HOLA COMO ESTAN? DISCULPEN MI TARDANZA, PERO ES QUE ME RELEÍ ESTE CAPITULO MUCHAS VECES Y NO ME HA GUSTADO NADA COMO HA QUEDADO. NO LO SÉ. QUIZÁS NO ESTÉ DE ANIMO PARA QUE ME GUSTE.

DIGANME USTEDES QUÉ LES HA PARECIDO. YA SABEN QUE ACEPTO CRÍTICAS Y LO QUE SEA QUE QUIERAN SUGERIRME.

GRACIAS POR EL CARIÑO DE SIEMPRE.

BESOS Y HASTA LA PRÓXIMA!


YO, QUILEUTE


CAPITULO 4 ~ MENSAJE

Los árboles absorbían la poca luminosidad que quedaba, el bosque estaba más oscuro que lo normal, aun así no era motivo para aminorar el paso. Mis piernas no eran tan veloces como lo eran mis tíos o mis padres, ni siquiera como era mi Jake. Pero definitivamente no corría como una humana. Intenté ponerle todo mi esmero para llegar pronto a la frontera de La Push pero el camino parecía alargarse en cada paso que daba.

De pronto me frené. No quería hacerlo pero así fue. Algo involuntario. Mi cuerpo se empezó a descomponer del miedo. Sentí invadidas mis rodillas como si dos manos invisibles me sujetaran allí e inmovilizaran mi paso. Me concentré en los arbustos, opacando mi miedo lo más que podía, me concentré en los árboles, en las sombras que ocultaban la respuesta a mis actos.

Otra vez la sensación de miedo me invadía. Mi cuerpo temblaba mientras intentaba hacerme entender que el miedo sólo es parte de nuestras mentes. Que sólo debía controlarlo, controlarme. Y otra vez fui valiente.

Me sentí enojada. ¿Quién estaba jugando conmigo? Definitivamente sería el vampiro que molestaba a los lobos desde hace un tiempo. Gruñí para mi sorpresa.

- ¿Quién eres? – grité a la nada con una voz estrepitosa.

No hubo respuestas más que la libertad de mis movimientos. No lo dudé, no quería arriesgarme y salí corriendo con el corazón latiéndome a mil por horas. Corrí, corrí como un conejo escapándose de algún depredador. No quise mirar hacia atrás pero me sentí observada. Algo me estaba acompañando, algo a mi alrededor me seguía pero sabía que no me quería hacer daño, sólo me seguía detrás. Era un vampiro, lo olfateé en el aire, por ende si quisiera luchar conmigo, ya lo hubiese hecho y me habría alcanzado. Aun así seguí corriendo.

Visualicé a lo lejos la frontera, respiré triunfante y me adentré en los bosques quileutes. Ahora ya nada me seguía, pero no frené mi velocidad. Sentí el olor a salitre entrar en mis pulmones, luego ya estuve pisando la arena blanca con mis pies.

Fue entonces cuando recién aminoré mis pasos. No quería que Jake me viera asustada. Sabía que iría corriendo a perseguir a esa cosa y yo sólo quería acompañarlo mientras cuidaba de su hermano de manada. Respiré profundamente varias veces y seguí mi camino.

No fui a su casa, me arriesgué y me dirigí directamente a la casa de Emily, rogando porque aun siguiera allí. Me acomodé la ropa un poco, ya que estaba hecho un lío con los pelos todos enredados y despeinados a causa de la corrida que me había pegado. Pero antes de tocar la puerta la puerta se había abierto de golpe.

Sus ojos me observaban confusos, llevaba sus pantalones cortos y su pecho desnudo, como ya era costumbre, sólo que era yo la que no se acostumbraba a verlo así. Le sonreí con una mueca tímida e inmediatamente estiró su brazo para tomar mi muñeca y atraerme hacía él. Yací en su pecho por unos segundos en los que había deseado que fuera una eternidad.

- ¿Qué haces aquí? – me preguntó apartándome unos centímetros de él.

- Te he llamado… es que… No venías a verme y me preocupé. Me han dicho que ocurrió algo malo. ¿Estás…?

- Sí, yo estoy bien. – me respondió. – Ven, vamos dentro. Está haciendo un poco de frío.

Pero yo no lo tenía. Ese abrazo había saciado mi congelamiento corporal, con él cerca ya nada me pasaba. Sacudí mi cabeza intentando reaccionar. No estaba allí para babearme con mi mejor amigo. Estaba allí para saber qué había ocurrido.

- ¿Quién ha resultado herido? – pregunté mientras nos sentábamos en uno de los sillones del pequeño living.

- Sam.

- ¿Sam? – pregunté atónita. Realmente me había sorprendido. Siempre lo había visto como el más fuerte de todos. Imaginármelo en estado de debilidad me resultó un poco difícil.

- Sí. Es que se ha arriesgado por salvar a Leah.

- Oh. – hice una pausa. - ¿De quién? – pregunté estúpidamente pues yo sabía la respuesta.

- Creo que estamos jodidos. – bufó pesadamente. Instintivamente tomé su mano provocando su sorpresa. Me miró con esos ojos suyos tan profundos haciendo que quedara colgada de ellos unos segundos en los que vi prohibido parpadear. – Tengo que hablar con Carlisle.

- ¿Qué ocurre? – pregunté nerviosa. Se mostraba preocupado, realmente preocupado. Y eso se me contagiaba fácilmente, todo lo que hacía o sentía se me contagiaba fácilmente como si fuésemos una misma persona.

- Mira, te contaré todo cuando estemos en tu casa, más tranquilos. No quiero que Em escuche. Ya está demasiado preocupada por cómo ha venido Sam hoy. Y como está con el embarazo… bueno tú sabes, no quiero estresarla más. – dijo señalando con la cabeza una de las habitaciones donde seguramente estaba su hermano de manada descansando.

- Jake… ¿Sam está muy grave?

- No, no tanto pero está bastante mascullado. Nada que en unos dos días la magia quileute no pueda resolver. – me dijo riendo, pero no era su sonrisa radiante de siempre.

Entró a una de las habitaciones y salió de allí con una camiseta puesta, suspiré rendida. Ya tendría más de su cuerpo más adelante. ¡Maldita niñata, están pasando cosas realmente graves y tú derritiéndote por tu amigo!

Fuimos caminando en silencio hasta su casa, dónde lo esperé fuera mientras él entraba a su garaje para sacar su moto.

Me subí tras él aferrándome con todas mis fuerzas a su cuerpo. El bosque estaba cerca y me pregunté si esa cosa que me había encontrado en mi camino a La Push, seguía allí. Tragué saliva.

- Un momento. – me dijo girándose un poco para verme. - ¿Cómo es que has llegado hasta aquí? No, espera, esa no es la pregunta. ¿Edward te ha dejado venir hasta aquí? – yo sólo le sonreí y ya supo mi respuesta. – Maldición, Nessie, ahora nos arrancará la cabeza.

- No tenía pensado volver hoy. – Le dije antes de que pusiera su vista al frente, lo sentí tensarse bajo mis manos. – He traído mi pijama en esta mochila, tenía pensado quedarme a dormir contigo.

- ¿Estás loca? – dijo bajándose de la moto y desprendiéndome de él. Lo miré confusa. - ¿Y me lo dices así?

- ¿Qué tiene de malo la manera en que te lo digo? – suspiró.

- Edward me matará. Yo lo sé.

- ¿Qué tienes que ver tú si ha sido una decisión mía, Jake? – le pregunté con una sonrisa.

- ¿Qué no conoces a tu padre? Seguramente pensará que te he obligado, secuestrado, o algo así. Nunca se cabreará del todo contigo, siempre soy yo el problema. ¡Cielos! Qué suerte que te lo he preguntado, y que suerte que no te has quedado a dormir aquí.

- ¿Es que… es que no quieres dormir conmigo? – le pregunté decepcionada, él caminó lo poco que le faltaba para acercarse a mí y tomó mis manos dulcemente, antes de que hablara, hablé yo. – Antes te gustaba dormir conmigo. Venías todas las noches a mi habitación y te tirabas a mi lado a leerme algún cuento o a cantarme alguna canción para que me durmiera. Todo ha cambiado. Desde que he crecido…

- Lo siento. – se disculpó posando sus dedos en mis labios para que me callara. – Ya te he dicho que no hay nada más que no quiera hacer más que estar a tu lado, Nessie… Pero… ya no eres una niña… Edward… Tu padre te sobreprotege más que antes y no me permite dormir contigo. No sé qué se piensa que soy, algún tipo de violador o algo así. Si fuese por mí, seguiría estando cada noche a tu lado, leyéndote cuentos o cantándote canciones a pesar de lo desastrosa que sea mi voz. – me sonrió.

- Tu voz me gusta. – le dije. - ¿Por qué tuvieron que cambiar las cosas? Ojalá nunca hubiera crecido tan rápido.

- Pienso que tenemos que acostumbrarnos a esto. – dijo ahora subiendo una de sus manos hasta mi mejilla. – Mi pequeña Nessie…

- No soy pequeña. – solté un tanto ofendida.

- No te entiendo entonces. Me dices que quieres que me quede contigo para que te lea algunos cuentos o te cante canciones como cuando eras niña, sin embargo ahora me dices que no lo eres. ¿Qué quieres de mí, mujer? – dijo entre risas bromistas.

- Te quiero a ti. – le dije seria depositando mis ojos en los suyos. Se puso serio ipso facto para instalar su mirada oscura e hipnotizadora en mí. Mis piernas temblaron encima de aquella moto que ahora me sostenía. No sabía por qué ahora se me había dado por intentar conquistar a mi mejor amigo. Hacía tan poco sólo me dedicaba a negar que me gustase. Ahora claramente era una certeza.

- Será mejor que iniciemos la marcha. – dijo dejándome un beso en la coronilla haciéndome hiperventilar. Era absurdo lo que estaba haciendo. Seguramente Jake me veía como a una amiga, como a una niña, como el vampiro que soy, no lo sé. Lo mejor sería darme una ducha de agua bien fría y aclarar allí mis ideas. Estaba hecha un alboroto. Parecía que mis hormonas comenzaran a actuar recién ahora.

Nos fuimos de su casa rápido y en cuanto estacionamos la moto enfrente de la mansión, mi padre salió disparado con el rostro lleno de decepción y enojo.

- Renesmee, estás en graves problemas. ¿Lo sabes, verdad? – arrojó sin darme tiempo a bajarme de la moto. Jake apagó el motor y pisamos el suelo vigilados por la mirada acusadora de Edward. Agaché mi rostro y me olvidé de que había sido tan valiente hacía un rato. Cuando mi padre se mostraba realmente cabreado y con esos ojos suyos tan negros, me daba miedo. Pero no porque me dejara sin salida, sin ir de excursión o sin mirar televisión, sino porque sabía que podía prohibirme ver a Jacob y eso se me hacía insostenible.

Recordé la única vez en que eso ocurrió. Fue cuando había mordido a Charlie cegada por la sed. Sólo tenía unos 10 años físicos, pero para que entendiese que no debía volver a hacer eso, le negó la entrada a la casa a mi lobo por tres días. Me vi de pie en la pared de cristal de la entrada, viendo desde dentro a mi lobo fuera. Papá tuvo que levantarme el castigo puesto que no paraba de llorar. Además estaba acostumbrada a que Jacob me hiciera dormir y pues en esos días, no había conseguido dormir nada. Tenía ojeras enormes para mi edad y eso había disgustado a mi padre.

- Lo siento. – me disculpe sin mirarlo.

- Entren adentro, ahora. – nos exigió. Jake no se dejaba mandar por él cuando daba una orden, pero sabía a qué nos ateníamos por lo que entró conmigo a mi lado sin chistar.

Mamá se abalanzó a velocidad vampírica sobre mí. Me tocaba el rostro como cerciorándose de que no estuviese herida o algo así. Me pareció absurdo pero luego recordé lo que sucedió en el bosque. Y realmente me di cuenta de que había estado mal en escapar de casa. Podría haber salido herida, había sido muy egoísta.

- Me alegro que te des cuenta, Renesmee. – dijo mi padre en respuesta a mis pensamientos. – Sentémonos, por favor. – indicó, más para Jacob que para mí. En ese instante me di cuenta de que también había leído los pensamientos de mi lobo pues no dejaba de verlo y su ceño estaba inmensamente clavado sobre sus ojos.

Todos se pusieron alrededor de nosotros, que estábamos sentados juntos. Jake tomaba mi mano, como siempre y me trasmitía toda esa serenidad suya a pesar que sabía que lo que tenía que contar no era nada agradable.

- Padre, Jacob quiere hablarte sobre algo. Bueno, quiere contarnos algo a todos. – dijo Edward. – Comienza, por favor. – estaba un tanto inquieto, lo noté en el movimientos de sus manos que luego sucumbieron cuando mi madre se hizo cargo.

- Bueno, seguramente ya sabrán que hoy ha salido herido uno de nosotros. Fue Sam. – Bella se llevó la mano a la boca, seguramente se había asombrado tanto como yo. Jake se percató de su reacción y siguió hablando rápido. – Tranquila, ahora está bien. Está recuperándose, Bells. – tragó saliva y volvió a mirar a todos, Carlisle era el que más concentrado estaba en escucharlo. – La cosa es que pasó algo que nos ha metido hasta la mierda. Se nos presentó frente a nosotros un vampiro con cara de vejestorio, decía llamarse Michael y que pertenece al clan Vulturis. – no pude evitar pegar un respingo cuando escuché lo innombrable, mi lobo inmediatamente me apegó a él. – Dijo que quería hablar con el alfa de la manada. Estábamos Leah, Shubael, Sam y yo, haciendo la rutina normal de cada día. Sam se adelantó un paso, luego de pedirme permiso, cosa que creí estúpida ya que él también es un alfa como yo. – Rosalie rodó los ojos cuando notó que Jake ya comenzaba a irse de tema.

- Ya. – casi gritó. – Ve al grano.

- Tranquila, rubia. – le azuzó Jake. – Bueno la cuestión, es que este viejo, exigía hablar con el alfa pero transformado en humano, quería verle la cara y bla bla bla. Nos parecía totalmente estúpido mostrarnos ante ese chupasangre de ese modo. Por lo que di la orden de persecución y sabe Dios que me equivoqué. Lo admito. Tomé una decisión apresurada. Leah se lanzó a él en un abrir y cerrar de ojos y algo extraño ocurrió. Ella cayó frente a nosotros aullando de dolor y en un intento desesperado Sam se me adelantó y se lanzó también al viejo tomándolo un poco por sorpresa. Pero fue rápido. Y se colocó detrás de Sam apretándole las costillas. – hice un gesto de dolor y otra vez mi Jake me acercó a él, casi no había espacio entre nosotros. – Me miró justo cuando estaba por saltarle, y me paralicé.

- ¿Te dio miedo, chucho? ¿Un vejestorio chupasangre, como lo llamas tú? – le bromeó Rosalie de mala gana.

- Cállate de una vez, rubia. – le gritó Jake nervioso, ésta se quedó en silencio. – Creo que ese vampiro tenía un don, y no se imaginan lo horrendo que fue. Se me trabaron los patas y un frío aterrador había comenzado a recorrerme entero. Miré a Shubael y estaba llorando. Estaba aterrado, Carlisle. Yo, por mi parte, no sentí miedo pero sí estuve paralizado. No estoy exagerando.

- Tranquilo. Te creo. – le dijo mi abuelo con el rostro dubitativo.

- No es que tenga miedo pero presiento que algo oscuro se avecina. Este chupasangre me dijo que sabía que yo era el verdadero Alfa de los Alfas, descendiente de alguien de poder en la tribu. Sabía mi nombre porque dijo que nos ha estado vigilando. Entonces recordé a ese vampiro que nos ha estado jodiendo estos días. Carlisle, me ha dicho que he sido "bendecido" por Aro. Quiere que mi manada y yo nos unamos a ellos.

- Oh, por Dios. – exclamó Alice. – No lo vi venir. No vi nada respecto a las decisiones de Aro o de alguno de los Vulturis.

- No podrías haberlo hecho, involucra a los metamórfos. Sabes que no los puedes ver. – la contuvo Jasper.

- Edward, qué haremos. – habló mi madre con el rostro contrariado.

- No. No vine aquí para que ustedes se nos unieran en la lucha. Sólo quiero saber cómo se manejan, sé que Carlisle fue uno de ellos hace un tiempo, ¿verdad?

- ¿Lucha? – pregunté pudiendo hablar por fin. Jake se giró a verme y acarició mi mejilla, pero sentí que no podía calmarme esta vez con una caricia.

- Debo luchar, Nessie. No puedo dejar que esta gente se salga con la suya. Debo proteger a mi tribu, eso es lo que hago. Para eso fui escogido.

- ¿Y qué hay de mí? – le pregunté algo enfadada. - ¿Qué si te pasa algo? ¿Me dejarías sola?

- Renesmee… - se interpuso mi padre.

- Lo… lo siento. No quise… no quise que pensaras eso. Tú sí me importas, Nessie.

- Pues, entonces no pelees. No te arriesgues por algo de lo que no saldrás triunfante. Discutámoslo, busquemos otra solución. – dije desesperada conteniendo las lágrimas en mis ojos.

- Renesmee. – otra vez mi padre. – Quiero que te tranquilices.

- ¿Qué me tranquilice? ¿No acabas de escuchar lo que éste… tarado quiere hacer? Es mi lobo. Es mi Jake. Soy su impronta. No podré soportarlo si algo le ocurre. – dije al fin quebrándome.

Llegué mis manos a mi rostro humedecido con la desesperación a cuestas en mis palmas temblorosas. Un flash vino a mi mente, en dónde estaba sola con la ausencia de mi lobo clavándose en mi corazón para siempre. Pero salí de mi letargo cuando sus cálidos brazos me levantaron del lugar e hicieron fuerza en mis brazos para que levantase el rostro y lo viera. Le obedecí y vi sus ojos. Profundos, oscuros, preocupados, tristes por mí…

- No digas eso. – me susurró al oído y otra vez estaba estremeciéndome. Mis piernas vibraron, mi piel se erizó y ya no pude quitar mi mirada de la suya. – Tú estás en primer lugar, Nessie. Antes que cualquier otra cosa. Pero debes entender que soy el Alfa, que tengo a cargo a mis hermanos, no puedo dejarlos solos en esto por quedarme a tu lado mientras ellos luchan por su pueblo… por mi pueblo. – hizo una pausa. – Imagínate que venga alguien y quiera esclavizar a tu familia. Imagínalo. ¿Tú te vendrías conmigo y dejarías que ellos se las arreglaran solos? Yo ahora mismo, frente a todos, te juro que no me pasará nada. Que volveré a ti. Siempre.

No me resistí. Lo abracé, lo abracé como si se me fuese la vida en ello. Me apreté a él sin dejar milímetros de por medio. Inspiré su efluvio, aquel que tanto me gustaba. Y él hizo lo mismo en mi cabeza.

- Lo siento. Es que… me aterra el pensar que te pueda ocurrir algo, Jake. – dije apartándome.

- No me ocurrirá nada. Te lo aseguro. – me sonrió.

Me volví a sentar y noté que todos nos estaban mirando. Para mi sorpresa todos tenían una mueca en sus blancos y perfectos rostros. Hasta tía Rosalie sonreía, pero luego cuando detuve mis ojos en ella volvió a ponerse seria.

- Aquella vez, en la que han venido para ver a Renesmee, Aro se quedó alucinado con los lobos. Lo pude ver. Puedo jurar, conociéndolo, que se quedó hasta maravillado y se imaginó que podría tenerlos en su guardia como, disculpa la palabra, sus perros guardianes. – soltó mi abuelo para seguir con el tema mirando a Jacob.

- Y un carajo. Nosotros no le servimos a nadie más que a nuestro pueblo. Y menos a un chupasangre como ese. – dijo éste enojado.

- Lo sabemos. Y nada bueno resultaría de aquello. – habló mi padre. - ¿Te han dicho cuándo vendrían por una respuesta?

- No. No nos han dicho nada.

- Este Michael tiene un don muy poderoso. He oído hablar de él pero no mucho. Llamaré a nuestro amigo Eleazar para preguntarle del tema. – dijo desapareciendo en la casa, Esme lo siguió.

- Jacob, ¿por qué dices que habrá una lucha? Sé muy bien que no se entregarán a ellos. ¿Pero qué te hace decir que ellos tomarán a mal la negativa? – preguntó Emmett.

- ¿Estás de broma? ¿Crees que tomaría a bien una negativa? – le respondió él.

- Tienes razón. Lo siento, estoy ansioso por una pelea. – sonrió mi tío.

- Ya dije que no quiero que se involucren en esto. – soltó serio mi lobo.

- Ya lo estamos, de hecho. – dijo mi padre. - ¿Tú crees que Renesmee se quedará aquí sentada mientras tú luchas por tu vida? – inmediatamente él giró a verme.

- Tú me acabas de decir que lucharas por tu pueblo, que no dejaras solos a tus hermanos, porque tú los amas. Y yo… te quiero. Eres parte de esta familia también.

- No, Nessie. Eso sí que no. Tú no te pondrás en peligro. – me discutió.

- Entonces deja que nosotros estemos con ustedes. – le soltó mi padre con una sonrisa de suficiencia, seguramente al leer en la mente de Jake la respuesta. Éste bufó.

- De acuerdo. Pero, oye Edward… no quiero a Nessie metida en esto.

- Jake…

- No. – me negó él levantando un poco la voz, me quedé callada. – No te voy a poner en peligro, Nessie.

- Hecho. – aceptó mi padre.