VI.

Jan Di ya llevaba un rato en la clínica, se notaba molesta y desvelada; Ji Hoo lo dudó varios minutos, pero al final decidió acercarse a ella...

–¿Estás bien?

–¿No me veo bien? –respondió cortante sin mirarlo.

Él esperó un momento antes de seguir hablando.

–Joon Pyo habló conmigo; dijo que habían cancelado su compromiso.

Jan Di apretó los dientes y respiró fuerte.

–Sí –contestó secamente volteando hacia otro lado.

–¿Por qué no me lo dijiste?

Ella lo miró de soslayo y bufó –¿Qué? ¿Te lo tenía que decir?

Ji Hoo alzó una ceja ante aquello, Jan Di nunca era ruda con él, supuso que estaba enojada por lo de Joon Pyo, así que decidió no decir nada más y continuar con sus cosas, pero ella siguió hablando.

–¿Ya estás feliz? Es lo que querías oír, ¿no? –dijo con desdén girándose hacia él y luego recargándose en la pared.

Él meditó un par de segundos lo que había oído.

–¿Disculpa?

Jan Di gruñó.

–Te ha de dar gusto –su risa soez lo confundió más–. Pues sí; rompimos nuestro compromiso, se terminó y ojalá sea de una buena vez y para siempre ¿no deseabas tanto el día en que se acabara esta tontería? ¿O qué? ¿Ya no te interesa? ¿Ahora va a resultar que lo de Jae Kyung unnie va en serio?

La miró fijamente, entrecerrando los ojos y sin entender completamente a qué se refería. Jan Di se mordió la lengua; estaba enojada y la vocecita dentro de su cabeza gritaba que cerrara la boca, pero sus ganas de armar una bronca por el puro gusto de hacerlo la estaban superando.

–¿De qué estás hablando?

–¿De qué? –resopló sarcástica levantando un poco sus brazos– Por tantos años has estado pretendiendo ser amigo de Joon Pyo... ser mi amigo, pero sólo has estado esperando a que nuestra relación enferma se vaya al diablo para que tú puedas ser un poquito feliz –la mirada de Jan Di se agachaba poco en enojo–. ¡Hasta que al final, yo siendo al fin miserable sin él, tú te paseas con Jae Kyung unnie como si nada te importara!

Ella se mordió los labios y dio un paso atrás, su enojo se disipó y un nudo en la garganta le cortaba la respiración. Ji Hoo estaba helado, mirándola fijamente, sin asimilar lo que le decían.

–¿Qué pasa contigo? –dijo él endureciendo el tono de su voz, comenzando a sonar molesto.

–¿Sabes qué? –Jan Di respiró hondo– no me siento bien –se dio la vuelta tomando su bolso y su abrigo–; mejor nos vemos después.

Salió de prisa, cerrando la puerta de mala manera, Ji Hoo no intentó perseguirla ni decir nada, sólo observó la salida un momento antes de meterse a su consultorio y dejarse caer en su silla con el ceño fruncido. Una vez en la calle, Jan Di tomó una bocanada profunda de aire y se dio golpecitos con el puño en la frente mientras gruñía; ni siquiera estaba segura de por qué estaba enojada; estaba molesta con Goo Joon Pyo sólo por ser Goo Joon Pyo, estaba molesta con Ji Hoo por las fotografías y estaba molesta con ella misma por desquitarse con Ji Hoo.

–¡Eres brillante, Jan Di! –habló sola, pero en voz alta– ¡¿Cómo demonios pudiste decirle eso?! ¡La última persona que se merece que le hables así es Ji Hoo sunbae! ¡Todo lo haces al revés!

0o0o0

En el taller de Yi Jung, él y su prometida se habían reunido como casi todas las tardes y habían vuelto al tema que los traía en discusión desde algunos días atrás.

–Lo voy a decir por última vez –Ga Eul exhaló aire–; no quiero esas flores para la recepción.

–Pero tú cuando las viste en el catálogo dijiste que eran las flores de tus sueños.

–Pues sí pero yo no sabía que se tenían que importar desde la India. ¿Sabes cuánto cuesta eso?

–No, no sé –Yi Jung giró los ojos fastidiado y resopló–, y ni siquiera me interesa; yo nunca me fijo en los precios y te dije que no quería que te estuvieras fijando tú tampoco.

–Y yo te dije que mis papás querían comprar las flores, pero este capricho no lo pueden costear.

–No es necesario que tus papás pongan nada; saben bien que yo puedo cubrir absolutamente todos los gastos...

–¡No es por el dinero, Yi Jung! –Ga Eul se llevó una mano a la frente– ¡Entiéndelo! Mis papás quieren darnos algo como regalo de bodas.

–No tienen por qué.

–¡Para ellos es importante!

–No deberían gastar su dinero en cosas que yo puedo pagar, totalmente al contrario; por eso autoricé tu firma en el banco para que puedas usar mi dinero y no tengas que gastar un sólo centavo de tu familia.

–¡Deja de pensar en el dinero! ¡No es cuánto cuesten las cosas! Es la acción que ellos quieren hacer de darnos algo...

–¡Eres tú la que está pensando en dinero!

–No lo entiendes –ella se cruzó de brazos, molesta–, para ti todo ha sido tan fácil toda tu vida; no puedes ver las cosas de otra manera...

–Otra vez con eso...

–¿Cómo que otra vez...?

–¡De acuerdo! –Yi Jung interrumpió poniéndole un dedo sobre los labios– Se hará todo exactamente cómo tú lo digas –se acercó lentamente–. Siguiente punto en la agenda...

–No me evadas...

Para ese momento, Yi Jung ya la había tomado de la cintura y se inclinó para hablarle al oído.

–¿Ya has logrado elegir un vestido de Novia? –le susurró pegándose a ella.

–¿Qué tiene que... ver... –ella cerró los ojos sonrojada– el vestido...? –se movió para alejarse pero él la sostuvo firmemente– Alejate de mí, Casanova... estoy molesta...

–No, no lo estás... –ronroneó rozando sus labios contra su oreja, ella se mordió los labios– ¿Y el vestido?

–No, yo...

Ella no podía evitarlo, él hacía que sus piernas se sintieran como si fueran gelatina y que su corazón se acelerara y se sentía una adolescente loca y perdida; importaban un demonio las flores cuando la vista se le nublaba y la razón la abandonaba...

–Igual, ¿qué importa ese vestido? –él sonrió consciente de lo que le hacía sentir– tengo curiosidad, ¿qué usarás la noche de bodas?

–¡Ah no! –ella se apartó un poco y rió con la cara roja, recuperando el habla– ¡Eso es un secreto de Estado!

–¿No me dirás...?

Él besó su cuello. Ella se estremeció.

–No...

–Qué lastima –dijo él soltándola, y encogiéndose de hombros. Se alejó de ella y caminó hacia la puerta– ¿Vamos por un helado?

Ga Eul se quedó pasmada, sintiendo vapor salir de su cuerpo.

–¡Eso es trampa! –refunfuñó ella sin respiración– ¿a dónde crees que vas?

–A caminar –él abrió la puerta–, está aburrido aquí.

Ella en una fracción de segundo lo alcanzó y jaló la puerta para cerrala.

–Tú no vas a ninguna parte –espetó acorralándolo– ¿crees que puedes hacerme ésto y huir tan tranquilo?

Yi Jung sonrió... nunca fallaba...

0o0o0

Había pasado todo un día y Jan Di llevaba desde temprano sacando fotocopias en la biblioteca central. Sus manos estaban temblando. Sacó su móvil y le envió un mensaje a Ji Hoo...

No iré a la clínica hoy.

Jan Di tenía miedo de que Ji Hoo se hubiera molestado con ella por lo que dijo, sabía bien que le debía una disculpa y tal vez una especie de explicación. Quería ir a verlo pero a la vez no iba a soportar si estaba enojado, se echaría a llorar. Suspiró. Cómo si Ji Hoo fuera alguien fácil de hacer enojar; no era probable que se comportara con desdén ni que no aceptara sus disculpas… pero aún así.

Dejó la vista fija en la pantalla y no tuvo que esperar ni siquiera un minuto cuando la respuesta le llegó.

Ok.

Dos letras, nunca le había mandado un mensaje tan corto. Ella soltó un gruñido lleno de amargura; él sí estaba molesto.

Ella enterró sus manos en el cabello; éste era el peor momento que podía elegir para pelear con él...

0o0o0

Ji Hoo guardó el celular en el bolsillo de su pantalón. Había resistido su deseo de escribirle preguntando si estaba bien o si necesitaba algo.

El abuelo le dio una paleta a un niño mientras lo despedía junto con su madre deseándole que se sintiera mejor y que se abrigara bien, ellos hicieron una reverencia y le agradecieron efusivamente, Ji Hoo los despidió también y sonrió mirando la risa de su abuelo.

–Jan Di no vendrá hoy tampoco –dijo borrando su sonrisa.

–¿Qué es lo que pasa con ella últimamente? –la cara del abuelo reflejó algo de preocupación– ¿está enferma? Tal vez deberías ir a verla.

Él rodó los ojos y se tomó su tiempo para responder.

–Terminó su compromiso con Joon Pyo… –se alzó un poco de hombros– En realidad no sé en qué términos están ahora pero seguro sólo necesita algo de tiempo para estar sola y pensar antes de que vuelvan y empiece otra vez la misma historia que ya me sé de memoria.

Seok Young notó el sutil tono molesto de su nieto, él no solía hablar así y decidió no comentar nada al respecto; estaba de más decir que la relación de Joon Pyo y Jan Di siempre le había parecido demasiado tormentosa como para resistir toda una vida.

–Esa muchacha… –murmuró negando con la cabeza y volviendo a su silla, dando por terminado el tema.

Ji Hoo recapituló una vez más las palabras de Jan Di, pues sí; rompimos nuestro compromiso, se terminó y ojalá sea de una buena vez y para siempre¿no deseabas tanto el día en que se acabara esta tontería? Y de pronto, el recuerdo de que él había escrito esas mismas palabras detrás de una de las fotografías de la boda falsa le golpeó los pensamientos.

Se lanzó al archivador y abrió el último cajón, revisando ansiosamente los papeles que tenía allí, dándose cuenta que no estaban en el mismo orden en que los había dejado la última vez y que las fotografías faltaban…

–Abuelo… –se asomó al pasillo desde donde podía ver el escritorio de él– de casualidad… –divagó– ¿tú moviste las cosas de mi archivero?

–¿Eh? –torció las cejas confundido y luego pensativo– No, claro que no, hijo, ¿por qué? ¿te falta algo?

Ji Hoo cerró los ojos abofeteándose mentalmente; sabía que no debió dejar esas fotografías allí, desde hacía meses se decía que debía quemarlas, nadie debía leer nunca lo que había escrito, muchísimo3 menos Jan Di, pero no podía dejar de mirarlas, no se resistía al placer masoquista de ver una imagen de ella besándolo en la mejilla.

Jan Di debía tenerlas, había usado las mismas palabras

–No –se apresuró a contestar y trató de sonar indiferente–, es sólo que no está como yo lo dejé, pero no importa, es lo mismo.

Resopló con pesadumbre; no tenía idea de cómo iba a arreglar esto ahora.

0o0o0

Se dirigió tan rápido a la salida que chocó contra una persona justo en la puerta, se disculpó con una reverencia y quiso seguir corriendo.

–¡Geum Jan Di!

Ella se dio la vuelta al escuchar su nombre y sonrió.

–¡Dae Hyun! –hizo una nueva reverencia– ¿cómo estás?

–Bien, gracias, amiguita Jan Di –dijo él sonriendo también, alzando la mano para revolverle el cabello–. Acostumbrándome a tener vida de nuevo.

–Sí... –al dar dos pasos atrás miró de reojo la salida, ansiosa por escapar de allí– es buena la luz del Sol ¿eh?

–Me gustaba sentirme vampiro, a veces extraño nuestras largas noche de guardia en el hospital jugando Jenga...

–...O Monopoly...

Ambos rieron, aunque a Jan Di le costó no parecer forzada.

–¿Y qué te trae por aquí? –preguntó él ladeando la cabeza y mirando las copias de periódico que sobresalían de su bolsa– ¿investigando la historia?

–¿Eh? No, nada –arrugó los papeles para obligarlos a entrar totalmente–. Algunos archivos médicos, pero nada útil ¿y tú?

–Yo no he dejado de ser una rata de biblioteca –contestó levantando el libro de neurocirugía que tenía en las manos.

–Te he dicho que no puedes sólo estudiar –Jan Di levantó una ceja y le dedicó media sonrisa–; debes aprender también a tratar con la gente.

–La gente me da pánico...

–Pero si para eso somos médicos, hombre –por primera vez rió genuinamente, mientras lo golpeaba en el brazo con el puño– ¡para tratar con la gente! Fuiste el mejor de nuestra generación, ¿de qué te sirve tu excelencia en la teoría si no la llevas a la práctica?

–Sí, sí... –se encogió de hombres conteniendo la risa– tal vez... si algún día el doctor Yoon necesita más ayuda podrían llamarme...

–¡Hey! ¡Sí! –se le iluminó la cara y dio una palmada– ¡Trabajarías en la clínica conmigo, el abuelo y Ji Hoo sunbae!

–Cierto, Ji Hoo sunbae... –agachó la cara afligido– no pensé en él; creo que entonces no es buena idea...

–¿Por? –torció el gesto confundida– ¿no te agrada Ji Hoo sunbae?

Levantó la cara para mirarla y dejó escapar una risa sarcástica.

–Soy yo el que no le agrada a él.

–¿Eh? ¿Por qué dices eso?

–No es posible que no lo notaras, sobre todo después de que nos asignaron juntos para las guardias en el hospital, después de nuestras rondas de setenta y dos horas que él iba a recogerte me fulminaba con sus ojos de te vas a morir, pequeño cabrón –explicó exagerando su expresión y torciendo los dedos en ademanes tétricos.

–¡Claro que no! –Jan Di se echó a reír; Dae Hyun era tan teatral que siempre le levantaba los ánimos. Tomó un respiro para recuperarse– Ji Hoo sunbae es introvertido y frío con quien no conoce, pero cuando trabajes con nosotros y lo conozcas mejor ya verás que él es... –se quedó callada un momento y su expresión cambió, como si de pronto todo estuviera claro en su cabeza– lo máximo del universo...

Dae Hyun lo notó y le sonrió.

–¡Además...! –Jan Di sacudió la cabeza– ¡Además no creo que le desagrades porque yo ya le he contado lo genial que eres!

–¡Espera! –levantó la palma indicando silencio– ¿Le has dicho a Ji Hoo sunbae que yo soy genial?

–¡Por su puesto! Le he dicho lo feliz que me sentí cuando te asignaron como mi compañero en el internado, ya que siendo tú el genio de nuestra generación me podrías ayudar mucho –sonrió sinceramente mirándolo a los ojos–, y así lo hiciste. Podría decir que gracias a ti sobreviví al hospital.

Dae Hyun soltó un pesado suspiro y luego torció la boca. Jan Di parpadeó varias veces ante el silencio que ahora los rodeaba.

–Bueno, eso explica por qué me quiere tres metros bajo tierra...

–¿Qué?

–Nada mi pequeña e inocente compañerita de prácticas Jan Di –le revolvió el cabello una vez más, ella se apartó riendo un poco–. Bueno, me pareció que tenías prisa, nos veremos después, ¿de acuerdo?

–Sí –dio una nueva reverencia girándose– ¡Nos vemos pronto!

Se alejó corriendo y él la observó hasta que desapareció; después de tantas horas juntos atascándose de café y coca cola había aprendido a conocerla bastante bien –por su puesto ayudaba lo transparente y empática que era la niña– y sabía que definitivamente algo raro se traía.

0o0o0

Jan Di estuvo el resto del día leyendo las fotocopias, al darse cuenta que había oscurecido, miró su reloj; aún eras horas que Ji Hoo siguiera en la clínica, así que no lo pensó mucho y se dirigió hacia allá.

Al llegar suspiró decepcionada; no había nadie. Sin encender la luz entró en el consultorio de Ji Hoo y se sentó en su silla. Jan Di sonrió mientras se mecía un poco, era más cómoda que la del abuelo. Sacó de la bolsa de su chamarra las fotos de la boda falsa; al parecer Ji Hoo aún no había notado su ausencia y debía regresarlas antes de que lo hiciera, pero se quedó observándolas tan sólo con la luz que entraba de la calle.

Sacó su celular y marcó.

¿Jan Di? –contestó Ji Hoo luego de un par de tonos.

–Eh... –Jan Di sintió un repentino nerviosismo y sonrió– ¡Hola, Ji Hoo sunbae!

Hola, ¿ocurre algo?

–No, nada, nada –volvió su vista a las fotos–, hoy no te quedaste en la clínica...

No –dijo luego de unos segundos–. Estoy en casa cenando con el abuelo.

–¡Oh! –se mordió el labio pensando que decir– ¡Eso es genial!

¿Estás en la clínica?

–Eh, sí... –se meció en la silla mirando fijamente la sonrisa de Ji Hoo junto a ella– quería alcanzarte para hablar contigo, pero ya veo que será mañana.

¿De qué se trata? ¿quieres que vaya por ti?

–No, no, no te preocupes, puedo esperar a mañana...

¿Se trata de Joon Pyo?

–Oh... respecto a eso y... lo que dije, yo... –suspiró y se tomó un momento– he sido descortés y grosera contigo estos días, sunbae, quería disculparme, tú no tienes la culpa de mis problemas...

Hubo un momento de silencio.

No necesitas disculparte por eso.

–Claro que sí...

Mira, Jan Di, sé que es difícil para ti pero también tienes que entenderlo a él; obviamente será un cambio en tu vida y tú siempre quieres aparentar ser una temeraria, pero es natural que te asuste la idea de casarte...

–No es eso... –Jan Di hizo círculos con los dedos sobre las fotos– es que Joon Pyo tiene razón; yo...

Te complicas mucho la vida, no pienses tanto y sólo dile que sí.

–Tienes razón... –ella curvó sus labios en una pequeña sonrisa– Aún así quiero hablar contigo de otra cosa... ¿cenamos mañana? Yo te invitaré, por su puesto, ¡pero no será un lugar nada caro! –aclaró rápidamente– ¿Qué dices? ¿Aceptas? –oyó la risa de su amigo.

Me encanta la idea.

Ella se mordió el labio...

Qué bien –cerró los ojos con expresión complacida, resbalándose un poco por el respaldo–, nos vemos mañana ¿de acuerdo? Buenas noches.

De acuerdo. Buenas noches.

–¡Ji Hoo sunbae! –lo llamó un instante después esperando que no hubiera colgado aún.

Dime.

–Te quiero...

Jan Di supo que él sonrió al otro lado de la línea.

Yo también te quiero.

Colgaron y ella suspiró mirando una vez más las fotos y pensó que lo que Jae Kyung unnie definitivamente tenía que ser una broma. Se sintió tranquila en ese momento; los últimos días habían sido una pesadilla, pero había decidido que tenía que decírselo a Ji Hoo y él la ayudaría sin duda, ella nunca estaba sola, no tenía por qué sentirse así.

Se agachó para abrir el archivero y dejar las fotos donde las había encontrado, pero al tratar de abrir el cajón, se dio cuenta que estaba cerrado con llave. Apretó los ojos dejando caer su frente en la orilla del escritorio, lanzando un par de maldiciones; si estaba cerrado con llave era porque él se había dado cuenta.

–Maldita sea mi suerte...

Oyó un ruido y volteó en reflejo, alguien había abierto la puerta, había entrado y se había sentado en la sala de espera, como cualquier paciente. Guardó de nuevo las fotos en los bolsillos de su chamarra y se levantó lentamente, salió del consultorio y encontró a aquel hombre sentado allí como si nada.

–¿Usted aquí?

–No parece sorprendida de verme, señorita.

Jan Di tomó aire y se tomó un momento para responder...

–Obviamente no iba a tardar en aparecerse...

–Y si usted sabía eso... –él se acomodó en el asiento cruzando las piernas– ¿no debía tener más cuidado? ¿qué hace aquí sola aún teniendo dos novios?

–Usted debería tener cuidado –espetó mirándolo con firmeza a los ojos–; si ellos lo atrapan van a acabar con usted... Joon Pyo lo va a despedazar...

Él sonrió.

–¿Eso es una apuesta? Me encantan las apuestas –levantó el dedo índice–, pero son un mal vicio, no lo recomiendo.

Jan Di entrecerró los ojos desconcertada...

–Veamos, ya que se trata de lo que va a pasar conmigo, ¿qué podría apostar yo...? –continuó el hombre llevándose una mano a la barbilla pensativo– Yo apuesto a que en unas cuantas semanas estaré cómodamente viviendo en alguna isla europea. ¿Pero qué podríamos apostar...? No lo sé...


Ufff, yo ya quería llegar aquí, porque ahora sí empiezo de verdad con el fic xD. Gracias a Joanne, Fargok y Jake (agradezco siempre las sugerencias, en realidad aún no estoy muy segura de que hacer con Joon Pyo aún) por su review