Capitulo II

Netherfield

Darcy se detuvo en la entrada principal de la casa, un criado tomo al caballo y este descendió para después ayudar abajar a Elizabeth. De manera inconsciente lo primero que vio fue su pierna desnuda, al momento en que la ayudo a bajar del caballo, pudo notar que sus mejillas estaban sonrojadas, por todo el esfuerzo que había hecho.

En el instante en que toco el suelo las piernas de Lizy le fallaron y apunto estaba de caer de no ser que Darcy aun la sostenía por la cintura, había peleado bajo la lluvia y su cuerpo no aguantaba más, realmente estaba cansada. Darcy pudo notar que la joven temblaba a causa del frio y de que estaba completamente empapada así como su falta de energías. La tomo en brazos y la cargó hacia el interior de la casa.

Elizabeth estaba consiente de lo que estaba pasando, no le incomodó en absoluto que él la llevase de esa manera, debía admitir que no tenia fuerzas para sostenerse, pero un extraño sonrojo la invadió al verse en aquella situación, sin más acomodo su cabeza en su hombro y con sus brazos rodeo su cuello. Un dulce aroma la embargó. El olor de Darcy era embriagador y Elizabeth quedó prendada a él.

Bajo la atenta mirada de sorpresa de la señorita Bingley y de la de señora Hurst Darcy entro con Elizabeth en sus brazos para después dirigirse a una de las habitaciones haciendo llamar a una de las criadas para que llevara ropa limpia y le preparasen el baño . El estado de la joven era deplorable, estaba completamente sucia y mojada y no solo eso, su vestido estaba rasgado en varias partes dejando ver la piel desnuda de su cuerpo y una de sus piernas.

Jane, ella… – dijo Elizabeth mientras Darcy la colocaba suavemente en la cama.

Su hermana esta bien, llego hace una hora y nos dijo por lo que habían pasado, ahora mismo se encuentra en otra habitación, pero me temo que se ha enfermado a causa de la lluvia.

Elizabeth respiro con tranquilidad al saber que su hermana estaba bien, sin querer soltó las siguientes palabras:

Gracias.

Por un momento a Darcy le pareció ver un brillo especial en los ojos de la muchacha que lo dejo cautivado. De manera inconsciente llevó su mano a su mejilla la cual estaba fría y ella dejándose tocar inclino su cabeza hacia el cálido toque de él.

Lizy no podía creer que aquel hombre la hubiera salvado por segunda vez, si bien creía que tenia una mala idea de ella tal vez sea así como dijo Jane una idea equivocada. Se dejó cautivar por el rose de su mano, era cálida en comparación a lo fría que ella estaba y no pudo evitar que su corazón comenzara a latir desbocado, una extraña sensación la invadió desde su pecho hasta su zona íntima. Estaba un poco desconcertada por aquellas emociones que estaba experimentando, por un momento pensó en ella y en Darcy con sus cuerpos juntos.

Darcy admiraba la valentía de ella. Se sacrificó por su hermana y le hiso frente a aquellas criaturas aún a costa de su vida, no pudo negar que sintió un terror horrible cuando vio a la mayor de las Bennet llegar con apresuro pidiendo ayuda para su otra hermana, él fue el primero en salir en su auxilio seguido por una escolta, su temor se había hecho más grande cuando no la encontraba, pero por suerte la vio, enfrentándose a esas criaturas, sin siquiera dudarlo fue tras ella. Pero ahora, yacía segura en aquel lecho, por un momento pensó que aún en esas condiciones veía con aun más hermosura a la joven.

Sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados de un rosa intenso, despertaba en él instintos tan básicos que jamás pensó que despertarían en tales circunstancias, de nuevo la veía como aquella noche cuando yacía en el suelo de la cocina, pero ahora estaba en una cama, la tela del vestido se pegaba a su piel, su respiración era agitada, y sus pechos parecieran que saldrían del escote rasgado en cualquier momento, su pierna estaba desnuda, la media se había roto dejando al descubierto más piel la cual Darcy deseo tocar más íntimamente, tal vez no se recuperaba del todo pero noto que después de tocar su mejilla su cuerpo dejo de temblar. Debajo de su mano el tacto de su piel era fría, por un momento cruzó por su mente despojarla de toda prenda y brindarle calor el mismo con su cuerpo.

Casi de manera inconsciente y con aquellos pensamientos se inclinó sobre ella. Sus rostros estaban cercas, la respiración de ella aumentó y su vista se fijó en los finos labios de él. Como si estuviera hipnotizada ella también se dejo llevar por aquel momento.

Sus labios no se tocaron. La entrada de una de las sirvientas hiso que ambos recobraran la compostura, Darcy se separó bruscamente y Lizy no pudo hacer más que sonrojarse por lo que estuvo apunto de hacer. La dama había visto lo que había interrumpido, con una mirada fría y seria departe de Darcy antes de salir de la habitación la joven capto que no debía decir nada de lo que había visto.

La criada llevaba ropas limpias y secas para la joven Bennet y se dispuso a prepararle el baño pues era necesario que se duchara con agua caliente y así evitar que se enfermase. Con un nerviosismo y vergüenza Lizy comenzó a darse cuenta de lo que estuvo apunto de hacer. Estuvo a escasos momentos de besar a al señor Darcy, ¿pero que le había pasado? ¿En verdad lo habría hecho? Despreciaba a aquel hombre y sin embargo debía de estarle agradecida por haberla salvado, pero de eso a besarlo había una brecha muy grande. Su corazón latía con fuerza, no se dio cuenta de que ya estaba sola hasta que escucho la puerta cerrarse. La joven se había ido, le había dejado un vestido limpio y demás, así como el baño listo. Para olvidarse de lo que había pasado decidió limpiar su cuerpo.

Tallaba con minuciosidad cada parte de su piel, estaba realmente sucia, ¿Aun en esas condiciones Darcy había querido besarla? De manera inconsciente llevo sus dedos a sus labios, cerró los ojos y lo primero que vio en su mente fueron los labios de él. Un ligero cosquilleo se situó en su entrepierna y como impulso llevó su otra mano ahí. Sin darse cuenta de lo que hacia y solo dejándose llevar por el placer que sus caricias le hacían sentir, Lizy comenzó aquel juego intimo. Al terminar no estaba segura de lo que acababa de pasar con ella, o que era exactamente lo que había hecho, pero si estaba consiente de que lo había hecho pensando en Darcy. Se asustó sin saber el por que y después de que comenzó a sentir que el agua se había enfriado salió de la tina.

Se vistió con ayuda de una de las muchachas, no podía decir que no estaba acostumbrada a que la cambiasen, pues solo Jane lo había hecho, pero en esos momentos ella no se encontraba, así que tuvo que resignarse en dejarse vestir por una extraña, además de que no había recuperado de todo las fuerzas, su percance con los muertos vivientes y lo que acababa de hacer en el baño la habían dejado por demás exhausta imposibilitándole el hecho de hacer algo tan simple como acomodarse el corset.

Una vez lista se encontró con el grupo de Netherfield en la sala – comedor, ya era de noche para ese momento, se hallaban todas menos Jane.

El hecho de que ella se hubiera quedado en aquel bosque sola, con tan mal clima y con la amenaza de aquellos seres les parecía increíble para la señora Hurst y para la señorita Bingley, Lizy advirtió que la menospreciaban por ello, sin embargo fue recibida con mezcla de cortesía y en los modales de Bingley ella percibió sincera preocupación por sus actos así como admiración por lo que había hecho por su hermana. El señor Hurst permanecía en silencio , solo pensaba en que sirvieran la cena.

Mientras cenaban las respuestas acerca del estado de salud de Jane no eran muy halagüeñas, aunque ambas se vieron afectadas por la fuerte lluvia, al parecer a Jane le afecto aun más haciéndola victima de lo que parecía un fuerte resfriado. Aunque Lizy deseaba verla sus anfitriones le dijeron que ella, ahora descansaba y que esperase a mañana, así como le ofrecieron pasar la noche en Netherfield, dada las condiciones en que ambas hermanas se hallaban, bajo la amenaza de aquellos seres rondando cerca, y la lluvia que no parecía acabar era preferible que se quedasen ahí.

Aquella oferta fue propiciada por Bingley y sus hermanas inmediatamente estuvieron de acuerdo con él. No soportarían la idea de dejar ir a su amiga en tal estado y aseguraron que la señorita Bennet también debía descansar, para ellas, lejos de ser una molestia lo consideraban un deber. Lizy no pudo más que acceder a lo que le ofrecían, ciertamente ella estaba cansada y no tenia las fuerzas necesarias par hacer un viaje a Longbourn y si Jane estaba enferma como ellos decían no podía arriesgarse a que hiciese un viaje que podía empeorar su salud. Sin mas solo pidió permiso para disponer de uno de los criados y enviar una nota a Longbourn para informar que pasarían ahí la noche y las condiciones en las que se encontraban así como enviar ropa para las muchachas.

En su habitación Lizy se dejo caer con pesadez en la suave cama, dejando atrás lo que pudo haber sucedido con Darcy, se durmió inmediatamente.

A la mañana siguiente Lizy fue a ver a su hermana, se vistió de nuevo con otro vestido que le prestaron. Por desgracia la noche anterior en la nota de respuesta decía que no podían enviar ropa en tales condiciones climáticas que tendrían que esperar a otro día, aun era muy temprano y era seguro que su madre no enviaría nada si no hasta después del almuerzo, era seguro que aquella prenda le pertenecía a la señorita Bingley pues se podía decir que eran casi de la misma talla, aunque esta no tenia el mismo tamaño de busto que Elizabeth pues el de la señorita Bingley era más pequeño; la prenda era de un estilo muy sencillo pero bonito, no encajaba con los vestidos que le había visto portar con anterioridad, tan recargados y elegantes, tal vez era ropa que no le gustaba y se lo prestaba a ella. Sin importarle más que usaba ropa ajena, fue a ver a Jane.

Sus condiciones de salud no habían mejorado, Jane había dormido bastante mal y, aunque estaba levantada, tenia bastante fiebre y no se encontraba lo suficientemente bien como para salir de su habitación. Cuando estuvo con ella, Jane no hiso más que expresar sus agradecimientos por las atenciones recibidas por parte de la familia Bingley y lo feliz que estaba de que fueran a rescatar a su hermana. Definitivamente ahora los Bennet estaban en deuda con los Bingley, pero Lizy especialmente con Darcy pues había sido quien la había salvado. Le contó que cuando ella llegó a Netherfield el primero en mostrar preocupación por lo que había pasado había sido Darcy.

El fue el primero en verme llegar a la casa, inmediatamente me pregunto por lo que había pasado, yo lloraba por ti y por tu seguridad, cuando le conté que te habías quedado sola en el bosque y con esas criaturas, el salió aprisa acompañado de una de escolta. Bingley quería acompañarlo pero Darcy se lo impidió, le dijo que se quedara en casa a cuidar en caso de que tu, lograras llegar ahí, también le dijo que debía cuidar de mi pues en ese momento la gripe comenzó a afectarme. Lizy, estuve tan preocupada por ti todo este tiempo, hasta que anoche la señorita Bingley me dijo que te habían encontrado me tranquilicé.

Lizy abrasó a su hermana, le dijo que estaba bien y que en realidad no había corrido un gran riesgo, le mintió para que no se mortificara y eso afectara su salud, pues si le decía la verdad, de que ella realmente estuvo a punto de morir en manos de los muertos vivientes, solo la haría sentirse más culpable de lo que ya estaba. Después de un dulce abrazo Jane le hiso prometer a Lizy que nunca más haría algo como eso, a ella no le quedo mas que aceptar, todo sea para que su hermana mejorase pronto. Fue ahí cuando noto una venda en el brazo de Jane. Con preocupación le pregunto que le había pasado. Jane le conto que se había cortado con una de las ramas de los arboles al cabalgar tan rápido, no era nada grave. Lizy respiró tranquila, por un momento había pensado que uno de aquellos seres la había mordido. Por suerte no fue así.

Almorzó en la habitación con Jane, solo para darse cuenta que su hermana no había mejorado mucho de salud pues comió muy poco y la fiebre regresó. Cuando acabó el almuerzo se presentaron en la habitación las hermanas de Bingley, y Lizy, comenzó a percibir la parte agradable de ellas, al ver las muestras de afecto y solidaridad que prodigaban a Jane.

Más tarde llegó el médico y, tras examinar a la paciente dijo, como era de suponerse que había cogido un fuerte resfriado y que para tranquilidad de todos que ella no se hallaba presa de la extraña enfermedad de los muertos. Solo debía guardar reposo en cama. Lo prescrito fue atendido de inmediato, pues los síntomas de fiebre aumentaban y cada vez le dolía más la cabeza. Lizy solo fue atendida por las leves raspaduras y moretes que tenia, ella no tenia síntomas de resfrió como su hermana. Jane quedó en cama y las otras damas permanecían a su lado casi todo el tiempo, como era natural los caballeros no tenían nada que hacer ahí, por lo que salieron de casa para revisar de nuevo los alrededores y asegurarse que ningún otro muerto viviente rondara en las cercanías.

Eran las cinco de la tarde cuando las dos señoras de la casa fueron a vestirse y a las cinco y media Lizy fue llamada a comer. En las corteses preguntas que le hicieron ella pudo intuir la influencia de Bingley, pero no pudo responder favorablemente, pues sentía que Jane no había mejorado, al oír eso las hermanas manifestaron lo mucho que esto las apenaba, lo horrible que era padecer de un resfriado y lo mucho que a ellas les molestaba verse enfermas. Después de esos comentarios ya no pensaron más en la condición de la enferma y esta indiferencia hiso que Lizy las encontrara nuevamente desagradables.

Bingley era el único de los presentes a quien podía mirar complacida, pues sentía que su interés por Jane era sincero y sus atenciones hacia Lizy le impedían sentirse como una intrusa, imaginando que así la veían los demás, por lo que al poco tiempo ya no hablaba nada mas que con Bingley. Evitaba a Darcy pues, aunque no se dijeron nada por lo sucedido la noche anterior, tampoco deseaba conocer lo el tenia que decir al respecto, la hermana soltera de Bingley solo se dedicaba a contemplarlo y de hecho la otra hacia lo mismo.

Terminada la comida, Lizy regreso al lado de Jane y cuando ella salió del salón comenzaron las criticas por parte de la señorita Bingley, diciendo que sus modales eran muy malos, que su conducta era una mescla de arrogancia e impertinencia, no tenia conversación, ni estilo ni gusto, ni hermosura. La señora Hurst estuvo de acuerdo y añadió.

Su única virtud es que una bailarina excelente. Nunca olvidare jamás su apariencia cuando Darcy la trajo, realmente parecía una salvaje, casi podía pasar por una de esas criaturas.

¡Vaya que si lo parecía! Louisa, apenas pude contenerme. ¿Cómo es posible que ella haya podido quedarse en el bosque sola y dejando a su hermana que huyera sin más? Ambas pudieron haber ido en caballo y salvarse, no había necesidad de aquel acto. Solo causo importuno en hacer que Darcy fuera por ella.

¡Y su vestido! Todo rasgado y lleno de lodo, supongo que te fijaste en la rasgadura de su falda, dejar a la vista su pierna es algo indecente, aunque su vida peligrara no creo que eso fuera excusa para hacer algo así con su vestimenta, ninguna dama con educación y recato lo haría. En mi opinión esa actitud revela una detestable inclinación al desprecio por el decoro, lo que es propio de campesinos.

Estoy segura de que usted si se fijó, señor Darcy – dijo la señorita Bingley – Después de todo fue usted quien la trajo. Y estoy segura que no desearía que su hermana diera un espectáculo semejante.

Por supuesto que no.

Vaya que encontrarla en el bosque en esas condiciones, me impresiona que no haya dudado en llevarla en sus brazos como lo hiso, pues la suciedad de ella también lo ensució a usted además que hiso que se mojara, salir en su búsqueda con tremendo clima, es una fortuna que no se haya enfermado.

Lo único que sus acciones revelan – intervino Bingley – es que siente un gran afecto por su hermana e hiso un acto muy noble, si yo me encontrara en una situación igual haría lo mismo que ella, y creo que Darcy también por su hermana.

A esto siguió una breve pausa, y finalmente habló la señora Hurst.

Yo siento un gran interés por Jane, pues en realidad es una muchacha muy dulce. De todo corazón deseo que encuentre el marido que merece. Pero con semejante padre, semejante madre y parientes de tan baja condición, me temo que eso no será fácil.

Creo haber oído que su tío es procurador en Meryton.

Así es y tiene otro cerca de Cheapside.

¡Estupendo! – exclamó la hermana, y ambas se echaron a reír.

Después de aquella platica Bingley no dijo nada y se retiró de la habitación pero sus hermanas continuaron regocijándose con vehemencia de las supuestas relaciones vulgares de su querida amiga. A pesar de sus corrosivos comentarios ellas se presentaron con una actitud de gran ternura en la habitación de la enferma, hasta que fueron llamadas a tomar el café.

Darcy se dirigió a con uno de los hombres que era el líder encargado de su seguridad. Este le informó que aunque acabaron con los muertos vivientes, podía existir la amenaza de que estos regresasen aunque no en un número igual al que los atacó. El ejercito se estaba dispersando y seguían con la labor de acabar con aquella criaturas facilitando el parte el trabajo de los hombres a cargo de su seguridad.

Señor – le dijo finalmente - el hombre de las caballerizas me informó, que en uno de los caballos había un mosquete, estaba muy bien envuelto, me lo entregó pero no es mío y de ninguno de mis hombres.

A Darcy le pareció extraño que hubiera un mosquete sin dueño. Le pidió que se lo trajera y que le preguntara al hombre que en qué caballo lo había encontrado. Cuando se lo trajo le dijo que lo había tomado de una yegua blanca. Darcy reconoció que el único animal que había en las caballerizas con esa descripción pertenecía al animal en que la señorita Bennet había llegado, lo supo pues fue él quien la vio cuando llegó a la casa. Tomo el arma quito la funda que la cubría y la examinó. Era una pieza magnifica y se notaba que había sido mandada a ser especialmente para alguien. Era ligera y poseía delicados grabados en la empuñadura, debajo del mango pudo leer lo siguiente que se haya grabado en el metal con fina caligrafía:

Lizy Bennet

Quedó impresionado, aquel mosquete era un regalo para ella, según recordaba Jane le había dicho que ella y su hermana habían salido para recoger un encargo de su padre, tal vez desconocía que era para ella aquel encargo, pues supuso que de ser así lo hubiera utilizado ese día para defenderse de los muertos vivientes. Por otro lado quedó admirado de que no solo fuera capaz de utilizar una pistola pequeña si no también un mosquete.

También encontramos esto – extendió una fila de cuchillos pequeños, eran once en total – Cuando juntábamos los cadáveres para quemarlos los vimos, estaban en las cabezas de esos monstruos. Se los regreso – le entregó el juego de cuchillos y se despidió de él para volver a sus labores.

Aquel hombre suponía que le pertenecían a Darcy, pero en realidad eran de Elizabeth, nadie más que ella pudo haberlos usado, no había nadie más en el bosque y recordando el cadáver de la mujer en la cocina pudo suponer que en verdad le pertenecían. Al parecer también sabia manejarse con cuchillos. ¿Qué otras sorpresas ocultaba Elizabeth Bennet? El recuerdo de ella cuando casi la besaba inundó su mente. Permanecía en silencio cuando la señorita Bingley se acerco a él y le dijo:

Yo puedo adivinar lo que esta pensando.

No lo creo.

Lo que piensa usted es que seria insoportable tener que quedarnos aquí más tiempo de lo planeado por la amenaza de los muertos vivientes y tener que soportar a esta clase de gente de por aquí, pero no se lo digo como crítica si no, que soy de su misma opinión. No seria capaz de soportar otro aburrido baile con esas insípidas personas, y a pesar de ello, ¡que ruido hacen! Que insignificantes son y , con todo, ¡vaya los aires que se dan!... Me gustaría saber que opinión le merece.

Esta usted equivocada, se lo aseguro. En realidad yo pensaba en cosas más gratas. En el placer que provocan dos hermosos ojos en el rostro de una mujer bonita, a manera de ejemplo.

La señorita Bingley lo miro fijamente y presa de los celos le pidió que le dijera que dama le había provocado semejantes reflexiones.

La señorita Elizabeth Bennet.

¡Elizabeth Bennet! – replicó ella – ¡Me asombra de usted! y dígame, ¿desde cuando comenzó a ser ella su favorita?

No puedo responder a eso.

O es, acaso, ¿que por sus acciones disminuyó la admiración que tiene por ella?

En modo alguno – replicó él – solo demuestra que es una mujer fuerte capas de hacerle frente a situaciones de peligro sin temor alguno, cualidades que no son muy comunes en mujeres por estos tiempos.

Y dígame, ¿cuándo podre darle mis felicitaciones?

Esa es efectivamente la pregunta que yo estaba esperando de usted. Ciertamente la imaginación de la mujer es muy vivaz, salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio, todo en un instante. Ya sabia yo que deseaba felicitarme.

Si realmente se lo toma enserio, tendré razones para felicitarlo, sobre todo por que tendrá usted una suegra encantadora, quien seguramente estará siempre en Pemberley con ustedes.

Darcy la escuchó con absoluta indiferencia mientras ella se divertía mucho con sus propios comentarios; hasta que el silencio de él la convenció de que estaba hablando enserio, con lo que su imaginación se sumió en un caos de celos y conjeturas.

Elizabeth Bennet, aquella insolente mujer se había atrevido a cautivar a Darcy, realmente no podía creerlo y lo que más le molestaba era el hecho de que ahora se hallaban bajo el mismo techo.

Lizy paso toda la noche en la habitación de Jane. Y a la mañana siguiente encontró motivo de satisfacción al poder contestar con buenas noticias a las noticias que muy temprano, y por intermedio de una sirvienta, le hiciera el señor Bingley. Jane estaba mejorando pero no duro mucho, poco después del almuerzo tubo una recaída, provocando la preocupación del señor de la casa y de sus hermanas. Elizabeth se paso casi todo el día en la habitación con Jane, después de que esta se durmió decidió salir un momento de la casa. Se la había pasado encerrada con Jane con l excusa de cuidarla, por que aunque le preocupaba la salud de su hermana, tampoco deseaba pasar mucho tiempo con el aquel grupo de personas, aun así sentía que debía ser tiempo para salir y tomar aire fresco.

Cuando salió de la habitación, decidió salir de la casa e ir a las caballerizas, en ese momento pensó en su yegua. No sabia en que condiciones estaba. Al entrar a las caballerizas se encontró con un criado, algo anciano, lo saludo y este la llevó a donde se encontraba el animal. Lizy lo saludó y el corcel le correspondió. Estaba cepillando a la yegua cuando Caroline hiso presencia.

Señorita Elizabeth aquí estaba.

Lizy se sorprendió un poco, no esperaba que fuera buscada por la señorita Bingley.

Acompáñeme a cabalgar señorita Elizabeth, los guardias han dicho que no hay de esas criaturas rondando por aquí cerca y seria un desperdicio pasar un día tan hermoso como este en la casa.

Elizabeth no deseaba la compañía de aquella mujer, pero tenia razón, era un día muy adecuado para cabalgar y tenia ganas de sentir el aire en su cara.

Ambas mujeres salieron a cabalgar, sin alejarse mucho. Como no podían adentrarse al bosque condujeron los caballos a los jardines de la propiedad, tenían caminos anchos y una vista hermosa. Ahora llevaban los caballos a un paso pausado.

Es refrescante ¿no cree? – hablo la señorita Bingley – después de pasar tanto tiempo encerrados en la casa es cómodo salir.

A sí es.

Aunque claro es muy divertido jugar a los naipes cuando la compañía es la adecuada. Pero yo creo que usted es una gran lectora, prefiere los libros a los naipes ¿no es así? Y no haya placer en otras cosas.

No merezco ni esa alabanza ni esa censura – replicó Lizy - No soy una gran lectora y encuentro placer en muchas cosas.

Espero que encuentre muy grato el cuidar de su hermana. Y espero que ese placer aumente la verla recuperada por completo.

Aquellas palabras lejos de agradecerlas podía notar las malas maneras con lo que las había mencionado haciendo que el desprecio hacia ella aumentara. pero la atención de la señorita Bingley se vio ocupada por otra persona. Darcy y Bingley se hallaba caminando en contra cuando se toparon con ambas damas. La señorita Bingley apresuro su caballo y se detuvo frente a ellos.

Que egoístas, salen a pasear y no me invitan – les reprochó Caroline.

Pero si estas muy bien acompañada Caroline, no creo que nos necesites – le dijo su hermano.

Acompáñenos señor Darcy, por que en vista Charles no desea hacerlo.

Solo tendrían dos motivos para que dos mujeres estén paseando juntas y no deseo interrumpir en ninguna de ellas.

¿Qué querrá decir? – preguntó Caroline a Lizy.

Lo mejor seria ignorarlo.

Díganos señor Darcy, ¿por qué no desea acompañarnos a cabalgar?

O bien están haciéndose confidencias o están consientes de que sus figuras lucen mejor a caballo. En el primer caso las interrumpiría y en segundo puedo admirarlas mejor desde aquí.

El señor Bingley rio por el atrevido comentario de su amigo y la señorita Bingley mostro su desaprobación por lo dicho. Aun que los hombres no deseaban cabalgar pues tomaría mucho tiempo ir a las caballerizas y que les preparan los caballos si estuvieron de acuerdo en acompañar a las damas el resto del recorrido. Lizy y la señorita Bingley bajaron de sus caballos y continuaron a pie. Darcy llevaba las riendas de la yegua de Elizabeth y Bingley el de su hermana. Los cuatro continuaron el paseo.

Ha crecido mucho su hermana desde la primavera pasada? – preguntó la señorita Bingley a Darcy – Ahora debe de ser tan alta como yo.

Creo que si, casi tan alta como la señorita Bennet.

Tengo tantas ganas de volver a verla. Nunca he conocido a nadie que me agrade más ¡Que aspecto que modales! Es una joven con mucha cultura para su edad. Toca el piano de excelente manera.

Estoy asombrado – Comentó Bingley – de que las muchachas tengan tanta paciencia para lograr una educación tan amplia.

¡Vamos! no pues hablar en serio Charles – replicó la hermana.

Pues sí esa es mi opinión. Todas pintan, decoran biombos, o hacen monederos; no conozco a una que no sepa hacer esas cosas.

Tu concepto de lo que se considera instrucción es adecuado – opinó Darcy – A muchas mujeres se las consideran cultas y bien educadas sencillamente por que saben hacer monederos o decorar un biombo. No coincido en tu apreciación de las muchachas en general, pero la verdad es que no he conocido ni a media docena cuya educación fuera realmente completa.

Ni yo – dijo la señorita Bingley.

En ese caso – Intervino Lizy – debe ser usted muy exigente con las mujeres y su criterio de lo que es una educación completa seguramente es muy severo.

En efecto soy muy exigente.

¡Por supuesto! – exclamó la señorita Bingley, su fiel admiradora – un mujer debe tener cabal conocimiento de la música, el canto, el dibujo, el baile y las lenguas modernas para merecer la palabra, pero además de todo eso es necesario que tenga algo especial en su aire, y en su forma de andar, en el tono de voz, en su trato y en sus expresiones; de otro modo no alcanzaría la calificación de persona educada.

Además del desarrollo de la inteligencia por el ejercicio de la lectura – agregó Darcy.

No me sorprende que usted solamente haya conocido solo a seis mujeres que usted considere completas.

¿Tan severa es usted en el juicio con las de su mismo sexo que duda que exista una mujer con posea esas cualidades?

Jamás he conocido una mujer así, ni creo posible que se encuentren virtudes como la aplicación y el gusto al grado que usted exige.

La señorita Bingley protestó ante aquella opinión y aseguró conocer a varias mujeres que pudieran ser de ese tipo. Cansado de escuchar la voz de su hermana Bingley la mandó a callar. Lizy fastidiada de aquel grupo y alegando que deseaba regresar a la casa pues había estado fuera mucho tiempo y le preocupaba la salud de su hermana se retiró subiendo a su yegua y emprendiendo el camino a la casa.

Elizabeth Bennet – dijo la señorita Bingley cuando ella se fue – es de esa clase de mujer que tratan de congraciarse con el sexo opuesto menospreciando el suyo propio, me parece que ese es un recurso mezquino.

Sin duda – repuso Darcy.

La señorita Bingley no quedo contenta con aquella respuesta y volvió a hacer comentarios al respecto.

Al poco rato los tres llegaron a la casa, Darcy se dispuso a llevar el caballo a las caballerizas el mismo, para su sorpresa se encontró a Elizabeth cepillando a su yegua. La miró en silencio por un momento.

Cepillar a su yegua la calmaba, así como galopar, pero era evidente que no lo había conseguido, por la compañía que tenia y por las conversaciones que tenían ellos. Solo le quedo el consuelo de estar ese momento a solas. Jane aun no despertaba, eso le había dicho una de las criadas y por ellos se dispuso a cuidar de su corcel. La llegada de Darcy la sorprendió.

Es suyo – le dijo, extendiendo el mosquete ahora cubierto – Estaba en la yegua cuando su hermana llegó.

Lizy se impresionó. ¡Había olvidado por completo el encargo de su padre! Tomo el bulto con agradecimiento y poco después de tomarlo, Darcy le extendió otro.

Creo que también le pertenece.

Era un estuche de cuero enrollado, ella lo desconocía, antes de decir que no era de ella lo desenvolvió y se quedó impresionada de nuevo. Dentro del estuche y bien acomodados estaban sus pequeños cuchillos. Los había dado por perdidos en el bosque aquel día.

¿Cómo los encontraron? – pregunto sorprendida.

Mis hombres los recuperaron, pensaron que eran míos, pero al parecer tenia razón, son de usted.

Lizy no quiso ver la ironía en aquellas suposición de Darcy, seguramente cuando se los entregaron pensó: ¡Oh si es capaz de usar un arma que más da un cuchillo! esperaba un interrogatorio por parte de él pero no dijo palabra alguna.

Darcy había ordenado dejar el mosquete y los cuchillos en las caballerizas para así cuando las hermanas partieran ambas pertenencias estuvieran ya dispuestas en el animal.

¿No va a decirme nada? – dijo Elizabeth, colocando ambos bultos en un banquillo y tomando de nuevo el cepillo para continuar con la tarea que hacia.

¿Qué desea que le diga?

Bueno después de la explicación de lo que usted considera una amplia educación en una mujer, no creo que considere apropiado que sepan del manejo de armas o cuchillos, esas cualidades no se hallaban en su lista ¿cierto? – le dijo con naturalidad y diversión. Realmente deseaba saber la opinión que ahora le tenia.

Ciertamente no, y no considero apropiado que a las mujeres se instruyan en el uso de ese tipo de artículos para hombres.

¿Y quien dice que son solo para uso de los hombres? ¿Es usted muy orgullo señor Darcy?

Si lo soy.

¿Y considera usted el orgullo un defecto o una virtud?

No sabría decirle. Tal vez me cueste trabajo perdonar las fallas de los demás o sus ofensas, mi opinión perdida lo esta para siempre

Ella sonrió para si misma.

No puedo hacer bromas sobre eso y es una pena ya que me encanta reír.

Lo miró después de decir aquellas palabras y agregó.

Puedo darme la libertad de suponer que usted no me tiene en un muy alto concepto y que mis acciones le parezcan desaprobatorias, pero si mi padre nos hubiese educado como usted considera de manera adecuada, en este momento yo ya estuviera muerta, ya sea esa noche en la cocina o en el ataque que sufrí en el bosque o en los muchos más en los que me he visto. No estoy de acuerdo en la forma en la usted juzga a las mujeres por no cumplir con las virtudes que usted considera como necesarias en una dama, creo que el día que me encuentre a mujer así, seria algo terrible de admirar.

Darcy guardo silencio. Lizy seguía con su tarea de cepillar y antes de retirarse dijo esto último.

Al contrario de lo que usted piensa, mi opinión sobre las cualidades que usted posee son las adecuadas para una mujer en estos tiempos en los que nos hayamos sumergidos. Es capaz de defenderse por si misma y me alegra que no le haya pasado nada grave en esos dos incidentes o en los anteriores.

Darcy se sintió un poco lastimado por la opinión que creía que tenia de ella. Lejos de no considerarla adecuada la admiraba demasiado, y con esas virtudes que consideraba solo para hombres elevaba más la estima hacia ella. Definitivamente Elizabeth valía más que una dama que cumpliera con su lista de cualidades que debían poseer.

Elizabeth se quedo un poco sorprendida. Darcy la dejo con una opinión muy diferente a lo que ella pensaba. El recuerdo de aquel intento de beso llego a su mente. ¡No!, se repetía a si misma, de seguro aquello fue algo diferente y ella pensó que la quería besar. Tal vez el quería decirle algo. Se maldijo un poco por el caos que había ahora en su cabeza, había logrado olvidar aquel incidente y ahora regresaba. Miro la escopeta y los cuchillos, no, definitivamente él no la consideraba una mujer adecuada y con educación completa según él. Por lo tanto no tenia por que besarla esa noche.

El día siguiente transcurrió del mismo modo que el anterior, a excepción que ahora Jane se encontraba mejor y podrían partir esa misma tarde. La noticia provocó exageradas manifestaciones de contrariedad, y las Bingley insistieron que se quedaran por lo menos, hasta el día siguiente, lo que Lizy se vio obligada a aceptar, aun así envió una nota Longbourn, pidiéndole a su padre que le enviasen el coche para el día siguiente. A pesar de su actitud, la señorita Bingley estaba molesta por aquella dilación, pues los celos y la antipatía que le inspiraba Lizy excedían por mucho su afecto por Jane.

Al dueño de la casa si le causo verdadera pena el que las Bennet expresaran su deseo de marcharse de inmediato, y por ello insistió en la inconveniencia del viaje; argumentando que Jane todavía no se encontraba lo suficientemente repuesta y que los muertos vivientes podían atacarlas de nuevo en el camino. Aquellos comentarios lejos de ayudar solo hicieron que Jane recordara lo horrible que la había pasado, provocando mortificaciones en la pobre muchacha.

Por su parte, Darcy tomo la noticia con satisfacción, pues consideraba que Lizy ya había pasado tiempo suficiente en Netherfield. Ella le atraía más de lo deseable, en ciertas ocasiones aquella atracción le provocaba ciertas incomodidades en una zona en particular de su cuerpo, y el saber que se encontraba cerca de él lo hacia más difícil el controlar el impulso de ir a su habitación y poseerla, pero ante todo era un caballero y no podía realizar aquel acto, además de que la señorita Bingley se mostraba descortés con ella, y con él más acosadora de lo que solía ser. En vista de ello, decidió vigilar su propia expresión, procurando que no se le escapase ninguna frase de admiración de nuevo. El tema de lo sucedido en su habitación no se comentó en ningún momento, el no deseaba despertar en ella la esperanza de que pudiera influir en su felicidad, aun por mucho que lo deseara, pero mientras se encontrase en Netherfield lo mejor seria mantenerlo oculto.

Al día siguiente después del almuerzo llegó el señor Franz y su hijo con el coche. Ambas hermanas salieron. Jane iría en el coche, a pesar de que se veía sana no podían arriesgarse que recayera por la enfermedad. Lizy marcharía a caballo, aun que la idea original era que el señor Franz fuera en él. Jane fue ayudada a subir al carruaje por el señor Bingley. Elizabeth se disponía a subir al caballo cuando sintió unos brazos que la ayudaban. Al estar sentada en el corcel pudo ver que era Darcy, acomodó su pie y su vestido, Lizy estaba un poco sorprendida por la acción del caballero, aun así agradeció y se despidió de sus anfitriones.

De esa manera las hermanas Bennet partieron de Netherfield.