ADVERTENCIAS:

Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo

Los personajes no me pertenecen, son de Square-Enix. Sólo la protagonista y algún que otro secundario son originales míos.

Hay escenas y diálogos inspirados en el juego, como el propio mundo/ escenario.

Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera

Capítulo 16

El grupo de Seed esperaba impaciente ante las puertas de la pequeña enfermería de palacio a que Squall saliera. Kirai paseaba ante la mirada perdida de sus compañeros, que se hallaban sentados en una banco de madera frente a la chica.

La puerta se abrió y el médico de la familia real salió con un maletín de piel en la mano dirigiéndose a los compañeros del joven castaño.

- En unos días estará bien del todo, sólo necesita descansar y no hacer esfuerzos.

El hombre sonrió levemente mientras los Seeds le daban las gracias, para después, desaparecer pasillo arriba mientras Squall salía de la enfermería tan silencioso e indiferente como de costumbre. Los muchachos comenzaron a hacerle preguntas fervientemente mientras Kirai los observaba unos pasos atrás, conteniendo su emoción.

- Estoy bien, gracias. Tenéis que informarme de los nuevos sucesos, la cosa se está poniendo fea. – respondió el chico de la cicatriz mientras trataba de calmar a sus compañeros.

- ¿Qué te pasa, Kirai, por qué no te acercas?

A la pregunta de Selphie, todos se giraron hacia la chica de ojos vidriosos mirándola extrañados pero, tras unos segundos, la pelirroja no pudo contener sus sentimientos y las lágrimas derramaron por su rostro mientras se disculpaba y salía corriendo de la vista de sus compañeros.

- Creo que deberías hablar con ella, Squall. Eres el jefe.

- Claro, en seguida vuelvo. – Respondió algo confuso y molesto.

El castaño camino pausadamente hacia la dirección que la joven había tomado no sabiendo muy bien que hacer cuando la encontrara. Él nunca había consolado a nadie ni sabia que hacer en aquellos casos pero, no le quedaba otra ya que, el estaba a la cabeza del grupo.

El joven abrió la puerta del cuarto que el grupo ocupaba y allí encontró a Kirai ordenando, sin necesidad, ropa en el armario. Squall se acercó unos pasos y habló algo confuso.

- ¿Qué te pasa. Por qué lloras? – Preguntó sin mucho tacto el joven mientras la chica quedó parada observando el interior del armario aún los ojos aún llorosos.

Tras unos segundos en los cuales Kirai pensó en que decir o hacer, optó por seguir su impulso sentimental y abrazar al chico con fuerza y cariño, dejando a este totalmente sorprendido sin saber como reaccionar.

- Me alegra tanto que estés bien, Squall. Lo siento. - Susurró separandose de él, limpiandose las lágrimas con rapidez.

No entiendo por qué te pones así por mí. - Comentó el castaño alucinando, con el ceño fruncido.

- Me importas, a todos nos importas.

- Pero nadie más llora, no tiene sentido. – Añadió el joven mientras observaba los ojos verdes de la chica sin comprender.

- Siento que te moleste.

Después de aquellas palabras, la pelirroja salió de la sala algo molesta por la frialdad del chico, quien no comprendía aquella actitud ni el enfado de la joven. Squall suspiró levemente y salió del lugar en busca de sus compañeros pero, antes de doblar la esquina de uno de los pasillos, encontró a Dilan

- Que alegría verte, Squall. Te andaba buscando ¿Cómo te encuentras?

- Todo está bien. Infórmame del nuevo plan.

- Bueno, ya que la bruja es inmortal a nuestras fuerzas, hemos pedido ayuda a una poderosa bruja, que además es hermana suya, ella vendrá mañana, su nombre es Edea.

El hombre quedó sorprendido al escuchar aquel nombre que tanto había rondado por su mente, pero, la Edea que el buscaba incansablemente no era bruja, sólo una mujer corriente y bondadosa que cuidó de él y de su hermana.

El joven dispersó aquellos pensamientos y volvió a centrarse en la conversación con el moreno mientras caminaban hacia la biblioteca para reunirse con el resto del grupo.

Llegada la noche, el grupo se dirigió cansado a su habitación sin mediar muchas palabras entre ellos. Una vez en el cuarto, cada cual se preparó para ir a dormir.

Kirai iba a meterse en la cama junto con Zell cuando observó como Squall tenía series dificultades para ponerse la camiseta que usaba para dormir. La pelirroja se acercó a él .

- Déjame que te ayude.

- Puedo hacerlo solo.

- Pues yo creo que no, no seas pesado o te harás más daño. – Contestó la chica mientras le arrebataba la camiseta gris de las manos y la preparaba para ayudarle a ponérsela.

- No me gusta que me trates como a un niño, se perfectamente cuidar de mí mismo.

- ¿Por qué siempre eres tan gruñón? Sólo intentamos ayudarte, relájate Squall, porque si no, el día que necesites a alguien estarás solo.

Tras finalizar la operación, la chica le dedicó una fría mirada y se metió en la cama junto con Zell, quien ya había caído rendido mientras el chico la observaba pensando en por qué era tan pesada con esas cosas. Poco rato después acabó desistiendo de aquellos pensamientos, pues, no era asunto suyo.

La mañana se presentaba intensa ante la llegada de Edea en el palacio de Timber. Todo el grupo estaba reunido en el salón del trono esperando a que el servicio anunciara su llegada pero, parecía que el momento se estaba atrasando más de lo previsto.

Tiempo después, uno de los mayordomos anunció la llegada de la bruja, quien apareció con un porte elegante ante los presentes después del hombre uniformado. Ella se adelantó unos pasos estrechando la mano a Dilan, para después, dirigir la mirada a Squall.

- Cuánto tiempo, Squall. Cómo has crecido.

El joven quedó confuso ante aquellas palabras pues, no reconocía a la mujer que tenía delante. El grupo observó la escena sin comprender nada, pero altamente curioso ante la contestación. De nuevo, Edea volvió a hablar.

- Veo que no me recuerdas, soy yo, Edea. Quien os cuidaba en el orfanato a ti y a Eleone. – Respondió la bruja con serenidad sin apartar la mirada del muchacho mientras este cambiaba el semblante rápidamente al escuchar aquel nombre. Era ella de verás.

- ¿Dónde está ella?

- No lo sé, Squall. Para evitar que la guerra acabase con vosotros debimos mandaros lejos del orfanato. No todos fuisteis al mismo sitio y perdimos el contacto con muchos. Volverá, Squall.

- Si no ha muerto. Llevo media vida buscándola, y a ti. ¿Ahora me dices que volverá sin más? Si no ha vuelto es que nunca lo hará.

Edea guardó silencio contemplando el rostro enfadado del castaño mientras el resto del grupo observaba totalmente atónito la escena sin saber que hacer puesto que, aquello parecía un tema delicado y, sorprendentemente, lo único capaz de sacar a Squall de su característico estado de indiferencia. Dilan intervino intentando calmar el ambiente tenso de la sala.

- Siento interrumpiros, pero, no creo que ninguno de los dos queráis que el resto nos enteremos de vuestros asuntos, podéis hablar y después continuamos con el plan.

- No hay nada de que hablar. Acabemos con esto de una vez por todas. – Respondió el chico con frialdad mientras miraba a la bruja con algo de rencor.

- Está bien, pues, vayamos a ala biblioteca, necesitaremos el mapa.

El grupo, silencioso, asintió y comenzó a andar aún alucinando ante la escena vivida. ¿Qué demonios pasaría entre Squall y Edea?