El sol calentaba mi espalda, me había quedado dormida en la manta sin darme cuenta y el calor ya se estaba empezando a notar. Por suerte, tenía la parte del biquini puesto y tendría que haber cogido color. Se sentía muy bien estar allí, con el ruido del mar detrás, y sintiendo que no hay preocupaciones. Me estiré entonces, cuando noté como algo faltaba a mi lado. Un cuerpo que tendría que estar a mi lado durmiendo como nos habíamos quedado hacía pocas horas:

-¿Tori?-me estaba asustando- Tori- me alcé un poco buscándola, cuando la vi.

Sonreí nada más verla, al igual que esta a mí. Se había levantado para dar un paseo mientras que yo estaba dormida, debería de habérmelo dicho; aunque con esa sonrisa, nada se lo podría negar.

Esta levantó el brazo y saludó con un simple gesto del brazo, cuando empezó a meterse en el agua con la ropa incluida. Se iba a notar que no había asistido a clase como se bañara a casi hora de irnos. Tenía que salir antes de que entrara más adentro, aunque ella seguía y seguía cuando, de repente, entró bajo el agua. Reí. Pensar que hacía a penas semana y poco más, era una niña insufrible y ahora, allí estaba, bajo agua. Demasiado tiempo para decir verdad:

-¿Tori?- nada, ni rastro- ¡Tori!- salí corriendo enseguida metiéndome en el agua- ¡Tori!- el agua estaba helada y no podría sobrevivir mucho allí metida-¡Tori!- me estaba empezando a desesperar- ¡Tori! ¡TORI!- grité a los cuatro vientos, pero ni rastro- ¡TORIII!

-¡Señorita!- abrí los ojos cuando noté la mano sobre mi hombro- ¿Está bien?- una azafata del avión me zarandeaba un poco.

-Sí, lo siento- me disculpé un poco cuando vi que la gente me miraba- Estaba soñando- les respondí para que volvieran a sus vidas.

-Ok, es solo que vamos a llegar en treinta minutos, póngase bien- asentí calibrando mi asiento.

Me di cuenta entonces, no había pasado nada, solo había sido un maldito sueño que me había angustiado:

-Oye, ¿pero que pasó con la chica?- me giré a mi derecha encontrando a mi acompañante- Cuéntalo.

Ya se me olvidó: de camino de Londres aquí, le había empezado a contar la historia de Tori y yo a una anciana que había "empezado" a ser mi amiga en el viaje y, tras que esta fuera al baño, me había quedado dormida sin contarle el final:

-Pues nada, que me dejó- respondí- No supe más nada de ella en estos dos años.

-Oh, valla, pequeña, lo siento- sonreí quitándole importancia.

-No importa, estoy bien- asintió esta.

Y bueno, el viaje a Londres al final, había dado sus frutos. En estos dos años había podido ahorrar lo suficiente para ir viviendo y mi capricho. Ahora tocaba regresar un poco a la vida anterior. Añoraba a todos. Ya me había encargado de llamar a Cat y Ezra me dijo que me iba a estar esperando en el aeropuerto. Casi no aguantaba más llegar a la casa. Se veía que Londres me había cambiado, pero no tanto. Aún echaba de menos mi faceta macarra. En Londres, todo el mundo era muy serio como para hacer alguna de las mías, la vida era muy aburrida. Todo el tiempo lo tenía dividido entre los dos trabajos que había conseguido: actriz para un reality de la televisión con pocos videntes y el trabajo que me consiguió Jesse, mi amigo de Londres.

Por lo que, nada más aquel avión tuvo sus ruedas en el suelo, salí disparada por la puerta para observar mi ciudad. Había cambiado un montón en estos dos años. Habían modernizado el aeropuerto, aunque el servicio de maletas seguía siendo tan lento como cuando me fui. Más de vente minutos tuve que esperar a recoger mis dos maletas que se habían visto agrandadas en estos años. La ropa de Londres es lo que tiene, que, o sigues la moda, o no eres nadie. Asique, nada más cogí por fin mis maletas, salí por la puerta en busca de Ezra que no lo veía por ningún lado. Como lo hubiera olvidado, si que iba a formarle una buena; pero no. Enseguida escuché sus pasos por detrás mio cuando me tiré sobre él abrazándole por sorpresa:

-¡Jadelyn West, como te extrañé!- apreté más el abrazo, para que mentir, lo había extrañado al máximo.

-No me llames eso- respondí dándole un pequeño puñetazo en su hombro notando el gimnasio- Valla, valla, vas al gimnasio, ¿no es así?

-Bueno, he tenido más tiempo desde que alguien no estaba alrededor mía- bromeó este volviéndome a abrazar- ¿Me extrañaste, hermanita?

-Claro que no- reí- todos los días- sonreí.

Asintió ayudándome con las maletas:

-Vamos, anda, tengo una sorpresa para ti.

-¿Una buena?- más le valía.

-Una buena- respondió saliendo del lugar.

Andamos hacia el aparcamiento, cuando me encontré frente por frente con la que esperé que fuera mi sorpresa: un coche, mercedes por lo menos, me esperaba allí:

-¡Dios!- lo miré- ¿Para mi?

-Es mio. Mio.- insistió- Soy coordinador del área de literatura- respondió este- y me concedí un capricho.

-Ok- lo paré antes de continuar- las llaves.

-Ni se te ocurra- lo miré.

-Las llaves sí o sí- me tiré ya quitándoselas de las manos- Vamos- sonreí metiéndome en él.

-Ok, pero con cuidado, ¿ok? Que es nuevo- respondió este nada más meterse tras dejar las maletas guardadas- Cuidado…

-Tranquilo- sonreí apretando el motor- Solo lo chocaré unas dos veces…

-¡Jade!- no le di tiempo a responder, cuando apreté el acelerador a tope.

No había tenido la oportunidad de conducir algo en condiciones desde que me marché de la ciudad. En Londres todos los coches y motos no se comparaban con mi moto y bueno, ahora con este coche en mis manos, necesitaba dar rienda suelta a mi adicción al motor. Por lo que empecé a coger calle por calle a toda velocidad, sin pasarme, no quería regresar y que me pusieran una multa.

-¡Ha sido increíble!- reí nada más llegamos a casa- Gracias por prestármelo.

-De nada- respondió Ezra que seguía mareado del movimiento al que lo había sometido- ¿por qué no vas entrando mientras que yo subo las maletas? He hecho reformas, ¿por qué no vas y ves que tal?

-A sus órdenes- respondí corriendo a casa.

Nada más entré, todo lo vi cambiado, demasiado. Había renovado todo, todo. Las paredes eran de un azul claro, oscuro y demás. Quedaba incluso mejor que el blanco de antes. Los muebles eran a la última moda. Se notaba que tenía dinero y estilo por lo que pude ver:

-¿Te gusta?- preguntó cuando terminó de subir la última maleta.

-Impresionante- respondí ayudándole a entrar la segunda maleta que daba más problemas- Buena elección y buena reforma.

-Gracias- sonrió- ¿Por qué no ves tu cuarto a ver que tal?- asentí subiendo las escaleras.

Este también había cambiado. Casi no parecía el mismo que había dejado hacia dos años atrás. Estaba pintado de un color azul claro, con lados en blancos y azules oscuros. Quedaba mal, pero mejor cuando quitara las cajas con mis cosas:

-¿Qué tal?- me asustó de repente Ezra.

-Me gusta-respondí.

-Subí las cosas ayer, no me dio tiempo a poner muchas cosas- notó como mi mirada se dirigía hacia un marco especial- Supuse que lo querrías tener en primera plana cuando llegaras- asentí- Ayer hizo dos años- respondió.

-Lo sé- respondí volviendo a poner el marco con la foto de Matt y yo en la mesita.

-Oye, cuando puedas…- me enseñó su móvil- creo que deberías llamar a mamá y decirle que estás aquí- lo miré.

-Y sigue el tonto con la tontería- me enfadé- No lo voy a hacer.

-Deberías.

-Pero no quiero- sentencié. Y es que en estos meses, me había dado la tabarra con que la llamara, no sabía para qué, pero no iba a hacerlo. Suficiente había tenido con abandonarnos como para que fuer atrás ello- Bueno, creo que solo me queda ver una cosa- me giré mirándole- ¿Dónde está?

Enseguida me tiró las llaves, las cual, la cogí al vuelo:

-Te la he estado limpiando y manteniendo hasta que llegaras, creo que la encontrarás a tu gusto.

-Eso espero- bromeé dándole un beso- Voy a dar una vuelta-asintió.

Bajé enseguida al garaje y allí, al final de una hilera de coches, un bulto envuelto en sábanas, esperaba por mí. La toqué, la había echado de menos, y mucho cuando viaje a Londres, pero allí estaba de nuevo. Agarré la manta y di un gran estirón. Sonreí nada más verla. Allí estaba, reluciente, como si no hubieran pasado dos años entre el día que me fui y el día que llegué. Había esperado paciente por mí.

Me monté poco a poco, casi no podía creer que la tuviera en mis manos. Metí las llaves, y arranqué. El sonido del motor hizo que sonriera aún más. El ruido del motor, me podrían llamar marimacho, pero aquella había sido mi vida durante más de cuatro años. Es como el músico que revive al escuchar la música, yo revivo al escuchar el motor.

No aguante más y, apretando el motor, salí volando de allí. Me sentía de nuevo vida, sentía de nuevo la sensación que experimenté en mi primera carrera. Jade West había vuelto a la ciudad, aunque la ciudad había cambiado. Pasaba por las calles sonriendo, pero no recordaba nada de lo que veía por ahí. Había cambiado, la gente, los edificios, todo en sí. Aunque había un lugar que no había cambiado para nada: el lugar donde se reunían para las carreras. No pude evitar volver aquel lugar.

Aun recordaba sus gritos, sus ganas de emoción en las carreras. Lo recordaba, pero también recordaba aquella noche. Como corrí con todas mis fuerzas buscándolo. Como la gente fijaba su mirada en mí esperando mi reacción. Como su cuerpo, metido en una bolsa de plástico, me recordaba que no somos inmortales, que tarde o temprano, nos llegaría nuestro final. El lugar estaba vacío, pero los recuerdos volvían a llenarlo. Era extraño para mí volver a recordar lo que en su tiempo, luché por esconder.

Miré el reloj, había quedado en quince minutos con Cat y, si no me daba prisa, no llegaría ni queriendo. Me volví corriendo hacia la moto y, montándome, me dirigí hacia nuestro lugar, aunque he de decir que me costó llegar al lugar donde había quedado con Cat por teléfono. La ciudad había cambiado demasiado, en mi opinión. Cambios que se notaban por todos lados.

Era una pequeña plaza cerca donde ella vivía. Había estado muchas veces allí, con eso de las carreras y demás, pero casi no lo recordaba ya. Todo estaba distinto a lo que recordaba, me sentía extraña paseando por allí.

-¿Jade? ¿Jade West?- me giré cuando escuché llamarme.

-Avan- sonreí- Hola.

Este había cambiado también. Ahora, por la pinta de su traje, trabajaba en otro bar, ya que estábamos lejos del de donde iba. Ahora se dedicaba a servir a los clientes como pude ver: dos chicos y una chica la cual, no paraba de jugar con su cámara, aunque me miraba de vez en cuando:

-Has vuelto. ¿Cómo estás? ¿Cuándo volviste?

-Bien, gracias- respondí- Acabo de volver hace unas horas y estaba dando un pequeño paseo por la ciudad.

-Bueno saberlo- y, por primera vez, un silencio se apoderó de ambos. Nunca había pasado, pero supongo que dos años, crean sus huellas- Sabes, esta noche hemos quedado todos los de la pandilla. Ven, será divertido. Para recordar viejos tiempo. En el bar de siempre, ven.

Lo miré, los viejos tiempos eran por los que me había ido, pero en fin, siempre sería bueno volver a ver a viejos amigos. No siempre iba a estar sola en la ciudad, sobre todo, si iba a pasar mucho tiempo:

-Claro. Veo a alguien y nos vemos en tu casa, ¿ok?

Asintió:

-Me alegro de que estés de vuelta.

Sonreí:

-Yo también… adiós.

-Adiós- se despidió este.

Era raro. Antes, habría sido casi todo de carrera, pero estos dos años y las circunstancias habían hecho que todo se volviera un poco más duro para mí que de costumbre. Aun así, agradecía que se hubiera acercado a mí para hablar.

Empecé a andar un poco más y me senté en el primer banco en que vi. Que me buscara Cat. Me dolían los pies y no tenía más ganas de andar. Por lo que allí la esperaría. Vería así un poco el paisaje y a lo que me estaba enfrentando ahora que estaba de vuelta entre la gente que me había visto crecer. Aunque no pude mucho cuando alguien, sin previo aviso me tapó los ojos:

-¿Tu eres la chica que se subió a lo alto de un puente para escribir la frase más romántica de todos los tiempos?- sonreí al escuchar su voz- ¿O la que me hizo entrar en la piscina municipal diciéndome que si no lo hacía, mi osito bobo desaparecería?- me dejó ver de nuevo.

-Creo que las dos cosas- sonreí abrazándola- ¿Cómo estás?- la apretuje lo más que pude- ¿Cómo has estado, preciosa?- sonrió.

-Pues ya ves- la observé.

Había cambiado, pero para mejor. Llevaba su pelo rojo como antes, la ropa rara y la moda habían vuelto a su vestuario. Se veía más que bien en todo lo que se podía imaginar:

-¿Te gusta?- preguntó dando una vuelta.

-Guapísima, como siempre- respondí sonriéndole- La loca Cat ha vuelto.

-Hey, que yo no estoy loca.

-En el buen modo- bromeé abrazándola de nuevo- ¿Cómo has estado?

-Pues bien, las cosas me fueron muy bien, ¿sabes?- respondió sentándose en el banco junto a mi- Terminé el colegio y estudié filología en la universidad. ¿Qué te parece?

-Que no has perdido el tiempo- asentí- Me alegro de que la vida te lleve tan bien.

-Y tú, ¿qué tal? Escuché que estuviste trabajando como actriz…- reí asintiendo.

-Pues sí, pero no cuajó- bromeé- Eso será una parte de mi pasado que se quedará en el pasado- reímos.

-Oh, vamos. Has estado en Londres, ¿qué más quieres?- se burló esta.

-Déjalo- reí quedándonos en silencio un momento- ¿Cómo pasaste… su día?- se puso seria nada más me escuchó.

-Fui a su tumba. Puse flores por las dos- asentí agradeciéndole- ME acordé mucho de tí. No tenía a nadie para darme la lata, ¿sabes?

-Y yo te ti- le animé dándole un pequeño codazo.

Me miró, sabía que me iba a preguntar. La dejé que lo hiciera, quisiera o no, no podía escapar del asunto durante toda la vida:

-¿has hablado con ella en este tiempo?- negué.

-No sé de ella desde aquella noche- respondí, aunque mentí recordando lo de aquella noche con Beck- ¿Y tú?- negó también.

-Cuando Matt murió, cortamos toda comunicación- me contó esta- Terminamos el colegio por separado y ella se fue a hacer su carrera y yo la mía.

-Creí que erais grandes amigas…

-Las grandes amigas algunas veces no existen- respondió esta- ¿Por qué no dejamos el tema? Mañana vamos a ir a la discoteca unos cuantos, ¿por qué no vienes? Te gustará… por los viejos tiempos- asentí levantándome con ella.

-Por los viejos tiempos- asentí agarrándola por los hombros con el brazo- Ha sido un placer verte de nuevo.

-Igualmente- respondió esta agarrándome por la cintura- Ha hecho falta que te vallas a Londres para ver cuanto me hechas de menos- la miré riendo.

-Fíjate quien va a hablar- bromeé mirándola- ¿No serás tú la que me echabas de menos?

-Eso esta dado por seguro- bromeó dándome un pequeño beso en la mejilla- ¿nos vemos entonces mañana?

-Guárdame una ronda de chupitos hasta que llegue, ¿ok?-asintió sonriendo.

-Está bien- admitió yéndose- ¡pero tú pagas!

-¡Hey, eso no vale!- pero era demasiado tarde, ya había pegado el carrerón metiéndose entre la gente de la calle.

Sonreí, con cosas así, daba gusto volver a la vida que tenía hacía tanto tiempo. La ciudad había cambiado, pero permanecía igual. Me había acogido de la misma forma en la que me había dicho adiós. Ahora lo que importaba era volver a disfrutar de lo que una vez tuve y vivir lo que el futuro me preparaba.

Me monté de vuelta a la moto cuando observé que el tanque estaba medio vacío. Con todo lo que había pasado, me olvidé de mirar el tanque. No me acordaba ya lo que era tener entre manos de nuevo mi moto, aunque ya que Ezra me había estado cuidando la moto, debería de haberle llenado el tanque entero, que tiempo había tenido.

Bueno, después de estas dos semanas, por fin subo tengo ganas de ti. Para los que empiecen a leer esta, sin a 3 metros sobre el cielo, os recomiendo que leais primero la otra por que si no, no os enteráis de lo que pasa.

Y por lo demás, esperar que esta parte guste tanto como la otra y esperar que tenga tanto exito como la otra

Leed, disfrutad y comentad