Summary: MINIFIC. "—¿Por qué, Edward? —Susurró ella dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos. —Porque no puedo evitar amarte, sin importarme que seas… que seas…—Repitió el cobrizo dejando que a él también se le escaparan lágrimas. —Que seas mi hermana…". Bella/Edward. Rating: M.

Advertencia: Bien, ésta historia contiene INCESTO y lenguaje adulto, y aún no sé si habrá lemmon. :B Pero denle una oportunidad, y lean. ;D Prometo no decepcionarlas (?) C:

Disclaimer: Los personajes y el tema de esta historia, no son míos. Ésta es la adaptación de un MANGA. Pero la escritura y narración sí me pertenecen.


5. Capitulo Cinco.

Forbidden Love

By Ally C-B

&.

El resto del día, Bella se las había arreglado para no cruzarse con Edward. Pero no había tenido esa suerte con Alice…

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—¿Bella? ¿Estás bien? —Preguntó la pelinegra cuando la susodicha salió de uno de los cubículos del baño.

La castaña la miró por unos momentos en silencio, imaginándose a su mejor amiga con su hermano. Tomados de las manos. Caminando por el parque, sonrientes, como cualquier feliz pareja lo haría. Él deteniéndose a comprarle una flor, antes de dársela. Ella sonriendo aún más abiertamente, antes de colgarse de Edward y besarlo.

Y allí fue cuando vio todo con claridad.

Ella nunca podría hacer algo así con él; gracias a que ambos eran bastantes conocidos por el oficio de su padre: el prestigioso Doctor Carlisle Cullen. Casi no existía persona en toda la ciudad que no reconociera a los mellizos Cullen.

Ella nunca podría ser feliz de esa manera con él, porque, al fin y al cabo, Edward siempre sería… su hermano. Era imposible para ellos.

Isabella sintió aquel pinchazo de dolor y decepción otra vez, y apartó la mirada del rostro de Alice.

—S-sí. Estoy bien. —Mintió mientras se acercaba al lavabo para limpiar sus manos.

¿Pero qué otra cosa se supone que iba a contestarle?

"Oh, no. Está todo bien; salvo el hecho de que odio que te hayas fijado en mi hermano. Odio que Edward sea aquel príncipe que va a hacerte feliz el resto de tu vida. Odio el hecho de que tú puedas ser feliz con él, cuando yo no. Odio ser su hermana y no poder gritar a los cuatro vientos que lo quiero. Odio no poder ser yo quien lo pueda besar libremente, sin que nadie nos juzgue por el maldito hecho de que somos hermanos mellizos. Odio mis deseos de querer ser tú, para poder hacer y decir todas las cosas que siento por Edward."

Sí, claro. La sinceridad hubiera sido lo mejor; pero no lo conveniente.

—Bells. —Dijo Alice acercándose a su amiga. —Sabes que puedes contarme lo que sientas. Somos amigas. —La pelinegra sonrió colocando su mano en el hombro de Bella.

Pero cuando Bella observó la expresión en sus ojos a través del espejo, supo que algo no iba del todo bien. Era como si Alice solo estuviera allí por… ¿compromiso? ¿Era posible que Alice solo estuviera siendo amable para impresionar a Edward? Algo en los ojos de Alice confirmaba que así era, y eso la molestó.

Ella suspiró volviendo a bajar la mirada antes de asentir e irse del baño, dejando a Alice allí parada, sola y atónita.

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Esa había sido la única charla del día con Alice. A Edward, ni se lo había cruzado en todo el día.

Cuando llegó la hora de volver a casa, la castaña no los esperó como siempre solía hacerlo. Salió tan rápido como pudo de aquel purgatorio y regresó sola a casa. Lo primero que hizo, y dado al horario -ya había anochecido-, fue encerrarse en el baño. Necesitaba relajarse con un buen y largo baño. Su cabeza estallaba y se sentía aún más cansada que de costumbre.

Al rato, cuando ella ya estaba en la bañadera, relajada e intentando no pensar en absolutamente nada, un ligero golpe en la puerta del baño se escuchó.

—¿Bella? ¿Estás bien? —La voz de Edward hizo que su respiración se acelerara y su piel se estremeciera. ¿Cómo era posible que solo su voz tuviera aquel efecto en ella?

Isabella tragó en seco antes de contestar fría y secamente: —Sí.

—¿Necesitas algo? —Su voz sonaba desesperada, como si intentara de cualquier forma hacerla hablar. —Puedo alcanzártelo si necesitas…

—No. —Lo interrumpió ella sintiendo un tan reconocido peso sobre su pecho. Edward se sentía mal, ella podía sentirlo.

—De acuerdo. —Murmuró el cobrizo antes de que pasos alejándose de la puerta se escucharan. Ahora Bella se sentía mal.

Odiaba tener que tratarlo de esa forma. Nunca se habían peleado por más de dos horas cuando eran niños, y helos aquí, casi un día entero sin siquiera haberse cruzado una sola vez.

La castaña suspiró cuando los pensamientos volvieron a bombardearla, por lo que decidió salir de la bañadera. Se secó y vistió su holgado pijama con lentitud. Sabía que sus padres ya estaban en casa; ella los había oído llegar y ambos la habían saludado a través de la puerta. Inclusive había oído llegar a Edward; pero Bella no le devolvió el saludo cuándo éste lo hizo a través de la misma puerta.

Isabella tomó el cepillo del cabello y se acercó al espejo sobre el lavabo, comenzando a peinarlo, cuando el recuerdo de su mejor amiga -aunque ya no sabía si seguirla considerando de esa forma- la llenó. Alice amaba peinarla cada vez que se quedaba a dormir en su casa.

Alice

¿Acaso ella se había acercado a Bella únicamente por Edward? ¿Cómo es que se atrevía a ser así de cruel? ¿Por qué esa mañana había actuado de la forma en que lo hizo? Alice no necesitaba usarla para llegar a Edward. ¿Por qué entonces jugaba de esa forma con ella?

Isabella sentía que había perdido a su única amiga. Y le dolía.

Isabella sabía que un futuro con Edward era imposible e inexistente. Y le dolía.

¿Por qué? ¿Por qué él había jugado de esa forma con sus sentimientos? La noche anterior todo había parecido y sonado tan real, que ella…

Ella había estado a punto de decirle que sí. Había estado a punto de elegirlo…

Isabella respiró profundo, conteniendo las lágrimas que querían escaparse de su alma. Ella dejó el cepillo a un costado sobre el lavabo, cuando la puerta del baño se abrió. A través del espejo, Bella vio cómo Edward se acercaba, sin quitar la vista de sus ojos a través del objeto. Ella volvió a suspirar desviando la mirada y queriendo irse del lugar.

—Espera. —Pidió, casi ordenó el cobrizo cuando ella le dio la espalda. —No me ignores… —El ruego en su voz era palpable.

Si ella hubiera visto la desesperación en sus ojos esmeraldas, su modo 'era-de-hielo' hubiera sido mandado al demonio. Pero no lo hizo, por lo que Bella lo único que sentía en ese momento era enojo, desilusión hacia su hermano.

—¿Por qué no me contaste que estabas saliendo con Alice? —Ella escupió las palabras de la forma más fría posible, y a Edward le dolió.

¿Cómo explicarle a ella que no amaba a Alice? O mejor dicho, ¿cómo hacerle entender a Bella que Alice no significaba nada?

A Edward le dolía sentirse un patán por haber jugado con Alice, pero si tan solo él hubiera sabido… Si tan solo él hubiera imaginado que Bella podría llegar a amarlo, y no como a un hermano, todo sería muy distinto.

Isabella al no oír ninguna contestación de parte de su hermano, comenzó a caminar, dispuesta a salir de aquel cuarto que se sentía como una tensa prisión estando Edward cerca. O al menos, esa fue la intención antes de que el cobrizo reaccionara tomando a Bella por los brazos para girarla y hacer que lo mirara a los ojos, o por lo menos al rostro, y acercándola a su cuerpo.

—Bella, por favor, escúchame. —La desesperación tanto su voz como en sus ojos era visible, pero ella no lo veía. No quería verlo.

—¡Suéltame!

Antes de que nada más pasara, el timbre se oyó; dejándolos a ambos estáticos cuando la inconfundible voz de Esme también se escuchó.

—¡Yo voy! Oh, bienvenida Alice. ¿Qué te trae por aquí a esta hora?

Bella bajó la mirada al oír aquel nombre. No quería ni siquiera mirar la reacción de Edward, la cual era de fastidio. ¿Qué hacía la pelinegra a horas como esas en su casa e interrumpía un momento como ese?

—Hola, Esme, yo… ¿Está Edward?

Ambos suspiraron mientras Edward soltaba a Isabella. Ella se abrazó a sí misma, retrocediendo varios pasos hasta que su espalda se encontró con la pared al lado de la puerta del baño. Edward refunfuñó por lo bajo antes de salir a encontrarse con Alice.

—Hey… —La saludó sin ganas. Estaba molesto, pero nunca se las agarraría con una mujer por ello. Fuera quien fuera esa mujer.

Esme le sonrió a su hijo antes de dirigirse a la cocina, dejándolos solos, sin percatarse de que Bella aún permanecía dentro del baño abrazándose a sí misma, como si intentara esconderse, con la puerta entreabierta escuchando todo lo que pasaba en la entrada donde estaban Edward y Alice.

—Edward, por favor, dime que es mentira. —La voz de Alice era desesperada y triste.

—¿Ah? ¿De qué hablas? —Edward intentaba mantener la calma y no sonar tan duro o frío. Lo intentaba…

Y Bella podía sentir y percibir la molestia en la voz de su hermano. Nadie lo conocía tanto como ella.

Ella ni se había movido de su lugar. Permanecía allí, en silencio, y no entendía el por qué. Podría haberse ido a su habitación, no tenía necesidad de oír nada que tuviera que ver con la relación de Edward y Alice. Pero algo la detenía, algo hacía que se quedara en su lugar y prestara toda su atención en aquella charla.

—Oí… oí que… Has hecho el examen de ingreso a la Universidad fuera del país. ¿Acaso eso es cierto?

Bella abrió grande los ojos sintiendo un profundo y fuerte latido en sus oídos. ¿Acaso… era verdad? ¿Él lo había hecho? Contuvo el nudo que se había formado en su garganta, esperando que Edward negara todo. Eso no podía ser cierto.

Edward sintió su pecho contraerse. ¿Por qué nada estaba saliendo como lo planeó?

—¿Por qué, Edward? ¿Ocurre algo? ¡Es fuera del país, muy lejos, Edward! Eso es muy cruel. No vamos a poder vernos más seguido… —Alice chillaba en voz alta sin importarle nada.

El cobrizo suspiró exasperado pasando la mano por su cabello alborotado, dando una última vista hacia la puerta del baño antes de hablar. ¿Por qué su Bella tenía que enterarse de todas las cosas así tan bruscamente? Él había planeado decírselo de la forma más dulce posible; la conocía lo suficiente para saber que, amándose o no como hermanos, ella sufriría con la noticia. Pero ahora, todo se había podrido como en la mañana.

—Espera, Alice. Vamos a hablar afuera… —Dijo Edward antes de ir hacia la puerta de entrada y abrirla, dejando que Alice saliera primero y luego seguirla.

Isabella no lo podía creer. Él no lo había negado. Eso quería decir que era verdad… Edward se iría. Lejos. A otro país. ¿Por qué? ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué la seguía lastimando? ¿Acaso era el día de 'hagamos a Bella sufrir'? No cabía en su mente la posibilidad de imaginarse a Edward lejos de su vida.

Ella bajó la mirada, aún apoyada en la pared del baño; esta vez, dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos cuando un recuerdo la invadió por completo.

.

"Un par de niños jugaban entre risas en el parque que había frente a la Iglesia.

Siempre iban a ese parque. Era el lugar favorito de los mellizos Cullen.

¿Sabes una cosa, Eddie? —La niña de preciosas facciones habló con una sonrisa plasmada en su pequeño rostro.

Dime, Belly. —Contestó el niño de grandes y brillantes ojos esmeraldas.

¡Eres la persona que más quiero en el mundo! —Exclamó la niña antes de echarse sobre su hermano y abrazarlo con fuerzas.

Ambos reían animadamente, sin importarles nada más salvo ellos y el gran aprecio que se tenían.

¡Te quiero mucho, Eddie!"

.

El pecho de Isabella dolía, y demasiado.

—No te vayas… —Susurró, aunque sabía que nadie la escuchaba. —Por favor… ¡No te vayas, Edward! —Dijo antes de salir corriendo del baño y luego de la casa, sin importarle salir a la calle en pijamas.

Lo único que le importaba era Edward.

Cuando salió de la casa y no lo vio, se desesperó. Él no podía hacerle eso. No podía irse sin darle ninguna explicación. Él… no podía dejarla sola.

Comenzó a correr; era muy probable que Edward estuviera acompañando a Alice a su casa, que no era muy lejos. A Bella no le importaba lo que pensara ella si la viera así de desesperaba. Ni siquiera que los vecinos la vieran en ropa de cama. En su cabeza, solo había lugar para Edward. Ella necesitaba encontrarlo. Necesitaba tenerlo a su lado, o si no, su corazón se marchitaría.

Había corrido tanto, que sus piernas ardían del esfuerzo que hacía, ya que el baño la había relajado demasiado. Y cuando logró visualizar a Edward a unos pocos metros de distancia, caminando junto a Alice, ya no lo soportó más y se detuvo justo debajo de un poste de luz.

—¡Edward! —El cobrizo se detuvo de golpe girándose al oír aquella tan reconocida y a la vez desesperada voz. Su mirada se paseó por la imagen que tenía a un par de metros, pero que podía distinguir perfectamente gracias a la luz que la iluminaba desde arriba.

Su Bella. Descalza. En pijamas. Su respiración acelerada de tanto correr. Y su voz quebrada, como si hubiera estado llorando.

—Por favor, no te vayas. ¡No me dejes sola!

—Bella… —Él podía hasta sentir las lágrimas que la castaña derramaba mientras intentaba hablar alto.

—Quédate a mi lado… por favor. —Ella bajó la mirada quebrándose. Su pecho dolía, sus piernas dolían. Todo su ser se sentía morir ante la idea de separarse de la persona que más necesitaba en el mundo.

Aunque la voz de la castaña casi ni se había oído, Edward sabía perfectamente lo que ella había dicho. Tanto la felicidad como la tristeza lo invadieron en ese momento. ¿Por qué tenía ella ese efecto en su ser, el de querer existir únicamente para verla y hacerla feliz? No soportaba verla de esa forma, tan frágil, tan triste. Verla así, era como torturarlo lenta y dolorosamente.

—Lo siento, Alice. Hablaremos de esto en otro momento. —Dijo el cobrizo sin mirar a la susodicha antes de comenzar a caminar en dirección a Bella. La pelinegra hizo ademán de detenerlo, pero al ver cómo los ojos de Edward no la miraron si quiera una vez, se retractó.

Él caminó hacia Isabella a pasos largos, mientras ella solo lloraba mirando al suelo, incapaz de moverse de su lugar. Cuando llegó, la alzó acurrucándola en su pecho, como si de una pequeña niña se tratase.

En ese momento, a Edward no le afectaba el hecho de que gracias a cómo estaba vestida, tocara la piel de sus delicadas -y suaves, ahora que lo notaba- piernas, y pudiera sentir cada preciosa curva de su cuerpo contra el suyo. Solo le importaba que Bella se sintiera a salvo. En sus brazos.

Ella ya había dejado de llorar, por lo que el camino de regreso era silencioso. Hasta que Bella se animó a romper con aquella barrera.

—Edward… ¿De verdad has hecho ese examen de ingreso? —Preguntó casi esperanzada de que no fuera cierto, con su cabeza apoyada en el pecho de su hermano.

—Sí.

—¡Entonces yo iré contigo! —Casi gritó ella levantando la mirada al rostro de Edward.

—El examen ya se ha terminado, Bella. —Él habló mirándola con toda la paciencia del mundo. —Además, con tus notas sería imposible… —Dijo intentando molestarla; y sonrió internamente cuando ella frunció el ceño desviando la mirada, consiguiendo su objetivo.

Edward volvió su vista al frente, caminando a paso normal, con su princesa en sus brazos y con el silencio que había vuelto a reinar entre ellos.

Isabella respiró profundamente antes de volver a romper con aquel silencio, soltando las palabras de golpe, tropezándose unas con otras. —¿Acaso lo sabías, Edward? Ha salido una nueva ley que dice que los hermanos mellizos tienen que ir a la misma Universidad; así que tendremos que ir juntos. No podemos desobedecer a la ley, sino tendremos problemas con…

—No inventes cosas, Bella. —La interrumpió él con delicadeza. La paciencia que llenaba a Edward cuando se trataba de Bella era inexplicable. Pero sobretodo, el amor que el cobrizo sentía por ella era increíble.

Ella lo miró con tristeza, antes de volver a apoyar su cabeza en el pecho de su hermano, y Edward supo que ya había ganado. Bella no volvería a tocar el tema, porque sabía que él tendría razón. Pero realmente, ¿Edward había ganado algo? Se sentía como si lentamente estuviera perdiendo lo que más quería y deseaba en el mundo; y eso implicaba que no iba ganando en lo absoluto.

—¿Por qué, Edward? —Murmuró Isabella apretando un poco el agarre de su mano en la camiseta de Edward. —¿Por qué te vas? —Su voz sonaba como si estuviera a punto de volver a llorar, y él no soportaba verla de esa forma.

Edward se detuvo, respirando aceleradamente. Ella se sentía tan pequeña en sus brazos, que solo lo hacía desear no soltarla nunca más. Él podría vivir con ella en brazos, y sería la persona más feliz de la Tierra.

—Porque… te quiero. —Contestó él antes de que Bella levantara la mirada un tanto sorprendida a los ojos de Edward, quien la miraba con ternura y un brillo especial y cálido. Muy diferente al Edward que miraba a Alice. —Si permanezco durante más tiempo en la misma habitación que tú, no voy a ser capaz de contenerme. —Su mirada expresaba una desesperación que él intentaba controlar. —No puedo estar a tu lado…

A él le dolió decirlo.

A ella le dolió escucharlo.

Pero ninguno quería creerlo.

¿Por qué todo tenía que ser tan difícil, tan hiriente? ¿Por qué Edward tenía que amarla con tanta desesperación hasta llegar al punto del dolor? ¡¿Por qué había arrastrado a Bella a todo este dolor?! Ella no se lo merecía.

Bella volvió a desviar la mirada de los ojos de Edward. ¿Por qué él no podía quedarse a su lado? ¿Tanto era el deseo de Edward por su cuerpo? ¿Es que acaso era solo eso lo que lo alejaba? Ella no podía dejar que él se fuera. No podía, y no quería. Aún si ella tuviera que darle… hasta su cuerpo, no iba a permitir que él se fuera.

—Ll-llévame… —Ella no iba a dejar que Edward se fuera…

—¿Ah? —Preguntó él al no escuchar del todo el susurro de su hermana.

—Llévame… a nuestra habitación.

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.

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La oscuridad de la noche llenaba aquella habitación compartida. Solo la tenue luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba el lugar. Pero era suficiente para nada se escapara de los ojos inundados en deseo de Edward.

Eso estaba por pasar. El momento de que ella se entregara a él en cuerpo estaba por pasar. El pecho de Edward se inflaba de felicidad. Pero no quería lastimarla, por lo que también era el momento de ejercer todo el autocontrol posible sobre sí mismo. Él sabía que ella nunca había estado con nadie, lo cual lo hacía aún más feliz.

Edward admiraba la belleza que Bella destilaba, arrodillada en su cama, únicamente en ropa interior. ¿Cómo un ser humano podía ser tan hermoso? ¿Cómo es que eso era permitido? Ella debería siempre de llevar un cartel que dijera: "Prohibida, por belleza inhumana", para que absolutamente nadie se atreviera si quiera a mirarla.

Isabella no lo miraba. No podía; esto era demasiado. Ella nunca se había puesto a mirar a Edward realmente, ni si quiera lo había pensado de esa forma. Y, en el momento en que él se quitó la camiseta, dejando al descubierto su fornido pecho, ya no pudo mirarlo más. Él era… realmente guapo.

Algo había despertado en el cuerpo de la castaña cuando lo vio, pero no entendía qué. ¿Cuántas veces había visto ya a su hermano con el torso descubierto, y por qué ahora que lo volvía a ver se sentía de esa manera? Era… el sentimiento la hacía sentir… vergüenza. ¿Cómo Edward podía ser tan guapo? No era justo que él fuera el más atractivo, siendo ambos mellizos.

Todo pensamiento abandonó la cabeza de Bella cuando sintió su cama hundirse bajo el peso de Edward cuando éste se arrodilló enfrente de ella. Su respiración se aceleró cuando él tocó sus manos, que agarraban con fuerzas las sábanas a su lado, y su toque comenzó a subir por sus brazos.

—Bella… —La voz de Edward sonaba grave, como si contuviera algo. Y… sensual.

Ella reprimió el extraño sonido que quiso salir de su boca desviando su cabeza hacia un costado mientras se abrazaba a sí misma. Esto era… demasiado vergonzoso. ¿Por qué se sentía así con Edward? Él era… su hermano.

—Hacer esto contigo es… embarazoso. —Admitió ella sin poder mirarlo, justo cuando las manos de Edward habían llegado a sus hombros.

Cuando él oyó esas palabras salir de la boca de su hermana, se detuvo al instante, alejándose un poco de ella. Quitando las manos de su hermosa y suave piel.

—Siempre… he querido hacer esto contigo. No importa con quien estés o a quien ames, eres una mujer. Solo quiero estar a tu lado. —Al igual que antes, su voz escondía un eje de desesperación que intentaba ser controlada. —Pero… Estoy alcanzando mi límite.

Ella dirigió su mirada a él. Sus ojos expresaban… amor, y uno que ella nunca creyó posible que alguien podría sentir por ella.

Edward se acercó más a Bella, y se alegró al notar que ella no se alejaba por miedo o disgusto. Acarició si delicado rostro, antes de tomar un mechón de su largo cabello castaño con la mayor gentileza posible y llevarlo a sus labios, donde lo besó antes de llevarlo a su nariz.

—Tú cabello, largo y suave… —Dijo y luego soltó su cabello y se acercó a su rostro, juntando sus frentes. —Tus labios, pequeños y rojos… —Su nariz comenzó a bajar, acariciando a su paso su rostro y luego rozando la piel de su cuello. —Tu piel blanca… —Su manos volvieron a los hombros de Isabella, y a medida que él iba bajando, sus manos deslizaron las tiras de su sostén por sus brazos, mientras sus dedos acariciaban su piel. —Tus pequeños pechos… —Dijo él cuando su nariz llegó al comienzo de éstos; y esta vez, Bella no pudo contener aquel extraño sonido. —Quiero que todos sean míos. —Demandó el cobrizo sin alejarse un centímetro de ella.

—E-Edward… —Susurró ella, conteniéndose. ¿Por qué él causaba todas esas raras emociones en ella? ¿Qué era lo que él tenía que la hacía sentir tan… amada, que hasta… daba miedo? Sí, ella tenía miedo. Estaba por dejar que él hiciera lo que quisiera con ella, y él era… su hermano.

—¿Asustada? —Preguntó él alejándose un poco de ella para poder mirarle el rostro.

—Porque… Edward… —Ella no iba a darle ninguna explicación, porque no existía tal. Ella tenía miedo solo por el simple hecho de que era con Edward.

—Entonces, dime si estas asustada.

—N-no lo estoy. —Mintió, y él lo supo. —Hazlo. —Incitó ella sin mirarlo, pero Edward solo suspiró. No podía creer lo que estaba haciendo.

—No me tengas lástima. —Esta vez, su voz sonó algo molesta; pero siempre mantenía ese tono gentil que destilaba amor. —Tú todavía no me amas… —Y ahora, la pena llenaba su voz.

Bella alzó su miraba sorprendida cuando sintió la suavidad de una sábana rodear su cuerpo, y se encontró con un Edward que la miraba únicamente a los ojos. ¿Qué estaba haciendo? Ella no entendía por qué la tristeza invadía tanto sus ojos como su entero rostro.

—Tal y como pensaba, tu cuerpo no es suficiente… Quiero tu corazón, tu amor. —Dijo cubriéndola por completo con la sábana. —Hasta que no pienses en mí como hombre y te enamores, no haré nada. —Ella lo miraba completamente sorprendida, y podía sentir las lágrimas comenzar a distorsionar su vista. —Te esperaré, ya que no hay hombre en el mundo que te ame más que yo. —Dijo él antes de abrazarla. Bella no podía creer lo que su… Edward estaba confesándole.

Entonces, él… realmente la amaba. Edward no solo quería su cuerpo, quería todo de ella. Inclusive su amor

Isabella aún no salía de su asombro por las palabras de Edward cuando éste se alejó y le besó la frente. —Buenas noches. —Dijo mirándola con ternura antes de levantarse de la cama de Bella y dirigirse a la suya.

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Cuatro de la mañana y ninguno conseguía el sueño.

Isabella no podía dejar de pensar en cada una de las palabras de Edward.

Él la amaba… ¿Y ella? ¿Estaba ella dispuesta a luchar por un amor prohibido ante los ojos de la sociedad? ¿Estaba ella dispuesta a decepcionar a sus padres por este loco amor adolescente? ¿Acaso era solo eso, un amor pasajero de adolescentes confundidos? No, no podía serlo. Edward le expresaba tanto amor, que Bella temía dudar de él.

Pero, ¿y Alice? ¿Qué diría ella? ¿Qué pasaría con ella? Edward no la amaba, de eso estaba segura. Pero entonces, ¿por qué él estaba con ella?

Edward no podía conciliar el sueño gracias a que cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Bella, arrodillada frente a él como lo había estado hacía unas cuantas horas atrás, lo llenaban.

Había estado tan cerca y a punto de cruzar ese límite, que lo desesperaba. Si él quisiera, simplemente tenía que bajar de su cama, dirigirse a la de Bella y tomarla hasta desmayarse del cansancio. Pero no. Ella no era un objeto para él. Ella no se merecía que él si quiera pensara de esa forma. Él verdaderamente la amaba, no como hermana, y quería que ella lo amara de la misma manera. Así que no haría absolutamente nada hasta que Bella no se decidiera.

Si ella no lo elegía, él se conformaría con que solo le permitiera estar cerca de ella. Le dolería, y demasiado. Pero prefería vivir con el dolor a que alejarse de Bella.

Pero si ella elegía amarlo, él haría lo posible para nunca lastimarla y ser fuerte para afrontar cualquier obstáculo que se interpusiera.

Pero hasta que ella no se decidiera, él no haría nada, simplemente aguardaría. Y por Bella, esperaría hasta el fin del mundo y más si fuera necesario.


Hi, there! :)

Uffff, me costó escribir este cap... . Muchos sentimientos y situaciones un tanto fuertes. :/

Pero bien, hice lo que pude (?) c:

Como avisé en el cap de NG, hasta el fin de semana que viene no habrá actualización debido a mi semana de exámenes, so... :c

Espero que les haya gustado este cap. ^^

¿Opiniones? :D

You know how much I love ya' all. (L)

Peace. Out.

Ally C-B.