Perdón por la tardanza. Tenia como mil exámenes esta semana y no pude escribir sino hasta ayer. Lo peor es que estuve toda la semana esperando el cap de Naruto y cuando dicen que lo interrumpían por el dia del trabajador y no lo iban a publicar al día siguiente, casi me dan ganas de ir a Japón o Estados Unidos a golpear a quien sea que distribuya Shonen Jump y el manga de Naruto.

En fin, la fase B resultó ser igual o más larga que la fase A, pero menos tediosa de escribir. No habrá demasiada acción, solo mucha reflexión de parte de Madara.

Gracias por las visitas y reviews. Como siempre, se los agradezco de corazón Y la oferta de galletas sigue abierta. LOL. En serio, el clan de Ranmaru no es tan difícil de adivinar.

NARUTO NO ME PERTENECE. SI LO HICIESE, TOBIRAMA SE PARECERÍA UN POCO MENOS A SESSHOMARU TANTO EN FÍSICO COMO EN PERSONALIDAD.


Madara debía aceptar que al menos durante la fase A, él había tenido alguna idea de que hacer puesto que todo giraba alrededor de lo militar, algo con lo que él había estado familiarizado casi toda su vida. Pero la fase B no se trataba de él como líder militar ni como estratega ante un consejo. No, esta fase se trataba de algo de lo cual Madara había sido aislado desde muy pequeño: la vida del Uchiha común.

Tajima pudo haber sido un buen padre (desde el punto de vista de Madara) más nunca le enseño a su hijo el arte de la persuasión y el entendimiento hacia aquellos de clase más baja, como herreros, mercaderes, sirvientes o artistas; tal vez debido a que en el mundo en el que vivían, estos pequeños trabajos y talentos no eran muy apreciados por todos (especialmente por los clanes ninja) o simplemente porque él mismo no había tenido mucho contacto con esta gente. Independientemente de todo esto, el viejo Uchiha no le había transmitido a ninguno de sus hijos ninguna información o "truco" sobre este tema y ahora Madara debía pagar por eso.

Como todos los cercanos a Madara sabían, él Uchiha no tenía precisamente las mejores habilidades de socialización. Es más, se podría afirmar que no tenía "pocas" sino "ninguna" en el ámbito de socializar con su gente. Si, él les tenía cariño y los protegía y ellos por su parte lo respetaban (hasta hacia poco tiempo) más como hijo del líder, siempre recluido, protegido u ocupado, nunca había estado realmente en conjunto con el resto de su clan.

Ahora bien, Madara necesitaba completar la fase B se su plan si quería que S.P.A.S.M.O funcionase y al final terminara ganándose el respeto de su gente y quien sabe, tal vez su afecto y adoración también, aunque esto último era bastante improbable. Pero aquí, dentro de la fortaleza Uchiha, Madara era relativamente un renacuajo en un lago de sapos. Las miradas de los demás, que casi nunca lo afectaban, ahora eran grandes impedimentos para él poder lograr su objetivo.

Por eso, aunque determinado al inicio cuando de salió de la enfermería hacía ya dos días con una feliz Ayame y un serio Kori a sus espaldas, ahora se sentía intimidado por toda la situación. Y no era que no lo estuviese intentando. No, Uchiha Madara nunca se retiraría de una pelea solo porque sus intentos estuviesen resultando inútiles. El verdadero problema era aquí era que Madara lo intentaba, intentaba hablar con sus congéneres e interactuar con ellos, y sinceramente le iba mal. Pero bien mal. Se podría decir que "apestaba" en esto, aunque el Uchiha nunca lo admitiría. Era demasiado orgulloso.

Los días anteriores, apenas si con fuerzas para caminar alrededor de la fortaleza, Madara había salido a "conocer" a su gente. Con "conocer" se refería a "observar" como un halcón a su presa en medio de las casas y mercados adentro y fuera de la fortaleza. Al principio desapercibido, Madara se había contentado con notar los pequeños hábitos, tics, expresiones, gustos y disgustos de su gente. Desafortunadamente, con el tiempo su gente lo descubrió y no solo lo tacharon de "loco" y "acosador", sino que en algunos casos también de "pedófilo" y las personas se dedicaron a ignorarlo o a huir de él.

En resumen, no le había ido nada bien. Ahora mismo, sentado de nuevo bajo el tibio sol de la mañana, Madara pensaba seriamente sobre la valía de la fase B, recordándose una y otra vez que necesitaba el apoyo de su gente, que no podía cambiar esto por algo más porque nada llenaría el vacío. Y que sin el apoyo de su gente, su meta de ser Hokage seguiría siendo lo que parecía ese día, un sueño inalcanzable.

El Uchiha suspiró. Las cajas vacías que antes contenían todas las cosas de su habitación yacían en el suelo, rechinando en protesta por su peso sobre ellas. Madara se recostó sobre la pared tras de sí y en donde se apoyaban las cajas mirando a los ahora más que nunca conmocionados peatones Uchiha pasar de un lado a otro por el barrio. Sinceramente no tenía ni idea de que hacer y no estaba de humor para que más de sus ninja viniesen a su casa a tocar la puerta y preguntar sobre sus últimas acciones, claramente preguntando sobre el estado de su cordura. Si alguien más hacia eso, quien sabe, tal vez si se volvería loco y terminaría arrancándoles el corazón con de un solo tirón.

Madara suspiró de nuevo y esta vez golpeó su cabeza contra la pared tras de sí. A este paso, la operación estaría perdida antes de llegar a la mitad. Y eso sería una lástima, teniendo en cuenta el esfuerzo que todos sus amigos habían hecho para ayudarle y el hecho de que la salud de otros había sido afectada durante la realización.

Kurasu.

Madara comenzó a golpear continuamente la cabeza contra la pared, tratando de olvidarse del aún inconsciente Uchiha. Todo había sido su culpa, o al menos eso era lo que sentía Madara, fuese o no verdad. Si no hubiesen tenido que hacer la fase A, el escuadrón habría sido distinto y también las ocasiones y posibilidades. Pero ¿Habría sido el resultado realmente distinto? Puede que al final, no sería Kurasu quien se lastimase de tal manera, ¿pero valía la pena que fuese alguien más? ¿Era Kurasu, por ser Uchiha, realmente tan importante para Madara? ¿O era el hecho de que le había fallado a un compañero lo que realmente le molestaba?

El Uchiha se detuvo y cerró fuertemente los ojos. Sin importar nada de eso, ahora tenía que terminar esa misión, al menos por el desconocido sacrificio de Kurasu. Además, se dio cuenta el Uchiha, no podía ir por ahí lamentándose en la vida. No podía cambiar el pasado, la vida no era ninguna clase de sueño o ilusión donde todo el mundo ganase.

No, el mundo real era duro y podía derrumbar desde el más débil de los individuos hasta el más fuerte de los imperios. Como le había dicho a Kurasu pocos días antes, un shinobi no podía dejarse ganar por la duda, sino entonces esta plagaría su mente y lo apartaría de su meta. Por eso Madara evitaba que tan siquiera la duda de "¿Qué pasaría si no me eligen como Hokage?" pasase por su mente. No tenía tiempo para pensar en el fracaso.

Aun así, el Uchiha no pudo evitar hacer una mueca de molestia y jugar con las mangas de su gabardina azul. No sabía qué hacer y no quería pedir ayuda. Su orgullo lo hacía físicamente incapaz de pedir ayuda, no en ese momento. Solo lo había hecho una vez y aunque se había sentido bien y había tenido con resultados favorables, ahora sentía que pedir ayuda para un asunto tan trivial sería demasiado degradante y humillante para su gusto.

Por milésima vez, Madara suspiró, y esta vez agachó la cabeza. Todo esto era deprimente.

"¿Piensas quedarte ahí suspirando como un enamorado todo el día o vas a levantarte y hacer algo útil por ti mismo?" La voz burlona de Kori a su lado no le levantaba el humor para nada. Madara cerró aún más fuerte los ojos, tratando de ignorar a sabelotodo anciano.

"¿Oh, piensas ignorarme? Bien, supongo que tu viaje por el bosque te sirvió para hacerte el hombre más sabio e independiente del mundo. Bien por ti." Ante este comentario, Madara tuvo que alzar la vista y mirar al otro con odio, mirada que para su sorpresa fue devuelta con una de reproche.

Kori aún seguía algo enojado por la "irresponsabilidad" de Madara durante la misión. El Uchiha no entendía muy bien porque, la verdad. El anciano no había estado allí y no sabía que había ocurrido, al menos de que Tobirama, Hayabusa o Kamo le hubieran contado, aunque aun así Madara no sabía que parte de todo eso había sido su culpa. Aunque a Kori le daba aparentemente igual, porque no olvidaba nunca en recordarle su opinión al respecto.

Madara suspiró una vez más para la mucha molestia de Kori, negó con la cabeza y apoyo su frente sobre su mano y brazo, los cuales estaban apoyados sobre su pierna derecha con la otra doblada hacia su pecho. El Uchiha intentó mirar hacia otro lado y así evitar esa conversación y agravar el dolor de cabeza que empezaba a sentir. Puede que se sintiese desesperado, aunque fuese solo un poco, pero no podía dejar que otros lo leyeran tan fácilmente.

"¿Quieres algo anciano o solo viniste para molestarme?" preguntó Madara sin mirar a Kori. El viejo negó con la cabeza mientras caminaba hacia el más joven.

"Me informan de que tu conducta ha sido "irregular" durante desde que volviste de tu misión" respondió Kori con un tono casual. Demasiado casual para el gusto de Madara. "Dicen que muestras signos de locura y antipatía, acosando a la gente desde rincones oscuros y amenazando a los niños. Dicen también que deberían mantenerte encerrado en tu casa, pues puedes volverte contra el clan en cualquier momento. ¿Es esto cierto?"

"¿Ahora quieren encerrarme?" preguntó Madara con una sonrisa sardónica sin ponerle mucha atención a la primera parte. No le sorprendía que ahora sus congéneres sacaran su plan y actitud aparentemente errática como excusa para apartarlo definitivamente de sus vidas. Eso sí que era una motivación para seguir su plan. Solo faltaba que escogiesen el día de mañana a Hashirama como Hokage y lo expulsasen a él de la aldea.

Kori frunció el ceño ante esa reacción. " ¿Te sorprende?"

"La verdad, la verdad… no."

Kori dejó salir una risilla ante la respuesta del Uchiha. "Supongo que todo esto tiene que ver con la fase B, ¿no es así?"

"Si…¿Y?" Madara no sabía cuál era el punto de esa conversación, más las ganas de alguna clase de contacto humano, el cual había sido negado en esos dos días, le hacía querer seguir hablando con Kori.

"No lo estás haciendo muy bien, muchacho."

Madara de tapó los ojos con su mano, sus hombros caídos en señal de derrota. "Dime algo que no sepa, viejo."

Kori le sonrió con compasión al chico. Este resultado era de esperarse de Madara, siendo sinceros. El pobre joven no había tenido mucha interacción con aquellos no-ninja del clan, lo que lo había dejado en una situación bastante incomoda y deplorable para alguien como su persona, quitándole las fanas de continuar con toda la operación. Kori deseaba cambiar todo aquello.

El anciano, quien era primo hermano de Tajima, sabía que el viejo líder, que en paz descanse, no había sido la mejor figura paterna para el chico. Ahora el orgullo que había heredado de su padre le impedía mostrar debilidad o pedir ayuda ante esa "absurda" situación, pero afortunadamente, a Kori no tenía que pedirle ayuda. Se la daría con gusto, agradéceselo al final o no.

"Así que ¿ya sabes cómo ganarte de vuelta el clan?" el tono pretensioso de Kori no pasó desapercibido para Madara. El viejo tramaba algo.

"No, aun no tengo ninguna idea en particular, aunque sé que la tendré pronto. ¿Por qué preguntas?"

Kori se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza, tratando de aparentar inocencia.

"Solo por curiosidad… ¿Sabes algo? Creo que el día está demasiado hermoso como para que un joven como tú de la pase el resto del día planificando no sé qué cosas y preocupándose por tonterías. Tal vez sería mejor que tomases este día como libre, haciendo… no sé, caminando conmigo o algo. ¿Qué dices, Madara?"

La propuesta sorprendió al líder Uchiha. ¿Tomarse el día libre? Pero si apenas había empezado con su misión. No tenía tiempo que perder en asuntos menos importantes cuando una fase tan importante estaba siendo realizada y cuando él estaba a punto de descubrir-

Ah, ¿a quién estaba engañando? No tenía ni la menor idea de cómo proseguir desde ahí. Tal vez pasar un poco del día con Kori sería lo ideal para meditar sobre la respuesta. Quien sabe, tal vez una fuerza divina lo bendijese con la respuesta para el final del día. Y siendo sinceros, la idea de un descanso real le sonaba muy bien al cansado y herido cuerpo en recuperación de Madara.

El líder Uchiha miró a los ojos a su más cercano concejero. Kori lo miraba de vuelta con ojos expectantes y algo picaros, como si supiera que pasaba por la mente del menor. Madara suspiró de nuevo y de levanto de las cajas, sacudiendo y desarrugando su ropa, señalando con la cabeza el camino.

"Muéstrame el camino que quieres que recorramos, Kori."

La sonrisa alegre del anciano por alguna razón, hizo desaparecer las preocupaciones que Madara tenía en ese momento, aunque solo temporalmente.


El anciano Uchiha y Madara caminaban por un jardín lleno de árboles frutales dentro de la fortaleza del clan. Como el resto de cosas allí, ese lugar era una réplica bastante aproximada al original: la fortaleza original había tenido un jardín así también, mas de seguro con el paso del tiempo, dentro de poco seria irreconocible. Una lástima que semejante obra de arte se perdiese después de tantas generaciones, pero que más se podía hacer.

El lento paso de Kori molestaba a Madara un poco, quien sinceramente era intolerante frente aquellos que le hiciesen malgastar su tiempo. Pero este era Kori, su mano derecha, así que por esa vez trataría de hacer una excepción y tenerle paciencia al anciano. Además, él conocía a Kori; sabía que tal lentitud debía ser a propósito y no porque el viejo no podía ir más rápido.

El sol de la mañana, ya en todo su furor, iluminaba todo el jardín dándole a este, con el reflejo de las plantas, pequeños lagos y fuentes, un aspecto de otro mundo. Madara, aunque no apreciando del todo el paisaje, debía aceptar que era hermoso, y se arrepentía de no haberse tomado el tiempo de apreciar el original, el cual debía ser aún mejor. No sabía de lo que se había perdido en realidad.

Ambos Uchiha hablaban sobre todo y nada a la vez, enfocándose más en los intentos fallidos del menor por entablar una conversación amistosa con sus congéneres, suscitando muchas rizas por parte de Kori ante la inocente ineptitud del menor y muchos reproches, quejidos y humillaciones de parte Madara. Para el líder Uchiha, aunque un poco molesto y avergonzado, tener ese momento de paz con el anciano era el cielo. Un momento en donde pudiesen reír abiertamente de sus errores, en vez de preocuparse por esto y por aquello. Era realmente relajante.

Lo que Madara no sabía era que el anciano no había olvidado ningún quehacer del menor y en realidad tenía un plan de para ayudarlo sin que este se diese cuenta. Si Madara no sabía nada sobre esto, no sentiría la compasión que Kori sentía hacia él en ese momento y no sentiría que debía negar la ayuda de Kori por el bien de su orgullo.

Caminando por el jardín, el líder Uchiha pudo notar que más adelante, por el camino que ellos transitaban, varios miembros del clan, la mayoría jóvenes y adultos varones, estaban cargando y moviendo varias cajas y escombros que habían sobrado de la construcción e instalación de los Uchiha en la fortaleza. La basura le quitaba algo de esplendor del lugar, de ahí las ganas de los Uchiha de quitarla.

Entre ellos, Souta, quien en ese instante parecía coordinar toda la operación con otros hombres de la guardia, de vez en cuando llevando la carga más pesada a su destino.

Madara parecía inseguro de querer seguir caminando en aquella dirección. Los Uchiha ya estaban lo suficientemente tensos durante aquellos días con su presencia como para que los molestase cuando ellos realizaban su tarea. Mas para su desgracia, Kori tenía otros planes.

"¡Ah, Souta-san!" Saludo Kori desde la distancia al jefe de la guardia, quien al escuchar su nombre volteó en dirección de los otros dos y devolvió el saludo con una mano y una sonrisa en la cara.

Madara se mortificó, pues muchos de los miembros del clan voltearon también a mirar a Kori y al verlo a él, parecieron tensionarse, algunos trataron de caminar más rápido, a otros se les cayeron las cajas y otros empezaron a murmurar entre ellos mientras miraban en su dirección. En otro momento, a Madara no le habría importado mucho, más en ese momento no podía evitar sentir un vacío en el estómago cuando observaba la escena.

"Kori…" susurró Madara al anciano mientras el devolvía el saludo de nuevo con la mano. "Creo que deberíamos seguir por otro camino antes de que-"

"Tonterías." Lo interrumpió Kori con una sonrisa despreocupada. " Ellos parecen bastante entretenidos ¿no crees? Deberíamos unírnosles."

Cuando Kori pronuncio esas palabras, a Madara casi le da algo. Mortificado, intentó detener al otro Uchiha quien ya caminaba en esa dirección, más para su sorpresa y antes de que pudiese reaccionar, Kori había tomado su brazo derecho y había empezado a caminar de una forma que le recordaba al líder Uchiha la manera con la cual Ayame siempre sostenía a Zaku durante sus visitas en la tarde hacia dos semanas. De esa forma, Madara no podía escapar, no sin quedar mal frente al público presente.

"Carajo" se lamentó mentalmente Madara.

Llegando donde Souta, Kori y Madara pudieron observar más de cerca toda la operación, y también al sonriente pero preocupado jefe de la guardia Uchiha.

"Hey Souta-san." Saludo de nuevo Kori con un tono casual. "¿Cómo has estado?"

"Bien Kori-sama, Madara-sama." respondió Souta con una pequeña reverencia. "¿Qué los trae por aquí?"

"Nada en realidad." Respondió Kori antes de que Madara pudiese siquiera abrir la boca. "Buscaba hacer ver a este chico que no debía seguir perdiendo el tiempo en este día tan bonito."

Madara no sabía si reír o molestarse ante el lenguaje tan infantil de Kori, pero independiente de eso, quería que el otro le soltase el brazo. Ya estaban recibiendo miradas extrañadas en su dirección.

"Oh ¿en serio?" respondió Souta, dándose cuenta inmediatamente de que Kori tramaba algo, habiendo hablado con el anciano durante la última semana y dos días sobre la operación que llevaba a cabo Madara y sobre su verdadero progreso.

"Aja." Kori asintió. Mirando ya a Souta y notando su preocupada mirada, el anciano Uchiha frunció el ceño. "¿Pasa algo, amigo mío?"

"No, no es nada." Respondió Souta, alzando las manos en señal de que no era importante. "Solo estaba pensando en que me faltan algunos hombres para realizar este trabajo."

"¿Por qué no utilizas clones de sombra?" preguntó extrañado Madara, por fin entrando en la conversación.

"Oh, no. No podemos hacer eso." Negó. Ante la extrañada mirada de su líder, el jefe de la guardia agregó, "Ni nosotros ni los civiles queremos darles a los Senju ninguna razón para preocuparse."

" O para pensar que somos una amenaza" terminó Madara en su mente.

"Así que hacen todo ustedes sin ninjutsus ni nada de eso." Comentó Madara.

"Así es. Hace que las cosas sean más complicadas, mas supongo que es para bien al final."

"¿necesitas ayuda?" pregunto inocente Kori y Madara tuvo que evitar dejar salir un gruñido. ¿Qué pensaba ese viejo?

"Yo… no creo que sea necesario Kori-san." Dijo algo dudoso Souta. El jefe de la guardia quería ayudar en lo que fuese que Kori estuviese planeando, en serio, más estaba preocupado por la reacción de los demás Uchiha frente la ayuda del temido (y ahora algo ridiculizado) Madara.

"Oh vamos, ¿dijiste que necesitabas más hombres, no?" El anciano no esperó respuesta del otro y arrastró a Madara por el brazo hasta donde se encontraban unas cajas. Los demás miembros del clan los veían con confusión e inseguridad.

"Kori-san" dijo Madara, susurrando entre dientes cuando Kori lo dejo libre por fin y se agachó a recoger una de las cajas. "¿Qué haces?"

"¿Qué parezco que hago? Estoy ayudando." Respondió simplemente el anciano. Cuando logró cargar la caja, hizo una mueca de dolor y puso de nuevo la caja en el suelo. "Oh, mi pobre espalda. Se me olvidaba que ya no soy tan joven como antes. Madara, se bueno y ayúdame con esto ¿quieres?"

Si ambos hubiesen estado solos, Madara estaba seguro de que para entonces hubiera intentado matar al otro para ese momento, indignado ante la forma infantil como lo estaba tratando. Pero allí, donde esto le era imposible, Madara no tuvo otra elección que resignarse a su suerte y recoger la caja que Kori había intentado levantar.

Ya con ella en los brazos, Madara alzó las cejas como preguntando "¿ahora qué?". Kori le sonrió y le señalo el punto donde llevaban el resto de los escombros y donde, desafortunadamente para el líder Uchiha, se congregaba la mayor cantidad de gente.

"Maldito" fue todo lo que pudo pensar Madara cuando se dirigió a ese lugar. Todos sus otros pensamientos desaparecieron o se volvieron erráticos por el temor y nerviosismo de Madara ante las personas de su clan.

Colocando la caja junto a una gran pila, Madara observó que había una niña la cual tenía problemas para cargar su caja, siendo ella tan pequeña. Madara sonrió un poco ante la imagen, la niña posiblemente había venido a ayudar a su padre.

Cuando la niña estaba a punto de caer, Madara tomó la caja de sus manos y la puso junto a la pila con la caja que él había traído. La niña lo miró con sorpresa y él le sonrió, recordando en la mirada de esta como Izuna solía mirarlo cuando entrenaban o le leía un rollo cuando eran muy pero muy pequeños. La niña le sonrió de vuelta, aunque la aprensión era clara en su mirada. Inmediatamente, el padre de la niña la llamó, asustado por toda cercanía de su hija hacia Madara y esta corrí de vuelta a abrazar a su padre.

Madara sonrió con lastima mientras el hombre lo miraba con sospecha.

Algunos Uchiha miraron con odio o con sospecha a Madara, habiéndoles llegado rumores sobre el comportamiento de líder y de las posibles causes de este, más afortunadamente estos fueron la minoría. La gente "normal" del clan, aunque no le tuviesen mucho respeto a su líder, al menos sabía que él no era ningún loco.

El líder Uchiha se devolvió hasta donde Kori, quien lo observaba pensativo. Al ponerse a su lado, Kori, sin decir ni una sola palabra, le señalo a Madara la siguiente caja indicándole así que la tomase. Aunque un poco molesto por tener que llevar otra caja, Madara lo hizo así sin problemas, llevando una y otra caja, y para su sorpresa, muchos Uchiha terminaron ayudándole. Al pasar un par de horas, algunos ya habían intentado hablar con él, y aunque las conversaciones fuesen pequeñas e insignificantes, Madara no pudo evitar sentir una sensación de victoria cuando dejó aquel lugar junto con Kori, con Souta y otros miembros de los Uchiha despidiéndose a sus espaldas.


"Aaah, ¿lo ve Madara? Era mejor que saliéramos a caminar" comentó el viejo sonriendo y dándole un golpecito en la espalda.

"Supongo que sí." Madara sonrió de vuelta y miró al cielo de la mañana. ¿Por qué cuando lo había intentado antes, no había podido conectar con su gente?

"Para entender las cosas, debes involucrarte con ellas." Respondió Kori, sorprendiendo a Madara.

"¿Es que ahora lees mentes, viejo?" preguntó Madara con tono sarcástico.

"No. Solo te conozco muy bien."

Ambos seguían en su caminata por la fortaleza, esta vez en un terreno algo vacío en donde los niños jugaban con una pelota. Madara pudo reconocer a los dos mocosos que lo habían acompañado en el viaje y aunque lo hubiesen molestado, debía aceptar que estaba feliz de verlos. Cuando él había sido pequeño, no había tiempo para juegos. Siempre había guerra, conflicto. De vez en cuando lograba escapar de casa para entablar alguna conversación con su amigo de apellido desconocido, más siempre las oportunidades habían sido pocas.

Aquí, frente a él estaba la infancia que a él le hubiese gustado. Sin guerra ni problemas, solo juegos de niños, tal como debía ser. Tras la fría expresión del Uchiha mientras veía esto se ocultaba una sonrisa y sensación de satisfacción. Puede que al principio no le hubiese gustado nada de esta aldea, más Konoha probaba ser valiosa con el solo hecho de permitirle a las nuevas generaciones disfrutar de sus vidas. Al final, su sueño, el de Hashirama y el de muchos otros, había valido la pena.

Kori observaba fascinado al menor miraba a los niños con una "chispa" en sus ojos, como coloquialmente solía llamarla Hashirama. Esta era el reflejo de los sentimientos y alma de Madara, y solo se dejaba ver cuando estaba feliz o determinado.

El anciano posó luego su mirada en los niños, recordando el también su propia infancia, y como esta no había diferido mucho de la de Madara.

"Son tiernos, ¿No?"

"Si…" respondió Madara algo distraído. Por un segundo pudo imaginarse a sí mismo y a sus hermanos jugando en un sitio como aquel, con la única preocupación de que su madre no los regañese por llegar tarde a comer y sin percatarse realmente del paso del tiempo.

Y así, Madara se imaginó siendo feliz.

Los pensamientos de Madara fueron interrumpidos por la pelota, la cual había rebotado hasta sus pies cuando uno de los pequeños la había pateado lanzado demasiado fuerte. El líder Uchiha miró la pelota con extrañeza y se agachó a recogerla.

Los niños, inseguros de que hacer, empezaron a mirase y susurrar entre ellos. Toda su vida les habían dicho que aquel hombre era peligroso y que le debían tener miedo y gran respeto, por lo que no querían acercársele.

Solo uno de ellos, quien Madara reconoció como Nobu, el menor de los dos niños con los que había viajado, se atrevió a acercarse, o más bien lo empujaron de atrás hacia el mayor. El menor se acercó cauteloso e inseguro, algo que extraño a Madara puesto que el niño no le había mostrado aprensión anteriormente.

"Ma-madara-sama…" llamó el pequeño. "¿po-podrias devolvernos la pelota?"

"¿Qué pasa?" pregunto Madara extrañado, su mirada siendo lo único que mostraba su confusión. "¿Por qué me temes?"

La pregunta pareció confundir algo al pequeño, quien en realidad no sabía muy bien que responder. Mirando hacia el suelo de tierra y haciendo un hueco en él con su sandalia, el niño se decidió a responder,

"Mamá dice que estas raro últimamente y que no debería acercarme a ti porque te podrías enojar y nos tendríamos que ir." Respondió rápidamente el niño, dejando a Madara con poco tiempo para entenderle. "Y si nos vamos, entonces no poder hablar con mis amigos fuera del clan y tendremos que seguir peleando. Y yo no quiero que nii-san siga fuera de casa con papá en vez de jugar conmigo y algún día tenga que irse a pelear en un viaje muy largo y nunca regrese…"

A Madara y Kori les sorprendió la rapidez con la que el niño había hablado, mas no se concentraron en eso. Hasta los niños le tenían miedo a Madara, aunque por razones diferentes a las de los adultos.

"No estoy enojado…"comentó Madara sin pensarlo. Nobu le recordó a Madara que los Uchiha todavía estaban en la cuerda floja gracias a él. Madara los asustaba y los hacía temer por el futuro. Ojalá pudiese cambiar eso pronto.

"¿S-seguro?" Pregunto el niño mirando hacia arriba, directamente a los ojos del mayor. Madara se agachó y estiró los brazos para que el niño tomase la pelota.

"Si" respondió Madara. El líder Uchiha pudo haber tirado de vuelta la pelota hacia el niño, pero quería comprobar algo que le estaba molestando. Quería ver si, ante todo su miedo, el niño era capaz todavía de acercársele.

Nobu caminó hacia él con pasos lentos y pesados, tal vez esperando que Madara hiciese algo que un adulto haría cuando enojado. Mas nada de eso llegó, pues pudo tomar la pelota de las mismísimas manos de Madara sin que este moviese ni un dedo en su contra.

"Gracias…"

El niño se quedó mirando primero la pelota y luego al mayor, quien después de un momento él sonrió y puso la mano en su cabeza, asustándolo. Madara no podía evitar que todo niño le recordase a Izuna. Aún extrañaba mucho a su hermano menor.

"¡Hey!" se quejó el niño cuando Madara agitó la mano sobre su cabeza, despeinándolo. Nobu se quito la mano del otro de encima. "¡Para ya!"

Madara y Kori rieron ante la reacción del menor. El líder Uchiha se puso de pie, listo para irse, pero se detuvo cuando sintió que algo le agarraba el final de la gabardina. Madara se dio vuelta y observo como Nobu tenía su ropa fuertemente con la mano y sin devolver su mirada.

"Madara-sama… ¿tendremos que volver a pelear?" preguntó inocentemente el niño, haciéndole sentir a Madara un hueco en el estómago. ¿Qué se suponía que debía responder?

"No… espero que no." Respondió el líder Uchiha. Nobu no lo soltó ni por un segundo.

"¿Cómo he de creerte? Ustedes los adultos son tan raros." Madara se agachó de nuevo frente al niño.

Mirándole a los ojos, le dijo,

"Nobu-kun, no habrán más peleas, al menos no con los Senju. Tendrás mucho tiempo de sobra para jugar con tu hermano. Lo prometo."

Madara sonaba sincero y seguro, lo suficiente para el niño. Nobu sonrió con fuerza y después de asentir con la cabeza, volvió corriendo junto sus amigos.

Kori se quedó viendo a Madara quien seguía agachado, pensativo. No puedo evitar preguntarse si de verdad había dicho eso en serio. Igualmente decidió no preguntar sobre el asunto y que era mejor seguir con su caminata, cuando el líder Uchiha decidió levantarse al fin.

"¿Dónde crees que deberíamos ir ahora, viejo?" pregunto Madara aún pensativo. Kori puso sus manos tras su espalda y miro fijamente al otro. Madara parecía estar conectándose ya con el clan… solo faltaba una cosa que Kori quería que el otro experimentase.

"¿Quieres visitar a Kurasu?"

Un reflejo de sorpresa paso por la mirada de Madara.

"Claro… ¿Por qué no?" respondió Madara algo indiferente, tratando de camuflar los sentimientos que todos los pensamientos ya olvidados causaban cuando volvían a su cabeza.


Para el mucho pesar de Madara, Kurasu aún no había despertado. El menor permanecía en coma, envuelto en decenas de vendajes, dándole la apariencia de una momia. Junto a la cama de este estaba su madre, quien entre sollozos le contaba a ambos Uchiha como el menor no había despertado ni para comer, beber o ir al baño.

"No sé qué hacer…" decía la madre una y otra vez. "No sé qué hacer…"

Madara observaba algo triste y distante la escena. Incluso allí, en la aldea que habían contruido para proteger, para ser perfecta, existía el dolor. El líder Uchiha posó su mano en el hombro de la mujer, quien en vez de quedarse quieta, se quitó la mano de aquel hombre y le gritó a Madara en la cara,

"¡¿Por qué dejaste que esto pasase?!" Kori intentó calmar a la mujer tomándola de los hombros, pero fue en vano. Madara solo se quedó parado allí mientras le gritaba. "¡¿Por qué no hiciste nada?!"

"Lo intenté" respondió sinceramente Madara. Era cierto; cuando lo rescató a él y a Kotaro, pudo haberlo dejado morir, pero no lo hizo. Era una lástima que el menor hubiese estado ya herido para ese entonces. Aun así, Madara no podía evitar sentirse culpable. Si hubiese detectado el genjutsu del peli rojo a tiempo, todo eso no habría pasado.

"Eres...eres un…"

"Lo lamento."

Madara se preocupó por el súbito silencio después de pronunciar tan sinceras palabras. Alzando la mirada, vio como la madre de Kurasu se quedó mirándolo atónita por unos segundos antes de abrazarlo y romper a llorar de nuevo.

El líder Uchiha, sin saber que hacer realmente, abrazó a la mujer de vuelta mientras miraba preocupado a Kori. El anciano suspiró y puso su atención en Kurasu, quien apenas si respiraba.

"Ayúdame, por favor…" dijo la madre, llamando la atención de Madara. "No sé qué hacer…"


Pasados unos momentos, cuando la mujer dejó de sollozar, todos se sentaron en los cojines de la habitación, la madre acariciándole la cabeza herida a Kurasu.

"¿Qué han dicho los médicos?" preguntó Madara con curiosidad. La madre tomó una gran bocanada de aire antes de responder,

"Que no sobrevivirá"

Madara tuvo que evitar hacer una mueca al escuchar esto. Si los médicos Senju decían aquello, entonces de verdad habían pocos posibilidades para el menor.

"He intentado rezar, ¿sabes?" comentó la madre con lágrimas en sus mejillas y con una sonrisa sardónica adornando su rostro. "pero es difícil. No hay templo por aquí cerca."

"No pensamos que los necesitaríamos tan pronto…" dijo gentilmente Madara.

"Yo tampoco lo pensé…"

La tensión del lugar podía cortarse con un cuchillo. Ninguno de los tres se atrevía a hablar. Afortunadamente, la puerta de la habitación se deslizó en ese instante, dejando ver a un triste Hashirama.

"Buenos días." Saludo el Senju con una reverencia, la cual fue devuelta por Kori y por la madre de Kurasu. Madara le clavó la mirada al instante.

"¿Qué quieres Senju?"

Hashirama sonrió con algo de vergüenza, como diciendo perdón sin haber cometido nada malo.

"Necesitaba hablar contigo Madara. Te busqué un buen rato y pensé que tal vez estarías aquí."

Madara miró al Senju y luego a Kurasu. Era muy grosero interrumpir tal visita, especialmente si era a un camarada herido.

"¿Es urgente?" preguntó Madara si mirar al otro. Hashirama suspiró resignado.

"Si"

Esta vez fue el turno de Madara de suspirar. El Uchiha le dirigió una reverencia la madre de Kurasu, quien se la devolvió con un pequeño gesto de la cabeza. Kori miró a Madara con confusión, pero aun así lo despidió.

Ya afuera, en el silencio de los pasillos y lejos de miradas curiosas o entrometidos, Hashirama le expresó a Madara su preocupación.

"Madara, existe un problema." explicó el Senju. "Después del ataque durante tu misión, la gente de mi clan está ahora más que nunca preocupada no solo por ellos mismos, sino también por las reliquias que se consideran tesoro para nuestro clan. No sabes que quiere el enemigo"

El Uchiha tuvo unos segundo para procesar lo que quería decirle el otro.

"No me digas que es por lo de la tablilla de nuevo."

Hashirama le sonrió a Madara. "Lo siento hermano."

"Ya te di mi respuesta, Senju. Esa reliquia le ha pertenecido a los Uchiha durante generaciones. No se las daremos."

"¿No hay punto intermedio, Madara?" pregunto algo frustrado el Senju. "Debe de haber algo que nos quite a ambos de encima a mi gente."

"Tu gente puede llorar todo lo que gusten. Ya saben cuál fue mi respuesta." Respondió Madara enojado.

"Por favor, Madara. Así lograras ganarte su favor. ¿No es eso lo que querías?"

Madara debía admitir que el otro estaba exponiendo un buen punto allí. ¿Pero que quería que hiciera? No podía retractarse de lo que había dicho… al menos que...

"¿Punto intermedio, dijiste?"

Hashirama lo miró confundido pero asintió.

"Y si, hipotéticamente, fuéramos a ubicar un punto intermedio entre ambos clanes. ¿Dónde estaría?"

"¿A dónde quieres llegar con esto, hermano?"

Madara tenía una idea. Una muy buena idea. Ese día le había dado una serie de esas.

Ambos clanes necesitaban un sitio que sintiesen propio para no pelear sobre quien era propietario de la tablilla y además tenerla siempre a la vista para protegerla. La madre de Kurasu necesitaba un lugar donde pudiese sentir que escuchasen sus plegarias. Los Uchiha necesitaban un lugar que les diese paz y en donde sintiesen que estaban arraigados, quitando así el miedo a que los echasen de aquella tierra.

Y más importante, Madara necesitaba hacer algo que no solo le subiese la moral a todos, sino que dejase su imagen limpia y lo dejase ver como un ser espiritual. La gente de su época amaba a las personas espirituales, y sabía que las personas que lo apoyarían y lo escogerían como Hokage no eran distintas.

"Hashirama, hermano mío. ¿Estarías interesado en construir un templo?"

"¿Qué qué?"


Me imagino la mirada "Wtf" de Hashirama al final...

Este cap fue más un recorrido de Madara por la vida de los Uchiha, algo que siendo de la "nobleza" y líder de su clan, estoy casi segura de que no hubiese tenido antes la oportunidad de hacerlo. Y si se preguntan por que lo de pedofilo, 1: culpen a Obito. 2: no es normal que una persona te este mirando fijamente desde una esquina del barrio. 3: Madara también estaba observando niños.

Kori, como siempre tratando de ser la figura paterna que Madara necesita. Porque en mi opinión Tajima es un hijo de puta.

Parte 1 de 2, espero que me quede bien. El próximo cap tendrá más de los demás personajes, o al menos así lo planeo... Y también poner a Madara en modo "Meh" como me lo han pedido antes.

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