Vale, continuamos con esta ralladura mental de cabeza. Espero que os guste... y de nuevo mil perdones si encontráis cualquier cosilla que no sea coherente con la serie: he intentado ser lo más fiel posible... pero mi despiste habitual es siempre conflictivo, jajajaja! :) Gracias de nuevo por los comentarios! Rocío, como siempre, va por tí! Que gracias a tu persistencia está esto escrito, compi!

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El jardín huele muy bien.

Nunca habría pensado que un parque pudiera tener olores tan variados, tan enriquecedores en sí mismos. Es todo un abanico que alcanza su olfato y casi la marea hacia la perfección. La hierba, la arena, las flores, los árboles: Todo parece empeñado en inundar sus fosas nasales, la hacen desear enterrar la cara en sus perfumes y obligarla a descansar.

Están en un apartado del parque, escondidos tras unas grandes rocas que camuflan un pequeño rinconcillo de césped. Y, aunque por allí pasa gente (es evidente que encontrar un lugar virgen de seres humanos es prácticamente imposible en esos tiempos), tiende a ser escaso su número. Un buen lugar para acomodarse una nueva vampiro y tomar un poco de sol. Un sol que, sin el nuevo anillo que reluce en su dedo, sabe que sería fatídico para su piel.

A su lado y acostado sobre el césped cuan largo es, Stefan se estira, marcando al instante los músculos bajo su grisácea camiseta. Está relajado, casi podría parecer feliz. Y sabe el motivo: por fin, tras cuatro días encerrados, los dos respiran aire limpio. Tras cuatro días totalmente incomprendidos hasta para ella misma, por fin parecen…

¿Normales?

- Hace un día precioso- le oye comentar.

Sí, es realmente bonito. Casi asemejaría un día como otro cualquiera, un día de esos en los que puedes disfrutar de cualquier detalle, de cualquier momento. Sólo les faltan unos violines de fondo, y toda una gama de manjares exquisitos expuestos para ellos.

De acuerdo, tiene que reconocerlo: Últimamente es como si todo le resultara… una broma pesada. Como si su alrededor no fuera más que una bola de hipocresía concentrada, llena de algodones de azúcar, rostros sonrientes y vainilla pegajosa.

Y no es hasta ese mismo instante cuando Elena, repentinamente y tras cuatro años conociendo a los Salvatore, comprende al fin la visión de Damon del mundo. Mientras Stefan procura integrarse en él (y casi diría que parece conseguirlo), su hermano mayor se entrega al sarcasmo, al odio y a la venganza irracional… Porque el propio mundo suena a ficción, suena a irrealidad: La muerte va después de la vida, y tras ésta no hay nada. Mentira. No existe la magia, los hombres lobo, muertos que se alimentan de sangre, vampiros. Men-ti-ra.

El asesino reincidente está loco, no distingue el bien del mal. Sólo guarda miedos, inseguridades, actos de extrema violencia y nula empatía en su interior. Son animales, no razonan, no sienten: sólo odian.

Mentira.

A veces también tienen momentos de ternura. A veces darían su vida por ti. Y a veces también ceden en la lucha por conseguir que les quieras… a favor de su propio hermano pequeño; únicamente por pensar que no te merecen.

- Sí, es bonito- consigue responderle al fin. Suspira, logra tumbarse a su lado, apoya su cabeza en el estómago de él, y capta el segundo de sorpresa que imprime su cuerpo. En estos días apenas ha tenido un solo instante de acercamiento al rubio vampiro, lo sabe. Tras ser de dominio público que Stefan había sido su escogido de los dos hermanos, y tras su nueva conversión… no han llegado a estar demasiado cerca el uno del otro.

Oh, sí, claro: Han dormido juntos en el mismo cuarto, en la misma cama. Pero es increíble pensar cómo es posible que, estando tan cerca sus cuerpos, hayan podido estar tan lejos el uno del otro. Como si en realidad se encontraran separados por una carretera infinita, una carretera que se estirase cual chicle cementado.

No por culpa de él, lo sabe. Si por Stefan se tratase, todo volvería a ser como antes: luces de arcoíris, miradas llenas de amor y entendimiento, risas y momentos de absoluta intimidad, pasión y entrega. Algo que, no mucho tiempo atrás, la propia Elena ansiaba más que su propia vida.

Pero todo ha cambiado. Demasiado tiempo sin Stefan y aprendiendo a vivir de nuevo sin él, demasiado periodo a solas con sus únicos pensamientos como compañeros… Y, ahora, demasiadas eternidades a vivir juntas. Añadiendo además unos sobre-acelerados sentimientos por todo y por todos.

Mentira. Por todos no. Más bien por algunos.

Pero claro, no es la única: el vampiro rubio parece, tras todo lo sucedido con Klaus y sus hermanos, más reservado, más... pensativo. A veces lo ha pillado mirando al vacío, con el entrecejo fruncido y sumido en unos seguro oscuros pensamientos. No hace demasiado que volvió a ser quien llevaba años reprimiendo.. y Elena presupone que debe ser difícil despegarse del penetrante aroma a libertad malsana del que disfrutaba. Sí: Stefan es ahora distinto, ella es la distinta... o ambos han cambiado sin quererlo. Sin embargo, el cuerpo del vampiro es fuerte, le proporciona la seguridad que necesita esos días. Y es Stefan, cielo santo. Es el amor de su vida: eso es algo innegable, la única constante en una ecuación que no para de tergiversarse de mil maneras distintas. Siempre le ha querido, y siempre le querrá. No hay dudas al respecto.

Poco a poco, se recuerda a sí misma. Las mismas palabras que le susurró a él la primera noche que lo sintió abrazarla. Necesito… tiempo. Necesito comprender qué me ha pasado, Stefan.

Qué me he perdido para siempre.

- ¿Cómo te sientes?

- Contenta, supongo. Echaba de menos a mi hermano, y a Bonnie y a Matt, me ha gustado mucho verlos, aunque…- traga saliva, y sus ojos se cierran con fuerza.

- Lo sé- los dedos de él rozan su pelo con delicadeza, y el sólo contacto la hace estremecer.

Te he echado de menos, Stefan.

- Iremos despacio, Elena. Tienes que acomodarte a tu nueva… condición. Todos tenemos que hacerlo. Y lo haremos, ¿de acuerdo? Tú impones el margen, nadie va a presionarte.

- Eso no es cierto-la coletilla le sale apenas sin pensarla, y siente achicarse su estómago, si algo así es posible. Ni siquiera esforzándose consigue sacarle de sus pensamientos.

- Mira, yo me ocuparé de mi hermano, ¿vale? No debes preocuparte por él- hay un tono casi fiero en sus palabras, y ella de pronto se encuentra intentando estúpidamente defenderlo:

- Si no hubiera sido por él…

- Lo sé. Si no hubiera sido por Damon no estaríamos aquí, y no habrías visto a tu hermano hoy. Pero tiene que aprender de una vez por todas que no puede conseguir siempre lo que quiere así, por la fuerza.

Como el quererme.

Al instante, se hace un silencio, un tanto tenso. Elena se muerde el labio, piensa qué decir, qué debería explicar, cómo habrían de enfocar el evidente pero silencioso hecho de que los dos conozcan de sobra los sentimientos del hermano mayor Salvatore… hacia ella. Tendrían que hablarlo, discutirlo, tranquilizar ella a Stefan expresándole todo lo que siente por él, explicar por qué lo escogió antes que a Damon.

Pero no lo hace. No dice nada.

Porque ya no sabe qué podría decir… y porque tiene miedo, auténtico pavor a escucharse a sí misma en voz alta. Le aterra que su boca hable antes que su cerebro... y le aterra lo que pueda surgir de ella.

Tiene que cambiar de tema, tiene que hacerlo ahora mismo, o teme perderse nuevamente en el barullo que deja entrever en ocasiones su mente… o peor aún: su corazón.

Y sin embargo, las palabras le salen antes siquiera de pensarlas:

- Ayer por la mañana, antes de que saliéramos de casa, le vi… extraño. Dijo que no pasaba nada, pero… no sé, me pareció… confundido. ¿Ha pasado algo? ¿Habéis discutido?

- No, no exactamente- hay una súbita bajada en su voz. La tensión anterior parece haberse difuminado tan pronto como apareció, y en su lugar hay… ¿qué, nerviosismo?

- ¿Entonces? Stefan, ¿va todo bien?

Ante el silencio, la nueva resucitada adquiere repentinamente conciencia de que algo sucede. Algo... algo no bueno. Algo no bueno para Stefan, para Damon...o para los dos. Sin darse cuenta, su cuerpo reacciona a una antinatural velocidad, sentándose y obligándose a mirarle a la cara.

- ¿Stefan?

- No deberías hacer lo que acabas de hacer en un sitio como éste, Elena- el fútil intento de hacerla cambiar de tema la enardece aún más.

- Respóndeme.

Casi con pesadez, él se incorpora hasta quedar a su misma altura, los dos sentados frente a frente. Y desvía la mirada a la derecha, como si no quisiera enfrentarse a sus ojos.

- Ayer, mientras dormías, pasó algo… extraño.

- ¿El qué?

- Estábamos… bueno, estábamos en un sitio que no conoces aún, una cámara "secreta" que tiene la mansión, donde nuestros antepasados guardaron manuscritos antiguos relacionados con… ya sabes, temas oscuros- su mirada se posa unos instantes en la gente que pasea a su alrededor, y ella comprende al instante: vergüenza-. No te he hablado de ella porque no es un lugar del que me enorgullezca. Hacía muchos años que no pisábamos ese lugar, y Damon repentinamente tuvo un impulso de asomar por allí… y bueno, yo le acompañé.

- ¿Y?- ¿una cámara secreta? ¿Temas oscuros? ¿Qué está pasando?

- Que aparentemente Damon encontró a… alguien allí.

Ella se queda callada apenas unas décimas de segundo, para, entrecerrando los ojos, murmurar:

- No entiendo.

- Elena, por lo visto Damon asegura que había alguien allí. Una mujer. En una cámara que llevaba siglos cerrada, y cuya única llave la tenemos nosotros a buen recaudo. Según Damon, estaba leyendo, y… bueno, empezaron a hablar.

- ¿Y tú no…

- Yo no vi ni oí a nadie. Sólo a mi hermano hablarle al vacío. Y por lo visto, la "mujer" aseguraba no ser un fantasma, bruja, vampiro o mujer loba, sino algo… distinto.

- Y tú no viste ni oíste nada- repite ella, como atontada.

- Absolutamente nada- y Stefan suspira.

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- Al menos podías decirme qué es lo que buscas exactamente. No sé, quizás podría ayudarte… para que te fueras antes de aquí.

No espera respuesta. Para qué. Lleva más de dos horas con esa exasperante mujer… Porque quiere ser educado hasta consigo mismo al pensar en ella, y no tildarla de adjetivos menos… agraciados… y nada. Ni una palabra más, ni una respuesta, un gesto, algo.

Incluso tiene que reconocer que volvió a intentar pillarla desprevenida, sólo por diversión (o casi)… Y claro, nuevamente se encontró en el vacío, con ella a escasos dos metros suyos, y mirándolo con esos ojos… cansinos. Cual niñera teniendo que tratar con un mocoso pesadito que no supiera atarse los cordones de los zapatos.

Pero eh, que ahí no acabó todo: también intentó coaccionarla. Se acercó a ella, la miró fijamente hasta que la extraña levantó la vista… y le preguntó su nombre. Por toda respuesta obtuvo una sonrisa casi gatuna, y un:

- De modo que es así como hacéis lo de la compulsión. Es patético.

Y nada, de nuevo se enfrascó en el pergamino apolillado que llevaba en sus manos. Qué viva el mundo y sus habitantes cargantes.

Lo más sorprendente fue que, tras todos esos intentos, Damon terminó optando por sentarse de nuevo en el sofá… y hacer como que seguía leyendo. Precioso, representaban entre ambos la obra de teatro del siglo, con una biblioteca pública encantadora como telón de fondo. De un momento a otro saltarían los actores secundarios en escena en tutús y sandalias. Y eh, aunque no dejó de tenerla a la vista, se llegó a permitir entrecruzar incluso sus ojos con algunas líneas del manuscrito.

Que no se dijera en las altas esferas que Damon Salvatore no es un chico culto, no Señor.

Pero claro, el manuscrito resultó ser un coñazo sangriento (para leer sobre muertos podría redactar sus memorias), y la "señorita" empieza a parecerle una piedra, de tan quieta y callada que está.

- Qué diversión, oye. Lástima que mi lectura sea un aburrimiento completo. ¿El tuyo es bueno, fisgona? Porque quizás deberíamos intercamb…

- No me llames así- el comentario le sobresalta gratamente. Por fin una reacción.

- ¿Y cómo debería llamarte sino? A falta de tu nombre real, algo habrá que improvisar, ¿no crees? Hum… déjame pensar…- suelta el pésimo manuscrito y se lleva la mano a la barbilla, fingiendo cavilar muy seriamente-… ¿Qué tal "Entrometida"? No, espera: "La Transparente". Nah, dos palabras suena demasiado señorial… y antiguo. ¡Ya está!-pega una palmada exultante, los labios mostrando una media sonrisa- ¡"Cotilla"!

- ¿Cuántos años se supone que llevas en el mundo?- la mujer taconea el suelo, con un enfado que le hace extenderse más la sonrisa por su cara.

- Lo sé, lo sé: demasiado infantil. Debe ser por el olor que desprendes: me entumece el cerebro.

Durante unos segundos ella le mira con fijeza, intentando indiscutiblemente discernir si lo que dice él es real o no. Y, tras el choque visual de ambos, acaba dándose por vencida. Definitivamente, le puede más la curiosidad que cualquier otra cosa:

- ¿Lo dices en serio?

- Dime tu nombre, y responderé a esa pregunta- y esboza la más grande de sus sonrisas. Ha conocido a mujeres dispuestas a matar por esa sencilla mueca. Literalmente.

Sólo que "esa" no es una mujer cualquiera, es evidente.

- Eres desquiciante- bufa fastidiada, como toda respuesta.

- ¿En serio? ¡Nunca me lo habían dicho!- Damon lleva las manos al techo, y suelta un gemido que intenta ser acongojado.

- Que te den.

- Más quisieras ser tú quien lo hiciera.

- Más quisieras ser tú quien…

- ¿Damon? ¿Estás ahí?- la voz repentina de Elena acalla a la extraña, y devuelve instantáneamente dureza al rostro de Damon. Sus entrañas se agarrotan, sus hombros se tensan, y la mujer parece notarlo todo junto, porque inclina ligeramente el rostro mientras lo mira. Cual perro sorprendido de ver andar a una hormiga delante suya haciendo malabares.

Dos pares de pasos se entremezclan con el polvo del suelo acumulado, y bajan las escaleras hacia él. Su hermano y su novia (oh, fastidioso retintín de los cojones). Allí, a la cámara. Al lugar que nadie debería conocer excepto los propios Salvatore.

Los dientes del fraterno mayor amenazan con romperse del rechineo que les imprime la mandíbula. Stefan. Será malnacido… Y encima con la extraña fisgona allí, de invitada obligatoria. Porque, por mucha declaración de buenas intenciones, Damon no se fía un pelo de ella. Es demasiado… extraña. Y no está dispuesto a presentarle todo un abanico de blancos fáciles a su posible alcance.

Vamos, dilo: No estás dispuesto a poner a Elena a su alcance.

Durante unos segundos, se debate entre quedarse callado o soltar un berrido que consiga alejarlos. Pero comprende que tales acciones serían inútiles: de seguro que, a esa distancia a la que resuenan los pasos, han debido de oírle hablar… y gritarles sólo haría que se acercaran aún más rápido.

Mierda. Mierda, mierda y más mierda.

- Largo de aquí. Stefan, que no entre.

Como toda respuesta, los dos tortolitos asoman finalmente por el habitáculo. Oh, por todos los demonios: llevan la ropa arrugada, y juraría entrever una brizna de hierba en el pelo de su hermano.

Porqué me empeño en castigarme a mí mismo.

- Genial, hermano. Acabas de lucirte, tenías que traerla aquí. En serio, ¿piensas alguna vez con esa cabecita que tienes?

- Damon, para. Tu hermano me ha dicho…- mírala a ella: rezuma tanta serenidad, tanta tranquilidad... tanta "relajación post-césped"...

- Lo que mi hermano te haya dicho me la suda. Así que hazme el favor de…

- Cielo Santo.

El murmullo de la extraña lo detiene en seco, y se gira nuevamente a ella.

- ¿Y a ti qué te pasa ahora?

- Está aquí, ¿no?-el aspaviento de Stefan sería cómico si no tuviera auténticos deseos de degollarlo, puede notarlo moverse a su vera- Maldita sea, Damon, ¡te dije que me avisaras si volvías a verla!

- No, no me lo dijiste: me lo pediste. Y yo decliné con un caballeroso silencio tu petición-no devuelve la vista a su hermano, concentrado como está en la mujer: la fisgona no deja de mirar a Elena.

Y no sólo eso, sino que lo hace con… sorpresa. Congoja. Dolor. ¿Dolor?

Cada vez entiende menos.

- Es reciente-murmura ella.

- ¿El qué?

- ¿De qué habla? ¿Qué pasa?- el tono de Elena parece… ¿preocupado? Venga ya, ¿está en serio preocupada por él?

Genial. Vayamos por partes, Damon: un problema primero, luego el siguiente.

- Callaos los dos. ¿De qué hablas, fisgona?

- De ella- aparentemente, la visitante no ha debido de oírlo en condiciones, porque por una vez no se inmuta ante el apelativo, dedicándose sólo a señalar a Elena; acto seguido y ante sus ojos, el rostro de la mujer parece endurecerse por segundos-. Ha sido convertida hace poco.

- ¿Y?

De pronto, el aire parece espesarse a su alrededor. Extraño. Aparentemente todo sigue igual, los manuscritos no se mueven de sitio, el mobiliario sigue igual de enmohecido, todos están de una pieza, pero… ¿son cosas suyas o comienza a sentirse más pesado de lo normal? Una acuciante sensación de alarma comienza a bombardear su cuerpo. Está pasando algo, algo que no es en absoluto bueno. Es irracional, pero si Damon ha aprendido algo en toda su existencia es que, en ocasiones, se debe hacer más caso de las sensaciones ilógicas que de los hechos sensatos.

Elena. Tiene que irse cagando leches.

- Salid de aquí ahora mismo- intenta transmitir tranquilidad, pero su mandíbula se niega a abrirse en condiciones, por lo que la frase le sale un tanto entrecortada. Pesa, pesa demasiado. Ahora sí comienza a notarlo con más fuerza... Mientras la mujer invisible para el mundo menos para él frunce el entrecejo.

- Damon…- Stefan cuadra los hombros, mientras Elena desliza sus ojos inútilmente a todos los rincones de la sala… buscando evidentemente a la posible presencia que su visión y oído le niegan.

- Ahora. Mismo-ya no es siquiera una frase, sino palabras casi inconexas. Deja caer las manos a los costados frente a una rasposa fricción que le irrita la dermis. Su piel escuece de pronto, sí. Como si se hubiera metido de lleno en una casa en llamas... con fuego hecho de verbena. Y los pies parecen empezar a no saber sujetar su cuerpo contra el suelo, porque los nota estremecerse. Cual muñeco de articulaciones atrofiadas.

No es hasta que cae en cierto detalle, cuando comprende el motivo de su nerviosismo: No nota ninguna recuperación instantánea de lo que esté sucediendo. Su cuerpo vampírico no parece responder en absoluto a la intromisión que respiran todos sus poros dérmicos.

Y nadie más en aquel habitáculo parece sentir lo que está sintiendo él.

(Continuará)