Habían ingresado a un restaurante familiar.

Se lame el labio inferior y con sus antebrazos apoyados sobre la madera de la mesa, con sus manos entrelazadas, y sus ojos siempre viendo directos a los suyos, le sonrió:

-Ya quita esa cara, Akane.

La aludida, con la mejilla apoyada en la palma de su mano derecha, lo fulminó con la mirada. Él agregó:

-No puedes hacer nada. Quizás debí advertírtelo - el aire divertido adornaba su semblante dotándolo de una alegría curiosa.

-Cállate - fue su respuesta seca, y da una patada a las dos arrugadas bolsas con su ropa, dejadas en el piso bajo la mesa.

El joven entorna los ojos y señala:

-Te comportas como una niña, Akane. Imagino que te llevabas muy bien con tus alumnos.

Un joven de rojo delantal llegó hasta ellos en ese momento para depositar, frente a cada uno, sus pedidos. Tras las típicas palabras de cortesía el hombre se marchó.

Akane comenzó a comer desaforada con la rabia impresa en cada bocado llevado a su boca, imaginando que lo que comía en realidad no era arroz y pescado, sino los intestinos y las tripas de aquella china engreída y agresiva que la había humillado en la tienda.

-¡Aggggh! - exclamó de pronto- ¡Maldita Shampoo!

Y continuó devorando los alimentos, para diversión del individuo de coleta sentado frente a ella quién no se había perdido detalle de sus reacciones tan peculiares.

Tras algunos minutos, ambos habían terminado.

Akane sonrojada por la frustración y por los residuos de rabia rencorosa anidada todavía dentro de ella, levantó la mirada con lentitud encontrando unos ojos grises clavados en ella y una sonrisa amplia que le era dedicada.

-¿Te sientes mejor? - le preguntó risueño.

Akane le sonrió levemente y asintió con la cabeza, antes de aventurarse a decir:

-¿Y? ¿Quedaste con aquella chica de la tienda? - con una sonrisa socarrona acompañando la expresión con un alzamiento de cejas reiterado, enfatizando el mensaje.

Gesto que en ella al joven Saotome se le hizo de lo más peculiar, tanto que hasta gracia le causó.

Negó con la cabeza y con fingido desinterés ladeó el rostro, esbozando una sonrisa pequeña.

-¿Por qué no? -le preguntó con el ceño ligeramente fruncido, y agregó- Era bella. No me digas que eres gay!.

Inmediatamente Saotome volteó a mirarla con una expresión sorprendida e incrédula tiñéndole el rostro.

-¡¿Qué dices?! - exclamó enfadado - ¡Claro que no, boba!

-Si lo eres no tiene nada de malo - señaló la chica con semblante serio.

-Ese no es el punto, es que no lo soy- aclaró tajante.

Akane meditó algunos instantes ante el silencio expectante de su acompañante que se preguntó internamente con qué le saldría ahora esta chica tan malditamente impredecible.

-Pero, ahora que recuerdo, vi cómo le coqueteabas - le dice encogiéndose de hombros y echándose hacia atrás en el asiento - Le coqueteaste y luego ¿la rechazaste? ...

Ranma alzó ambas cejas, atónito por lo que acababa de oír. ¡Completamente inconcebible!.

-¡¿Qué yo le coquetee?! ¡¿Y se puede saber en qué momento?! -exclamó cuando se hubo recuperado.

-¿Cómo que cuando?! - replicó la chica perpleja de que le fuera cuestionado lo que para ella era una obviedad indiscutible- La forma en que le hablaste, ¡vamos! Ser demasiado amable es coquetear, Ranma. Soy una mujer, no nací ayer.

El hombre se encoge de hombros y dice:

-No sé de qué hablas, yo siempre soy así - viéndola directo a los ojos con semblante serio- Yo no coqueteo, nunca me lo he propuesto.

Akane achicó los ojos, afirmándose internamente que aquel sujeto no era de fiar. No sólo es atractivo sino coqueto por esencia, por naturaleza. Sí, definitivamente tendría cuidado con él.

-Además...- continuó el chico en un tono modulado- ...No podría salir con alguna chica en este período de tiempo, ya debes saber a qué se deberá. Así que gracias a este pequeño 'inconveniente' deberé entregarme a la cruel abstinencia de los fracasados...- y la señaló con los palillos con una expresión en su rostro que señalaba algo como "elemental, Akane, elemental", sin embargo, ella le dedicó una expresión de incomprensión. Al parecer esta chica era algo lenta, bien, entonces debía ser un poco más específico.

Con sus manos entrelazadas, y sus codos apoyados sobre la mesa, sostenía su rostro sonriendo a la mujer delante de él.

-Debo cuidar de ti, y créeme Akane, que no me despegaré de ti en todo este tiempo así tenga que renunciar a ciertos 'placeres' a los que acostumbro... claro, porque dudo mucho que tú, siendo virgen, quieras divertirte conmigo así sin más sobretodo considerando que si se lo negaste al tal Ryoga por dos años, entonces he de hacerme la idea de que desperdiciaré cada tarde de mi vida quién sabe por cuanto tiempo en una cabaña encerrado contigo sin nada que hacer- se echó en el respaldo, suspirando pesadamente y apartando la mirada de la sonrojada y nerviosa chica, cuyo pudor no fue suficiente para impedir que un brillo de tristeza atravesara fugazmente su mirada al mencionar a Hibiki.

Akane apoyó sus antebrazos sobre la mesa y sonrojada enfocó el platillo vacío delante de ella, mordiéndose el labio inferior para calmar el leve temblor que le vino de pronto. Porque de la vergüenza pasada, únicamente le quedó el sonrojo, y es que al mencionar aquel nombre le volvió a pesar el corazón...

Ranma traga con dificultad, y carraspeó nervioso y sin saber qué decir optó por soltar de golpe:

-¿No hay problema si pido la cuenta ahora?


Habían vuelto a la cabaña que el estar internada en pleno bosque, implicaba un largo recorrido en bus y otro más por un sendero que resultaba peligroso puesto que cualquier enorme criatura puede aparecer de pronto.

Al llegar Ranma le entregó las dos bolsas a Akane y sin decir palabra se encaminó apresurado, tal y si huyera de algo, en dirección a su cuarto, en donde se encerró por lo que quedaba de día.

Akane algo desconcertada por el extraño comportamiento del chico, se encogió de hombros y tranquilamente se dirigió a su cuarto, dispuesta a darse un baño y vestir sus nuevas prendas, pensando en que el ánimo de su raptor es -por decir lo menos- bastante voluble, no comprendía de él ciertas actitudes un tanto apáticas y otras en que le dedicaba una muda comprensión... Aquel chico era, definitivamente, de lo más extraño.


Tres días habían transcurrido, y su relación había sido reducida a las palabras estrictamente necesarias.

Él, por su parte, le parecía un tanto esquivo y poco receptivo. Sus horas morían encerrado en su cuarto, pero a lo menos cuatro veces salía para echar un vistazo a la chica, vistazos rápidos que ella ignoraba sin interrumpir su perpetuo estado de estado de hastío, de tristeza evaporada en su calurosa habitación...

Porque tanto silencio y escasa actividad, la sumían en una especie de recordatorios constantes e inmisericordes, que pese a su fuerza de voluntad, solían importunarla cada tarde, cada mañana y antes de dormir, ¡Incluso en sueños!

Sí... dulces recuerdos de un pasado que no volverá, dulce amor confinado al olvido.

Ahh, tanto le quiso, tanto le llegó a admirar!...Hibiki Ryoga, chico que le robó el corazón en plena adolescencia, ¡Qué alegría tan inmensa la inundó en cuánto él, hace dos años aproximadamente, le declaró su amor! , y desde aquel momento, exquisitos recuerdos le fueron guarecidos en lo más hondo de su alma, y todos reducidos a la seguridad y el afecto proporcionados, a la calidez con que la observaba de cerca, a su mano siempre tendida hacia ella.

Pero todo acabó. Como siempre todo tiene un final.

Con sus ojos llorosos pegados al cielo del cuarto, se pregunta si acaso no fue demasiado exagerada con el asunto de su virginidad, después de todo él era un hombre y como tal debía tener ciertas necesidad que ella, como novia, debía suplir.

Quizás..., quizás su idea de llegar pura y casta al matrimonio, idea por cierto inculcada por su padre desde muy joven, fue un tanto exagerada, una idea demasiado mojigata para los tiempos que corren. Al menos, así se lo hizo saber Nabiki, su hermana de al medio, cierta tarde que se prestó a confidencias.

Suspiró pesadamente.

Debía ocupar su tiempo en algo o de lo contrario enloquecería por la pura nostalgia del recuerdo, pero Ranma ya apenas le dirigía la palabra..., y fuera de él, no tenía a nadie más consigo con quién hablar, con quién matar el aburrimiento y esas ganas de su corazón por desmoronar su espíritu ya le calcinaban su amor por la vida a poco.

¡¿Qué vida es esta?! ; se dijo internamente con una sonrisa socarrona. Secuestrada, obligada a permanecer ahí lejos de su familia y sus amigos, siendo la causa un auténtico enigma, con la aspereza de los últimos recuerdos y el dolor de sus suposiciones que señalaban como culpable a su propio padre.

Estaba por anochecer. Se acercó a la ventana y con los ojos achicados descubrió que en el cielo no había estrella alguna.

¡Una lástima!...

Arropada hasta la nariz se acurrucó entre sus frazadas, fue cuando rompió a llover de pronto con relámpagos y truenos que iluminaron de golpe su cuarto.

Espeluznantes sonidos estruendosos. Inseguridad y temor corroyendo desde lo más hondo.


Se asomó por el cuarto en penumbras del muchacho. Aprieta sus labios, preguntándose si hace o no lo correcto...

Él es, a fin de cuentas, un hombre, y no está bien que una mujer acuda a su lecho por muy asustada que se encuentre.

A pasos lentos y pesados, siendo el silencio roto únicamente por la lluvia chocando contra la ventana y los truenos y relámpagos oyéndose lejanos, se acercó a la cama de su raptor.

Dormía plácidamente, su pecho alzado al compás de su respiración tranquila.

Se arrodilló a su lado, y al borde de las lágrimas, lo meció un poco pronunciando su nombre... más el chico no despertaba.

Se quejó la chica cubriendo su rostro con ambas manos preguntándose una vez qué es lo que hace. Decide salir de ahí antes de que el chico de sueño pesado despierte y la descubra, pero en el momento en que se dispone a levantarse, el estruendo se oye con mayor fuerza y el cuarto de ilumina súbitamente por la blanca luz de los relámpagos.

Un grito agudo le brota de sus labios y esconde su rostro con sus antebrazos en el borde de la cama, que era sacudida por un -por fin- despierto chico, confundido y asustado por ser despertado tan bruscamente.

-¡¿Qué haces aquí?! - exclamó agrandando sus ojos al momento de notar a la chica, con su pijama amarillo que llevaba pocos días de nuevo, arrodillada junto a su cama.

Akane alza el rostro, agradeciendo que él no pudiese notar cuan hinchados se encuentran sus ojos y cuan húmedas sus mejillas.

-Es que...- quiso explicarse en ronco tono de voz que el llanto le otorgó- ... es que...

-¿Qué? - soltó de golpe el hombre, impaciente y todavía confundido.

En ese momento otro nuevo estruendo, otra luminación súbita, otro grito agudo y un nuevo sollozo ahogado en sus manos que volvieron a esconderle el rostro gacho.

El hombre parpadeó entre desconcertado e intrigado, y tras realizar las asociaciones debidas, le sonrió burlón a la temblorosa chica.

-¿Le tienes miedo a...?

-¡CÁLLATE! - gritó ella, descubriendo su rostro, enfadada y vergonzosa agregó - ¡No te burles! ¡No te atrevas!.

-Akane, tienes ¿Cuántos? ¿Veinticuatro, veintitrés años? - comenzó a decir ahora con desaprobación, distinguiendo sólo la silueta de ella todavía arrodillada junto a su cama.

-Veintiséis - aclaró ella todavía más avergonzada.

-¡Oh , veintiséis! - exclamó él tal si proclamara.

-¡Te dije que no te burlaras! - fue la rabiosa respuesta de ella, que ya se imaginaba, aún en la oscuridad, aquella mirada con aire divertido que solía dedicarle.

El hombre se movió a un costado del lecho y palpó el sitio que había desocupado.

-Acuéstate, adelante, pero hay una condición - dice levantando el dedo índice- Si sigues llorando, juro que te dejaré sola. No soporto a las mujeres lloronas.

'Más bien, no soporto ver llorar a una mujer'; se dijo internamente sonriéndose con desgano a sí mismo.

La chicas, temerosa y temblorosa, apartó las frazadas y rápidamente se tumbó, como suele hacer, escondiéndose el rostro hasta la nariz con las frazadas.

Estaba tibio y se sintió reconfortada por él gracias a aquella tibieza corporal que abandonó su cuerpo.

La cama era individual, por lo que sus cuerpos, uno al lado del otro, era imposible que no se rozasen. Él parecía ajeno a esto, con los ojos clavados en algún punto perdido de la oscuridad del cuarto, y ella, un tanto nerviosa, con el corazón a punto de escapar de su pecho, quiso omitir ese 'mínimo' detalle.

-Los días están muy raros, ¿No crees! Últimamente ha hecho tanto calor y ahora... -comenzó a decir la chica, con ánimos de iniciar una plática.

Otro rasgo característico suyo: El querer evadir su miedo con la plática hasta que se olvidase de él y cayera profundamente dormida, pero al parecer su compañero no deseaba conversar... permanecía en silencio con su respiración tranquila como si ella no estuviera ahí, como si no le quitara la mitad de su cama invadiendo la intimidad de su cuarto a plena noche.

Quizás, pensó la chica, se sentiría demasiado cansado y somnoliento, lo suficiente para continuar con su sueño tranquilamente e ignorarla por completo.

Bueno, ¿Y qué esperaba?! Un abrazo?, ¿Una caricia tierna en su cabeza?! ... Decidida a seguir su ejemplo e intentar conciliar el sueño, fue cuando él habló de pronto sorprendiéndola:

-¿Con quién dormías en noches como esta cuando vivías sola, Akane?

La pregunta le había llegado con suavidad a sus oídos, ella tardó algunos instantes para responder insegura y avergonzada.

-Tenía un peluche al que abrazaba en noches como esta... ¡Ya sé, ya sé!, no soy más que una chiquilla inmadura, puedes burlarte si quieres- se había apresurado en decir lo último.

-¿Un peluche? - le oyó decir divertido tras una risa queda, ronca con sabor a intimidad- Sí que eres una niña, Akane.

Akane nuevamente tardó un poco responder, tal vez por la melancolía que la invadió de pronto como tan seguido últimamente.

-Era mi obsequio más preciado... me lo regaló Ryoga una vez para mi cumpleaños. Me lo compró especialmente para noches como esta, y me hacía sentir segura - confesó, sin poder evitar que un extraño tono con aires de añoranza le surgiera acompañando las nostálgicas palabras.

-Ese chico... -comenzó a decir Ranma en su tono suave, modulado, que tan bien fue acogido por su entrañable compañera- ...Debió haber sido muy importante para ti. Lo noté cuando comíamos en ese restaurante familiar...

Akane se mordió el labio inferior, y él continuó:

-Akane, siento mucho si me alejé de ti últimamente- suspiró pesadamente- Te notaba triste, y bueno... yo... nunca he sido muy cuidadoso con este tipo de temas, además detesto ver llorar a una mujer y parecía que de un momento a otro llorarías y no sabría que hacer.

La declaración la dejó pasmada, desprovista de respuestas porque el peso fue duro, pero cuando hubo reaccionado descubrió que el chico se había movido, quedando de lado con su rostro a esos centímetros del suyo.

Dormía, dormía tranquilamente sin darle tiempo de responder.

Akane sonrió con ternura, secretamente agradecida en el fondo así como es él secretamente dulce. Después de todo, su raptor no resultó ser tan cruel como quiso hacerle creer...

Continuará...