Summary: MINIFIC. "—¿Por qué, Edward? —Susurró ella dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos. —Porque no puedo evitar amarte, sin importarme que seas… que seas…—Repitió el cobrizo dejando que a él también se le escaparan lágrimas. —Que seas mi hermana…". Bella/Edward. Rating: M.

Advertencia: Bien, ésta historia contiene INCESTO y lenguaje adulto, y aún no sé si habrá lemmon. :B Pero denle una oportunidad, y lean. ;D Prometo no decepcionarlas (?) C:


4. Capitulo Cuatro.

Forbidden Love

By Ally C-B

&.

Bella abrió grande los ojos cuando sintió un cálido toque sobre sus labios, encontrándose con un Edward de ojos cerrados sobre ella.

Besándola.

Sí, estaba besándola. Y tal como el cobrizo lo había imaginado, los labios de su hermana eran perfectos. Delicados y suaves; ni muy finos, ni muy pomposos. Simplemente, perfectos.

La castaña no podía creer lo que estaba ocurriendo. ¿Edward? ¡¿Besándola?!

"No está bien… Edward es… mi hermano. Mi mellizo", pensó ella.

¡Por supuesto que no estaba bien! Esto no era… normal. Pero no se animaba a hacer nada, se le había paralizado el cuerpo.

Los labios de Edward… Nunca se había puesto a pensar qué se sentiría besarlos; pero eran… suaves, y cálidos. Y no se sentían… tan mal.

"Mi primer beso", era el pensamiento que aturdía en la cabeza de la castaña.

No. No, no, no…

—¡NO! —Gritó ella empujando a Edward lejos, hacia los pies de la cama.

Él gimió un poco, sorprendiéndose de la fuerza de… su hermana. Suspiró mientras se sentaba, tocándose los labios. ¿Qué demonios había hecho?

—Espera, Edward. ¿Qué… qué haces? —Ella se encontraba totalmente aterrada, arrodillada en su lugar, agarrándose fuerte del collar que colgaba alrededor de su cuello.

—¿Que qué hago? —Edward suspiró soltando una risa corta y seca. —Ni yo mismo lo sé…

Eso era cierto, y al mismo tiempo no. Había metido la pata. No debería haberla besado. Sin embargo, no se arrepentía. ¡Diablos!, daría hasta su vida por volver a sentir esos suaves y únicos labios de ella sobre los suyos.

Su mirada se encontró con la de ella, totalmente confundida y sorprendida, y hasta llena de cierto temor. Bella aún no podía creer que su primer beso había sido con… su hermano. Su hermano mellizo. ¿Por qué? ¿Por qué Edward lo había hecho? ¿Por qué en su mirada también podía ver un eje de miedo? ¿Qué era ese brillo que salía de los ojos del cobrizo que hacía que el corazón de Bella latiera tan rápidamente? ¿Por qué sus labios aún sentían la presión de los de Edward contra los suyos? Por qué, por qué, por qué…

Edward podía ver las mil y un preguntas que pasaban por los ojos de Bella, y hasta podía oírlas en su cabeza. Él suspiró, armándose de valor, antes de soltar la pregunta.

—Bella… ¿Te gusto? —La mente del cobrizo le gritaba que se detuviera, pero ya había llegado demasiado lejos. Ya… había llegado a estar sobre la línea, el límite ente su cordura y sus deseos.

—Claro que me gustas, Edward… —Bella no tardó ni dudó en la respuesta; pero eso era obvio. ¿Cómo no pensar que su hermano era lindo, cuando la mayoría de sus amigas prácticamente se ahogaban en baba por él? Ella no solo consideraba a Edward apuesto, sino que también sabía perfectamente cómo su madre lo había criado, y orgullosamente, siempre alardeaba de lo caballero que era su hermano. Pero, ¿realmente le gustaba de aquella forma, como cuando a una mujer le gusta un hombre?

—Entonces… —El cobrizo se acercó de nuevo hacia ella, dispuesto a volver a besarla. Echando al demonio su cordura, y por primera vez, dejando que su corazón y sentimientos lo guiaran.

Pero para Bella… Edward era su hermano. ¿Cómo poder pensar de otra forma acerca de él? Era… Estaba… mal. Muy mal.

—Espera. ¡Espera, Edward! —Ella giró su cabeza hacia un costado al momento en que él se acercó, impidiendo aquel beso que el cobrizo se moría por dar. Edward se alejó apenas un poco suspirando, para que ella pudiera volver a mirarlo a los ojos. —Yo… no entiendo nada de esto. —Dijo la castaña casi en un murmuro, como si estuviera a punto de llorar, mientras Edward la observaba.

El temor invadía cada preciosa facción de su delicado rostro. Y eso le molestaba a Edward. Ella lo miraba como si de un fantasma se tratase. Pero él no era un desconocido. ¡Él era su hermano! Aunque… eso tampoco ayudaba a la situación.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que amarla como lo hacía? ¿Por qué tenía que ser ella su hermana, su melliza? ¿POR QUÉ DEMONIOS TENÍA QUE SER ELLA LA RAZÓN DE SU VIVIR? ¿Por qué Dios lo castigaba de esta manera? ¿Por qué…?

Edward no lo soportó más, y desvió su mirada de los ojos achocolatados de su hermana por unos momentos.

—Esto… de verdad me irrita. —Dijo más para sí mismo que para ella. —¿Por qué tienes que ser tú la indicada?

'La indicada'.

¿Cuántas veces habían hablado con sus padres sobre los futuros 'indicados'? Cuando eran niños, Edward siempre afirmaba que sería Bella con quien se casaría, y tendría hijos y su "vivieron felices para siempre"; por lo que un día, sus padres hablaron con los mellizos Cullen para explicarles sobre los 'indicados'. Ellos serían con quienes tendrían su final feliz y su historia de amor; pero que era rotundamente imposible que todas aquellas cosas que se leen en los cuentos lo tuvieran entre ellos dos.

Ese día, y por primera vez, Edward odió a sus padres. Claro que, cuando uno crece, muchas veces olvida ciertas cosas de su infancia; y esto no fue una excepción en Edward. Él amaba a sus padres con todo su ser, pero ese día, por esas veinticuatro horas, el cobrizo logró odiar con toda su alma a sus padres por haberlo hecho ser hermano mellizo de Isabella.

Y ese sentimiento no había cambiado mucho en la actualidad, salvo la parte de odiar a sus padres. Solo odiaba el hecho de ser hermano de la mujer que amaba, de la 'indicada' para él.

Cuando Bella oyó aquella palabra, un escalofrío corrió por su espalda al recordar aquella charla de cuando niña. "¿La indicada? No puede estar hablando en serio, ¿o sí?".

—Edward… Yo… Esto es… muy extraño. —Su cuerpo temblaba, y Edward lo sabía, podía sentirlo gracias a que tenía a Bella tomada por su diminuta muñeca, aunque no sabía en qué momento la había agarrado. —Ya, deja de bromear. —La voz de ella se endureció. —¿Por qué todo esto tan de repente?

—¡Si fuera una broma, no haría todo esto! —Contestó él levantando un poco la voz. La respiración de ambos era acelerada, y el calor que sentían en su cuerpo mezclado con el frío del ambiente solo los hacía temblar. —La manera en que te miraba… ¿Es que nunca te has dado cuenta? —La voz del cobrizo se suavizó, y Bella sintió su pecho encogerse ante su mirada penetrante y su profunda voz. —Bella, nunca te he visto como mi hermana.

—Edward…

—¡Eres la única chica a la que miro, a la que amo! —Las palabras prácticamente se escaparon de sus labios antes de acercarse y abrazarla con fuerzas.

Un ruidoso trueno se escuchó desde afuera, mientras Bella aún no podía creer en la confesión de su hermano.

La acción de Edward fue tan rápida, que solo logró asustar a Bella. —¡Para! —Dijo ella levantando un poco la voz e intentando que su hermano soltara el abrazo. Estaba tan asustada y… confundida, que no quería tenerlo cerca.

Y ese abrazo… solo empeoraba las cosas. Se sentía extraño. No era uno acogedor como el que se darían como hermanos. Ella podía sentir la desesperación de Edward a través de ese abrazo, como si él quisiera que la castaña se metiera en su corazón y pudiera entender lo que él verdaderamente sentía por ella. Y eso… la asustaba.

Isabella seguía haciendo fuerza en el pecho de su hermano para que la soltara, y Edward, con cada fuerza ejercida por ella, sentía que la perdía. ¿Cómo era posible que ella aún no lo entendiera? ¿Por qué no lo escuchaba? ¿Por qué no entendía que él moriría por ella? ¿Por qué no entendía que la amaba más que a su propia vida? Él ya no sabía cómo explicarle, como hacerle entender que su mundo era ella, y nadie más que ella. Pero Bella siempre fue necia y testaruda, imposible de hacerla cambiar de opinión. Y a Edward… su paciencia ya se había ido por la borda.

—Por favor… —Suplicó en el oído de su hermana, y un auge de satisfacción lo llenó cuando la sintió estremecerse en sus brazos.

Sus labios temblaron ante lo que estaba por hacer y decir. "Te arrepentirás de lo que harás, Edward Cullen", lo reprendió su mente. Pero él ya… había llegado a su límite.

—Elige… ser mía… —Él sintió cuando el cuerpo de la castaña se tensó al oír lo que estaba diciendo. —O ser de otro, y pasarte el resto de tu vida pensando en este momento...

Sí, estaba persuadiéndola. Pero ya no podía más. Ya no podía soportar el hecho de que ella siguiera viéndolo como su hermano, cuando él no deseaba más que acorralarla contra una pared y besarla hasta que sus labios se lastimaran. Cuando no deseaba más que hacerla suya, una y otra vez, hasta que el cansancio los venciera. Quería amarla, en cuerpo y alma.

—No importa el camino que elijas… Ya no hay vuelta atrás. — Isabella tomó una bocanada de aire al darse cuenta que había dejado de respirar ante las palabras de su hermano.

Otro trueno, que vino acompañado de un rayo que iluminó la habitación, se escuchó con fuerza en aquel silencio que se había prolongado entre ellos.

Bella ya había dejado de ejercer fuerza, intentando separarlo. Estaba tan atónita con cada palabra que Edward había dicho, que ya sentía que no existía fuerza alguna que pudiera contra él. Y dolía. Dolía dejar que el sentimiento de amar a Edward, y no precisamente como a un hermano, la llenara muy lentamente. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que doler de esa manera? ¿Por qué todo era tan complicado? Inevitablemente, las lágrimas que luchaban por salir en los ojos de Isabella ganaron.

—Si me elijes, bésame.

—Edward… —La voz de Bella se oía débil y resquebrajada. —Suéltame, Edward. —Ella intentaba que su voz saliera firme, pero era imposible. Al igual que intentar detener las lágrimas que se deslizaban por sus sonrojadas mejillas. Él negó con la cabeza sin querer soltarla, sin querer alejarse, resistiéndose a la ligera presión que ejercía ella para que la soltara. —Porque… tú eres… mi hermanomellizo.

Un ligero 'crack' se escuchó en los oídos de Edward, y él supo que era su corazón.

Todo estaba muy mal, y Bella tenía razón. Por más que lo que el cobrizo sentía al ver a Bella fuera más allá de un 'amor de hermanos', era… imposible. Dios los había hecho familia, y un amor de familia es lo que él debería sentir por ella. Pero su corazón no lo ayudaba. Su corazón quería más. Pero sabía que había acelerado las cosas.

Edward suspiró, dándose por vencido, mientras se alejaba de ella lentamente. No la miró, sabía que ella de seguro estaría llorando, y no soportaba la idea de volver a verla llorar.

Otros segundos de silencio, que se sintieron como horas para Isabella. Un silencio, el cual lo cambió todo. Un silencio, en el cual ella logró entender cada palabra de Edward; logró comprender sus sentimientos. Cada momento, desde que el cobrizo había comenzado a tratarla diferente, desde que su relación había cambiado por completo, pasó por su cabeza como si de una película se tratase.

En esos segundos, ella lo comprendió todo. El por qué de todo. Por qué Edward se alejaba tan bruscamente cada que ella se acercaba; por qué él la trataba tan fríamente; por qué él había reaccionado de la forma en que lo hizo cuando Newton se le encimó en aquel pasillo del colegio. Todo tenía sentido…

Edward… la amaba. Él siempre había estado allí cuando Bella lo necesitaba; él siempre la protegió, siempre la cuidó aún hasta en aquellas noches cuando las pesadillas no la dejaban dormir, quedándose despierto junto con ella mientras conversaban para que Bella se distrajera. Y había hecho todo eso porque… la amaba.

Y ella… ¿lo amaba? Por supuesto que sí, era su… hermano. Aunque, algo en ella estaba siendo cambiado. ¿Qué se sentiría, cómo se vería ella tomada de la mano de su… de Edward? ¿Qué se sentiría besarlo en los labios como a un amante, a una persona que es 'la indicada'? Él… Ella… Todo era tan confuso. Pero ella tenía algo bien en claro…

—Me… me gustas, así que… —Edward volvió la vista hacia ella, completamente sorprendido por las palabras que salieron de la boca de Isabella casi en un susurro, y su corazón se aceleró al ver y sentir las delicadas y suaves manos de ella tomarlo por el rostro, comenzando a acercarse lentamente.

¿Cómo era posible? ¿Cómo era posible para ella que sus sentimientos cambiaran tan de repente? De quererlo como a un hermano, a amarlo como a un 'indicado'. Costaba… ¡Demonios que sí!, pensar en él de esa forma. Y hasta dolía, porque ambos tenían bien en claro que todo esto estaba mal. Muy mal. Pero aún así…

—Te elijo a ti, Edward… —¿Cuánto tiempo había soñado él con oír esas palabras? Ya había perdido la cuenta.

Con esas simples palabras, Bella se fue acercando más y más. Edward ya no lo soportaba, quería besarla de una vez por todas. Sin embargo, quería que ella tuviera la iniciativa. Quería que ella dejara de tratarlo como su mellizo y comenzara a tratarlo como a un hombre, como al 'indicado'.

Milímetros los separaban, cuando el ruido de la puerta principal de la casa se oyó cerrarse con fuerzas y las voces de sus padres hicieron que ambos se detuvieran.

—Ya estoy en casa. —Gritó Carlisle Cullen al entrar en la casa, como solía hacerlo siempre. —Vengo empapado… —Protestó con algo de diversión.

Otro trueno se escuchó. Todo estaba mal… Tan mal, que dolía demasiado.

Bella se alejó, bajando su mirada, sintiéndose triste y dolida. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? Ellos allí, a punto de jurarse amor, aún cuando sus padres se encontraban en el piso de abajo, creyendo que todo estaba bien, que nada anormal ocurría con sus hijos. ¿Acaso ellos merecían algo como eso? ¿Merecían que la familia se rompiera por un capricho de adolescentes? ¿Acaso… eso era todo? ¿Un mero capricho?

—Oye, no, ¡estás todo mojado! —La voz de Esme Cullen regañando a su marido se escuchó. —Espera, traeré una toalla… ¡No, no entres! Espera… ¡EDWARD, HIJO, ¿PUEDES VENIR UN MOMENTO?! —Gritó su madre y Edward suspiró.

Observó a Isabella, quien con su cabeza gacha, intentaba ocultar sus lágrimas. Quería abrazarla, besarla, jurarle que todo iba a estar bien. Pero ni siquiera él podía creerlo. No podía creer lo egoísta que era y lo lejos que había llegado. Sabía que todo cambiaría de ahora en más.

—Ya voy, mamá. —Gritó él en contestación, haciendo que Bella se sobresaltara. Volvió a suspirar, antes de levantarse e irse a donde estaba su madre.

Ya nada sería igual…

.

.

.

—¡Buenos días! —Exclamó una sonriente Alice cuando los hermanos Cullen salieron de su casa, encontrándose con ella en la puerta, esperándolos. —Oye, ¿estás bien? ¿Acaso has dormido bien? —Preguntó la pelinegra en dirección a Edward.

—¿Ah? Sí. —Contestó él desganado.

Alice rió mientras comenzaban a caminar hacia el Instituto. —Te quedaste otra vez hasta tarde viendo la televisión, ¿no es cierto? —Dijo con tono de diversión, pero luego pasó a reprimenda. —¿Qué pasará si te quedas dormido en clases? Te podrían castigar por ello. Aunque, creo que por ser tú, no hay nada de qué preocuparse…

Alice siempre era así. Hacía preguntas, y se las contestaba sola. Hablaba, hablaba y hablaba. Edward y Bella ya estaban acostumbrados a su personalidad; y en ese momento, agradecían que Alice fuera así, sino, se hubiera dado cuenta de la incomodidad y tensión que había entre ellos.

—Hey, Edward. —Alice se dirigió hacia él, caminando a su lado. —Descubrí que al frente de la estación de trenes hay una nueva cafetería. ¡Es genial! Podríamos ir algún día…

Bella automáticamente dirigió su mirada a Alice y Edward, recordando lo que su amiga le había dicho el día anterior.

.

"Invitaré a mi novio a ésta cafetería", dijo Alice entusiasmada y sonriente cuando ella y Bella se sentaron en una de las mesas de la nueva cafetería.

"¿Ehhh? ¿Novio?", dijo Bella sorprendida. "¿Desde cuándo?"

Alice bajó la mirada sonriendo con timidez. "No puedo decírtelo, pero sí… Tengo novio."

Ambas amigas se miraron por unos momentos antes de romper en risas y que se abrazaran sonrientes.

El resto del día, Alice se la pasó hablando y describiendo a su nuevo novio, pero Bella nunca se imaginó quién podría ser.

.

¿Acaso Edward era… el novio de Alice?

—La comida es exquisita, ¡y hasta tienen platos y vasos con formas divertidas! La música que pasan está muy a la moda, e inclusive los asientos y las combinan con todo el lugar y son muy cómodos… —Alice seguía hablando entusiasmada a un inexpresivo Edward.

Bella, de a poco, iba escuchando a lo lejos la voz de Alice. ¿Cómo podía ser que aquel príncipe que Alice describió el día anterior fuera… Edward? ¿Acaso, todo lo que había pasado entre la castaña y su hermano, había sido una broma? ¿Cómo podía ser que… fuera él? Ella no podía creer que todo esto estuviera pasando.

Edward. Con Alice.

¿Acaso todo lo que el cobrizo le había confesado la noche anterior era mentira?

Isabella no se había dado cuenta que a medida que más pensaba, más atrás se quedaba en la caminata, dejándolos a ellos dos solos avanzar.

—Sería estupendo que fueramos juntos, ¿no lo crees? Mmm, que te parece, ¿mañana? Podríamos ir a la salida del Instituto. ¿Qué opinas, Edward?

Él asintió sin prestar real atención a lo que Alice preguntaba; y Bella sintió un fuerte dolor en el pecho antes de salir corriendo, pasando entre medio de su hermano y su amiga, empujándolos y sorprendiéndolos un poco.

—¿Bella? —Preguntó Alice confundida, quedándose estática junto con Edward.

Él sintió una molestia en su pecho, y supo el por qué su hermana había reaccionado de esa forma. Ella ya se había dado cuenta de lo que ocurría; y él también sabía que solo era cuestión de tiempo para que se enterara, solo que no contaba con que anteriormente ocurriera lo de la noche anterior.

Solo esperaba, y suplicaba, que esto no empeorara las cosas. Aunque, algo le decía que ese deseo no se cumpliría.


*se asoma desde atrás de una almohada* ¿Aló? ¿Alguien a quien le siga interesando esta historia? ._.

Si la hay, muuuuuuuuuuuuchísimas gracias por seguir aquí. ^^ (L)

Como dije anteriormente , las actualizaciones de esta historia como de cualquier otra simplemente serán conforme a cuanto vaya escribiendo y mi tiempo me lo permita. u_u

Okey, ¿opiniones? :D ¿Les gustó el cap?

You know how much I love ya' all. (L) ^^

Peace. Out.

Ally C-B.