ¡por favor! La primera impresión siempre es física, además da por sentado que Lucy estará allí como sea, es su "increíble nakama". Lisanna es buena y le gusta, díganme, ¿ustedes le piden permiso a su mejor amigo para intentar salir con otra persona?, por supuesto que no, Lucy es su amigo no su esposa. Natsu es inocente en ese sentido, él no sabe los sentimientos de Lucy por él, y si él llegase a sentir algo está demasiado acostumbrado a la "linda y moe Lucy" como para mirarla como mujer, ya dije, para él es su "increíble nakama" me pregunto...¿Cuándo se dará cuenta que Lucy es una chica? ¿O siempre lo supo pero ha estado en estado de negación? Quien sabe... (yo muahaha)

Sting: él lo ha pasado mal, con un padre alcohólico y aún está el misterio de su madre. Sting está constantemente comparado con Natsu, además ahora Sting está técnicamente solo, antes tenía el apoyo de Rogue, ahora nada. Es arrogante, sádico, narcisista, pero es como la vida lo hizo, es una armadura. Si va por ahí creyendo en el "poder de los sentimientos" no saldrá adelante, al menos en sus circunstancias. Un dato interesante de este personaje es que es rockero (XD Me inspire en Marshall Lee de hora de aventura)

Lucy: nada que decir, la amo (;o;) perdón por hacerle daño. Lucy está sola, completamente abandonada, su padre desaparece en viajes de negocios, tiene unos sirvientes pero solo aparecen cuando ella se va a la escuela para ordenar, Los pocos recuerdos de su madre están ocultos de Jude porque él no soporta ver su cara. Están sus amigos de Fairy Tail pero ellos no tienen acceso a su vida familiar, y además, Lucy no querrá que ellos se preocupen por ella. Lucy es independiente y sonríe aunque se esté partiendo por dentro. Lucy no ha tenido una mamá que la ayude diciendo "¡esto te queda bien!" tampoco mayordomos que le indiquen que ponerse, además le da vergüenza preguntarle a sus compañeras, Lucy puede imitarlas pero no tiene confianza suficiente.

Yap, Dejen comentarios si les gusto, ¿les llama lo atención o lo borró? Esta historia es tan bonita, tengo toda la idea planificada cuidadosamente. Nos leemos luego.

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Gracias por leer ;)

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