Volverte a ver

Capítulo I: Recuerdos y una próxima despedida:

-¡Kyaa!- chille con toda la fuerza que pude al ver el reloj -¡no puede ser, voy a llegar tarde!- me arroje de un salto fuera de la cama y corrí al armario a buscar la falda verde y la polera de mi uniforme de colegio mientras terminaba de calzarme los zapatos me vestía para luego bajar las escaleras a un tiempo record, por suerte se me había ocurrido dejar mi mochila lista la noche anterior, un dolor de cabeza menos.

-¡Ya me voy mama! Ah, ¡hola abuelo!- me despedí mientras con un brazo recogía la mochila y con el otro alcanzaba el paquetito de mi almuerzo.

-¡Hey Kagome espera!- me llamo mi madre saliendo de la habitación de Sota -por favor cómprale estos remedios a tu hermano, no le he podido bajar la fiebre-

-Tengo un amuleto…- comenzó mi abuelo.

-¡Adiós a todos!- grite antes de que mi querido abuelo comenzara con una de sus charlas de amuletos.

Guarde el dinero que me di cuenta que venía junto con la lista de remedios en uno de mis bolsillos de la falda y me dispuse a hacer una de las actividades que odiaba hacer temprano: correr, era realmente mala y torpe para eso.

Corrí aproximadamente seis cuadras y me fui caminando las otras dos que me quedaban, intentando recuperar el aire que parecía irse a cualquier otra parte excepto a mis pulmones e incluso me sobraron un par de minutos para llegar al salón.

Todo el buen humor que –milagrosamente- había estado acompañándome desde que me había levantado se esfumo, como si el viento se lo hubiera llevado tal cual hojas secas.

Lo primero que vi fue a Sango, mi mejor amiga, y a Haruka, una chica rubia de mi clase que la verdad no me simpatizaba, paradas en la puerta del salón conversando.

Pase directamente a dejar mi almuerzo al mueble de la esquina de la sala sin molestarme en saludar a ninguna de las dos, recibiendo una mirada extrañada de mi amiga, de seguro pensaba que yo era una malhumorada y si ese fuera el caso no me molestaría en lo mas mínimo, incluso le encontraría toda la razón.

-Hey, ¿Por qué esa cara?- susurro acercándose a mi –deberías estar contenta por quien anda ahí, creo que mis rezos sirvieron mucho- gire lentamente la cabeza mientras mi corazón empezaba a dar un brinco de mi pecho al momento en que me encontraba con la cara perfecta y el pelo negro azabache de la persona que amaba. InuYasha había vuelto luego de tres días de ausencia, pero yo no lo veía desde hace una semana, al faltar unos días por encontrarme resfriada.

Comencé a mirarlo disimuladamente –excepto para Sango- mientras una pequeña sonrisa intentaba escaparse de mis labios.

-Si te pones feliz - me molesto mi amiga –se te quita la cara de muerte enseguida-

-Cállate- sacudí la cabeza mientras me acercaba a mi puesto que compartía con Sango, y comenzaba a sacarme la mochila de los hombros y la dejaba sobre mi mesa. De repente mi amigo Shippou entro y se sentó en su puesto que compartía con Kouga, que estaba delante del de nosotras.

-Hola Shippou- salude alegre.

-InuYasha se va del colegio- me contesto mirando acusativamente a su amigo que se encontraba ya sentado en su lugar detrás de nosotras.

-¿Enserio?- pregunto Sango mirándome un poco a mí y luego girándose a verlo -¿Por qué?-

-Lo que pasa es que a mi mama la transfirieron en el trabajo, por eso nos vamos a la capital- explico

Desde que Shippou hablo, yo había perdido la noción de la expresión de mi cara, y lo mejor que se me ocurrió fue buscar refugio fingiendo intentar encontrar dentro de mi mochila, aunque en todo el mar de sentimientos que me invadían un rinconcito de mi cerebro estaba agradecido de que InuYasha se sentara detrás de mí para que no pudiera verme.

¿Por qué? ¿Por qué me pasaba esto a mí? ¿Por qué se tenía que ir?

-¡No!- dijo mi amiga haciendo que yo me volteara hacia ambos encontrándome con su mirada mortificada –no puedes irte, es ridículo, estamos a más de la mitad de semestre-

-Todo ya está decidido- esas tres últimas palabras habían terminado de fragmentar mi corazón, como si fuera una perla y todos esos pequeños pedacitos a los que había quedado reducida se esparcieran en toda dirección –el Lunes, Martes y Miércoles fui a dar pruebas de admisión-

Me dieron unas ganas terribles de mirarlo con una crueldad inimaginable, los tres días que el menciono yo me la había pasado preocupada por si le habría pasado algo grave y el muy torpe solo estaba dando pruebas de admisión. A veces de verdad me pasaba para ser idiota.

-Y, ¿a qué colegio te vas?- pregunte transformando mi expresión a una cara de póker. InuYasha se atrevió a levantar la mirada y verme, pero esta vez sus ojos color ámbar parecían dolidos, acaso traicionados. ¿Desde cuándo habíamos cambiado papeles?

-No se- respondió secamente –todavía no me dan los resultados de los exámenes-

-¿Cuándo te vas de aquí?- pregunto Sango dedicándome una mirada de complicidad.

-El sábado-

-Sábado- repetí en mi mente –me quedan solo dos días para verte- ese descubrimiento me causo dolor pero por suerte –y nunca pensé que fuera a decir esto- la profesora Akihito entro en el salón en ese momento, saludándonos y pidiéndonos tomar asiento dándome una certera excusa para poder voltearme y no verlo en un rato, además de poner las caras que quisiera sin ser molestada por nadie.

Paso la lista y comenzó a revisar una carpeta llena de papeles cuando me queda mirando con una fijeza de la que me hubiera preocupado si no hubiera estado en una burbuja protectora, intentando todavía no pensar en nada para evitar hacerme daño a mí misma.

-Higurashi venga por favor- Sango me miro angustiada como si pensara que de un momento a otro me iba a lanzar a llorar. Me levante en silencio y apenas le preste atención al rumbo de mis pasos, estaba un noventa y cinco por ciento segura que si me caía iba a quedarme ahí, tirada en el suelo viendo todos los pies de mis compañeros de salón.

-Usted me debe una prueba que se hizo la semana pasada- me informo y note como me observaba raro, sin duda debía parecer un zombi.

Asentí y me entrego una guía de lectura, bastante fácil a mi parecer. Comencé a resolverla y en cuanto termine fingí estar intentando responder alguna otra pregunta, no estaba de ánimo para lograr prestar atención a la clase. Mi burbuja de autoprotección pareció estallar de un momento a otro y una serie de dolorosos pensamientos comenzaron a acudir a mi mente, comencé a recordar cosas.

El día en el que lo vi por primera vez caminando junto a Miroku, cuando me dio un regalo a pesar de no haber ido a mi cumpleaños, cuando me ayudo en un trabajo, cuando se sentaba cerca mío, cuando tuve que hacer una presentación con él para el festival escolar, cuando este año lo había abrazado por cambiarme una respuesta en el examen de matemáticas.

De repente la imagen desconocida de mi padre también a pareció en mi mente y súbitamente desapareció como una sombra, luego lo mismo paso con la de InuYasha.

-Todos me dejan sola- pensé mientras la humedad comenzaba a aparecer en mis ojos. Solo quería echarme a llorar pero odiaba hacerlo frente a la gente. La única alternativa que vi fue entregarle el examen a la profesora y pedirle permiso para ir al baño, algo que no me negó.

Me encere en una de las casetas y me puse los audífonos mientras que encendía mi MP4 y la canción "When you're gone" de Avril Lavigne comenzaba a sonar gruesas lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Me mordí el labio para evitar que alguien me escuchase y me quede ahí parada por un buen rato hasta que decidí que ya era suficiente y que no podía seguir llorando aunque quisiera, tenía que volver a la maldita clase.

Primero me lave la cara varias veces hasta encontrar que tenía un aspecto aceptable para que nadie me preguntara nada, luego arregle mi cabello y guarde el MP4 donde ya no pudiera seguir torturándome.

Cuando entre sentí como Sango me clavo la mirada pero no fue la que me preocupo. InuYasha también me estaba mirando y durante la fracción en la cual cerraba la puerta se la correspondí mostrándole mis sentimientos para luego solo ir a sentarme y hundirme en la silla.

Sango me miro compasiva y yo quise sonreírle pero estaba segura de que si lo hacía me saldría una mueca horrible que solo la preocuparía.

El resto de la clase se me hizo insoportable, solo quería salir corriendo y atravesar la puerta para luego perderme por las calles de la ciudad y llegar a mi reconfortante casa, y apoyar mi cabeza en la almohada, ¿eso era mucho pedir?

-Kagome- susurro Sango -por favor quita esa cara, se que te duele pero al menos haz un intento ¿sí?- a lo que ella termino de hablar me voltee a mirarla y no pude evitar que una indignación apareciera en mis ojos, yo era como un libro abierto que siempre reflejaba sus emociones.

-Kagome- me reprocho.

-¿Qué?- mi voz sonó mas mordaz de lo que pretendía y sabia que esto la lastimaba, no era su culpa, ni tampoco la de él, ni de su madre tampoco solo eran cosas del estúpido destino y tendría que afrontarlas.

-Nada, olvídalo-

-Como sea- resople volteando a fingir mirar por la ventana, pero en verdad estaba intentando memorizar su rostro, nunca más lo iba a ver así que no debería desaprovechar el tiempo.

Haciéndose eco de mis plegarias el timbre sonó por fin y yo me apresure a salir de la sala siendo seguida por Sango. Afuera nos esperaba Bra, nuestra mejor amiga que era del otro curso. Su cabello era largo y celeste y sus ojos grandes y redondos del mismo color.

-¡Hola!- la saludo Sango alegremente ignorándome por un rato.

-Hola- respondió ella con una sonrisa mientras yo me quedaba muda y miraba a otro lado –¿y a esta que le pasa?-

-Se va a ir-dije después de cerciorarme de que nadie nos escuchara –InuYasha se va-

La cara de Sango se lleno de compasión mientras que Bra hacia una mueca de sorpresa. No podía sentirme más miserable en ese momento. Nuestra conversación se vio interrumpida por que tanto mis compañeros como los de Bra comenzaron a inundar el patio.

-¿Por qué?- inquirió.

-A su mama la transfirieron en el trabajo y se va a ir con ella- susurre con el rostro carente de emoción alguna.

-Lo siento- dijo ella rodeándome los hombros con un brazo –Digo… de todos modos esto iba a pasar cuando terminemos el colegio probablemente ya no los veremos nunca más-

-Tienes razón- dije intentando sonreírle pero en mi mente me llenaba de maldiciones.

-¡Ustedes no saben nada!- chillaba mi mente –¿es acaso justo? A ustedes les quedan cinco años y a mí un día. ¿Por qué mierda me tuve que levantar hoy?-

-Kagome- susurro Sango -¿Qué va a pasar ahora con Kouga?-

-Kouga- repetí. El que antes creía uno de mis mejores amigos –aparte de Ginta- se me había declarado hacia ya casi tres meses y ya todo empezaba a volver a la normalidad entre ambos -¿Qué va a pasar?-

Ambas me miraron como lo hacia mi mama cuando me regañaba, como si mi torpeza se notara a kilómetros a la redonda.

-A veces tu torpeza me supera- gruño Bra -¿Qué va a pasar?- me imito –¡Pues tu le gustas ilusa y él sabe que a ti te gusta InuYasha! ¿Qué crees que va a pasar cuando él se vaya? Pues es obvio que Kouga va a intentar algo contigo-

-¡Deja de decir que soy torpe cuando ya lo sé!- le grite pero era diferente a lo de siempre, pues ella me hubiese respondido enseguida un día cualquiera, en cambio ahora se limito a abrazarme.

-Cálmate ¿sí?-

Suspire y escondí la cara en su hombro. –Discúlpame Bra, tú no tienes la culpa de nada, solo estoy de mal genio-

-Como siempre- añadió Sango con una picara sonrisa pero su mirada se topo con algo que le molesto. Dirigí la mirada en la misma dirección que la de ella y encontré la causa de su molestia, junto a Miroku estaba Miyagi, una chica de pelo largo liso y negro con unos ojos verde oscuro que amaba al pervertido. Sango se ponía realmente celosa cuando ella estaba cerca de él.

-Y se supone que yo soy la de mal humor- la inste. Ella me dedico una mirada fría como el hielo que me puso los pelos de punta, rara vez se encontraba tan enojada.

-No molestes Higurashi- soltó con mirada asesina en dirección a Miroku cuando de repente él la vio, y pareciera como si Sango se hubiese enojado mas ante lo que Miroku se cayó de espaldas con una cara de perro asustado.

Me causo tanta gracia la situación que comencé a reírme como loca y me dio la impresión de que se escuchaba hasta la sala de profesores –donde estaban Shippou, InuYasha, Miroku, Miyagi, Pares y Kikyou-, porque me encontré con la mirada de unas orbes ambarinas ¿Por qué me miraba de esa forma? Era una mezcla de dolor y de alegría que no entendía para nada. En eso estábamos cuando Kikyou se le acerco y lo abrazo susurrándole algo al oído por lo que él se sonrojo. Sentí que mi cabeza iba a estallar en ese momento y los puños se me cerraron buscando pegarle a algo, Bra se había dado cuenta de todo y me sujeto con más fuerza, la verdad, yo no estaba segura si de verdad iba a ser capaz de ir y romperle la cara de un puñetazo a Kikyou –lo dudaba de veras- no es que la odiara solo por estar cerca de InuYasha, el año pasado había sido mi mejor amiga pero empezó a contarle mis cosas a Pares y a Miyagi al comenzar a juntarse con ellas y de ahí nos empezamos a caer mutuamente aunque ella se comportaba de una manera absolutamente cínica cuando se quedaba con nosotras.

-Relájate Kagome, InuYasha te está mirando- comencé a inspirar y a espirar de una forma sincronizada cuando conseguí calmarme pero mi lado asesino no desaparecía todavía.

El timbre sonó haciendo que los profesores comenzaran a encaminarse en todas direcciones para llegar a las salas correspondientes haciendo que los tres chicos, Kikyou y Pares comenzaran a caminar hacia acá junto a la profesora de Ingles. Tenía la impresión de que este iba a ser un largo día.

-Nos vemos- le dijimos Sango y yo a Bra entrando a la sala para comenzar a sacar nuestras cosas.

-Te juro que la cabeza me va a estallar- le comente.

-Todo va a pasar, ya verás- me dijo dándome unos golpecitos amistosos en la espalda.

-Espero que no se demore-

La clase empezó a hacérseme eterna a la media hora hasta que nos dieron un ejercicio en pareja y prácticamente todos quedamos libres por lo que me relaje y me puse a dormitar de brazos cruzados sobre la mesa, quizás todo esto era una de mis pesadillas.

-¿Kagome?...- me llamo una voz que hizo que me corazón diera un vuelco.

Me voltee a verlo y en esos momentos alguien corrió una cortina por lo que toda la luz del sol que lograba entrar le dio de lleno en sus ojos, pero él no se molesto en entrecerrarlos si no que me aguanto la mirada.

-¿Tengo que hacer yo la actividad?- me dieron ganas de caerme de la silla. Me imagine a Bra partiéndose de la risa por la situación, diciéndome que era una torpe y que me ilusionaba por todo.

-Supongo que no- respondí intentando parecer indiferente –van a evaluarla el Lunes y tu ya no vas a estar- sentí que al pronunciar las seis últimas palabras se me quemaba la lengua como si de acido se tratara pero tenía que empezar a acostumbrarme o si no me iba a sentir mal cada vez que lo nombraran. Me di vuelta e intente trabajar pero su voz nuevamente me volvió a interrumpir.

-Me alegro de no tener que trabajar eso se ve difícil- susurro junto a mi oreja. Por el rabillo del ojo divise que estaba con el cuello casi apoyado en mi hombro, estirándose para tratar de ver la hoja que Sango y yo compartíamos.

-No es difícil si es que estudiaste-

-No tuve mucho tiempo para estudiar esto- susurro cuando un timbre de celular sonó, sentí como se le ponían las mejillas coloradas a mi lado y comenzaba a revisarlo.

Comenzó a reírse y no aguante mi curiosidad por ver que le pasaba así que me di vuelta.

-Algunos queremos trabajar, sería conveniente que te callaras- le dijo Sango sin si quiera molestarse a mirarlo –vamos Kagome ¿quieres trabajar? Sabes que de las dos tú eres la que más entiende esto-

-Es que- protesto InuYasha que ya había dejado de reír pero todavía tenía una sonrisa en el rostro –mi mama me está llamando genio, me aceptaron en los dos colegios a los que presente exámenes- me dieron ganas de gritarle tonto tan fuerte que le rompería los tímpanos a cualquiera.

-Calma Kagome- suspire y volví a trabajar pero no lograba concentrarme. Me imaginaba como estaría el día lunes, cuando al voltear ya no vería a InuYasha. Se me escapo un suspiro y Sango me miro raro, como si me estuviera leyendo los pensamientos.

A duras penas acabe con los ejercicios y de vez en cuando InuYasha me molestaba a mi o a Sango pero eso no ayudo en nada, solo hizo que yo me sintiera más miserable ¿lo estaría haciendo a propósito?

Toco el timbre y nos volvimos a reencontrar con Bra pero esta vez ella y Sango decidieron ir a dar una vuelta por todo el colegio. Yo decidí seguirlas para no quedarme sola, no tenía ganas de hacer nada por lo que prendí mi MP4 y puse la canción "Listen to your heart" de DHT, a veces me subía el ánimo. Comencé a concentrarme en la letra pero solo me hizo sentir peor, era tan despistada que antes no me había dado cuenta de lo que decía.

Listen to your heart before you tell him goodbye…

La melodía resonó en mi cabeza con la sombra de nuevo acechándome y yo solo podía pensar en él y en tratar de imaginar cómo sería mi vida a partir del lunes igual que antes.

-¿Qué piensas de eso Kagome?- me pregunto Sango sacándome de mi auto flagelante ensoñación.

-¿De qué cosa?- ambas me miraron feo –discúlpenme pero hoy no tengo cabeza para nada- y volví a concentrarme en la música.

Así se paso el día. Yo imaginándome y recordando cosas de hace un año donde todo parecía que iba mejor que ahora, ya cerca del fin.

¿Qué hubiese pasado si yo de antes hubiera sabido que él se iba a ir? ¿Me habría atrevido a hacer algo? Lo dudaba, no encontraba que ahora valiese la pena intentar algo o declararle mis sentimientos. Nada importaba ahora, solo quedaría un corazón roto y en el caso de que InuYasha sintiera algo parecido por mi sería peor, aparte de un par de corazones rotos, quedaría la impotencia de no haber tenido las agallas y no haber podido hacer nada, un sentimiento de vaciedad y de arrepentimiento. Estaba segura que desde la muerte de mi padre no me sentía tan miserable, aunque era de una forma diferente, el había estado siempre enfermo y yo era solo una niña como para entender bien las cosas, ahora era todo diferente porque era consciente de todo.

No me había dado cuenta en la velocidad en la que pasaba el dia hasta que ya quedaba solo una clase para salir pero era otra que odiaba: artes. Lo único bueno que tenía esa clase era que la hacíamos en una salita de madera, amoblada con cuatro mesas y ocho bancas donde nos sentábamos a terminar los trabajos.

Tome asiento junto a Sango y Ginta y al frente de mi quedo sentado InuYasha una razón más para no terminar mis trabajos todavía ganándome de seguro un buen regaño de mi madre.

-Oye InuYasha- le dije, e instantáneamente me atrapo con su mirada -¿me das tu trabajo de tecnología?- apunte a este que descansaba sobre la mesa.

-Cla… claro- tartamudeo.

-¡InuYasha!- protesto Shippou –¡dijiste que me lo ibas a dar a mí!- recibiendo un buen golpe en la cabeza por parte de su amigo.

-No seas maleducado, ¿Qué no te han enseñado que las chicas están primero?- Shippou y Miroku se miraron de una forma significativa y ambos se echaron a reír.

-¿No querrás decir que Kagome está primero que todo?- alcance a escuchar como Miroku molestaba a InuYasha y ver como este se sonrojaba. No pude evitar emocionarme por eso y que un leve sonrojo se esparciera también por mis mejillas pero luego caí a la cruda realidad. ¿De que servía ahora que el me quisiera?

-¡Feh! Piensa lo que quieras libidinoso-

Ya faltaban al menos diez minutos para salir de clases cuando algo en mi estuche me llamo la atención, mi lápiz capsula, algo que a InuYasha siempre le había gustado mucho. En un arrebato de no se que me dieron ganas de dárselo y termine con la mano extendida en su dirección.

-Toma te lo doy- dije pero en mi mente agregue un no me olvides nunca que mis labios no iban a pronunciar jamás.

-Gracias- dijo y me miro de una manera especial estuve a punto de pronunciar las palabras que había jurado no decir nunca cuando unas manos palidas se enroscaron en el cuello de el.

-¡Ay Inu te voy a extrañar tanto!- chillo Kikyou con esa voz de pito que tenia, arquee involuntariamente las cejas e InuYasha me miro como si me estuviera pidiendo disculpas.

-Este, yo creo que también te voy a extrañar Kikyou pero ya suéltame ¿quieres?- los ojos de la pelinegra se desorbitaron por completo mientras lo miraba. A pesar de que intentaba mostrar una apariencia tranquila mi mente se retorcía de risa ante la situación y pensar antes que InuYasha estaba enamorado de ella.

La chica se alejo de el molesta y le azoto todo su pelo en la cara a el, haciendo que yo me enojara y me pusiera de pie de golpe.

-¡Oye es que acaso eres tan imbécil que no sabes ni siquiera controlar tu propio cabello!-

-¿Y a ti quien te ha hecho algo Higurashi?-

-Nadie, pero ¿cómo se te ocurre pegarle por decirte que lo soltaras?, además no lo culparía, debe ser horrible ser abrazado por una persona que parece muerta-

-¡Ja!- se mofo –a mi me dices que parezco muerta, ¡es porque tú no te has visto la cara que traes cuando llegas!-

-Repítelo- solté con una voz fría y amenazante. Sango e InuYasha estaban cerca de nosotras preparados para intervenir en cualquier momento.

-Ya escuchaste, ¿o es que además de fea eres sorda?- me acerque lentamente conservando la misma mirada anterior y me disponía a pegarle una cachetada –era una de las cosas que más fuerte pegaba- cuando unos brazos atraparon los míos y otros se enredaron en mi cintura.

-Ya Kagome no vale la pena- me animo Sango.

-Es verdad- susurro InuYasha –además tu eres muy bonita- esas palabras hicieron que mi corazón empezara a latir a mil kilómetros por hora pero de pronto se quedo congelado.

-Maldito- comencé a gruñir para mis adentros -¿¡ahora que te vas me lo dices!?-

-Ya, no le hare nada, no vale la pena- el timbre sonó en esos momentos y Kikyou salió rápidamente de la salita con Pares, escondiéndose detrás de unos muchachos y el par de brazos que me tenían sujeta me habían soltado.

-¡Nos vemos!- dije despidiéndome con la mano de todos –Sango discúlpame, tengo que ir a comprarle remedios a Sota- y partí corriendo.

-¡Cuídate Kagome!- me grito en respuesta.

Compre rápido los medicamentos y luego me fui tranquilamente por las calles del centro que daban para llegar a mi casa.

-Tú eres muy bonita- recordé esas palabras, incapaz de evitar que el sonrojo se esparciera por mis mejillas pero enseguida me volví a sentir mal. Ya nada importaba, todo daba igual.