Capítulo 5

De regreso en la habitación de Albert, salieron a recoger las maletas. Candy descendió primero, pero Albert la detuvo del brazo.

-¿Estás bien? - le preguntó.

Candy intentó sonreir, pero sabía de antemano que el notaría que estaba fingiendo.

-Quisiera decirte que sí, pero la verdad es que no lo sé.

-Candy – le dijo tiernamente -… quiero hacer las cosas más sencillas para ti, pero necesito que me permitas hacerlo. Tú eres ahora más que nunca lo más importante en mi vida y tu seguridad es prácticamente la razón de mi vida.

Candy asintió confundida. ¿Su seguridad era la razón de su vida?. Lo vio tomar ambas maletas y entrar al armario nuevamente. La magia que había sentido se había desvanecido ante la importancia del deber.

-Te toca conocer el segundo pasadizo – dijo Albert de improviso.

Candy sonrió ¡Claro! Otro pasadizo. Trató de hacer a un lado los pensamientos que amenazaban con comenzar a bombardearla. No era la hora ni el momento para permitirse nada maás.

-Este es un poco más sencillo.

-¿Eso significa que caminaremos?

-Sí.

-¡Gracias a Dios!

Albert comenzó a reir.

-Sí - murmuró la rubia - hace falta reirnos un poco, porque después de lo que ha pasado en las últimas horas … no creo que vuelva a sonreir jamás.

Albert se sintió fatal al escucharla.

-Candy ... espero que lo que dijiste sea una broma.

-¿De verdad crees que tengo ánimos para bromear Albert?

El sabía que no era para menos, pero tenía la obligación de ser sincero con ella.

-Lo que espero es que a pesar de todo, jamás dejes de sonreir.

Candy de verdad no entendía. ¿Quién tendría motivos para sonreir cuando no sabían qué les presentaría el futuro … o si tendrían uno?

Albert de inmediato trató de cambiar la conversación, pero una cosa era segura: jamás dejaría que desapareciera su sonrisa. Era demasiado importante para él verla en su rostro cada día.

-Candy – le dijo de improviso - quiero que pongas tu mano aquí – tocó la parte central del armario y la chica pudo distinguir un pequeñisimo botón, que de otra manera sería totalmente invisible – tienes que presionar durante 5 segundos.

A los cinco segundos la parte trasera del armario se abrió, dejando el camino visible hacia la biblioteca.

Entraron y comenzaron a caminar.

-Candy – le dijo Albert mientras avanzaban - de hoy en adelante nuestra vida deberá aparentar ser normal. Para todos en la mansión debemos ser los mismos de siempre, pero cada noche, deberás ir a mi habitación y de ahí iremos juntos a la biblioteca como lo estamos haciendo ahora.

-Donde estabas tú con el hombre misterioso … ¿Son las catacumbas?

-Su nombre es Uhman y sí, son las catacumbas.

-¿Dormiremos en ese sillón?

Albert volteó a verla sonriendo a su pesar.

-No te preocupes. Ya te había dicho que tengo todo arreglado y es cierto. Déjalo en mis manos y trata de relajar tu mente.

¿Cómo le dices a alguien que ha pasado lo que ella había pasado en tan pocas horas que relaje su mente? ¿En serio?

Siguieron avanzando por el estrecho camino y al final, el pasadizo se abrió dejándolos accessar a través de una pintura muy antigua.

-¡Vaya! Jamás me lo habría imaginado – exclamó la chica.

Albert se dirigió sin perder tiempo hacia la chimenea y abrió el pasadizo, mientras Candy tomaba notas mentales de cómo hacerlo.

Entraron nuevamente por ese camino tan lleno de humedad y se encontraron a los pocos segundos con Uhman.

-Está decidido. Por las noches estaremos aquí.

-Es la mejor decisión – respondió el hombre.

-El suelo es consagrado y estaremos protegidos de cualquier intento de acercamiento.

Candy trataba de no poner atención a lo que decían para no estresarse de más, pero pensándolo mejor … dudaba que su nivel de estrés pudiera estar más elevado algún día en lo que le restara de vida.

-Vamos Candy … te mostraremos las catacumbas.

-Ya las conozco Albert - contestó indiferente. Ella había ido innumerables veces con él.

-Conoces las otras catacumbas.

Candy lo volteó a ver con una expresión de total desacuerdo.

-Sólo hay unas catacumbas – le aclaró.

-Para todos los demás sí, pero para nosotros … hay más.

Candy ya no quería pensar más. Parecía que en el transcurso de una noche conocería todos los misterios y secretos que guardaba la mansión de los Andrew. Ya hasta estaba pensando que quizá Albert era el fantasma de copa y negra capa que paseaba por los pasillos.

Sin meterse en más aprietos, dejó que Albert la guiara por un gran pasillo que desembocó, contrario a lo que ella pudiera haber pensado, en un área que jamás en su vida había pisado.

En el centro se encontraba una estancia completamente equipada y varias puertas se encontraban alrededor formando un enorme semicírculo.

-Bienvenida a nuestras catacumbas …

¡Eso era imposible! Era como un mini hotel bajo tierra ... un nuevo mundo subterráneo.

-Esta será tu habitación – le dijo Albert adelantándose hacia una de las puertas abriéndola, para que la rubia pudiera apreciar su interior.

Se quedó sin habla. ¡La habitación era hermosa! Entró sorprendida y vio que contaba con todo lo necesario y aún más.

-Pero ... ¿Cómo es posible?

-Es una larga historia. Por el momento sólo espero que sea lo suficientemente cómoda para que puedas descansar.

-Gracias Albert – exclamó la muchacha aún sin recuperarse de la sorpresa.

-La puerta que está a la derecha está sin llave y comunica a mi habitación – añadió sin más.

-¿Perdón? - exclamó Candy deteniéndose en seco.

-Candy … soy tu protector. Tengo que tener acceso a ti las 24 horas del día …

Ese era el momento justo en que la tierra tenía que abrise y tragársela. No podía estar pasando eso … simplemente no podía ser.

-Pero …

-Tienes que obedecer a tu protector – le dijo Uhman en un tono huraño – aún no entiendes lo valiosa que es tu vida y nosotros no podemos correr riesgos.

-Pero ustedes dijeron que aquí estabamos protegidos – protestó la muchacha.

-Y lo estamos, pero las precauciones nunca están de más.

Veinticuatro horas del día monitoreada, al parecer sin privacidad y con alguien intentando destruirla … ¡en qué lio estaba metida!

-Por ahora descansa Candy. Uhman y yo tenemos muchas cosas de qué hablar y vienen días muy pesados a partir de mañana.

Candy se limitó a escuchar, tomar su maleta para comenzar a acomodar sus cosas y dejar que la noche pudiera calmar un poco las miles de preocupaciones que la asaltaban. Todo parecía indicar que las decisiones hacia su persona … serían tomadas por alguien más.

-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-o0o-

-No puedes ser tan blando con ella – le reclamó Uhman tan pronto la puerta de la habitación de la muchacha se hubo cerrado.

Albert lo sabía, pero no era una persona cualquiera, era Candy … "Su Candy" y él también necesitaba tiempo para digerir la situación. Caminó hacia la vitrina y tomó un vaso para llenarlo con un poco de whisky. Normalmente no bebía, pero en ese momento definitivamente necesitaba un poco de alcohol.

-Creo que alguien más debe tomar tu lugar Albert – le dijo sin miramientos - Lo que te une a esa chica te hará cometer un error.

Albert volteó a verlo furioso y aferrando el vaso con excesiva fuerza.

-No dejaré que nada nuble mi mente Uhman. Se muy bien las reglas y pienso seguirlas. Tú mejor que nadie debería saber eso sobre mi.

-Estás enamorado de ella.

-Y esa es la mejor razón que tengo para seguir a su lado. ¿No comprendes? Daría mi vida sin dudarlo por la suya.

-O harías algo estúpidamente arriesgado sin necesidad – le rabatió.

-Sabes muy bien que no ...

-¿La sacrificarías por el bienestar del mundo?

A Albert se le cerró la garganta al escucharlo. El corazón le había dejado de latir por un momento al pensar siquiera en la perspectiva.

-No te engañes Albert. Si veo que existe la más mínima posibilidad de que titubees en un momento crucial, no dudaré en que la orden elija a otro protector para el portador del relicario.

-Su nombre es Candy – le dijo con enfado - … y no habrá necesidad de que hagas eso. Como ya te dije, conozco muy bien los riesgos y las reglas. Haré lo que tenga que hacer como protector de ella ... y del mundo.

No hubo más palabras. Ambos hombres comprendían y sabían de sus respectivas responsabilidades, y a pesar de la amistad que los unía, no dudarían en tomar la mejor decisión para el bienestar de la mayoría.

Albert abandonó el lugar caminando firmemente hacia su habitación.

A través de la puerta escuchó los movimientos de la rubia acomodando sus pertenencias, ajena a la verdadera realidad que le esperaba.

¿Cuándo había cambiando tanto su situación? El corazón le temblaba de aprensión. Un miedo terrible se estaba apoderando de él: El miedo que le provocaba cometer un error y perderla … o de tener que poner en riesgo su vida y no poder hacer nada al respecto.

-Candy … -murmuró con un sabor amargo en los labios y un profundo dolor en el corazón.

Continuará ...

Hola!despues de casi dos a;os he decidido que ya era mucho tiempo y tenia que seguir con este fic! La verdad estaba super atorada y me daba flojera pensar (si ... lo acepto) pero pues hoy me puse las pilas y ahora estoy emocionada escribiendo y mas porque mi maridito estaba haciendo limpieza de los miles de drives que tiene y me acabo de enterar que tiene respaldos de unos de los fics que daba por perdidos (como el final de Un encuentro inesperado) y ahora estoy feliz como lombriz! Ma;ana conectare el drive a mi lap y bajare mis archivos ... YEEEEES! Y pues ahora ando hasta motivada ... asi que aqui nos vemos con este fic y todos los que tengo pendientes ya para poder darles un final ... y aunque no sea feliz ... pues yo siiii estare feliz porque ya no tendre pendientes ... ni verguenza jejejejejeje! Espero que les guste ... y mi meta es terminarlo a mas tardar para este halloween! Si que siiiiii!

Un beso enorme y miles de gracias por la paciencia ...

Scarleth Andrew ;)

p.d. Se aceptan ideas eh ... el que este motivada ahorita no garantiza que do;a inspiracion se quede eternamente conmigo ;) jijijijijijiji!