Bien, aquí estoy presentándoles mi primer trabajo que espero sea de su agrado. Cualquier comentario es bien recibido y gracias por leer!

Disclaimer: Hey Arnold! No me pertenece, pero eso ya lo saben ustedes por supuesto :3


Mismo colegio, mismos profesores, mismos recuerdos.

Mismos compañeros, todos juntos o todos separados.

Seguían siendo las mismas personas que él conoció hace casi catorce años. Los había visto crecer a todos, paso a paso así que recién ahora notaba que ya nada era igual.

Buscó con la mirada a sus compañeros preguntándose cuándo sus amigos se volvieron tan diferentes y se entretuvo contemplando las habituales escenas que se producían en la escuela cada mañana: Un romántico chico vestido de torero con gruesas gafas y peinado en forma de hongo cantaba sonetos a las chicas que circulaban por los pasillos, y cada tanto miraba disimuladamente a una esbelta joven de larga cabellera negra quien se paseaba presuntuosamente exhibiendo unas botas nuevas.

Enfrente estaba un chico que había llegado a la ciudad hace sólo dos años, pero que ya era uno más de la pandilla. Era de estatura media, de tez blanca y unos ojos cafés que resultaban encantadores a todas las chicas y provocaban celos en todos los chicos. Claro, resultaban encantadores si no concías en persona al poseedor de aquellas gemas, pues Bruce podía ser tan divertido como cínico e insensato.

Del otro lado del pasillo se encontraba un chico pecoso y de cabello pelirrojo que llevaba un montón de hojas a reciclar junto con una alta muchacha, hasta que una hoja cayó del montón y ocasionó una estrepitosa caída seguida de un alentador "estoy bien". Quiso ir a ayudarlo, pero luego se convenció de que eso era un caso perdido: después de todo, ese chico iba resbalándose con todo a su paso desde los nueve años, así que…

-Buenos días Arnold!

El joven dio un salto del susto, el saludo lo había tomado realmente desprevenido.

-Hola Lila

-De vuelta pensando en la inmortalidad del cangrejo, Arnoldo?

-Buenos días, Helga- contestó de mala gana el rubio-a mi también me alegra verte

-Si, si, si- bufó molesta, para luego volver a su tono burlón- ya quisieras, cabeza de balón

-Lo que tú digas, Helga

-Exacto, lo que yo diga y que no se te olvide- le contestó la chica con aires de superioridad y luego se dirigió a Lila- bien señorita perfección, si ya hiciste tu obra de caridad con los más zopencos podríamos ir a clases ya que…

PLOP

La rubia, enojada volteó para ver quién le había arrojado aquella bolita de papel, aunque sabía perfectamente el causante de dicho improperio.

-Vuelve aquí zopenco y verás que hacen los cinco vengadores en acción!

- ¿Y morir en el intento? Soy un zopenco, pero no soy suicida!

- Cuando termine contigo lamentarás no ser uno- y dicho esto salió corriendo tras el muchacho, dejando a un solos a un par de asombrados chicos.

- Bruce y Helga se ven tiernos juntos ¿no, Arnold?

- Sí, hasta que uno mate al otro- comentó sarcástico- últimamente pasan muchos tiempos juntos ¿verdad?

-¡Oh, si no te conociera diría que estás celoso!- murmuró Lila y lanzó una risita que desvaneció el rubor que se había formado en las mejillas del chico

-¿Quieres que te acompañe a tu salón, Lila?

-Estoy segura de que me encantaría- dijo la pelirroja con un guiño una sonrisa conciliadora

Tal vez muchas cosas no habían cambiado a lo largo de los años.

Pero la presencia de aquel muchacho que lograba distraer toda la atención de cierta rubia, era definitivamente un cambio que había puesto su corazón de cabeza