Hey Arnold no me pertenece!

Aclaración: considero que este capítulo es algo confuso, pues mezcla mucho diálogo con pensamientos en primera y en tercera persona. Por este motivo, por favor hacedme saber si hay algo que no quedó claro.


POV Helga

No lo admitía, pero estaba algo desorientada, pues cierta parte de ella gritaba que volviese a casa y dejara plantado al pálido chico que aún no había llegado.

Irónico. Sentir vergüenza de hablar sobre sus sentimientos al chico que los había escuchado silenciosamente durante años, recibiendo en contestación un golpe en el rostro.

Observó a los lados asegurándose de que nadie conocido se encontrara agazapado espiándola.

"Vamos Helga, no seas infantil" se reprendió a sí misma "No harás nada fuera de lo común, solo hablarás con un viejo amigo sobre cosas cotidianas de la vida…como Arnold…claro, Arnold es cotidiano, no hay nada de malo en que hablemos de él"

En ese momento sus pensamientos empezaron a volar en dirección a todas las teorías posibles que justificaran su comportamiento, con la intención de utilizarlos como excusa si alguien la encontraba allí con Brainy.

Digo, ella era Helga G. Pataki y Helga G. Pataki jamás haría algo como estar en una cursi cita en el parque hablando con Brainy sobre Arnold. ¿Cita? ¿Por qué pensó en eso? ¿Y si alguien la veía ahí y pensaba que eso era una cita?

Por otro lado, Brainy no llegaba aún, así que había tiempo suficiente para salir corriendo y dejar toda esa tontería olvidada.

¿Qué le pudo haber pasado al pálido chico? ¿Siempre estaba en los lugares más inesperados y ahora no había rastro de él? ¡Eso debía ser una mala broma! En ese momento ya no se arrepentía de todos los golpes que le dio en su vida…inclusive le hubiese dado más como venganza anticipada a su retraso de siete minutos

¿Y si la había dejado plantada? No, eso no podía ser cierto. Era ella la que quería dejarlo plantado a él. ¿Pero y si…?

-¿Helga?– preguntó una tranquila voz detrás de ella

-¡Arnold!– Gritó inconcientemente, pero luego, dándose cuenta de su error y con cierta vergüenza por su comportamiento, enmendó su equivocación –digo…Brainy. Me asustaste, pequeño fenómeno

-Sí, soy yo- contestó el chico con una sonrisa en los labios, ignorando el "sutil" insulto que la rubia le había dado- ¿esperaste mucho?

-Unos minutos. ¿Ahora que deseaba que llegaras no aparecías detrás de mí como en los viejos tiempos?- preguntó ella, con cierta malicia de por medio

-Lo lamento Helga, pero no sabía que llegarías tan rápido. Ni siquiera estaba seguro de que vendrías

-¿Crees que te dejaría plantado, cerebrito? Ni siquiera pensé en eso pues Helga G. Pataki no es ninguna cobarde

Una sonrisa despreocupada invadió el rostro de la chica. Se veía tan tranquila como una inocente niña que, por razones del destino, se encontraba casualmente con un viejo amigo.

Tan tranquila y tan inocente, esquivando el tema por el que realmente había llegado hasta allí.

-Y ¿Qué tal han estado las cosas?- preguntó el chico, no queriendo apresurar las respuestas de la rubia, pues sabía que nada conseguía con eso

-Pues, normales. Sid y Stinky siguen siendo los mismos raros de siempre. Tengo que ir al psicólogo con el idiota de Bruce por su forma infantil de ser. Ah, y están circulando por todas partes apuestas sobre cuánto van a durar como novios Harold y Rhonda

-¿Nada más?

-Nada

-Nada con… ¿Gerald y Phoebe? ¿Continúan siendo novios?-preguntó, tratando de llegar lo más sutilmente al tema principal

-Pues, lastimosamente para mi estómago…siguen estando juntos-continuó ella con una visible mueca de desagrado- solo espero que ese tonto no lastime a Phoebe

-No creo que tengas que preocuparte por eso- contestó él con una sonrisa conciliadora- y ¿Qué tal está Arnold?

Helga respiró profundo. Responder esa pregunta era como saltar de un avión sin paracaídas. De esa respuesta dependía todo su orgullo que con tanto valor había defendido durante años.

-Bien, supongo. Con su linda noviecita…-lo dijo con rabia, desviando su vista de los curiosos ojos de Brainy, quien no se conformaba con tan vaga respuesta.

-¿Ah si? Creí que ya no estaban juntos…

-Creíste mal. Ese tonto cabeza de balón aún babea por esa Barbie versión descerebrada- sus palabras iban llenas del enojo que nunca pudo sacar ante la verdadera Alice por miedo a que Arnold notara sus evidentes celos.

-Entonces es por eso que piensas olvidarlo

-No pienso. He decidido hacerlo. Pero… ¿podrías hablar más despacio? Alguien podría oírte

-Helga aquí no hay nadie que te escuche- contestó el chico algo impaciente por la forma en la que esquivaba el tema

-Claro, eso también pensaba yo cuando decía mis monólogos en cuarto grado. Pero siempre aparecía alguien espiándome dentro de los basureros- mencionó mordaz

Brainy bufó exasperado, pensando cuánto se tardaría la chica en admitir sus sentimientos. Era obvio que no sería tan fácil llegar a ella.

-Helga…-murmuró con un tono de voz serio, pero suavizando sus gestos para no incomodar a la rubia

-Bien, chico listo. Ya sabes lo que tienes que saber. Lo has sabido siempre, así que no entiendo que más deseas saber

-Deseo saber el porqué te has rendido de pronto

-Bien…porque nada de esto tiene sentido ¿entiendes? Nunca lo tuvo y nunca lo tendrá- contestó ella decidida, aún impulsada por la rabia que circulaba por su mente

-Pero no crees que…

-¡No! Ya he creído en muchas cosas y ese tonto siempre va detrás de una señorita perfección

-Está bien Helga- un suspiro cansado salió de sus labios- Haré lo que tú digas

-Bien doctor Brainy, déme su receta para curar esta tontería

Brainy pestañeó confundido.

-¿Enserio crees que te daré una cura para el amor no correspondido?- preguntó él levantando una ceja, aún incrédulo por todo lo que estaba sucediendo delante suyo

-¡Claro! ¿Quién mejor que…-se quedó callada, eso no había sido nada inteligente de parte suya

Un silencio incómodo paseó entre ambos pues la rubia había tocado bruscamente una zona débil para ambos

-Pues, Helga…- continuó el chico, reponiéndose un poco del golpe, mientras trataba de mantener su compostura- no sé cual sea la cura para un enamoramiento, pero supongo que deberías concentrar tu mente, energía y creatividad en algo distinto. O en alguien distinto

-¿No crees que sería un poco bajo utilizar a alguien para olvidar a una persona?

-Mi idea no es que utilices a alguien. Puedes pasar más tiempo con alguna amiga como Phoebe o Lila…

¿Phoebe? Mala idea, ella se pasaba el día con Gerald y Gerald con Arnold

-O Harold, o Bruce…

¿Harold? ¿Bruce? ¿Qué estúpida idea era esa? Observó su rostro para notar si era una broma, pero su rostro impasiblemente sonriente le revelaba que iba en serio

-¡¿Bruce?! ¿Enserio? ¿Quieres que pase mi tiempo con ese par de zopencos?

-Pues creo que por ahora deberías alejarte de Arnold. Además, estás obligada a ir al psicólogo con Bruce y puedes pasar mucho tiempo con Harold. Así que ¿Cuál es el problema?

-El problema es que Harold está todos los días con su noviecita y Bruce, bueno, Bruce es una rata que un día aprendió a hablar

-No estás mejorando mucho la situación Helga- comentó seriamente el chico; irritado por la manera en la que ella despreciaba todas sus ideas

-Está bien. Si no hay otra forma, creo que podría pasarme los recesos con Lila o Bruce, después de todo, amo molestarlos.


POV Arnold

Corrió con todas sus fuerzas y había llegado sudoroso, pero bien, ya se encontraba en el parque.

Y esperando a su ¿cita? ¿Alice lo consideraría como una cita? ¡Eso lo emocionaba tanto! Tener devuelta una cita con alguien como esa chica era algo que había pasado mucho tiempo esperado.

¿Y cómo no esperarlo? Alice era bonita, simpática, sofisticada, atlética…en fin, todas las dotes que una chica podría tener ella lo poseía. Le había dolido mucho la ruptura, pero estaba seguro de que ella no podría haberlo olvidado tan fácilmente y ahora, con esa súbita invitación era obvio que le daría una nueva oportunidad.

¿Una nueva oportunidad? ¿Por qué? ¿Qué había hecho él para que ella lo botara y buscara tan rápido un sustituto? Había utilizado bien la oportunidad anterior y aún su cerebro no lograba procesar bien el porqué. Pero bueno, eso quedaba en el pasado, en un pasado que tenía que olvidar para tener un futuro con la chica de sus sueños.

Se sentó en una banca y observó atentamente sus pies como si fueran la cosa más interesante del mundo.

Pasó un minuto, dos minutos, tres minutos…

Alice aún no llegaba (cosa que era habitual en alguien como ella), así que, se tomó el tiempo suficiente para respirar profundamente el aire fresco y estirar sus piernas sobre el pasto.

Se sentía tan bien, el pasto, el clima, el verde follaje, todo daba la sensación de un día perfecto para pasarlo en compañía de una persona especial

¿Dónde estaría su persona especial? ¿Por qué no llegaba?

Olvidó a la pelinegra por unos instantes y volvió su concentración a la naturaleza que lo envolvía

Quiso sentir un poco mejor el pasto y esa sensación de libertad, así que no se le ocurrió mejor idea que acostarse debajo del árbol que daba sombra desde la parte trasera de la banca.

Se estiró en el pasto dando un bostezo soñoliento, mientras sentía el viento recorrer su cabello. Le gustaba tanto esa sensación de paz que le daba aquel árbol. ¿Aquel árbol? Entonces notó que la sombra que lo cubría era la misma que alguna vez presenció su primer gran rechazo amoroso. ¿Eso era un mal presagio?

No, ni la suerte ni los presagios existen. No pueden existir.

Cada uno construye su propio destino. Pero solo para no dejar ninguna duda en el aire, se dispuso a levantarse cuando…

-¿Arnold?- escuchó con toda claridad, se levantó un poco y pudo ver a Helga, aquella gruñona rubia en compañía de Brainy

¿Lo habían visto o estaban hablando de él?

Esa era una pregunta que quedó rondando en su cabeza y, al ver que ella sólo miraba al pálido chico, dio por entendido que no lo habían visto.

Entonces ¿estaban hablando de él? No, ellos acababan de llegar, seguramente había sido su tonta imaginación la que había puesto su nombre en los labios de Helga.

Pero, tal vez podría quedarse allí cerca…solo para asegurarse de que su nombre esté limpio de todo insulto o acusación.

Cuidadosamente se incorporó un poco de manera a acercarse a ellos sin ser visto y agudizó el oído, logrando escuchar algunas de las cosas que ambos decían

-Lo lamento Helga…Ni siquiera creí que llegarías…

-¿Crees que te dejaría aquí plantado?...

¿Plantado? Entonces ¿eso era una cita entre Helga y Brainy?

Él no sabía que ellos saliesen, ni siquiera sabía que eran amigos. Era extraño que Rhonda no se lo había dicho, generalmente ella sabía todos y cada uno de los chismes del colegio, sea o no importante.

Seguramente Rhonda moriría si pudiese ver la cita y saber que ella no estaba enterada

"Un momento… ¿una cita? ¿Qué hago espiando una cita, siendo que tengo que esperar a la mía?" pensó el rubio, pero la tentación era demasiado grande y él no era tan santo como las leyendas contaban.

- Pues, normales. Sid y Stinky siguen….raros de siempre. Tengo que ir al psicólogo con Bruce… Ah, y están circulando por todas partes apuestas…

-¡Hola Arnold!- saludó una chica con una sonrisa pícara, recostándose al lado del chico- ¿Qué estás haciendo aquí, pillo?

-Yo…te esperaba- contestó algo apenado, mientras sujetaba a la pelinegra de la cintura, tratando de que no descubra a Helga y Brainy conversando. Sabía perfectamente que la pelinegra tenía tendencia a contar todos los rumores a Rhonda, cosa que no le convenía ni a él, ni a Helga en esos momentos.

-¡Fantástico! Dime ¿no quieres ir aun lugar más privado? Veo que allí hay dos enamorados y no me gustaría incomodarles…ni que ellos nos incomoden a nosotros

Arnold pensó un momento. Por un lado, lo mejor era alejar lo más posible a Alice de Helga y su cita pero, aún no había escuchado lo que le interesaba escuchar. Aún no sabía si realmente Helga y Brainy estaban saliendo juntos, como novios, o amigos, o ami-novios, o lo que sea que explique esa extraña situación.

Era simple curiosidad, libre de toda malicia.

-Aquí hay más sombra, Alice. ¿Qué querías decirme?

La pelinegra tomó aire e inició lo que prometía ser un largo discurso sobre sentimientos espontáneamente encontrados y trivialidades

-Pues bien Arnold. He estado pensando mucho en todo el tiempo que hemos estado juntos y he llegado a una conclusión. ¿Recuerdas el día en el que nos separamos? Verás, ese día yo…

Dejó de oír lo siguiente e intentó con todas sus fuerzas entender la conversación de la pareja que se encontraba no muy lejos de ellos

-Bien, supongo. Con su linda noviecita…

-…creí que ya no estaban juntos…

-…Y entonces pensé que no me querías Arnold, pues Maggi me contó que cuando un chico ya no…

-…aún babea por esa Barbie versión descerebrada…

-Por eso creí que ya nunca estaríamos juntos, Arnold y mi corazón se llenó de angustia. Pero entonces me dí cuenta de que Maggi…

-…Helga, aquí no hay nadie que te escuche…

-…En fin, él solo fue una distracción, pues yo solo intentaba que tú me mires. Pero la verdad es que a pesar de la distancia que…

-…ya sabes lo que tienes que saber. Lo has sabido siempre…

Se dio cuenta de que no podría dominar ambas conversaciones y el dolor de cabeza que estaba empezando a aparecer testimoniaba esta idea. Tenía que concentrar toda su capacidad auditiva en una sola charla, la que fuera más importante…

-Bien doctor Brainy, déme su receta para curar esta tontería

-¿Enserio crees que te daré una cura para el amor no correspondido?

Esperen un momento. Eso no había sido su imaginación ¿o si? ¿Amor...? ¿Entonces eso sí era una cita? No, más bien Helga estaba pidiendo consejos a Brainy sobre amor ¿entonces de quién estaba enamorada?

-Hummm... ¿Arnold?- preguntó Alice, entre extrañada y molesta -¿me estás escuchando?

-Yo, claro que sí –mintió el rubio, dándose cuenta de lo que sus erradas acciones le estaban llevando a ignorar

-Entonces ¿podrías repetir lo que dije?- preguntó ella con el ceño fruncido, mientras se cruzaba de brazos y lo observaba con desdén- si es que estabas escuchándome

-Yo, bueno…

Arnold tragó saliva. Bien, era hora de admitir sus errores y rogar que la chica no se enojara con él.

-¡¿Bruce?! - escuchó en la banca cercana e, inconcientemente dejó de lado a la pelinegra para devolver toda su atención a los otros dos chicos. Pero, por más que intentaba concentrarse, la voz enojada de la chica al lado suyo impedía entender bien las palabras de la conversación cercana.

-¡Hey Arnold! ¡Aún no me has contestado!

-… estás obligada a ir al psicólogo…y puedes pasar mucho tiempo…

-¡Arnold! Tierra llamando a Arnold!

-…o Bruce, después de todo, lo amo…

¿Lo amo? ¿Había escuchado eso? ¡Helga estaba enamorada de Bruce! ¡Entonces sus sospechas eran ciertas! ¡Gerald tenía que enterarse de eso! ¿Cómo es que…

-¡No me ignores Arnold Shortman!

-¡¿Qué?! - respondió al fin, sin darse cuenta de la forma en la que trataba a su intento de conquista

Alice lo observó sorprendida. Ningún chico lo había tratado así antes y menos gritado de esa manera.

-¿Qué clase de caballero eres tú?- mencionó molesta, entrecerrando los ojos mientras se mostraba visiblemente ofendida

-¡Yo, lo lamento Alice! No quería gritarte, solo que quería escuchar…

La conversación se le fue de las manos, y ahora era Alice la interesada en escucharlo.

-¿Escuchar qué?

-No es nada- mintió de nuevo, poniendo la cara más inocente que pudo fingir, pero nunca había sido bueno mintiendo y esta vez no iba a ser la excepción.

-¿Qué escuchaste? ¿A los chicos de allá? ¿Porqué tanto interés en ellos?

-No estaba interesado en ellos, es solo que…

-¡Un momento! Esa chica ¿no es Helga?

-No, no creo- volvió a mentir, pero eso sólo servía para confirmar las sospechas de la pelinegra

-Si, es ella ¿no? ¡Ja! Está en una cita, con un chico. ¡Nunca creí que vería eso!- se burló la chica, agazapándose más mientras se unía a los intentos de escuchar la conversación. Pero, para su mala suerte, los chicos se despidieron y cada uno fue por diferentes caminos.

-¡Rayos! ¿Tú escuchaste algo interesante Arnie?

-Nada interesante- contestó desviando la mirada

-Bien, ¿aunque sea sabes quién es el chico?

-Es Brainy, un antiguo compañero de colegio- contestó obedientemente, sin poder evitar el sentimiento de culpa por la exposición pública a la que la vida de Helga estaba siendo expuesta, por su debilidad frente a la pelinegra.

-Entonces, Helga está enamorada de Brainy

-¡No!

-¿No?

-No

-¿Y tú como sabes? Creí que no habías escuchado nada interesante, pillo ¿Sabes de quién sí lo está?- preguntó Alice con una sonrisa maliciosa y con el teléfono pegado a sus manos, esperando una respuesta para decírselo a Rhonda

-No, yo…no sé. ¿Porqué lo sabría?- se sonrojó y supo que estaba perdido

-¡Vamos Arnie! Dime de quién está enamorada esa rubia gruñona…entre novios no hay secretos- se inclinó modosamente sobre el chico y, dándole un medio abrazo continuó en un susurro- dime ¿si?

-¿Novios?- el rubio quedó atónito

¡Pobre e inocente Arnold!

-Claro, para eso te llamé, tontito

-Creí que te había enojado por no haberte escuchado…

-Si se trata de Helga, creo que puedo perdonártelo. Peor dime ¿Crees que Helga está enamorada de alguien? ¡Te prometo que será un secreto!

-¿Lo prometes?

-¡Lo prometo!- murmuró ella, acercándose aún más al chico y dándole un beso en la mejilla que lo dejó totalmente a su merced.


Había sido una noche difícil. No solo por los gritos recriminatorios del gran Bob y los abrazos efusivos de su fastidiosa hermana, sino más bien por los pensamientos recurrentes que invadían su cansada mente.

Durante el tiempo que pasó junto con Brainy fingió no tomar importancia a sus consejos, pero en privado pasó mucho tiempo revolviendo las ideas en su mente e intentando encajar las piezas sueltas que le permitiría tener un día sin Arnold.

¡Pero eso era tan difícil! Pasaban juntos los almuerzos, las clases extra-curriculares, regresaban juntos a casa…

Una sonrisa y el recuerdo del rubio se instaló en su mente…

Flashback

Dos chicos rubios iban cruzando la calle, agarrados de la mano, mientras la chica le iba señalando todo y agarrándolo como a un niño chiquito que en cualquier momento se le podría escapar

-¿Ves esto Arnoldo? Se llama calle…y la estamos cruzando ¿oíste? C-r-u-z-a-n-d-o

-Helga, sé lo que es una calle- contestó cansado, entre harto y divertido con las explicaciones de la chica

-Claro -mirada triunfal- lo sabes gracias a mí. De nada

-¿De nada?

-Es lo que se dice cuando alguien te dice "gracias"

-¡Helga!- definitivamente la chica lo estaba hartando- Sé cuando se dice "gracias", sé lo que es una calle, sé lo que es un pudín, sé lo que es una cuchara ¡lo sé todo!

-Eso es algo arrogante para alguien como tú, cabezón

Arnold se limitó a observarla con el ceño fruncido, lo que la chica contestó con una oleada de estrepitosas risas. ¡Se divertía tanto molestándolo!

-Tranquilo, sólo quería saber si ese golpe no te había hecho perder la memoria. Pero veo que recuerdas todo perfectamente.

-La única que perdió la memoria alguna vez fuiste tú Helga. Y en ese caso, creo que sería yo el que debería estarte cuidando para que no te vuelva a ocurrir- diciendo esto la acercó un poco a él, agarrándola dulcemente, como una broma entre amigos.

-Yo…- la chica intentó contestar, pero terminó sonrojándose e intentando desviar la mirada para que el rubio no la viese. Sin embargo el chico se quedó observándola atentamente, en busca de alguna respuesta sarcástica que lo hiciera reír –Yo ¡jamás perdería la memoria! No sé de lo que me hablas…

-Claro que no lo recuerdas. Perdiste la memoria- lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo, cosa que irritó un poco a la rubia

-Creo que quién está perdiendo la memoria eres tú. Teníamos que acompañar a los tórtolos y ahora… ¿dónde rayos se metieron?

Arnold giró en su propio eje confundido. No había rastro de Phoebe ni de Gerald.- ¿No iban detrás de nosotros?

-Al parecer, no. Por eso no están detrás, genio

Arnold dio un bufido, ese sería el regreso a casa más largo de su vida.

Fin del Flashback

En verdad sería difícil estar sin el rubio…sin embargo debía hacerlo pues él siempre la vería siempre como una amiga y nada más. Y para colmo, cada vez que la veía sola, se acercaba con su alma caritativa a brindarle un poco de compañía. Por eso debía mostrarse siempre acompañada y con una sonrisa en los labios…

Suspiró repasando el horario que había hecho.

El receso y las clases normales las pasaría con Lila, las clases especiales como artística, matemáticas avanzadas y poesía con Phoebe; luego iría a educación física con Iggy y finalmente pasaría las últimas horas junto a Sheena, bajo el pretexto de un trabajo de ciencias. Completando así su calculado programa anti-encuentros con Arnold.

Calculado programa. Tedioso programa. ¡No podía creer que estaba haciendo esa tontería! ¡Y menos por un chico! Ella siempre había sido espontánea en sus acciones y ahora, el tener algo que la aprisionara a rígidos horarios la sofocaba.

No pasó más de tres clases antes de que mandara todo al diablo, y, poniendo en peligro su exigente programa de compañías, se aventuró a la cancha de soccer.


El pelinegro lanzó un bufido. Odiaba los lunes. No por ser el inicio de una pesada semana escolar, sino por esa materia a la que tenía que asistir obligado, pues ya habían amenazado con reprobarlo.

-¡Hey Bruce! ¡Muévete perdedor! ¡Pareces un tronco allí parado!

Apretó los dientes. No es que le desagradaran los deportes, era sólo que le incomodaba tener al público con los ojos clavados en él. Era como una especie de pánico escénico.

-¡Vamos Bruce! ¡Yo juego mejor que tú! ¡Mi abuela juega mejor que tú!

Tal vez, si apagaban todas las luces, lograría moverse de su lugar y corre tras la pelota. Tal vez tendría que dejar de pensar en el público y simular saber lo que estaba haciendo. Tal vez, si se acercaba podría lograr tocar el balón, aunque sea por un instante en todo el partido. Tal vez debió inscribirse en otro deporte…

Quizás debía corre. ¿Podrían reprobarlo por no hacer nada en la cancha? Digo, no podrían reprobarlo por no tener talento para el soccer. Eso sería injusto

-¡Deja de pensar, tonto! ¡Corre! ¡Creo que no leíste las instrucciones del juego!

El pelinegro tuvo que apretar fuertemente los puños para evitar soltar la maraña de palabras que se habían acumulado en su mente.

¡¿Quién había dejado entrar a Helga a la práctica!? ¿No se conformaba con molestarla durante las clases? Volvió a voltear a ver a la chica, irritándose al ver la sonrisa triunfal de ésta.

Estuvo a punto de lanzarle unas palabras no tan amables cuando el profesor lo miró amenazante. "No puedes reprobar educación física. Sería lo más humillante que a alguien le podría pasar" le recordó esa molesta vocecita dentro de su cabeza.

-¡Genial Bruce! ¡Eres un perdedor en todos los sentidos! ¡La pelota está del otro lado!

Ya basta. Esa fue la gota que colmó el vaso, y el pelinegro aprovechando la salida del entrenador, giró bruscamente y le lanzó una mirada amenazante a su única "porrista". Pero, para su sorpresa, la chica no volvió a gritarle algún insulto, sino que se limitó a dirigirle una sonrisa.

¿Una sonrisa? ¿Estaba viendo bien? Esa era una sonrisa distinta a las maliciosas que constantemente le solía dirigir. Una sonrisa transparente, de ánimo, de ternura. El joven pelinegro quedó estático unos momentos, que fueron bien aprovechados para…

¡POW!

Todos se acercaron a revisar al pelinegro, quién había sido golpeado con la pelota y se sentía tan mareado que apenas podía levantarse. Por un momento habló incoherencias y luego se frotó la cabeza al tiempo que preguntaba, furioso.

-¡¿Quién fue?!

Todos se miraron entre sí, y echando un paso hacia atrás, dejaron a Arnold a la vista

-¡Cabeza de balón!- gritó Bruce, tomándolo de la camisa bruscamente

-Creí que estabas atento al juego. Y si no lo estabas, deberías estarlo-se disculpó Arnold, tratando de soltarse del agarre del chico

-¡Un momento!- gritó Helga interponiéndose a ambos. Fui yo la que desvié tu atención, así que mejor golpéame a mí…

-¿Helga desvió tu atención?- comentó una voz gangosa, lo suficientemente fuerte para que una sonrisa maliciosa pasara por el rostro de todos los muchachos

Llegaba una burla…

-¡A Bruce también le gusta Helga!- gritó alguien entre la muchedumbre

-¡Helga! ¿Porqué no lo besas y ya?- gritó otro desubicado, protegiendo su identidad bajo el tumulto que se estaba originando

-¡Cállense bola de idiotas!- rugió la chica, pero no consiguió aplacar las burlas

Bruce y Arnold, por su parte, habían quedado totalmente atónitos. Nunca habían visto que se burlaran así de la rubia y menos con temas relacionados con el amor. Y menos aún que esos temas de amor estén relacionados a Bruce…

-¡Helga vino a verlo jugar!- gritó Sid con voz cantarina

-¿Jugar? ¿Eso se llama jugar?- gritó Helga, desafiando al público, mientras se dirigía a su pelinegro amigo- Para la próxima recuerda que los golpes se reciben con el pie, no con la cabeza, tonto.

-¿Crees que no lo sé?- comentó Bruce molesto, olvidando al público expectante y su poco talento para los deportes- Podría ganarte a ti, donde quieras y cuando quieras

-Me gustaría ver eso. Ni siquiera pudiste moverte de tu lugar…

-Chicos, por favor, cálmense- dijo Arnold, siendo él el que se interponía entre los dos ahora. Ya estaba harto de este tipo de situaciones y no mejoraba la opinión del público. ¿Porqué insistían en poner a Bruce y Helga de pareja? ¿Será que Alice abrió la boca y ahora todo el colegio estaba enterado? No pudo evitar sentir culpa y se prometió a sí mismo interrogar a su novia en busca de respuestas.

-¡Bruce no querrás pelearte con tu linda novia!- gritó otro chico, retomando el tema que tanto Bruce como Helga habían intentado enterrar peleándose.

Finalmente, Bruce decidió volver a su actitud burlona y, con una sonrisa y un pedido mental de que todo saliese bien, agregó –Helga ya quisiera que fuera su novio

Ambos se colocaron sus máscaras. El espectáculo estaba a punto de empezar, para deleite del equipo de soccer

-Si vuelves a mencionar eso, lamentarás el día en que conociste a Helga G. Pataki

-Lo lamento todos los días. Pero, vamos, admítelo….te gusto

-Me gustaría golpearte, Prandi

El grupo observaba atentamente la discusión. Todos comentaban divertidos y apostaban quién ganaría. Todos, excepto un rubio quién pensaba en la forma de detener esa situación conforme la rubia y el pelinegro se acercaban, sin darse cuenta de que no hacían más que confirmar las sospechas del público.

-Si, si, si…tú mamá debe estar muy orgullosa de ti-gritó sarcástica

-No lo sé ¿porqué no se lo preguntas a tu suegra?

-Será mi suegra cuando ganes un partido de soccer, perdedor

-Exacto. Pero no pierdas la esperanza, tal vez algún día pueda considerar salir contigo

-¡Chicos! Dejemos esto, por la paz- pero por más que suplicara, ordenara, o razonara, ellos seguían impasibles

-Y tú eres un…-Helga se detuvo de golpe. No había notado, hasta ese momento lo cerca que se encontraba de Arnold.

El rubio estaba casi cara a cara de Helga, dándole la espalda a Bruce. Ella desvió la mirada nerviosa ¿Cómo se había metido allí? ¡Su plan era alejarse del rubio y todo lo que hacía era acercarse aún más!

-¡Hey Arnold! ¡No intentes quitarme a mi chica!- gritó el pelinegro, sintiéndose olvidado

-Yo no…digo…solo quería ayudar a…ustedes-balbuceó el rubio quien tampoco había notado lo cerca que se encontraba de la rubia

Una loca idea cruzó la cabeza de Bruce. Sería interesante ver las reacciones de Arnold bajo presión, aunque eso le costase el cuello de ser sorprendido por Helga.

-Te entiendo Arnold, Helga es ardiente- le murmuró, agarrándolo bruscamente de la camisa

-¿ardiente?- repitió Arnold sobresaltado, mientras observaba sorprendido al joven pelinegro. Entonces ¿a Bruce también le gustaba Helga?

-Sí Arnold, ardiente- contestó algo más fuerte, remarcando la última palabra-¿tú que crees?

-Yo…no…ella…la conozco desde la infancia y es una niña…-volvió a balbucear. Siempre había intentado no ver a Helga como una chica, sólo como a una niña bravucona que podía llegar a comportarse como un buen amigo.

-Sí, ardiente- repitió el pelinegro- ¡estás ardiendo Arnold! ¡Y estas completamente rojo! ¿No tendrás fiebre? ¿Te sientes mal?- agregó con retintín inocente Bruce, a punto de matarse de la risa

Definitivamente no había algo que divirtiese más al pelinegro que molestar a los demás. Solo entonces Arnold reparó en la broma y deseó con todas sus fuerzas haberlo golpeado con el balón más fuerte de lo que hizo.

-¡Hey! ¿Que tanto cuchichean?- preguntó la rubia molesta

-Nada- dijeron al unísono los chicos, lanzándose miradas cómplices de que esa broma quedaría guardada como un secreto.

-¡Un triángulo amoroso!- gritó alguien del público y solo eso bastó para que los tres se separen y se dirigiesen a otro lugar, lo más lejos que pudiesen uno del otro.

Sin embargo, el pensamiento de los tres quedó en esa escena, pues los tres sabían que Bruce decía muchas tonterías y todos habían aprendido a no tomarlo en serio. Por ende, algo mucho más grande debía haber detrás de esos rumores que oían al pasar de un supuesto romance secreto entre la rubia y el pelinegro. Algo como un chisme.

-Hoy mismo Rhonda me escuchará- pensaron los tres mientras se dirigían a sus respectivas clases


Hola! Bien, me tardé, pero aquí estoy!

Sí, ya sé que no hubo ese choque de personajes que muchos esperaban. Pero bueno, me gusta desarrollar los sentimientos de apoco. Nadie se enamora (¿o desenamora?) tan rápido…

Este es mi capitulo más largo, pero uno en los que he estado más insegura. Así que díganme ¿les gustó? ¿O no? Siempre acepto críticas o recomendaciones.

¡Y hablando de reviews! ¡Un saludo especial a Kraoz Lieth, Neko lila y Myriamj por todos sus reviews!

Y un agradecimiento infinito a sweet-sol, pau, diana carolina, Perse B.J, Juliie, chikita, usuratonkashi y Ami014! Gracias por leer!