En el reloj era las nueve de la noche, ni un segundos mas ni un segundos menos.

Las dos estaban calladas, con la cabeza baja, avergonzadas, tal vez por tener ya 22 años. Mas eso no evitaba sentirse como niñas de 5 años, tan mal hacían, solo querían conocer y no les gustaba la en bullicio o las personas que tanto ocupaban para una sola cosa. Así eran ellas, ¿porque no las entendían? o acaso ellas no entendían. Difícil, complicado, las dos cosas.

-... quiero que sea la última vez- Yoshimoto se preguntaba ¿porque volvía a decir lo mismo? cada advertencia que daba siempre era ignorada y siempre hacían lo que ellas querían-... quiero que en la fiesta no se escabullan, las quiero ahí.

Sanae pudo evitar un gemido de aburrimiento, pero Yami no. Nojiko sonreía oculta detrás de su esposo, era imposible que trataran de exigirles algo como la fiesta. No eran felices así, les gustaba sus escapadas nocturnas, mas bien todas, porque las dos ponían empeño en ello.

-¿Algún problema con ello Yamileth?- Yami se encogió de cuerpo al escuchar su nombre completo. A veces no le gustaba acatar ordenes pero su padre se empeñaba en ello.

-No papá- Sanae volvió a reprimir, esta vez, una pequeña risa.

-Entonces mañana, estaremos los cuatro, como una familia feliz, lo cual somos, en esa fiesta que los miembros de la directiva de Japón han echo para darnos la bienvenida y también a los jugadores. He dicho.-

Sanae y Yami asintieron con fuerza.-Lo prometemos- juntas dijeron, sin imaginarse Yoshimoto y Nojiko que por atrás cruzaban sus dedos, trampa dirás, mas para ellas era su esperanza.

Regresaron a sus habitaciones, tranquilas, sonriendo y planeando, como escapar dentro de una hora de casa, para ir a recorrer algo o según Yami, forzar a su hermana a admitir su pasión por aquel deporte que tanto ha amado en su vida.

-Sanae- llamo a su hermana la cual estaba en el balcón de sus habitación, observando la cálida noche.

Sanae veía con admiración las estrellas, eran tan únicas, brillaban tanto y hermosas, tanto que las envidiaba queriendo ser como ellas. Con una pequeña sonrisa se despidió de ellas, como si la entendieran y supieran lo que pensaba y había en su corazón. Quería encontrar algo con lo cual se sintiera en paz, que le diera de nuevo o regresara su amor al deporte que tanto practico en su toda su vida. Que le regresaran a aquellos amigos que conoció en cada país y tenían la misma pasión por aquello. Suspiro con tranquilidad, sonriendo aún, regresando a su habitación donde sabía, su hermana estaba planeando su próximo escape y con gusto la ayudaría, le gustaba esa aventura.

-¿Que pasa Yami?- se recostó al lado de la pelirroja, ambas viendo el techo blanco, el cual llevaba de adorno por un afiche, o póster, de un jugador. Uno a quien la joven planeadora le admiraba y le encantaba molestar tanto que él siempre decía lo mismo "me vas a sacar canas verdes". No era posible aquello mas no impedía seguir molestándolo.

-Crees que papá se moleste si nos escapamos de la fiesta ¿lo crees?- La morena sonrió. Sus padres podrían regañarla e incluso castigarlas mas nunca se molestarían, se habían escapado de fiestas mucho mas importante, como la de conocer al Presidente de Argentina... o en la fiesta de España donde supuestamente conocerían a los Reyes de dicho país. Ambas sonrieron.

-Nooooo- rieron felices. Tenían la respuesta así que podrían planear que hacer cuando escaparan de la dichosa fiesta a la cual no querían asistir.

Dejaron que las horas pasaran, minutos, segundos. Cuando el reloj marco las once las dos listas. Cada una con unos pants, azul de Yami y rosado de Sanae, camisas blancas y gorras, estaban listas. Yami fue a su closet y saco dos balones, uno que le dio a su hermana y otro el cual tenía algo escrito y la morena sabía lo que era.

-Estas enamorada de ese balón- la pelirroja sonrió- ahora entiendo lo que tu "alemansito" quiere decir con "la pelota es mejor en la cama"

-Él nunca sabe lo que dice- se defendió Yami- quizás por eso lo fastidio tanto.

Pobrecito pensó Sanae mas le daba igual por el momento. Con sigilo salió de la habitación descalza, la casa estaba oscura, llego a la habitación de sus padres, giro la manecilla suave y entre abrió la puerta, necesitaba cerciorarse de que estuvieran dormidos. Lo que no llego a creer era lo que vería, sus ojos se abrieron de par en par. Volvió a cerrar la puerta y regreso a su habitación donde la esperaba su hermana.

-¿Están dormidos?- pregunto

-Mmmmm... creo que dormirán muy bien dentro de poco- Sanae no creía posible quitarse aquella imagen.

-¿ Están despiertos?- Yami no entendía de que hablaban tanto sus padres

-Si y no- no entendió- están despiertos y ocupados, creo que no se darán cuenta de nuestra desaparición

-Ok- no entendía a lo que su hermana hablaba mas debían aprovechar eso.

Sin discutir mas, ambas empezaron a salir. Bajaron por el balcón de sus alcoba, por medio de una cuerda. Hata tocar tierra. Sin más corrieron hasta salir a la calle, riendo divertidas.

Yami era quien dirigía, su camino era, aquel campo que vieron y que su hermana no quería ir en esos momentos.

-Llegamos- grito de felicidad. No tenían miedo de lo oscuro ni de la hora, confiaban tanto ya que nunca habían tenido visitas feas cuando estaban las dos solas a altas horas de la noche. Le tira su balón especial- Quiero que tires y metas un gol

Fue una exigencia mas no lo quiso hacer... cada vez que veía un balón, recuerdos la atormentaban y solo pensarlo se ponía triste.

-Vamos Sanae, solo hazlo, yo se que te gustara y no pensaras en nada- Yami podía ser terca e insistente.- Yo se que lo extrañas

Tenía razón, lo extrañaba, como un niño extraña su primer juguete. Corrió con el balón llegando a mitad del campo, parando, hacía tiempo no hacía un tiro especial, enseñado por alguien especial y a la vez no tan especial. Era complicado en su cabeza y ponerse a pensar su significancia la hacía enredarse mucho más.

-Tira Sanae ¿o acaso tienes miedo?- Yami provocaba a su hermana, vio en su mirada la determinación de patear el balón y ella estaba emocionada con solo verlo. Cada una tenía una cualidad, ella de planear estrategicamente sus huidas sin que nadie las viera y su hermana la de jugar excelente el deporte de fútbol. Sanae no se lo pensó más, pateo medio fuerte el balón y corriendo tras él lanzo su pierna hacía atrás, el balón estaba en la posición exacta. Toda la energía estaba en su patada. Golpeo el balón mandándolo con fuerza directa a la portería. Yami observaba, lista para saltar y gritar cuando este entrara a la red, amaba esos tiros largos que entraban, amaba la forma en que los jugadores ponían todo su esfuerzo en sus tiros.

Entro.

-Gooooooooooooooooooooooooooo ool- grito a todo pulmón. Brincando, gritando, riendo. Esa adrenalina que sentía era la misma que recorría sus venas cuando iba a ver un partido y mas cuando era su equipo favorito. Corrió para recoger el balón, pues ese era muy especial, la morena reía divertida, cuanto extrañaba eso, la emoción, la felicidad de golpear el balón y empotrarlo a la red, al menos había echo un buen esfuerzo al enseñarle aquel tiro. Yami sacaba el balón y camina lento hacía ella, aun riendo.

- HEY ¿QUE HACEN AQUÍ?- el grito las asusto. Mas que nada a la pelirroja quien al ver a un grupo de chicos en el campo se asusto, podrían ser unos violadores, unos matones, ladrones, cualquier cosa y ella no lo quería averiguar. Grito de espanto y corrió junto su balón favorito no recordando a su hermana.

Sanae al ver a ese pequeño grupo de hombres le dio miedo, podrían dañarlas debían irse rápido pero su hermana se había adelantado con un grito y pánico, olvidándose de ella- Yami- intento que la esperara mas no lo logro.

Su hermana podría participar en las olimpiadas, una atleta en las carreras, por Dios ya se había alejado del campo con rapidez. Corrió detrás de ella mas a medio camino vio el otro balón.. aquel balón que su hermana abrazaba era uno firmado por el mejor jugador brasileño "Pele" ellas lo habían conocido y Yami había pedido su autógrafo por eso lo cuidaba tanto. Pateo el balón al recordar que su hermana ya le llevaba ventaja, debía alcanzarla.

Corrió con rapidez, mas solo veía a su hermana a un kilómetro de ella o más, debía alcanzarla. El camino les llevaba a su hogar, se estaba cansando. Dos años de haber dejado el ejercicio de cada mañana estaba haciendo efecto, debía volver a los ejercicios, correr cada mañana y empezaría desde mañana.

-Yami- grito de nuevo, la pelirroja estaba ya en la puerta de su casa, respirando con calma parecía no haberle echo efecto tal carrera.

-Sanae, creí que te habían atrapado- suspiro de alivio al verla frente a ella y agitada.

-Por Dios- exclamo tomando aire- ganarías medallas de oro si participas en las carreras de las olimpiadas...

Yami sonrió nerviosa, si su hermana supiera quien le enseño a tener buena carrera seguro se enojaría mejor dejarlo así.
Sin hacer ruido entraron a sus alcoba, de la misma forma que salieron. Sanae tuvo dificultad de subirlas, aun le dolía el estomago por la carrera, le había entrado aire y era un pésimo dolor. Se tiro en su cama, la noche había sido extraña en todos sentidos...

-Es hora de dormir- hablo Yami ya acurrucada en su cama.- mañana sera un día nuevo

-Querrás decir dentro de unas horas, es las dos de la madrugada- le informo- además mañana debemos ir a recoger "ya sabes quien"...

-Claro- estaba mas adormitada- y debo planear como escapar de la fiesta.

La puerta estaba medio abierta y por esa apertura, dos pares de ojos las observaban, sonriendo con cariño y enfado fingido, debían admitir que eran muy buenas para no hacer ruido al escapar, además estaban ocupados con su actividad, por eso estaban despiertos aún. Sonreían a ver como su hija pelirroja dejaba el balón en el suelo, ellas nunca dejarían de amar ese deporte y para ellos no era ningún problema. Cerraron la puerta sin hacer ruido volviendo de nuevo a su alcoba. Acostándose juntos para volver a dormir, dentro de unas horas llegaría la mañana y ellos tenían una sorpresa, no solo para sus hijas, sino también para selección de Japón.

-¿A que hora llega su avión?- Nojiko pregunto abrazando a su esposo.

-Las nueve, los dos vuelos- Yoshimoto haría cualquier cosa por sus hijas y mas si una de ellas no quería saber de uno de sus invitados.

-¿Recogerlas a que hora?- pregunto Yami

-A las nueve aterriza su avión- contesto Sanae, sintiendo en su pecho algo raro, como presintiendo algo que sucedería y tal vez no le gustaría. O quizás era por el esfuerzo de correr tanto, no le pondría atención. Se levanto directo al baño, se ducharía y volvería a la cama fresca para dormir.

Sin saber lo que le esperaba en la mañana.

.

Correr cada mañana temprano era su rutina diaria. Y no la dejaría aunque tuviera 60 años, lo cual aun no tenía, todavía era joven y galante, sexy y hermosos, una combinación perfecta para él y conquistar chicas preciosas, porque a diferencia de todos él aun no conocía a la mujer que lo amarrara y sabía nunca conocería, por que si el día llegara a suceder sería el día en que Genzo Wakabayashi dejara de ser un mujeriego y se volvería en monje. Bostezo mientras seguía corriendo, junto con los chicos se habían ido tarde del campo, claro después de tratar de alcanzar a aquellas jóvenes que corrían como si el Diablo fuera detrás de ellas, no había sido intención de ellos asustarlas, mas bien de Ishizaki. Taro había tratado de buscarlas para que no les pasara algo malo pero se les fue de la vista y no volvió con nadie. Pero quien en su sano juicio se sentiría tranquilo en plena noche oscura con un grupo de jóvenes, guapos y famosos lo cual ellas no sabían, que les gritaban incluso si el fuera mujer se asustaría. Aunque si fuera mujer no cabía la mas remota idea que sería demasiado sexy y hermosa para los hombres.

Sacudió su cabeza, que tonterías pensaba, quizás usar mucho la gorra, incluso para ir al baño, le tenía las neuronas echa polvo.

Su camino de regreso, volvió a pasar por el campo, en su ida había escuchado a niños jugar y quizás aun estuviera y seguro se encontraría a Ozora, ese chico amaba mas el fútbol que a una mujer, nunca se le había visto una, incluso pensaba o era gay, lo cual no creía porque no se veía interesado en ningún hombre, o era asexual, ese quizás era mas lógico que la anterior. Y creyéndose un vidente, tal como había pensado, se encontró a Tsubasa, cerca del campo, quien de seguro estaba corriendo y paro al ver algo interesante. Se acerco a él y ser espectador de un partido de niños. Mas sus sorpresa fue ver el campo vació a excepción de dos personas con dos balones jugando pero mas que nada su asombro era que esas dos personas eran mujeres. Mujeres que pateaban con diversión el balón pero solo una de ellas lo hacía bien. A la par de Ozora, quien ni en cuenta de su presencia, observaba perplejo y embobado.

Genzo, las escuchaba reír, corrían juntas pero una de ellas era rápida la otra parecía fuera de forma, pero tenía un excelente cuerpo que se marcaba con ese pants deportivo y su blusa blanca de mangas, y su gorra que tapaba su rostro y evitaba ver sus hermosos rostros. Mas quien llamo su atención fue la mas alegre y que parecía presionar a la otra.

-Estoy fuera de forma- le informo.

-Hay hermanita, no hacer ejercicios por dos años te ha dejado débil. Pero tu metabolismo es raro.

-¿Porque?

-Te he visto comer, las tres porciones de cía, helado en la tarde, bizcochos en la noche y algún que otro chocolate y no has engordado. Quizás se deba a tu genealogía con..

-Ni lo digas...- le corto.

-De acuerdo, pero has tiros así volverás de nuevo a tener tu nivel de entrenamiento- le tiro un balón.

Suspirando por enésima vez, pateo el balón directo a la red. Era divertido lo sabía...

-Oye Yami ¿que hora es?- habían salido temprano de casa, 5 de la mañana para ser exactos. Y tenía algo de sueño.

-Las siete ¿porque?-

Sanae se afligió... si no llegaban a tiempo al desayuno y a tiempo al aeropuerto, empezarían el día con un mal pie.

-Si no estamos a tiempo para el desayuno y si no estamos a tiempo para recogerla, se molestaran.-

Yami gimió, ¿porque le pasaba eso a ellas? -Si no estamos a tiempo nos gritara o mas bien nos matara. Te voy a extrañar

-Deja el dramatismo y vamonos ahora.

No escuchaban de que hablaban pero parecían afligidas. Mas lo importante era que no los habían visto. Pero les llamaban la atención.
Tsubasa, sonreía, no había visto en mucho tiempo a una mujer que le gustara el fútbol como a ellos. Porque de todas las que llego a conocer, ninguna tocaba un balón, sabía lo que ellas hacían le coqueteaban, se vestían atrevidamente para llamar su atención. Podían ser de una belleza extravagante y aun así no llamaban su atención. Sin embargo esa chica que jugaba con el balón y sonreía, lo único que veía sus labios, le llamaba la atención, le hacía recordar 10 años atrás, con aquella niña misteriosa.

Ambas voltearon a su izquierda, de nuevo topándose con hombres que las miraban, uno que llevaba gorra verde y negro y el otro simplemente las veía. Mas Sanae creía reconocer a uno de ellos. Yami sin embargo de nuevo le entro el miedo, tomo su balón especial, tomo la mano de su hermana y salió corriendo, de nuevo, con la única diferencia de llevar arrastrando consigo a su hermana. Quien trataba de no tropezar y caerse.

-Se han asustado- Tsubasa reacciono ante la voz de su amigo. ¿En que momento llego Genzo? ¿cuanto había visto?

-No te escuche venir- estaba algo avergonzado por haber sido descubierto observando a dos mujeres. se puso algo rojo de las mejillas.

-Y yo que creí era asexual- le palmeo la espalda, pues había visto en su mirada que le llamaba mas una de las jóvenes que el balón. Entonces no era ni gay, ni asexual, entonces ¿bisexual?

-¿Que?- había escuchado bien ¿asexual? ¿así lo veían todos? era cierto que escuchaba rumores de personas que decían el podría ser gay, algo gracioso, pero que su propio amigo pensara eso de él era algo... ¿eso pensaban todos de él?

-Nada capitán, vamos- volvieron al edificio.

.

Aeropuerto Internacional de Tokio

Bien, estaban ahí esperando que apareciera y así marcharse de un lugar tan bullista y escapar de cualquier persona que las pudiera reconocer.

Yoshimoto, Nojiko y Mikami, los tres estaban en una parte del aeropuerto esperando que las personas, las cuales invitaron sin decirles a sus hijas, salieran de alguna puerta.

Estiraban el cuello para ver si los encontraban, tan fastidiosos era que no supiera donde están y mas cuando las personas se le quedaban viendo, ¿existiría algún lugar donde nadie lo conociera? Difícil pregunta, porque ambos eran conocidos y muy queridos por las personas. Incluso por algunas mujeres...

Su rostro estoico, una mirada que dejaría frío a cualquiera y desmayadas a algunas mujeres, por algo le decían solo "cyborg" ya no era tanto eso, gracias a su maestro le había quitado un poco lo amargado.
Su maestro sin embargo parecía ido, buscaba a todo su alrededor, ¿desesperado? quizás. Solamente quería saber si sería bien recibido. A lo lejos pudo ver a tres personas que conocía bien. Con media sonrisa y tratando de cubrirse el rostro, llego hasta ellos.

-Buenos días, Roberto- Nojiko fue la primera en hablar. Le agradaba el hombre pues lo conocía de hacía años. Y a pesar de todo no lo rechazaba.

-Hola Nojiko, Moto- le gustaba abreviar el nombre de uno de sus mejores amigos.

-Bienvenido Roberto y tu también Santana-

-Gracias señores Nakazawa-

-Que malos modales tenemos. Roberto, Santana, él es el señor Mikami, entrenador de la selección de Japón.-

-Mucho gusto- saludo Santana.

Mikami sonrió, pero sabía a lo que ellos venían a pasar unos meses y visitar a algunos amigos y personas importantes.

-Sanae, en que lugar debe estar- Yami no veía a nadie.

-Ya debería de estar aquí- fue la contestación que ella dio.

En la puerta B-68 dos personas salían, ambos molestos por cosas diferentes. Uno porque el avión se había retrasado y otro porque lo habían llevado a la fuerza. ¿Que poder tenían las mujeres para convencer tan fácil?

-Apúrate, ya han de estarnos esperando- refunfuño muchas cosas- el maldito avión tenía que retrasarse, detesto esa línea-

-Mira que emocionado estoy- dijo con sarcasmo. Solo de pensar con quien se encontraría, sabía sería su perdición.

-Ahí esta- señalo Sanae, pero asombrada de que esa persona viniera acompañada de nada menos que el juguete favorito de su hermana.

Se tapo la boca para no gritar, su juguete venía ahí. Quedaron frente a frente.

-Karl Heinz Schneider- murmuro Yami- cuanto te extrañe.

Eso era el Karma quien le devolvía toda las cosas malas que le hizo, y las cuales ahora quería remediar. Porque el mundo estaba en su contra, que tanto mal había echo. ¿merecía tener a una loca frente a él? La respuesta era afirmativa y el quería negarlo. Gimió en bajo al sentirla saltar en sus brazos, esa mujer era una hiperactiva, parecía no quedarse quieta nunca lo martirizaba como el Diablo martirizaría a los condenados. La persona que venía con él, era una joven de cabello castaño claro, ojos avellanados, de la estatura de Sanae.

-Hola Sanae- abrazo a su amiga.

-Hola Moka- abrazo mientras reía y compadecía a Karl.

-Ya bájate de una vez- era una garrapata de tamaño humano. Yami reía a todo pulmón haciendo llamar la atención de varios que al ver al alemán, el conocido jugador del Bayern Munich. el guapo y sexy jugador para algunas chicas que lo veían. Pronto supo que serían acorralados si no se movían.

-Es hora de correr- anunció Moka. Tomo la mano de Sanae y Yami, la pelirroja del rubio y sin siquiera saber como fueron jalados evitando a mas de una multitud. Incluso a periodistas que los siguieron al verlos. Era una persecución de vida o muerte para Karl, pero divertida para Moka y Yami, Sanae no decía nada solamente jadeo al ser jalada y correr.

Los camarografos los seguía, grabando su gran escape, el cual era televisado por todo el mundo.
Algunos también notaron la presencia del entrenador brasileño y el jugador del mismo origen. Yoshimoto sabía había visto una melena rubia y una castaña, juntos con otras dos muy conocidas. No sabían que venían, pero entonces ahí estaba la sazón de la aventura. Los dos brasileños y los dos alemanes serían el ingrediente especial para esos meses que estarían ahí.

En las instalaciones del estadio Ajinomoto, varios miembros de la selección, sentados en la habitación de entretenimiento, como le llamaban, observaban la TV plasma de 55 pulgadas. Ryu cambiaba al no encontrar nada bueno, hasta que llego al canal donde transmitían un reportaje especial. En el cual nadie pasaba desapercibido. Se veía a la cámara correr entre la multitud de varias mujeres, las cuales gritaban el nombre de Schneider...
Genzo presto atención. ¿Acaso hablaban de Karl Heinz Schneider que él conocía? Si era sí ¿que hacía en Japón? El cabello rubio del jugador apareció seguida de gritos de Schneider pidiendo que lo dejaran en paz, mas lo curioso era la persona que le tenía tomada la mano y lo jalaba y la que jalaba a esa persona y la que iba a la par. Cuatro tipos de cabello se veían. Lo graciosos era ver al alemán gritar, queriendo parar mas no podía. El rostro de la mujer quien lo tomaba de la mano fue enfocado por 5 segundos. Genzo admitía la hermosura de esa mujer, su cabello el cual parecía el fuego mismo, unos ojos grandes y expresivos, una sonrisa tierna y linda... sacudió su cabeza al instante ¿que le sucedía?

Los cuatro desaparecieron de las cámaras los habían perdido, pero eso no evito la enfocación a escondidas, según la reportera, de otras personas también importantes.

-Lo que estamos viendo, es real- Kojiro rodó los ojos, todos sabían que lo era, lo estaban viendo, ¿acaso le faltaban neuronas al cerebro de esa mujer?- estamos enfocando a dos personas muy famosas en el deporte del Fútbol, quienes están acompañados de tres personas mas. Son Roberto Hongo, el aún entrenador de la selección Brasileña junto con uno de sus jugadores, el llamado "cyborg del fútbol" Carlos Santana, junto a él, el entrador Tatsou Mikami.

Tsubasa fue el primero en sorprenderse de esa aparición, hacía 3 años que no veía a Roberto, y el que estuviera en Japón le alegraba mucho. Además le sorprendía a presencia de Santana, mas no le molestaba, ambos eran buenos amigos, a pesar de sus asperezas que tuvieron.

-Oye Tsubasa Roberto esta de regreso, eso debe ser maravilloso ¿no crees?- dijo Ryu estuvo a punto de agregar algo más y la televisión lo interrumpió.

-Según nos hemos enterado, las dos personas no identificada hace unos momentos. Son Yoshimoto y Nojiko Nakazawa, Yoshimoto es el nuevo presidente de la directiva de fútbol de Japón, ha venido para dar apoyo a la selección sub-23 y su próxima ida al mundial de Brasil. Él y su familia, su esposa e hijas, estarán viviendo aquí en Tokio...

-Esa mujer es exasperante- hablo Kojiro.

No todos estuvieron de acuerdo y dos estaban pensativos.

Genzo recordando el rostro de la mujer pelirroja e iba con Schneider. ¿Que hacía él aquí en Japón? ¿Vendría a visitarme? Pero que dices Genzo, ni que Schneider estuviera enamorado de ti... aunque no dudo que alguien se haya enamorado de mi... soy todo un galán de telenovelas. Y el mejor portero... pensaba.

Tsubasa por otro lado pensaba en la llegada de Robert. Lo iría a buscar, quería saber de él, como le iba en el equipo de Brasil, y ¿que hacía ahí? Quizás le pediría un entrenamiento privado, para mejorar sus tiros, solo esperaba que él aceptara. Presentía que serían unos emocionante meses.