»"Nobody's Little Girl" pertenece únicamente y exclusivamente a HelloElla.

Capitulo 30. Todo lo que hacemos es esperar

¡Oye! ¡Oye, tú!

Los dedos regordetes de Lynn me pican un lado. Me siento y tallo mis ojos. Todavía estoy dormida. El piso no es muy cómodo y mi brazo me duele por dormir encima de el. Tal vez deba dormir sobre mi sweater. La cosa esta llena de hoyos de todos modos.

El desayuno esta listo—, dice ella y la siento alejarse. El piso truena y se queja con cada uno de sus pasos.

Me siento allí en el piso por un rato. Esta nevando afuera y me gusta ver la nieve caer por la ventana. Me recuerda esa película que Lynn me puso esa noche que me dejo ver la TV mientras salió.

¡Hey, Kid*! ¡Dije que el desayuno esta listo! Ven aquí… carajo, ¿Cuál es tu nombre? Solo ven aquí, niña.

Me apresuro a ir a la mesa del desayuno y comienzo a comer mis huevos revueltos. Lynn siempre hace huevos revueltos, aun en la noche.

Ella nos ignora a mí y a Samuel mientras cuenta el dinero que tiene en su bolso.

Un día niños, van a estar igual de quebrados que yo, —dice ella. —Tendrán que sudar por cada dólar. Sean agradecidos de que tienen huevos revueltos que comer.

El teléfono suena y ella se queja y gruñe mientras camina para contestarlo.

¿Hola? Si… ¿qué? ¿Dijiste que lo recogerías hoy en la noche? Qu… no. Él también es tu hijo… bueno, jodete, Jerry. —ella azota el teléfono y se sienta de nuevo en la mesa.

¿No va a venir, verdad? — pregunto Samuel tristemente.

Ella no responde. Él azota sus manos en la mesa y se va. Yo salto cuando escucho la puerta de cuarto cerrarse violentamente.

¡Hey! No es mi culpa, ni la de la mesa, maldito niño. — grita ella mientras enciende un cigarrillo. Ella lo inhala por un buen rato y luego deja salir bastante humo por su boca y nariz.

Trato de no respirarlo. Esa cosa apesta.

Sabes, Kid, tú eres linda. Tienes una nariz de botón y lindos ojos café. Vas a crecer y ser una chica linda. ¿Quieres un consejo?

Asiento, porque no sé qué más hacer.

Ella deja salir otro montón de humo apestoso y se acerca a mí.

Si tienes algo bueno, no lo dejes ir. No consigues muchas cosas buenas en esta vida, así que no seas quisquillosa. Conserva lo que amas. — dice y enciende otro cigarro.

xx

He estado despierta por un buen rato. Mis ojos, cansados de dormir, ven los rayos de sol mientras se meten por entre las cortinas de Edward e iluminan la habitación. Es una mañana cálida y amo esta temperatura. El sol solía ser mi garantía de que tendría un día cálido y que tal vez sería genial.

Mientras siento la punta de sus dedos sobre mi brazo, sonrío dándome cuenta de que hoy no será diferente.

El presiona sus cálidos labios contra mi hombro antes de que me voltee a verlo. Su rostro aun esta lleno de sueño, pero sus ojos verdes brillan y sus labios me dan esa maldita sonrisa que amo. Acaricio su barbilla rasposa con mis dedos, sintiendo como le hace cosquillas a mi piel.

—Eres una dormilona loca—, murmura con una sonrisa juguetona.

—Mentiras.

—Nope. Creo que tuviste una conversación entera con alguien en tus sueños y en voz alta.

—¡Qu-Que dije? — pregunto, sintiendo de repente mis mejillas calentarse.

—No pude entender tus balbuceos, pero parecía muy intensa. Hasta golpeaste mi brazo.

—Oh, no. Estoy tan avergonzada. — lloro en su hombro.

—No lo estés. Fue algo lindo. —dice con una risa.

—Shhhh. No puedes decir eso después de que te ataque dormida.

Él se ríe, las vibraciones haciéndole cosquillas a mi mejilla. —Creo que no me importarían los golpes y las pláticas. O sea, eventualmente lo hará, pero así es la vida.

Me rio de su tontez, pero me detengo rápidamente al ver que está sugiriendo que tendremos más noches juntos.

Nos quedamos en silencio por un rato, solo escuchando nuestras respiraciones y los sonidos que vienen de afuera de su departamento. Trazo los finos vellos de su brazo y dibujo líneas imaginarias desde su muñeca hasta su hombro, maravillándome de su bicep en mi camino. Me tomo un momento egoísta vagando por su esculpido pecho y finalmente me doy cuenta por qué amo que use playeras ajustadas. Cuando mis ojos se encuentran con los suyos, sus labios se iluminan en una gloriosa sonrisa.

Me sonrojo al ver que me atrapo viéndolo y entierro mi rostro en su cuello.

El sigue sonriendo mientras yo gruño de vergüenza.

Él nos mueve hasta que mi cuerpo queda completamente descasando sobre el suyo. Aspiro gentilmente su aroma y me acurruco cerca de su piel. Amo la sensación de él. Amo como su calidez me rodea en esta mañana fría y me sostiene hacia él. —Hoy se siente como un día flojo, — murmura al lado de mí.

—Así es, pero tengo que ir a trabajar en un rato.

—¡Mentira! ¿No te puedes quedar en la cama conmigo?

Me rio. —Nos llegó una recién nacida a n-nuestro cuidado. Ella es oficialmente el ni-niño más pequeño que tenemos. Pobre pequeña n-nunca conocerá a su mamá o su papá.

—Estoy seguro que bajo el cuidado de sus padres adoptivos le ira genial. Tendrá un hogar con ustedes. Eso es lo que todos los niños se merecen… un hogar—, me asegura.

—¿Pero y amor? Un hogar no es s-solo un lugar, Edward. Siempre me preocupa que todos estos chicos se perderán eso.

—Lo encontraran. Así como tú lo encontraste, así como yo encontré un hogar en ti, — susurra y presiona sus labios contra mi mejilla, la calidez de sus labios se extiende a través de mi piel y hasta mi corazón acelerado.

Nos quedamos en la cama juntos unos cuantos silenciosos y pacíficos momentos hasta que llega a la brillante conclusión de que nos hará el desayuno mientras yo lavo mi ropa y me baño de nuevo.

Lo escucho cantar en la cocina mientras meto mi ropa en su secadora. Ha estado cantando la misma parte de la canción por veinte minutos seguidos. Me rio cuando comienza a cantar cada vez más alto.

—¡Eres simplemente terrible! — grito.

—¡Eso dolió, Bella! ¿Por qué debes romper mi burbuja de felicidad?

—Porque si—, comienzo a decir mientras camino hacia la cocina. —Estaba re-reventando mis oídos.

Se ríe, el sonido haciendo eco por el departamento mientras me jala hacia sus brazos. Me da un rápido beso en los labios y luego revisa las heridas en mi rostro.

—Lucen mucho mejor. ¿Todavía te sientes mal?

Sonrío y pongo mis labios en los suyos. —No, porque estás conmigo.

Se ríe y me toma del rostro con sus ásperas y masculinas manos, jalándome hacía el. Gentilmente presiona sus labios en los míos, su lengua trazando mis labios. Jadeo, sin esperar esa voracidad mientras desliza su lengua en mi boca, encontrándose con la mía. Sabe a pasta de menta y a… Edward. Me agarro de sus mejillas como si la vida se me fuera en ello y la calidez se expande desde mis labios hasta mis mejillas, bajando por mi cuello.

Es un sentimiento como ninguno otro.

Cuando tuve mi incomodo primer beso con Jacob, me seguí culpando a mí misma por ser tan inexperta. Pensé que tal vez era solo yo, y mi "tardía madurez social" como me dijo el psiquiatra. Nuestra relación no duro mucho y pensé que tal vez siempre iba a ser rara con los chicos.

Pero luego Edward presionó sus demandantes labios en los míos.

Sus manos están acariciando lentamente mi espalda, agarrándose a mi cintura, rápidamente haciéndome olvidar errores pasados, gimo en su boca cuando me jala más cerca de su duro cuerpo. Sus labios jalan los míos y cuando los suelta con un sonoro "snack", tiemblo mientras los siento quedarse en mi cuello. Ligeramente succiona la piel de allí antes de correr sus labios a mi sien, mi mejilla y al final, de nuevo hacia mis labios.

Cuando finalmente se aleja, tengo que sostenerme de la barra detrás de mí. Toco mi pecho mientras trato de controlar mi respiración para no desmayarme.

—Q-Qu-Que-qu-qu, —tartamudeo y sacudo mi cabeza. —¿Qué f-fue eso?

Tuerce su boca. Quiero rodar mis ojos porque esta de engreído, y por su talento para besar, pero termino sonriéndole.

Demonios.

—¿No le gusto Srita. Swan? ¿Deberíamos intentarlo de nuevo? — me pregunta lentamente caminando hacia mí de nuevo.

—¡Aléjate de mí, salvaje!

Se ríe, y en lugar de atacarme de nuevo, a decepción mía, me da un suave beso en la esquina de mi boca y me pide que me siente para que me pueda servir el desayuno.

Huevos revueltos y pan tostado.

Comemos mientras hablamos de su trabajo y su familia. Que me gustaría hacer en mi semana libre y como me gustaría manejar el almuerzo de todos los días.

Me visto, con él hablando sobre las razones por las cuales debería de cenar con él. Él está viendo hacia la pared con sus ojos cerrados y prometiendo no ver ni tantito hacia mí.

Lo beso en la mejilla, le digo que si a cenar con él y me dirijo hacia la puerta.

xx

Tomo ropa nueva de mi casa y me dirijo al trabajo. Cuando llego al último escalón, escucho pasos apresurados y mi nombre.

—¡Isabella! ¡Isabella, espera!

Me volteo y encuentro a John, mi abuelo. No lo he visto en meses. Ocasionalmente lo veo en la compañía de Charlie, o después de una rápida visita con mi madre. Luce más grande. Ha perdido la mayoría de su cabello y parece como que debe de comer más.

—¿Puedo hablar rápidamente contigo, Isabella? — me pregunta y me da una risa nerviosa. Es la misma que a veces me da Renee.

No digo nada y solo asiento.

Sus fríos ojos azules se paseana por mi rostro, y una sonrisa más segura se expande por su boca. —Luces justo como la madre de Charles. Ella era una buena amiga mía. Pero también tienes la nariz pequeña de tu madre y el rostro en forma de corazón. Eres igual de bonita que ella.

No sé qué quiere, o porque me está diciendo estas cosas. Realmente nunca me ha hablado. Me ha dado asentimientos de cabeza y tarjetas de Navidad, pero nada más.

Se talla su cabeza y deja salir una respiración profunda.

—Nunca he sido muy bueno con las palabras—, confesa viendo a sus zapatos.

—Ni yo.

Se ríe. —Eso lo sacaste de mí.

—No—, digo cortante. —E-Eso lo saque del Sr. Lewis, uno de mis padres adoptivos. También mi defensividad la saque de Jessica, mi mejor amiga de las calles.

La sonrisa desaparece. —¿Y de dónde conseguiste tu inteligencia?

—Esa seria Maria. Ella me ayudo a huir del Sr. Lewis quien solía go-golpearme—. No sé por qué mi repentina y escondida amargura siempre sale alrededor de este hombre. No me arrepiento de mis palabras. Solo desearía poder decirlo sin tartamudear. Desearía sonar más fuerte.

Pero esa soy yo y siempre he sido así.

Puedo ver que mis palabras le duelen y nunca imagine que me las arreglaría para lastimar a este frio hombre. Debería de alegrarme en mi victoria, pero en lugar de eso siento lastima, mientras el nerviosamente se talla las manos.

—Sé que me odias y deberías. Siempre he estado consiente de tus verdaderos sentimientos hacia mí, pero al contrario de lo que tú crees Isabella, en serio me siento muy culpable.

—Tienes razón, no te creo.

Suspira. —Esa noche… esa noche, te sostuve en mis brazos mientras la señorita en la recepción completaba tu papeleo. Eras tan pequeña. Tan vulnerable. Eras solo una bebe. Pero aun siendo una recién nacida sabía que serias una luchadora. Te movías tanto que casi te me caes de las manos—. Se ríe. —La señorita me dijo 'esta niña, será una luchadora'. Me quede ahí pensando que te iría bien. No era como que te estaba tirando. Pero mientras me alejaba del orfanato, cada paso que tomaba se sentía cada vez mas pesado. Y algunas veces de vez en cuando, me preguntaba cuanto tendrías que pelear cada día, si tenías comida o estabas asustada.

—Bueno, pues ya no tienes que pensar más en eso. Me está yendo bien y no tuviste que m-mover ni un solo dedo.

—¡Eso es porque eres una luchadora!

—¿Por qué estas aquí? —, pregunto fríamente.

Aclara su garganta y se acerca a mí. —Vine a pedirte… rogarte tu perdón Isabella. Ambos sabemos que nunca seré capaz de compensarte todo, pero debo saber que me perdonaste. Si pudiera deshacer lo que hice lo haría. Lo juro que lo haría. Lo juro.

Aprieto mi abrigo a mi cuerpo. El frio clavándose en mi piel. —Te perdono. No está en mí el guardar rencores. La p-próxima vez utiliza un sweater mejor. Te vas a enfermar aquí afuera—, digo, y me dirijo adentro, dejándolo afuera en la fría brisa de Seattle.

xx

—¡Hey, Kid! ¿Dónde carajos has estado? — me pregunta Jessica mientras me siento en mi escritorio. —Me has tenido preocupada. Me dijeron que anoche te apareciste por aquí hecha un desastre, ensangrentada y llorando, con ese pequeño bebe en tus brazos. Ahora, no me mientas. Se todo sobre moretones. Esa mierda en tu cara se ve del carajo.

Sacudo mi cabeza. —Gracias, Jess. Me s-siento mucho mejor.

—¡Lo digo en serio, Kid! ¿Qué carajos paso?

—Me asaltaron.

—¿Qué pu… ¡Santa mierda! ¿Quién? ¿Fueron los hermanos Lucas? ¿O ese chico estúpido con el jodido tatuaje en el rostro? Dime quien fue Kid, y veré que Frank les de su merecido.

—No h-harás que Frank haga nada, y no se quienes fueron—, le digo.

Ella se sienta enfrente de mí. —¿Estas segura? Porque nadie se mete contigo, Kid. Ya te lo he dicho, Frank puede…

—Tu hermano debe de parar, ¿no necesita un trabajo?

—¡No! ¡Por décima vez Kiddy! Y si lo necesitara, no lo querría por aquí. Es un jodido loco. Pero ya en serio… ¿estás bien?

—Si Jess, gracias por preocuparte.

—Bueno… eso está bien—. Golpea sus dedos en mi escritorio por unos minutos y luego se sienta.—¡Oye, te traje algo!

—¿Qué? ¿Por qué?

—¿Cómo que porque? ¡Soy tu jodida amiga, Kid!

—Por supuesto… yo….

—Solo calla y déjame ir a buscarlo—. Se levanta de un brinco y deja mi oficina por unos cuantos segundos. Me rio por su entusiasmo. Sin tocar la puerta, se mete con una canasta llena de… manzanas.

Las pone en mi escritorio y comienza a reírse. —¿Recuerdas como siempre me pedias manzanas cuando estaba en mi departamento ese de mierda? Pensé, por qué no darle una enorme canasta ahora que ya tengo dinero. Eso es lo que hacen los amigos y esas mierdas. Espero…—, se detiene cuando me ve directamente a los ojos. —¿Por qué demonios estas llorando Kid?

Me rio mientras limpio mi rostro. —Es solo que… es muy dulce de tu parte—. Susurro y antes de que pueda decir algo más me levanto y le doy un fuerte abrazo. —Gracias, p-por ser tan buena amiga, Jess.

Finalmente me abraza y me sostiene muy cerca de ella. —Gracias por salvarme la vida Kid—, me susurra.

Tímidamente se separa de mí y se aleja de mi oficina.

—Oye, Jess ¿no quieres una? — le pregunto.

—Nah, estoy bien.

—Tú sabes que quieres una o dos.

Se ríe. —Está bien. Me llevare dos.

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—Así que, ¿estas pequeñas fueron llevadas en custodia? —, le pregunto a Lisa de Servicios Sociales por teléfono. Parece que estaremos recibiendo más niñas. —¿Abuso de drogas? —. Suspiro. No entiendo a las personas que pueden vivir esa vida con niños inocentes a su alrededor.

—Bella—, comienza Lisa, —la razón por la que te estoy llamando específicamente a ti, es porque antes de que la madre falleciera ella pidió que fueran enviadas contigo.

—¿Conmigo? — pregunto confundida.

—Si. Ella dijo que sabía de tu hogar y que cuidarías muy bien de sus pequeñas.

—¿Cómo sabia eso?

—Dijo que solía conocerte. Su nombre es… o era, Maria.

Jadeó.

Mis ojos se llenan de lágrimas y me toma un momento controlar mi respiración.

—¿Estas bien, Bella?

—Si—, susurro. —Maria, era una buena amiga mía.

—Lo lamento. Por lo que las niñas me dicen, era una mamá excelente.

—Te lo apuesto.

—Llegaran mañana.

—Esta bien, estaremos listos.

xx

—Siento que pude haber he-hecho algo. Nuna la busque—, le digo a Edward mientras me mece en sus brazos. Decidí visitarlo a la hora del almuerzo. Necesitaba hablar con alguien. Necesitaba que alguien me escuchara. El solo vio mi rostro y me pregunto que estaba mal.

Presiona sus labios en mi sien y respira profundamente. —Bella, amor, no puede salvar o ayudar a todos. No puedes poner el peso del mundo en tus hombros. Si lo haces, te volverás loca.

—Pero ella era mi a-a-amiga.

—Y por eso ayudaras a sus niñas. Les darás el apoyo que necesitan. Finalmente conocerán a la increíble 'Kid' de la que tanto han escuchado—, me dice y puedo sentir su labios contra mi piel alzarse en una sonrisa.

Suspiro y me volteo para darle un beso rápido. —Tienes razón. Les voy a dar un hogar.

Él sonríe y me besa de nuevo. Toma mi labio inferior entre los suyos y rápidamente siento ese mismo fuego que sentí esa mañana, expandirse por toda mi piel. Me alejo jadeando por aire y juguetonamente lo empujo, pero no se mueve ni un centímetro.

—Eres peligroso, Edward.

Se ríe, y besa mi mejilla. —Te amo. Quiero que sepas que no volverás a sufrir otra vez. Jamás estarás sola y siempre tendrás un hogar conmigo.

No lo puedo evitar. Enredo mis brazos alrededor de su cuello y desesperadamente pongo mis labios en los suyos. Suspiro sabiendo que sus palabras son honestas y que están llenas de amor.

Puedo sentirlo en mi piel.

—Te amo, Edward.

xx

—Mamá siempre dijo que teníamos que lavar nuestras manos antes de comer o no seriamos capaces de hacer esto—, dice Lola mientras lame la salsa BBQ de sus dedos. Luego sumerge su cuchara en pudin y se la mete toda en su pequeña boca.

Le sonrío y le quito un poco de la salsa y el pudin que se quedó en sus mejillas. Sus oscuros ojos me ven y me regala una linda sonrisa. Le faltan los dos dientes de enfrente, pero ella no deja que eso la detenga.

Me volteo y me encuentro con la pequeña Janette que está muy ocupada con sus nuggets de pollo como para preocuparse por mí. Ella ama tanto la comida, que ya ha sumergido sus oscuros rizos en la salsa.

Desearía que Isabella tuviera el mismo entusiasmo. Con diez años ella es la mayor, llamada así por mí, y la única que parece estar peor por la muerte de su madre.

—Hey, Isabella ¿por qué no comes? —, le pregunto y empujo la comida más cerca de ella.

Ella sacude la cabeza y continúa dibujando líneas invisibles en la mesa.

Accidentalmente Lola tira su cuchara, haciendo que las otras dos niñas brinquen, al momento que cae ruidosamente en el suelo.

—¡Lola! —, grita Isabella. —Siéntate bien y deja de jugar con la comida. Estas portándote mal. ¿Necesitas un tiempo fuera?

La pequeña Lola sacude su cabeza y continúa picando su pollo. Cuando ve que su hermana se está portando mejor, Isabella se voltea y continúa trazando líneas con su delgado dedo en la mesa.

Después de unos cuantos minutos, veo que Lola y Janette ya terminaron así que las mando a lavarse las manos y la cara, quedándome sola en la mesa con Isabella.

Nos quedamos en silencio unos cuantos minutos antes de poner mi mano sobre la de ella. —No tienes que ser el adulto o su mamá. Solo eres una n-n-niña—, le digo. —Por eso estas aquí. Para que puedan c-cu-uidar de ti.

—Mama, nos cuidaba—, me dice sin verme. —Ella nos hacía atole y manzanilla cuando estábamos enfermas, nos leía—. Sus ojos café rápidamente se llenan de lágrimas y puedo ver que está luchando con ella misma.

Siento doler mi corazón. Solo tiene 10 años y ya está tratando de ocultar como se siente realmente.

—Yo no tuve a mi mamá cuando tenía tu edad—, le digo.

—¿No la tenías?

—No, no la tenía. Ni siquiera la conocía, pero la extrañaba todas las noches antes de irme a dormir. Me preguntaba si me parecía a ella o si ella me extrañaba—. Gentilmente aprieto su diminuta mano. —También lloraba mucho.

De repente grandes lágrimas caen de sus ojos y aterrizan violentamente en la mesa. No se molesta en ocultarlas y finalmente me ve. Su labio inferior tiembla y un gran suspiro sale de su pecho.

—La necesito—. Me dice con voz rota. —No quiero estar sola.

Me trago el nudo que tengo en la garganta, me siento a su lado y la envuelvo entre mis brazos.

—Jamás estarás sola cariño. Claro que e-e-extrañaras a tu mama, pero siempre estaré ahí para ayudarte a convertirte en la mejor persona que puedas ser.

Ella pone su rostro en mi pecho y llora hasta cansarse mientras yo solo veo por la ventana.

xx

Jessica cree que estoy loca cuando le digo que voy a salir a la hora del almuerzo. No entiende cómo es que me puedo sentir segura después de ser asaltada.

Solo es que realmente necesito caminar…

Mientras voy por la familiar calle, por la que pasaba tanto tiempo, es que comienzo a acomodar mis pensamientos.

Allí en la esquina esta la estación de gas en la que solía ver la hora. Ahora ya sé cómo se llama "Gas n' Go**". No muy inteligente.

Y allí, justo antes de la gasolinera está ese lugar donde vendían hamburguesas que solía visitar cuando por fin tenía dinero para pedir algo de comer.

Enfrente de esa calle está el lugar de los hot-dogs donde encontraba panes en la basura y muy a la derecha, después de la estética y el pequeño banco está la iglesia con las estatuas escalofriantes. Continúo caminando y cuando paso la iglesia, llego a la estación de policía, y sé que justo unas cuantas cuadras después del parque en el que solía dormir, está el viejo puente.

Camino debajo de este encontrando mi viejo lugar para dormir, lleno de pasto y de basura. Pateo la basura fuera de ahí y me siento, recargándome contra la fría pared. Automáticamente extraño la compañía de Dolly, pero sonrío al ver que mi panza no gruñe y que no huelo feo. Mi chamarra esta cálida y no tiene hoyos, y mis pies están seguros en mi zapatos.

Mi teléfono suena.

Es Edward.

Y también no estoy sola.

—¿Hola?

—Hola, Bella, Jess dice que saliste a caminar. ¿Todavía tienes tiempo para pasar por una hamburguesa?

Sonrío. —Si.

—Genial. Te veo en el lugar que nos gusta a ambos.

—Esta bien. Te veo allí.

—Oye ¿quieres venir esta noche y cenar conmigo? Cocinare… porque ya sabes… estoy tratando de impresionarte.

Suelto una risita. —¿Me pediste que fuera a casa contigo?

—¡Ja! Lo hice. ¿Vendrás a casa esta noche… conmigo?

Sonrío tan grande que me duelen las mejillas. —Sí, iré a casa.

xx

¿Oye Kid?

¿Hmm?

¿Qué quieres ser cuando crezcas? — me pregunta Maria.

Gruño porque tengo sueño, y he estado esa última hora tratando de dormir. Envuelvo la delgada colcha alrededor de mí y trato hacer de Dolly una almohada más cómoda mientras pongo mi cabeza en ella. Pero en realidad nunca puedes estar cómoda en el suelo sucio de un callejón.

Ya te l-l-lo h-he dicho.

Se ríe. —Pero dímelo de nuevo, Kid. Amo lo que dices.

Estas l-l-loca.

¿Por favor?

Suspiro y me volteo a verla. Chupo mis labios secos y sonrío. —¿Qué quiero ser cuando crezca?

Si—. Ella jala su gorro más abajo de su frente.

Quiero s-ser b-b-bu-buena persona. No im-im-importa que me pase. Quiero un corazón b-b-bueno, qu-qui-quiero ser buena siempre.

Maria sonríe y cierra sus ojos. Bosteza y se acurruca a mi lado.

Bueno Kid, sé que lo serás. Tú ya tienes un corazón bueno. El resto de nosotros solos esperamos por lo mismo. Todo lo que hacemos es esperar.

Fin.

So, yeah al fin, después de mucho, acabe, y la verdad… Dios me pone triste esta Bella me atrapo, tan dulce, tan todo :( y sufrí con ella pero al final, bueno, pues salió adelante, y… ya ven, creo que todos deberíamos de tener un buen corazón. Y pues gracias que siguen por aquí, por ustedes es que me embarco en estas cosas, gracias por los reviews, recomendaciones, favoritos, por tweets… por todo. Espero seguir por aquí, traduciendo o escribiendo quien sabe, hehehe. (ando emocional)

*,** Juegos de palabras en Ingles. (:

Ok.

Au revoir.