Skins no me pertenece. No me plagies.


Cassie lo sabe, todos lo saben, es solo que ella aún no lo acepta. ¿Por qué es tan difícil hacerse a la idea de que a él le gusta otra? Es solo un chico común y corriente, con miles de defectos, ¿qué tiene de especial?

Su estómago se contrae y siente que sus piernas tiemblan. Cass se pregunta si es porque "olvidó" tomar su desayuno o si tendrá algo que ver con la imagen que se desarrolla frente a sus ojos:

Sid. Michelle. Almorzando juntos, hablando de sus vidas y sonriéndose como dos idiotas (sonrisas con diferentes sentimientos)

— Hacen bonita pareja…— dice apenas en un susurro. Ellos están demasiado lejos para oírla.

Es una tristeza ser siempre la otra, el pobre reemplazo que nunca lo llenará por completo. Porque él la quiere a ella, a su amiga.

Tal solo con ver cómo es que él la mira, tan solo con escucharlo hablar de Michelle.

Cassie puede llegar a creer que él la ama, pero aún no entiendo cómo es que después de tanto tiempo puede seguir insistiendo, cómo es que él no puede llegar a entender que Michelle no le pertenece, que no lo quiere. En cambio ella siempre estaría ahí para Sid, lo aceptaría con todo y sus rarezas y podrían salir felices por el mundo olvidando toda la mierda que tienen por vida.

El pensamiento la hace sonreír por un instante.

Pero que estúpida uno llega a ser, se corrige, ¿cómo es capaz una persona de infringirse tanto dolor por alguien que no da nada a cambio?

Eso, se dice, es verdadero amor.

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Un amor desesperado que le he tomado a Cass, un escrito que salió de la nada.

Autumn.