Disclaimer:Los personajes de H.P no me pertenecen.


Capítulo XI

Problema

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Corrió tan rápido como el temporal y la nieve acumulada a sus pies se lo permitieron.

Una vez que se alejó lo suficiente como para no ser visto, decidió aparecerse en el castillo. Se había olvidado por completo de Pansy, dejándola sola bajo la tormenta, pero debía encontrar a Draco, y tenía que hacerlo cuanto antes.

Al entrar al colegio pudo notar la tranquilidad de sus ocupantes; nadie parecía haberse enterado de la noticia aún. Se cruzó con Mc Gonagall en uno de los pasillos, pero la profesora iba tan ocupada en sus cosas que, para su fortuna, ni siquiera notó su presencia, pasando por su lado sin mirarlo. Detrás de ella, un pálido Draco Malfoy salió del despacho de la profesora de Transformaciones también, con la misma expresión ahogada de la mañana.

Al verlo, Severus caminó hacia él con paso firme, haciendo resonar el suelo de piedra bajo sus zapatos, completamente molesto, o mejor dicho, furioso; y el otro Slytherin, al cruzar miradas con él, pareció darse cuenta el instante de sus intenciones, ya que, instintivamente, detuvo su marcha haciéndose hacia atrás en un vago intento por protegerse de la ira de su "primo".

— ¡¿QUÉ DEMONIOS HICISTE?!— gritó el moreno, sujetando a un desprevenido Draco con brusquedad por el cuello de la chaqueta para estampar su espalda violentamente contra la pared.

Draco Malfoy sólo ahogó un grito de dolor, cerrando los ojos en un acto reflejo para después abrirlos y observar fijamente a los intensos ojos verdes de su agresor, con auténtica confusión y un atisbo de rabia en sus pupilas grises.

— ¡DIME! ¿QUÉ FUE LO QUE LE DISTE A ESA CHICA?— volvió a gritar Snape, acercando peligrosamente su rostro al de su compañero; tanto que sus narices casi chocaban.

Al escuchar sus palabras, el pálido rostro del muchacho se volvió todo un poema: ira, miedo, arrogancia, confusión… muchos sentimientos mezclados en ese lívido semblante. Draco temblaba ligeramente; de seguro, por verse descubierto. Pero su estado de shock duró sólo unos momentos, mientras Severus aún tenía su cuerpo apresado contra la fría piedra, observándolo amenazadoramente.

De pronto, una gutural carcajada histérica rompió el sepulcral silencio. Draco rió de una forma desquiciada y desgarradora a la vez, como un hombre desesperado, al borde de la locura. Súbitamente apartó a Tom de un brusco empujón, liberándose de su agarre como si tenerlo cerca le causara repulsión. Respiraba agitadamente, pero aun así intentó recobrar su habitual semblante de superioridad, caminando lentamente, rodeando a Snape con su caminata.

—No sé de qué demonios estás hablando— repuso con frialdad, derrochando veneno; pero el ex profesor pudo notar el casi imperceptible temblor en su voz.

— ¡NO JUEGUES CONMIGO!— volvió a increparlo y a sujetarlo por los hombros, golpeando su espalda contra la pared, temblando de ira— ¡YO JURÉ…! ¡JURÉ QUE…!— guardó silencio de inmediato al darse cuenta de la estupidez que estuvo a punto de cometer, presa de la rabia, y soltó al chico como si le aterrara tenerlo cerca. No podía creer que Draco se había arriesgado de esa forma, arriesgando además su propia vida si algo llegaba a pasarle por error.

Pero eso no importaba; no era momento para que le importase.

Suspirando profundamente, intentó calmar su alterada respiración también, tranquilizando, asimismo, su agitado interior. Por un segundo había perdido los estribos, y eso en verdad le repugnaba. Inspiró profundamente, cerrando los ojos por un breve instante.

—La chica en Hogsmeade— dijo con voz entrecortada, debido al brío de su respiración— el paquete, ¿qué fue lo que hiciste?— repitió lo más calmadamente que pudo, en tono áspero.

El rostro de Draco lo traicionó, demostrando sorpresa y horror por unos segundos; pero, haciendo gala de su sangre fría de serpiente, logró disimularlo con rapidez. Aun así, su mente trabajaba a toda marcha; el severo rostro de Tom le dio a entender que era inútil intentar mentir. Ante los ojos del joven Malfoy, ése chico parecía saber mucho más de lo que aparentaba; pero la pregunta en esos momentos era: ¿de qué lado estaba él? Aunque fuera hijo de Bella, eso no le garantizaba que su lealtad estuviera con el Señor Tenebroso… No era prudente dejarse intimidar por él. No quería ser un cobarde.

—No te metas en mis asuntos, Lestrange. O lo pagarás muy caro…— siseó, tomándolo violentamente por la túnica y acercando amenazadoramente sus rostros una vez más.

Al oírlo, Severus cambió su expresión de enojo por una de total indiferencia.

Por poco y echaba a perder todo su plan.

De un brusco empujón apartó a Draco de su persona, sin dejar de mirarse el uno al otro, desafiantes, a la espera del movimiento de su adversario, tan concentrados en su contienda de miradas que no escucharon los pasos que se acercaban a ellos.

— ¡Señor Malfoy! ¡¿Qué hace usted aún aquí?!— La estridente voz de McGonagall rompió la atmósfera de tensión— ¿No oyó las ordenes? TODOS los alumnos deben dirigirse a sus respectivas salas comunes hasta nuevo aviso, ¡DE INMEDIATO!

Snape observó de soslayo el severo rostro de su ex colega, para después observar a quienes la acompañaban, reconociendo a Pansy oculta entre Potter y Weasley, acompañados por Granger y la amiga de Katie Bell.

—Lo sentimos profesora— fue él quien rompió el silencio, hablando con suavidad— sólo vine a buscar a Draco en cuanto oí el aviso, pero nos vamos ya— McGonagall asintió, indicándoles con una mano que comenzaran a caminar.

— ¡Usted no, señor Lestrange!— interrumpió su caminata, colocando una mano sobre su pecho— Madame Pomfrey pidió que se dirija a la enfermería, urgentemente— informó, arqueando las cejas— dijo que llegó un paquete urgente para usted. Pero, en mi opinión, debería esperar unos minutos a que…— hizo una breve pausa, y Snape entendió su renuencia a comentar lo sucedido con Bell para evitar que cundiera el pánico entre los alumnos— ¡Ujum! Mejor vaya a la enfermería. Madame Pomfrey especificó claramente que se trataba de una emergencia.

—Entiendo— se apresuró a contestar, caminando presuroso hacia la enfermería. No necesitaba mucho más para deducir que Madame Pomfrey necesitaba de su ayuda.

Se olvidó de Draco, y no le prestó atención a las intensas miradas que sentía sobre su persona.

Probablemente Potter lo acusaría con McGonagall -si aún no lo había hecho-, pero eso lo tenía sin cuidado. Al menos doce parejas podían ubicarlo en el Salón de Madame Tudipié con Pansy durante toda su estadía en Hogsmeade…

Se detuvo un momento al recordar a su compañera, mientras Draco continuaba con su camino, pasando por lado, dándole un brusco empujón que decidió ignorar.

— ¡Por Merlín!— susurró en voz baja, golpeándose la frente con brusquedad.

Pansy no podía decir nada que lo comprometiera a él o a Draco, pero tendría muchos problemas con ella por haberla abandonado a su suerte bajo la tormenta, y en medio de aquel terrorífico y confuso incidente.

Suspiró profundamente, retomando su caminata, observando la delgada silueta de Draco a lo lejos.

Ella no era importante; ahora, lo realmente importante era que Potter no atara cabos y lograra llegar a Draco, ya que estaba seguro de que él era el culpable, y por eso debía protegerlo. Potter no tenía forma de probar nada; ni siquiera él estaba seguro de cómo demonios lo había hecho sin salir del castillo; esa coartada era perfecta.


—Entonces, ¿a quién creen que Katie tenía que entregarle el collar? — preguntó Ron mientras él y sus inseparables amigos subían la escalera que los conducía a la sala común.

—Quien sabe— dijo Hermione—. Pero quienquiera que fuese se ha librado por casualidad. Nadie habría abierto ese paquete sin tocar el collar.

—Podría ir dirigido a mucha gente— intervino Harry—: a Dumbledore, por ejemplo; a los Mortífagos les encantaría librarse de él, así que debe de ser uno de sus blancos prioritarios. O a Slughorn; Dumbledore dice que Voldemort quería tenerlo en su bando, y no estarán contentos de que se haya puesto de parte de Dumbledore. O…

—O a ti— sugirió Hermione con gesto de consternación.

—A mí no puede ser, porque Katie me lo habría dado en el camino, ¿no? Yo iba detrás de ella desde que salimos de Las Tres Escobas. Habría sido más fácil entregarme el paquete fuera de Hogwarts, sabiendo que Filch registra a todo el entra y sale del castillo. No entiendo por qué Malfoy le dijo que lo llevara al colegio.

— ¡Pero si Malfoy no ha ido a Hogsmeade!— exclamó Hermione dando un pisotón al suelo.

—Entonces, tenía un cómplice— arguyó Harry— Crabbe o Goyle. O, pensándolo bien, otro Mortífago; seguro que tiene mejores "camaradas" que esos dos ahora que se ha unido a…— de pronto se detuvo en seco, abriendo los ojos como platos, y formando una perfecta "o" con sus labios— ¡COMO NO LO VI ANTES! — Exclamó, sobresaltando a sus amigos, y obligándolos a girarse hacia él— ¡FUE LESTRANGE! ¡ÉL ES SU CÓMPLICE!

Ron y Hermione lo oyeron con sorpresa; luego se miraron como diciendo "es inútil intentar razonar con este cabeza dura"

Sopa de leche— pronunció ella cuando llegaron al retrato de la dama gorda.

El retrato se apartó para dejarlos entrar en la sala común, que estaba muy concurrida y olía a ropa húmeda, pues muchos alumnos habían regresado de Hogsmeade temprano a causa del mal tiempo. Sin embargo, no se respiraba una atmósfera de miedo ni especulación; al parecer, la noticia del accidente de Katie Bell todavía no se había extendido.

—Si lo piensan bien, en realidad no ha sido un ataque muy logrado— observó Ron mientras desalojaba a uno de los alumnos de primer año de una de las mejores butacas junto al fuego para sentarse en ella—. La maldición ni siquiera ha conseguido llegar al castillo. Infalible no era.

—Tienes razón— concedió Hermione, empujándolo con el pie para que se levantara de la butaca, que ofreció otra vez al alumno de primero—. No estaba muy bien planificado.

— ¿Acaso Malfoy es uno de los grandes pensadores del mundo?— ironizó Harry.

Ron y Hermione sonrieron.

Harry se perdió en sus propios pensamientos durante unos segundos, cruzándose de brazos y observando el fuego de la chimenea con imperturbable concentración.

—Aunque, si lo piensan bien, Malfoy pudo…

Su amiga rodó los ojos, pasándose una mano con pesadez por el rostro, en gesto agotado.

—Ya deja eso, Harry— intentó persuadirlo, con voz cansina— ¡McGonagall te lo dijo: Malfoy estuvo en el castillo castigado! ¡Él no fue a Hogsmeade!— le recordó, acomodándose sobre su asiento.

El pelinegro bufó con molestia, asustando a un niño de primero que estaba sentado cerca suyo, el cual se puso de pie, marchándose en el acto ante su auténtica mirada, mientras él parecía analizar la situación, intentando encontrar algo que apoyara sus teorías.

— ¡Entonces fue Lestrange!— discurrió nuevamente, sobresaltando a sus amigos.

—Harry, no creo que…

— ¡Piénsenlo!— interrumpió a su amiga, hablando con énfasis— ¡Yo lo vi, ustedes también! Estaba junto a Katie con su varita en alto, ¡por todos los cielos, Hermione! ¡¿Qué otra prueba quieres?!

—Eso no prueba nada.

— ¡¿Cómo que no?!— Se horrorizó ante la falta de apoyo de su amiga—. Entonces, ¡¿Cómo explicas lo que vimos?!

—No— repuso ella, tranquilamente— tal vez, no lo sé; tal vez sólo se asustó al oír los gritos, creyó que algo andaba mal y por eso sacó su varita— razonó— ¡Por favor, Harry! ¡Es lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho en su lugar!— intentó razonar con él, sin embargo, Harry seguía mostrándose renuente a razonar con ella.

— ¡Ay, por favor, Hermione! ¡Él NO es como nosotros! ¡Sus padres son Mortífagos, toda su familia está llena de adoradores de Voldemort! ¡¿Con quién crees que está su lealtad?!— contraatacó.

Hermione frunció los labios, molesta ante la intransigencia de su amigo.

—Entonces, según tú, Sirius también era malvado, porque su familia estaba llena de "adoradores" de Voldemort, ¿no?

— ¡SIRIUS NO ERA ASÍ!— gritó, asustando a Hermione, volviendo a su asiento al percatarse de su violenta acción. Algo dentro de él no podía permitir que se metieran con la memoria de su padrino.

—No quise decir eso— se apresuró a agregar la chica de melena castaña, amenizando el sonido de su voz— sólo quiero hacerte ver que así como Sirius fue distinto a su familia, Lestrange también podría…

— ¡Oh, Hermione! Dime que no estás pensando que Lestrange es como Sirius…— inquirió Ron, entrando en la conversación, mientras Harry fulminaba a su amiga con la mirada.

—Les repito que no quise decir eso— reiteró Hermione, hundiéndose sobre su asiento, pero volviendo a su postura anterior de inmediato— Lo que quise explicar, antes de que ustedes me interrumpieran— recalcó— es que Tom Lestrange no parece ser la clase de chico adorador de Voldemort.

— ¿Y cómo sabes eso?— inquirió con brusquedad— Hermione, tú no lo conoces.

—Ni tú tampoco, Harry— él abrió la boca para protestar, pero descubrió que ya no tenía argumentos. Una expresión de triunfo atravesó el rostro de su amiga— además…— continuó, más tranquila— me he cruzado con él varias veces en la biblioteca, y no me ve con asco, como los demás Slytherins…es más, hasta se porta amable conmigo a veces…— confesó en un susurro, volviendo a hundirse en su asiento.

— ¡¿QUÉ?!— exclamaron Ron y Harry al unísono, haciendo sonrojar a la única mujer del grupo.

—Bueno… una vez, en la biblioteca, me prestó de su tinta porque la mía se había acabado…

— ¡Oh, claro! Y eso lo convierte en un santo, ¿verdad, Hermione?— saltó Harry, contorsionando el rostro en una mueca despectiva— ¿Por qué no lo invitas a él y a Voldemort a tomar el té? Estoy seguro de que estarán encantados…

— ¡Eso no tiene sentido, Harry!— lo regañó, frunciendo el ceño— y a lo que me refiero es que, ¿Cuándo un Slytherin ha tenido un buen gesto con alguno de nosotros? Y menos aún conmigo, que soy una sangre sucia…— murmuró; Harry guardó silencio— pero eso no es lo único; a veces, hasta intercambiamos opiniones sobre la tarea, y resulta ser muy gratificante discutir con él…

— ¡Por Dios!— ironizó Harry— ¡Hermione, te lavaron el cerebro!

—Harry tiene razón, Hermione— secundó Ron, haciendo que la chica suspirara con pesadez, llevándose una mano a la sien en gesto agotado.

— ¡Miren! ¡Yo no estoy diciendo que él sea mi amigo ni mucho menos!— aclaró, alzando la voz— a lo que voy es que no debes juzgar a alguien por lo que aparenta o por lo que es su familia; sino, ahí tienes el ejemplo de Sirius, o… ¡o el profesor Snape! ¡¿Recuerdan en primer año?!— les recordó.

—Hablando de Snape, ¿no les parece extraño que no haya regresado?— Ron parecía pensativo, rara cosa en él.

— ¡Por mí que no vuelva nunca!— bramó Harry— además, Tonks lo hace muy bien…

— ¡Ése no es el punto! ¡Están cambiando el tema!— exclamó Hermione, ligeramente exaltada. En ese mismo momento, el retrato de la Dama Gorda volvió a abrirse, dejando pasar a una preocupada Ginny Weasley, que en seguida dirigió su castaña mirada hacia ellos.

— ¡Por Merlín! ¿Cómo está Katie, Harry?— preguntó, sentándose junto a Hermione— ¿Qué fue lo que pasó?

—Ella fue hechizada— contestó el aludido.

— ¿Hechizada?— se sorprendió— pero… ¿Cómo…? ¿Quién…?

—No lo sabemos— informó Hermione, acariciando el lomo de Crockshanks— alguien le dio un paquete con un collar embrujado dentro…

—Al parecer, un "obsequio" para Dumbledore— comentó Harry, posando sus pupilas verdes sobre el fuego de la chimenea.

— ¿Y tú dónde estabas, eh?— inquirió Ron, juntando las cejas.

—Estuve en Hogsmeade hasta hace unos momentos…— comentó, acomodándose sobre el asiento— fueron a buscarnos a todos los que quedábamos y nos ordenaron regresar a la sala común… y cuando regresaba oí lo de Katie, y el nombre de Harry Potter involucrado. Dean se quedó en la Gran Salón unos momentos, pero yo vine aquí con ustedes…— suspiró, peinándose la larga melena pelirroja con los dedos— Filch está revisando todos los paquetes y cosas que los alumnos traigan consigo…— musitó, haciendo una pausa, en la que los cuatro guardaron silencio— ¿Quién pudo haberle hecho algo tan horrible a Katie?

—Quien sab…

— ¡Apuesto lo que sea a que fue Lestrange!— saltó un desesperado Harry, buscando el apoyo de la hermana menor de su mejor amigo.

— ¿Lestrange? ¿Tom Lestrange?— preguntó Ginny y Harry asintió enérgicamente. La chica lo observó, sorprendida.

— ¡Harry! No sabemos si eso es cierto— protestó Hermione en tono neutral, intentando no volver a molestar a su amigo.

— ¿Por qué dices que fue él, Harry?— volvió a preguntar la hermanita de Ron, frunciendo el ceño con intriga.

—Porque yo lo vi junto al cuerpo de Katie— arguyó de inmediato.

—Pero Harry, nosotros también estábamos cerca de ella y no tuvimos nada que ver con el ataque— razonó Ron.

—Además, el collar estaba dentro del paquete, y Katie tenía ese paquete desde antes de salir de Las Tres Escobas— le recordó la tranquila voz de Hermione.

Ginny abrió mucho sus pequeños ojos castaños.

— ¿Las Tres Escobas?— inquirió— ¿Katie entró allí con el paquete?

Todos guardaron silencio por espacio de unos segundos.

—No, no lo tenía al entrar— recordó Harry— ¿Por qué?— Ginny frunció los labios con gesto pensativo antes de añadir:

—Supongo que alguien debió dárselo mientras estuvo adentro, ¿cierto?

— ¡Eso ya lo sabemos, Ginny!— farfulló Ron— Pero eso, ¿qué tiene que…?

—Entonces estoy segura de que Lestrange no lo hizo— sentenció con voz solemne e implacable seriedad. Harry ahogó un grito de sorpresa y observó con ojos desorbitados a la hermana de su amigo, como si no creyera lo que oía.

— ¡¿Y cómo estás tan segura?!— exclamó sin poder contenerse— ¡¿Qué acaso hoy es el día de defender a Lestrange o qué?!— estalló, histérico.

La chica pelirroja arqueó las cejas con turbación, haciéndose ligeramente hacia atrás.

—No sé de que hablas, Harry; pero puedo asegurar que él no fue quien le entregó ese paquete a Katie— aseveró, totalmente segura de sí misma. Harry la miró con enojo, entornando la mirada con recelo.

— ¿Por qué estás tan segura, Ginny?— intervino Ron, presintiendo el enfado de su mejor amigo. Su hermana se giró hacia él, ignorando la rabieta del moreno.

—Porque Lestrange estuvo toda la mañana en el salón de Madame Tudipié con la idiota de Parkinson— informó— Ellos llegaron después que Dean y yo, y se marcharon unos minutos antes. Los vi todo el tiempo.

— ¡Eso no prueba nada!— volvió a estallar el joven Potter— Él pudo habérselo dado en algún momento antes de…

—No lo creo— lo interrumpió Ginny— Ustedes dijeron Katie tuvo que haber recibido el collar dentro de Las Tres Escobas, y ella llegó allí después que ustedes…

—Así fue— aseguró Hermione. Ginny pareció sopesar la información durante un momento.

—Siendo así, ahora estoy más que convencida de que Lestrange no fue quien le dio el paquete.

— ¡¿Qué?!— Harry Potter saltó de su asiento e iba a protestar, pero se vio interrumpido por la hermana menor de su mejor amigo.

—Dean y yo los vimos a ustedes pasar por el salón de té hacia Las Tres Escobas en el mismo momento en que Lestrange tomaba asiento— Harry abrió la boca para argumentar, pero, de nuevo, Ginny fue más rápida: — Además, después de que él y Parkinson se fueron, nosotros salimos detrás de ellos y vimos cuando chocaron contra Katie y Leanne, pero siguieron con su camino; y Katie ya llevaba un paquete entre sus manos. Al rato, ustedes tres aparecieron y Dean y yo fuimos a Honeydukes mientras ustedes regresaban al castillo detrás de Katie.

Todos guardaron silencio por espacio de unos segundos.

—Todo concuerda, Harry— acotó Hermione, con un suspiro cansado— Lestrange es inocente. Al menos de darle el collar embrujado a Katie.

Harry contorsionó el rostro en una mueca de disgusto, pero no dijo nada.

Sabía que Lestrange tenía que ver con todo aquello -al igual que Malfoy-; estaba seguro de ello, pero no tenía pruebas, así que no tenía caso discutir. Ya hallaría la forma de probar que él tenía la razón.


Dejó su varita a un lado, sobre una pequeña mesa, ahogando un largo y profundo bostezo con la palma de su mano.

—Está estable— susurró con voz somnolienta, refregándose disimuladamente los ojos.

Madame Pomfrey asintió en conformidad, colocando una sábana blanca sobre el cuerpo de una inconsciente Katie Bell.

— ¿Está seguro de que no sufrirá secuelas?— inquirió la anciana en tono preocupado. Severus negó con la cabeza.

—Tuvo suerte de que el hechizo sólo se haya filtrado a través de sus guantes. Este tipo de maldiciones se fortalece con los años, y quien sabe por cuánto tiempo estuvo ese collar en el aparador de Borgin & Burkes. De haber tocado el collar sin ningún tipo de protección, habría muerto de inmediato.

— ¡Qué terrible!— exclamó la mujer— ¿Cree que debería ser trasladada a San Mungo?

Severus asintió. Arregló las mangas dobladas de su suéter y en un gesto casi infantil volvió a frotarse el rostro con suavidad.

—Allí estará bien cuidada…— bostezó, provocando una sutil sonrisa en la medimaga.

— ¿Por qué no va a descansar ya, profesor Snape?— aconsejó— Luce muy cansado; y no es para menos...

El moreno parpadeó.

—No estoy cansado… Además, quiero esperar al traslado.

La mujer frunció el ceño.

— ¡Profesor Snape! ¡Le ordeno que se vaya a la cama en éste instante!

Severus frunció mucho el entrecejo, completamente ofendido.

—No soy un maldito ni…— comenzó a protestar, pero se vio interrumpido casi de inmediato:

— ¿Poppy? ¿Cómo está…?— McGonagall se quedó con la palabra en la boca al notar la presencia de Severus, y frunció el ceño con reproche— Señor Lestrange, ¿usted todavía aquí?

"Maldita sea"— pensó el joven, entornando la mirada.

—Yo…

— ¡Oh! El joven Lestrange sólo regresó por un poco de medicina para la jaqueca— intervino Madame Pomfrey—, ¿no es así, señor Lestrange?— él sólo asintió, con una mirada llena de molestia.

— ¿Sí? Pues, aun así, ya debería estar en la cama. Mañana es día de escuela, señor Lestrange. Diríjase de inmediato a las mazmorras.

— ¡Pero…!— iba a replicar, pero una furiosa mirada de McGonagall lo silenció— Sí, profesora— musitó entre dientes, con tal esfuerzo que creyó que se había ocasionado una úlcera en el estómago.

Furioso, se dirigió hacia las mazmorras.


Hasta ése momento, el descontrol hormonal que había 'invadido' su prodigioso cerebro no le había permitido procesar todo lo sucedido con claridad. Pero, mientras caminaba hacia las mazmorras, su alborotada cabeza fue capaz de ordenar todos los pensamientos que la embargaban. Y se sintió como un verdadero imbécil.

Se detuvo en seco al percatarse del error colosal que había cometido al enfrentar a Draco de la manera en que lo había hecho. ¿En qué demonios estaba pensando?

Obviamente, en nada.

Comenzó a sentir nauseas. Asco de sí mismo.

Lo había echado a perder; y todo por las malditas hormonas.

Se abofeteó mentalmente mientras reanudaba la marcha. No entendía cómo, en su adolescencia, podía tener perfectamente todas sus emociones bajo control; y ahora, siendo un adulto, le resultaba tan difícil hacerlo.

"Sólo es algo pasajero. Como un virus o algo así— se dijo a sí mismo mientras enderezaba la postura. Eso no era relevante. En esos momentos, debía centrar toda su atención en encontrar la manera de conseguir que Draco confiara en él, por más imposible que eso pareciera.

Sabía que Draco no era idiota, y de seguro en esos momentos estaría más alerta que nunca. O peor aún, acorralado.

Sólo esperaba que no hiciese una estupidez más grande que la que había hecho con la chica Bell. Tenía toda su fe en que eso no ocurriera. Aun así, no podía estar seguro.

Sintiéndose mareado de pronto, apoyó un brazo contra la pared más cercana, recargando el peso de su cuerpo sobre ella. Las nauseas regresaron, y el chocolate que había ingerido esa tarde amenazaba con salirse de su estómago. Bajó la cabeza y tosió como si fuera a vomitar, pero nada salió de su boca. Se mantuvo unos segundos en esa posición, cerrando los ojos con fuerza. Y cuando separó los párpados, lo primero que sus pupilas hallaron fue la manga de su brazo izquierdo levemente doblada, dejando entrever el nacimiento de la Marca inactiva. Entonces, sus ojos se abrieron al máximo, y una idea llegó a su mente a la vez que recomponía su postura erguida de siempre.

— ¡¿Cómo no lo pensé antes?!— exclamó en voz alta, dándose un sonoro golpe en la cabeza, ligeramente más animado.

—Eso suele pasar…— una taciturna voz a sus espaldas -muy a su pesar- lo sobresaltó e hizo que volteara de inmediato en busca de su dueña, encontrándose cara a cara con una curiosa Luna observándolo con ojos bien abiertos y el rubio cabello completamente revuelto, lo cual sólo incrementaba sus increíbles aires de lunática.

— ¡¿Qué demonios haces tan cerca?!— fue todo lo que pudo reprocharle, casi dando un brinco hacia atrás por la impresión, arqueando las cejas con indignación y enojo.

Realmente odiaba las sorpresas.

Luna sólo siguió contemplándolo con ojos bien abiertos, sin cambiar su extraña expresión, como si estuviera analizando un complicado rompecabezas que intentaba armar.

—Te llamé, pero no me respondiste— contestó con simpleza, abriendo mucho más los ojos— Estabas hablando solo— señaló— ¿Sabes? Muchos te dirán que estás loco por eso, pero no debes preocuparte. Yo también suelo hablar sola, así que estás tan cuerdo como yo.

La expresión de Severus no pudo ser más horrorizada de lo que era, pero poco le importaban Luna Lovegood y sus excentricidades. Asintiendo como quien le da la razón a los locos, volteó de sopetón, dándole la espalda a la chica de Ravenclaw para comenzar a alejarse de ella; pero las palabras que a continuación salieron de los labios de Luna lo obligaron a detenerse:

— ¿Qué es esa cicatriz en tu brazo?

Su corazón de detuvo, al igual que él, y, con terror, lentamente se giró para enfrentarla, usando la mejor máscara de indiferencia que fue capaz de evocar.

—No sé de qué estás hablando— optó por hacerse el distraído, caminando lejos de allí tan rápido como le fue posible, dejando a una curiosa Luna Lovegood detrás.

Ni siquiera se detuvo a pensar en ella, ni en el hecho de que era una incondicional de Potter. No era conveniente hacerlo.

Sólo un problema a la vez…


Luna frunció sus rubias cejas y apretó los labios, disconforme.

Finalmente, se encogió de hombros y continuó buscando sus orejeras de barbas de duende. Tal vez podría preguntarle a Tom cómo se había hecho esa horrible quemadura más tarde, pues, según intuyó, el chico debía estar más que apurado por atenderse esa herida tan fea.

Cerró los ojos y suspiró.

Odiaba que se le enfriaran las orejas…


Continuará...


Que tal, lectores?

Sí que pasó tiempo desde la última vez... 10 meses... Sólo espero que éste fic no haya perdido audiencia :/

Me alegra poder subir un nuevo capítulo antes de terminar el año, y lo hago recién hasta ahora porque en el medio han surgido muchos problemas que no viene al caso recordar, pero que, por una razón u otra, siempre me impedían terminar éste capítulo.

Espero que haya sido de su agrado, e intentaré agilizar mis manos para poder actualizar todos mis fics lo antes posible.

¿Dudas? ¿Indicaciones? ¿Ayuda? Todo será bien recibido.

Espero sus reviews para que me motiven a escribir el siguiente capítulo!

Beso!

Atte,

H.S.