A instancias de una respuesta cálida,
una fantasía concebida en la perfección;
sueño devenido en una realidad mágica,
hoy tienes una cita con tu emoción.

El ferviente atardecer se ocultaba con el lapso de los segundos. Sus colores, naranja, amarillo, rojo, tan hermosos como toda la naturaleza. Se preguntaba que hacía ahí, viendo ese atardecer el cual le parecería lindo a cualquier persona, menos a él. Mas aquel amarillo le recordaba a aquella cabellera rubia, a esa "mocosa" hermosa. Incluso en sus pensamientos le parecía hermosa. ¿que pasaba? ¿Porque no dejaba de pensar en ella? Lo peor, era que llevaba un año sin verla, un año en el cual había dejado de pensar en ella, acostumbrándose a su falta de presencia, sus gritos, sus quejas y sus metidas de problemas. No había pensado en ella porque sabía estaba en su hogar con su familia, con su madre, quien seguro le exigía volviera a sus estudios, con su hermana quien con amabilidad, que siempre poseía, le pedía se comportara acorde a su edad y a su estatus social.

Y solo pensarlo le hacía sonreír, ella no era así, como su hermana, no pensaba como su madre, se parecía mas a su padre, eso le dijo ella. No le gustaba que le mandaran, no se dejaba llevar por las normas o reglas, con tal las reglas se hicieron para romperlas ¿ o no?

¿Porque se sentía así? Con un dolor en el pecho presionándolo, tanto, sintiendo como si el aire llegaría a faltarle. No había pensado tanto en ella, como ahora. Sería inútil negar que la extrañaba, que en algunos sueños ella estaba. Además aun recordaba ese beso fugaz dado con tanta fuerza y no lo olvidaba.

En su mano derecha, sostenía una tarjeta dorada con letras negras, sus respiración se volvió pesada. Cerro los ojos con fuerza, su molestia o enojo era tanto que no quería a nadie a su alrededor para verlo asi. Destruyo la tarjeta con fuerzas, rompiéndola en pedazos. Pisoteándolos para hacerlos polvo pues no creía en nada de lo que decía esa maldita tarjeta. De su bolsillo trasero saco una pequeña hoja, volviéndola a leer, las pocas palabras escritas le hacían rabiar, enojar y frustrarse a tal punto de querer gritar. Él no podía quedarse de brazos cruzados. Pero no podía creer que estando lejos aun se metiera en problemas, aunque bien sabía ella no los busco esta vez, todo parecía ser al revés.

-Siempre buscando problemas, pechos planos- sonrió con amargura, iba a ir e impediría aquel acto que le causaba nauseas.

-Kiriranshero- se paro a su lado conservando la calma- debemos llegar pronto, mañana en la tarde.

Casi mas de medio día, para llegar a ella pensó. -Vamos a ayudarla Hartia.

Majic observaba con desanimo la pronto fogata, estaba triste, estuvo viviendo varias aventuras con su maestro pero esta, esta era la mayor, preocupante y riesgoso de todas, sin añadirle demente. Su maestro llevaba una semana enojado, mas gruñón de lo normal y lo compadecía pues sabía por lo que pasaba. Y el también quería pronto llegar a el pueblo.

-Podría ser cierto eso?- murmuro a la nada.

-No estés triste Majic- el joven se sobresalto sonrojado, creía estar solo y no que ella lo escuchara- nuestros maestros lo arreglaran y nosotros ayudaremos.

-E-Eris- su corazón latía desbocado, la presencia de la joven, ya que con sus 19 años, ambos, ella era aun mas hermosa de cuando tenía 15 y le gustaba mucho, y el echo de hacerles compañía lo hacía ponerse mucho mas nervioso- Gracias.

Eris también se sonrojo. Debía decir que su timidez aumentaba cerca de Majic.
Sin percatarse de nada, ambos empezaron a acercar sus rostros. Rojos como tomates sabían lo que hacían y no querían echarse para atrás, desde que se reencontraron querían eso y siempre habían sido interrumpidos. Ahora... nadie podía echarlos para atrás. Ambas narices se rozaron, cerraron sus ojos al sentirse demasiado cerca, hasta conectar sus labios en un beso tierno, tímido y suave. Una corriente eléctrica recorría a ambos, se sentía tan bien. El beso duro solo 5 segundos, separándose, viéndose a los ojos se decían todo.

-Y decías que eran tímidos- Orphen los saco de su burbuja.

-Debo admitir que tenías razón Kiriranshero- Hartia se mordía los labios para no reírse de ellos, sus rostros eran un poema chistoso. Ambos avergonzados, rojos y con ojos desorbitados. sonreía divertido al igual que Orphen.- Vaya Eris nunca lo imagine.

Eris sonrió dulcemente- Lo aprendí de usted maestro- tomo con la guardia baja al pelirrojo- cuando conoció a la señorita Mariabella.

Hartia no supo como defenderse bien sabía, el día que la conoció había sido por la rubia de los Everlasting quien por un pequeño empujón de broma lo había echo caer sobre su hermana y así por accidente hacer sus labios rozar, el podría se un gran hechicero y todo lo que le pusieran en frente le seria fácil pero un beso accidental, algo que no planeaba hacer ni venir lo había dejado avergonzado y nervioso. Bueno al menos Mariabella no lo tomo como un pervertido sabía había sido culpa de su hermana y ella había recibido el regaño.

-Fu-Fue un accidente-

Eris y Majic se rieron de él, su rostro era del mismo color que su pelo, rojo rojo, algo nunca visto en él.

-Así fue como la conociste- aclaro Orphen. Hartia volteo a ver a su mejor amigo y hermano.

-Si, ese día Cleo me contó que llevaba 3 meses separada de ustedes, todo normal.

-Pero ahora no-

-Aja...

1 semana antes...

Orphen y Majic, estaban a la intemperie, Majic terminaba de preparar la comida de la tarde. A pesar de todo casi nada había cambiado, ellos seguían en su aventura y siempre tratando de conseguir dinero con algún trabajo. Pero una que otras vez pensado en su amiga rubia. Como estaría, a quien estaría fastidiando, quizás dejando a las tiendas vacías, ayudando a su madre, pasando tiempo con su hermana. Porque a pesar de todo sabían que ella se preocupaba por todo aquel que conociera.

Majic sirvió la comida, cuando le alcanzo su plato a su maestro este ya no estaba. No se había dado cuenta de su desaparición, Pero ¿donde estaba? ¿que le pasaba? acaso de nuevo le volvía la melancolía, extrañando a cierta persona. Ni siquiera pudo sonreír ante tal cosa, el ruido entre unos arbustos llamo su atención... podría ser su maestro pero el no era de esa clase de personas para hacer bromas o solamente por diversión. Había alguien mas ahí, podía sentirlo. Dejo los platos en una roca, no quería tirarlos o sino su maestro se enojaría y lo golpearía, sus golpes eran muy mortales, se sorprendía de seguir vivo de tanto o de seguir pensando todavía.

Solo miraba al chico, ¿donde estaba el otro? no quería agarrarlos por separados, era mejor caerles juntos, pero el ruido de su compañero era mucho y no dejaba de moverse, quizás por emoción o por que casi de desmaya de ver a ese chico. Tarde se dio cuenta que había sido agarrado con la guardia baja, lo que parecía ser una rama con punta afilada lo tenía en el cuello y otro en la espalda de su acompañante.

-¿Que haces aquí?- Majic escucho la voz de su maestro. Acercándose a los arbustos, encontrándose con dos personas y muy conocidas.

-Vaya manera de recibirnos Kiriranshero- gruño, cuando entendería que ya no se llamaba así, era tan terco o mas bien lo hacía para fastidiarlo.

-¿Porque nos espiabas Hartia?- los dejo de apuntar.

-Solamente andaba de paso y quise venir a visitarlos, ¿algún problema con ello?- Hartia salió de su escondite. Junto con su acompañante. Una joven sonrojada, demasiado sonrojada.

-¡Eris!- Majic estaba feliz de volver a verla. En cambio la joven no podía articular palabra. Estaba anonada, tenía frente a ella a Majic, el chico que tanto le gustaba y amaba, pero eso no la tenía así, el motivo de su perplejidad era nada mas ni nada menos que Majic sin camisa, con el pecho desnudo.

Y es que esos días eran de tremendo calor que el chico ya no soportaba ni siquiera su ropa, por tal motivo opto por quitarse la camisa. Los pantalones no, pues sería incomodo ante la presencia de su maestro, además el había echo lo mismo, quitarse la camisa.
Orphen frunció el ceño, sino fuera porque Cleo le había contado sus sospechas, la primera vez que se conocieron, podía jurar que era la primera vez que los veía tan rojos. No... ya muchas veces los había sito así, cuando estaban juntos o frente a frente. Hartia sonreía con divertido, su aprendiz siempre se quedaba como boba frente al aprendiz de su amigo.

-Ho-Hola Majic- ambos con el rostro rojo no dejaban de mirarse...

-Kiriranshero, mientras esperamos a que esos dos salgan de su estupor, invítame a comer ¿no?- Orphen arqueo una ceja, solo eso le faltaba, darles de comer a esos dos. Pero ni modo.

-Claro, estas en tu casa- dijo con sarcasmo el cual el pelirrojo ignoro por el olor de la comida.

Ambos se sentaron, Hartia tomando el plato que sería de Majic. Orphen miraba de reojo a su amigo, ¿que hacía ahí? ¿que estaba pasando? ¿que se traía en manos? esas y muchas otras preguntas rondaban en su cabeza, no era normal ver al nombrado, por su amiga rubia, "el hombre Gamba" ahí por esa parte del bosque y mucho menos encontrarse con la excusa de pasar a saludarlos.

Majic y Eris al fin salieron de su burbuja, el muchacho se puso rápido su camisa al darse cuenta como estaba, lo cual Eris agradeció y molesto, una parte estaba feliz de no verlo de tal manera, pero su otra parte molesta por no poder tener de nuevo una vista a su pecho desnudo el cual se veía un poco trabajado.

-Oigan nos dejaran sin comida- expreso Eris al ver a los dos maestros hechiceros comiendo con demasiada hambre.

Majic se apresuro a servir, era un milagro que tuviera otros platos, ambos jóvenes se sentaron no sin dejarse de dar miradas a cada instante y ser cachado por el otro haciendo sonrojarse.

Orphen dedujo que ya era tiempo de saber la visita de Hartia.-¿Que haces por aquí Hartia?

El pelirrojo casi se atraganta con su comida, recordar el motivo de su visita a su amigo, la cual no había planeado hasta tres días atrás, era duro y difícil, no para él, sino para la reacción que tendría este. Eris miro a su maestro, ella también ya estaba informada y tenía muchas ganas de decirlo ella pero debía aguantarse y cuando viera una oportunidad daría su opinión. Además ella había sido una de las testigos.

-Kiriranshero- empezó el pelirrojo- sabes, hace siete meses, me encontré con la pequeña Cleo, me contó que ya no viajaba con ustedes, me sorprendió al principio pero al escuchar sus razones no podía decir nada. También conocí a su hermana.- una sonrisa ocultaba Hartia.

-¿Mariabella?- pregunto Majic.

-Si, debo decir que son muy distintas, ella es tranquila, amable y paciente, a diferencia de Cleo quien es gritona, mandona e impaciente- Orphen recordaba bien eso

-Eso no dices nada, ya lo sabía-

-Igual que tu eres de impaciente- Hartia presentía que Orphen tenía algún sentimiento hacía la rubia chiquilla- fue la última vez que las vi juntas, hata hace una semana que no fue así.

-¿Que quieres decir?- Orphen ya se imaginaba todo, la muy tonta seguro se había metido en problemas y seguro necesitaba su ayuda, típico de la niña mimada- ¿En que problemas se metió ahora?

Majic sonrió seguro irían a salvar a Cleo y la verían de nuevo.

-No se si es un problema y si ella lo busco, pero por las palabras de Mariabella, Cleo podría estar en un camino equivocado.

-Esa niña siempre esta en el camino equivocado- espeto Orphen mas tenía el presentimiento que se equivocaba en ello.

-No es eso, es esto- Hartia había sacado un sobre blanco tendiéndoselo- esto quizás te ayudara a entender.

-¿Que es esto?- Orphen tomo el sobre, sintiendo como su corazón se empezaba a descarriar sin si quiera haber abierto el sobre. Cuando lo hizo de el saco una tarjeta dorada con letras negras. Sus ojos se abrieron de par en par con cada frase leía hasta llegar al final. No lo podía creer, ¿era cierto eso? ¿porque se ponía así?

-Maestro ¿que es?- Majic al no recibir respuesta se acerco a él, tomando la tarjeta la cual fue arrebatada con facilidad.

El amor jamás es acoso, es alegría, libertad, fuerza.
Y es el amor el que mata la angustia.
Allí donde falta el amor, nace el miedo y el aburrimiento.
El amor es arrebato, el amor es entusiasmo, el amor es riesgo.
No aman y no son amados, aquellos que quieren ocultar ó esconder sus sentimientos.
El amor es generosidad, el amor es entrega, el amor es intercambio.
Quien da mucho, recibe mucho a fin de cuentas
Porque nosotros poseemos aquello que damos.
Amar no es dañar al otro, dominarlo, sino acompañarlo en su camino y ayudarlo.
Saber aceptar al otro tal como es
Alegrarse de la felicidad que logre.
Amarlo en su totalidad, porque él es lealtad y belleza, defectos y cualidades.
He aquí las condiciones del amor.
Porque el amor existe en virtud de la indulgencia, del perdón y del respeto al otro.

Liam Hinds
Y
Cleo Everlasting

Tienen el honor de invitarlos al enlace de su boda, a celebrarse el día 25 de Octubre.
Y a la recepción posterior que tendrá lugar en la mansión Everlasting.

Las familia Hinds y Everlasting, estarán encantados y agradecidos por su estima presencia, en el enlace de sus hijos.

Majic leía y releía, la tarjeta, ¿era enserio? Cleo se iba a casar. ¿porque? ¿entonces el amor que ella decía tener por su maestro se había esfumado? Volteo a verlo, se veía sereno, siguiendo con su comida, sin decir nada, no se veía molesto, enojado o triste, escondía bien sus emociones y era difícil saber lo que pensaba él.

-Sera dentro de 10 días...-

-Lastima, estamos muy lejos- fueron las palabras de él. Frías e insensibles. No es que le deseara lo peor a ella, todo lo contrario pero no quería verla vestida de blanco con otro hombre... ¿porque se sentía así? ¿estaba dolido? ¿estaba mal? ¿era un idiota al pensar que ella lo esperaría para siempre? quizás si lo era porque nunca le pidió hacerlo y si lo hubiera echo nada de eso estuviera pasando.

-Sabía que dirías eso- Hartia saco un pedazo de papel doblado en cuatro- Kiriranshero necesitas saber que Mariabella esta preocupada por su hermana, no cree que ella este consciente de lo que hace.

-Ya esta grandecita, puede tomar sus propias decisiones- dijo con tono mordaz.

-No es eso, escúchame- Hartia hacía lo posible para que lo escuchara- cuando la vi con su hermana, Cleo ni siquiera pensaba en casarse, ni tenía pretendiente. Es mas, parecía suspirar al cielo a cada instante con la esperanza de ver a un hechicero de pacotilla-

Sabía que se estaba refiriendo a él, mas aun así no dijo ni hizo nada.

-Hace una semana atrás, me tope de nuevo con Mariabella, solo a ella, al preguntarle por su hermana, ella paso de feliz a triste y preocupada- Orphen presto atención- cuando me contó lo de Cleo, no lo podía creer. Incluso ella tampoco parecía creerlo. Dijo que de un día para otro, Cleo llego a su casa anunciando que se iba a casar, entonces se empezó a comportar rara. Parecía estar en un trance en el cual solo existía su prometido y su gran boda. Ese día Mariabella, me pidió que te entregara la invitación pues eres amigo de su hermana pero no solo eso, también esto.

Orphen desdoblo la hoja, encontrándose con una letra cursiva excelente.

Querido Orphen:

He pedido a tu amigo Hartia entregarte la invitación a la boda de mi hermana, no se lo que piensas de ello, sin embargo mis pensamientos sobre ellos tienen que interesarte, mi hermana ya no es la misma, hace 2 meses ella cambio, paso de una joven enérgica, feliz y suspirando por su amor, a una sombría pero "enamorada" y eso no es normal, no cuando de un día para otro decide casarse con un hombre al cual apenas acababa de conocer.

Orphen presiento que mi hermana esta siendo controlada por algo mágico, tengo fundamentos, mi madre también actúa así. Yo se que en el fondo mi hermana no se quiere casar pero algo le impide ser ella misma. Por favor Orphen impide esta boda, no dejes que ese hombre se la lleve.
Yo tengo mis sospechas sobre él, además pareciera buscar algo en la casa, no se aun que es. Te lo imploro, ayuda a mi hermanita. Se que esta en peligro y en en uno muy grave.

Ven antes de la boda, así comprobaras tu mismo, su cambio y su rara actitud.

Everlasting Mariabella

Orphen se preocupo, no dudaba de la palabra de Mariabella, si ella decía que Cleo estaba rara debía ser así. Además decir de un día para otro que se casaría no era normal, a menos claro que fuera amor a primera vista y uno muy poderoso, otra opción sería un hechizo ¿pero quien quería a Cleo? ¿Y que buscaban en esa casa? Debían irse ya, para llegar antes de la dichosa boda, la impediría contra quien fuera.

-Majic recoge todo, debemos partir cuanto antes a Totokanta-

-Si maestro- Majic empezó a recoger junto con la ayuda de Eris.

-¿La viste?- le pregunto al pelirrojo.

-No, pero Eris si-

Eris volteo a verlos intimidándose algo ante la intensa mirada del hechicero negro.

-Y-Yo la vi, ese mismo día, entre a una tienda a comprar algo, cuando la encontré, parecía feliz, pero en sus ojos hacía falta la chispa que siempre tiene. Además estaba mas pálida de lo normal pero no estaba débil. Me acerque a saludarla, pero todo fue extraño.-

-¿Extraño?

-Si Majic, extraño, cuando le llame ella me miro raro inspeccionándome toda entonces me pregunto ¿quien era yo?, le hable, pero ella no me conocía además dijo que yo era un hechicero y ella odiaba a los hechiceros, era repugnantes y odiosos.- Eris aun recordaba el rostro lleno de odio de la rubia- pero lo que mas me llamo la atención fue un una figura en la muñeca de su mano izquierda

-¿Que figura?- pregunto Orphen

-Era una estrella de nueve puntas dentro de un circulo doble. Y en cada punta parecía haber algo mas pero no lo vi bien.

Orphen conocía bien ese símbolo- Magia roja, tiene un hechizo de manipulación-

-Ahora comprendes todo, debemos ayudarla.

En la actualidad...

No podía dormir, el sabía que las únicas personas que usaban muy bien la magia roja eran los hombres del Consejo de la Torre de Colmillo, ¿pero quien? ¿quien estaría interesado en Cleo y su familia? Pronto averiguaría lo que estaba pasando. Sus parpados se volvieron pesados entrando al mundo de los sueños.

El lugar era demasiado blanco, y poco a poco se volvió verde, con un cielo azul y pocas nueves blancas. El sol brillando sin llegar a dañar ¿donde estaba? Pronto se vio rodeado de rosas de varios colores, de los cuales no sabía que existían pero el cual le llamo mas la atención fue la rosa azul recordando los ojos azules de su antigua compañera de aventuras.

Incluso antes de llegar a rozar la rosa sintió una presencia detrás de él. Al voltearse se topo con un hombre alto y musculoso, de cabello rojo fuego, ojos violetas, piel blanca. Vestía ropa verde y encima una armadura de época de bronce, parecía ser el jefe de un ejercito. Tenía unas botas de color café que le llegaban un poco abajo de las rodillas. A pesar de su altura y su semblante, el hombre irradiaba paz, armonía. Equilibraba su ser, sus pensamientos y sus emociones. En su cintura se posaba una espada fundida en oro y plata con empuñadura de cristal irrompible. Parecía destilar luz.

-¿Quien eres?- pregunto Orphen al hombre.

-Me llamo Miguel- eso no le decía nada.-te he estado vigilando Kiriranshero Finrandi.

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Continuara...