Inu x Boku SS y todos sus personajes con propiedad de Cocoa Fujiwara; este fanfic esta hecho sin fines de lucro y con mucho amor .


Apricot

Tú eres mi hermosa música, mi dulce, mi brillante luz de sol.

Tú eres mi noche estrellada, el tesoro de mis pensamientos.


La respiración de Ririchiyo-sama es suave y entrecortada, tan silenciosa que es casi imposible escucharla a pesar de su dulce agitación.

Acurrucada dentro de aquel cálido y oscuro lugar, sus pequeñas manos sostienen sus desnudas piernas flexionadas contra su pecho. Su frente suave se apoya sobre sus rosadas rodillas, y tiembla de miedo. Intenta con todas sus fuerzas hacerse más pequeña, más etérea, invisible tras sus vestidos de verano, sus abrigos de invierno y los ribetes de su uniforme escolar.

El precioso armario de laca de su habitación, decorado con elegantes flores rojas y de empuñaduras de plata, es el lugar infantil y recurrente que ella ha utilizado para resguardar de ti su pequeño corazón.

Pero tú lo quieres. Sin importar que.

El simple sonido de tus pasos, acercandose al escondite en el que ella ha puesto toda su esperanza, la deja en carne viva. La dulzura de sus latidos se transforma en palpitaciones de conejito asustado, acorralado. Para torturarla, abres la puerta con extrema lentitud, disfrutando sin mesura del golpe de fragancia que se adueña de tus sentidos, el almizcle de su cuerpo acariciándose contra ti con timidez.

Sin vergüenza, con el deseo a flor de piel, hundes el hermoso rostro en sus vestidos. Tus dedos acariciando las telas oscuras, los relucientes botones, los delgados cierres... Amas cada olán, cada estampado, la textura suave o aspera de sus faldas, el organdí esponjado de sus vestidos de niña que tus dedos recorren con apetito de uno en uno, sabiendote cada vez más cerca de encontrarla para siempre tras esa exquisita y frágil muralla de seda y algodón.

En su pequeño cuerpo habita la ingenua esperanza de que no la encuentres, de que el negro de su cabello se confunda entre la oscura madera, la palidez de su piel quede oculta tras el satín de sus pijamas y que el azul de su vestido sea uno más.. Sin embargo, es imposible negar su realidad cuando lo que tocan tus manos ya no es más lino ni tul, sino sus terso y largo cabello, sus delgados y esbeltos hombros desnudos.

- Miketsukami-kun... - el pequeño susurro que sale de sus temblorosos y rojos labios choca contra la piel de tu cuello cuando ella se atreve a levantar la cabeza, tu cuerpo invadiendo sin miramientos el pequeño espacio que la ha aislado del mundo.

Tus manos rodean su delgado rostro con delicadeza, obligándola a mirarte. Sus brillantes ojos de largas pestañas ruegan por piedad. Y es tan bella, tan perfecta…

- Ojala pudiera. – le dices con sinceridad, sonriendo. Ambos lo supieron desde el principio, pero ahora es claro. Irreversible.

Son sus finas manos las que deshacen el primoroso moño de su liviano vestido, las que guían tu rostro a sus pechos turgentes y fragantes. Es ella quien, derrotada y ardiente, te acepta entre la suavidad de sus blancos muslos, llena de una pasión que se le desborda del cuerpo y a la que le teme, porque nadie la ha amado de esa manera tan compleja, tan absoluta.

Lágrimas brillantes y cristalinas resbalan por sus mejillas hasta sus pechos, y al sentir la humedad, desde la ternura se aviva y florece tu pasión. Se las limpias con suaves lamidas, porque eres su perro y siempre lo serás, y para confortarla le susurras unas últimas palabras, sonriéndole con el más infinito amor.

- Aférrese a mí, Ririchiyo-sama... y dígame qué es aquello de lo que no puede escapar.

Entonces la puerta de laca de armario se cierra tras de ti, haciéndola tuya para siempre.


¡Gracias por leer!