Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Veridis Quo: El Crimen

Los rostros inmutables de las pinturas, fueron los únicos que atestiguaron un evento tan sangriento, que horas más tarde al ser descubierto el cuerpo, todos se preguntaron dos cosas: quién y por qué. Las velas a medio derretir mostraron las salpicaduras de sangre, que acompañaban los trozos de hueso junto con los fragmentos de piel humana.

Usando un pañuelo limpió la abundante sangre que goteaba de sus manos, mientras admiraba el cuerpo que reposaba inerte en la cama. El suelo de madera rechinó al soportar sus pasos, los cuales dejaban claramente definidas sus huellas ensangrentadas. Tan silentemente como llegó, así se marchó dejando su estela de muerte.

Fue al llegar el amanecer, y al estar las candelas ya derretidas hasta su base, que la puerta de la alcoba se abrió una vez más. La criada entró cubierta por la oscuridad, quien al sentir como sus zapatillas se humedecían con algo, fue directamente hacia la ventana y al estar allí abrió las cortinas que le revelaron la imagen más grotesca que había visto en su vida.

– ¡Ahhhhhhhhhhhhhh!

Su grito recorrió los rincones de la enorme mansión de sus amos, cada mucama y mayordomo la escucharon. Cuando otro criado entró, sintió como el desayuno que comió minutos antes quería volver desde su interior, al ver tal nivel de mutilación.

– ¿Dónde está el amo?

Puerta a puerta, recámara por recámara. El dueño de la casa fue buscado por sus sirvientes, pronto todos convergieron en el mismo punto. Un pensamiento colectivo los guió hasta la puerta de la oficina de su señor, al entrar vieron incrédulos como los brazos de él estaban cubiertas del rojo líquido de la vida, su camisa también estaba impregnada de la misma sustancia.

Un delgado pero afilado cuchillo reposaba entre los dedos de su mano, los sirvientes aterrados llegaron a la misma conclusión. El mayordomo en jefe al mirar la macabra escena, cerró la puerta con llave. El sonido de la entrada al ser cerrada con fuerza, despertó al hombre que yacía reclinado sobre su escritorio. El elegante caballero al mirar sus extremidades con sangre vociferó asustado, al levantarse abruptamente tiró la copa con vino que bebió horas atrás.

Sus criados lo escucharon golpear la puerta exigiendo ser liberado inmediatamente, más ninguno de los allí presentes le obedeció. Treinta minutos más tarde, la entrada se abrió y finalmente se le concedió salir. Sin embargo, no salió como pensaba. Varios policías lo escoltaron hasta la salida, donde fue arrojado a la celda que un carruaje portaba.

– ¡Llévenselo!

Una hora más tarde la noticia llegó hasta las calles, todos susurraban el rumor de que el hombre más acaudalado de su ciudad asesinó a su esposa de una manera brutal, y nadie cuestionaba la culpabilidad de Mr. Satán. Nadie, excepto su hija.

Continuará…

Hola a todos, les presento a Veridis Quo una nueva loca invención de mi imaginación. Espero que sea de su agrado, muchas gracias por haber leído.