Limpió la sangre de su espada y miró a su alrededor. Seis cuerpos yacían sin vida en el suelo manchado de color rojo. Sonrió, su trabajo había terminado. Enfundó su espada y decidió abandonar aquel lugar. Escuchó un ruido, volteó y vio como uno de los cuerpos intentaba tomar una pistola. Rió y le dio el tiempo necesario para que pudiera tomar el arma. El sujeto lo apuntó con mano titubeante, pero él fue más rápido y de un tiro le voló la cabeza.

— No debiste hacer eso —dijo una voz en la oscuridad.

— Merecía morir, al igual que tú —guardó su pistola y sus manos desenfundaron las espadas que llevaba en su espalda—. Muéstrate, cobarde —en ese momento un grupo de hombres armados lo rodearon—. Más diversión para mí —evitó las balas y apuñaló a dos de ellos—. Dos menos, quedan... —intentó contarlos— quedan varios —dijo mientras degollaba a otro de los sujetos, esquivó un golpe—. ¿En serio, de verdad pensaste que me ibas a golpear? —le enterró su espada, tomó una de sus pistolas— ¡Bang! ¡Bang! —exclamó mientras disparaba y dos hombres cayeron muertos. Sacó la espada del cuerpo— Eso debió doler —miró a cada lado y no vio a nadie—. ¿Tan fácil fue? —escuchó unos pasos detrás suyo, guardó sus espadas y empuñó su pistola — Sabía que faltaba lo mejor —dijo mientras se volteaba con su arma en alto y se sorprendió al ver una mujer—. Linda —se acercó a ella—, lamento decirte —presionó su pistola contra el cuello de ella— que me dieron órdenes de matar a todos —con su mano libre acarició uno de sus pechos— y eso te incluye a ti —apretó el gatillo y un poco de sangre salpicó su rostro—. Lástima, tenía un cuerpo para violar.