Disclaimer: Metal Fight Beyblade no me pertenece en lo mas minimo, esta historia esta echa sin fines de lucro.


Su vista de color ámbar se encontraba, perdida en el horizonte, debajo de aquel árbol que se encontraba protegiéndole de la nieve que caía en ese momento.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿1 año? ¿2 años?... No lo sabía realmente, por alguna razón su noción del tiempo se perdió de un momento a otro, cuando era de noche para él era de día, en ocasiones despertaba 1 horas después de haber despertado y pensaba que había pasado una semana, el lunes creía que era miércoles y el miércoles domingo… Todo se perdió, ni siquiera sabía el número del día en el que vivía.

-¿Ginga?-

El mencionado de cabellos rojos reconoció la voz al instante, pero solo agacho un poco más su cabeza para ocultarla en su bufanda, sin perder de vista el horizonte.

-Si sigues aquí te resfriaras-

Continúo hablando aquel joven que acababa de llegar. No entendía, no comprendía, no era capaz de darse cuenta de la razón del porque sus amigos lo trataban de esa manera, no entendía porque de un momento a otro le comenzaron a tratar de manera especial y algo nerviosos… ¡Sobre todo Madoka!, más bien, a quien deberían de tratar de esa forma debería de ser a ella, después de todo ya tenía un bebe…

-¡Ginga!-

-¡¿Qué?!- respondió enfadado el de cabellos rojos, mirando directamente a Tsubasa, quien le había gritado y era quien le acompañaba en aquel paisaje helado

-Ya llegamos a tu casa-respondió tranquilo el águila, intentando no alterar a Ginga y mirándolo con profunda tristeza… ¿O era compasión?

-¿Eh?...-

Ginga miro sorprendido la casa que compartía con su padre y que también por alguna extraña razón era habitada por Madoka y él bebe, miro asombrado la casa –como si fuera la primera vez que la había visto- y después giro su mirada a Tsubasa

-¿Cuándo comenzamos a caminar?-

-…-Tsubasa le miro por un instante y después se tallo los ojos, como si quisiera evitar las ganas de llorar- Cuando llegue a tu lado en aquella colina, te dije que te resfriarías y me dijiste que era cierto, así que te recomendé que viniéramos a tu casa y asentiste… ¿Recuerdas?

De la manera más amable y calmada, Tsubasa intento explicarle las cosas a su amigo, quien solo le miraba como si no entendiera nada… Pero bien sabía que el problema no era entender…

-Mejor olvídalo-recomendó el de cabellos plateados empujando a Ginga a su casa- En mi opinión deberías de entrar antes de que te resfríes...

Dicho lo último el águila dejo de empujar al poseedor de Pegasus y decidió entonces echarse a correr… Ya era algo tarde y aun debía de buscar los regalos de navidad para Yu, a fin de cuentas era 22 de Diciembre.

Ginga Hagane, se quedó de pie frente a la puerta que era el portal para unir la calle con su casa, tuvo algo de miedo e inseguridad, pero aun así abrió la puerta y espero no tener otra distracción como la que acababa de tener, no entendía como le podía pasar ese tipo de cosas seguido, el mismo Kenta ya se lo había echo ver, y su padre lucia preocupado, aunque era algo difícil ver entre su sonrisa la preocupación que tenía… Pero los ojos siempre dicen la verdad.

-¡Arriba Kinyo! ¡Arriba Kinyo!-cantaba animadamente Ryo Hagane, mientras alzaba sobre su cabeza a un lindo bebe de apenas 1 año y 2 meses, quien reía animadamente.

El pequeño Kinyo tenía un nombre extraño, pero no por eso dejaba de ser lindo, sus facciones eran un tanto parecidas a las de Ginga y su padre, sus ojos eran de un azul cielo, tan cristalino que era seguro que podrías guardar el cielo en esos ojos…

-¡Hijo! Qué bueno que volviste- exclamo Ryo, quien obviamente ya tenía sus años pero no por eso dejaba de ser tan activo, más bien, sonreía por hacer sonreír y reír al pequeño bebe quien parecía ni más ni menos que su nieto.

-Ginga…-saludo Madoka en un susurro, solo para después dirigir su mirada al bebe y levantarse del sillón donde había estado observando como Ryo jugaba con Kinyo-Creo que… Ya es algo tarde…

Comenzó a decir la chica solo para recibir una respuesta afirmativa por parte de Ryo, quien le entrego al dulce bebe en los brazos, con otro susurro Madoka se despidió de Ginga para ponerle quien sabe cuántas cosas encima a ella y a él bebe, para salir de aquel hogar.

Ginga solo miro como él bebe le miraba como una sonrisa, por un instante tuvo un extraño sentimiento y se tocó la parte de abajo del ombligo, respiro profundo y sintió una extrema tristeza.

¿Qué era lo que no recordaba?