Las clases de la mañana terminaron rápido.

Airi dejó caer la cabeza sobre sus brazos en el pupitre en cuanto el profesor salió de clase, alegrándose de haber acabado por un rato, aunque aun le quedaran las clases de la tarde. Al menos ya no serían tantas clases seguidas. Ojalá tuvieran un horario como en el Black Rose, que sólo tenían clases por las tardes. Las mañanas las dedicaban siempre al entrenamiento de fútbol, hacían alguna actividad extra, comían y pasaban un rato libre, iban a clases y luego seguían entrenando, aunque no todos los días. Era de esperarse de unos genios del fútbol, no hacían otra cosa que jugar y jugar hasta caer rendidos.

Se levantó un poco en el asiento dándose cuenta de que algunos compañeros de clase la estaban mirando. Enrojeció un poco, pero en realidad no le daba demasiada importancia. Siempre la miraban, no sabía por qué, pero aun así intentaba pasar de ellos. Así llamaba menos la atención. Cogió su agenda del bolso para apuntar los deberes que les habían puesto, y de paso anotar el día del examen para no olvidarse. Era de ciencias... tendría que pedirle ayuda a Shun otra vez para estudiar. Hablaría con él al día siguiente. Tenía que mirar las clases particulares, idea de su padre. En cuanto terminara de apuntar las cosas ya cogería la fiambrera para comer. Solía comer con Lisette en la azotea, pero no estaba. Así que tendría que comer sola en clase. Empezó a morderse las uñas, mientras pasaba las páginas de la agenda.

- Hoy tengo las clases de interpretación, pasado mañana ya tocará reunión del club... -Susurró para sí misma repasando los horarios.

- ¿Estás hablando sola?

La chica se sobresaltó por la voz, y al alzarse casi se cayó de la silla. Escuchó las risas de sus compañeros cerca, debían seguir mirándola... Genial, de nuevo daba pie a que la llamaran patosa. En cualquier caso, volvió a sorprenderse al ver a Miyabino de pie frente a ella, observándola con algo que parecía diversión.

- Miyabino...

- Hola, Airi -Dijo simplemente el chico de pelo añil.

La chica de ojos turquesa se quedó sin respiración de repente, notando que ya comenzaba a formarse un nudo en su garganta.

Era la primera vez que se acercaba a ella en clase... Más aun, era la primera vez que se acercaba voluntariamente a ella. No supo qué hacer en ese momento, levantarse, o quedarse sentada, o preguntarle qué le había parecido la clase, o algo...

No consiguió hacer absolutamente nada. Pero tenía que decir algo.

- No es que estuviera hablando sola, es que... estaba repasando mi horario, y sin darme cuenta lo hago en voz alta...

- Entonces estabas hablando sola -Dijo inclinando un poco la cabeza, y haciendo el amago de una pequeña risa.

Airi sintió escalofríos. Era la primera vez que lo escuchaba reír... Era bastante extraño. Pero era sólo una simple risa, sería más inusual verlo sonreír. La verdad es que le encantaría ver una sonrisa suya, debía ser algo increíble. Los chicos más serios solían tener las sonrisas más bonitas, según le habían dicho alguna vez.

El chico se dio cuenta de que podría haberla ofendido, y frunció un poco los labios mirando hacia otro lado, como si estuviera pensando en alguna manera de romper el hielo.

- ¿Hoy Lisette no ha venido? -Preguntó sin pensarlo mucho. Ciertamente Lisette era un buen tema de conversación, ambos eran amigos suyos.

- No, tenía que ir al médico... Vendrá a las clases de la tarde. Seguramente me llame dentro de poco, ¿quieres que le diga algo...?

- No hace falta. Intentaba iniciar una conversación.

Airi sonrió un poco, sintiéndose nerviosa. Estaba siendo todo muy raro... Miyabino se acercaba a ella de pronto, intentaba tener una conversación con ella y al callarse se quedaba ahí quieto, frente a ella sin hacer nada. Lo único que hacía era observarla... Y ella no sabía que hacer. Tendría que comer, pero no iba a hacerlo mientras él estuviera delante de ella.

Ciertamente, ¿dónde comía Miyabino normalmente? ¿Comería con alguien? Airi nunca pasaba ese rato en clase, nunca se había fijado. A la azotea desde luego no había subido ni una sola vez. Tal vez comía con los chicos del equipo de fútbol. O no... ¿Pasaría el rato solo como ella...?

Tal vez... si reunía fuerzas podría pedirle que comiera con ella.

¡No! ¿¡Cómo iba a pedirle eso!?

¿Qué demonios te pasa, Airi? ¿Crees que por unos minutos sentados juntos ayer en el campo de fútbol va a querer comer contigo? ¡Tonta, tonta, tonta! ¡Deja de una vez el maldito shojo!

Levantó la cabeza lentamente para mirarlo a los ojos, o al menos intentarlo para así saber si quería algo de ella o estaba ahí sólo para intimidarla. Se asombró un poco. Miyabino parecía intentar decir algo, pero era como si estuviera... ¿nervioso? ¿Era posible que el gran portero de Teikoku sintiera nervios? No podía ser, no tenía motivos para sentirse así. Debía estar interpretándolo mal.

Notó que el chico suspiraba cerrando los ojos, y finalmente se obligaba a mirarla a la cara. Milagrosamente la chica de pelo púrpura no bajó la cabeza de golpe y puso sostenerle la mirada.

- ¿Te importa si me siento a comer contigo? -Dijo Miyabino al fin.

Airi se quedó boquiabierta.

Para empezar, no creía haber entendido bien la pregunta. Y si lo había entendido... ¿por qué rayos Miyabino siempre le preguntaba cosas que ella había estado pensando momentos atrás? ¿Acaso podía leerle la mente? Si era así, realmente tendría problemas...

¡Airi, idiota! ¡Di algo, di algo ya!

- ¿Quieres comer conmigo...? -Consiguió decir con la voz entrecortada, sabiendo perfectamente que se le estaban subiendo los colores.

- Te lo estoy preguntando, así que... supongo que sí.

¿Seguro que ese chico era Miyabino? ¿No tendría un gemelo perdido por ahí más amable y amistoso que él...?

En cualquier caso... ¡quería comer con ella! ¡Comer juntos, los dos solos! Bueno, técnicamente solos, había más gente en la clase... ¡Pero quería comer con ella!

Notaba que el chico comenzaba a mirarla incómodo. Debía decir algo antes de que terminara de extrañarse y se fuera corriendo para alejarse de ella por siempre.

- Claro, puedes... comer conmigo -Dijo en voz baja, dándose cuenta de lo extraña y surrealista que debía ser la escena.

Por poco no se dio cuenta de que Miyabino soltó un suspiro de alivio. Pero en realidad no supo de qué se trataba. No llegaba a comprender los pensamientos de ese chico, realmente eran desconocidos el uno para el otro.

- Vale -Dijo el chico con calma-. Voy a coger la comida, y una silla.

Airi asintió, sonriendo algo sonrojada. Cielos... aquello era demasiado increíble. Iba a comer con él... Esperaba no meter la pata, la única persona con la que estaba siempre era Lisette.

Cogió su fiambrera del bolso hecha un manojo de nervios, y la puso con cuidado sobre su pupitre. Se dio cuenta de que Miyabino volvía con la silla de su mesa, llevando su propia fiambrera en la otra mano. Mirándola como si aun le estuviera pidiendo permiso, colocó la silla frente a ella y se sentó arrimándose.

- He vuelto -Comentó.

- Ya lo veo -Respondió riendo nerviosa.

Ambos notaron cierto silencio de repente, y al mirar hacia los lados de la clase vieron que todos los presentes los miraban de reojo extrañados, y en un momento comenzaban a hablar en voz baja y susurros. Airi puso los ojos en blanco, ya sabía perfectamente lo que estaba pasando, aunque se veía que Miyabino no parecía comprenderlo. Qué inocente, no solía prestar atención a los demás y no hablaba con nadie en clase, así que no debía saber que sus compañeros solían jugar a la máquina de rumores. Perfecto, serían la comidilla del instituto durante una semana entera.

La de cosas que tendría que explicarle a Lisette por la tarde...

La chica se dio cuenta de que Miyabino endurecía la mirada, y de pronto todos volvían a lo suyo. Vaya... no era tan inocente como parecía. Aun con los labios fruncidos volvió a prestar atención a su fiambrera, abriendo el pañuelo oscuro que la envolvía.

- A veces me pregunto si esta gente tiene vida propia -Comentó con un tono seco.

Airi asintió sonriendo débilmente. Al menos coincidían en algo, le alegraba saberlo. Sentía ganas de reírse por el ataque de pánico que podía provocar Miyabino con una simple mirada, y al mismo tiempo supo que haría lo que fuera para no enfadarle nunca. Era escalofriante. Pero ya no les miraban tanto, aunque seguía habiendo chismosos cerca. Lo mejor era evitar prestar atención a todos los que los estaban mirando.

Cada uno abrió su caja hermética, y comenzaron a comer en silencio. Airi llevaba arroz con gambas rebozadas y tortilla, su madre sabía que era su favorito. Pudo fijarse que Miyabino llevaba pollo con salsa sobre el arroz blanco. Tenía buena pinta.

Pasaron unos minutos, y el chico comenzó a darse cuenta de que a no ser que dijera algo Airi no hablaría más. Le ponía un poco nervioso estar tan callados mientras comían juntos rodeados de esos malditos cotillas.

- No tienes que estar en silencio -Comentó sin mirarla-. Puedes hablarme.

Airi levantó un poco la mirada mientras jugueteaba nerviosa moviendo los palillos en el arroz, y al darse cuenta de que debía decir algo comenzó a enrojecer, como si estuviera meditando sobre lo que debía decir para no meter la pata. El chico comenzaba a entender poco a poco la enrevesada actitud de la chica de ojos turquesa. Pero aun así no la comprendía. Era bastante rara, las cosas como son. Pero poco a poco empezó a pensar si era que algo estaba yendo mal.

- ¿Te resulta molesto comer conmigo? -Preguntó, pensando en lo que le podía pasar a la chica-. A veces digo cosas de un modo brusco sin darme cuenta, espero no haberte ofendido de alguna manera.

- No, no es eso... No tienes que preocuparte por haber dicho nada.

La chica se tomó su tiempo, poniéndose más nerviosa al sentir la mirada de Miyabino puesta fijamente en ella esperando con paciencia. Finalmente tomó aire, y suspiró cerrando los ojos para luego no alzar la mirada.

- Es que... no me resulta fácil conversar con personas con las que apenas tengo trato. Y realmente... es bastante extraño que estés hablando conmigo.

- ¿Por qué es extraño? -Preguntó con curiosidad.

- Bueno, hemos estado en la misma clase desde la guardería, y técnicamente nunca habíamos hablado hasta ayer -Susurró con nerviosismo, esperando no estar diciendo algo ofensivo para él.

- Vaya... -Susurró pensativo, como si no se hubiera dado cuenta hasta ese momento-. Seguro que ya empezabas a pensar que te tenía manía o algo.

Airi se sorprendió, y bajó la cabeza de lo más avergonzada. No podía reconocerlo, era un pensamiento horrible. Miyabino seguía mirándola fijamente, y extrañado inclinó un poco la cabeza a un lado. Soltó un suspiró que casi sonó como si estuviera sonriendo.

- A mí tampoco me es fácil hablar tanto. Y menos con alguien que no sea del equipo de fútbol. Tú yo nos parecemos un poco -Dijo en tono suave, como para intentar calmarla.

Airi intentó sonreír por los comentarios del chico, pero en ese momento se sentía demasiado mal. Qué estúpida era. Durante todo el tiempo que llevaban en la secundaria había pensado que Miyabino la odiaba, y había resultado no ser así. Y aun por encima se había atrevido a aceptar que el chico comiera con ella. No era justo, había pensado mal de él. Y estaba siendo bueno con ella por iniciativa propia. Era horrible...

El chico de pelo añil notaba que algo iba mal. Parecía que la chica comenzaba a sentirse triste. ¿Por qué? ¿Había hecho algo mal?

No recordaba haber dicho algo malo... Qué chica más compleja. Tenía que decir algo para que dejara de pensar en que lo que fuera que estuviera pasando por su cabeza. A ver qué se le ocurría...

- Me he fijado en que antes llevabas el pelo mucho más largo -Dijo de repente.

Airi se sorprendió al momento, y levantó la mirada poco a poco hasta ver los ojos tranquilos del chico. Había dicho algo de su pelo... Alzó un poco la mano, y se agarró un poco un mechón casi por las puntas.

- Ah, sí... Me lo corté hace poco -Susurró.

Miyabino suspiró aliviado. Había dado resultado. No creía que fuera a funcionar tan fácilmente... ¿De verdad era tan ingenua Si era así de despistada siempre, podría conseguir que le dijera todo cuanto quisiera con una facilidad asombrosa. Decidió seguir un poco más con ese tema para que terminara de olvidarse de lo que la hacía sentirse mal.

- ¿Por qué? Te quedaba bien.

- Empezaba a molestarme, me daba mucho calor y se me enredaba... Pero la verdad es que empiezo a extrañar tenerlo largo.

Se daba cuenta de lo extraño que era estar hablando de la longitud de su pelo mientras comía con Miyabino. ¿Por qué rayos se estaba interesando por su pelo?

Una lucecita se encendió en su mente. Maniobra de distracción. Cómo se notaba que jugaba al fútbol en Teikoku, era ingenioso. Demasiado ingenioso... y se conocía bien a sí misma, era asombrosamente fácil que la llevaran por donde quisieran cuando la distraían.

Pues no iba a permitirlo. Ya era demasiado raro sin que dijeran nada, ponerse a hablar de su pelo ya era el colmo de los disparates. Debía sacar otro tema de conversación...

Sin duda tenía que zanjar lo ocurrido el día anterior.

- Ayer... ayer me estabas diciendo algo, justo antes de que llegara Ryuuzaki.

- Ah, ya, Ryuuzaki... -Susurró girando la cabeza con un gesto que bien podría definirse como asco-. No era nada, sólo quería saber si ibas a ver el partido de mañana. Jugamos contra Raimon.

- Lo sé, Lisette me comentó algo... El Holy Road es bastante importante. ¿Estás nervioso?

- La verdad es que no. Estaba deseando que llegara, estoy de lo más tranquilo. Será un partido increíble.

- Claro -Susurró sonriendo débilmente.

Se quedaron callados unos instantes, mientras Miyabino comenzaba a impacientarse al pensar en que había sido ella quien había sacado el tema del partido y no había respondido a la pregunta todavía.

- ¿Vendrás a verlo? -Preguntó finalmente.

- No lo sé... Unos amigos me llamaron, y mi madre está empeñada en invitarles a casa mañana para verlos después de mucho tiempo... Son del Black Rose, ¿los conoces?

- A esa academia va un chico que me cae bastante gordo, es portero como yo -Comentó comenzando a fruncir el ceño.

- Sí, es Kazama Hyoma... ¿Te cae mal? No sabía que hubieras hablado alguna vez con él. No suele tratar mucho con el equipo de Teikoku.

- Me cae mal porque siempre que me cruzo con él me mira de una manera muy extraña. Yo noto que le caigo mal, así que él me cae mal a mí.

Qué lógica tan aplastante... Claro que era cierto que si las miradas matasen Hyoma ya tendría la cadena perpetua. Era un buen chico, pero si alguien le cogía cruzado alguna vez ya tenía un enemigo para toda la vida. Menos mal que normalmente sólo se limitaba a las miradas, y a algún comentario sarcástico.

- Vaya... Bueno, ciertamente me gustaría ver el partido. Pero tampoco sé si mis padres me dejarán venir mañana.

- ¿Por qué no iban a dejarte?

- Es que vivimos a las afueras de la ciudad, y después de recibir visitas mañana no sé si me dejarán. Además no les entusiasma el fútbol.

Miyabino la miró extrañado, y la chica supo lo que podría estar pensando. Sí, todo tenía pinta de ser una excusa tremenda y falsa, pero era verdad. Sus padres eran bastante tradicionales y estrictos. Sobre todo su padre, le ponía demasiadas normas y rara vez le dejaba ir al instituto sola por su cuenta. Al menos la dejaba volver andando o en autobús. Su madre era hija de una mujer japonesa y un hombre americano, así que cedía un poco más, pero también era muy exigente. Les gustaba que Airi tuviera amigos, pero preferían estar seguros de que no hacía cosas raras cuando salía. Como si los chicos del Black Rose fueran normales... Pero bueno, afortunadamente sólo conocían a Shun, Hyoma y Rima, y los tres actuaban perfectamente cuando a su madre le daba el arrebato de invitarles a casa.

Pero sí que quería ir al partido, se moría por ir. Aun a costa de la vergüenza que sentía por estar allí mirándoles fijamente, y luego tener que evitar que Lisette la empujara a hablar con todos... Claro que quería ir al partido, pero no sabía si se atrevería aunque se diera el milagro de que sus padres la dejaran ir.

¿Qué pensaría Miyabino de ella si no fuera a ver el partido? A lo mejor le parecería mal después de haberse molestado en preguntarle. Aunque por otra parte, ¿por qué se lo había preguntado? ¿Querría que fuera a verle?

Sí, se hacía demasiadas preguntas... Pero no podía evitarlo. Aun seguía preguntándose si todo lo que estaba pasando era real. Esperaba despertarse de un momento a otro para descubrir que estaba soñando. Pero es que era demasiado extraño... Años y años juntos en clase y de un día para otro estaban comiendo juntos como si fueran amigos de toda la vida.

Realmente tendría que explicarle muchas cosas a Lisette...

Mientras pensaba en eso, no se daba cuenta de que Miyabino ya estaba recogiendo sus cosas, y sólo lo notó cuando se hubo levantado para devolver la silla a su pupitre.

- Lo siento, tengo que ir a mi taquilla a por los libros de la tarde.

- Ah, claro... Gracias por comer conmigo.

- No tienes que agradecérmelo, no he hecho nada tan importante -Contestó suspirando mientras cerraba los ojos-. Me lo he pasado bien. Espero que puedas venir a ver el partido.

- Yo también lo espero -Susurró sonriendo, por primera vez mirándole directamente a los ojos con esa expresión.

Miyabino la miró por un momento, y para sorpresa de Airi esbozó una media sonrisa que por poco le provocó un infarto. Después salió de la clase ignorando las miradas de todos sus compañeros.

La chica suspiró enrojeciendo, y comenzó a recoger su fiambrera. También ella tenía que ir a su taquilla, debía coger los libros, y además había quedado allí con Lisette.

Intentó no hacer caso de las miraditas y los cuchicheos que se habían formado a su alrededor, y tras guardar la fiambrera cogió su bolso y se encaminó a salir de la clase. Incluso en el pasillo todos se le quedaron mirando mal disimuladamente, así que agachó la cabeza y casi echó a correr para llegar cuanto antes. Ojalá Lisette llegara pronto.

[*]

"Al final no voy a las clases de la tarde, no me esperes. Te llamo por la noche, y así hablamos de nuestro día. Pásalo bien en interpretación. Te quiero. Un beso, Lis"

[*]

Airi sacó la llave del portón de su casa del bolso. Ya casi era de noche, la clase de interpretación se había alargado muchísimo. Menos mal que ya estaba en casa, tenía unas ganas increíbles de acostarse. Pero aun le quedaban cosas que hacer.

Y tenía que esperar la llamada de Lisette. Seguramente no le habría pasado nada, pero bueno, no solía dejar mensajes tan serios. Y normalmente ponía caritas sonrientes y cosas así. Pero seguramente se estaba preocupando por nada. Debería preocuparse más por sí misma, tenía que enfrentarse a sus padres -sobre todo a su padre- para poder ir al partido... No iba a ser fácil, ya creía saber el final sin haber empezado.

Cerró el portón y cruzó despacio el jardín pisando las baldosas de piedra irregulares. Vivía en una casa tradicional muy bonita, ya debía llevar cien años en pie por lo menos. Había pertenecido a otras generaciones anteriores de la familia de su padre, y tal vez fuera suya algún día. Le encantaba esa casa, siempre estaba en paz allí. Aunque claro, era algo incómoda cuando quería ir a alguna parte, y le llevaba bastante tiempo ir y volver del instituto. Abrió la puerta de la entrada, y comenzó a dejar sus cosas.

- Estoy en casa -Dijo mientras se quitaba los zapatos sentada en el peldaño de la entrada para meterlos en el armario.

- Bienvenida -Dijo su madre saliendo de la sala de estar-. ¿Has pasado un buen día?

Cuando la madre de Airi preguntaba cómo le había ido el día se refería a que le contara todo paso por paso. Sería que quería enterarse de todo lo que hacía su hija cuando no la veía. Pero bueno, Airi no tenía una vida escolar tan interesante como para esconderla.

- Sí, ha estado bastante bien. Tendremos un examen pronto, mañana le pediré a Shun que me ayude a estudiar. Al principio fue un día un poco aburrido, Lisette no vino. Pero no he estado sola, Miyabino me habló y quiso comer conmigo. Fue agradable.

- ¿Miyabino Reiichi?

Airi asintió algo avergonzada mientras recogía su bolso y ambas comenzaban a caminar hasta su habitación. La mujer seguía sorprendida, sonriendo extrañada.

- Vaya, si no recuerdo mal ese niño era bastante solitario... Y creía que no erais amigos.

- Y no lo somos -Susurró abriendo la puerta corredera-. Lisette es su amiga. Ni siquiera sé por qué quiso comer conmigo... Por cierto, quería pedirte una cosa...

- ¿El qué?

- ¿Podría ir mañana al instituto a ver al equipo de fútbol en un partido? Es que juegan contra el instituto Raimon, están en el Holy Road, que es un torneo importante, y así podría estar con Lisette...

- ¿No van a venir mañana tus amigos?

- Sí, pero no van a estar aquí todo el día...

- Ya sabes que tienes mucho que estudiar, y estás ocupada con las clases particulares. Ya te hemos dejado ir al club de teatro y a clases de interpretación. Es bueno que quieras estar con tus amigos, pero antes debes preocuparte más por tus estudios. Ya saliste toda la tarde ayer, Airi. Tienes obligaciones.

- Ya, ya lo sé. Pero sólo será un rato, no estaré más de dos horas fuera de casa. Y cuando vuelva estaré estudiando hasta irme a dormir. Por favor...

La mujer puso un gesto serio por un momento, pero finalmente suspiró y le acarició la cabeza a su hija.

- Hablaré con tu padre... -Contestó negando con la cabeza, pero aun así sonriendo-. Pero no te prometo nada. Anda, ve a terminar los deberes que tengas mientras te preparo el baño.

- ¡Gracias, mamá! -Exclamó mientras se acercaba para abrazarla, y luego despedirse momentáneamente para correr la puerta de su cuarto.

Su habitación estaba en el lado más alejado de la casa, sus padres pensaban que como adolescente necesitaba intimidad, y en una casa tradicional eso era algo difícil. Así que estaba muy lejos de la entrada, que era donde se encontraban el salón principal y la habitación de sus padres. Pero le encantaba, se encontraba a gusto. Nada más abrir la puerta que daba al exterior podía ver el jardín trasero, y los árboles de cerezo que aun tardarían en volver a florecer cerca de allí. Desde siempre le había gustado muchísimo salir al pasillo exterior para tumbarse sobre la madera fría a contemplar el cielo.

Dejó el bolso sobre el escritorio, colgó la chaqueta del instituto y tras coger el móvil abrió un poco la puerta del exterior para que entrara aire fresco.

Se dejó caer sobre su futón de color blanco y turquesa claro justo cuando empezaba a sonar el móvil. La muy teatrera le había puesto de tono la canción de Edith Piaf, Je ne regrette rien, para cuando la llamaba, así que ya sabía quien era. Descolgó el móvil mientras se ponía boca abajo abrazando el almohadón.

- ¿Qué tal estás, ma chérie? -Ya ni se molestó en saludar, sabía que era tontería andarse con rodeos al hablar con ella.

- No tan bien como tú, my good lady -Contestó Lisette con alegría al otro lado de la línea-. Ya me han contado que hiciste algo interesante en la hora de la comida.

- Ya, ya... Deberíamos empezar a preocuparnos por como circula la información en este instituto -Comentó intentando irse por las ramas mientras ponía los ojos en blanco-. ¿Por qué no viniste por la tarde? Me dejaste preocupada con tu mensaje.

- Ah, nada importante... La familia, ya sabes. Pero no pasa nada, ya avisé tanto al director del instituto como al entrenador Kido.

- Ya, pero a mí no. Te estuve esperando un buen rato en mi taquilla, llegué tarde a clase.

- Bueeeno, cuéntame qué tal lo has pasado comiendo con Miyabino.

- No, no pienso contarte nada hasta que te disculpes por darme plantón.

- Pero si te mandé un mensaje... Y tú ayer ni siquiera me avisaste de que no venías al entrenamiento. No te debo ninguna disculpa.

- Pero serás...

- ¿Empate? -Preguntó la morena poniendo tono dulce y meloso.

- Está bien... Ya estamos en paz -Contestó Airi, sonriendo mientras suspiraba exasperada.

Se pasó un buen rato para contarle todo lo que había pasado en todo el día, sobre todo concentrándose en la hora de la comida. Dada la insistencia de su amiga no consiguió omitir detalle, y Lisette atendía a todo y de vez en cuando hacía sonidos extraños como haciendo ver que estaba emocionada y que era todo muy bonito.

Finalmente le contó lo mucho que le emocionó ver a Miyabino sonreír por primera vez. Bueno, no era una sonrisa completa, pero para ella contaba. Pero ahí estaba Lisette para cortarla, resoplando con fuerza.

- Vais demasiado lentos, ese es mi veredicto.

- ¿Lentos? Lisette, no hace ni dos días que hablamos. Literalmente.

- Eh, que he oído muchos rumores por el instituto. Dicen que os encontráis a escondidas en el hueco de la escalera, y que os vieron besándoos en los vestuarios de los chicos -Comentó en tono interesado.

- Sabes de sobra que eso no es cierto, no vayas de Gossip Girl -Contestó riendo exasperada.

- Mira que eres rancia a veces. Pero bueno, te perdono porque hoy has dado un paso de gigante -Dijo intentando poner tono de enfado, pero sin poder evitar reírse-. En fin, ¿vendrás mañana al partido?

- Pues no lo sé, se lo he preguntado a mamá y dijo que luego hablaría con mi padre.

- Oh... Creo que ya sé cómo acabará esto -Estaba claro que ahora la conversación se iba a tornar seria.

- Sí, no creo que me deje ir. Ya sabes lo que opina mi padre del fútbol... y si metemos cizaña con los estudios y el teatro, no le va a hacer mucha gracia. Voy a quedar fatal.

- ¿Con quien? ¿Con tu padre?

- Con Miyabino... Encima que se molestó en preguntarme si lo iba a ver. Genial, aun no somos amigos y ya hago esto. Qué tonta soy.

- No, qué inoportuna es tu madre... Podría haber invitado a tus amigos del Black Rose otro día.

- Bueno, ya da igual. Lo mejor es que olvide todo el asunto de Miyabino y me concentre en todo lo demás, que ya tengo bastante.

- ¡Pero es que no es justo, Airi, deberías...!

La chica no pudo escuchar el resto de la frase, porque en un momento su madre corrió la puerta para verla.

- Airi, la bañera ya está lista. Ve antes de que se enfríe el agua -Dijo la mujer sonriendo tranquila.

- Vale, voy enseguida -Contestó, mientras volvía al teléfono-. Lo siento, Lis. Hablamos luego, tengo que bañarme, cenar y terminar los deberes.

- Bueno... Está bien. Pero piénsalo, Airi. Deberías intentar venir, habla con tu padre. No puedes quedarte encerrada todo el día sólo pensando en las actividades que te imponen.

- Lo sé... -Susurró pensativa, levantándose del suelo retorciéndose un mechón de pelo-. Te llamo en una hora. Te quiero.

- Arrivederci -Se despidió en italiano, mandándole un beso.

- Au revoir -Respondió Airi en francés sonriendo con cariño, mientras colgaba el teléfono.

Bueno, al menos durante un rato podría estar tranquila con un baño calentito... Esperaba tener suerte al hablar con su padre del partido...

Continuará