Esta historia esta basada en el libro y en la película, además de que le iré agregando partes mías. Espero que la disfruten.


Orgullo, Lujuria, Prejuicio y Zombis

Capitulo I

Nuevos Vecinos

Todo mundo tiene por cosa cierta que un soltero que posee una gran fortuna tarde o temprano sentirá la necesidad de una mujer.

Los sentimientos e ideas de un hombre que se encuentra en una situación semejante sean poco conocidos cuando él es recién llegado a un vecindario, es propio de esta arraigada creencia en las familias que habitan ese barrio que desde su llegada lo consideren ya de legítima propiedad de una u otra de sus hijas.

Aun que en estos tiempos donde la muerte ha caído en la tierra haciendo que los que una vez se fueron y ahora descansaban en el sueño eterno volvieran a la vida, inundando con terror a los mortales, influyendo el miedo la desesperanza y la incertidumbre de lo que deparará el futuro, no le quite los ánimos a las madres con hijas casaderas de perder la oportunidad de atrapar a un nuevo y buen prospecto para sus hijas.

Si bien el tema de los no muertos es ya bien sabido por todos y no ejerce novedad en nadie, la llegada de un nuevo vecino, soltero y rico se convierte en la gran comidilla del vecindario.

- Querido Bennet – le decía su esposa - ¿Has oído que la casa de Netherfield Park finalmente fue rentada? – a lo que respondió el señor que no la había oído, mientras limpiaba su mosquete - Pues es así – Prosiguió diciendo ella; bien lo sé por que la señora Long acaba de estar ahí y me lo ha contado todo.

El señor Bennet no respondió.

- No te interesa saber quien la ha alquilado? – remarco la mujer en un tono de impaciencia.

- Lo quiera o no me lo vas a decir – le dijo sin mirarla continuando con su tarea de la limpieza del arma.

- Pues has de saber, querido, - Dijo ella entusiasmada – que la señora Long me informo que Netherfield Park ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra, y que él vino el lunes en un carro tirado por cuatro caballos y una escolta de seis hombres que lo acompañaban a caballo; al ver la casa quedó tan encantado que rápidamente llego a un acuerdo con el señor Morris. Se dice que él tomó posesión de la casa hace una semana.

- ¿Cómo se llama ese joven?

- Bingley.

- ¿Es casado o soltero?

- ¡Soltero, por supuesto! Querido nada menos que un soltero de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año… ¡Lo que puede significar eso para nuestras hijas!

Detrás de la puerta del estudio un par de jovencitas escuchaban la conversación de sus padres hasta se vieron interrumpidas por la llagada de una de sus hermanas mayores.

- ¡Kitty Lydia! No deben escuchar platicas ajenas – las regañó Elizabeth al ver como sus dos hermanas menores estaban recargadas en la puerta muy atentas y calladas, y por ello al acercarse se dio cuenta de lo que hacían. Sus hermanas nunca hacían caso y menos sabían quedarse callas y quietas.

- Eso no importa – le respondió la menor Lydia – Un tal señor Bingley llegó del norte y es ¡muy rico!

- ¿Enserio? – hablo con asombro uniéndose en el espionaje junto con sus hermanas.

- ¡Y es soltero!

- ¿Quién es soltero? – ahora la mayor, Jane se unió a sus hermanas.

- Un tal señor Bingley creo

No pudo decir más pues Kitty la mando a callar.

- No comprendo como puede afectarles algo así, su suficiente tenemos con que los muertos nos visiten – le dijo con tranquilidad.

- Querido Bennet – replicó la mujer - ¿Por qué a veces te cuesta tanto entender las cosas? ¡Por supuesto que es mi intención que se case con una de ellas!

- ¿Ese es el motivo por el cual el joven pretende establecerse aquí?

- ¿Pretende? ¡Que tontería! Él no pretende nada; pero es probable que se enamore de algunas de nuestras hijas, y es por eso que debes hacerle una visita en cuanto llegue.

- No encuentro el motivo de mi visita. Puedes ir tu con ellas, o puedes hacer que ellas vayan solas si es que no temen por encontrarse a un muerto viviente yo creo que eso es lo mejor; tu eres tan hermosa como cualquiera de nuestras hijas no me extrañaría que se enamorase de ti.

- Me halagas mucho querido – hablo su mujer con un ligero sonrojo e cual no paso desapercibido a su marido – No negaré que he sido bella en mi juventud pero ahora ya no puedo presumir de eso; cuando una mujer tiene, cinco hijas ya mayorcitas en lo que menos debe pensar uno es sus encantos.

- Bueno en ese caso a la mujer ya no le quedan muchos encantos de qué presumir .

Acto seguido se levanto y caminó hacia la puerta con el mosquete en mano, al abrirla se encontró con cuatro de sus hijas que al parecer fueron descubiertas de su acto de espionaje.

- Pues bien querido, como te he dicho , es preciso que hagas una visita al señor Bingley inmediatamente después de que tome posesión de su casa.

Le dijo su mujer siguiéndolo hasta el saloncito donde se destinaba a colocar el mosquete en un aparador de cristal con cuatro más. Seguido de su esposa e hijas.

- Cómo bien sabes no podemos visitarlo si no lo haces primero.

- ¿Estas escuchando papa? Nunca escuchas

- Hazlo papá

- Y cuanto antes – le recordó su esposa.

Viéndose que no se libraría de su esposa e hijas les reveló lo siguiente.

- No hace falta, ya lo visité.

Provocando asombro y felicidad por parte del grupo de mujeres que comenzaron después a inundarlo con preguntas.

- Oh señor Bennet, ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿No tiene compasión de mis pobres nervios? - El reclamó su mujer ligeramente ofendida de que su esposo haya ido a visitar al nuevo vecino sin que se lo hubiera informado - ¿Es amigable?

- ¿Es guapo? – pregunto una de las jóvenes

- ¡De seguro es muy guapo – comentó una de las menores mientras daba brinquitos de felicidad alrededor de los muebles.

- Con cinco mil libras al año que importa si esta horrendo – comento Elizabeth.

- ¿Quién es Horrendo? – hablo Merry quien acababa de entrar al saloncito ignorando todo lo que su familia comentaba.

- Feliz mente le daré mi consentimiento para casarse con cualquiera de ustedes.

- ¿Y vendrá mañana al baile papa? – preguntó Lydia.

Dejando en suspenso a sus hijas y mujer, disfrutando por un momento sus rostros de ansias les dijo.

- Eso creo.

Tal respuesta provocó que las menores dieran brincos de felicidad mientras la señora Bennet abrazaba su esposo recordándole lo bueno que era y lo mucho que la consideraba a ella y a sus hijas al relacionarse con un joven que podría ser un gran prospecto para ellas.

Lydia y Kitty se encargaban de comprar a su hermana mayor ofreciéndose a hacer alguna que otra tarea para ella a cambio de sus zapatos o listones que deseaban usar ese día en el baile.

El señor Bennet es un hombre que posee una singular mezcla de suspicacia, humor sarcasmo, reserva y capricho, lo que lo hacia tan misterioso que veintitrés años de experiencia no habían sido suficientes para que su mujer no descifrara su carácter.

Él siendo apenas un niño, su padre lo enseño a defenderse de los muertos vivientes cuando estos comenzaron a salir de sus tumbas inundando con terror la tierra de los vivos, durante los primeros "años negros". Experimento en carne propia las atrocidades de lo que eran capaces de hacer perdiendo a una hermana por la horrible enfermedad que estos transmitían al morderte convirtiéndole en uno de ellos. El mismo la mató. Su esposa por otro lado, era predecible. Siendo una mujer de escasa inteligencia, poca instrucción y temperamento indeciso, cuando algo le disgustaba se imaginaba alterada por los nervios. La principal razón de su vida era casar a sus hijas y su principal y casi única diversión era visitar a los vecinos para no perderse de los chismes, a excepción claro, que cuando algún grupo de muertos vivientes se hacían presentes y la obligaban mas bien por ordenes de su marido a mantenerse en casa.

Toda la tarde y parte de la mañana las Bennet se disponían a saber más del joven, a pesar de las preguntas que le hiso su esposa, auxiliada de sus hijas, no logro que su marido le hiciera una descripción lo suficientemente detallada para del señor Bingley. No les quedo sin más esperar hasta el baile para conocerlo.


Mientras la velada transcurría un grupo de hombres vigilaban a las afueras de la casa dejando a los invitados disfrutar tranquilos y sin preocupación.

Dentro el habiente era fiesta y diversión, los jóvenes bailaban al ritmo de las canciones y danzones que tocaban los músicos. Los mayores observaban a la juventud enardecida, una que otra pareja indiscreta se ocultaba en las sombras para dejar paso caricias más llevaderas. Dos de las Bennet disfrutaban del baile mientras que las dos mayores y la inseparable Charlotte animaban el danzón.

- Si no hay un solo hombre que no se enamore de ti esta noche entonces no soy capaz juzgar la belleza – le dijo Elizabeth a su hermana mayor Jane, que es por todos bien conocida por su hermosura.

- O a los hombres – justificó la mayor.

- No, son tan fáciles de juzgar – dijo entre risas.

- No todos son malos.

- Los pocos que conozco no tiene nada de gracia.

- Un día de estos Lizy un hombre te gustará y deberás cuidar lo que dices.

El grupo tan esperado de Bingley llegó. Todos los presentes a excepción de los que se encontraban bailando pusieron atención a los recién llegados. El señor Lucas, anfitrión del baile fue presentando al grupo a los presentes. Elizabeth por otro lado se encontraba junto a su amiga Charlotte, ella ya había conocido al señor Bingley, pero al entrar un grupo de cinco personas Lizy le preguntó a su amiga quien era.

- Es el pelirrojo de la izquierda, las dos mujeres son sus hermanas, el hombre que esta parado junto a una de ellas es el esposo de la mayor.

- ¿Y quien es el de la ceja curiosa? – pregunto con burla.

- Ese es su buen amigo el señor Darcy.

- El pobre hombre preferiría estar en cualquier otro lado – dijo con soltura, pues el aspecto serio del mismo dejaba en claro que no parecía muy divertido de estar ahí.

- ¿Pobre hombre? El señor Darcy no tiene nada de pobre. Tiene una diez mil libras al año y es dueño de la mitad de Derbychirl.

- ¿Solo de la mitad? – dijo con sarcasmo provocando la risa de su amiga.

Sin perder tiempo la señora Bennet busco a sus hijas inclusive Charlotte se vio envuelta y llevando casi arrastras a su esposo se colocó de manera casual junto al grupo de los recién llegados para así se dieran las presentaciones.

- Señor Bingley, a mi hija ya la conoce – aclaró Sir Lucas – Ellas son la señora Bennet, la señorita Jane Bennet, Elizabeth Bennet y Mary Bennet – cada una de las nombradas dio una ligera reverencia de presentación.

- Es un placer – hablo al señora Bennet – Tengo dos mas pero están bailando – aclaró la señora, pues no habían sido nombradas tanto Lydia como Kitty debían tener la oportunidad de cautivar al señor Bingley.

- Es un placer conocerlas – respondió con cordialidad el joven.

Pero para el resto del grupo no lo parecía.

- También les presento a la señorita Bingley y al señor y la señora Hurts – los nombrados hicieron una ligera inclinación con su cabeza - Y al señor Darcy de Derbychirl.

Bingley ciertamente era un hombre apuesto , simpático y distinguido. Sus hermanas eran hermosas y extraordinariamente elegantes. Su cuñado, el señor Hurts, parecía un caballero como cualquier otro, pero su amigo el señor Darcy rápidamente atrajo la atención de todos a causa de su apuesta figura, sus facciones delicadas y un estupendo aire de nobleza; en menos de cinco minutos se propagó la noticia de que él tenia una renta de diez mil libras al año.

Los caballeros afirmaban que se trataba de un hombre encantador; las mujeres afirmaban que era mucho más guapo que Bingley y no dejó de ser observado por lo menos durante la primera mitad de la velada; Incluso Elizabeth se vio tentada a mirarlo más de la cuenta, ciertamente era un hombre atractivo; pero en algún momento sus modales se revelaron como poco adecuados, advirtiéndoles que era ostensiblemente orgulloso y se sentía superior a todos los presentes. Ni aun sus extensas propiedades en el condado de Derby, donde se rumoraba que tenia una gran fortaleza para evitar que los muertos vivientes entraran a sus territorios pudieron liberarlo de que se le llegase a considerar como un ser en verdad odioso, indigno de ser comparado con su amigo.

Con gran ligereza Bingley entro en agradable relación con los asistentes al baile; se mostraba animoso y franco no dejo de bailar una sola pieza. Tan amables cualidades fincaron una sana popularidad ¡Qué diferencia de su amigo! Darcy hasta el momento bailó una vez con la señora Hurts y otra con la señorita Bingley, no quiso que se le presentase a ninguna otra dama.

- Mama – hablo con alegría Lydia una vez que la encontró acompañada de Mery y su padre – Nunca, nunca vas a adivinar lo que te voy a decir.

- ¿Vas tomar los hábitos? – dijo con sarcasmo su padre y como siempre fue ignorado por su esposa e hijas pues estaban más entusiasmadas por lo que esa pretendía decirles que por la opinión de su padre.

- ¡Viene un regimiento! – soltó finalmente la joven – Van a estar aquí todo el invierno y van a hospedarse en el pueblo, con motivo para acabar con algunos muertos vivientes que andan por aquí.

Aquella noticia lejos de darle alegría al padre fue preocupación. Sin embargo su esposa e hijas solo veían lo bueno de aquello pues estarían rodeadas de uniformados y eso significaba bailes y conocer a nuevos jóvenes soldados, la noticia de los muertos vivientes se quedo de lado para ellas.

Elizabeth a causa de la escasez de caballeros se vio precisada a permanecer sentada durante dos piezas junto a su amiga Charlotte, de manera inconsciente y sin que estos se dieran cuenta escucharon una conversación entre Bingley y Darcy.

- Jamás en mi vida había visto chicas tan bonitas – hablo Bingley.

- Estabas bailando con única chica hermosa en todo el lugar – le dijo con seriedad y afirmando lo que para él era obvio.

- Es la criatura más hermosa que jamás he conocido.

Al escuchar esas palabras Elizabeth casi salta de la emoción, Bingley había sido flechado por Jane y como no esperarse aquello, ella era hermosa y no le extraño que le a trajera, pero escucharlo de su boca le dio más alegría y satisfacción.

- Y su hermana Elizabeth es muy agradable – esas palabras la hicieron sentirse muy orgullosa y su ego se elevó un poco.

- Bastante tolerable me atrevo a decir – y con esas palabras su emoción se detuvo y la hiso escuchar con atención lo que Darcy opinaba de ella – Pero no tan hermosa para tentarme, ve con tu compañera y disfruta de su compañía, no pierdas el tiempo conmigo.

Aquellas palabras realmente le dolieron, al parecer no era digna para un caballero de su altura, Charlotte y ella vieron como ambos se alejaron.

- Considérate afortunada Lizy – le dijo su amiga – Si le gustaras tendrías que hablar con él todo los días – se lo decía con fines de ánimo, pues la arrogancia del hombre era algo que a su amiga le disgustó y esta lo sabia.

- Precisamente, no bailaría con él ni aunque me ofrecieran todo Derbychirl y mucho menos la mitad – habló con burla, y con esas palabras su ánimo regreso aun que su orgullo estaba un poco dolido.

Sin importar aquel percance ella no permitiría que él le arruinara el baile, no le daría el gusto. Se limitó a bailar a reír y a disfrutar del momento junto a sus hermanas quienes también disfrutaban. Gracias a la velada ella poco a poco pudo notar las miradas que Bingley le daba a su hermana, al parecer realmente había llamado su atención.

Sin querer el grupo de los Bennet y de los recién llegados Bingley y Darcy se vieron envueltos en una conversación. Aun que Lizy ya no se sentía tan cómoda por la presencia del caballero debía hacer de lado ese orgullo y mostrarse feliz y contenta al lado de su hermana. Lo hacia por ella, pues todo se decidiría esa noche en ver si su hermana realmente podía atraer a Bingley o no y ella pondría todo de su parte para que así fuera, pues era un paco más que obvio para sus ojos que el pelirrojo se sentía atraído por su hermana aunque eso significara soportar a aquel hombre que la desdeño por no ser muy bonita, ella se mostraría lo más cordial que pudiera.

- Su amiga la señorita Lucas es una persona muy agradable – comentó Bingley con sinceridad y sonrisa.

- Si yo la adoro – comento Lizy, feliz de que el también reconociera lo agradable que es su amiga.

- Es una lástima que no sea más agraciada – comentó la señora Bennet – claro Lizy jamás admitiría que su amiga no es muy bonita- aquel comentario puso en alerta y en defensiva a Elizabeth, su madre estaba hablando de una manera muy descortés - Es mi Jane la que es considerada la belleza de la región. Cuando tenia solo quince años – comenzó a contar – se enamoro de ella un caballero con una pasión tal que yo esperaba una propuesta, pero solo le escribió unos versos muy lindos.

- Y eso terminó todo – la interrumpió y finalizó lo que había dicho su madre, que vergüenza que ella hablara de esas cosas tan desobligadamente sin ver las consecuencias, Jane estaba callada con el rostro sonrojado y los caballeros no creerían que la madre platicara algo como eso - ¿Me pregunto quien habrá descubierto el poder de la poesía para alejar el amor? – intervino para así desviar el tema.

- Pensé que la poesía alimentaba el amor – comentó Darcy.

- Un amor sólido tal vez, pero si no es más que una leve inclinación estoy segura que un mal soneto la matara para siempre – dijo con seguridad.

- ¿Y que recomiendo para fomentar el afecto? – Darcy la tentaba, si no creía que la poesía era uno de los lenguajes del amor deseaba saber cual seria entonces, según ella.

- El baile – esas palabras lo dejaron un poco desconcertado – aun si la pareja de uno es apenas tolerable .

Darcy la miró y viendo como ella hacia una leve inclinación se retiró del grupo. A su mente llegó el recuerdo de que la había rechazado como compañera de baile y ella ahora de alguna manera lo llamaba inadecuado también, pero con el deje de que ella si era capaz de tolerarlo ¿A caso le estaba insinuando algo más?

Elizabeth había salido del salón, se sentía en parte victoriosa por lo que había dicho a Darcy, al menos esperaba que con eso es se diera por entendido que a ella no le importaba si la consideraba adecuada o no para ser su compañera de baile. Estaba en el recibidor de la parte externa del salón. Los Lucas además de poseer una mansión también contaban con su propio salón de bailes, lo usaban para las fiestas del pueblo, pues era lo suficientemente espacioso para que todos pudieran estar con comodidad, este consistía en una segunda casa la cual solo poseía tres habitaciones en el segundo piso, una cocina en la parte trasera, un espacioso recibidor y el gran salón donde en esos momentos se llevaba acabo el baile.

Se dirigió a uno de los ventanales que estaban abiertos para así respirar un poco de aire fresco. La noche ya había avanzado bastante y eso significaba que la velada terminaría pronto.

El sonido de cristal rompiéndose llamo su atención, se separó de la ventana y camino en dirección de donde provenía el sonido, camino por el tenue pasillo hasta llegar a lo que parecía la cocina, abrió la puerta y se encontró con la habitación en penumbras. Avanzó un poco y casi resbala de no ser que se sujetó con fuerza de una de las mesas, fijó su vista al suelo y vio un enorme charco de sangre. Eso la alerto, solo podía pensar en una criatura capaz de dejar un rastro de sangre de tan horrible magnitud, un segundo ruido llamo su atención. Sabia que había hombres afuera vigilando pero no se explicaba como una de aquellos seres pudo entrar, escucho otro ruido, un rugido proveniente del fondo de la habitación. Miro la mesa y tomó uno de los cuchillos que habían ahí, lo tomó tal y como se le había enseñado con la hoja de manera horizontal y sosteniéndolo hacia el frente a la altura de su pecho.

El ruido se detuvo, se acercó con cautela, pero al ver aquello no pudo evitar sentir un horrible asco. Una de las sirvientas estaba devorando la cara de uno de los hombres que se supone vigilarían el salón. Lo comía con frenesí desgarrando la carne con sus dientes, por culpa de la primera impresión trato de retroceder un poco pero aquello hiso que golpeara una de las cazuelas que se hallaban en el suelo llamando la atención de la criatura, esta inmediatamente dejo de devorar al pobre hombre que estaba muerto para después ponerse de pie y lanzarse contra Elizabeth. Ella reacciono con rapidez encajando el cuchillo en su mandíbula hacia arriba haciendo que el mismo se encajara de lleno en su cerebro. Cayó muerta por segunda ocasión.

Se comenzaron a escuchar disparos desde afuera. Corrió hacia la puerta que daba a la salida y pudo ver como algunos de esos seres se acercaban a la casa. Los hombres armados que se hallaban en la azotea y a los alrededores estaban haciéndole frente, no eran un grupo grande, por lo menos diez, nada que los cinco hombres no pudieran enfrentar. Decidió cerrar la puerta y atrancarla para que así no pudieran entrar, al darse la vuelta miró con horror que el cadáver que la mujer estaba devorando ya no se haya ahí.

Camino un poco y sin aviso la criatura la atacó por detrás. Sin querer dejo escapar un grito, estaba en el suelo con él encima de ella. No tenia la mitad del rostro. Solo le quedaba un ojo, su nariz había sido devorada junto con su mejilla, sus encías estaban expuestas pues parte de la carne de su cuello y mandíbula no estaban. Era mucho más fuerte que ella, con ambos brazos evitaba que el muerto viviente la mordiera pero no aguantaría mucho. Si pudiera librar una de sus manos podría tener acceso a la pistola que llevaba en su muslo, pero no podía, pues podría perder la batalla de resistencia. En un segundo el peso del ser ya no la aplastaba.

Jalándolo del saco Darcy aparto al hombre con gran fuerza haciendo que este se callera lejos de los dos. Al verla en el suelo se impresiono de no ver miedo en su mirada, su pecho se movía con agitación y tenia un cálido rubor producto del esfuerzo hecho en sus mejillas, unas ligeras salpicaduras de sangre cubrían su tez, la ligeras manchas también estaban en su pecho, el cual no paso tan desapercibido para el joven, su falda estaba levantada mas arriba de las rodillas, aun que llevaba medias estas no cubrían sus muslos que estaban a la vista, verla de esa manera le provocó un leve sonrojo al hombre.

- ¿Se encuentra usted bien?

Le preguntó, recuperando un poco de compostura por haberla visto en tales condiciones, mientras hincaba una de sus rodillas para así tenderle una mano y ayudarle a levantarse, pero lo que hiso ella fue levantar su falda dejando al descubierto sus medias así como parte de su piel para, sacar una pistola que se hallaba en su muslo, se inclino un poco, extendió su mano pasando por un lado del rostro de él y disparó; todo fue rápido, después de escuchar el ensordecedor sonido, Darcy giro y vio el cuerpo del hombre con la mayoría de su cuerpo extendido pero con su cabeza recargada en la pared con un hueco entre sus ojos. Giro de nuevo y miro a una serena pero agitada Elizabeth. Ella lo había matado.

Los pasos y voces de personas acercándose hicieron que el reaccionara Tomo su mano para ayudarla a levantarse. Observó el tipo de arma que sostenía con firmeza.

- Darcy ¿qué ha pasado? – Bingley fue el primero en llegar seguido del señor Bennet, el señor Hurts y otros tres hombres que por su apariencia y armas que llevaban era de suponer que se trataban de los vigilantes.

- Fue un ataque, por fortuna no paso a mayores – le respondió con tranquilidad.

La vista del pelirrojo inmediatamente fue al cadáver al ver el estado del mismo casi vomita, pero por suerte no lo hiso, solo con verlo pudo deducir lo que había pasado.

- Elizabeth, ven cariño - dijo el padre de la muchacha y esta caminó en su dirección, Darcy noto que ya no llevaba el arma en su mano.

Padre e hija desaparecieron mientras que los hombres se encargaron de revisar la escena. Los vigilantes y mostraron el disgusto de ver a uno de los suyos muerto en el suelo con media cara devorada y un tiro en su cabeza. Darcy, por otro lado miró el segundo cadáver que había ahí. una mujer, al parecer una de las sirvientas. Tenia encajado un cuchillo en su mandíbula. Observó después como en su tobillo, llevaba un vendaje, levanto un poco más la falda y removió el pedazo de tela. Ahí vio la marca. Una mordida. Observó con más detenimiento el cadáver, además de la mordida no tenia nada más. Al parecer ella había sido la primera en sucumbir a la extraña plaga que poseían los muertos vivientes y su primera victima fue aquel hombre por el estado de su cuerpo. Si fue así entonces quien le puso fin a esa criatura había sido ella. Elizabeth Bennet había matado a la sirvienta clavándole el cuchillo.


De cualquier manera y en términos generales, la velada transcurrió gratamente para todos los invitados, por fortuna nadie a excepción de Bingley, su cuñado, Darcy, el señor Bennet y Elizabeth se habían dado cuenta del ataque.

La señora Bennet había visto que los nuevos moradores de Netherfield admiraban a su hija mayor; Bingley había bailado con ella dos veces, y las hermanas de él la habían colmado de atenciones. Incluso Bingley anunció que el también haría un baile en Netherfield.

Por su parte Jane estaba tan satisfecha como su madre, pero no lo manifestaba con tanta vehemencia. Mery había escuchado decir a la señorita Bingley, refiriéndose a ella que era la chica más educada de la vecindad; Kitty y Lydia habían sido lo suficientemente afortunadas como para no estar sin parejas en ningún momento, y eso es lo que cualquier muchacha considera un éxito en un baile. Por eso regresaron contentas a Longbourn, el pueblo donde vivía la familia y del eran los principales habitantes. Escoltados por el señor Franz el hombre a cargo de la seguridad de la casa de los Bennet.

Lizy por otro lado se sentía ligeramente perturbada. Si bien no esperaba que la atacasen los muertos vivientes jamás pensó que el mismísimo señor Darcy la ayudaría, claro había que pensar que por sentido común cualquiera ayudaría a una dama en peligro, pero al tratarse de dichas criaturas cualquier otro saldría huyendo dejándola a su suerte, lo que más le pasaba por la cabeza era lo que él pudiera pensar de ella al verla disparar. Sin duda alguna aquel gestó nada modesto ni adecuado para una dama no seria bien visto por tan alto caballero como él, pero a ella ya no le importaba lo que pensase de ella, no deseaba conseguir la estima de aquel hombre, solo deseaba que sus actos no influyeran en la decisión de su amigo por Jane. El señor Bingley la había visto en esa situación, aun que no la vio disparando. Aun así debía esperar haber que sucedía.

Cuando Jane y Lizy se quedaron solas en la intimidad de su habitación, mientras se desvestían la hija que hasta el momento se había mantenido reservada en sus comentarios acerca de Bingley expreso a su hermana la admiración que había nacido en ella.

- Es tal como un joven debe ser – le dijo – sentimental, perspicaz y con gran sentido del humor. Nunca había visto modales tan finos en una persona tanta desenvoltura y una educación exquisita – expresó la mayor de la Bennet una vez despojada de su vestido quedando solamente con el corset y enagua el cual su hermana comenzó a desatar.

- Y además es guapo – añadió Lizy – tanto en la normalidad de los jóvenes se es guapo, pues posee todas las condiciones y postura.

- Yo me sentí muy halagada cuando me sacó a bailar por segunda vez. En verdad no esperaba semejante cumplido.

- ¿No?, pues yo si. En eso existe una gran diferencia entre nosotras. A ti los halagos siempre te sorprenden y a mi nunca. Po supuesto era lógico que te sacara a bailar, no podía evitar darse cuenta que tu eras cinco veces más guapa que todas las mujeres que se encontraban en el salón. No es necesario que le agradezcas esa galantería. Desde luego es un hombre agradable y te doy mi autorización para que te guste. No seria el primer estúpido del que te enamoras

- ¡Lizy! – le reclamó la mayor.

Elizabeth había terminado de desatar el corset dejando a su hermana solamente cubierta por el fino camisón, Jane poseía un cuerpo muy bien proporcionado, sus senos eran grandes su cintura estrecha y sus caderas proporcionadas, tenia la silueta de un reloj de arena, cualquiera caería rendido ante su bien formado cuerpo, inmediatamente después hacia ahora la misma tarea que su hermana hiso en ella.

- Aun no puedo creer lo que su amigo dijo de ti – le dijo Jane mientras le desataba el corset.

- ¿Te refieres al señor Darcy?

- Así es, creo que no fue muy cortés de su parte hacer ese comentario de ti. ¿Lizy estas segura de que dijo aquello?

- Jane tu nunca puedes pensar mal de nadie ¿verdad? Pues si, así lo dijo. Tal vez hubiera dejado pasar de alto su orgullo si no hubiera lastimado tanto el mío.

- Pero el te salvó de esas criaturas, no creo que si te tuviera en mal concepto te hubiese ayudado arriesgando su propia vida – Jane, aparte de su padre había sido a la única a la que le había contado lo que paso.

- No creo que se haya dado cuenta que era yo la que estaba en peligro y además actuó solo de buena manera, si se hubiese tratado de cualquier otro creo que también lo hubiese ayudado.

- Escuche de la señorita Bingley que él se ha enfrentado a muchos muertos vivientes y que no les teme.

Lizy no dijo nada, ella por un momento ya había pensado aquello, se notaba que era un hombre fuerte, sobra con la demostración que le dio al salvarla de aquel ser sucumbido por la extraña plaga el cual le quito de encima casi sin ningún esfuerzo y de haber tenido algún arma era seguro que el mismo le daría fin a su existencia. Darcy además de orgulloso no daba paso a demostrar que era un hombre cobarde que se refugiaba en su mansión o detrás de los hombres que tenia como escoltas.

- Por eso pienso que no estoy de acuerdo, aquello que dijo haya sido en todo, una opinión completa de ti – agregó Jane.

- Oh Jane no podrás negar que eres muy dada a que te gusten todos, la verdad es que nunca vez defectos en los hombres, para ti todos son buenos y agradables nunca te he oído hablar mal de nadie.

- Bueno, no me gusta criticar a la gente, pero créeme, que soy siempre sincera al decir lo que pienso.

- Fijarse en lo bueno de cada quien sin decir nada de lo malo es una característica que solo tu posees. Dime, ¿acaso te agradaron las hermanas de señor Bingley? Sus modales distan de ser tan finos como los de él.

- Al principio así lo parecen, pero cuando hablas con ellas te das cuenta que en realidad son muy agradables. La soltera va a vivir con el hermano y a cuidar de la casa, yo sospecho que ella será para nosotras una buena vecina y amiga.

Lizy escuchaba en silencio, su hermana había terminado de desatar el corset a diferencia de Jane, Lizy era de era delgada, no tenia unos exuberantes senos pero si eran de un tamaño basto y grande para cualquier chica de su complexión, con los cuales la misma Elizabeth estaba satisfecha, su cadera era mas estrecha y tenia unas largas piernas. Su figura era mas alargada que curvilínea.

Lizy no parecía muy convencida con la opinión de las hermanas de Bingley que Jane tenia, pues la conducta de aquellas muchachas en el baile no había sido particularmente agradable y puesto que su temperamento era menos flexible que el de su hermana su juicio sobre las personas era más severo por lo tanto se encontraba poco dispuesta a la aprobación.

Eran en efecto, mujeres muy distinguidas, no les faltaba buen humor cuando se les complacía y en realidad eran agradables cuando lo deseaban, pero de todas maneras parecían arrogantes y vanas. No les faltaba belleza y habían sido educadas y protegidas en los mejores colegios particulares de la región, lo más seguro es que, por su estilo de vida jamás hayan tenido encuentro alguno con los muertos vivientes, su posición económica les permitía contratar un buen servicio de escolta además de gastar más de lo debido y estaban acostumbradas a pensar bien en todo momento de si mismas y medianamente de los demás.

Bingley había heredado unas cien mil libras de su padre, quien tenia la intención de invertirlas en una finca, pero la muerte lo sorprendió antes de hacerlo, por lo tanto el hijo sintió la obligación de cumplir aquel proyecto y en más de una ocasión habían elegido el lugar, pero debido a la plaga de los muertos vivientes tuvo que ir descartando ciertas posibilidades; ahora se había instalado en una casa de su completo agrado, aunque no estaba cien porciento libre de la amenaza de las temibles criaturas al menos era una región con menos ataques y apariciones de ellos. Aquellos que conocían su carácter sencillo y apacible pensaban que el pasaría el resto de s vida en Netherfield, transfiriendo a la próxima generación la compra de la finca que había sido el sueño de su padre.

La diferencia de carácter entre Bingley, sus hermanas y Darcy, se puso en evidencia en la percepción que tuvieron de la fiesta con los Lucas.

Bingley expresaba que jamás había estado con gente tan agradable ni con muchachas tan bonitas, todo el mundo había sido atento y amable con él, se habían superado las rígidas formalidades y él pronto se había sentido amigos de todos. En cuanto a la mayor de las Bennet, él no podía concebirla sino como el más bellos de todos los ángeles. Darcy, por el contrario, lo que había visto en aquella reunión era una colección de personas carentes de interés, escasos de belleza y ninguna elegancia, además de que no había recibido atenciones ni demostraciones de su agrado, el reconocía que la mayor de las Bennet era bella, pero no para su gusto, ella tenia el defecto de sonreír demasiado.

La señora Hurts y su hermana compartían la misma opinión, pero eso no menguaba su admiración por la joven y decididamente les gustaba, ellas opinaban abiertamente que era encantadora y se mostraban decididas no rechazar su amistad. Así pues, Jane quedó clasificada como una encantadora muchacha y por tanto Bingley quedaba autorizado para pensar en ella de la manera que quisiera.

Las señoras de Longbourn no tardaron mucho en corresponder las atenciones de las de Netherfield y les hicieron una visita. La gentileza en los modales de Jane, pronto cautivaron a la señora Hurts y a la señorita Bingley, por otro lado, ellas consideraban insoportable a la madre y consideraban a las hermanas menores como indignas de hablar con ellas, a pesar de que expresaron a las dos mayores se deseo de conocerse mejor.

Jane recibió encantada aquellas muestras de Afecto pero Lizy notaba un fondo de arrogancia en aquellas mujeres. Ella pensaba que la amabilidad que mostraban hacia Jane era por influencia del hermano, pues para todas era claro que admiraba a Jane y para Lizy también lo era pues sabia que la preferencia que su hermana había demostrado desde un principio hacia él iba en aumento. También sabia que esa preferencia iba en camino a convertirse en amor. Pero a la vez consideraba con cierta satisfacción que nadie más no lo notara, pues aun con la fuerza de sus sentimientos Jane poseía discreción y jovialidad, lo que la libraba de inoportunas sospechas. Así le comento sus sospechas de que también Bingley podía compartir esos sentimientos a su amiga.

- Sabes creo a que Bingley le gusta Jane – le comentó Lizy a Charlotte cierta noche cuando en la mansión de los Lucas se llevaba acabo una gran fiesta.

- Pero no creo que el se de cuenta de sus sentimientos si ella no se los demuestra.

- Bueno ella hace cuanto le permite su modo de ser. Si soy perfectamente capaz de percibir el modo como la mira. Él tendría que ser un tonto para no darse cuenta.

- El amor nos hace tontos. Él no conoce su temperamento como nosotras. A pesar de que se ven seguido no pasan muchas horas juntos, además de que siempre están rodeados de gente, por lo que es muy difícil que tengan el tiempo y el espacio para conversar a solas. Por eso Jane debería aprovechar cada momento para atraer su atención y atraparlo, ya tendrán mucho tiempo de enamorarse todo lo que quieran una vez casados.

- Lizy sonrió y le dio la razón a su amiga, pero aun así ella albergaba que Bingley si notara el sentimiento que su hermana le transmitía al joven.

Ocupada únicamente en observar las acciones de Bingley prodigaba a su hermana, Lizy estaba lejos de sospechar que ella también había sido objeto de atención pero por parte de Darcy, quien al principio , apenas le había concebido de ser bonita, la había visto en el baile sin admirarla pero, finalmente, después de lo sucedido en la cocina en aquella ocasión comenzó a tener a otra imagen de la joven Bennet, se había dado cuenta de que tenia agradable facciones. Y así se lo comento a sus amigos, además comenzó a percatarse de que ella era inteligente como pocas, lo que para él manifestaba en sus ojos negros.

El recuerdo de verla en el suelo siendo atacada y el salvándola, no quería admitir que ver a una mujer hacerle frente a tan desdichadas criaturas era algo casi de admirar, especialmente por su manejo en armas, no conocía a ninguna dama, a acepción de ciertos rumores llegados de su tía, que pudiera manejar tal instrumento ¿Quien la habría enseñado?

La imagen de ella de esa noche estaba grabada con intensidad en su mente, ella en el suelo con su vestido arremangado dejando a la vista sus piernas, su pecho que subía y bajaba agitado con ligeras manchas de sangre en ellos y su rostro sonrojado. Debía admitir que Elizabeth Bennet había hecho lo que ninguna mujer en mucho tiempo, lograr excitarlo, y lo mas curioso de todo es que no había sido premeditado. El se había visto presa de mujeres que deseaban conquistarlo por su gran fortuna y posición, en muchas ocasiones trataron de persuadirlo con sus encantos y modos, algunas incluso tuvieron el atrevimiento de despojarse de sus ropas solo para el que el sucumbiera en el deseo, pero ninguna con éxito. Era hombre claro y en mas de una ocasión algunas de esas mujeres complacieron su deseo físico, pero ninguna había logrado más que eso y justo esos instintos despertaba la joven Bennet en Darcy.

A tales descubrimientos le siguieron otros de la misma índole; por más que, con sus ojos críticos, percibía algunos defectos físicos en su figura, se vio precisado en reconocer que era esbelta y proporcionada. Sus senos, objeto de atracción para Darcy, eran en sí de un tamaño generoso para su cuerpo el cual era muy delgado a su parecer, sus pequeñas caderas le daban el equilibrio a su figura. A pesar de que aseguraba que sus modales no eran particularmente refinados, él se había percatado de su gracia y desenvoltura, además de que contaba con algo que las demás mujeres no poseían, el manejo y defensa que tenia sobre los muertos vivientes, era capaz de protegerse de esas criaturas no les temía al parecer y eso podía decirse era un gran punto a su favor en consideración de Darcy.

Lizy ignoraba todo eso y a sus ojos el seguía siendo un hombre antipático que seguro ahora la censuraba por hacer cosas de hombre y por tener un comportamiento inadecuado, él mismo no la había juzgado lo suficientemente hermosa para ser su compañera de baile.

Darcy comenzó a desear conocerla mejor y buscando el medio más eficiente para hablar con ella, ponía más atención en las conversaciones que tenia con los demás. Ese detalle no se le escapó a Lizy y así se lo comentó a su hermana cierta mañana cuando regresaban de un encargo.

- ¿Por qué habría querido el señor Darcy escuchar mi conversación con el coronel Foster en la fiesta de los Lucas?

- Tal vez desea enmendar la ofensa que te hiso y cambiar de parecer respecto a ti.

- No lo creo, tal vez solo busca la oportunidad de que yo diga alguna impertinencia y así hacer más grande la mala opinión que tiene de mí.

- Eso es algo que solo él puede responder.

- Bueno, pero si lo hace otra vez le haré saber que he adivinado sus intenciones. ¿Crees que le haya contado a sus amigos lo que paso en el baile de los la Lucas la primera noche?

- No he escuchado de Bingley o de sus hermanas decir algo al respecto, tal vez se ha mantenido reservado en ese tema, es algo delicado que se sepa que una dama se vio involucrada en un ataque por esas criaturas.

Lizy no pudo decir más pues una inesperada lluvia tomo desprevenidas a las hermanas. Hicieron que los caballos fueran con mayor velocidad y buscaran algún refugio para así evitar el aguacero.

El señor Bennet les había solicitado que fueran a recoger un pedido de un nuevo mosquete que había ordenado. A causa de que uno de los hombres encargado de entregar los pedidos había sufrido el infortunio de ser atacado por los muertos vivientes, no podría hacer entregar el encargo hasta que encontraran un nuevo trabajador, eso y sumándole la gran cantidad de pedidos que se habían retrasado, envió una carta a Longbourn solicitando si podían recoger el arma ellos mismo o esperar una semana a que por fin se la pudieran entregar. El señor Bennet que había esperado con tanto entusiasmo no demostrado aquella arma, no pudo sin más confiar en sus dos hijas mayores para ir a recogerla.

Hubiese ido el mismo pero debía atender la granja. El señor Franz por otro lado había salido por mas suministros y su hijo Charles no sabia montar y era un viaje largo para ir a pie, pensando en lo que su mujer había dicho que gracias al ejercito instalado en Meryton no había de que preocuparse pues ellos vigilaban y exterminaban a todos los muertos vivientes que se hallasen alrededor, envió a sus dos hijas por la tan esperada arma. No dudaba de que Lizy supiera defenderse pues el mismo junto con el señor Franz la habían enseñado a usar pistolas y a defenderse con cuchillos y navajas y ella no objetó en salir a hacer un viaje largo, al contrario acepto gustosa por lo que invito a Jane.

A diferencia de sus hermanas, Lizy había sido la única que mostro interés en poder defenderse de aquellas criaturas. En vano el señor Bennet trato de darles la misma educación a sus otras hijas pero todo quedo en nada. Jane no podía ser capaz de matar a una persona, aunque esta estuviera muerta y tratara de matarla, su dulce corazón no le permitía cometer tal acto. Kitty y Lydia por otro lado prefirieron hacer lo que toda joven de su edad y no perder el tiempo en cosas como esas, para eso estaban los hombres y si un día se hallaban en peligro contaban con que un apuesto joven las salvaría, por último Mery, encontraba más interesante los libros haciendo caso omiso a los seres que deambulaban por ahí. Es cierto que el condado de Hertford era una comunidad pacifica y que en esos años los ataques de muertos vivientes eran mínimos, a diferencia de lo que su padre llego a sufrir de joven, por eso motivo deseaba enseñarle a sus hijas como defenderse y pasaran por el terror que el paso de niño, pero la única interesada fue Elizabeth, su favorita.

Continuaban galopando con la esperanza de encontrar refugio pero todo parecía inútil. Decidieron mejor detenerse bajo un enorme árbol, que, aunque no evitaba que se mojaran, al menos era menor la cantidad de agua que las ramas del árbol dejaba pasar. Esperaban con ansias que el agua menguara para así continuar y llegar a casa lo más pronto posible.

La alteración de uno de los caballos hiso que Lizy prestara atención, tres muertos vivientes se dejaron ver acercándose a ellas tan rápido como sus putrefactas piernas se los permitían. Lizy, con rapidez llevo su mano por debajo de su falda y saco tres cuchillos que encajó con precisión en la cabeza de cada uno de ellos. Después de lo ocurrido en el baile de los Lucas, y por petición de su padre, Lizy comenzó a llevar un juego de doce cuchillos cortos para su protección, además de su fiel pistola. Al acercarse a los cuerpos ya sin vida para recuperar sus cuchillos noto con horror que aquellos tres eran solo los primeros de muchos. Un gran grupo se acercaban a ellas. Inmediatamente le ordenó a Jane que subiera al caballo y así lo hiso, sin demorar mucho ambas hermanas partieron a galope rápido, pero escapar no seria fácil.

Los muertos vivientes bloqueaban el camino, eran demasiados por lo que tuvieron que cambiar de rumbo hacia el bosque. Elizabeth se dio cuenta con claridad como las criaturas eran cada vez más y se acercaban a ellas. Jamás en todos esos años un grupo tan grande se había hecho presente y justamente a ella y a su hermana les había tocado toparse con ellos.

La lluvia no ayudaba les golpeaba en la cara impidiendo que pudieran ver. Escucho el grito de Jane, al girar vio como las criaturas habían atrapado al caballo y este relinchaba tratando de quitárselos de encima corriendo el riesgo de tumbar a Jane. Sin dudarlo saco su pistola y disparó a uno de los muertos, aquel que estuvo a punto de morder a su hermana. Se apresuro y con sus cuchillos eliminó al grupo de muertos, el caballo finalmente tumbo a Jane y al verse libre de su jinete corrió despavorido solo para convertirse después en una victima más del sanguinario grupo de criaturas que se acercaban.

Lizy se apresuró en ir con Jane, por suerte esta no se golpeo con fuerza y estaba bien, había alcanzado a saltar antes de que el mismo caballo la tumbara. Lizy sabia que ahora sin un caballo no podrían salir con facilidad de ahí, un caballo podría llevarlas a ambas pero irían muy lentos, la torrencial lluvia no les ayudaba tampoco, serian presa fácil para las criaturas. Sin dudarlo le pidió a Jane que subiera al caballo.

- ¿Pero Lizy que hay de ti? – le dijo Jane con preocupación – No te dejare aquí, no puedo.

- Jane, tengo más posibilidades de sobrevivir que tú, así que apresúrate y vete, yo estaré bien. Les distraeré para que no te sigan.

Las palabras de su hermana tenían algo de razón y aun que no quisiera Jane debía partir.

- Iré por ayuda Lizy, por favor no mueras.

Fueron las palabras de Jane y abrazando con fuerza a su hermana partió de ahí dejándola sola a merced de los muertos vivientes.

Segundos después de que Jane partió. Las criaturas se dirigían a su dirección, Lizy gritando con fuerza logro llamar la atención de ellos para así se dispusieran mejor en ir tras ella.

Corría por el bosque estaba obscureciendo y eso hacia que si la estuvieran buscando, fuera más difícil de encontrar, el agua que antes maldecía le daba una cierta ventaja sobre ellos, el lodo hacia que sus torpes pies resbalaran y cayeran así como hacerlos ir más lento. El señor Franz, mentor de Lizy le había advertido que en verse en una situación así era mejor correr, no todos los muertos eran rápidos, así que solo serian pocos los que serian capaces de alcanzarla, en cada oportunidad debía eliminar al que se encontrara más cerca de alcanzarla y así con el siguiente y el siguiente. Al final solo quedarían los lentos y eso facilitaría su trabajo de eliminarlos. Pero el cansancio se hacia presente y aquellos eran demasiados no supo por cuanto estuvo corriendo por el bosque, sus cuchillos se estaban terminando y no podía regresar por ellos pues corría el riesgo de ser alcanzada. Aun así pelearía hasta el final.

Con ayuda de su último cuchillo se enfrento cuerpo a cuerpo con una de esas criaturas, su falda le estorbaba así que olvidando todo pudor rasgo la tela en una línea vertical que iba desde su muslo hasta donde terminaba la tela, de esa manera pelearía mejor, no se enfrento solo a uno si no a varios que poco a poco se iban a aglomerando alrededor de la chica. Al caer su adversario se dio cuenta de la situación en la que estaba. No podía salir viva de ahí, eso era seguro.

Uno de los muertos se abalanzó hacia ella, y después de él muchos más le siguieron, ahora si era su fin, pero sin miedo ella les hiso frente, la criatura no llegó a tocarla cuando por un disparo calló al suelo, un segundo y tercer disparo se escucho y después de eso el relinchar de un caballo se abrió paso entre las criaturas aplastándolos en el acto.

Un hombre con el rostro cubierto por una capucha se dejo ver a lo lejos e inmediatamente al dirigirse hacia donde se hallaba Lizy extendió su mano sin detener la marcha del animal, Lizy la tomó con fuerza y en un segundo se hallaba arriba del caballo quedando sentada en el regazo de su jinete el cual seguía a fuerte galope. El animal guiado por su diestro jinete se habría paso entre el bosque, las criaturas aun seguían por ahí dispersas, Lizy se aferro con fuerza al hombre que llevaba las riendas del caballo pues el frenesí del mismo era muy fuerte y no deseaba caer. Así lo hiso por un momento hasta que sintió que la velocidad del animal disminuyó y después vio como más hombres a caballo se acercaban a ellos. El jinete detuvo el paso del animal y solo así pudo ver la cara de su salvador.

Con voz fuerte y clara Darcy ordenó que eliminaran el resto de las criaturas. Después comenzó el camino hacia el lado opuesto de donde provenían los demás hombres con Elizabeth sentada frente a él.

Conforme iban avanzando ella reconoció la propiedad a donde se dirigían. Netherfield.