Disclaimer: Los personajes de candy candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...

LA CABAÑA

by: Keila Nott

Estaba decidido, no podía más, hoy se lo pediría, ¿cuánto tiempo pensaba ella que él podía esperar?...decidió salir a buscarla al hospital, sabía su horario como la palma de su mano, no había nada que no supiera de ella, la amaba tanto que cada paso que ella daba él lo sabía. Él era su sombra, su protector, nada, ni nadie, podría cambiarlo. Porque él simplemente no podía vivir sin ella.

Había vivido por muchos años en las sombras, observándola en silencio, asegurándose de estar presente en los momentos que ella mas lo necesitara. Pero ahora que finalmente le había dado una oportunidad, él no podía esperar más, había sido paciente, le había dado suficiente tiempo, dos años habían pasado desde que ella lo aceptara. Él estaba listo para dar el siguiente paso, pero no estaba seguro que ella lo estuviese. Así que sin darle más vuelta al asunto, decidió pedírselo. Iba a ser un "Si" o un "No", pero él terminaría de una buena vez por toda con su agonía, no más excusas, no mas espera, ese día lo definirían.

Albert bajo de su auto cuando la vio salir, ella como siempre sonriente vino a su encuentro, dándole un beso, beso que recibía con brazos abiertos. No podía negar que amaba su espontaneidad...

- Nos vamos... — sugirió ella tocando suavemente su rostro...

- Si, pero antes me gustaría que viéramos la puesta del sol en el parque... — invito él y ella solo le sonrió en acuerdo...

Mientras Albert manejaba pensaba en la mejor manera de pedírselo, el valor que había tenido durante el camino se había esfumado, respira hondo y no te des más excusas...se dijo...

Al llegar al parque, él bajo tan rápido como pudo para abrirle la puerta, le ofreció su brazo como siempre lo había hecho y ella gustosa lo acepto. Los dos caminaron en silencio por algunos minutos hasta llegar a su árbol favorito, donde disfrutaron de la puesta del sol, fue entonces que él se giro quedando frente a ella, sus ojos azules estudiándola mientras ella lo miraba con adoración, para ella él era todo a pesar de que después de tanto tiempo algunas dudas rondaban su corazón...

Decidido, se arrodillo frente a ella, escuchando un jadeo de sus labios ante la sorpresa, imaginaba lo que él iba a hacer, pero no estaba segura. Entonces Albert hablo...

- Candy... Tu eres todo para mí, yo sé que no hay nadie más en este mundo con quien quiera compartir el cada día, he esperado tanto tiempo por ti que ya no puedo más, y por eso el día de hoy te pido que seas mi compañera. El día de hoy quiero pedirte que seas mi esposa...

-Candy, ¿me harías el honor de casarte conmigo?.. — Pregunto Albert sacando de su bolsillo aquel anillo que había guardado por tanto tiempo...

Candy se tapo la boca por la sorpresa, no sabía que responderle, no estaba segura, no aun no se repetía asimisma...

-Albert...Yo...yo...yo no sé qué decir...yo no estoy segura... — fue su sincera respuesta...

Albert se sintió caer, se lo había imaginado, pero quería estar equivocado, de todas maneras decidió que era hora de terminar con su agonía...

-Dime que "Si" o "No"...No me dejes con la incógnita...No puedo más amor...Yo sin ti no puedo vivir, pero vivir en incertidumbre, sin tenerte a mi lado completamente, no es vivir del todo... — Albert se levanto sintiendo que su corazón estaba a punto de quebrarse...

Ella solo pronuncio su nombre "Albert!". Él respiro profundo, tomando de su mano...- No importa pequeña, te entiendo...

Derrumbado, derrotado, los dos caminaron en silencio hasta su auto, Candy no sabía que decir, y él decidió no rogarle. Ya había sido demasiado, su ego masculino estaba por el piso, así que ya era tiempo de seguir adelante, de enfrentar su futuro y su destino sin incertidumbre...

La llevo hasta su nuevo apartamento, apartamento que él le había comprado en una mejor zona, donde ella estaría protegida. Se despidió de ella dándole un dulce beso de despedida, sin decir nada más, sin mirar atrás. Todo estaba dicho. No había nada más que decir. Se alejo sin mirar atrás. Candy entro en su apartamento viendo como él se alejaba...

Su auto iba a toda velocidad, él quería desaparecer, quería que su corazón dejara de latir, que no sintiera nada, pero era casi imposible. Al llegar a la mansión, subió a su habitación, tomo su vieja mochila, aquella que tenia años que no usaba, la lleno de ropa fresca y utensilios que necesitaría. Había decidido a donde iría, pasaría una temporada solo, quizás la soledad lo ayudaría a ahogar el dolor que sentía...

Bajo de su habitación con mochila en mano caminando hasta su despacho, tenía que dejarle una nota a su tía Elroy, y a George, solo a George le dejaría saber el lugar donde se encontraría. En caso de emergencia. Pero esa emergencia debía ser de vida o muerte, nada más. No tenía cabeza para negocios de ninguna clase...

Albert Pov

Salí tan rápido de la mansión rumbo a aquella cabaña que tenia años no visitaba, mi destino era una cabaña frente al mar, totalmente fuera del alcance del pueblo, donde no había nadie que me molestara...

Tome el tren hasta llegar a mi destino. Fui recibido como siempre por el chofer de los Andrew, le pedí las llaves del auto diciéndole que no lo necesitaría, a donde yo iba nadie me podía acompañar...Y así, emprendí mi marcha hasta llegar a aquella cabaña...

Salí del auto, ahí estaba la cabaña aislada de la populación, solo otra pequeña cabaña estaba al lado de la mía, era de mis vecinos, pero ellos nunca estaban, trate de comprarla, pero ellos nunca quisieron vendérmela, o al menos eso fue lo que George me dijo, de todas maneras estaba solo, o al menos eso creí...

Abandonada como estaba, empecé a abrir todas las ventanas, después de limpiarla me alegre de haberme detenido en el pueblo a comprar algunas provisiones, después de todo no sabía cuánto tiempo me iba a quedar. El sol de la tarde me indico la hora que era, así que antes de prepárame algo de cenar, salí a nadar en el agua tibia del mar...

Finalmente la noche había caído, la luz de la luna cubría la costa, yo estaba ya un poco cansado, entre el viaje y todo lo que acongojaba en mi corazón, de seguro caería dormido rápidamente en los brazos de Morfeo...

Así pase mis primeros tres días, unos recordando todo el dolor que me causaba recordarla, y otros simplemente dedicado a pensar en lo que me depararía el futuro. Cuando me sentí más relajado, salí a caminar a la orilla del mar, era una noche hermosa donde las estrellas brillaban y el silencio del mar hacían que toda mi confusión y me pena se ahogaran...

Fue entonces cuando la vi, jugando en el agua, se encontraba una diosa, una ninfa que atrapo mis ojos de inmediato. No podía moverme, mis piernas no respondían, mis ojos solo la admiraban. Y a pesar de no poder distinguir o ver su rostro, algo era claro para mí. Ella estaba como dios la trajo al mundo, jugando en el mar, aquella imagen era increíble, nunca había visto una mujer tan bella. Su cuerpo había sido esculpido por la misma afrodita, trague seco ante los pensamientos que me invadieron...

No era correcto, tan pronto como mis piernas reaccionaron salí corriendo hasta llegar a mi cabaña, yo era un caballero, pero también era un hombre, y tener esa imagen delante mis ojos no me ayudaban para nada a controlar aquella parte de mi cuerpo que estaba comenzando a despertar...

Al entrar en mi cabaña me pregunte ¿quién era ella?... este era una área privada y a excepción de mis vecinos que nunca visitaban, no sabía ¿quién podría ser?...Cuando pude obtener control de mí ser, me acerque a una de las ventanas observando como ella caminaba directo a la cabaña de mis vecinos, todavía no podía ver su rostro...Sin embargo La luz de la luna dejaban ver un destello brillante sobre su cuerpo, que hermosa era, simplemente una diosa de deseo...¡Diablos!...y ahora?...toda mi tranquilidad se había ido al abismo, frustrado por mi propia reacción, decide que averiguaría quien era ella, presentarme era lo más correcto, así ella sabría que no estaba sola, y quizás, se restringiría de mostrar todos sus atributos de esa manera...o al menos eso quise creer...

Al llegar la mañana salí como siempre a correr, hacer ejercicio temprano me ayudaba a despejarme la mente y tratar de olvidarme de Candy... ¿Por qué no podía amarme como yo a ella?... ¿Por qué tanta duda después de dos años de ser mi novia?...ella no pretendía que yo iba a sobrevivir para siempre solo con besos, necesitaba más de ella, necesitaba que compartiéramos cada día y cada noche juntos, la quería como mi esposa, la quería completa...

Seguí corriendo hasta llegar cerca de la cabaña de mi vecino, había decidido prepararme algo de desayunar y traerle algo a la señorita que habitaba en el lugar, poder presentarme, pero en mi carrera de regreso, ahí estaba ella, nuevamente mostrando sus atributos, acostada en la arena, con las piernas cruzadas, enseñando su hermosa nívea piel, lo único que tenia cubierto para mi mala suerte, era su rostro, un sombrero de playa tan grande como un paraguas con libro en mano...

¡Rayos!...Esta mujer definitivamente no sentía pena; y no era que me molestaba, no para nada. Lo que me estaba molestando era que había perdido la habilidad de pronunciar palabra, ellas no salían de mi boca, sin pensarlo más, salí corriendo una vez más directo hasta mi cabaña...Lamentablemente el daño estaba hecho, aquella parte de mi anatomía había reaccionado, tenía que hacer algo al respecto, un poco de agua fría ayudaría, pero si salía a nadar, la vería, y eso realmente no era la mejor idea...Así que moví los muebles que estaban en el medio de la cabaña para hacer espacio, primero haría flexiones.

Me eche a el suelo y comencé la primera serie de veinte, nada... no estaba funcionando...seguí con mas flexiones...ok ya empezaba a funcionar...me sentí un poco más calmado...Al terminar salí directo al baño a ducharme...Ok el cuerpo se sentía más aliviado...Ahora estaba inseguro si investigar quien era mi vecina, o lo simplemente dejara sola...

La noche había llegado, me asome por la ventana para revisar que no hubiera nadie... ¡Diablos!.. me sentía como un cobarde, como era posible que ahora era yo el que tenía miedo de salir afuera...Lo que tiene que hacer un caballero para no meterse en problemas...

Al no ver rastro de ella salí a caminar bajo la luz de la luna, era en esos momentos que recordaba a mi Candy, sus hermosos cabellos dorados, el olor a rosas y lavanda que emanaba de ella, sus labios que hacían que perdiera un poco la cabeza, una gran punzada de dolor me causo su indecisión...Pero ya lo había decidido, no la buscaría mas, ella tendrá que venir a mi cuando este lista, si algún día se sentía lista por supuesto... Sabía que no podía vivir sin ella...

Respire profundo de lo patético que me sentía, había sido suficiente, así que cuando iba a entrar en mi cabaña escuche su sonrisa, al voltear vi como su cuerpo estaba en dirección mía, si solo eso, su cuerpo, su rostro nuevamente se encontraba oculto por un bendito sombrero, sombrero que llevaba un velo...

La escuche preguntarme... -¿La tuya o la mía?... ¿donde prefieres?...

-¿Qué?.. — Fue lo único que pude contestar ante esa sensual voz...

-¿Lo hacemos en tu cabaña o la mía?... — repitió ella y yo solo pude tragar seco... ¿Ella se estaba insinuando?..Diablos!... ¿Que pretendía?...Yo era un hombre antes que nada, con fuego en las venas!, no era de palo!, y pasar tantos años negándome ese tipo de placer, esperando por mi amada, no me ayudaban en nada...

Así que tome el valor de negarme lo que mi cuerpo ya me estaba pidiendo a gritos...

-Bueno será cuando lo desees...ya sabes dónde encontrarme... — fue lo último que escuche mientras ella caminaba de vuelta a su cabaña, portando solo una bata de seda larga, pero transparente, dejando a la vista todos sus atributos...Deje salir un respiro de frustración, mi visita a la cabaña ahora se había reducido por esa diosa que me llamaba...

Nuevamente había tenido que entrar y hacer flexiones, pero esta vez las multipliques para calmarme, y de paso, mucha, pero muchísima agua fría... A este paso terminaría buscándola, tomándola de una vez por todas. Ella estaba provocando una sed que necesitaba ser aliviada...

Al siguiente día decidí salir al pueblo, buscar mi correspondencia y comprar más provisiones, seguramente George ya me habría enviado noticias para ponerme al tanto de todo, después de todo la semana ya se había ido y además era una excusa para evitar a mi nueva vecina...

Al llegar al pueblo tal como lo había pensado George me había enviado varias cartas, y entre ellas estaba una de mi Candy, la cual causo que mi corazón nuevamente se acongojara recordando el dolor que sentía...

De vuelta en la cabaña conseguí en mi puerta una cesta de frutas que decía... ¿Lo hacemos en tu cabaña o la mía?...Sigo esperándote...

¡Diablos!...esta mujer sí que era insistente, será mejor que lea la carta de Candy antes que haga algo estúpido...me dije abriéndola...

Albert,

¿Donde estas?... te he estado buscando por todas partes, por favor hablemos, si?...

Recuerda que antes que nada somos amigos.

Te quiere,

Candy

Esa tenía que haber sido la carta más fría que habría leído en su vida, ¿te quiere? ...¿amigos?, ¡si le pidió que fuera su esposa!...respiro hondo antes su desgracia, la mujer que mas amaba lo había atravesado con un cuchillo directo en el corazón, ahora se había arrepentido de haber ido por su correspondencia...

No pude evitar que mis ojos se dirigieran a la cabaña de mi vecino, ahí, a tan solo unos metros estaba una diosa del deseo invitándolo a pecar. Pero él no era esa clase de hombres. Él no se dejaría llevar por lo que sus hormonas le exigían. De alguna manera tendría que utilizar esas clases que los monjes en el Tíbet le habían enseñado...

Los días pasaban y Albert seguía recibiendo las notas de la susodicha vecina, ya estaba al borde, al parecer su propio cuerpo no le respondía, corría, nadaba, hacia cientos de flexiones, y múltiple baños de agua fría, para nada, todo era en vano...Aquella parte de su anatomía no solo exigía, pero demandaba satisfacción. Tenía que ponerle un fin de una buena vez a la señorita, la cual no sabía siquiera el nombre, tampoco había visto su rostro...Pero al parecer ella gustosa le enseñaba sus otras partes, tentándolo, llevándolo al extremo...

Ese día se levanto dispuesto a terminar de una buena vez el acoso, toco varias veces a su puerta y nada. Cuando la noche había caído, decidió volver a intentarlo, y esta vez ella abrió la puerta, invitándolo a pasar.

Albert entro mirando a su alrededor, la cabaña estaba bien decorada, habían velas por todas partes, y un aroma a rosas impregnado en cada rincón, aroma que le recordaban a su Candy...

Ella se acerco peligrosamente a él, pero él la detuvo. Primero estaba algo irritado porque a todas estas no había visto el rostro de esa mujer que desde el principio había logrado hacer que perdiera un poco de su autocontrol. Y ahora nuevamente ella se le estaba insinuando...

- Disculpe señorita, pero no puedo, vine aquí a pedirle que por favor no me deje mas notas en mi puerta, yo vine a pasar una temporada en mi cabaña, en silencio. Además que yo estoy comprometido... — mintió, tenía que hacerlo, sintió como la joven se reía y se alejaba unos pasos de él dándole la espalda...

- Pero ella no te ha aceptado...¿verdad?...porque de ser así no estarías aquí tan solito... —contesto seductoramente...

Albert no supo que decir, esta mujer además de sensual, era inteligente. Cuando recupero su voz contesto...

.-Bueno eso era a lo único que vine... — No tenia porque darle explicaciones a una extraña, así que al terminar hizo camino hacia la puerta...

- No te vayas Albert... — pidió ella deteniéndolo con sus suaves manos...

Albert se quedo frio al escuchar su nombre, esa voz, ahora si reconocía esa voz...él se volteo y lentamente con sus manos le quito el sombrero que tenia, con ese bendito velo que no le había dejado ver su rostro...

-¡Candy!... — pronuncio con sus ojos abiertos de par en par, ella solo sonrió al ver la cara de asombro de Albert...

- ¿Pequeña?... ¿Por qué?... — Albert preguntaba balbuceando y confundido por lo que acaba de descubrir.

- Quería estar segura que después de casarnos no estarías por ahí de falda en falda como otros hombres hacen después de casarse, tienes que comprender que no podía dejar que me rompieras el corazón una vez casados... — dijo ella levantando su barbilla muy orgullosa por su actuación...

Albert la vio detalladamente, así que ella pensaba que podía jugar con fuego sin consecuencias, su mente recordando aquel cuerpo de afrodita que lo había estado llevando a la locura en los últimos días...

- Bueno señorita, ahora tendrá que pagar con creces por su travesura... — contesto él levantando una ceja...

- ¿A qué te refieres Albert?... — Pregunto ella insegura...

Albert esta vez se acerco a ella peligrosamente como león a su presa y le susurro a su oído...-Usted señorita me ha estado volviendo loco con ese cuerpo de sirena, así que ahora no podre esperar hasta casarnos...

Esas palabras hicieron que ella se convirtiera en gelatina, ahora era ella a la que le temblaban las piernas, ante el león que había despertado...

Albert sonrió al verla estremecer...Sin darle tiempo a reaccionar él la tomo por las piernas, levantándola y cargándola entre sus brazos, caminando hacia la puerta...

- A donde vamos Albert?.. — Pregunto Candy temiendo a la respuesta...

- Tú me preguntaste... ¿La tuya o la mía?...La respuesta es la mía... — dijo el llevándosela a su cabaña, sintiéndose feliz por primera en vez años.

Por supuesto que se casarían, solo que adelantarían su luna miel...

-...Fin...-

Gracias Por Leer...