Antes que nada… ¡perdón por la tardanza! El capítulo está algo largo, para compensar, jeje. Que lo disfruten! ;D

CAPITULO 3

Un leve carraspeo se escuchó atrás de ellos.

Habían estado besándose largamente. Era la primera vez que Terry saboreaba unos labios femeninos con tanta hambre. ¿Qué tenía Candy que lo atraía tanto? No era solo algo físico… todo le gustaba de ella. La forma en que lo encaraba después de alguna broma que él le hacía, sus sonrisas sinceras, la manera en que ella siempre estaba dispuesta a ayudarlo a pesar de su reticencia, el haber huido con él, tantas otras más…

Haberla besado momentos antes de forma tan breve, le había recordado lo mucho que necesitaba probar sus labios otra vez. El beso de Escocia todavía palpitaba en su mente. Si tan solo ella no hubiera respondido tan violentamente… tal vez él hubiese podido esclarecer sus sentimientos. Entender con exactitud que lo había impulsado a besarla en esa ocasión.

Ese beso lo había perseguido día y noche, se encontraba a si mismo pensando en besarla nuevamente. Aunque eso significara otra cachetada por parte de ella.

Ahora, después de las insinuaciones de Candy, sobre un posible agradecimiento; simplemente no pudo resistirse a besarla de nuevo. Con la cercanía del señor Martin, sabía que la pecosa no protagonizaría un escándalo por el beso que él le diera. ¡Estaba a salvo!

Pero ¿qué pensaría ella del beso? ¿Qué significaba para él mismo ese beso? Una satisfacción momentánea ¿acaso? Tal vez era solo una forma de desquitar el beso anterior, una forma de revancha por la cachetada… ¡NO! Tal vez… era el grito desesperado de su corazón enamorado…

¿Enamorado? ¡Amor! ¡Vaya! Nunca había pensando en esa palabra demasiado… tan poco había recibido de ese sentimiento en su vida. ¿Sería capaz de darlo?, peor aún ¿era merecedor de él?

No sabía a ciencia cierta que sentía Candy por él, pero al menos tenía la momentánea satisfacción de que la rubia le respondía con avidez el intercambio. Ella se entregaba a sus labios con igual necesidad. Pero el momento de separarse había llegado, lastimosamente. El señor Martin había llegado por ellos después de guardar a los caballos que impulsaban la carreta.

Era momento de regresar a la realidad…

En un movimiento perezoso y sin mucho ánimo de querer apartarse de los labios que gentilmente se le estaban regalando, Terry se hizo para atrás y que Candy todavía mantuvo los ojos cerrados, sonrió para sus adentros.

- Señor Martin –le sonrió Terry

El amable señor quería llamar la atención de la enamorada pareja y no encontró otra forma de hacerlo que tosiendo suavemente. Se veía a sí mismo de joven, totalmente enamorado. Tan metido en un aura invisible que no se era capaz de ver nada más allá del ser amado. El amor joven y desinhibido. ¡Qué tiempos aquellos!

- Discúlpeme la interrupción, señor Lowell –dijo el viejo sonriendo- pero se está haciendo tarde y me parece deberíamos entrar a la casa. –señaló la adorable cabaña frente a sus ojos- Seguramente están hambrientos como yo. Pero ya mi esposa se encargará de eso –sonrió

- Oh no, señor Martin. Usted es quien debe disculparnos a nosotros, por el atraso que le ocasionamos. Es solo que había extrañado un poco los besos de mi esposa –sonrió- y me fue inevitable besarla después de ver tan hermoso paisaje. –señaló el lugar que los rodeaba- Hace mucho que no estábamos solos en un lugar así de bello. –abrazó a Candy que todavía estaba demasiado abrumada para reaccionar.

Y es que Teversham, un pequeño pueblo en las afueras de Cambridge era en verdad hermoso. La campiña que rodeaba las pequeñas casas que se lograban divisar era espectacular. Grandes espacios verdes y numerosos árboles de todos los tamaños rodeaban el espacio del lugar.

- Entiendo. Yo mismo me asombro de no entrar de una vez a besar a mi adorada esposa –bromeó el señor Martin- Pero vamos muchachos, es hora de entrar. Seguramente están muy cansados, así como lo estoy yo. Vengan les presentaré a mi querida Catherine.

- En un momento lo alcanzamos –respondió Terry

El señor Martin caminó hacia el interior de la casa dejando a los rebeldes del San Pablo, solos.

- Candy –susurró Terry temeroso, no sabía como reaccionaría Candy ahora que estaban solos- Candy… yo…

- ¿Por qué me besaste? –preguntó en un susurro

En todo el tiempo que el beso duró, la razón de Candy estuvo nublada. ¿Dónde quedó el enojo que sintió después que él le robara otro beso? No tenía idea… Sentir los labios de Terry esta vez fue excesivamente abrumador. Fue una caricia tan significativa. En los labios de Terry sintió tantas cosas… Fue tan distinto este beso de los otros dos.

El primero, en Escocia, fue igual de desconcertante… pero no tenía toda esta carga de amor, delicadeza y entrega que sintió esta vez. Esa vez el beso fue muy demandante… demasiado para su mente conmocionada. El segundo, pues fue muy breve. Ni siquiera lo sintió del todo. Fue un ligero toque nada más.

Ambos, le habían asustado. El primero por ser tan inesperado y el segundo porque ella estaba todavía medio adormilada.

Pero este beso… ¡la aterraba! ¿Por qué? Por lo que la caricia implicaba.

¿Qué sentía? Su alma estaba tan arremolinada. Tenía un sube y baja de emociones angustioso. Fue como si de pronto con ese beso, le entregara todo su ser a Terry. ¡Dios! ¿Un beso era capaz de hacer eso? No tenía experiencia besando, él único que lo había hecho era el rebelde inglés que tenía frente a ella, pero estaba segura que ni porque viviera mil vidas más… podría volver a sentir lo mismo o algo más intenso, que lo que había vivido en este momento… con Terry.

- Es mejor que entremos –le dijo Terry- el señor Martin y su esposa nos esperan –quiso salir rápidamente de la situación y del incómodo silencio que los envolvía

- ¡No! ¡Espera! –lo sujetó del brazo- Te he hecho una pregunta- una pregunta que necesitaba ser contestada. Ella necesitaba saber que había orillado a Terry a besarla. ¿Había sido un juego nada más?

- Después –contestó inseguro- ahora no hay tiempo. Es una conversación larga…

Vaya que lo era. Era aclarar lo mucho que ese beso había representado en sus vidas. Porque lo que había iniciado como un juego por parte de Candy, se había llegado a convertir en la confesión silenciosa de dos almas enamoradas.

- Está bien –tuvo que contestar Candy. Tomó la maleta en la que había transportado a Clin y la abrió para que el animalito saliera a estirar sus músculos. Clin saltó de la valija y le comenzó a lamer la cara feliz de estar finalmente fuera de ese oscuro lugar- Te quedarás aquí afuera mientras decidimos que hacer –le explicó al animalito- Después ya podremos estar más tiempo juntos, ¿de acuerdo? Mientras tanto, escóndete entre esos árboles. No queremos tener problemas por tu presencia, ¿si? –Como si le comprendiera perfectamente lo que ella decía, Clin saltó de sus brazos hacia la hierba del lugar y trepó rápidamente un árbol cercano. Terry sonrió al ver el espectáculo, esos dos en verdad se querían.

Después de esto, caminaron hasta el pórtico de la pintoresca casa. Era una estructura antigua, con una pintura blanca cubriendo las paredes, pero ya algo desgastada con el paso de los años. Sin embargo, todo era tan encantador; que pese a lo dañado que pudiera estar el lugar, se sentía un ambiente tan acogedor. Tan lleno de calor de hogar.

Subieron las escaleras del porche hasta la puerta principal que se encontraba abierta. Entraron con cautela al lugar y al poner un pie en la pequeña sala, notaron que en efecto el calor del hogar era envolvente. La chimenea se encontraba encendida y el olor a comida casera inundaba el ambiente.

- Buenas tardes muchachos. Pasen a adelante –una mujer de edad avanzada los saludó sonriente- Robert me dijo que tendríamos visitas esta noche, solo que no me aclaró que se trataba de unos niños –les guiñó un ojo

- Buenas tardes señora Martin. Muchísimas gracias por recibirnos en su casa. –habló Terry- Y por decirnos niños –bromeó

- Es un placer, me encanta tener visitas. Este lugar es tan solo cuando Robert no está. Y ahora que regresa me trae la agradable sorpresa de traer invitados. Mi nombre es Catherine Martin y espero que su estadía en esta casa les sea placentera.

¿Estadía?

- Muchísimas gracias, señora Martin –habló Terry- Mi nombre de Alexander Lowell y ella es mi esposa, Sophie. –señaló a Candy, quien había permanecido callada. Muy diferente a la Candy que siempre hablaba hasta por los codos.

Bueno, todo era culpa de él por haberla besado. Tal vez se sentía muy ofendida por el gesto, que quería evitar decir algo de más que pudiera delatarlos.

- ¿Esposa? ¡Vaya! Pensé que eran hermanos, y no porque se parezcan -aclaró al ver la expresión sorprendida de Terry- es lo que están tan jóvenes. Pero bueno, el amor es el que manda ¿no? Cuando los corazones no pueden estar separados del ser amado, hay que ponerle una solución –les guiñó el ojo- Así nos ocurrió a Robert y a mí, nos casamos cuando él tenía 16 y yo 15. Éramos tan jóvenes, pero estábamos tan enamorados. A pesar de lo inexpertos que fuimos en ese entonces, supimos librar las dificultades y salir avante en nuestro matrimonio. Ahora, que miro en retroceso no creo que pudiera haber vivido la vida lejos de él. Robert siempre fue todo para mí, me alegra que haya regresado. No me gusta que estemos separados. Pero creo que así es el amor, ¿no?

- Tiene usted toda la razón –sonrió Terry- No creo que hubiese podido estar separado de ella ni por un solo segundo. Me alegra que esté conmigo – Terry la abrazó

Había tanta verdad en sus palabras. Aunque todo se tratara de una mentira, lo último había sido dicho desde el fondo de su corazón. Estaba feliz que Candy hubiera huido con él.

- Pero que mente la mía –se dio un ligero golpe en la frente- ustedes deben de estar muy cansados y yo no les he mostrado su habitación. Síganme, está por este lado –los instó a seguirla

Terry y Candy fueron tras ella, la casa en efecto era acogedora. Caminaron por un largo pasillo con piso de madera hasta la última habitación.

- La habitación no ha sido usada desde hace mucho tiempo, pero me encargaré de hacerla acogedora. ¿Piensan permanecer mucho tiempo? –preguntó sonriente

- No. No nos gustaría ser una molestia para ustedes. Mañana temprano iremos a buscar quien nos pueda adelantar a Escocia, de igual forma si no encontráramos transporte podríamos alquilar una habitación en la pensión del pueblo.

- De ninguna manera –se detuvo- ustedes pueden quedarse con nosotros el tiempo que consideren necesario. Como les dije la casa es muy grande solo para nosotros dos. Desde que Louis, nuestro hijo, se fue a vivir con su esposa hemos sido solo Robert y yo. Estaré encantada de tenerlos con nosotros el más tiempo posible.

- No nos gustaría ser una molestia –finalmente habló Candy

- No la serán, Sophie. ¿Puedo llamarte por tu nombre? –le preguntó

"¿Por mi nombre? Claro, me llamo Candy"

- Desde luego –sonrió

- Entonces no se diga más, ustedes pueden permanecer con nosotros; el tiempo que les sea conveniente.

Ambos sonrieron con la amabilidad de la señora Martin y entraron finalmente a la habitación que ella les había indicado sería suya. Cuando estuvieron por completo dentro, notaron que el paso de los años era palpable en el lugar. Los muebles estaban cubiertos por mantas de lino blanco que por el paso del tiempo ahora estaba cubierto de polvo y telas de araña. La señora Martin se dispuso a sacudir y quitar las mantas de los muebles. Candy quiso ayudarla

- No es necesario, linda. Ustedes son mis invitados. –la detuvo

- Pero señora Martin, sería para mí un placer ayudarla. Además me sentiría útil. –protestó Candy

- No se hable más del asunto. Yo me ocuparé de todo. Aunque no lo crean me siento feliz haciendo esto. Hacia mucho que no me sentía tan productiva. Estando sola, mis actividades se reducen al mínimo. Ahora, me siento más viva –sonrió

Terry le hizo una seña a Candy para que la dejara continuar ella sola. Candy pensaba debatir un poco más con la señora Martin para que la dejara ayudarla, pero por la señal de Terry prefirió detenerse. Para él era claro que Catherine Martin disfrutaba de lo que hacía. Era mejor no contradecirla.

- Listo –dijo después de varios minutos de sacudir y limpiar- Les coloqué sábanas nuevas y hay algunas frazadas en el cajón de allá –señaló un mueble de madera oscuro al fondo de la habitación- es verano aún, pero las noches por este sector pueden ser verdaderamente frías. –les sonrió- Lo bueno es que aparte de las frazadas, tendrán su calor corporal para calentarse –les guiñó un ojo de forma pícara- Me alegra yo tener mi frazada humana de vuelta conmigo –bromeó

Por primera vez en todo este tiempo, Candy y Terry notaron que solo había una cama en la habitación. ¡Demonios! ¿Dormirían juntos?

¡Obviamente!

- ¿Esta es la única habitación extra que tiene la casa? –preguntó Candy temerosa

- Si, ¿Por qué la pregunta? –dijo Catherine Martin extrañada

"Porque no puedo dormir en la misma habitación que Terry. Mucho menos en la misma cama"

- Por nada, simple curiosidad. –disimuló su azoramiento- Es solo que vi la casa muy grande. Creí que tal vez existían más habitaciones.

- Lo que sucede es que Robert y yo solo tuvimos un hijo, Louis. Esta es la única habitación, además de la nuestra, en la que hay una cama. Hay otras habitaciones pero no están amuebladas. –aclaró

- Entiendo

- Muchas gracias por sus atenciones señora Martin –agradeció Terry- No sabría como agradecerle tantas atenciones.

- No es nada, muchacho. Me alegra poder serles útil. Los dejo para que se acomoden. –se dirigió a la puerta- La cena estará lista en unos minutos.

- Gracias

- No tarden -dijo antes de salir

El silencio y el aura de incomodidad, eran perturbadores.

- Solo hay una cama –comentó disimuladamente

- Lo noté

- Podría dormir en el piso –sugirió

¡Qué idea!

- ¿Te importaría? –preguntó Candy

Un toque ligero se escuchó en la puerta.

- Señor Lowell –asomó la cabeza el señor Martin- les traje su equipaje. Por si necesitan asearse o cambiar su vestimenta. –colocó las maletas en el suelo

- Muchas gracias, señor Martin. Estaba por ir a traerlas. Le agradezco su atención.

- No es nada, los esperamos en el comedor. No tarden

- Ahora vamos –dijo antes que el señor Martin se retirara

Terry se quedó viendo hacia la puerta cerrada. Candy no sabía que hacer o decir; bueno, ella ya había contestado a su sugerencia.

- Si quieres me adelanto –dijo sin verla- podrías quedarte y asearte un poco. Yo lo haré más tarde –caminó hacia la puerta

- Claro, ahora llego

- Perfecto –Terry salió de la habitación

Candy observó la cama varios minutos. Todo era tan confuso… el matrimonio falso, el beso, la habitación y cama compartida. ¿Cómo le haría para seguir simulando esta farsa frente a los Martin? Nunca había sido buena para mentir, y Terry escasamente le había informado de lo que les diría. Durante la cena era obvio que ellos harían preguntas. Preguntas que no tenían respuesta, por lo menos no una cierta.

Tomó su maleta y la colocó sobre la cama. Tomó un vestido limpio y se dirigió al cuarto de baño que había dentro de la habitación. Agradeció que la señora Martin hubiese colocado un balde de agua para que pudieran lavarse y con verdadero gusto se enjuagó la cara y las manos. Se sentía algo sucia y desaliñada, y sentir el agua fresca sobre su piel fue delicioso. Le hubiera gustado tomar un baño, pero no tenía demasiado tiempo. Tenía que regresar con Terry para saber que era lo que les decía a los Martin, no quería caer en su propia mentira.

Cambió rápidamente su ropa y se soltó el cabello, en lugar de sus dos acostumbradas coletas se hizo una sola; para no perder más tiempo. Medio colocó todo en su lugar y salió disparada hacia el comedor, no conocía la casa pero el olor a comida casera le guió hacia donde todos se encontraban.

- Acércate Sophie –le dijo la señora Martin al verla en el umbral de la puerta del comedor- toma asiento, estamos por empezar a comer.

- Gracias

- Señora Lowell, le decía a su esposo lo contestos que estamos de tenerlos con nosotros. –apuntó Robert. Candy sonrió

- Si, es una gran alegría. Esta casa es tan solitaria regularmente. –dijo tristemente Catherine- Le hace falta la chispa de los jóvenes. –sonrió mientras le servía a Candy un poco de sopa de pollo

- Huele delicioso –dijo Candy sonriente

- Espero que les guste. La sopa de pollo con verduras es mi especialidad. –comentó al colocarse en su asiento. Entonces todos comenzaron a comer

- Está muy rico, señora Martin –dijo Terry- Nunca había probado una sopa tan deliciosa.

- Me la voy a creer –sonrió

- Créaselo, está muy rico en verdad –dijo Candy tomando otra cucharada de su plato- La señorita Pony hace una muy parecida.

- ¿Quién es la señorita Pony?

- Su nana –apuntó rápidamente Terry- Ella fue la que prácticamente la crió.

- Entiendo. ¿Entonces tu madre no cocinaba para ti? –le preguntó a Candy

No era buena mintiendo, así que le rogó a Dios que Terry la ayudará.

- Verá señora Martin, mi esposa tuvo una terrible pérdida cuando era niña. Su madre murió de una grave enfermedad y no tuvo la oportunidad de conocerla a fondo. Por eso siempre la escuchará mencionar a la señorita Pony. Ella fue como su verdadera madre.

- Es verdad –sonrió Candy. Eso no era mentira, la señorita Pony había sido como una madre para ella

- Lo lamento mucho, querida. No quise traer malos recuerdos en este momento.

- No se preocupe, señora Martin. Nunca me hizo falta nada. Fui feliz en mi infancia y la recuerdo con mucho cariño.

- Me alegra. Pero ¿tu padre? ¿A él si lo conociste?

- Pues…

- Si, pero es un hombre que viaja mucho. Casi no lo ve durante el año. –habló Terry

- Alex –se dirigió a Terry- ¿Puedo llamarte así, verdad?

- Si

- Alex ¿y tus padres? ¿Saben ellos donde se encuentran en este momento?

"Espero que no"

- Saben que nos dirigimos a Escocia, pero dudo que estén enterados del robo. No queremos asustarlos, por eso no les hemos llegado a conocer la noticia.

- Podrían estar preocupados

- Lo dudo, ellos no son muy apegados a mí. –dijo con sinceridad

- Mmmm, pues yo estaría muy preocupada si fuera tu madre. Tal vez deberías mandarle un telegrama, así a lo mejor les envían los viáticos que necesitan para transportarse.

- No me gusta depender de mis padres –contestó vehementemente. Por lo menos ya no lo haría, de ahora en adelante vería por sí mismo; y por Candy… - Quiero forjarme un patrimonio yo solo, sin la ayuda de ninguno de los dos.

- Entiendo –sonrió- a Robert tampoco le gustaba eso. Ustedes los hombres pueden ser en verdad necios. –negó con la cabeza- Pero me alegra que quieras forjarte un futuro tu solo, lo hará más satisfactorio. Así como satisfactorio será para Sophie saber que su esposo lo hizo todo por sí mismo ¿no es verdad, Sophie? –le guiñó un ojo

- Claro –susurró

- ¿Y a qué te dedicas? –la señora Martin era muy curiosa. Terry casi podía ver a Candy de más edad en ella. Sonrió para sí mismo.

- De momento no estoy trabajando, hemos estado viviendo de una pequeña fortuna que mi abuelo materno me heredó a mí antes de morir -¡genial! Otra mentira- Pero pienso formarme una carrera en la actuación.

- ¿Actor? ¡wow! –exclamó la señora Martin- ¿Y sabes actuar? Pienso que tienes el porte para llegar a ser un actor famoso –se contestó

- Gracias, he estudiado muchas obras clásicas y me sé muchas obras de memoria. Espero lograr mi sueño

- Lo harás –contestó Candy

Terry volteó a verla y le sonrió. Ese pequeño acto de fe que le había demostrado en este momento, había hecho que su pecho se hinchara de felicidad. Candy confiaba en que él lograría su sueño de ser actor, y se lo agradecía enormemente.

La cena transcurrió entre una plática amena y divertida. Los señores Martin se complementaban al máximo. Robert era muy callado y propio, aún los llamaba por "señor" y "señora"; en cambio Catherine era muy parlanchina y espontánea, los llamaba por sus "nombres de pila" y comentaba con ellos recuerdos de su juventud. Fue muy divertido compartir la mesa con los señores Martin

Llegada la hora de dormir, Terry se dirigió al baño dentro de su habitación a asearse un poco. Lamentaba no haber traído demasiado equipaje, o por lo menos lamentó no tener un pijama para utilizar ahora que Candy dormiría en la misma habitación. Al salir del colegio, no pensó estar en esta situación y creyó que podría sobrevivir con algunas prendas nada más. Después de todo en las noches podría dormir sin ropa y lavar las pocas prendas que llevaba para usar durante el día. En ese momento no quería saber nada del Duque, y la ropa que él le había comprado no le ayudaría a olvidarlo. No quería nada que viniera de los bolsillos de su padre. Claro, ahora lo estaba resintiendo.

Sin otro remedio, dormiría con la ropa que llevaba puesta; de igual forma dormiría en el suelo.

Cuando salió del baño, Candy estaba sentada en el borde de la cama esperando su turno para usar la privacidad de baño y cambiarse en su interior. Tenía sobre sus rodillas un camisón blanco de lino, perfectamente doblado.

- Puedes pasar –le dio paso para que entrara

- Gracias –prácticamente corrió a su interior- ¿Terry? –dijo volteando a verlo desde la puerta

- ¿Si?

- Yo… bueno… yo estaba pensando… pensando… que tal vez… tu puedas dormir en la cama… digo… es grande y el piso es incómodo.

Terry se asombró, eso era una novedad. Candy lo estaba invitando a dormir con él, en el sentido más literal de la palabra.

- No es necesario. El piso no debe ser tan incómodo –sonrió- No deseo que te sientas incómoda

- Yo… bueno… -¿por qué no dejaba de tartamudear?- es que… no puedo hacerte eso. Yo confío en ti Terry. No veo porque no podamos compartir la cama, después de todo somos amigos. Tú no me harías nada.

- Por supuesto que no, primero muerto. Gracias Candy, por confiar en mí.

- No tienes porque. Me has demostrado ser un caballero, y somos amigos –dijo sonriéndole- no puedo permitir que duermas en ese frío piso.

- Gracias Pecosa.

No contestó, le sonrió y entró rápidamente al baño. Ya dentro, Candy cambió sus ropas sin premura; deseando que el tiempo se detuviera y no tuviera que salir después a en camisón a la misma habitación en la que Terry se encontraba.

Le había dicho que durmieran en la misma cama pues cuando Terry se encontraba en el baño, pudo notar lo deteriorado que se encontraba el suelo de la habitación. Tenía hoyuelos y la polilla había hecho de las suyas en la madera que lo componía. Temía que Terry pudiera malinterpretar la situación, después de todo, momentos antes de cenar ella misma le había sugerido dormir ahí; pero ahora… pues lo había considerado un poco más. No le importaba lo que Terry creyera, ella ya se lo había aclarado. No quería que estuviera incómodo. Terry era un joven de familia noble, estaba acostumbrado a dormir en la comodidad de una amplia cama y tal vez siempre había tenido almohadas de plumas, sábanas de seda y frazadas de algodón; no podía ahora, de la noche a la mañana dormir sobre la madera del suelo. Podría quedar adolorido. Ella estaba más acostumbrada a este tipo de situaciones, ella era la que debería dormir ahí; pero conociendo a Terry nunca le dejaría hacer tal cosa. Era demasiado caballeroso para considerar la posibilidad.

No había otra opción. Dormirían juntos.

Después de todo… ella ya había dormido con chicos con anterioridad. Claro, eran jovencitos del hogar de Pony y los miraba como hermanos. Pero Terry… ¿lo miraba como un hermano? ¡No! Debía detener sus pensamientos. Terry era su amigo… amigo y nada más.

Cuando ya no tuvo más pretexto para seguir dilatando su regreso, asomó su cabeza en la puerta; deseando que Terry estuviera ya dormido o volteado hacia el otro lado de la habitación. Pero no, él estaba boca arriba con la mirada fija en el techo del dormitorio.

- Podrías… ¿Podrías apagar la luz de la vela? –murmuró

- Si –sonrió ante el nerviosismo de la pecosa.

Terry se acomodó sobre su codo y sopló con fuerza la mecha de la vela que iluminaba el dormitorio.

- Listo. Ya puedes salir

La habitación estaba casi en oscuridad, solo se podían ver sombras a causa de la luz de luna que se filtraba por la ventana.

- Pero deberás cerrar los ojos. No quiero que me mires ¿de acuerdo?

- Si

- ¡Ciérralos! –advirtió

- Ya los tengo cerrados Candy. –mintió

Bien, era ahora o nunca. Salió del baño y corrió hasta la cama; se metió por debajo de las sábanas y cubrió su cuerpo hasta su cuello. Terry rió para sus adentros, Candy se cubría con la sábana como si fuera una armadura.

- Los puedes abrir

- Bien –Terry sonrió- ya me estaban doliendo de lo apretados que tenía los párpados –bromeó

- Si, claro. –dijo irónica

Los dos estaban en la misma posición, boca arriba con la mirada fija en el techo de la habitación. Por alguna razón no podían dormir. Estaban exhaustos, casi no habían dormido en las horas anteriores y por lo mucho que habían caminado hasta que encontraron al señor Martin deberían estar ya durmiendo profundamente; pero no era así. No podían cerrar los ojos

- ¿Tienes sueño?

- Si, pero no me puedo dormir

- Es una situación muy extraña. Jamás creí que tendríamos que dormir juntos

- Era muy probable que lo hiciéramos dado el hecho que dijiste que éramos esposos.

- Tienes razón, pero no tenía intención de dormir con los señores Martin. Pensé que tal vez dormiríamos en una pensión o algún hostal en el camino.

- Si, no importa en realidad. Estoy acostumbrada a dormir acompañada.

- ¿acompañada? –preguntó azorado

- Si –sonrió- pero no pienses mal. Dormía con los niños del hogar en ocasiones en las que no teníamos tantas camas para que cada uno durmiera en una diferente.

- ¿Cómo era tu vida en el hogar?

- Feliz –contestó de inmediato- extraño esa época.

- Ahí es a donde irás cuando lleguemos a América

- Supongo. Bueno, no tengo a donde más ir. Seguramente los Andley me expulsarán de su familia, y debo decidir que hacer con mi vida. Creo que no nací para ser una dama –bromeó

- ¿Te duele ya no ser una Andley?

- No tanto. Creo que lo único que me duele es no estar cerca de Stear y Archie, además de Annie y Patty. Estoy segura que la señora Britter no permitirá que Annie siga siendo mi amiga. Solo tengo a la señorita Pony y la hermana María; claro, y los niños del hogar.

- También me tienes a mí –susurró

- Gracias, tu también a mí. –aseguró. Terry sonrió- ¿Y tú que harás al llegar a América? ¿Buscarás a tu madre?

- ¡No! –dijo fuerte- De ninguna manera. No quiero su ayuda

- Pero Terry…

- No Candy, yo no espero que lo entiendas. Pero es algo que debo hacer por mi solo. Sin la ayuda de nadie, debo emprender un camino y encontrar mi destino.

- Entiendo. Pero tu madre te quiere Terry, creí que ya la habías perdonado

- Y ya lo he hecho. Pero aún así no quiero seguir dependiendo de alguien. Si me fui del colegio es para ser libre… no para atarme nuevamente a algo a alguien. Deseo estar solo por un tiempo

Candy se quedó callada. Sabía que Terry no era nada de ella, pero oír que deseaba estar solo la dejó desolada. Creyó que tal vez…

- Por eso no quiero buscarla. Ya lo haré cuando decida que hacer y tenga algo con que pueda mantenerme

- Bien

El silencio los envolvió nuevamente. A Terry le hubiese gustado decirle que a la única que deseaba tener a su lado al llegar a América era a ella, pero calló. Aún no entendía del todo lo que sentía por Candy, y no quería arruinar lo que hasta ahora tenía con ella. Les quedaba mucho camino por recorrer aún, tal vez en los próximos días identificaba con claridad sus sentimientos y entonces ya podría proponerle algo a Candy. Algo para que ya no tuvieran que separarse más.

- Intentaré dormir –dijo Candy- creo que tu deberías hacer lo mismo. Mañana tendremos que partir.

- Si, tienes razón. Feliz noche

- Feliz noche, Terry. Que descanses. –se volteó del otro lado, dándole la espalda

- Tu también Pecosa. Duerme bien.

- Gracias

- Por cierto –dijo volteándose sobre su costado para darle la espalda a Candy- ¡qué bien te queda ese camisón! –dijo con picardía

- ¡¿Me viste?! –preguntó aturdida- Te dije que cerraras los ojos –se colocó sobre su espalda nuevamente

- Los tenía cerrados, pero tardaste demasiado.

- No es verdad. Eres un tramposo

- Además, te aseguro que tenías menos ropa el día del festival de Mayo de la escuela que ahora.

- ¡Eres un odioso! No puedo confiar en ti –le golpeó la espalda

- Tranquila Pecosa, no te vi –mintió- era solo una broma. Pero veo que contigo no se puede bromear

- ¿Bromeabas?

- Si

- Está bien

- Bien, duérmete. Mañana será un día largo y necesitas reponer fuerzas.

- Si, feliz noche.

- Descansa pecosa

Candy se fue quedando dormida, confiada que Terry estaba a su lado. Contrario a lo que era más lógico, el tenerlo tan cerca no la incomodaba, es más… le gustaba. La hacía sentirse segura.

Por su lado Terry se quedó despierto un rato más. Pensando. Si, había mentido. Él si la había visto salir del baño en camisón. Pero para que mortificar más a Candy. Verla en camisón no era la gran cosa ¿verdad? La prenda le llegaba hasta los talones y le cubría hasta el cuello. No revelaba nada de la figura de Candy.

Pero seguramente para ella si sería una situación bochornosa y humillante, ningún hombre además de su futuro esposo debería verla en esas prendas. Así que era afortunado, no solo había visto a Candy sino que ahora la tenía junto a él, durmiendo plácidamente a su lado, confiada que nada le pasaría.

Para él, que ella aceptara dormir a su lado significaba mucho. Alguna vez le habían dicho que con la persona que duermes es en la que más confías, si eso era verdad… Candy confiaba en él. Le confiaba sus sueños…

Sueños… ¿con qué soñaba él? ¿Cuáles eran sus sueños?

Soñaba con ser actor y llenar teatros con sus puestas en escena. Pero… ¿y el amor?

Antes que Candy apareciera en su vida, la palabra amor era inexistente en su vocabulario. Tan poco merecedor se sentía de ese sentimiento. Su padre siempre le dejó ver lo mucho que lo odiaba, renegando de él y apartándolo siempre de su lado; su madre lo había dejado a su suerte en custodia del Duque, su madrastra y hermanastros siempre lo habían hecho sentir el apestado de la familia. Lo habían siempre tratado como el bastardo que era. Los compañeros en la escuela siempre huyeron de su compañía, incluso las mujeres; quienes sabiendo que era el heredero del ducado de Grandchester, aún así nunca se vieron interesadas en estar junto a él, al menos por interés. Siempre estuvo tan solo, y la verdad, antes de Candy quiso siempre permanecer así.

Pero ahora, estar con ella era gratificante. Se sentía feliz y confiado. Con ella podía ser él mismo y estar seguro que ella no huiría de su lado. Ambos se complementaban, a los dos les gustaba desobedecer las reglas que no concordaban con su manera de pensar. Candy era única.

Tal vez por eso la besó. Para comprobar que tanto podía llegar a amarla. Aún sentía los labios de Candy palpitando en los suyos.

Meditó varios minutos sobre lo ocurrido durante el día, todavía no habían aclarado lo del beso. En su momento creyó que era lo mejor, pero ahora lo dudaba. Quería saber… necesitaba saber que pensaba Candy de ese beso. ¿Significaría para ella lo mismo? Pero… ¿qué significaba para él?

Amor… ¡amor!

Entonces lo entendió, quería estar con Candy siempre. Quería ser él el primero que ella viera en la mañana al abrir sus ojos y el último que observara antes de cerrarlos en la noche; quería tenerla junto a él toda la vida. Candy se había metido tan adentro de su ser que no podía seguir negándolo. La amaba, amaba estar con ella.

Seguro que ella estaba dormida, se volteó y se colocó sobre su espalda nuevamente. Desde su posición veía la espalda de Candy y sus rizos esparcidos por toda la almohada. La visión le fascinó. Deseaba verla en ese estado todas sus noches, con él… en su cama. Tenía que estar con ella para ser feliz.

Pero ¿y si ella no quería lo mismo? Ya le había dicho que eran amigos, solo que él la necesitaba de otra manera. Debería despertarla y preguntarle…

Candy estaba muy dormida, era mejor no perturbar su sueño con una pregunta tan importante. Ya encontraría la forma de conocer los sentimientos de ella. Tenían un largo camino por delante y estarían mucho tiempo, solos.

Entonces se quedó pensando, en un futuro junto a Candy. En América, él siendo actor y ella en la primera fila observándolo actuar. Con la mirada iluminada de amor hacia él, un amor que nunca nadie le dio y que esperaba que ella estuviera dispuesta a darle. Formando una familia.

Le gustó la perspectiva, por primera vez en su vida se permitió soñar… con ser feliz.

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A la mañana siguiente la luz del sol se filtraba por la ventana de la habitación.

En la cama que habían compartido la noche anterior, Candy y Terry; ahora solo él se encontraba en ella. Poco a poco fue despertando de su pesado sueño y se estiró en todo su largo. Aunque se había dormido ya muy tarde, se sentía feliz y descansado. Tal vez era el amor, o la comodidad de la cama; pero definitivamente, Terry se sentía muy bien esa mañana.

Notó que Candy ya no estaba acostada y pensó que seguramente estaba con la señora Martin, preparando el desayuno. Se levantó y se dirigió al baño para lavarse la cara y cambiarse de ropa. Cuando estuvo listo, salió al pasillo, caminó hasta la pequeña sala de estar de los Martin y no encontró a nadie. Se dirigió a la cocina y la comida invadía el ambiente con su aroma, pero tampoco se encontraba nadie dentro de ésta. ¿Dónde estarían todos?

Se asomó a la ventana y notó que Candy y la señora Martin se encontraban en un pequeño jardín lleno de rosales en la parte posterior de la casa. Platicaban amenamente y al verla tan sonriente, su día se iluminó. Hablaría con ella de sus sentimientos más tarde, cuando partieran nuevamente.

No había salida por la cocina hacia el exterior por lo que debía salir por el frente y rodear la casa, así lo hizo. Cuando estuvo cercano a llegar en donde se encontraban Candy y la señora Martin, se quedó escuchando de qué hablaban las dos mujeres. Era mejor estar enterado de las mentiras que decía Candy, para no entrar en contradicciones.

- Qué lindas están sus rosas, señora Martin.

- Gracias, me dedico mucho a cuidarlas. Cuando Robert se encuentra de viaje me siento sola, y las rosas me acompañan en mi soledad.

- Si, son muy buena compañía. Una vez conocí a alguien que amaba mucho a estas flores. –dijo melancólica

- Las rosas son mis flores favoritas

- Las de él también, las cuidaba con esmero. Eran preciosas, me regaló una estirpe especial para mi cumpleaños. Él mismo la creó y la cuidó con esmero. Eran unas rosas preciosas

- Un regalo muy especial

- Él era muy especial. Anthony era muy especial para mí –suspiró

- ¿Un antiguo novio? –Preguntó pícara- Descuida no se lo platicaré a tu esposo

Candy rió y se ruborizó. La expresión de su rostro delataba felicidad, al recordar a su antiguo amor.

- No exactamente. Pero… él fue muy especial para mí. Murió en un accidente de caballo –dijo mientras una lágrima resbalaba por su mejilla

- Lo siento

- Descuide –se limpió la lágrima- Ya no me duele como antes, pero siempre lo recordaré. Anthony es de esos seres que dejan una huella imborrable en nosotros

Era todo… ¡no quería escuchar más! Toda la felicidad que sentía se esfumó de un solo.

Anthony… Anthony ¡Anthony!

¡Maldita sea! Ella todavía lo quería. Siempre lo recordaría… él ocupaba aún su corazón. Como pudo haber sido tan estúpido al pensar que ella podía amarlo.

Caminó hacia la casa nuevamente y entró hasta llegar a la habitación. Recogió las pertenencias de Candy y las suyas, las tomó rápidamente y salió de la casa. Dejó las maletas en el porche y se dirigió a donde estaban Candy y la señora Martin, tenía que salir de ahí cuanto antes.

- Can…

¡Demonios! Tan enojado estaba que estuvo a punto de llamar la por su verdadero nombre.

- Sophie

Candy renuente de que la llamara así, volteó a verlo.

- ¿Si? –le sonrió, pero contrario a lo que pensaba él no le devolvió la sonrisa. La miró fijamente pero muy serio, tal vez… enojado.

- Es hora de irnos –la vio penetrantemente- Señora Martin, le agradezco mucho su hospitalidad pero debemos irnos y continuar nuestro camino. Espero pueda despedirme de su esposo

- ¿no desayunarán primero? –se puso de pie

- No, nos atrasaríamos más. Tenemos que llegar cuanto antes a Escocia. Sophie, vámonos. –Candy también se puso de pie y caminó hacia él

- De acuerdo. Iré por mis cosas

- No es necesario, ya las arreglé por ti. Están en el pórtico. –dijo serio- Un placer haberla conocido señora Martin, espero algún día poder pagarle su hospitalidad

- Nada de eso –le sonrió- fue un placer para mi.

- Gracias, entonces nos vamos. Tenemos que continuar –caminó hacia donde se encontraban las maletas. Candy le siguió presurosa. Al parecer Terry tenía mucha prisa

- Desde luego, que tengan buen viaje –prácticamente gritó pues ellos le sacaron gran ventaja.

Terry tomó su maleta y la de Candy, por su parte ella solo tomó la valija en la que transportaba a Clin. El pequeño amiguito de Candy al oír a Terry despedirse, corrió a esconderse en el interior de la maleta en la que Candy lo llevaba. Cuando la pecosa se cercioró que Clin estaba dentro, la tomó en sus manos y caminó tras el muy apresurado Terry.

- Nos vemos señora Martin, fue un placer conocerla.

- Lo mismo digo, querida. Que tengan buen viaje, visítennos cuando pasen por este rumbo –gritó mientras agitaba la mano en señal de despedida

- Claro, nos vemos –gritaba Candy quien trababa de seguirle el paso a Terry

Vaya que Terry era extraño. Parecía muy molesto, solo que no encontraba una razón aparente.

- Estás algo apresurado ¿no te parece? –le preguntó luego de un rato- Deberíamos haber esperado a despedirnos del señor Martin. Fue muy amable con nosotros.

- No teníamos tiempo –dijo sin verla

- ¿Por qué la prisa?

- ¡Porque debemos llegar a Escocia, Candy! –exclamó fuertemente- Debemos conseguir el dinero que necesitamos para viajar a América, y así cada uno podrá seguir su camino en la vida.

- Ah, entiendo. –dijo con tristeza- Si es verdad, debemos seguir. Por separado

- ¿Eso es lo que quieres? –dijo deteniendo su andar- ¿Qué nos separemos? –preguntó soltando las maletas y tomándola de los hombros- ¿Quieres seguir sin mi? ¿Tanto te molesta estar conmigo?

Ahora si que no entendía nada. ¿De donde había sacado eso? ¿No era él quien lo había dicho primero? Terry era muy difícil de entender.

- ¿Qué te sucede? Estás muy extraño –dijo con miedo- Yo no dije eso, tu lo sugeriste. Estás muy raro, ¿Qué te ocurre?

- ¿Qué, qué me sucede? –dijo enojado- Te diré que me sucede. –se acercó aún más- Me sucede que escuché la conversación que tuviste con la señora Martin. ¡Maldita sea! Escuché lo que le dijiste. No has olvidado a ese idiota jardinero, ¿verdad? ¿lo sigues queriendo, no es así? –susurró muy cerca de su cara. Candy podía sentir el aliento de él sobre sus mejillas. Él seguía muy enojado, pero su actitud la desconcertaba. Ahora le hablaba en susurros, ya no con voz alta y a gritos.

- No… no entiendo… de que hablas –tartamudeó

- ¿lo amas? –se pegó aún más

- Yo…

- ¿Lo amas más que a mí? –preguntó suavemente- ¿Me amas Candy?

Candy no contestó

- ¡Maldita sea Candy! ¡Responde! –murmuró entre dientes, contra sus labios

- Yo…

Continuará…


Hola!

Antes que nada…. ¡PERDÓN! ¡PERDÓN! ¡PERDÓN! Perdón por la tardanza… he estado tan ocupada. Créanme que siempre que me sentaba a escribir este capítulo, algo sucedía. No era falta de interés o imaginación… se los aseguro, tengo muchas ideas para este fic. No las dejaré botadas… ¡lo prometo! Las que me conocen saben que nunca he dejado una historia botada, antes que todo soy lectora.

Ahora, creo que dejaré un día por semana para publicación por el momento (en lo que me desocupo, si tengo más tiempo… publicaré dos… jeje) les parece, domingo? Creo que es un día agradable… jeje… bien, me avisan si les parece!

Por el momento, les aseguro que el domingo subo el otro, sale?

Espero que les haya gustado el capítulo… y que dejen su review… para saber si les parece como se desarrolla la trama.

Como compensación por la tardanza, me di a la tarea de responder cada review… MIL GRACIAS A TODAS POR SUS PALABRAS, son muy importantes para mí!

Mil gracias a:

Gema Grandchester: mil gracias. Si, es verdad con a mi manera quise narrar un amor adolescente; pero siempre me quedaron las ganas de ver a Terry y Candy de esta forma en el anime, por eso me anime a escribir esta historia. Espero te siga gustando! ;D

Luna2: Gracias! Y espero tenerte en los próximos capis. XD

Lluvia: perdón! Perdón por tardarme tanto, pero tuve algunos contratiempos. Espero te haya gustado el capi

estryita05: gracias! ;D

lucero: bueno, no reaccionó como pensábamos. Jejeje. Perdona por la tardanza. ;D

carolgrandchester: gracias! ;D

Awita: graciaaaas! :)

Guest: que bien que ya todo se soluciono! :D gracias por tus palabras! ;D

Blanca Andrew: si, ahora ya mi computadora estaba bien pero mi tiempo estaba corto, jeje. Gracias por tus palabras! ;D

BrendaTG: mil gracias! Si..! yo también quisiera que me despertaran asi, jeje. Espero te haya gustado el capi. ;D

Candice1981: jajaja… me encanto lo de Susana…! Tienes razón, que se le revuelva el estómago al verlos juntos. Gracias por tu review! ;D

Reyra. Elienahi: gracias! Tu historia también es divertida. Jejeje… esa Candy esta loca. Mil gracias por tus palabras!

LUZ RICO: Mil gracias *.* tus palabras me conmueven. Espero me perdones por tardarme tanto, he estado algo ocupada. Pero espero no tardar tanto para el siguiente. Gracias por tu atención!

Luzclarita38: Gracias! Si… me divierto mucho escribiendo este fic. Asi me los imaginé siempre. Disfrutando más tiempo juntos. Espero te siga gustando… ;D

Carla Grandchester: gracias! Agradezco en el corazón que leas mis historias. Claro que no, no los hare sufrir (tanto, jeje). Quiero incluir un poco de drama, pero no demasiado. Más que todo serán aventuras. ;D

Vallerk: amiga por el momento no tengo día de actualización fijo. Estoy en lo último de la universidad y se me hace complicado actualizar. Pero prometo ponerme las pilas para hacerlo más seguido. Pero de antemano agradezco tu audiencia. Gracias por tu review ;D

Ammiy Rosse: jeje.. es cierto, es un dios! Me encanta a mi también, dichosa la pecosa. Gracias por tus palabras amiga! Claro que me gusto tu review, es más me encanto! Me fascina saber que piensan de cada capitulo, me ayuda a continuar. Es un gran estímulo!

Lorenza: sabes? Me encanto tu review. Me hizo sentir tan bien y te digo porque… yo también extrañaba ver a Terry así.. tan relajado, bromista y enamorado. Me alegra tanto poder conseguir que este Terry te guste, es mi mayor meta siempre. Que amen a Terry como lo amo yo, jeje. Prometo que seguirá siendo así, quiero que él sea feliz y si su felicidad es Candy, pues… dichosa la pecosa! Jeje… gracias amiga! ;D

Noemi Cullen: jejeje, si! Vaya forma… Gracias! Ojala y sigas disfrutando el fic. Me esforzaré para que lo hagas! ;D

Saraoli: mil gracias! Tu apoyo es muy importante para mi… ;D

Aswang: perdón por la tardanza! Yo también, por eso me anime a escribirlo, jeje. Espero continuar haciéndote feliz, mil gracias!

patty Reyna: si! Enamorados! Soy tan feliz… mil gracias amiga por tu apoyo siempre! Agradezco tus palabras… ;D

CC: mil gracias! ;D

Lindaqueubin: y se hizo la Luz… como dijera Ange! Jeje… mil gracias amiga por tu apoyo incondicional! Es muy importante para mi, asi que… espero tus reviews mas seguido, eh? Jeje… Gracias! ;D

LUCESITA GRANDCHESTER: Mil gracias amiga! Perdón por la tardanza…! ;D

WISAL: mi querida maestra… mil gracias por tu review. Me alegra que te gustara. Perdón por la tardanza, he estado algo ocupada. Prometo no tardar mucho… ;D

Rosi White: si, lo de que sean esposos va a comprometerlos, jeje. Gracias por tu review! ;D

Giomar: gracias! Saluditos a ti también! ;D

LUISA1113: Si, es verdad aun falta lo que dira Albert, jeje. Pronto vendrá. Elisa es una niña mimada, que siempre quiere salirse con la suya, aun le quedan algunas maldades por hacer. Saludos amiga! Me alegra enormemente que tu hija este mejor. Dios las siga bendiciendo!

Yut Grandchester: fijate que gracias a ti me entere de Lady Georgie, jeje. No conocía el anime. Pero me interesó, talvez pronto lo vea. Mil gracias por tu apoyo, amiga! Con lo del monumento, pues lo estaré esperando… jejeje. Estaba pensando y creo que será mejor que lo coloques en México pues por aquí no tienen idea que escriba, jajaja… perdón por la tardanza!

Alejandra: perdón por la tardanza! Gracias por tu review! ;D

LettyG: mil gracias por tu apoyo amiga! es verdad, las monjas mas preocupadas por el dinero, jeje. yo también me derrito con terry, es un bombón. créeme yo tampoco tengo llenadera con terry *.* jeje... gracias por tus palabras. ;D

Olicandita: Mil gracias, me alegra que te esté gustando! Perdón por la tardanza… ;D

Janninsanz: Gracias por tu review, me alegra que te guste. Espero seguir contando con tu audiencia. ;D

rgrandchester: una vez por semana (por el momento) creo que dejaré los domingos como día fijo, para que no estén perdidas. Mil gracias por tu review, y nuevametne perdón por el atraso.

Bermone: jeje… si! Me hubiera encantado a mí también ver este tipo de aventuras en el anime. Espero que siga cubriendo tus expectativas. Mil gracias! ;D

Luciana19: gracias! Todo un "abusador" jeje… pero a Candy como que si le gusta que le falten al respeto, jeje. ;D

Hellen Franco: si! Más besos! Gracias por tus palabras amiga! Y tu apoyo reciente, te lo agradezco! ;D

Verenice Canedo: estoy mal o tu eres Albertfan? Jeje… si es asi… ¡wow! Mil gracias por tu sintonía. Jeje… a la pecosa le gusta que le "falten al respeto". Jaja. Gracias! ;D

Ahora sí me despido... espero que hayan disfrutado el capítulo. yo disfruté mucho escribiéndolo. Como les dije, les subo el siguiente capítulo el domingo, sale?

Espero sus impresiones,

Saluditos ;D