Bueno, aquí les dejo otro capi :D

Aunque igual es un poco corto, lo que sucede es que he estado ocupada con las tareas y no me ha dado mucho tiempo de escribir... y ahora que por acá es semana de exámenes… puf! Jeje, pero bueno… espero que les guste y dejen sus reviews! Quiero saber sus opiniones! :3

Y también por su tienen alguna idea o algo, siéntanse con la confianza de decírmelo. Disfruten! Gracias por leer!

Capítulo 4

"Extraño admirador…"

La bella doncella de cabellos dorados divisaba el panorama por la ventana del automóvil, una lágrima solitaria rondaba por su mejilla… todo había acontecido tan rápido, no sabía donde se hallaba ahora. A penas hace un momento aquella mujer que le regía y que además consideraba como su madre, había muerto, no sin antes decirle unas cuantas cosas que jamás se hubiera imaginado escuchar de ella…

¿En que plano se hallaba ahora…?

Mientras tanto el mayordomo observaba los movimientos de su ama atentamente por el espejo retrovisor. Juró nunca haber visto así a su señora, exceptuando cuando murió su padre, que fue la primera vez que la vio así de afligida… quería saber que era lo que su soberana le había dicho, pero sabía que no era momento para preguntar, tal vez eso también pudo haber influido en su estado de ánimo… Aunque tratándose de una muerte, siempre es algo fulminante y doloroso… no era fácil de descifrar.

Llegaron a la mansión, él le abrió la puerta y reverenciándola ayudo a que saliera del vehículo… ni aún entonces ella le dirigió el habla, sus miradas se cruzaron pero ella evito el contacto casi enseguida. Entró de manera decaída, hizo caso omiso a la bienvenida que le dieron sus demás sirvientes y sin distraerse se dirigió a su habitación cerrando la puerta, regresando a su mundo de soledad, era momento de reflexionar unas cuántas cosas.

Walter considero prudente mandar a llamar a Alucard… ahora con el deceso de la reina, seguramente habrían muchos más intentos de asesinato comandados por esos seres infernales, y ahora con el estado emocional de su ama, no estaría con ánimos de combatir u ordenar, sabía que con él no bastaría para protegerla, era necesario ese nosferatu en la residencia. Pensó que era mejor idea ir él mismo a buscarlo, para no llamar la atención ni crear alguna clase de molestia a su ama o algo que se le pareciera, ordenó al caudillo proteger la mansión y a la dama que yacía dentro de ella… Tal vez eso sería lo menos inteligente que se le pudo haber ocurrido…

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Recostada sobre su cama, Integra se cuestionaba una y otra vez… ¿Por qué la reina admitiría esa clase de relación? ¿Por qué tuvo que decirle todas esas cosas cuando ya estaba en su lecho de muerte? ¿Había alguna razón para que ella lo hiciera?... demasiadas cosas pasaban por su cabeza, cosas que no lograba o tal vez no quería comprender.

Detuvo su meditación al escuchar un impetuoso bullicio a las afueras de su residencia, salió entonces a ver lo que ocurría, camino por el pasillo, llamó a su mayordomo, pero no acudió a el… estaba pasando algo extraño… Continuó su itinerario, hasta que algo sospechoso la detuvo justo antes de llegar a las escaleras.

-No creí que encontraría a la líder ata de Hellsing tan desprotegida – Exclamó una voz masculina detrás de ella, pero no tuvo tiempo de voltear y ver al dueño de aquella intimidante voz. Aquel ser la inmovilizó contra su cuerpo, sin saber porque su vista se fue nublando y poco a poco perdió la conciencia…

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El fiel mayordomo toco a la puerta un par de veces, el vampiro no tardo en acudir y pronto se encontró cara a cara con un Alucard bastante desaliñado y molesto.

-¿Cómo te atreves a venir y dejar a Integra sola? – Le cuestionó gélidamente, mientras encendía un cigarrillo.

-Es por ella que vengo a buscarte – Espetó Walter sonriente – Sé que te preocupas por ella, Alucard, y no menos que yo. Es por eso que he venido… La señorita Integra ahora no se encuentra bien. Supongo que sabes la razón ¿No es así?

-La reina – Musito despreocupado, y recibía un asentimiento por parte del mayordomo.

-Con su muerte se desatarán muchas cosas y es necesaria tu presencia en la mansión, conmigo no será suficiente para protegerla– Continuó Walter… Alucard asintió con los ojos cerrados, mientras exhalaba el dañino humo del cigarro y meditaba.

-Vienes dándome todo este discurso de que quieres lo mejor para su protección… y no te has dado cuenta de que la has dejado sola en la mansión justo ahora (?) – La expresión de Walter fue lívida, Alucard tenía razón – Podría estar ahora mismo en peligro, ángel de la muerte – Añadió irritado – Será mejor que nos apresuremos. No confió en los humanos con los que la has dejado. – Walter concordó con el, parecía apenado… ¿Cuánto costaría su descuido?

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Abrió los ojos lentamente, intento moverse, pero fue en vano, se hallaba atada de pies y manos sobre una extraña clase de cama.

-¿Quién eres y dónde diablos me trajiste? – Rugió recordando todo lo que había pasado.

De aquel rincón obscuro se visualizaban dos ojos rojos fijos en ella, aquel ser de aspecto taciturno salió, mostrándose ante ella. Integra lo miró con repulsión y sin querer notó que aquel vampiro que la había capturado no era como los tanto otros que había destruido en toda su vida, tenía algo diferente… aunque no sabía definir que era.

-Sinceramente jamás me imagine que sería tan fácil capturarla, bella dama – Comentó con una sonrisa cínica – Digamos que soy un grato admirador suyo…

-¿¡Qué demonios!? – Bufó ella con irritación - ¿Un admirador? ¡Ja!... Si fueses tal cosa no me tendrías atada contra mi voluntad ni me tratarías como lo has hecho… ¡bastardo! ¡Déjame ir! – Exclamó Integra tratando librarse de las ataduras.

-No había otra forma, mi bella dama… -Comenzó dulcemente acercándose a ella - créeme que no lo hago por gusto, sino que es la única manera de mantenerte aquí, de lo contrario escaparías.

-¡Por supuesto! – Bramó con odio - ¡¿Qué demonios pretendes?! – Añadió ardiendo en coraje.

-He estado observándola desde lejos, mi hermosa dama… le he estado admirando, anhelando… nunca creí llegar a sentir algo así por nadie y mucho menos por una humana… aunque ya sé que vos no es una humana cualquiera y eso es lo que más me ha atraído de usted… - Integra no parecía creer ni una palabra, miraba al vampiro con total repulsión y asco… aparentemente ese ser era atractivo, podría hacer caer a cualquier chica, pero ciertamente Integra no era una mujer que se dejara llevar por las apariencias, y mucho menos si se trataba de uno de esos repulsivos seres… ¿Por qué ella?

-Hasta donde puede llegar la estupidez de tu raza – Dijo soltando una risilla odiosa – Alguien como yo jamás se fijaría en alguien como tú… - Sus palabras fueron tontas a decir verdad, por un minuto se había olvidado de ese nosferatu del cual se había enamorado perdidamente… en su mente se retracto de todo lo que había dicho.

-¿A si…? – Inquirió el con sorna - ¿Y qué tal de ese sirviente tuyo?

-Él no es igual a ustedes – Protesto Integra fríamente fulminándolo con la mirada – Pero… ¿Cómo es que sabes…?

-Os he dicho, mi bella dama, que le he estado observado desde lejos. Se todo sobre usted.

-¿Qué quieres de mi, bastardo? – Cuestionó con desdén, mientras sentía el dolor punzante en sus muñecas y tobillos por el amarre.

-No me llames de esa forma tan hiriente, mi hermosa dama… -Espeto con tono dolido, Integra se extraño – …Quiero que seas mi esposa.

-¡¿Qué?! – Gritó ella sorprendida, no cabía en la sorpresa… sintió el odio arder en su sangre… ¿Cómo pudo siquiera ocurrírsele? Necesitaba a Alucard ahora más que nunca.