Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Kris Salvador.

Drift 4

"¿Dónde putas estás?"

"Voy en camino."

Reprimo la urgencia de decirle que sí, que lo sé. Ella está viajando en una limusina que resulta estar llena con las más nuevas y discretas nano-cámaras, mandándome su señal, en vivo y en alta definición.

"Quiero decir, ¿en qué calle?"

Ella se gira para mirar por las ventanas fuertemente entintadas. "En la 5a, creo. No puedo ver nada."

Maldita lluvia. El tráfico ya es lo suficientemente malo en Nueva York durante el día de Acción de Gracias sin contar el inusual aguacero que vino a joder aún más todo.

"Parece que hay un atasco más adelante, así que tendremos que ir por el Lado oriente para evitarlo. El conductor dice que probablemente nos llevará más de una hora."

"Joder," murmuro por lo bajo. Ella debería estar aquí desde hace media hora. "¿Una hora más?"

Ella suspira, inconscientemente retorciendo el anillo de compromiso con una esmeralda roja de corte Marquis en su mano izquierda. Ella se había enojado por el anillo, negándose a usar una chuchería que necesitaba su propio seguro. Pero eventualmente cedió, como suele hacerlo con todas las cosas por las que no vale la pena pelear. Tal vez no lo sepa todavía, pero a ella le va a resultar más difícil luchar en contra mía con sus principios terriblemente correctos cuando yo reemplace ese anillo con un diamante rojo el día de nuestra boda.

"¿No estás muy lejos, o sí?" ella pregunta preocupada, aún mirando por la ventana y confirmando lo que ya sé –que el tráfico está paralizado. "A lo mejor puedo caminar desde aquí."

"No," digo maldiciendo cada Día de Acción de Gracias de la ciudad. Ella está inquieta, lo que significa que está cachonda, y una Bella cachonda haría lo que fuera para aliviar su urgencia. Esto es perfecto para mi enorme polla y ego. "Mejor quédate donde estás por ahora."

Luce cansada y un poco inquieta, y yo no soy un cabrón tan insufrible como para exigirle que desafíe los elementos naturales para que, en lugar de estar ahí, esté mejor montando mi polla. Además, no quiero que esté agotada para mí cuando finalmente ella llegue.

Han pasado cinco meses desde aquel fiasco en Palm Springs. Cinco meses enteros en los que he sido relegado a un segundo plano por el Jefe Swan, quién se vio forzado a enfrentar la posible muerte de su única hija. Se la llevó de regreso a Forks y le pidió que se quedara ahí mientras se recuperaba. Bella puede llegar a ser terca, pero no le diría no a su padre, quien le insistió y rogó para que fuera a casa, aunque fuese por solo unas cuantas semanas. Semanas más tarde, el FBI exigió a Bella su reincorporación, aun estando todavía en su periodo de recuperación.

En pantalla, Bella deja escapar un sonido estrangulado de frustración y se encoje en el asiento de la limusina, refunfuñando. Pobre nena. Cansada y cachonda, sin lugar a dónde ir y nada en qué ocuparse. Trazo con mi dedo sus facciones sobre el monitor, y las ganas de tocarla y probarla van creciendo segundo a segundo.

"Te amo," le digo y ella sonríe a su celular, sin saber que la estoy observando.

Afortunadamente para mí, puedo verla claramente. De otro modo, ya me hubiera vuelto loco.

"Yo también te amo," ella dice, antes de reír suavemente. "Amaría aún más follarte."

"¿Oh, sí?"

"Por supuesto, oh, sí," ella voltea sus ojos y se ríe. "¿Cuánto tiempo ha pasado?"

Cinco meses, dos días, dieciséis horas y contando.

"Está bien," digo, tomando una decisión. Si ella puede hablar la charla, entonces también puede entregarla. "Sube el panel de privacidad."

"¿Qué?"

"Presiona el botón sobre el panel derecho."

Ella arquea una ceja, claramente preguntándose qué me traigo entre manos. Pero ella obedece y enseguida se escucha el chasquido del grueso vidrio subiendo. Una vez sellada, la cámara del pasajero es a prueba de sonidos y completamente privada. Todos los seguros sólo pueden ser abiertos desde adentro, o por control remoto, usando una serie de códigos que sólo un puñado de personas poseen. Es mi limusina personal, después de todo, y soy notoriamente conocido por valorar mi privacidad.

Me sirvo un trago y me acomodo en mi silla. Una hora es tiempo suficiente y no tengo intención alguna en desperdiciarlo. Ordeno algunas cosas en mi oficina antes de activar el sistema de sonido Burmester a distancia.

"¿Qué está pasando?" ella pregunta, mirando alrededor mientras el crujido firme de la silla y el sonido de mi respiración flota en la cabina de la limusina a través de al menos una docena de altavoces escondidos en el interior.

"Estás en sonido envolvente nena."

"¿Y tú qué estás haciendo?"

"Masturbándome."

Ella suelta una risotada, y luego se retuerce, con su culo restregándose contra los asientos de cuero. Le hice pequeños ajustes al Burmester para adaptarlo a ciertas necesidades y algunas inclinaciones personales y profundamente privadas. El sistema no sólo provee sonido inalterado al pasajero a bordo, sino que también transmite perfectamente cada crujido, susurro y suspiro dentro de la cabina al lugar donde me encuentre.

"Hay un panel a la izquierda, presiona el botón inferior."

La limusina es una Mercedez-Benz S600 Pullam Guard, dotada con un complejo sistema computarizado con una interfaz de video que aún no ha sido comercializado. Esta interfaz puede transmitir imágenes en cualquier superficie plana, tal como una porción de vidrio opaco que la separa del conductor.

Ella obedece y mira cuando la imagen de mí es proyectada sobre el vidrio, o más específicamente, una imagen cercana de mí recargado en mi silla con mi polla en una mano y un vaso de whiskey en la otra, y la ciudad de Nueva York es visible al fondo. Excepto por el cierre abierto y la corbata desanudada, tengo puesto el resto de mi ropa.

"Deja el teléfono a un lado y recuéstate," le digo acariciándome perezosamente, disfrutando la forma en que ella se lame los labios y yo me inclino hacia adelante con grandes y oscuros ojos. Un ligero sonrojo mancha sus mejillas y me pregunto, una vez más, cómo diablos ella aún puede hacer eso después de todas las perversiones que hemos hecho juntos.

"¿Puedes oírme?" ella chilla, con indignación o emoción o tal vez, ambas.

"Quítate la chaqueta," le digo, sin molestarme en contestarle. Ella me conoce lo suficiente como para saber de lo que yo soy capaz. Ello no lo hace de inmediato, pero la presiono, diciéndole que se quite la blusa, sus pantalones del FBI usualmente almidonados, sus zapatos, su sostén, sus pantis, todo.

Ella me mira en la pantalla, estupefacta, mientras yo continuo acariciando mi polla en el mismo ritmo lánguido al mismo tiempo que murmuro mis 'peticiones' en una voz baja y estable.

Todo está bien, le digo presionándola hasta que ella comienza a desabotonarse su blusa.

"Abre esos botones, dulzura, eso es, quítatela. Quítate todo. Bien, eso está bien."

"Vamos," le digo, continuando en el mismo tono hasta que sólo está vestida con su ropa interior. "Quítate todo y enséñame ese cuerpecito apretado. Abre tus piernas, dulzura, ábrelas bien porque me voy a comer tu coño. Amo comer tu coño, sabes tan bien, tan putamente deliciosa. No puedo saciarme de ti. Nunca es suficiente. Voy hacer que te corras, te voy a follar con mi lengua hasta que te corras en mi boca y voy a lamerte, lamerte enterita hasta que te retuerzas y me ruegues que te folle. Entonces voy a follarte con mi polla, voy a follarte tan duro y rápido con tus piernas al aire. Te voy hacer gritar por más mientras te embisto con mi polla, justo en la forma que te gusta…"

"Oh Dios, Edward…" Para cuando ya estoy en pleno apogeo, ella esta jadeando casi tan fuerte como yo lo hago, retorciéndose contra los asientos de la limusina y moviendo sus manos sobre todo su cuerpo. "¿Estás muy lejos?"

"No, no muy lejos, bastante cerca…" me acaricio más rápido, acelerando mientras la miro empezar a deslizar hacia abajo sus manos hasta que para en la carne húmeda de entre sus piernas. "Cerca nena, cerca, más cerca ahora, joder."

Bombeo más rápido mi mano, cuando ella introduce un dedo en su coño, meciendo gentilmente sus caderas. Ella se recuesta, con su cabello extendido sobre el asiento de cuero y su coño desnudo para mí.

"No pares," le pido, hipnotizado por el dedo embistiendo dentro y fuera de su coño. "Joder, no pares."

"¿No pare de qué?"

"De lo que estás haciendo…"

"¿Qué estoy haciendo?" ella pregunta, y mi mente aturdida falla en detectar la ligera sospecha en el tono de su voz.

"Quiero ver que te corras."

"¿Te refieres a que puedes ver mis manos haciendo…esto?" Ella abre sus piernas tanto como puede e introduce sus dedos en su coño, bombeando un par de veces, antes de trazar con ellos una línea húmeda hasta su torso, sobre sus pechos hasta su garganta y finalmente, sumergirlos en su boca y chuparlos.

"Joder, nena, haz eso de nuevo."

Ella empieza de nuevo, y luego para a medio camino.

Me has estado viendo desde un principio," ella dice, sentándose abruptamente y sus manos deslizándose de su cuerpo. "Bastardo astuto."

Sólo puedo lloriquear cuando ella repentinamente se sienta, cruza sus piernas y sitúa sus manos sobre su regazo. Desnuda y temblando en excitada frustración, ella es toda una visión con su brillante pálida piel en contraste con los lujosos interiores de la limusina.

"Por favor, dulzura, déjame verte venir."

"Sí, dulzura," me imita con recato, lamiendo sus labrios, con el sonido y la imagen llegando a mí bastante claros, "puedes verme venir, pero primero tendrás que responder algunas preguntas."

Me toma un segundo darme cuenta qué demonios acaba de pasar. Maldita sea. Hablando de joderla en grande. Así que, está bien, no le dije sobre las cámaras, cuando ella específicamente me pidió que divulgara todos mis métodos de vigilancia, particularmente cuando dicha vigilancia está siendo usada en ella. A cambio, ella prometió no objetar automáticamente a ningún método específico hasta que ella me dé una oportunidad justa de explicarle por qué es necesaria. Ya que ella está tratando de entender mi necesidad obsesiva y psicótica de tenerla bajo vigilancia. Vigilé su habitación en Forks durante los meses pasados y ella no se quejó, sólo me miró como si fuera un acosador degenerado. Y ahora esto. Si esta fuera una prueba, la habría reprobado garrafalmente.

"Teníamos un acuerdo Edward."

Me lleva un par de segundo más para mantener a raya mi inminente orgasmo y me las arreglo para parecer controlado.

"Por supuesto, tienes razón."

Y por supuesto, soy un idiota.

Ella sonríe tan recatada, tan recatada cómo puede una mujer que esta desnuda y completamente excitada, y todo movimiento cesa. Mi mente está completamente en blanco y ya no sé qué hacer, ya que todo pensamiento racional me abandonó en el momento en que ella abrió las piernas.

Maldición, y doble maldición.

Cambiando a un canal que monitorea el progreso de la limusina, me doy cuenta de que ellos ya no están atorados en el tráfico. Su avance es lento, pero consistente. Calculando la velocidad de la limusina contra el flujo del tráfico y el número de semáforos e intersecciones que ellos van a tener que pasar, supongo que ellos llegaran al lado este en veinte o veinticinco minutos aproximadamente. Espero que me dé el tiempo suficiente para rectificar mis errores y poner otra vez las cosas en marcha.

"Voy a colgar, te marco en un par de minutos, ¿está bien?"

Como ninguna explicación es dada, esto es un poco abrupto, y cojo a Bella desprevenida mientras corto nuestra comunicación. Cuando no le llamo diez minutos después, ella me llama.

"Maldición, Edward. No estoy enojada porque tú tienes cámaras aquí, es solo que no me lo dijiste. Teníamos un trato."

"Sí, lo teníamos, y siento mucho que lo rompí. Hice mal en no decírtelo cuando en realidad no hay malicia detrás de eso."

Está callada, ya que ella sabe cuándo estoy mintiendo y cuándo en verdad estoy arrepentido.

"Así que, ¿qué está pasando? ¿En dónde estás?"

"Resolviendo nuestro problema." Necesito unos cuantos minutos más."Sigue hablando."

"¿Hablando sobre qué?" Por su tono, casi puedo imaginarla frunciendo el ceño.

"Dime qué me harías si pudieras tener tus manos sobre mí si yo estuviera contigo ahora mismo."

"¿Justo en este momento?"

"Sí," me río. "Después de noquearme, eso es. Tú ya sabes lo que me gusta."

"Bueno, estoy un poco enojada," ella comienza tentativamente, "así que probablemente voy a comenzar mordiéndote los labios."

"Continua."

"Probablemente agarraría tus bolas y las apretaría hasta que te duelan."

"Siempre y cuando las beses para que se sientan mejor, nena."

"Oh, lo haré," dice. "Más que besarlas, si seguimos con lo que te gusta."

"Tú eres la única persona que sabes lo que en realidad me gusta."

"A ti te gusta todo," se ríe. "Pero te gusta que te apriete más de lo normal, que roce mi pulgar sobre tu punta antes…"

"¿Antes de qué?"

"Antes de que agarre tus bolas y las ruede en mi mano."

De repente, mantenerla hablando no parece ser una muy buena idea ya que me resulta más y más difícil respirar.

"¿Y luego qué?" Le pregunto con voz ronca, porque no lo puedo evitar.

"Luego voy a lamer ese lugar detrás de tus bolas, que te hace gemir como un hombre moribundo, y luego voy a recorrer mi lengua sobre toda tu longitud de la forma en que te gusta, con mis manos acariciando tus bolas y con mi pezones rozando tus muslos."

Mierda, joder, particularmente me gusta eso, demasiado.

"Luego lo voy hacer de nuevo, y otra vez, hasta que me ruegues que pare y me levante o hasta que tú empieces a embestir mi boca."

"Detente," gruño. La sangre está bajando hasta mi polla con una velocidad vertiginosa y me tambaleo, la fuerza de lo mucho que la deseo, de cuán desesperadamente la deseo, choca contra mí. Desde la primera vez que la vi en el interior de ese tren lleno de gente, y luego la toqué en contra de toda lógica, sin mencionar la moral, la intensidad de lo mucho que la necesito ha crecido en proporciones casi aterradoras.

"Tócate," respingo. "Quiero escucharte gritar mi nombre."

Ella se ríe suavemente, confiada en su control sobre mí. Su murmullo me tiene imaginándomela deslizando sus manos sobre su cuerpo, con sus dedos una vez más introduciéndose en la calidez aterciopelada de su coño.

Ella comienza a gemir y luego para. "Edward, no puedo soportarlo…"

"No toques tu clítoris," me apresuro a decirle. "Sólo desliza un dedo profundamente…agarra tu pecho…imagina mi aliento en tu cuello…aún no te estoy tocando, sólo respirando tu aroma…moviéndome hacia tu garganta…acariciando tu pezón…bombeando tu dedo…" puedo escuchar sus jadeos por encima de mi tosca e irregular respiración, "sólo estoy rozándote…soplando sobre tu clítoris…" ella gime frustrada, luchando contra su inminente orgasmo.

"Tranquilízate, tranquilízate, aún no..."

"Oh Dios, Edward…" ella gime. "No puedo….Dios, estoy tratando…será mejor que vayas por mí al lobby…"

"Shhh…shhh…ahora mi lengua te está penetrando, probándote…"

"Para. No puedo, no puedo…" está casi sollozando, con su cuerpo dolorido buscando el orgasmo.

"…encuentro tu clítoris, pero sin tocarlo, lo mantengo fuera de alcance…quieres que vea correrte, ¿cierto, nena?"

"Sí, demasiado."

"Y lo haré."

Justo en ese momento, la limusina se detiene repentinamente delante de mí. Boto los seguros, abro la puerta y me meto dentro del compartimiento trasero. Vagamente, escucho la puerta cerrarse antes de que la limusina comience a moverse otra vez.

Luego estoy arrodillado entre los muslos de Bella, con mi boca grabando un camino desde su garganta hasta sus senos. Estoy empapado, habiendo corrido ocho cuadras bajo la lluvia torrencial para alcanzarla. Después de cortar nuestra conexión, llamé al conductor de la limusina y le ordené llevar el auto hacia la esquina de la 5a Avenida y que me esperara. Le dije que condujera hacia mi apartamento en lugar de ir a las oficinas, y que siguiera conduciendo, dando vueltas y vueltas en círculos, hasta que yo le dijera que parara.

"Qué pu-" Bella está tan sorprendida que lo único que puede hacer es parpadear y gemir cuando empiezo a lamer y chupar los dedos que introdujo en su coño y sigo con mi lengua el rastro que trazó sobre su torso. Lamo sus pezones, tirando de cada teta profundamente en el calor de mi boca para que pueda envolverlos con mi lengua.

Estoy temblando, respirando con tanta fuerza que estoy jadeando contra su piel. Trato de lamer un camino por su cuerpo lentamente para recuperar el aliento, pero estoy demasiado hambriento, demasiado excitado, demasiado ansioso por habérseme negado el placer por mucho tiempo. Me estoy ahogando en el embriagador e intoxicante aroma de sexo y de Bella y no puedo pensar más que en el cálido y sedoso cuerpo entre mis brazos.

"Ropa…mía…quítamela…quítamela…"

Ella baja sus manos y se apresura a desabrochar la hebilla del cinturón de mi pantalón empapado. Me zafo el saco y la camisa mojada y vuelvo a lamer sus pechos, manteniendo mis caderas al alcance de sus dedos mientras ella me baja la bragueta. Tan pronto como ella me libera, mi polla salta en sus manos –caliente, dura y palpitante. Gruñendo, me alejo de su cuerpo para bajar mi pantalón, la garra mojada pronto se une a mi saco y camisa en el rincón. Levantándola en el asiento, cambio nuestras posiciones para quedar yo sentado y ella sobre mi regazo y comenzamos a besarnos como dos adolescentes ávidos de sexo.

"Corrí ocho cuadras hasta aquí," le digo entre besos. "Chúpamela por favor."

Sus ojos se abren desmesuradamente cuando mira hacia abajo y mira mi polla. "¿Acaso no está lo suficientemente dura?" ella murmura, pero se desliza de mi regazo para arrodillarse entre mis muslos y comienza a succionar profundamente mi polla goteada en su boca. Su lengua lame alrededor de mi longitud, mis caderas se despegan del asiento cuando ella presiona ligeramente sus dientes alrededor del glande…

"Sí, joder…eso es." Estoy gimiendo como el moribundo que anteriormente me llamo Bella.

Ella aprieta sus labios antes de introducirse toda mi polla dentro de su boca, yendo tan profundo como puede ir y me toma todo mi esfuerzo para no embestir mis caderas. Mis manos se enredan apretadamente en su cabello mientras ella succiona vigorosamente, lamiendo mi polla con su lengua en una caricia tan familiar que siseo detente, detente, joder, Jesús.

Ella se aleja y comienza a besar mi torso hasta que está completamente pegada a mí, con mi polla presionada ansiosamente contra su estómago.

"Te extrañé tanto," exhala sobre mi garganta.

Emitiendo un gemido ahogado, la aferre contra mí y nos deslice hasta el piso del compartimiento, hambrientamente besándola, mordisqueando su garganta mientras ella se arquea hacia mi boca.

"Yo también te extrañé." Entierro mi cara entre sus muslos sin advertencia, lamiendo su clítoris, metiendo mi lengua en su orificio. Ella jadea y se retuerce, gimiendo sí, sí, sí cuando agarro sus tetas y pellizco sus pezones en sincronía con el movimiento de mi lengua. Bella arquea su espalda cuando un orgasmo la sorprende, sacudiendo violentamente su cabeza y luego grita cuando retrocedo para embestir mi polla dentro de su coño en una fuerte y rápida estocada. Me sumerjo profundamente y luego me quedo quieto, saboreando la contracción lenta y palpitante de sus paredes vaginales mientras éstas ondean y tiemblan a mí alrededor. Mis brazos están temblando por el esfuerzo que hago al soportar mi peso y estoy jadeando, tomando grandes bocanadas de aire. Está tan apretada, tan putamente caliente, que sé que no voy a durar mucho tiempo. Me salgo por completo, antes de meterme y detenerme de nuevo, mentalmente ordenándome a tranquilizarme, tranquilizarme con una jodida, a pesar de que ella está sollozando y rogándome que no pare, no pares, no pares, maldición Edward.

Ella gira agresivamente sus caderas, llevando aún más adentro mi polla, gimiendo no te contengas, no te contengas, fóllame, fóllame ahora. Lo quiero duro, más duro, y sus súplicas son irregulares y ahogadas.

"¿Así?" Gruño, embistiendo abruptamente mi polla tan fuerte dentro de ella que su culo se mueve sobre el tapiz de la limusina. No espero a que me conteste mientras empiezo a acelerar, más duro, más rápido, con nuestros cuerpos chocando entre sí. Enredándome en su cuerpo, me quedo anclado a su cuello, gruñendo sobre su piel mientras que la tensión se va formando en mis entrañas, expandiéndose hacia mis bolas y polla. Ella se aferra a mi trasero y me empuja aún más profundo, luego se abraza a mi cuello y enreda sus piernas en mis caderas, abrazándose a mí mientras que yo la embisto. Más duro, ella grita, oh Dios, más duro. El sonido de su húmedo coño succionando mi polla mientras la follo en el piso de la limusina hace eco alrededor del compartimiento, mezclándose con los gruñidos del apareamiento animal.

La presiono debajo de mí, concentrándome en su humedad, escuchando sus jadeos y gritos hasta que su cuerpo se tensiona en inconfundible anticipación. Ella está cerca, jodidamente cerca. Pero yo lo estoy más, al borde del orgasmo, tan sólo un poquito más y joder, joder, joder, joder, joder. Ella comienza a gritar y empujo mi lengua en su boca, tragándome sus gritos mientras mi polla palpita cuando vacio mi semen dentro de su coño, en ola tras ola de intenso y enloquecedor placer.

Vuelvo en sí un par de minutos después; aferrado alrededor de su cuerpo temblando, jadeando en busca de aire y recordando…joder. Busco hacia abajo, trazando sus curvas hasta su vientre, y su piel es suave hasta que encuentro una rasgada. Una incisión, la cicatriz hecha por una bala de un arma de bajo calibre, disparada a una distancia de al menos tres metros. La bala atravesó limpiamente, sin dejar remanentes a su paso. Tuvo suerte, medio metro más cerca y ella habría tenido un agujero enorme en su estómago y no estaría aquí, conmigo…

"Estoy bien, estoy bien." Tarda unos segundos para que su voz penetre la niebla en mi cabeza, y me doy cuenta de que ella está tomando mi mano, sosteniéndola apretadamente para evitar que siga temblando. "Estoy bien Edward, mírame, estoy bien. Todo ya ha sanado, tú no me lastimaste."

La miro, enfocándome en sus ojos atónitos y brillantes, en el sudor arriba de sus labios hinchados, en el cabello pegado a los lados de su cara. Ella no se ve bien, se ve gloriosa y completamente follada.

"Estoy bien, estoy bien," está diciendo. Sus manos están despejando mi cabello de mi cara, y entonces caigo en cuenta de cuán largo está sin haberlo notado antes. Ella se arquea para besarme y luego se ríe, probablemente porque la estoy mirando como un idiota. "Mejor que bien, en realidad."

Me cuesta trabajo encontrar mi voz. "¿Estás segura?"

"Sí, muy, muy segura," contesta y después mira alrededor de la limusina. "Aunque había pensado que llegaría a tu escritorio, por lo menos."

"Algún día," le prometo solemnemente, "llegaras a una cama de verdad."

Se ríe de nuevo, con su cuerpo temblando y mandando deliciosas vibraciones al mío. "¿Tienes una en tu oficina?"

"No, pero no iremos ahí ahora." Nos levanto del piso a los dos antes de que pierda nuevamente el control. Sentándome en el asiento, la pongo sobre mi regazo. Busco en los compartimientos debajo del asiento y saco una manta para cubrirnos a ambos. Hay algo extrañamente excitante en manosearnos debajo la manta.

Algunos minutos después, ella se ríe otra vez, por las cosquillas provocadas por mis besos y mordiscos.

"Entonces, mmm, ¿a dónde vamos?"

"Vamos a casa." Mis manos están entre sus piernas, gentilmente acariciando. Ella está disfrutando mis caricias, y yo disfruto mirar como ella las disfruta.

"¿Y dónde es eso, exactamente?"

"A Park Avenue."

"¿Cómo diablos vamos a salir de aquí? Tu ropa es un desastre."

"También la tuya."

Ella levanta una ceja y luego sonríe con picardía. "¿Vamos a salir desnudos de la limusina?"

"Tengo un apartamento muy privado," le digo entre besos, mis manos y mi boca cada vez más agresivas, "con una entrada muy privada, junto con un ascensor muy privado y muy grande..."

XXX

N/A

El capítulo final no va tardar seis meses en ser posteado. Más bien, tardará unos cuantos días. Eso espero. Sean pacientes conmigo.

Gracias por no maldecirme de ida y vuelta al infierno por tardarme tanto en actualizar esto. Lulu revisó el capítulo 3 meses atrás pero yo no lo quise postear hasta que terminara de escribir al menos un capítulo más. Cambié algunas cosas, así que todos los errores son míos.

N/T

En cuanto Kris actualice el capítulo final de éstos outtakes, yo trataré de traducirlo con rapidez.

Gracias a todas las que comentan y ha sido un placer compartir esta linda historia con ustedes.

Gracias especiales a Marina, quien me ayuda a revisar y corregir los capítulos antes de postearlos, para que la traducción que hago tenga más sentido y coherencia. Muchas gracias Marina XD

Cambiando un poco de tema, ¿qué les parece si traduzco una historia de Edward y Bella adolescentes, rebeldes, muy apasionados e irrevocablemente enamorados? Una historia de amor que arde lento. El más lento ardor.

LOL esa última frase sonó a urticaria, parece que algunas frases pierden el sentido cuando son traducidas. Bueno, opinen mientras yo trato de convencer a la chica para que su historia sea traducida.