Summary: MINIFIC. "—¿Por qué, Edward? —Susurró ella dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos. —Porque no puedo evitar amarte, sin importarme que seas… que seas…—Repitió el cobrizo dejando que a él también se le escaparan lágrimas. —Que seas mi hermana…". Bella/Edward. Rating: M.

Advertencia: Bien, ésta historia contiene INCESTO y lenguaje adulto, y aún no sé si habrá lemmon. :B Pero denle una oportunidad, y lean. ;D Prometo no decepcionarlas (?) C:

Disclaimer: Los personajes y el tema de esta historia, no son míos. Ésta es la adaptación de un MANGA. Pero la escritura y narración sí me pertenecen.

N/A: ¡ADVERTENCIA 2!: En este cap se toca el tema de religión, por favor, sean conscientes que leen bajo su propia voluntad. Si no les gusta, simplemente NO LEAN. No quiero que ustedes pasen un mal momento, y yo tampoco quiero pasarlo por algún comentario malo. GRACIAS. :)

Ahora sí... ¡Enjoy a quienes sigan leyendo! ;)


6. Capitulo Seis

Forbidden Love

By Ally C-B

&.

—Siento lo de ayer. Fue todo muy repentino… —Se excusó Alice mientras caminaba al lado de Edward. Bella solo permanecía en silencio un paso detrás de ellos.

La castaña no recordaba exactamente cuándo es que Alice se había unido a la burbuja de los Cullen; pero la pelinegra había estado presente desde siempre. Los tres iban y volvían del Instituto desde que tenían memoria; esa y otras actividades más.

Ahora que Bella lo pensaba con claridad, Alice siempre había estado en el medio de ella y Edward. ¿Acaso eso tenía algo que ver con todo lo que ocurría ahora? ¿Alice siempre había sentido esa atracción hacia Edward? ¿Acaso ella solo era amiga de Isabella por su hermano? Bella no tenía las respuestas a esas preguntas, pero algo le decía que eran ciertas.

—Yo... estaba muy sorprendida, y… —Continuó Alice hasta que Edward la cortó.

—No. Hablaremos de eso más tarde. —La voz de Edward, como siempre, expresaba frialdad, y su mirada siempre se mantuvo al frente, sin cruzarse una sola vez con la pelinegra.

¿Cómo es que Alice podía aguantarse esas actitudes de su hermano? ¿Tanto así le gustaba Edward? Las palabras no habían sido dirigidas a Bella, pero ella se sentía mal por la forma en que el cobrizo las dijo. Ella odiaba cuando su hermano era así de frío e insensible. Pero al mismo tiempo, le gustaba.

Edward era esa clase de persona que no se dejaba intimidar por absolutamente nadie. Él era una persona que caminaba por la vida bien plantado, sabiendo lo que quería y buscaba, luchando para ser alguien; y al mínimo insulto o denigración de su persona, él simplemente los ignoraba y continuaba su camino sin darle importancia. Ése era Edward Cullen. Su aspecto frío y desinteresado, pero seguro y calculador, lo hacían ser una persona fuerte en la vida.

Isabella… Ella era muy distinta. Todo lo contrario a Edward. Bella era una persona que se dejaba llevar por el viento. Si el viento decía negro, era negro. Si el viento decía blanco, era blanco. Y si no había viento, ella no tenía idea de a dónde ir.

Por eso Edward era tan… necesario para ella. Él la sostenía. Él la dirigía. Edward era su ancla al suelo, era quien impedía que ella saliera volando en cualquier dirección. Si él se iba, Bella perdería su rumbo.

Isabella suspiró. ¿Cómo era posible que él fuera tan indispensable? Eran mellizos, pero eso no era excusa. ¿Por qué tenía que ser Edward quien ocupara la mayor parte de sus pensamientos?

—Está bien. —La contestación de Alice a las palabras de Edward sacó a Bella de sus cavilaciones. Y cuando la castaña levantó la mirada del suelo, se encontró con la juzgadora de Alice.

¿Por qué se veía tan disgustada? Automáticamente, la mente de Bella le respondió esa pregunta; y ella, avergonzada, volvió la vista a sus pies al recordar lo que había ocurrido la noche anterior.

Edward la había elegido a ella, y no a Alice. La molestia de la pelinegra era evidente.

Bella distrajo su mente con cualquier otra cosa; no tenía ganas de pensar en Alice y Edward. Cuando en ese momento, recordó algo que su madre le había pedido que le avisara a su hermano en la mañana justo cuando estaban por irse.

"—Iremos a pasar el día con la abuela, por lo que volveremos tarde en la noche. —Esme sonrió alegremente mientras abrazaba a su hija. —Tu hermano ya sabe, solo recuérdaselo. —Isabella asintió antes de besar la mejilla de su madre e ir tras su hermano, quien la esperaba en la puerta principal, junto a Alice."

—Edward…

—Oye, Edward. —Isabella se quedó callada cuando Alice habló al mismo tiempo que ella, a propósito, mientras tomaba a Edward del brazo. —¿Aún sigue en pie la salida de la otra vez? ¿Qué te parece si vamos al cine? Una estupenda película está por estrenarse y creo que deberíamos ir juntos, ¿qué dices?

¿Por qué lo hacía? ¿Por qué Alice actuaba de esa forma con Bella? ¿Dónde habían quedado esos años de amistad y tiempo juntas? A la castaña le dolía. Sentía que había perdido a su única y mejor amiga.

—Mmm. —Esa fue la simple contestación de Edward. Él ni se había percatado de lo que Alice había hecho, por lo que en ningún momento se dirigió a ver qué necesitaba su hermana.

—Eddie, cuando llegue el momento, me lo dirás, ¿no es cierto? —Preguntó la pelinegra volviendo al tema de su intercambio.

Él se tragó una mala contestación antes de responder fríamente: —Sí.

Alice continuó hablando sobre que se sentía más aliviada ahora que Edward estaba a su lado y bla, bla, bla. Bella no podía dejar de observar cómo la pelinegra sostenía a su hermano por el brazo mientras detenía su caminar.

Edward no dejaba que Bella hiciera algo como eso. Él ni siquiera dejaba que se acercara más de dos pasos de distancia entre ellos.

¿Por qué Alice sí? Ella no era su hermana. Alice no era nada de él. ¿Por qué ella sí podía tocarlo?

Su mirada se dirigió hacia un costado, encontrándose con un tipo de flores que hicieron su pecho encogerse. Esas eran el mismo tipo de flores que solía haber en aquel parque que tanto recordaba de niña. Ese frente a la Iglesia, donde Edward y Bella pasaron su niñez jugando y observando admirados cada pareja de casados que salía de aquel templo, y por supuesto, donde Edward siempre le regalaba una 'diadema' hecha de flores. Exactamente de las mismas flores que ella estaba observando en ese momento.

Todo parecía tan sencillo en aquellos tiempos. Nadie podía juzgarlos si se tomaban de las manos o si se abrazaban. Eran simplemente niños. Y ahora… ella se moría porque aunque fuera solo un segundo, Edward pudiera abrazarla simplemente porque sí, o tan solo que le diera un apretón de manos.

Pero ya nada era como antes.

Bella escuchó a los lejos la alarma que anunciaba que pronto se bajarían las barreras que separaban por donde pasaría el tren, pero ella no podía quitar la vista de aquellas flores, sintiendo cada vez más aquella molestia en su pecho.

—Oh… —Exclamó Alice antes de correr hacia el otro lado de las barreras.

Pero Edward no la siguió, sino que se detuvo, sintiendo que algo no iba bien. Sentía una ligera molestia en su pecho, y sabía que algo le ocurría a su hermana. Iba a voltearse para ver qué le pasaba, cuando su mirada se encontró con el mismo tipo de flores que Bella había estado observando. Y allí, él entendió.

Recordó aquellos momentos de niños en el parque, y entendió el por qué de la molestia en su pecho. O mejor dicho, el por qué Bella se sentía mal.

Isabella lentamente volvió la mirada hacia el frente, percatándose de que Edward se había detenido. Y su pecho se infló cuando el cobrizo desvió la mirada de las flores a ella, haciendo que una ligera corriente subiera por su espalda al encontrarse con aquellos ojos que la miraban directamente a su alma. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se sentía de esa forma cada vez que él la miraba tan profundamente? ¿Y por qué le gustaba que lo hiciera de esa manera?

—Oigan, ¿qué están haciendo? ¡Vamos, vengan rápido! —Exclamó Alice una vez que cruzó y se giró para ver por qué no la habían seguido.

La castaña observó como la barrera se bajó, impidiendo que ya nadie cruzara; y cómo Edward permanecía allí, mirándola como si nada ni nadie más importara. ¿Por qué? ¿Por qué le gustaba tanto que él solamente se fijara en ella? ¿Es que acaso ella… lo amaba?

—Edward, yo… —La alarma no paraba de chillar y el tren se oía cerca, pero a pesar del ruido, él la escuchó claramente.

Por supuesto que ella lo amaba. Pero, ¿por qué sentía que era un amor diferente? No se sentía como el amor hacia sus padres o amigos. Éste era un amor que la hacía temblar. Hacía que su piel se estremeciera con cada mirada hacia Edward. Hacía que su pecho doliera cuando Edward dejaba que Alice o alguna de sus amigas lo tocara. Hacía que la piel de sus mejillas enrojeciera cada vez que él la miraba con adoración.

Era un amor que asustaba, y al mismo tiempo, la hacía sentir la mayor felicidad que pudiera existir en el mundo.

—Yo… —¿Cómo decirlo? ¿Cómo expresar lo que ella sentía? —Yo…

La bocina del tren se oyó mientras atravesaba por aquel lugar, pudiendo ensordecer a cualquiera que estuviera cerca. Pero él la oyó. Él sintió aquellas palabras que salieron de la boca de Bella, haciendo que su pecho se inflara de felicidad mientras la observaba correr hacia él.

Ella dijo: 'Te amo', y lo besó.

Eso fue lo único que ambos necesitaron para sentirse en casa, en el lugar correcto. Para sentir que realmente no les importaba quien los viera, pero internamente ambos agradecieron que el tren los separara de la confundida Alice que había quedado parada al otro lado de las barreras.

Y antes de que alguien se percatara, o por lo menos a que el tren se fuera y volvieran a la vista de Alice, Edward tomó a Bella de la mano y se echó a correr.

El tren pasó y los Cullen ya no estaban. Y Alice… ella sintió que había perdido a Edward.

.

.

.

Ambos reían animadamente mientras se subían al tren que los llevaría de vuelta a su infancia. Edward amaba oírla reír, era una melodía que recordaría siempre, no importara cuán lejos estuviera.

Cuando llegaron a aquel tan reconocido parque, Edward se echó relajándose sobre el césped, mientras Bella se arrodillaba a su lado y cortaba flores para intentar hacer algo como lo que el cobrizo solía crear con tan solo unas simples flores.

El tiempo pasaba, y nada se sentía tan tranquilo y en paz como en ese momento, en ese lugar, y juntos como lo estaban.

Edward observaba embelesado como las expresiones de Bella cambiaban con cada intento fallido de querer hacer algo con las flores, desde concentración hasta enojo cuando algo no le salía y hasta pena cuando sin querer terminaba destrozando las pequeñas flores.

Bella resopló cuando una de las flores volvió a romperse.

—Bella, a este paso dejarás el parque sin flores. —Intentó molestarla él mientras sonreía.

Ella le sacó la lengua antes de volver a resoplar. —No puedo entrelazarlo como solía hacerlo antes… —Dijo ella suspirando ya cansada de tantos intentos fallidos, pero aún sin darse por vencida y tomando otras flores.

Edward se sentó sin poder hacer nada en contra de una Bella que lo hacía desearla aún más con su actitud de niña en cuerpo de una joven. —Tampoco es que antes lo hicieras bien. —Dijo divertido tomando las flores de Bella para hacer lo que ella venía intentando desde que habían llegado un par de horas atrás.

—Mmh. —Protestó ella antes de acercarse más a él y apoyar su mentón en el hombro del cobrizo. Él solo sonrió mientras seguía con su labor.

Aún no entendía cómo es que Bella pudiera dominarlo de la forma en que lo hacía.

—Cuando éramos pequeños, solíamos venir a menudo a este lugar… —Comentó Edward desviando por solo un segundo su atención hacia todo el lugar que los rodeaba y a la Iglesia que había al frente del parque.

Isabella sonrió mirando hacia el mismo lugar que Edward. —Aquí es donde mamá y papá se casaron. —Agregó ella suspirando ensoñadora. —Es un lugar importante…

—Toma. —Ella volvió su mirada a él mientras Edward tomaba su mano para colocar el pequeño anillo hecho con las flores en su dedo anular. Bella lo observó cautivada mientras él llevaba esa misma mano a sus labios. —De niños, solíamos jugar a esto… —Dijo y la besó en el dorso de la mano antes de volver su vista a los ojos de la castaña que lo miraban con un brillo que lo hacía emocionar. —De verdad… ¿Por qué nos gustaba tanto?

Era una pregunta retórica, ella no necesitaba contestar; pero aún así no pudo evitar que el nombre del cobrizo se escapara de sus labios. Y él amaba oírla pronunciar su nombre, por lo que sonrió ligeramente antes de volver a hablar.

—Creo que siempre lo supe, sabes… —Él la observaba tan profundamente a los ojos que no había nada que los pudiera sacar de la burbuja que se había formado en ese momento. —Siempre comprendí que nunca existiría un hombre que te amara más de lo que yo lo hago. ¿Y sabes por qué? —Bella negó observándolo completamente cautivada por sus ojos esmeraldas y por cada palabra que salía de la boca de Edward. —Porque nadie nunca entenderá que eres más que una simple joven. Eres como una mariposa, magníficamente hermosa. Y tal como ellas, no puedes ver la belleza que posees. Pero yo sí, y nunca nadie podrá entender realmente que así como las mariposas, el viento te lleva; y cuando a veces él deja de soplar, te olvidas hacia dónde ir…

Bella no podía creer cada palabra. Edward… él estaba leyéndola completamente de pies a cabeza. Y hasta hacía más que eso. Él estaba leyendo su alma.

Edward acercó su mano libre hacia la mejilla de Bella, limpiando con su pulgar una lágrima que se deslizaba, antes de acercarse por completo juntando sus frentes.

—Déjame ser tu viento. Déjame guiarte a la felicidad. Déjame amarte como si ya no existiera un mañana…

Estaba mal. Ellos no podían amarse de esa forma, no era correcto. Ellos eran… hermanos.

Pero la castaña no podía alejarse de él. No quería hacerlo. Ella quería que él fuera su viento, su guía, su todo.

Edward lentamente acercó sus labios a los de ella, y se llenó de felicidad cuando ella, casi con desesperación, rodeó su cuello con sus delgados brazos y terminó por acortar con la distancia entre sus bocas.

Él jamás se cansaría de besarla. Sus labios estaban hechos a la medida, a la perfección. Tan dulces y delicados, que lo hacían con gusto volverse un adicto. Y cuando sintió la pequeña lengua de ella rozarle el labio inferior, pudo sentir que casi tocó el paraíso.

Nadie merodeaba por el lugar a la hora en que se encontraban tan temprano en la mañana, pero aún así, el aire les comenzó a faltar, por lo que se separaron a regañadientes.

—¿Quieres entrar a ver la Iglesia? —Preguntó él intentando calmarse un poco. Ella sonrió asintiendo.

Ambos sabían que con ese anillo, esa declaración y ese beso, se estaban jurando amor. Y Edward quería que Dios lo viera, a pesar de que sabía que estaba mal. Quería que Dios viera cuánto la amaba y cuánto daría por ella. A lo mejor, de esa manera, Dios entendería y lo aceptaría…

.

.

.

—Te amo. —Pronunció ella entre uno y otro beso. —Te amo mucho…

Edward la abrazó aún más fuerte por la cintura juntando sus frentes. —Siempre… siempre soñé con oírte decir esas palabras. —Bella rodeaba su cuello con los brazos, y sonrió antes de volverse acercar a sus labios.

La iglesia estaba completamente en silencio, y vacía. Pero Edward sabía que ese no era el lugar apropiado para hacer absolutamente más nada que salvo un par de besos.

Ellos volvieron a separar sus labios y se abrazaron. Ella encajaba tan bien entre sus brazos, que no quería soltarla nunca más. Y él era tan cálido para ella, que Bella sentía que jamás volvería a tener frío alguno.

Pero en ese momento, una extraña sensación llenó a la castaña.

ASQUEROSO…

Su mirada se encontró con las estatuas de santos y vírgenes que había en el lugar.

REPUGNANTE…

¿Por qué sentía que cada vez más todo le daba vueltas? Náuseas. Isabella sentía tantas náuseas que la hacían marear.

INDECENTE…

Esto estaba mal. Muy mal. Y dolía, dolía demasiado.

SUCIO.

Bella ya no lo soportó más. Y las lágrimas, aunque ella no profiriera llanto alguno, comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

¡SUCIO!

Isabella sintió un profundo dolor en el pecho y se encogió en los brazos de su hermano.

—Edward, detente. —Él sintió a su hermana temblar, por lo que se alejó un poco tomándola de los hombros mientras ella cubría su rostro con sus manos.

—¿Bella? ¿Qué sucede? — Preguntó con preocupación comenzó a llenarlo.

—Edward… —Lloró ella detrás de sus manos. —Dios está mirando.

El cobrizo suspiró sintiendo que la preocupación no era nada a comparación de la culpa que lo llenó de golpe. Edward ya había cruzado el límite. Había llegado a un punto sin retorno, en el cual sabía que Bella sufriría. Y eso lo hacía sufrir a él. Había llegado al punto de tocar lo prohibido, y lo comprobó cuando vio el pequeño anillo de flores que hasta unos segundos atrás Bella llevaba puesto, sobre el suelo. Completamente destrozado. Allí comprendió que Dios no lo aceptaba; y su pecho se encogió de tristeza.

La castaña descubrió su rostro y se percató de lo que ocurrió. —El anillo… —Susurró arrodillándose en el suelo aún llorando.

Él copió su acción, haciéndolo frente a ella, que lloraba mientras intentaba volver a armar el objeto con las flores.

—Tal y como lo pensaba, sigues siendo mi hermana después de todo. —Dijo él tristemente, observándola con compasión mientras ella intentaba desesperadamente de volver a anillo como estaba antes.

—No. ¡No! —Ella intentaba e intentaba, pero las flores cada vez se rompían más y más.

—Bella… —Edward intentaba que su voz saliera cálida, pero la tristeza y la contención de sus lágrimas eran casi palpables.

Las flores desistieron, terminando ya de destrozarse entre los delicados dedos de la castaña.

—¿Por qué…? ¿Por qué no? —Las lágrimas no paraban de salir de sus preciosos ojos, y Edward sentía morir con cada lágrima derramada. —Por favor, Dios. Solo quiero ser feliz con Edward… ¿Por qué no nos dejas amarnos?

Esta vez, Edward no lo soportó más. —¡Basta, Bella! —Gritó desesperado mientras la abrazaba y dejaba que sus propias lágrimas se escaparan de sus ojos.

—Está mal, muy mal, Edward. —Ella lo abrazó sin dejar de llorar.

Él lo sabía. Y deseaba profundamente poder volver el tiempo atrás, para no dejar que Bella pasara por ese momento. Pero era imposible. La amaba demasiado como para dejarla ahora. Y Dios tendría que perdonarlos, pero él no desistiría ahora. Sí, era un enorme egoísta, pero… ya había cruzado el límite.


Hello, people! :D

Lamento haberme desaparecido, pero me surgieron ciertos problemas que no fue hasta hace poco logré solucionarlos. :c

But I'm back! xD

Perdonen lo corto del cap, pero lo que sigue también es un tanto fuerte así que preferí cortarlo allí. A parte de que el cap que viene será suuuuper largo... :L Y, ammm, *se aclara la garganta* se viene lemmon, quizás (?) ;)

OKYA. No adelanto más nada... *lalala* ^-^

¿Qué les pareció este cap? ¿Opiniones? :)

Love ya all'.

Peace. Out.

Ally C-B.