Ginny Weasley había cambiado mucho a los largo de los años, y no para bien, como solían recordarle sus hermanos quienes veían con malos ojos su vida nómada al lado de alguien como Luna.

No era ninguna idiota, sabía que ellos la juzgaban loca y exentica y que aclaraban con total claridad que terminaría sola rodeada de todos los animales imaginarios que se inventaba.

Y a Ginny no le importaba, de verdad, había pasado tanto tiempo y había madurado mucho más, que lo que le dijeran la demás gente dejo de importarle desde el momento en que decidió que una vida rodeada de la absurda monotonía en la que parecían caer todos, no era para ella, ni jamás lo sería.

En sus tiempos de adolescente siempre había soñado con ser jugado de Quidditch, era su deporte favorito y entre la comunidad estudiantil era un secreto a voces lo fantástica que era volando. Ginny entonces había sido una persona muy popular: bonita, amable, simpática, tenaz… todo eso le había dado un cierto prestigio que sólo sirvió para aumentar su ego.

Pero entonces los horrores de la guerra habían comenzado y Ginny de repente se descubrió sola, dolorosamente nada de lo que era le servía para sobrevivir, ni su popularidad, ni su habilidad con la escoba. Y había sido doloroso, mucho en realidad cuando había aceptado lo pequeña que aun era y lo grande que parecía el mundo.

Era, al fin de cuentas, sólo una adolescente que había terminando cayendo del sueño de la niñez demasiado rápido y de repente. Se había encontrado en la dolorosa y triste que a veces resultaba la realidad para los adultos jóvenes.

El año que la guerra terminó, Ginny lo recuerda con especial dolor y no sólo porque su hermano haya muerto, sino más bien por la cantidad de féretros para niños que se hicieron. Eso fue lo peor, la guerra no respeto edad, se llevó a quien estuvo a su paso y Ginny que, en ese momento, había observado el féretro del su amigo Colin ser enterrado, se dio cuenta que pudo haber sido ella en vez de él.

Sólo bastaba con que se hubiese encontrado en el lugar equivocado, con que de hecho, hubiese lanzado el hechizo demasiado tarde para que todo fuese diferente.

Había sido un duro golpe para ella, y cuando descubrió que ya no le quedaba mucho de lo que era antes, comenzó a preocuparse.

¿Quién era Ginny Weasley? Los amigos que aun conservaba cuando regresó a cursar su ultimo año, hubiesen aseverado que era la persona con más temple y valentía que habían conocido… pero, ¿realmente era eso? había actuado, después de todo, como las circunstancias se habían dado y los verdaderos héroes se encontraban descansando bajo la tierra.

Entonces dejo de sonreír y por primera vez lloró lo justo por Fred y por todos los niños que habían muerto. Porque le había dolido más de lo que jamás admitiría, no era valiente, no cuando temía tanto de su futuro, de jamás volverse a encontrar que incluso la respiración se cortaba.

Y fue en eses momento, mientras lloraba en algún baño abandonado, en el que todo cambio.

A veces, cuando Luna y ella se van a una de sus investigaciones y alguien —quién sea- pegunta cómo es Luna a Ginny, ella suele ser realmente ambigua, porque la verdad es que no tiene palabras para describirla… Luna es, al fin de cuentas, la única en su tipo y Ginny sabe mejor que nadie que jamás habrá persona más sincera e inteligente.

Dirá entonces que Luna es fuerte y valiente, dirá también que lucha por sus ideales como nadie y que es la mejor amiga que pudo haber pedido. Porque fue precisamente Luna, la lunática, la extraña, la irracional… la que descubrió a Ginny en los baños llorando, no dijo nada porque lo único que hizo fue sentarse y tomarle la mano.

Y Ginny lo aceptó, era todo lo que necesitaba.

—¿Quién soy realmente Luna?—había cuestionado apenas conteniendo el llanto y la mirada que recibió, profunda y sincera, la hizo sentirse pequeña.

—eres todo lo que quieras Ginny, jamás olvides eso—había dicho después de un mutismo espectador—tú eres la única que lo decides y son tus decisiones las que te alejaran de este autoimpuesto odio hacía la vida.

Habían sido, entonces las palabras de Luna las que más habían calado en su alma.

Y ambas se volvieron algo así como inseparables, hermanas, si se tenía que dar un calificativo. Entonces, cuando salieron de Hogwarts y Luna menciono acerca de su nuevo trabajo como reportera para el quisquilloso. Ginny tuvo la oportunidad de elegir, por un lado la carrera brillante como jugadora, que, estaba segura, sería todo un éxito y por otro, la búsqueda de ese "tal" que tanto solía mencionar Luna.

El tal que la hiciera levantarse cada mañana con una sonrisa, el tal que parecía no haber encontrado en ningún chico pero que Luna aseveraba que existía y que en alguna parte del mundo estaba, esperando a que ellas lo buscaran. Todos se había sorprendido tanto, su madre, su padre, sus hermanos… todos a su manera trataron de detenerla porque después de todo, un trabajo como periodista de un periódico de poca monta no aseguraba un buen futuro.

—…y no es para ti Ginny—había dicho Ron una tarde calurosa, tratando de convencerla—tú no estás hecha para ser como Luna, no los estas… ¿has pensado en lo que pasara con tu vida? ¿con tus relaciones? Queremos a Luna, ya lo sabes, pero no puedes negar que toda ese excentricismo la aleja de las personas.

—es sólo porque nadie entiende,—contestó con los labios apretados—lo especial que es Luna y lo feliz que seré buscando mi propio camino, o dime tú, ¿prefieres verme sumida en una vida que no me llené?

—no se trata de eso y tú lo sabes, además, puedes ser realmente feliz aquí con nosotros.

Claramente, nada de lo que le habían dicho había servido, Ginny tenía las ideas claras y las metas precisas así que a su familia no le quedo otra más que apoyarla y observar, como testigo silencio, los cambios que su hermana había tenido.

La ropa, el cabello, la actitud… al contrario de lo que todos pensaban, Luna había tenido poco que ver, que a similar a ella, había empezado a usar botas para excursión que combinaba con pescadores muggles.

Si Ginny había cambiado era porque había crecido y en aquellos múltiples viajes había descubierto aquella parte suya que ni siquiera conocía, se había conectado con la magia escondida, con la inocencia de los lugares y con el placer mundano pero relajante que sucedía cuando se sentía alguien realmente feliz.

Aunque, tenía que admitirlo, había veces en los que la otra Ginny salía, aquella que aun perdía los estribos con facilidad y resultaba demandante y mandona.

Y algo de lo que Ginny había aprendido a lo largo de los años, era que una actitud así era considerada normal y que su nueva forma de ser, tan parecida y diferente a la de Luna, con sus ropas anchas y sus pulseras de colorares, con sus respuestas ahora ambiguas y el misterio escondido en sus ojos, eran considerados verdaderos signos de locura.

Al principio (y aun ahora) era realmente divertido y Ginny disfrutaba descolocar a las personas con su anormalidad hasta el punto en donde terminaban alejándose de su lado; hasta que llego el punto en que no se rió más de ello porque la actitud que había adoptado ahora le pertenecía más de lo que aceptaría.

Y de repente Ginny simplemente se volvió diferente y sintonizo en otra frecuencia.

No era que le molestase, la verdad era que eso le hacía una persona feliz, pero a veces… sólo a veces, imaginaba como hubiese sido su vida si hubiese tomada la decisión que aparentemente era la correcta. Lo peor era que siempre llegaba a la misma conclusión, su vida nómada se le antojaba la realización total y pensar en algo diferente le daba nauseas.

Imaginarse rodeada de lujos que le hicieran sentir placer mundano, le parecía ridículo y así sería para cualquiera que como ella, descubriera que la vida no se trataba solo de tener y tener. Eran los pequeños momentos, las playas olvidadas, las risas espontaneas…. Eso era lo que hacía feliz a una persona.

—¿iras a ver a tus padres?—cuestionó Luna, quien sentada en un banquillo frente a la destartalada mesa de su departamento, escribía a un chico que había conocido meses atrás y que se había vuelto, para sorpresa de ambas, ese "tal".

—lo intentaré al menos—susurró mientras se calzaba sus viajas sandalias, Luna no volteó a verla aunque la sonrisa soñadora se hizo presente.

—tal vez lo que tienen sean muchos templees, en la cabeza—Ginny asintió de acuerdo.

—eso me parece a mí también Luna, aunque tengo la teoría de que están atrapados en ese mundano mundo material del que tanto temes tú—ella soltó un bufido.

—yo no le temo al "mundo material" si quisiera podría gastar todo lo que tengo en algo de ropa de Prada que tanto usan las mujeres—Ginny soltó una carcajada al imaginarse a su amiga con algún pantalón fino y zapatos de tacón alto.

—terminaría resucitándote, no creo que sobrevivas con el calzado femenino. Tendrías que caminar normal, ¿sabes eso?—Luna soltó una carcajada y volteándose, observó a su amiga.

Jamás había tenido una hermana, pero estaba seguro que lo que fuera que se sintiese, era lo que ella sentía por Ginny.

—Estas muy bonita Gin—

—díselo a mamá porque estoy segura que cuando me vea así lo primero que va a hacer será reñirme sobre mi falta de cuidado con la femineidad convencional.

—eso sólo porque te quiere—advirtió Luna, quien no había perdido la habilidad para soltar la verdad—y se preocupa por ti.

—yo no digo que no sea así—indicó Ginny despacio, Luna y ella no actuaban realmente locas cuando estaban justas y solas, eso sólo lo hacían cunado estaban rodeadas de gente o separadas. Y si actuaban, de hecho, un poco extraña no se daban cuenta porque habían aprendido a actuar así entre ella.—Simplemente digo que a veces se vuelve un poco estresante.

—eso está bien, el estrés ayuda a añorar los momentos de quietud—Ginny asintió con una mueca.

—y vaya que sí… de todos modos Luna, tengo que irme—soltó antes de tomar su varita y comenzar a caminar hacía la puerta.

—saluda a tu pretendiente por mí—Luna asintió.

—lo haré y tú trata de seguir tus instintos, ya te dije que el futuro en tu tasa de café avisa de un gran cambio.

—No sé porque tomaste esas clases Luna—murmuró Ginny—ya sabes lo mal que se me da seguir ese tipo de consejos.

—lo harás sin embargo—dijo antes de que la puerta se cerrara.

Ginny y Luna vivían en el mundo muggle, específicamente en un pequeño apartamento destartalado que solían dejar abandonado por meses, por eso de hecho, no les preocupaba lo pobre que lucia.

Y caminando en línea recta, terminó cerca de una de las paradas de autobuses a la que subió confiada, minutos después se encontraba dentro del subterráneo. A algunos les hubiese parecido loco que tomara tantas paradas para llegar a casa, sus hermanos sin duda se reirían. Pero a Ginny lee gustaba mucho aquel transporte muggle y algo que había aprendido por experiencia era que la puntualidad estaba sobrevaluada.

Entonces sin más, entro al bango que observó con atención, aun habían asientos libres pero ninguno de ellos le llamó la atención y su mirada se concentro en un hombre joven cuya cara tapaba con un periódico amarillista y que además, estaba alejando de sí a la gente.

Ginny curiosa caminó hacía él, fue entonces cuando el olor a algo quemado y podrido invadió sus fosas nasales y descubrió que el culpable era el hombre, sin más entonces se alzó de hombros y decidió sentarse a su lado.

—Hola—murmuró segura, iba a decirle sobre su extraño olor solo para salvarlo de las habladurías de las perronas, pero el no hizo mucho caso y Ginny al ver que no parecía importarle nada excepto el periódico, se alzó de hombros y se acomodó en la silla.

Pasarían sólo unos minutos después de que el tren arrancara para que Ginny terminará aburriéndose y sacando las castañuelas (tristemente, uno de los dos instrumentos que solo sabía tocar) y comenzara a hacer una melodía sin punto fijo, llena de matices diferentes.

Poco después empezó a cantar.

Y fue justo en ese momento en que lo sintió, su acompañante la estaba observando, tenía su atención.

Volteó sonriente, sin embargó sus cejas apenas se arquero de sorpresa cuando vio quien era él. estaba diferente y parecía haber tenido un mal día, pero seguía siendo guapo aunque ahora definitivamente su cuerpo se había desarrollado con éxito.

Sus ojos verdes brillaban en la sorpresa y ella se encontró sonriendo, Harry siempre había representado para ella, alguien muy importante. A pesar de que sus caminos se habían separado tanto, a pesar de todo…

Fue su amigo cuando ella logró recuperarse del enamoramiento enfermizo y poco después, el único que no crítico de forma tan poco justa, sus decisiones para el futuro. Eso había significado mucho para ella, a pesar de que el que ella se fuera y él se quedara había terminado por oxidar su relación.

—¿Ginny?—sin duda para Harry era una completa sorpresa encontrársela, ella no pudo evitar sonreír.

—qué tal Harry—el aludido desvió la vista y pareció buscar algo que no encontró porque entonces su mirada fija volvió a posarse en la muchacha.

—¿qué estas haciendo aquí?—a Ginny sin duda le resulto divertida la pregunta y la contesto de la manera más común que encontró.

—Tomando el subterráneo como tú, ¿no es bonito aquí?—cuestionó con una sonrisa, le divertía la manera descolocada con la que Harry estaba actuando.

—pensé que estarías en la madriguera—ella asintió segura.

—no es elegante llegar temprano—y fue todo lo que necesito Harry para reír nerviosamente.

—no hablas en serio—pero la mirada que le dio Ginny le demostró que en realidad sí lo hacía.

—por supuesto, ¿conoces la historia de aquel que llegó a la hora en punto y terminó medio degollado?—él hizo una mueca—pues eso mismo, estoy dejando que las aguas se calmen un poco—Harry asintió nervioso.

—Ron me dijo que acababas de llegar.

—en realidad llegué hace un par de semanas—le confió—pero hasta ahora di luz verde para un encuentro familia y…

Pero su platica se vio cortada cuando un niño pequeño, a unos pasos de ellos, vomitó ruidosamente ante la mirada enojada de su madre, sin embargó, el tren se detuvo y Ginny tomó la mano de Harry.

—será mejor que nos bajemos—el trató de soltarse pero ella no lo dejó.

—pero Ginny yo…

Sin embargo se dejó llevar y después caminó a su lado hasta que salieron del subterráneo, Harry no conocía la calle pero se dijo que de todos modos, si algo con Ginny salía mal solo desaparecería.

Cuando llegaron a un parque de juegos, Ginny por fin soltó su mano y se encamino hacía los culpaos. El chirriante ruido del vaivén inundo sus oídos y suspirando se acercó a la muchacha, ahora sabía a lo que se refería la familia Weasley con Ginny.

—siéntate, esto es divertido.

—¿Por qué tenias tanta prisa en salir y llevarme contigo?—cuestionó cuando, ya sentado comenzó a hacer círculos en la tierra con la suela del zapato.

—estabas mareando a las personas—él la observó curioso—puede que yo tenga buen estomago pero el niño que vomito ruidosamente al no soportar tu olor, no lo tiene.

Harry se puso colorado antes de oler descaradamente su suéter.

—yo no huelo nada.

—eso es porque ya te has acostumbrado al olor, dime ¿es algún tipo de perfume?

—de seguro es la bazofia que me explotó en la casa de Hermione, no se trata de ningún perfume, Merlín, Ginny; te lo agradezco pero no te burles de mí—los ojos cafés y profundos de la pelirroja lo encontraron.

—no me estoy burlando—murmuró con su tono tranquilo—y no sería nada malo que utilizarás un perfume con ese olor—él rodó los ojos.

—¿no crees que se van a preocupar por ti cuando no llegues pronto?—ella negó.

—ya me conocen Harry—después lo observó—¿cómo estás?

—bien.

—esa es una respuesta demasiado criptica, ¿podrías ser más calificativo con tus sentimiento?

—¿qué?—ella lo observó.

—un bien tiene dos polos opuesto, ¿Cuál es el tuyo?

—¿el positivo?—se removió incomodo.

—¿de verdad?

—por supuesto—ella asintió.

—no eres buen mentiroso—él suspiró con fuerza, Ginny comenzaba causarle jaqueca.

—y tú no sabes cuando callarte… diablos, lo siento Ginny.

—no me molesta—dijo despreocupada—porque tienes razón, no sé cuando callarme, un gran defecto mio, ¿Cuáles son los tuyos Harry?

Era una plática trampa, Harry lo anticipaba y sin embargo no podía hacer otra cosa más que responder sus preguntas.

—tú los conoces, la gente suele conocer los defectos de los demás con más facilidad que uno mismo—ella asintió.

—pero muy dentro de ti, los sabes, ¿cuáles son?

—Ginny…—ella suspiró.

—entiendo el tono de advertencia y estimo que saltaré el límite y volveré a preguntarte, ¿cuáles son?

—no es…

—no debería incomodarte como lo hace ¿sabes?—el bufó.

—soy demasiado orgulloso, ¿feliz?—ella sonrió.

—¿eres feliz?—la cabeza de Harry dolió con más fuerza, la pequeña mujer estaba jugando con él y de repente se sintió muy, muy enojado.

—no voy a contestarte nada.

—lo estás haciendo.

—esa no fue una respuesta—bufó exasperado.

—¿Qué fue entonces?

—Un anuncio, simplemente—Ginny sonrió triunfal.

—pensé que ya no me contestarías nada—Harry bufó desesperado y enojado consigo mismo y con la mujer, se levantó.

—me tengo que ir—Ginny lo observó con atención.

—está bien Harry, fue divertido—él bufó.

—¿juegas así con toda la gente?

—no estoy jugando contigo Harry, sólo te pregunté algunas cosas.—él suspiró con fuerza.

—sólo hazme un favor y utiliza ese extraño método con Ron, necesita un escarmiento también.

—fue bueno verte—él rodó los ojos.

—eso, nos vemos luego Ginny—soltó antes de desaparecer.

Al final la pelirroja soltó una carcajada. No recordaba que Harry fuese tan fácilmente maleable y la mayéutica a ella se le antojaba su mejor. Sería divertido, sin ninguna duda, hacer que descubriera un poco e sí mismo haciéndolo explotar.

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Si llegaron hasta aquí, gracias por continuar leyendo y perdonen la tardanza… Espero de verdad que la idea de está Ginny extraña y saca casillas les guste.

Cuídense mucho. Y nos vemos en los comentarios. Que por cierto, ¡gracias a todos los que comentaron!