Sweet Dreams

Allá por finales de septiembre (28) del año pasado, ocurrió un eclipse de súper luna o luna roja. (No sucedía desde los años ochenta…) Y en el momento en el que este planeta tapó nuestro querido astro vecino, volviéndose de un color caoba, yo pensé en Crona Makenshi. (Y así, estoy de tocada por este manga…) ¡Aprende con Bell! (En la clase de mañana os enseñaré a comeros una naranja.)

Esto es un capítulo.

(El anterior número 17 era un mensaje, fue borrado como os dije. Gracias por soportarme.)


Aquí estamos contra todo (oscuro) pronóstico, el capítulo diecisiete de Sweet Dreams. De vuelta tras el hiatus nondefying, teniendo que reescribirlo todo. Jamás pensé que me acercaría a un capítulo veinte de algo pero, ¡ahí vamos! (Hoy es lunes. Que pu(ll and bear)to asco, espero que estés leyendo esto un lunes. Así parezco adivina si he acertado.) Espero así alegraros un poco este… Lu(pus Doctor House, ¡es lupus!)nes.

Así que por adelantado, gracias bellezas. Los que comentáis y dais a FAV y a Follow (que ya sois un montón, corazones-por-ojos. No hace mucho me hicieron una entrevista estupendífica en la página de Facebook:"Recomiendo fanfics". ¡Sobre Sweet Dreams! (Yo iría a cotillear… equisdé) ¡Y más de catorce mil views tiene ya este humilde ficcillo! ¡Esto hay que celebrarlo! ¡Sacad el Freixenet! ¡Pero no para estampármelo en la cabeza!) para que yo sea consciente del apoyo que me brindáis. Que me emosiono mucho…(Debo dejar de ver Clannad, debo superarlo, debo…)

Mis queridos guests y autores o simplemente lectores, (lectores in the shadows). Gracias de nuevo, lo hacéis posible. (Reviews serán respondidos.) Veamos qué pasó con el final del capítulo anterior (Dios qué largo fue, Dios que largo fue. Black Star: Lo sé, lo sé.)… Si os acordáis, podéis saltaros lo siguiente, ejem:


Recordándoos que pasó en capítulos anteriores:

Comienza otro día de clase en el colegio Shibusen. Black no aparece al principio porque todavía sigue un poco tocado por sus pulmones. Así que Maka y Soul tienen más tiempo para (discutir y) crear lazos afectivos hacia… No sé, hacia alguna parte. (Ellos sabrán lo que hacen, ¿qué autora ni qué leches?) Medusa les castiga porque es una gran profesora responsable que ama su trabajo (Perdón, me ha obligado a escribir esto). "Never forget the bufanda." Y justo cuando ambos enemigos parecían empezar a entenderse, emerge nuestro querido mono de cabellos azules. Black Star, que no sabe mantener la boca cerrada le cuenta a sus amigos, en presencia de Maka, que están saliendo juntos. Si para colmo, el día de Maka podía empeorar aún más: así sucede. Por alguna razón que desconoce, su mejor (y casi única) amiga en Death City empieza a ignorarla y el profesor Sid cambia las parejas en el laboratorio de biología. A desgracia de nuestra rubia protagonista, le toca como compañera, en vez de un Soul vago e inanimado, una chica de pelo rosa pero sin pelos en la lengua…

¡Espero que os guste! (Porque 15000 palabras de fic, siempre serán pocas aquí… ¡La cruz! ¡Me van a hacer la cruz!)

Bell Star .


Música para escuchar hoy:

Garabatos

Todo llega y todo pasa.

Como un espejismo.

Todos fuimos garabatos.

De nosotros mismos.

Lo que queda en la mirada.

No es que esté escondido.

Pero hay cosas que solo se ven si pasas,

cerca del abismo.

(Fito y Fitipaldis)


Martes.

Ni tienes porqué. —Me miró seriamente, sus ojos claros y los míos se chocaron rabiosos. Ella soltó su sentencia con picardía, le vi mover los labios, pero no oí su voz—. Aquí la única que se lía con él o se lo tira, soy yo.

No era algo que me apeteciese escuchar…


Maka.

Abrí los ojos con desmesura mientras ella levantaba una ceja. Y después, clavé el punzón en aquel riñón de corderito, salpicándonos con la sangre en las batas. "Otro animal para añadir a la lista de bichos que he defenestrado sin querer." Pero esta vez no tanto. El día en que me muera me esperaran todos sus espíritus en algún sitio con las aureolas en la cabeza, para perseguirme por toda la eternidad y darme una paliza con bates llenos de clavos.

—¡¿Novata?! —Kim puso cara de repugnancia, moviendo el mentón como una vieja sin dentadura. La vena azul de su frente alcanzó un tamaño que rozaba la explosión de bomba.

La campana del timbre sonó, silenciando el estropicio y la voz horrorizada de Kim Diehl deseando mi muerte venidera. Al tenerla tan cerca pude oírlo levemente, fue un grito tan agudo que hasta los perros de Death City habrán aullado de horror con ella. Lo ignoré por completo, tampoco se escuchaba del todo bien; salvada.

—¡Se acabó la clase! —Sid gritó dando palmadas en medio del laboratorio de química. Tiene unas manos enormes—. ¡Limpiad y largo de aquí!

Y una educación dudosa… Parecía tener mucha prisa.

Mientras Kim Diehl seguía maldiciéndome asqueada con los dientes apretados, los brazos inmóviles y los puños cerrados a cal y canto, dejé el bisturí clavado en aquel órgano de oveja o derivados y me retiré de la mesa dando un salto. Salpicada en sangre coagulada como un carnicero psicópata, con la sonrisa en los labios. Sin dirigirle la mirada siquiera. Voy a suspender biología de corrido, pero a esto, podemos jugar las dos. Aunque fuese una tontería de la que luego me arrepintiese, pensándolo bien…

Por lo que esa vez me callé, no hice ni dije nada más y no sé por qué. "¿Quién se ha creído que es para tratarme de esa forma?" Me había estropeado la tarde por completo. Tenía que haberle dicho. Alto y claro:

"—Eres una… Maldita arpía perversa." Es de esas ocurrencias que piensas justo cuando ya es demasiado tarde para devolver la pulla. Así que hoy me revolveré en mi cama hasta que no pueda más. A veces hasta yo misma siento que no sé insultar. Pero tampoco es que me importe demasiado. O debería.

Pero no lo hice. Y aún me pregunto: "¿por qué?"

Ni siquiera me conoce.

—Esta te la guardo —dijo a mis espaldas, con una voz grave que no le pegaba para nada. Entre dientes—, novata. ¡Eres una cerda…!

Me molestan sus palabras, me molestan hasta límites insospechados. No quería dar media vuelta para tener que enfrentarla a ella y a su mirada asesina mientras se quitaba el pegajoso rastro rojo de mi puñalada de cordero. (Para que luego vuelva a dejarse la bata medio abierta. La peor parada ante la salpicadura roja había sido yo.) Quería salir corriendo de aquí. Pero no soy de ese tipo de personas, o eso quiero creer. No soy como Kim.

Alcanzo el fregadero de la sala y me lavo las manos y la cara con saña. Si hay algo que he aprendido hasta la fecha, viendo capítulos de CSI con mi padre los jueves mientras cenamos, es que la regla más importante de todo criminal es como la palabra indica: eliminar las pruebas de la escena del crimen.

La clase se va despejando, pocos se molestan en limpiar a conciencia y muchos que han acabado antes ya lo tenían todo listo, no como nosotras (yo, que he hecho todo el trabajo sucio. Literalmente.). Ya pueden correr el riesgo de pillar una enfermedad contagiosa, que les daría exactamente igual. Aparecen cada vez más y más batas mal colgadas sobre los percheros. Observo que no hay rastro de Sid por ninguna parte, tampoco de Soul Evans.

Arranco varios metros del rollo gigante de papel de cocina que hay junto a la papelera, y se lo lanzo a la arpía rosa en tensión. El papel vuela, cubriéndole la cabeza enteracomo el velo de una novia furiosa. No deja de quejarse, intentando escapar. Grita, y Ox Ford llega raudo cual caballero a su rescate, para socorrer a la damisela del ataque del papel higiénico feroz (y de la sangre de bicho muerto), no vaya a ser que se corte su nívea piel con el roce extra suave de la doble capa... Termino de limpiarme mientras me aproximo a retirar los despojos de nuestra mesa; el estropicio. Ya que no creo que ella haga nada ni por asomo. Incluso si le dijese algo al director sobre lo que ha pasado, a su manera, no me asustaba.

Ya no.

—Te juro, que te arrancaré los cuatro pelos rubios que tienes por esto… —Me amenazó mientras golpeaba a Ox, el cual intentaba limpiarla.

Lástima que no pueda hacer lo mismo con su alma.

—Haz lo que quieras. —Sonrío forzosamente de vuelta, recogiendo la bandeja con los utensilios sucios. Hasta yo misma admito que sueno de lo más siniestra—. Si te atreves.

Pero en el fondo sabía que me temblaban ligeramente las piernas.

Varios compañeros de clase, contados con los dedos de una mano, han visto lo que ha pasado con la boca abierta, otros no saben si echarse a reír. Black Star, con la bata de laboratorio desabrochada, no tarda en acercarse. Se apresura a toda velocidad para preguntarme qué ha pasado. Miro para otro lado por el rabillo del ojo. Vuelvo a sonreír. No me apetece decir nada ahora mismo, aunque sea una estupidez: menos a él… Sólo me saldría alguna respuesta borde, lo sé.

Pero cuando quiero darme cuenta, Liz y Patty Thompson también se me arriman por banda con el mismo deje de preocupación. El ceño fruncido, el tono de lástima.

Una chica de pelo castaño, largo hasta la cintura, aparece y acompaña a la histérica de Kim, se me queda mirando con la mayor atención del mundo. Después salen por la puerta del laboratorio, la última sigue quejándose e insultándome. Parece ser que van al baño.

—¿Qué has hecho? —La rubia menor me pregunta. La palma de su mano tapa su boca abierta a más no poder, cubierta de gloss labial.

"Qué ha hecho la arpía."

—Estoy bien —comenté con naturalidad.

Cubierta de flujo sanguíneo apestoso.

—Te has puesto perdida, anda vamos. —La otra hermana me detuvo en mi labor de ignorar a todos los presentes, dejando de limpiar. ("Hice un Evans".) Harta, se interpuso entre mí y los cachivaches, tapándose la nariz. Yo era consciente de lo que había hecho, a ratos—. No esperarás ir a la clase de gimnasia así de pegajosa… —Fue todo un detalle que Liz me diese una ojeada con cara de asco, mientras trataba de dirigirme al servicio más cercano. Me dio la mano y la seguí como un cachorrito asustado ante lo que el mundo le depara. Black Star quiso hacer lo mismo—. Tú quédate aquí.

Liz ordenó, haciéndole un gesto con el dedo. Por supuesto, no la hizo ningún caso.


Maratón de besos

Liz puede ser bastante esnob, pero desde luego no le falta sentido común. Ella y Patty me trajeron al cuarto del baño. Pero no al mismo que pudo haber ido Kim, a pesar de que no les había contado nada en el trayecto de ida.

—¿Eres tonta o qué? —Liz me regañaba como una madre de verdad, frotando con agua helada mi prenda. Sentí frío al quedarme solo en sujetador por la parte de arriba, tiritando. Jamás pensé que nuestro primer encuentro a solas fuese así. Patty me pasó una pequeña toalla blanca, me ayudó a lavarme la cara y el pelo con jabón de melocotón, a conciencia. Huelo a árbol tropical. Liz siguió con su papel de madre enfadada—. ¿Sabes lo mal que sale la sangre seca de la ropa? Menos mal que llevabas la bata bien puesta, pero olvídate de la camisa. ¿Has visto como tienes el cuello? ¡Pensé que tenías menos aire en la cabeza, pez globo!

—Lo siento… —Me disculpé varias veces en voz baja, avergonzada de mí misma. También hinché las mejillas, como el susodicho animal acuático.

Más motes no.

—Lo hemos visto.

Ella suelta sin dirigirme la mirada. Me sorprendo de un respingo.

—Y… ¿Vais a delatarme?

Ambas se me quedaron mirando al instante, con las gasas manchadas en las manos. Mis ojos alicaídos y curiosos debían mostrar lo dolida que me sentía en ese momento. Pero entonces, comenzaron a reírse.

—¿Delatarte? Será una broma.

—¡Ha molado muchísimo! —Patty apretó los puños y los alzó en señal de victoria.

El jabón se fue a tomar viento. Como mi sentido común.

—¿¡Qué…!? —pregunté atónita.

—Mira, Kim… —Liz se preparó para pronunciar otro de sus discursos. Dejó mi jersey y mi blusa enjabonada sobre el lavabo, alzó la cabeza—… Digamos que es, gilipollas. Mucho. Muchísimo. Ya lo habrás notado. Pero no creo que vaya contra ti, ya tiene acumulados unos cuantos problemas en lo que llevamos de año. Así que relájate.

Nunca la había oído hablar así de fuerte, pero no me disgustaba en absoluto.

—Aunque, si se le escapa algo, testificaremos a tu favor. No lo dudes —Patty dijo de corazón. Con la mano sobre su enorme pecho, que se mantenía al resguardo de unos botones de blusa que tarde o temprano cederán a la presión.

—En… ¿En serio? —Se me abrió la boca y no volvió a cerrarse en un largo rato. Me ardían las mejillas. Era demasiado.

¿Acababa de hacer amistad con dos abogados?

—¡No entiendo como no la han expulsado ya! ¿Qué más necesitan? ¿Una invitación? Es horrible. —Liz prosiguió, esta vez eliminando por completo la mancha de mi ropa. Frotando a velocidades muy enérgicas y peligrosas. No me dejaron mover un dedo, pensé que se acabarían cargando mi uniforme con esa furia contenida en las palmas—. ¡Nunca nos la quitaremos de encima! Lo hace aposta.

—Tiene muchas libertades. No se irá hasta que apruebe de una vez por todas, y todos aquí sabemos que eso no será nunca —Patty enfatizó la última palabra. Haciendo gestos tétricos y divertidos con los dedos como si fuese un fantasma—. Uh, uh…

Fruncí el ceño, sin poder comprender lo que decían. Abrazándome a mí misma ahí sentada sobre un taburete (birlado de la enfermería).

—¿Libertades, aprobar? ¿De qué estáis…

—Kim ya ha repetido dos años Maka. Y se pasea como si se creyese alguien superior —Pude notar como Liz estaba a punto de darle un golpe seco a la pared de azulejos. Dos años tampoco me parecían tanto—. Siempre molestando en nuestra clase, en lo que no le incumbe. Haciéndose la mayor.

—Y lo mejor de todo, es que es la querida nieta de Medusa.

Las dos escupieron las palabras. Asentí con la cabeza, sin poder llegar a creérmelo. Parece ser que había firmado mi sentencia de muerte, final. No podía ser otra, tenía que ser mi profesora favorita en todo el mundo. Tan buena, tan gentil, tan estoy muerta para ti.

—¿Habéis acabado ya? —Oí la voz preocupada de Black Star venir a través de la puerta blanca del baño de la enfermería. Dio un par de golpes suaves en el portón y después se agitó, sorprendiéndome y ruborizándome—. Maka, ¡¿qué te están haciendo esas brujas?!

—¡No! ¡Te esperas! —Liz chilló a todo pulmón para ser escuchada, ella y su prepotente ego. Bruta, frotó la gasa con fuerza contra mi piel. Apreté los dientes, empezaba a quemar, pero seguía paralizada por la noticia—. ¡Y vigila que no venga Nygus!

—Joder…

—Tranquilo, sólo es un poco de sangre. Somos mujeres, te anuncio que no es la primera vez que la vemos. Es más, la habremos visto más veces que tú.

Me pareció escuchar un cabezazo al otro lado de la puerta. Y después como unas pisadas veloces estaban cerca, y después se alejaban. Black Star dijo algo más, pero no llegué a entenderle del todo. Me quedé pensativa y dudé. Se había marchado de repente.

—¡Patty! —Liz le dio un capón a la rubia restante, que no era yo, esta vez—. ¡Esas cosas son personales! A este paso, con esas salidas tuyas, jamás encontrarás novio.

—¿Y para qué voy a ligar con Black Star? —Se llevó las manos a la cabeza, adolorida y atacada—. ¡Si ya está cogido!

—¿Y eso qué importa? Es un ejemplo. Sigue siendo un chico, y tú no eres uno. Y tienes que comportarte y aprender a…

Si hubiese una clase de "teoría de la feminidad, primer volumen", Liz sacaría matrícula y beca con honores. Lo cierto era que estaba dando pista libre a su hermana para bromear hasta los confines.

—Yo soy, como quiero ser. —Patty se burló, sacándole la lengua amistosamente. La sacaba de quicio, pero era tranquilizador ver cómo sonreía cuando lo hacía—. Si quiero actuar como un chico, actuaré como un chico.

"Tres rubias en un baño." Cavilé; con sangre. Parecía el cartel de una película "X" de calidad indescifrable.

Me empecé a reír sin ninguna explicación, viéndolas discutir como si nada. A este paso, Nygus entraría al baño de la enfermería y nos pillaría con las manos en la masa.

—¡Además, le he dicho la verdad! —Patty chilló a punto de hacer un puchero.

Me detuve, paralizada. Las ideas comenzaban a brotar en mi cabeza.

—¿Qué has dicho? —pregunté estática, sin algún cambio en mi tono de voz.

—¿Eh? —Patty se rascó la cabeza, mi pregunta la pilló por sorpresa. No le tiró la pastilla de jabón a su hermana mayor, pero por poco—. Que… Sólo es sangre. ¿No?

—Oh… —Me quedé en blanco, observando la pared del baño, aquellas baldosas azules. Las Thompson se me quedaron mirando, tan embobadas como yo—. Claro.

No podía ser coincidencia que Nygus no estuviese aquí justo ahora. Que Black Star se fuese así de repente. Ni que ninguno de los otros dos estuviese al final de la clase.

Todas las piezas empezaron a encajar en el puzle de mi cabeza… Salté del pequeño taburete para niños que no llegan al lavabo de pie, asusté a las hermanas. Y se me escapó una palabra malsonante, antes de darme una torta en la frente:

—Otra vez no…

Tenía que darse prisa.


(¿?)

La puerta de clase se abrió de golpe. Ya no estábamos los dos solos. Recobré la respiración y sentí el amago de querer esconderme, sin ningún tipo de razón aparente. A pesar de ello, mantuve la compostura. No me había recorrido tal veloz carrera para que ahora se fuese todo al traste. Si yo perdía la calma, no quiero imaginarme que perdería él. No me quitaba la vista de encima, parecía asustado. Y es que hace tanto tiempo que sólo me parece, ya no es un ser o estar. "Ya no le conozco." Tampoco disponíamos de tiempo en este instante para una charla de superación, le lancé una mirada llena de seguridad. De esas que él y yo solíamos entender por: "—Todo tuyo, yo te cubro." O al menos antes era así. Pudo funcionar.

Me doy la vuelta y me siento sobre uno de los pupitres del aula, de un impulso. Empieza la función.

—¡Soul! —Sid gritó de forma exagerada y potente, se sujetó en el marco de la entrada. Creía que estaba a punto de romperlo con esas garras de oso que tiene por manos—. ¿¡Estás bien chico!?

—Eh… Sí —El albino contestó sorprendido, poniéndose derecho—, supongo.

En la esquina, yo soy ignorado. Pero aun así sonrío. Y observo la escena desde un ángulo perfecto.

—¡¿Y qué haces aquí?! —A Sid se le escapaba el alma de la boca. Por unos pasos, puso un pie dentro de la clase. Trataba, todavía nervioso, de recuperar el aliento.

Ya está mayor para estas cosas. Este año debe de haber cumplido los treinta y cinco. Y aun así, todavía sigue jugando al "ni contigo, ni sin ti" en su relación con la enfermera del colegio.

—Recoger mis cosas —Soul comienza a sentirse incómodo, pero cuando lo desea se convierte en un actor de teatro tan bueno que asusta. Aunque el que más se asustaba en este momento, si no era Sid, era él mismo. "Le conozco". Cuando se abraza a sí mismo o agarra uno de sus brazos, a la defensiva. Se siente atacado—… Como todo el mundo.

—¿Có… ¿Cómo dices? —Nuestro profesor parpadeó confuso varias veces—. ¡Te he buscado por todas partes!

—¿Qué pasa? —Hago acto de presencia, levantando la mano. Meneo el trasero en el sitio, muevo las piernas y canturreo—. ¿Qué es lo qué queréis?

Llevo la conversación a otro lado. Soul tiene la boca entreabierta y temblorosa, si no hago algo se le irá de las manos.

—Sid, ¿en serio me has llamado por esto? —Nygus, la enfermera del colegio, aparecía a disgusto tras la espalda de oso del profesor multiusos por excelencia del Shibusen. De repente, muy cabreada le da un capón en la cabeza—. ¿Y si le hubiese pasado algo malo de verdad a algún niño mientras no estoy?

—Soul, ¿por qué has huido así de mi clase? —Sid parecía bastante preocupado, se sobaba la zona herida. Estaba más blanco que el pelo de Soul. Me imagino que él se debía sentir culpable por ello—. ¡Me has dado un susto de muerte!

"Pues ya somos dos."

—¿Huido? —Soul se hace notar, alza una ceja e intenta restarle importancia al asunto. Su voz resulta extraña—. Yo siempre salgo deprisa cuando acaban. No sé de qué estáis hablando —Miente como un bellaco. Lo sé porque lleva la mirada al suelo, a los zapatos. Alza los hombros, encogido de nuevo.

Yo repito:

—¿Pero qué pasa? —Observo a la pareja de adultos, sólo en edad claramente. Pregunto con desgana y echo la cabeza hacia atrás—. ¿A qué tanto alboroto? Que hay gente dando clase en otras salas.

Sid ladea la cabeza confundido y emite un sonoro gemido lastimero: "Oh…" No me gusta engañarle, pero debo hacerlo. Raro es en mí preocuparme por los demás.

—Black Star, ¿de dónde has —"Llevo aquí todo el tiempo del mundo"—… No sé si alegrarme o enfadarme muchísimo —Se masajea el puente de la nariz y nos señala a ambos. Mantiene la mirada fija en Soul y le advierte con la voz más sosegada, amable. No quiere gritarle—… Haz el favor de no volver a salir así en la vida de mis clases. Pase lo que pase. Te lo pido.

Empiezo a sentirme mal por esto, la culpa trata de salir por mi garganta pero la ignoro. La costumbre.

—Va-Vale… —Soul se disculpa, de las pocas veces que podrás oír eso de sus labios. Más aún con lo dice de verdad, porque agacha la cabeza todavía más—. Lo siento mucho.

Nuestro profesor asiente lentamente al lado de Nygus, ésta se cruza de brazos. Los dos ponen los ojos en blanco, agotados. Su propia carrera empieza a pasarles factura. Sid añade, tras varios intentos incapaces para comunicarse debidamente:

—Y si te pasa algo, solo ven a contármelo.

"Sid es buena persona. Nosotros no. Ahí está la diferencia."

—Nosotros sólo estábamos aquí. —Zarandeé la mano. Nació chispa en la bombilla de mi cabeza azul—. Está tarde tenemos gimnasia, contigo además. Habrá que ponerse el chándal, digo yo.

—Lo sé, no se me ha olvidado pero… —me gruñe, mientras le devuelvo una carcajada. Envía el último vistazo al cuerpo del albino. Parece quedarse más tranquilo, sabiendo que todo está "bien".

—Bueno, pues si esta persecución absurda se ha terminado. —Nygus dio un par de palmadas con las manos, se mantuvo seria. A pesar de que en el fondo no es así—. Yo me vuelvo, que he dejado la enfermería sola. La próxima me llamáis cuando pase algo de verdad —le mandó una mirada envenenada a su querido Sid, con el que finge no tener nada. Aunque no cuela, se la nota tan enfadada—... No se bromea con estas cosas, ya os vale. Hasta luego —Nos saludó con la mano de espaldas y se lo devolvimos afablemente. Siempre se hace la dura.

No sabemos del todo porqué.

—Pero Nygus cielo, no te pongas así. —Sid corrió detrás de ella como un perrito faldero. No está lejos de esa comparación. Su preocupación ha cambiado a un ámbito más personal y amoroso. Y sobre todo penoso—. ¡Yo de verás pensaba qué…

Nos quedamos mirándoles mientras se alejaban, diciendo adiós con la mano de forma robótica, en silencio. Ya que fingir una conversación normal entre Soul y yo, no tiene ni pies ni cabeza. Empezaba a sentirme un poco mareado, esperaba no sufrir ninguna jaqueca más en lo que quedase de horario lectivo. Tan solo quería tirarme sobre la cama. Ni siquiera sé por qué había venido hoy, bueno, tal vez sí lo sepa.

Por Maka.


Black Star.

—Ya se han ido, albino —comento, ladeando la cabeza. La sonrisa se borra de mi cara.

Soul se desploma poco a poco, arrastrando la espalda por la pared, evita que se caiga. Se lleva las rodillas hasta la frente, avergonzado:

—Oh… ¿Por qué no has dicho nada?

—Tú eres el que ha mentido. Yo tan sólo te he seguido el juego —No mentía.

Estaba dispuesto a solapar la mentira que fuera que quisiese contarles, cual cómplice experimentado. Trato de darle excusas, que en parte, me resultan verdaderas. Para que desinflen la importancia que pueda darle a lo que acaba de pasar.

—Además, no es por ti. No quiero buscarle problemas a Maka. —Tan sólo faltaba que ella me odiase—. Si se enteran de que has visto la san…

Él me acalla de un grito animal antes de que pueda llegar a pronunciarlo. La palabra tabú.

—¡No lo digas! —Como si fuese una orden.

Mantiene los párpados realmente separados. Recibo una patada interna, estático. No hago más que estropearlo.

—Lo siento. —agacho la cabeza. Y aunque no tengo palabras para seguir, ellas llegan a mí sin necesidad de pararme a pensarlas. Mi mirada no se levanta de la tarima de la clase—… Pero si se enteran de que la has visto de esa forma, entonces, Maka saldrá perjudicada. Y yo no quiero eso —No puedo permitirlo—. ¿Lo entiendes?

"No lo he hecho por ti. Claro que no lo he hecho por ti."

—…

Soul se lleva las manos a la cara, y niega en rotundo con la cabeza. Pero estoy seguro de que no ese gesto no va acorde con mi pregunta. Tal vez es su cara la que intercepta sus manos. Debe de haberse dado cuenta de lo asustado que parece. "¿Desde cuándo importa eso delante de mí? Ese es tu problema." De cómo ha gritado, o como no ha podido controlar nada realmente. Controlarse.

—Sé que lo entiendes. —Un suspiro sale de mi garganta—. ¿Estás seguro de qué estás bien?

Me acerco a él a paso lento, más cuidadoso de lo que podría actuar nunca.

—Se me pasará… —Soul retira sus manos poco a poco, antes de que llegue a hacerlo yo; dolido, mira para otro lado.

El maldito siempre se me adelanta.

—¿Pero cuándo? —pregunto cabizbajo, tan solo unos pocos centímetros nos separan. Van siendo hora de encararle como es debido—. No pienso hacerte de niñera sabes, nunca más —fruncí el ceño, traté de convencerme a mí mismo. Serio—, hace cinco minutos casi te da un amarillo.

Doy un chasquido con la lengua, molesto.

—¿Y a ti qué? —Me devuelve la mirada emponzoñada y comienza a contraatacar, para no variar un ápice. Se toca el pelo blanco con ambas manos—. ¿Y cómo me has encontrado?

—Solo hay que unir dos y dos —levanto una ceja inquisitiva y me siento, apoyando los codos sobre los muslos—. Y hasta yo, que soy un desastre en mates, bueno, sé hacer eso vale. Siempre te escondes en el mismo sitio —Siempre no, al menos desde que empezó todo. O tal vez ya sufría desde antes de que le conociera. Desde que nació su hermano. Cerré los ojos, sin fuerzas—. No sé qué tienes con la sala de música que te guste tanto, si ya no tocas —Entonces, noté ligeramente como se entristecía, cambié de tema a velocidades de vértigo. No entiendo porque suelto cosas de las que luego voy a arrepentirme, tal vez sea tan idiota que simplemente quiera decirlas sin más. Para ver las reacciones, no me entiendo—. Me debes muchas por salvarte el culo, menos mal que me he acordado y te he traído hasta aquí.

—¿Ah sí? —comentó tras un pausado silencio. Sus ojos rojos me observan achinados.

—Pues claro. ¿Cómo no puedes saberlo? —Mantuve una voz más sosegada, menos monstruosa. Pero la rabia que me consumía, estaba a punto de enloquecer.

Tan mala es su poca memoria sobre mí, ¿que no recuerda lo que ha pasado en los últimos diez minutos? Es un caso excepcional.

—No —negó varias veces, empezaba a perderse por momentos. Y lo consiguió, parecía interesado. Como si fuese el mismo crío atrapado—… ¿Cómo sabes tú eso? Lo de la sala. Lo de la música… Ni siquiera yo sé eso. Ni porqué.

"Piensas demasiado, deja de hacer eso." Al menos me lo ha contado esta vez. Pero no pienso hacerle todo el trabajo.

—Pues… Yo no puedo darte la respuesta. —Descanso el mentón sobre la mano y finjo que me importa. Con una sonrisa de oreja a oreja, ha dolido—. Lo siento.

Me levanto, por hoy ha sido suficiente. No lo aguanto más. "¿Qué estoy haciendo aquí?" Hago unos cuantos ruidos y gruñidos fastidiosos al moverme, tras haber estado un buen rato en la misma posición, demuestran lo viejo que me hago. O lo mucho que necesito volver a hacer deporte de mi pequeño descanso por enfermedad.

—¿A dónde vas?

Soul tartamudea; pide explicaciones ante mi segunda huida del día.

—A avisar a Liz de que Nygus va para allá. —Alzo los hombros. Si no me doy prisa al final no habrá servido para nada todo esto. La emoción quiere inundarme pero ahora mismo no siento gran cosa—. Con suerte Sid seguirá entreteniéndola lo suficiente con sus lloros y aún no habrá llegado.

—Espera… —Soul se pone de pie sin perder un segundo, y agarra un trozo de mi camisa, tira de mí.

Me doy cuenta de que ninguno de los dos hemos cambiado. No nos hemos puesto el chándal todavía.

—¿Se puede saber qué quieres? —Mis palabras salen disparadas y asqueadas sin ser consciente de ello.

He sonado fatal, me comporto fatal. Ya no hay vuelta atrás. "Sigo enfadado con él. Claro que sigo enfadado con él." Retiro su agarre con rapidez, él se da cuenta y esconde las manos tras la nuca. No quiero continuar esto.

—Yo…

Me asombro, mis ojos lo demuestran. Le cuesta decirlo, como sé que le cuesta decirlo. Traga saliva pero no aparta la mirada. Si se lo toma en serio, lo hace en serio. Y pronuncia:

—Gracias.

A mí me cuesta pedir perdón y a él dar las gracias. Sigue estando ahí y no puedo evitar alegrarme por ello. Suelto una pequeña risa, él se molesta. Así no volverá a hacerlo. Ando encantado.

—Oye. —Planeo detenidamente lo que quiero decir, algo que no le disguste. Él ha hecho el esfuerzo, debo demostrarle que también sigo aquí—… Si te va mal en las clases entonces, ¿te sacarán de aquí? —Titubeo y meto las manos en los bolsillos, están heladas—. Yo… Tampoco quiero que te echen, sabes.

—¿Cómo sabes… ¿Por qué?

"Somos un equipo." Evito su mirada confusa y dirijo la vista hacia una de las esquinas de la clase. Quiero marcharme de una vez, propongo otra excusa.

—Soul, tengo que ir a por…

Él sigue preocupado y me observa detenidamente con aquellos ojos suplicantes e infantiles, aquellos que tan buenos recuerdos me traían. No le soporto y a la vez no puedo dejarle tirado. Eché todo el aire que tenía dentro, tal vez sea la hora de hablar alto y claro. Enfrentarnos, me dolía mucho el pecho. Pero no llego a hacerlo, quizás porque en el fondo no era capaz de lograrlo. Mayormente, porque fuimos interrumpidos por un torbellino rubio que abrió la puerta corredera de golpe, descolocándonos como una tormenta enfurecida en la habitación. Sus pisadas de gigante se escucharon por todo el pasillo antes de alcanzarnos. Ambos nos separamos casi de un salto, dando un par de pasos hacia atrás.


—¡Os encontré! —Maka gritó de repente con las mejillas sonrosadas, frente a nosotros. Captaba toda nuestra atención posible. Tanto Soul como yo mantuvimos la boca abierta después del susto que nos había pegado, al mostrarse sin aviso alguno. Parecía consternada por el bienestar del albino, al mismo tiempo estaba alegre de vernos y…—... Evans, ¿¡te encuentras bien!?

Soul tardó un rato en responder, para preocupación de la pobre y atolondrada de mi Maka. Sin embargo, consiguió salir de su estado de babia y asintió despacio educadamente, incapaz de creerse lo que estaba viendo. Rojo como una granada madura.

—…

Me susurró por unos segundos: "—¿Tú lo estás viendo también o soy sólo…?" Tragó saliva; mi cerebro seguía confundido. Parpadeé demasiado como respuesta latente, no era una de sus ilusiones. Les miré a ambos. Ni el albino ni yo podíamos apartar mucho la vista de ese encaje que daba mucho a la imaginación, por inercia.

—Menos mal… —Ella cayó de rodillas al suelo. Suspiraba con calma, procurando recuperar el aliento tras la carrera que debía haberse marcado desde la enfermería. A pesar de todo, era una diosa—. Creí que te había pasado algo ma…

Fue en aquel momento, en el que Maka se llevó la mano al pecho, cuando ella misma descubrió lo que estaba pasando. A partir de ahí, la rubia iba rondando distintos colores de piel. Primero se puso rosa, después azul, después verde y blanca como el pelo de los Evans. Soul y yo empezamos a preocuparnos, no lo decíamos en voz alta pero nos conocíamos como para saber en qué pensábamos. Ambos somos unos cobardes y ninguno se atrevía a decirla nada en concreto. Soul ladeó la cabeza, ya que él no sabría qué hacer en este tipo de situaciones (extrañas), decidí envalentonarme e intentar pronunciar algo por el bien de Maka y de mi propio corazón. Iba demasiado deprisa. No sabía que pretendía esta chica, pero la adoraba y debía ayudarla de alguna manera.

—Oh, ¡ni hablar! —Pero primero le tapé los ojos a Soul con ambas manos, para que no pudiese ver nada, balbuceé. Soy de los que improvisan para bien o para mal. Él se asustó por un momento de que alguien le tocase por sorpresa, trató de zafarse de mí. Me mordió dos dedos, después me arrepentí de ello—... ¡No puedes mirar! Ma… Ma… Maka, ¿qué… ¿qué… ¿Qué?

Por ahora me dejaba llevar por el forcejeo que Soul y yo nos marcamos, sumándole toda la testosterona que me corría por el cuerpo, sofocándome. Yo tampoco miré tras aquel último vistazo. Sentía el rostro arder como una bengala.

—No, no, no… —En la puerta de clase ella hablaba sola y confundida a la par, negaba con la cabeza como si fuese a partirse el cuello, tartamudeando sin parar. No sabía siquiera qué respuesta pensaba encontrar en ella misma, o en nosotros, pero juro que el grito que pegó a continuación nos dejaría sordos por quince minutos—. ¡AAAAAAAAH! ¡Perdón! ¡Lo siento mucho!

Con ambas manos se tapó inútilmente el torso a toda velocidad. Lo cubría un sujetador rosa, con lacitos. Imploró cien veces que la tragasen la tierra y los océanos más profundos, y no tardó en cerrar la puerta corredera de golpe y porrazo.

—¡Maka, ¿pero a dónde vas?! —Escuche la voz hilarante y aguda de las diabólicas Thompson, quiero decir, de las hermanas.

—¡¿Por qué no me habéis avisado?!

Oímos lloriquear a la rubia que nos había otorgado un hermoso espectáculo.

—¡Lo hemos hecho! Veinte veces y ni caso, ¡sorda! —Patty chilló a pleno pulmón, no sin acabar la frase riendo como una descosida. Lo que es Patty.

Una de ellas debía haberle dado un golpe en la cabeza a otra, porque el estruendo que se oyó fue terrorífico.

—Has sido tú la que ha salido corriendo en sujetador sin decir nada —Me imaginaba a Liz poniendo una de sus poses de madre decepcionada; sé de lo que hablo.

—¡Me da igual! ¡Me quiero morir! —Maka lloriqueaba a moco tendido, como una leona herida aferrándose a su último momento de cordura.

—Mira qué eres…

Mi corazón fue atrapado por un puño, haciéndolo más pequeño. Mientras, Patty se descojonaba sola de nuevo.

Maka se debía estar muriendo de la vergüenza y yo empecé a sentirme demasiado contento y abochornado a la vez. Quería algo sobre que la "entierren en ese santiamén", grita otra vez, "que nadie la recuerde". Yo al menos no pienso olvidarlo, bendita sea la hora. ¿No es maravillosa?

—¿Y nosotros podemos salir ya? —Me atrevo a preguntar, con la iniciativa de cambiar de tema cuanto antes e intentar ayudar. Y así seguir con mi miserable vida—. ¿¡No estaréis las tres igual, verdad!?

Abro los ojos con desmesura, no tengo remedio.

—¡Claro que no idiota! —chillaron furiosas a través de la puerta.

Suspiré de alivio, y atiné por certeza que esto no era un sueño. Siguieron insultándome. Al final, logré llevar el tema a otra parte.

—¿Quieres quitar ya tus zarpas sudorosas de mi cara? —preguntó Soul con sarcasmo y lleno de malestar de pies a cabeza. Sus manos sobre las mías trataban de librarse de mi agarre. Jamás ganaría y me daba igual si acababa chupándome: no lo haría—. Por favor.

Le maté con la mirada, borrando la mueca sonriente de mi cara.

—¡Nunca!

En definitiva, mis sueños suelen ser así. Pero fuese lo que fuese, la sangre se me había subido ligeramente a la cabeza.


Maka.

Mis compañeros de clase bajaban las escaleras del colegio a su ritmo mientras charlaban. Sin embargo yo tenía cosas mejores que hacer como, correr a toda pastilla hacia el patio, siendo perseguida por Black Star y alguna que otra risilla suelta por parte de los demás al vernos.

—¿De verdad teníais que golpearnos a los dos después? —Trataba de disculparse una y otra vez—. Si no vamos a decir nada, ¿qué tontería es esta? ¡Espérame!

—Cállate —dije, tratando de no mirarle a la cara. Era difícil, no paraba de saltar como una liebre, buscando atraer mi mirada. El color de mis mejillas aún no me había abandonado—, no lo menciones…

Black debió cansarse del juego del gato y el ratón porque, nada más alcanzar el último piso, me adelantó con audacia deslizándose por la barandilla. Haciendo trampa, claramente, se posó frente a mí. Casi me caigo encima de él, pero llegó a sostenerme por los hombros justo a tiempo. Me dejó sobre el primer escalón, quedándose por debajo de mi altura y se cruzó de brazos.

—Es que no entiendo porque te enfadas, no hemos… —Intento vocalizar, gesticulando con las manos. Mientras se atragantaba nervioso, me tapé la cara con ambas manos. Huyendo a algún mundo feliz, donde no haya sido tan estúpida de mostrarme en sujetador ante dos idiotas. Por suerte no llegó a verme nadie más, si fuese así, ya hubiese abandonado la faz de este planeta—… No he hecho nada. ¡Es como si fueses en bikini, no es un crimen!

Se defendía como podía, restándole importancia al asunto pero… Sólo hacía que cada vez fuese a peor. "Dicen que Urano está bien en esta época del año."

—¡Has mirado! —Retiré una de mis manos de la cara para señalarle la nariz y hacerle retroceder por instinto.

—¿Y qué? —Él retiró mi dedo acusador, me cogió de la mano y lentamente hizo lo mismo con la otra. Cara a cara, intenté retirar la vista de su penetrante mirada—. Tampoco es como si antes no me lo hubiese imagina… Nada.

Y no tardó en estropear aquel momento especial. Ninguno de los dos estaba realmente enfadado con el otro, pero para mí ahora verle era simplemente raro.

—¡Sólo lo estás empeorando! —grité a los cuatro vientos, librándome de su agarre. Le aparté de un empujón y seguí mi camino hacia la salida. "Aunque no hubiese ninguna para esto." Algunos curiosos se amontonaban en el piso de arriba, escondidos tras las barandillas, cotilleaban como marujas nuestra escenita.

—¡Pero Maka…

Me suplicó encogido, siguiéndome de nuevo tras los talones. No se rinde nunca, podía dar fe. Y yo ya estaba cansada.

—¡Déjame sola! Por favor… Ahora no. —Esta vez fui yo quien se detuvo en seco, cruzándose de brazos, y él quien por los pelos se chocaba contra mi pecho.

Black Star aguantaba la risa entre aquellos labios apretados.

—¿Tan preocupada estabas? —alzó una de sus cejas azules, e hizo que frunciese el ceño confundida.

No entendía del todo a qué se refería exactamente. Pero supuse que debía estar hablando sobre Evans, y no sobre "su nueva imagen de mí", porque me moriría aquí mismo. Y volvería como fantasma para hacer la noche en el colegio y asustar a vagos que se saltasen las clases.

—¿Y qué si sí? —Contraataqué con la misma postura, acercando mi rostro al suyo. De nuevo, haciéndole retroceder con asombro.

Black Star alzó los hombros viendo que no llegaría a ningún puerto por ahora. Se dio la vuelta, restándole importancia a la conversación fallida en el pasillo, y comentó:

—Lo siento. —Agachó la cabeza. Su voz ronca sonaba más triste que nunca.

No pude evitar derretirme un poco, bajé los brazos. Quise abrazarle pero me era imposible olvidar lo ocurrido, me dirigí a la puerta que conducía a las pistas del Shibusen.

—Olvídalo. —Quise dar por terminada esta tortura emocional…

—¿Tan poco deseas que te vea en ropa interior? —Ladeó la cabeza, y en ese instante mantuvo total seriedad—. ¿Es por eso?

Parpadeé pasmada. Así era él, siempre directo al blanco.

"—¿Qué? No… ¡No se trata de eso! Era, era sin mi permiso y yo… ¡Fue mi error pero esperaba que…" ¿Qué podía decirle que sonase creíble? Para ambos. ¿Qué me pasaba? Si ni yo lo sabía con exactitud, tal vez únicamente necesitaba tiempo para pensar. Con lo mal que se me da recapacitar. Pero no era la única imperfecta:

—No sé qué más hacer o decir, se me da fatal consolar a la gente —Se rascó la nuca, alborotándose el cabello. Parecía deprimido y era culpa mía.

Los demás alumnos comenzaron a rodearle por las espaldas, la clase empezaría pronto. Ninguno de los dos se movía de allí, era como si no existiese nadie más. Ninguna mirada más.

—Y a mí preocuparme por ella —respondí tajante, dirigiendo la vista al suelo. No paraba de repetirme a mí misma—. Déjame sola, estoy tan…

Cabreada. "¿Pero con quién?"

—Duele un montón, que lo sepas… —sonrió con tristeza, palpándose el chichón que le había dejado. Suerte que no tenía en ese momento un libro a mano. Podía haber muerto gente—. ¿De dónde sacarás esa fuerza? Más me vale no hacerte enfadar nunca más.

Hice un mohín con los labios, lo cual agrandó su sonrisa aún más. Este chico no era normal, le tenía que pasar algo en la cabeza para seguir hablándome. Salí por la puerta, detrás de Sid y rodeada del resto de la clase. Pero esta vez ya nadie seguía mis pisadas.

"Más le valía."


El maravilloso pitido del silbato de Sid, daba el pistoletazo de salida a un montón de adolescentes sudorosos, que acababan de hacer unos cientos de calentamientos sobre el césped mojado del colegio. Y a los que les esperaba ni más ni menos que un trote moribundo tras otro. Tortura tras tortura, este día no quería acabarse nunca. Y en efecto, me estaba refiriendo a que había comenzado el apocalipsis. O el maratón de clase de gimnasia. Y si yo podía ser quejica, había alguien de mechas rubias corriendo a mi lado, que me superaba con creces.

—¿Cómo puede haber clases de Medusa por la mañana y educación física después de comer? Este horario no me motiva nada. ¿Cuándo se supone que vamos a descansar? —"Quejas y más quejas de ayer y hoy, por Liz Thompson"—. ¿Y por qué tenemos que ir así vestidos? ¡Parecemos vagabundos!

No podía quitarle toda la razón a aquella última observación, pero…

—Sólo es un chándal, correrías mejor sin la chaqueta —comenté, mientras hiperventilaba.

—¡Es un atentado contra la moda hecho de algodón chino que pica un montón! —Liz se sintió ofendida a más no poder. Luego fue punto tras punto mientras corríamos ante la atenta mirada de Sid y su bolígrafo rojo del Aterrador Suspenso—. Mi cuerpo, no está construido para sufrir de esta manera, y mucho menos dejaré que nadie más me vea con estas pobres pintas. Sobre todo ningún posible ligue, está claro —asintió ella sola con convicción. No pude evitar reírme ante aquello.

"¿Quién narices liga en una prueba de gimnasia?"

—Sid volverá a reñirte por no seguir el código de uniformación, —Patty se burlaba de ella, alcanzando nuestra marcha a una velocidad pasmosa. Canturreó "¡Vamos caballito!" y subió a lomos de su hermana—. otra vez.

—No te subas encima de mí —Liz trataba de echarla dando círculos en una única dirección, pero el agarre de Patty era firme y decidido. Su hermana se paró en el sitio, ofuscada a más no poder y con la coleta de caballo medio deshecha—. Si Sid confía en que voy a sudar por las buenas, puede esperar sentadito.

Sonaba realmente amenazadora, convincente desde luego. Pero no tardó en cambiar de opinión al ver a dos chicos guapos de clase. Akane y Clay. Patty salió despegada del empujón en las costillas que su hermana le propició en un visto y no vista, antes de que se acercase dando saltitos hacia esos dos, sonriéndoles con una dulzura obligada, asustándoles. "Y así, el cazador atrapó a su estúpida presa."

La hermana pequeña acabó tendida bocarriba en el suelo, como una tortuga que no se puede levantar. Lloriqueando: "—Nadie me quiere."

—Qué rápido ha cambiado de idea… —Se me escapa una sonrisa alegre. Le tiendo una mano a Patty y con un poco de esfuerzo la ayudo a ponerse en pie, aunque no lo necesitase. Igualmente, me dio las gracias. Acompañándolo con un abrazo interminable, que devolví.

Por fin algo de "normalidad". Una voz conocida atrajo mi atención, haciéndome que me diese la vuelta.

—Liz tiene sus propias aspiraciones… —Harvar farfulla de morros junto a mí—. La puedo ver babear desde aquí.

Hace aparición con Kilik detrás. Y el más moreno de tez se pone a jugar con Patty en su propio mundo, aupándola a hombros.

Arrugando la frente con extrañeza, me llevé los dedos al mentón. Sentía un ligero tono de celos en el gesto de Harvar. Y le pregunté sin pelos en la lengua, en pose de hacerme la interesante:

—¿Quisieras que babeara por otro? —Mi voz decía en toda regla: "¡Lujuría!"

—¡¿Qué?! ¡No! —Me dio un codazo amistoso y miró para otro lado disimuladamente, malamente—. No… No digas chorradas Maka.

Las comisuras de mis labios se dispararon hacia arriba, en lo alto de una cumbre pervertida que sólo yo conocía. Porque conocía ese nerviosismo y esa risa que te dejaba la boca seca. A la perfección, en mí misma sobre todo. Había una cosa que no se me escapaba de todo este embrollo.

Pero, sin perder un segundo y dejándome en ascuas para los restos. Sid nos echa la bronca, ordenándonos que sigamos corriendo y nos dejemos de tertulia. Poseía una vista que ni el mejor halcón entrenado, o eso dice él que tenía en sus tiempos jóvenes. Harvar y Kilik son amigos de Black Star, por lo que no es de extrañar que sean buenos corredores y se reten mutuamente. Se despiden y no tardan en adelantarse; el resultado es que Patty y yo somos abandonadas a nuestra suerte en la cancha. Pero no por mucho tiempo. Avisto a Tsubaki corriendo unos metros más adelante, la cual no es difícil de identificar puesto que es la más alta de clase.

—Tsubaki, ¡espera! ¿Dónde te habías metido?

Dejando atrás a Patty, que se embelesaba con una mosca que pasase, me acerqué a ella. A Liz la dimos por perdida hace rato. Aún no había podido contarle a Tsubaki lo ocurrido en el laboratorio de química, era mi mejor amiga, debía hacerlo. Quería hacerlo, pero llevaba evitándome toda la mañana. O al menos yo lo sentía así. Las paredes de este colegio no abarcan tanto terreno.

—Escucha, tengo algo que contarte —comencé a relatar, perdiendo el aliento por momentos—. Vas a…

Y ella me cortó en seco sin detenerse.

—Maka, voy a adelantarme, —Sonreía vagamente y sin mucha expresión en el rostro—. ¿vale?

Confusa, traté de seguirla el ritmo. Parecía que huyese de mí. "¿Acaso olía mal?" Lo comprobé subiendo la axila. "A sudor, como todos."

—Pero, sólo quería decirte que en clase…

"—Me has… estado ignorando."

—Si no corremos más rápido. Sid nos reñirá, y a ti hoy ya te han reñido bastante. ¿No crees? —Giró la cabeza a un lado, mirándome de reojo. Su tono era condescendiente e iba a hacer daño. Todavía permanecía la mar de sonriente, a pesar de la tortura que es el correr en círculos para que Sid sea feliz—. Si hablamos, nos cansaremos más deprisa —Y volvió la vista al frente. Ni siquiera podía prestarme atención un segundo—. Así qué…

No, ella no estaba cansada. A medida que se alejaba, mis pies se fueron deteniendo en seco. Observé la estela de tristeza que dejó a su paso, impregnada en mí. Fruncí los labios como una niña pequeña y agarré un trozo de mi camiseta. Cuando comprobé que estaba lo suficientemente lejos como para no oírme, murmuré:

—Ya, claro.

¿Acaso he hecho algo mal? Si es así tengo derecho a saberlo, no quiero que nadie me rehúya con excusas baratas. A pesar de estar rodeada de gente, en ese momento me sentí muy sola.

—¿Y a esa qué la pasa ahora? —La voz de Liz Thompson me sobresaltó de repente tras la espalda. Estaba cruzada de brazos y sus ojos penetraban de lleno el espinazo de Tsubaki.

Patty por su lado había vuelto a molestar a Kilik, subiéndose a sus hombros. Lo sabía porque le estaba oyendo gritar en agonía.

—¿Y a ti? Tienes cara de echarte a llorar. —No estaba lejos de acertar. Me tendió la mano sobre el hombro y yo me froté las mejillas con el brazo, por si algún rastro de lágrima había osado fugarse. Liz sonó de nuevo como una madre agotada—. Ah, os dejo solas un momento y la liáis. ¿Verdad?

—Verdad —asiento, la observo y se me escapa una sonrisilla—. Gracias Liz.

—¿Eh? —Ella levanta una ceja curiosa—. ¿Por qué?

Alzo los hombros, se me están pegando demasiadas costumbres de este pueblo de locos. Puede que no estuviese tan sola, puede que simplemente esté analizando demasiadas cosas. Ayudaba que hiciese un frío que pela.

—Porque sí —cambié de tema, antes de que la diese tiempo a indagar aún más—. ¿Qué tal tus ligues?

—Se hace lo que se puede —retiró la mirada a alguna esquina de las canchas. "Eso es que mal"—. Por cierto, me has recordado que… —Soltó mi hombro a velocidades de vértigo y fue tras las chicos de antes sin demora ni vergüenza. Cuando puso el ojo encima, se lanzó sobre ellos como un koala asesino y contento. Asustándoles—. ¿Por dónde íbamos?

Eso sí era perseverancia y no la clase de hoy. Seguí corriendo a mi ritmo, con suerte de que no me diese flato. Debía empezar a ejercitarme más o acabaría como una abuela.

A los pocos minutos, me siento concentrada, el vaho escapa de mis labios de forma pausada y serena. Trato de no pisar los charcos embarrados para no caerme, hasta que cierta persona me golpea en los riñones. Caigo al suelo de bruces y grito de dolor, Sid no me ha visto pero llamo su atención. Y entonces el atacante me levanta del suelo con fuerza, estrujándome el brazo, susurra en mi oído con malicia:

—Cuidado novata.

Kim escupe las palabras y vuelve a la carrera junto a aquella chica de pelo largo, castaño como la canela. Ojalá tropezase ella y toda la idiotez que la rodea como un cuerpo en órbita.

Me sobo la zona herida, el trasero. Y cojeo un par de pasos hacia delante, para matarla. Pero es más rápida. Me rindo de rodillas, y noto una sustancia pegajosa en una de mis deportivas. Quitándome el zapato un segundo, miro con detenimiento la suela, tiene un chicle pegado. Y es rosa. El ambiente se calienta sin que me dé se le haya caído al suelo, al fantasma rosa apático y malhablado de Kim Dielh. No, no seré tan buena, lo ha tirado ella. Reconocería ese olor en cualquier parte, se había quedado grabado en mis memorias.


Me había raspado las rodillas al caer, por segunda vez. Harvar aparece de nuevo en mi auxilio como un flagrante caballero, me ayuda a ponerme en pie. Ni que me hubiese estado vigilando como un ninja.

—¿Te está molestando? pregunta él con una mirada solemne y una expresión consternada, sujetando mis arañados codos. Dirigió el semblante hacia Kim Dielh; lo había visto todo.

—No —respondo certera y veloz, como una flecha que ha dado en el blanco. Luego me vine un poco abajo—. Bueno no estoy segura, al menos se está vengando.

—Vale, no sé de qué hablas y no me concierne —comenta con sinceridad. Consigo sostenerme por mí misma, me suelta con cuidado y soy consciente de que me he empapado las partes bajas. Harvar trata de avisarme—, pero ve con cuidado por ese camino. Kim no es un enemigo digno.

Confundida, frunzo el ceño, deseo preguntarle a qué se refiere diciendo aquello, pero…

Una voz femenina y monstruosa grita mi nombre a los cuatro vientos.

—¡Maka! —Patty había dejado de jugar con Kilik; el pobre estaba agotado. Ambos se habían acercado a nuestra posición, la rubia se subió a mi lomo como si de un jinete se tratase.

Y yo, la yegua indomable. Resulta que Patty era conocida por tener una fuerza descomunal. Había oído que ni Black Star pudo derribarla en clases de defensa personal. Black por su parte, opina que fue trampa y que le golpeó en la entrepierna cuando él no miraba.

Mientras luchaba con ella encima para que no me destrozase las costillas, ni me hiciese cosquillas asesinas, Patty movió mi cabeza con ambas manos. Para ayudarme a visionar como Sid discutía y taladraba con su voz a otro alumno. El tema en cuestión trataba sobre: "Correr o no correr". Y el alumno…


—¿Pero qué narices haces andando? —Sid vociferó siguiendo el paso lento de Soul, dando palmadas con sus enormes manos—. Vamos, vamos. Que el pelo lo tendrás blanco sí, ¡pero no eres un viejo!

Evans ni siquiera se digno a mirarle, con las manos en los bolsillos. Ni siquiera llevaba chándal.

—Yo no corro.

—Soul, tienes que correr —amenazó nuestro querido profesor—. O te suspendo.

Eso era pasarse algunos pueblos, pero Evans podía resultar… un tanto insufrible, a veces.

—Que no —le retiró la mirada como un niño de doce años, cruzado de brazos.

Sid parecía un volcán a punto de estallar en erupción, chilló con los brazos al aire.

—¡Soul…!

No sabía si se trataba de como la risa maquiavélica de Patty me inundaba, teniéndola justo al lado de mi oreja. O si sentía la necesidad de descargar toda la angustia que llevaba acumulada del día lectivo. Pero una idea milenaria brilló en mi cabeza como una estrella naciente. En mi rostro, se dibujó una sonrisa macabra. Quizá Patty y yo estábamos pensando lo mismo, o no, quizá me había vuelto loca.

—Patty —la llamé, y ambas nos quedamos quietas en el sitio. Abajo y arriba—, necesito que me traigas una cosa.

Señalé los arbustos más cercanos con el dedo índice. Ella levantó las cejas rubias y bajó de mi espalda, dando un salto perfecto.

—¿Qué quieres?

A esta estratagema de poder la había denominado en mi mente como: Plan C. Y el primer paso consistía en conseguir los elementos para llevarla a cabo. Si salía bien, los beneficios serían cuantiosos. Y las risas que me iba a echar, mucho mejores. Levanté la pierna y observé el chicle rosa que permanecía pegado a la suela de mi deportiva. No lo estaría por mucho tiempo.

—Quiero que me traigas… Un palo.

Patty no lo dudó un segundo. Sonrió al instante, y atendió a mi orden. No hacía falta decirle nada más para que supiese que me traía entre manos.


Tras la vuelta de Patty, el plan se puso en marcha. Como un sabueso, había escogido el arma perfecta. Ni demasiado corto, ni demasiado largo. El palo idóneo para hacer el crimen organizado. O al menos el nuestro. Una vez acabado el primer paso, y con las herramientas necesarias en mis manos, comenzamos el segundo sin demora: Ganarnos la confianza y el permiso del testigo.

Troté hasta nuestro profesor de gimnasia como el potrillo salvaje que era.

—Yo te ayudo con el abuelo, profesor Sid —silbé, acercándome con una sonrisa de oreja a oreja.

Actuación: insuperable.

—Oh no, otra vez el dúo del laboratorio… —"O superable"—. En fin, ¡la vida hay que vivirla al máximo! —Se rascó la perilla, apuntó un par de palabras en su cuaderno de notas y pasó olímpicamente de todo.

Evans y yo ya éramos famosos en el lugar. Aquí empezaba mi camino hacia el estrellato. De estrellarme contra algo me refiero. Por otro lado, Sid suele hacer comentarios inspiradores fuera de contexto normalmente, ya no enloquezco por ello. Patty se acercó junto con Kilik a distraer a Sid durante un rato. Si le preguntabas sobre alguna escena de su vida pasada, tenías película para pasar la tarde entera. Ellos eran mis cómplices, aunque no creo que el moreno supiese que estaba haciendo ahí. Habría sido arrastrado.

Le dije adiós a mi profesor, saludándole con la mano. Asentí orgullosa y me dirigí hacia la víctima en cuestión, con sigilo. Sin nada que esconder tras la espalda. "Manos limpias." El paso tres estaba a punto de tocar su punto álgido. Alcanzar a la presa.

Caminé tras él, con un dedo toqué su hombro y éste se giró, observándome de arriba abajo. Tenía cara de pocos amigos, para no variar.

—¡Oye Soul, ¿quieres un chicle?! —pregunté entusiasmada y risueña. De puntillas.

Soul carraspeó con cansancio, pero al segundo supo lo que estaba tramando. Tan poco era difícil de adivinar, mi boca decía: felicidad. Pero mis ojos gritaban en pose de supervillano.

—Genial. Justo la voz que quería escuchar aho… ¿Qué tienes ahí detrás?

Al principio mi presa frunció el ceño albino y se dio un paso atrás, lleno de confusión. Lo que terminó cuando tras mi espalda brotó un palo con goma de mascar rosa, pegada en la punta como un adorno de Navidad. Entonces Soul se descolocó por completo, con los ojos como platos, el caos que habría en su cabeza brotó.

"—Ya que nunca aceptas nada de mí, querido Soul."

Porky, aparta eso de mí. —Se cruzó de brazos, el inocentón de verdad pensaba que no era capaz de hacerlo. Me vine arriba cuando se le ocurrió usar aquel mote, al que le tengo "tanto aprecio".

Después de todo ya lo dice el refrán: recoges lo que siembras.

Y que yo sepa, nadie en la historia ha sembrado cerdos.

—¿Estás seguro de que no quieres? —Recalco y le enseño el chicle pegajoso que hay en la punta hecho una bola ideal, lo arrimo a sus narices. Se aleja aún más y hace aspavientos con los brazos. Sacando por fin las manos de los bolsillos, casi se pone bizco de la impresión—. Mira qué pinta tiene, que suculento…

—No me hace ninguna gracia, pírate. —Serio, de un par de manotazos al aire trata de evadirme y negarme la mirada. Pero eso sólo no va a detenerme, soy un cuervo insistente. Mi sonrisa se torna un tanto maquiavélica cuando vuelvo a aproximarme a mi querido objetivo albino, con el arma en la mano. No era ninguna broma y él se acababa de dar cuenta. Empezó a ponerse nervioso, con el pelo alborotado. En pocos segundos caminaba hacia atrás según me iba acercando como una loca, y a las cuatro o cinco pisadas, ya le estaba persiguiendo por las pistas como dos niños de primaria—. Que no te acerques con eso, imbécil... ¡Que me dejes!

Paso cuatro, persecución a muerte. Hecho.

Gritó como un condenado a la silla eléctrica, mirando para atrás cada dos por tres, para ver si me había rendido. Pero no era así, yo seguía al pie del cañón. Sobrepasamos a muchos compañeros en el trayecto. Soul incluso los usaba como obstáculos en nuestro camino, rodeándoles como conos naranjas, aunque no hiciese falta. Tenía mucha imaginación si se lo proponía, nos llevábamos unos cuantos gritos y quejas a la espalda. "Que se pongan a la cola".

—¿Por quién me tomas? —chillé divertida y casi sin aliento tras sus talones. Evans era más rápido de lo que creía—. ¡Si no lo pruebas no sabrás si te gusta!

—¡Aléjate, deja de seguirme! —Echó ligeramente la cabeza hacia atrás, exasperado, él tampoco se rendía.

Casi me resbalo en una de las esquinas embarradas.

—¡Pues deja de correr! —propuse, zarandeando el palo en alto como una bandera de guerra—. Es mi venganza.

—¡Ya te he dicho antes que lo sentía! ¡Todo! —Entre dientes, optó por usar su última táctica de evasión: suplicar clemencia—. ¡Suelta eso, vete ya! ¡Eres una asquerosa!

O más o menos…

—No puedes huir de mí para siempre. ¡La tierra es casi redonda!

—¡El guisante que es tu cerebro sí es redondo!

Con la carrera imprevista había conseguido enfadarle como nunca. En realidad mentía, no quería hacerlo como venganza. Hasta cierto punto, se me olvidó porque lo hacía. De alguna forma, el correr junto a Evans por el patio, conseguía que me lo pasase en grande. Sid debía estar sordo como para no oírnos o bien metido en sus andanzas pasadas.

—¡Lo que tú digas! ¿A qué eso no me lo dices ahora a la cara?

—¡No vale! —Se quejó de forma acongojada.

Y es que aunque nos estuviésemos gritando, no hacía más que reírme, y al fin y al cabo, lo que más me sorprendía, era que Soul también. O al menos le sacaba alguna sonrisa. Tras ocho minutos de incesante carrera a dos bandas, paro a descansar y caigo de rodillas sobre el frío cemento de las pistas. Mientras recobraba el aliento, le vi alejarse. "Evans sigue, ¿cómo narices sigue?" Me preguntaba: no es normal. Carcajeándome sentada y sudorosa, dirigí la vista al palo de madera que aún seguía en mi mano, en mi poder. Con aquel chicle inmundo pegado. Y recordé porqué había empezado todo esto, la verdadera misión.

Una vez finalizado el último paso con éxito, la diversión: El plan se repite.

—Eh, Kim. —Me puse en pie de un salto cuando ella se cruzó en mi camino, mis energías se alzaron conmigo ante tal fin. Y de forma diabólica, le pregunté—. ¿Quieres un chicle?

Los bramidos histéricos que comenzaron a oírse me resultaron más que satisfactorios. Parece ser que el chicle le gusta en su propia boca, pero fuera de ella no; a ver si se aclara.

Resultado óptimo: triunfo total.


Black.

—No sé qué están chillando, pero bueno, al menos ha funcionado. ¡Han adelantado fácilmente a toda la clase! —Sid achinó los ojos y puso la palma de la mano sobre sus cejas para poder ver mejor en la lejanía. Y porque estaba un poco ciego—. Subiré medio punto por esto a Albarn, eso es usar la cabeza sí señor —asintió, es más, juraría que había llorado. Garabateó un par de líneas en su carpeta con ayuda un bolígrafo rojo. No sabía a ciencia cierta de donde lo había sacado, o donde lo escondía para poder puntuarte por sorpresa en cualquier momento—. Así sí puedo poner nota, qué gusto volver a verle en su terreno.

Supuse que hablaba de Soul y me dio mucha envidia, de la mala. Se suponía que debía estar sentadito y calladito en algún rincón, pero me era imposible. Estuve pululando un par de minutos a su alrededor con las manos guardadas en los bolsillos, hasta que tuve que alzar mi voz por orgullo propio. "La ley de mi inercia."

—Eh Sid, yo puedo correr también —ladeé la cabeza, surgiendo frente a él y haciéndole pegar un ligero brinco.

—Tú al banquillo Black Star —ordenó tajante, colocando los brazos a los lados al igual que una tetera. Fue directo a mi corazón de deportista, sin sutilezas ni empatía—, que aún estás recuperándote.

Odio estar sin hacer nada, me acabará creciendo una familia de setas en la cabeza.

—¿Qué? ¡Pero yo quiero! —El sonido agónico que escapaba por mi garganta al gritar, era más parecido al ruido que comete un taladro al clavar un cuadro a la pared, y no tanto como mi melodiosa voz de siempre. Me delataba por completo—. No me digas que…

Paré un segundo, mi cerebro se puso bajo una actividad extrema y las cuentas comenzaron a cuadrarme perfectamente. Como si las viese dibujadas con tiza en el propio aire. Me vi venir lo que llegaba a continuación y rodé los ojos. "La conocía muy bien."

—Sí, llamó tu madre advirtiéndolo, así que no te queda otra —dijo, revolviéndome el pelo con su enorme mano de gigante, señalándome las gradas con el dedo. Kilik, Harvar y Patty se reían de fondo. "¿De dónde habían salido estos capullos?"—. Y yo no quiero sustos como los que ya me has dado antes, pedazo de bruto. —Cambió la suave caricia parental por un golpe en la nuca, rememorando momentos de mi pasado que trato de olvidar. Eso es de débiles—. Como tampoco quiero volver a discutir con esa mujer, o ver tu culo lejos de las gradas. ¡Jop, jop! Caminando jovencito.

Y finalmente, me dio tortazos en el culo para que fuese a sentarme con las demás raíces, bajo tierra. Mi madre le daba miedo a Sid, no le culpo por ello.

—Vale…

Hinché los mofletes y metí las manos en los bolsillos mientras daba media vuelta con resignación, camino de mi suspensión provisional: —Las mujeres de mi alrededor se creen que me dominan…

Y lo peor es que sabía que era verdad. Di una patada a una piedrecilla imaginaria en el camino. El sonido del silbato de Sid se hizo presente a mis espaldas. Le oí chillar:

—¡¿A qué estáis esperando?! ¡Os quiero ver volando como aves rapaces!

Los gemidos lastimeros de adolescentes cansados, sonaron al unísono.


Me coloqué los cascos junto a las orejas y subí el volumen hasta quedarme sordo, hasta ensordecer todo signo de vida a mi alrededor. Por algo los había arreglado después de empaparse. Tumbado bocarriba sobre el gélido cemento de las gradas del patio, observé como jugaban a balón prisionero. Uno de mis juegos favoritos, violencia y balones todo en uno. Se me dibuja una sonrisa en la cara, y con las manos bajo la nuca, recuerdo como antes Maka ha perseguido a Soul con un palo armado de chicle en la punta, y después, ha hecho lo mismo con la bruja de Kim. No paraba de insultarla mientras huía de ella, como si no hubiese un mañana. Y Maka gritaba: "¡No rechaces a un fruto de tu ser!" Seguía sin entender a qué se estaba refiriendo, "cosas de chicas", supongo.

Por el rabillo del ojo, atisbo el juego en todo su esplendor. Soul es bastante bueno esquivando la pelota de caucho, aunque hay que reconocer que rechazar cosas se le da de maravilla. Maka por su parte, se las estaba comiendo todas. Cierro los ojos, prefiero no verlo. De todas formas, lo mejor sería que no me acercase a ella por el momento. Aunque me duela en el alma, no debería mostrarlo. Al poco rato me vence el aburrimiento, me estiro y bajo el volumen de la música. Sobre las pistas, ya sólo quedaba Soul, por lo que supuse que su equipo habría ganado. Y eso consta de un gran esfuerzo, ya que los que ganan en los juegos del hambre de Sid, no tienen por qué correr tanto en la próxima clase. Un incentivo interesante, debió haber dado clases de economía, vale para todo.

Salgo de mis cavilaciones y me quito los cascos de inmediato. Veo como Maka se acerca a mi esquina de la soledad, sudando como un pollo y jadeando como un perrito. Acalorada y sin aliento, una vista magnífica: Una diosa. Pero no lo entiendo. Pensé que debía darle tiempo, y es ella la que está viniendo, escaqueándose de la clase. Con la boca entreabierta, me preparo para lo que salga de sus labios. Sube el último escalón y atino a pronunciar.


Maka.

—¿Estás bien Maka? —pregunta con curiosidad.

Se sienta como un indio y me hace un sitio a su lado, quitando el polvo.

—Sí… Sólo —contesto. O al menos lo intento entre tanto sofoco—… Me muero más rápido… ¿Y tú?

—Más vivo que tú, creo.

Me sonríe, tan radiante como de costumbre, a pesar de estar aún convaleciente. Decido ir al grano, no quiero dar hoy más rodeos. Ni siquiera sabía con certeza que hacía aquí pero, no me gusta verle tan solitario y aislado. "Lo odio." Tal vez preocuparme por cabezones sea ya uno de mis hábitos.

—¿Por qué estás aquí solo? ¿No quieres verme haciendo el ridículo en primera fila? —ladeé la cabeza con ternura y un tono sarcástico. Mientras, caí de bruces a su lado por el cansancio—. ¿O a los demás sufriendo?

—No, todo el mundo luce de pena cuando corre. Pero ridículo y Maka, no sé. No pegan en la misma frase —comentó, negando con la cabeza. Irradiaba esa alegría que sólo él parece esconder en alguna parte de su cuerpo, para así sacarla en los momentos precisos que desee. Me sonrojé a más no poder y él dejó de mirarme para llevar la vista al suelo. Con las manos entre las rodillas, sonó un poco más deprimido—. Sid no me deja moverme de aquí... Y estoy harto. Estoy bien, no estoy agonizando ni nada. Puedo destrozaros a todos cuando me apetezca.

Vi como fruncía el ceño e hinchaba las mejillas. Sonriente, levanté la vista hacia el cielo encapotado y dije:

—Es bueno saberlo. Al menos no estás a punto de echar por la borda el desayuno. —Me llevé ambas manos a la tripa, apoyando la espalda en la grada superior. Trataba de respirar profundamente y no vomitar—. Y la comida…

—Ah, es tu culpa. —Antes de que llegase a ponerme verde, Black me sacó la lengua y metió el dedo en una de mis mejillas sonrosadas, haciéndome dar un respingo imprevisto—. ¿Quién está tan loco como para perseguir al Correcaminos? Digo —carraspeó divertido—, a Evans. ¿Le has oído decir "Mic, mic" tras su espalda? Es algo legendario —fantaseó, e hizo un aspaviento con el brazo de lado a lado. Con su otra mano agarraba mi hombro ligeramente, no pude evitar emocionarme y a la vez sentirme avergonzada.

"¿Qué espalda? No he llegado a estar tan cerca de Evans." Me reí secamente mientras trataba de que el aire entrara correctamente hasta mis pulmones, antes de llegar a sofocarme: "ja, ja." Él se rio con suavidad, mostrándome su perfecta y odiosa sonrisa encantadora. Retiré la mirada y murmuré entre dientes, mientras sujetaba uno de mis codos:

—No lo sabía. Pensé que sería divertido verle en acción y no echándose una siesta por error.

—¿Una qué? —preguntó confuso.

Zarandeé la cabeza, queriendo evitar esa escena, sólo me haría reír sin sentido. Y él no me entendería, su mano seguía posada en mi hombro.

—Olvídalo… No es que no me gusté el deporte, sino que, suelo socializar más con (los libros) otras cosas (de empollona, no me dejes.). —Las palabras escaparon presas por mi boca en voz alta, me tapé la boca. E intenté arreglarlo vanamente, de los nervios—. Pero, eh. ¡Estoy muy en forma!

Le enseñé mis flagrantes bíceps blancos como la leche y… Flojos, como el pan de molde. Pero al observarle, sentí como su semblante permanecía serio y fugazmente alicaído. Retiró la mano de mi espalda y habló sin muchas ganas. Ambos quizá, volvimos la mirada al cielo grisáceo.

—Oh... Tengo una novia cachas… Y un coyote.

—Sí… Y yo una gallina clueca. Y azul cielo. —Divagué, "no como el de hoy".

Black acabó carcajeándose y murmurando desde la garganta. Ladeaba la cabeza de forma divertida y recelosa: "—¿Y ese quién es? ¿Co, co?" Imitó el sonido de Presidenta a la perfección, no me extrañaba. Lo tenía oído de casa. Tosí de la feroz risa que me estaba atacando al verlo, él aprovechó y me hizo cosquillas asesinas. Siguió repitiendo su frase, quería matarme. (No era mal modo de acabar muertos.) Traté de detenerlo, cogiendo sus muñecas morenas. Atrapadas entre mis manos.

—No deberías tocarme, estoy sudando —susurré con la vergüenza que cada uno de mis poros expulsaba.

Me miró a los ojos, verde contra verde, se zafó de mi agarre y envolvió con mucha ternura mis manos con las suyas:

—No me importa. Sudar, suda todo el mundo. Gustarme más que nadie, sólo me gustas tú.

Ni un pelo azul de la cabellera se le movió al decir aquello, con toda la tranquilidad del mundo. Como si lo hubiese estado ensayando cientos de veces; sentí que eso era el amor de alguna forma. ¿Cómo era el capaz de decir todo en tan poco? Algo tan bonito, viniendo de alguien tan bonito. Sin ponerse siquiera nervioso. ¿Por qué yo no sería capaz de devolver algo así a nadie?

"Debe estar enfermo, muy enfermo."


—Entiendo —asentí, paralizada. Sin saber cómo responder, cómo hacerlo.

Así que le ataqué por sorpresa de la misma forma que él había hecho antes, a muerte con las cosquillas infernales. Al final, nos quedamos tumbados sobre el frío cemento de las gradas, sonriendo, como el par de idiotas sonrojados que éramos. Tras la risa sorda y embarazosa con las manos sobre el vientre, Black desvió el tema de conversación sin ningún problema a la vista. Mantenía la mirada al frente, como si estuviese soñando despierto.

—Hacía mucho que no lo veía correr así.

Supuse que se referiría al innombrable Correcaminos albino.

—¿Por? —Hablábamos como una pareja de casados a la hora de dormir—. ¿Desde cuándo?

Se quedó pensativo durante unos segundos, entre bruma.

—Pues, desde los trece años, quizá un poco antes de… —Enmudeció al instante, sin ser capaz de terminar la frase. Dejándome confusa, decidió cambiar de tema con rapidez—. Bueno, da igual. Tú no lo has hecho nada mal, seguir el ritmo de Evans es complicado. Incluso ahora.

—¿En serio?

Mis párpados se abrieron de par en par como si fuesen persianas.

Desde los trece años. "¿Cuánto tiempo llevan enfadados el uno con el otro? ¿Más de tres años?"

—La verdad es que sí he estado observándoos un rato. Sobre todo a ti, sé de lo que hablo. —Encogió la cabeza entre los hombros, recapacitando por un instante con los ojos entrecerrados, acabó por hacer una equis con los brazos—. Espero no sonar tan espía baboso como creo que he sonado… ¡No era mi intención!

Le di un codazo en el costillar demasiado masculino para mi gusto, pero quería que supiese que no tenía por qué avergonzarse. Además, ya había tenido suficiente con una "espía rosa", por hoy. Él se tapó de pronto la cara con ambas manos, y tras un leve suspiro, asomó uno de sus ojos verdes entre los resquicios de sus dedos.

—¿Me perdonas por haber mirado? —preguntó con una voz tranquila y placentera, con la boca pequeña. Enterneciéndome segundo a segundo, en los que yo le comía con la vista—. No tienes porqué creerme, lo entiendo. Pero no volveré a hacerlo.

—No, no te perdono —Solté mi respuesta tajante y seria, con los brazos cruzados. Entristeciéndole—. Porque… No hay nada que perdonar.

Me relajé y subí los hombros, alzando a su vez las comisuras de sus labios. Y fue él a quién le tocaba pegarme un pequeño codazo en las costillas, quitándose un fuerte pesar de encima.

La descuidada había sido yo y Black Star me sonrió, (sólo a mí, para mí) de una forma tan dulce que sentí como el corazón me decía: "—Cómetelo." Di un par de sacudidas con la cabeza, borrando ese espejismo titánico de mi mente perversa.

"—Quisiera que me siguieses mirando. Todos los días." Yo misma debería seguir mis propios consejos.

—Ese albino está desentrenado. Pero siempre ha sido el más rápido del curso. Tal vez del pueblo, o del estado entero. ¿Por qué no? —Continuó su soliloquio con su naturalidad innata, bromeando. Parecía que el ritmo que solía haber entre ambos, fluía de nuevo entre nosotros. Es decir, volvíamos a ser los mismos—. Es el que más aguanta, sabes. Sólo puede darte miedo en ese sentido. No… Puedes atraparle —finalizaba entre alguna que otra risa sorda, con el mínimo esfuerzo para no acabar tosiendo.

Percibía cierta nostalgia en sus palabras, en su mirada.

—Que poco exagerado eres. Aunque sí, la verdad es que es rapidísimo. —Mis pies se movían con cierta libertad, de un lado a otro, de forma infantil. Fanfarroneé, abanicándome con la mano para hacerle de rabiar—. Me ha dejado sin aliento.

—Sí, es otro de mis buenos aciertos. —Sonrió orgulloso, asintiendo con la cabeza. Hasta que cayó en lo que acababa de decirle, siguiéndome el juego debidamente—. ¿Debería tomarme eso como un desengaño?

Se llevó el dedo al mentón, fingiendo asombro y dolor.

—¿Para ti todo acaba en el mismo tema siempre? —Estiré sus mejillas lo más que pude, con muchísimo gusto. Él puso caras raras para hacerme reír aún más—. ¿Verdad?

—¿Y yo tendré que comprarme unas mallas, una espada y pelear con Evans a muerte por tu amor? —Se masajeó los mofletes heridos tras haberle liberado, y señaló—. ¿Verdad? La espada la tengo en casa.

—No, tranquilo —"En todo caso, pelearían por mi honor"—. Eso no va a pasar, y por favor. ¡No sueltes palabras tan fuertes como si nada! —grité avergonzada y en cierto modo furiosa, tapándome los oídos. Tenía que decirlo o me estallaría el corazón, por salud propia.

La palabra amor no paraba de rebotarme en la cabeza como una mosca cojonera. Black Star se llevaba las manos tras la nuca, pronunciando con seguridad.

—No lo puedo evitar, es lo único que me supera —"Querer a los demás"—. Eres tan inocente a veces Maka, eso me gusta de ti.

Y volvió a hacerlo, me clavó una flecha en el pecho, ardió. Escuchando su risa melodiosa pero corta por la reciente recuperación, no quería parecer un perro sarnoso. Plantó las manos en el suelo de cemento, dejando caer una de ellas ligera y rigurosamente cercana a una de las mías. Pero lo que era más inaudito es que yo no la apartara. Al rato, sentía los dedos ásperos de Black Star recorrer los míos, de la mano hasta el codo. Haciéndome cosquillas de nuevo, me mojé los labios agrietados con la lengua y levanté la vista del suelo. Hasta enfrentar su mirada, viéndome reflejada en sus ojos claros y tiernos. Decaída, mantuve las distancias entre ambos. Y Black supo que no debía romperlas. Puso una mueca divertida con los labios, aunque no fuese lo que él quería. Me soltó la mano y dirigió la vista al frente con cierta incomodidad.

Manteniéndome en la misma posición, mis pupilas vagaron por todo el patio. Sid no estaba mirando, por suerte. Una de las esquinas de las gradas nos protegía del frío y de los mirones. Así que me dije a mí misma, que esto era lo que necesitaba ahora. Aunque me quedase sin respiración. Suspiré tranquila, y en un tono inaudible, le llamé la atención:

—Black.

Él abrió los ojos de golpe, dando un respingo con la nariz que acabó en una espiración lastimera, parecida a la mía. Y cuando giró la cabeza para descubrirme más cerca de lo que él pensaba, aplasté con ambas manos una de las suyas y comencé a besarle en los labios. Primero el de abajo y luego lo demás. Una parte horrorizada de mí pensaba que así impediría que huyese en el hipotético caso de que no le gustase. A pesar de que no era la primera vez, mi torpeza predilecta me hacía dudar. No tuve mucho tiempo de comerme la cabeza y por mala fortuna, de continuar el beso.

—¡Pero bueno! — Oímos la voz de Sid a grito pelado y nos separamos al instante. Horrorizados, le buscamos con la mirada por cada recoveco cercano—. ¿Esto qué es? ¿Una sosería para abuelitas? ¡Poneos las pilas!

Pero con alivio, nos dimos cuenta de nuestro querido profesor no estaba en ningún lugar cercano, sino chillando a la clase en las pistas, con ese vozarrón capaz de romper cristales y las almas más frágiles. Al mirarnos de reojo, Blak y yo suspiramos derrotados, nos había pegado el susto de nuestras vidas.


Cuando todo lo especial se acabó, ninguno volvió a decir nada, tan sólo nos dedicábamos a mirar como los demás sufrían y sudaban bajo las órdenes de Sid. A mí nadie me echaría de menos allí, para perder. Seguían jugando a balón prisionero, donde Evans aparte de ser el más rápido, también era buenísimo en ello. Esquivaba la pelota con una gracilidad divina. Como si la propia bola de caucho estuviera cubierta de imanes y Soul llevase pegado al culo otro imán gigante con el mismo polo magnético. Fuerzas iguales se repelen, y eso lo sé porque aunque Sid da bastante miedo como profesor de educación física. La física de verdad, se le daba bastante mejor. (Si no hacía chistes de físicos, claro.)

Mi mano sin embargo, permanecía cálida, envuelta por la de Black Star. Él escondía el mentón entre las rodillas, cubiertas por esos pantalones largos de chándal que le quedaban enormes. No querría que viese la misma sonrisa bobalicona que me había salido a mí en la cara y que no desaparecía desde hace rato. Rojos como dos tomates avergonzados de serlo. Manteniendo la misma posición, él fue el primero en disparar sus palabras tras lo acontecido:

—Sabes, también siento… Lo de antes. Si te avergüenza no diré más cosas así, ni a nadie. Nunca hablaría de nuestras cosas, sólo pensé que sería lo mejor por ahora.

—Lo pasado, pasado está. Son tus amigos, iban a saberlo tarde o temprano. —Yo ya lo había olvidado, demasiadas emociones fuertes. Seguí hablando en voz alta, sin ningún tipo de filtro que me parase—. Además, no creo poder cambiarte. Ni tampoco quiero algo así. Está bien, tal y como eres. —Esta vez no jugué con mis manos ni dirigí la vista hacia otra parte, esta vez iba en serio—. Yo tampoco soy perfecta, y no te has quejado al respecto. Así que…

Black Star se puso rojo. Se le daba bien envalentonarse a la hora de hablar, pero no para recibir halagos sinceros.

—¿Podemos tratarnos normal entonces? —preguntó.

—Hecho.

Nos dimos la mano e hicimos después una guerra de pulgares. Tras insultarle por haberme ganado, le pregunté qué era "lo normal para nosotros" y él sólo alzó los hombros.

—Lo cierto es —empezó a murmurar, achinando los ojos. Pensé que me iba a dar una respuesta, pero en su lugar soltó—, que me estoy helando el culo.

Se levantó del sitio de un salto, quitándose el polvo de las posaderas. Me dije a mí misma en un mantra continuo: No debes tocar Maka, no debes tocar…

—Todos sabemos que tu culo es importante —asentí de brazos cruzados.

—Por fin alguien que me entiende. —Hizo una alabanza y dio un par de pasos, alejándose. Observó cada rincón del patio con ahínco.

—¿A dónde vas? —Alcé una ceja curiosa, agarrando con fuerza ambas rodillas huesudas y heladas—… ¿Te vas a saltar la clase?

—No creo que Sid me eche la bronca por ello, —Black levantó las palmas en son de paz—. hoy… Y si aun así preguntan por mí, Kilik o Harvar se inventarán una mentira.

—Pero qué morro tienes.

Hinché las mejillas de aire y le llamé rebelde en un tono sarcástico.

—Lo sé, de perfil es aún más arrebatador. ¿Ves? —Se pavoneó él, no bromeaba. Me hizo sonreír. "Qué tonto es"—. Oye Maka, ven conmigo. Quiero enseñarte algo.

Ofreció su mano frente a mí rostro, esperando que lo respondiese. Pero yo no hacía más que mantenerme en un estado de confusión no demasiado latente. "—¿Eh?"

—¿A dónde? —repetí, dejando la boca entreabierta. Él subió esas cejas azuladas ante mi pregunta directa—. No soy de las que se saltan las clases porque sí.

Más bien: no soy de las que se saltan las clases. En general. "¿Qué podría enseñarme dentro de un colegio que no haya visto antes?"

—¿Por quién me tomas? Yo tampoco —Se llevó la mano al pecho totalmente indignado, sintiéndose atacado ante mi ingenuidad. Mientras aguantaba la risa de muy mala manera—. Pero si no lo compruebas, jamás sabrás lo que es.

"Touché."

—¿Qué? —rodé los ojos. En cierto modo, estaba comenzando a enfadarme sin saber bien porqué, aunque me picaba la curiosidad como un mosquito con hambruna. Fingí de todas maneras que no me importaba, para así hacerme la interesante—. Vaya, es una lástima. Ahora no sé cómo podré seguir viviendo en la ignorancia.

—Tú eliges. —Me miró de frente, con aquellos ojos verdes chispeantes de brillo. Alzó ligeramente los hombros y se dio la vuelta, dándome la espalda de nuevo mientras el poco viento que se colaba en las gradas le removía el cabello azulado.

Levanté una ceja.

—¿Pero qué…?

Entonces Black volvió a alargar el brazo por sorpresa. Tras su espalda, hacia mí. Manteniéndose de lado, esperando que cogiese su mano y pude ver como sonreía lujurioso. Me decidí y pude percibir cierta electricidad al agarrarle, sin haberlo pensado dos veces. Él me elevó del suelo y me sonrojé por inercia. Escapamos juntos de las gradas; nerviosa y agitada, fui quejándome todo el camino. Él se reía sin parar. Fuese lo que fuese lo que me iba a enseñar, creo que me iba a gustar. Puede que incluso ya supiese lo que era sin necesidad de esperar.

"—¿A qué está jugando?"

Como críos, nuestras manos no se soltaron en ningún momento.

Incluso cuando llegamos a la sala de material del gimnasio.


Soul.

Tras oír el último y odioso pitido del día, huí de Sid lo más rápido que pude. Trataba de convencerme para que me uniese a no sé qué tontería de atletismo tras haberme visto correr, así que asentí lo más rápido que pude rezando para que se fuese pronto de mi vista. Aunque me negaba en rotundo a hacer ejercicio físico, lo hubiese acabado haciendo igualmente. Albarn aún así tuvo que hacer acto de presencia porque adora sacarme de quicio. Pero se terminó, la tortura humana se terminó. O al menos una de ellas.

—Ya ha acabado la clase. ¿No vas a las duchas? —preguntó la pesada con una sonrisa de oreja a oreja, intentaba parecer dulce. Pero hasta yo sabía que era más falso que el bolígrafo que imita a Hello Kitty de Albarn.

"¿Acaso me estaba oliendo? ¿Era una indirecta?"Me revolví el pelo sin parar.

Se había tirado casi toda la clase detrás de mi espalda, como habituaba. No sabía del todo ese interés suyo en hablarme sin parar o en buscarme. Igual que Maka Albarn, y luego el loco se suponía que era yo. Stein me había aconsejado que aquellas veces en las que me pusiese nervioso o ansioso, debía respirar profundamente con el abdomen. Hoy no era uno de esos días en los que podía respirar a gusto. Kim estaba demasiado pegada a mí y cualquier cosa que hiciese me resultaba extraña.

—Paso —Estaba más que sudoroso por lo que Albarn me había hecho correr, pensaba vengarme algún día si no se me olvidaba antes, pero la higiene íntima me traía sin cuidado por el momento. Miré hacia otra esquina de las pistas de fútbol, en el fondo intentaba ser amable con ella. Muy en el fondo—. ¿Y tú?

"Por favor, di que te vas."

—Paso.—Alzó los hombros. "Maldita sea"—. ¿Qué hacías jugando al gato y a la rata con la nueva?

Nos paramos ambos en seco y dejamos de caminar hacia la escuela. La miré, enredado en sus palabras y sus cientos de preguntas que no venían a cuento. Bajo nuestros pies embarrados de nieve sucia, el suelo del patio guardaba nuestras pisadas.

—Huir de ella —Pronuncié, escondiendo el cuello como una tortuga. Me estaba cabreando de verás, por poco le grité—. Y no estábamos jugando.

—Lo que tú digas, la verdad es que la detesto.

Siguió andando como si nada tras tal dictamen. Ella sabía que si decía eso, iría tras sus pisadas sin dudarlo como un mero idiota, y la verdad es que, tenía razón: así hice.

—¿Acaso la conoces?

No era del todo una pregunta, sino más bien una objeción que buscaba una respuesta inmediata. Ni que yo fuese una ave de presa y Maka Albarn fuera uno de… Mis polluelos hambrientos.

¿En qué estaba pensando? ¿Por qué debería defenderla de todas formas? "Me daba igual."

—Lo suficiente como para saber que me da asco. —Sonrió una vez más mientras hablaba, cruzándose de brazos. Era su pose favorita.

Estaba empezando a darme miedo al mismo tiempo.

—No la conoces bien entonces. —Caí en su trampa, como si ella fuese una cazadora experta, me puse a su misma altura.

Para ser sincero y por cómo estaba actuando delante de Kim, debía serlo conmigo mismo: "No me daba igual…" No sabía que me estaba pasando con exactitud, pero me dolía muchísimo la cabeza.

—¿Y adónde vas ahora? —preguntó de nuevo, viendo que estaba adelantándola en la marcha. "Lejos de ti, lejos de todos". Es más, se atrevió a confundirme otra vez—. Deberíamos escaparnos de clase, como antes.

"No es asunto tuyo."

—¿Qué es lo que quieres? —Deteniéndome, fui directo al grano con total seriedad.

Si hay algo que detesto es que jueguen conmigo de esta manera, me enciende.

—Nada. ¿Qué pasa? ¿No puedo estar aquí ni respirar tu aire? —se quejó ella sin parar con una gran molestia, acercando su cara peligrosamente a la mía.

"—No te he hecho nada." ¿Verdad? Ya no estaba tan seguro.

—No he dicho eso. —Suspiré tras un largo reproche de protesta y me alejé varios centímetros para tener espacio vital, intentaba calmarme por todos los medios. No puedo liarla más o me echarán—. Prefiero estar…

"—Solo." ¿En qué idioma debería chillarlo para que me hiciese alguien caso? Me iba a estallar la cabeza. No quería perder el tiempo con nadie más, ya me habían dado hoy demasiadas charlas.

—¿Solo? —comentó con cara de pocos amigos, para mi sorpresa. Me había entendido e interrumpido a la perfección, para no variar. Comenzó a apuñalarme en el pecho con el dedo acusador—. Siempre. ¿Es que no puedo hablarte? ¿Acaso el colegio es tuyo? ¿O qué te pasa? —Seguía realmente enfadada, tratando de echarme a la cara cuestiones que ni yo mismo entendía. Y donde ella no debía meter las narices. Alzaba demasiado la voz y yo había dejado de parpadear desde hace rato—. ¿Para qué vienes a clase me pregunto yo? Es por ella. ¿Me equivoco?

Entrecerramos los ojos por igual. Lo había conseguido, ahora quería hacer otra cosa antes de estar solo. Y era hacerla callar.

—Supongo que crees que lo sabes todo sobre mí —Aparté su mano con la poca gentileza que me quedaba y le dije claramente—. No sé si será verdad o no, pero no te sigo.

Cotorra acosadora. "—¿Quién es ella? —¿De quién está hablando?" "—¿De Maka no?" "—¿Quién más sino va a ser imbécil?" En mi cabeza ya no pensaba yo solo, quería taparme las orejas con las manos y echar a correr. Quería haber evitado esta situación por encima de todo. "—¡Os odio!"

—No es nada importante, sólo que —Kim mantuvo su labor de detective privado a sueldo, juzgándome sin parar con un sarcasmo sacado de la manga que no me hacía gracia alguna—, con la nueva pasas mucho rato.

"Se llama Maka, díselo." ¿Acaso no se sabe todavía su nombre? Es igual que su abuela.

—Kim, no quiero volver a pasar por esto —bajé el tono de voz, conteniéndome todo lo que podía con cierto tono de sumisión, quizá tristeza. No deseaba volver a estropearlo, me expulsarían, mi padre me regañaría por decepcionarle otra vez y habría dejado mal a Wes. Me repetía internamente, acallando a las otras dos voces. Y no…—. ¿Vale?

No vería más a Maka.

—¿Es que no quieres acordarte de cómo eras? —Acabó chillando, por poco escupiéndome las palabras en las narices. Me agarró de la camiseta con la mano como un matón de barrio. Iba a sacarme de mis casillas y por lo visto, ella ya no estaba en las suyas—. ¡¿De cómo éramos?!

Me mantuve sorprendido por su tan extrema cercanía, como si me resultase familiar. Parecía desesperada por hallar algo que ya no estaba donde lo dejó.

"—¿Es que no ves que está celosa idiota? No haces más que disgustar a todo el mundo."

Las punzadas en la sien iban a acabar matándome. No entendía nada, nada. El yo que hubiese existido antes ya no estaba. ¿Qué sentido tenía seguir con esto? Ya basta. "—¡Ya basta!"

—¡No me acuerdo de un montón de cosas importantes! —grité sin ser consciente de ello, mientras me sujetaba con fiereza, total, ya nos habíamos encarado los dos. Ella no hacía más que acercarse a mí cara hasta el punto en el que su frente se rozó con la mía. Ya no parecía tan enfadada, pero tampoco comprendía que estaba haciendo o qué sentía por mí. Y a su vez, a mí se me estaba yendo la fuerza por la boca—. Así que deja de…

—Eh, ¡Diehl, Evans! Que bien que os pillo, —Sid apareció tras nuestras espaldas y Kim me soltó en el acto, fingiendo que no había pasado nada. Que no le importaba absolutamente nada. Actuamos más calmados ante el profesor—, tenemos que recoger.

Nos informó, a pesar de que era evidente y nos habíamos escaqueado de ello. Sid iba bien cargado con una bolsa de balones y un par de taburetes.

Ambos suspiramos y nos mandamos miradas acusadoras, sabiendo lo que nos iba a pedir a continuación: "Hazlo tú." "No, hazlo tú." "¿De qué vas? ¡Soy una señorita delicada Soul!" "Y unas narices, yo soy un joven lozano y vago que no quiere doblarse la espalda, Kim." Los demás habían sido más listos y menos lentos, ya sólo quedábamos Kim y yo para echarle una mano.

—¿Me oís o no? —Nos tocó la cabeza a ambos, dándonos un coscorrón como el que llama a una puerta para que le abran. Escondimos las manos tras la espalda como angelitos—. ¡Ayudadme con esto y llevadlo a la sala de material! ¿Os importa?

Y con esa última pregunta al aire, Sid quería decir: —Hacedlo.

—Está bien…

Resoplamos con resignación, quitándole el saco de balones y los taburetes de encima, marchamos acatando sus órdenes como soldados. Kim bufaba y permanecía con un humor de perros cuando Sid nos dejó de nuevo a solas. ¿En serio iba a ayudar en algo? Con tal de seguirme a todas partes, supongo que se aguantaría.


Espacio Beru*:

Me ha encantado escribir la parte del chicle, entre muchas otras. Ese "bullying" constante que tienen estos personajes es matador. Y me duele partir el capítulo en dos, pero creedme: Iba a ser demasiado. (Y a mí vuestro croissant, digo corazón, me importa de verás. Con mantequilla, digo sentimientos.) No me matéis, anda. Tengo perro, gata y dos canarios que alimentar. Volveré con capítulo más pronto que tarde, lo prometo."Stop de Hiatus, baby."

¿Habéis leído el "nuevo" manga de Ohkubo? No está nada mal, desde luego es muchísimo mejor que Soul Eater Not… (Aunque superar eso no es tan difícil.) Se llama "Enen no Shouboutai" (Brigada de las llamas. De las de fuego, no esas tan monas y peluditas que hay en Latinoamérica.) y si aún no lo conocéis, os animo a darle una oportunidad. (Va sobre bomberos, el mundo de Soul Eater (o al menos el mismo diseño en un Tokyo distópico), peña que empieza a arder de la nada. Y si os fijáis, el protagonista es un mix Black/Soul/Kid. Hasta hay un personaje que se da un aire a Arachne. Sale Patty versión monja, y ojo, esta me encanta: Maki. Es como "Maka", pero tiene el pelo negro y algo de pecho. (SALE HASTA EXCALIBUR EN ESPADA, MANEJADA POR UNA ESPECIE DE SOUL SIN GOMINA POR AMOR DE JESUCRIS… Y los shippeo, claro que los shippeo.)) En fin, me encanta que la historia comience en un tren. (Como este fic, copiota Ohkubo, copiota.) LEL.


Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams:

"Maratón de besos. Profesora de música" (Segunda y última parte.)


Nada más que decir salvo que, bueno, si superamos el review 300 (¡Pleno!)… Creo que debería comprometerme a subir un ONE SHOT (¿majete o con mucho Angst?) divertido de Soul Eater para celebrarlo, agradeciendo en él a todos los que hayáis comentado. Si os hace dar ideas para tramas, soy tooodo oídos. (Y un 10% nariz taponada.) Muchas gracias de nuevo, Cascabel llegará muy pronto. (No os he olvidado.) También acabo de subir hace poco un fic de Tokyo Ghoul (¿Qué por qué?) Porque estoy muy loca… (¿No estaba claro?)

Sigue nadando, sigue nadando. ¡Feliz otoño (invierno, verano, no sé en qué estación estarás pero, sé feliz maldita sea)!