FELIZ NAVIDAD! Ayey, y que mejor para celebrar que un cap nuevo? Uno medio corto pero algo es mejor que nada! Espero que todos hayan pasado una feliz navidad, incluso si no celebran navidad, entonces que hayan tenido un muy buen día! Como sea, aquí les dejo.


La noticia no tardó en expandirse y pronto todo el campamento había adoptado un ambiente sombrío, doliente, pues a pesar de que la misión había sido exitosa; había tenido su precio. Un precio demasiado alto para la opinión de algunos, en especial la de Annabeth y Luke, quienes montaban guardia mientras Percy dormía.

-Aún no puedo creer todo lo que sucedió- Comentó Luke, en voz baja, pasando su mano por los cabellos rebeldes del hijo de Poseidón, su mirada opaca por sus propias lagrimas- Es demasiado que tomar.

-Lo sé- Respondió Annabeth, mirando a Luke con una sonrisa triste, era obvio que en el tiempo que habían pasado en el campamento, el hijo de Hermes se había encariñado con los tres nuevos revoltosos, y saber que dos de ellos no regresarían era un golpe duro- Pero vamos a estar bien, tenemos que estar bien, por él.

Durante el tiempo que los hijos de los tres grandes habían pasado en el campamento, Percy se había acercado a Annabeth y ambos habían pasado mucho tiempo juntos, aprendiendo cosas nuevas, y aún más importante; conociéndose el uno al otro, aún cuando ella sabía que él le guardaba secretos. Así mismo habían hecho Thalía y Luke, quién al escuchar de la noticia había corrido hasta la colina mestiza con el corazón a punto de estallarle, al llegar se había llevado una sorpresa, pues aunque estaba preparado para algo malo, lo que encontró fue más que terrible.

Percy estaba apoyando todo su peso en Annabeth, envuelto en los brazos de la chica y temblando, sus sollozos eran silenciosos pero le rompían el corazón a todos los presentes. Frente a ellos estaba el nuevo árbol de pino, que solo horas atrás había sido Thalía, hija de Zeus y heredera del cielo, cuya pérdida era algo que nunca podrían lamentarse lo suficiente. Luego de un rato los sollozos de Percy empezaron a detenerse y el chico empezó a apoyarse aún más en Annabeth, no pasó mucho antes de que perdiera la consciencia.

Luke lo había cargado de vuelta al campamento, con un poco de ayuda por parte de Grover, y lo habían llevado a la casa grande, donde Quirón vería a sus heridas, especialmente el golpe que tenía en la cabeza, que era la causa más probable por la que el chico estaba inconsciente, eso más el agotamiento y el dolor de la muerte de su prima. Grover desapareció no mucho después, demasiado inestable para estar cerca de Percy, y su propio dolor clamando toda la atención, todos sabían que Grover se sentía culpable, y no había nada que pudieran hacer para convencerlo de lo contrario. Annabeth se sentó al lado de Percy, tomando una de sus manos y acariciándola suavemente, mientras Luke se acomodaba en justo sobre la cabeza del chico, acariciando su cabello de manera tranquilizante, tratando de mantener las pesadillas afuera.

No había nada más que pudieran hacer, no podían devolverle a Thalía y tendrían que organizar una misión de rescate para Nico, lo cual les llevaría demasiado tiempo y no podía ser tomada a la ligera, debían de estar preparados, pero justo ahora, todos estaban demasiado aturdidos como para planear estrategias de guerra y planes de infiltramiento.

-Grover no es el único culpándose a sí mismo- dijo Annabeth, en voz baja, mirando a Luke con lagrimas en los ojos.

-Lo sé, pero ninguno debería hacerlo- Le respondió él con aquella voz de hermano mayor que hacía imposible no creerle o confiar en él- Hicieron lo que podían y lo que debía, ninguno de ustedes tuvo la culpa de lo que pasó, y no pienso dejarlos culparse a sí mismos o unos a los otros. ¿Entendido?

-Claro como el agua- Annabeth sonrió un poco, quitando de sus hombros un pequeño peso- Pero él será más difícil de convencer.

-Sí, pero tenemos suerte de que soy bastante convincente- Sonrió Luke, nada comparado a su sonrisa habitual, pero al menos los ánimos estaba empezando a levantarse- Vamos a estar bien, tú lo dijiste y eres una chica inteligente Annabeth, sabes de lo que hablas y confió en ti.

-Bueno, en eso tienes razón, soy una chica inteligente- Annabeth se inclinó un poco sobre la cama, apoyando la mejilla en el borde, suspirando- Estaremos bien.


Los dos días que siguieron se mantuvo el luto, todos los campistas demasiado conscientes de la tragedia ocurrida como para celebrar el regreso de la compañía, pero aún así, se hizo un pequeño banquete en homenaje a todos los miembros, incluyendo a los caídos. Percy se había convertido en una bomba de tiempo, cambiando de humor en dos segundos, a veces parecía estar de vuelta a su vieja actitud despreocupada, pero de pronto simplemente empezaría a llorar y solo Luke, Annabeth o Grover podían calmarlo.

Durante los años que pasó arriba en el Olimpo nunca había podido llorar en calma, no podía lamentarse de nada y sus brotes de tristeza debían ser escondidos, porque tenía que ser fuerte por sus primos, pero ahora que no estaban; podía llorar. Podía llorar por Nico, a quién había dejado abandonado en el casino Loto, a quién todavía no había encontrado una manera de salvar. Podía llorar por Thalía, y recordar la sangre de la chica en sus manos, podía escucharla decirle que lo quería, la escuchaba reír y de pronto todo lo que quedaba era un árbol de pino. Podía llorar por su madre, a quién habían matado por su culpa, y la visión del minotauro le traía memorias, él había soñado muchas veces con destruir al monstruo que la había matado, pero el mismo monstruo le había arrebatado a alguien más, y no había un dejo de satisfacción en aquella victoria.

La tercera noche todo volvió a la normalidad, los ánimos empezaron a levantarse y pronto el único cargando el luto era él. Percy nunca se había sentido más solo en su vida. Annabeth, Luke y Grover hacían lo que podían y el apreciaba de todo corazón lo que estaban haciendo, sabía que había encontrado gente a quien le importaba y en quienes podía confiar, quizá era tiempo de que ellos supieran la verdad sobre él, así tendría un peso menos que cargar consigo, una mentira menos.

Percy les había pedido reunirse en la colina, cerca del árbol de Thalía, donde podrían hablar en paz sin nadie que los interrumpiera o escuchara. El chico estaba sentado junto al árbol de su prima, su espalda recostada en el tronco, escuchando su propia respiración y los ojos cerrados, así casi podía fingir que el tamborileo que escuchaba era el latido de su prima y no alguna de las trampas de los chicos de Hefestos.

-Bueno, Jackson, es un gusto verte- Una voz nueva lo hizo abrir los ojos y contener la respiración; conocía esa voz- No pensé que sobrevivieras al minotauro.

-Ethan…- Suspiró Percy, al ponerse de pie y mirar al chico, quién por fin hacía encajar todas las piezas- Tú estabas en casino, y en mi sueño… eres hijo de Némesis.

-Claro que lo soy, pero, ¿Cómo saberlo? Si estoy encerrado en la cabaña de Hermes, con todos los hijos de dioses menores, sin reconocimiento alguno- Gruñó el chico, pasando de manos lo que cargaba consigo; las converse de Luke- Oh, ¿ya notaste mis nuevos juguetes? Los conseguí en un casino, pero claro, tuve que dejar algo a cambio…

-El rayo, fuiste tú, ¡tú eres el ladrón del rayo!- Le acusó Percy, sacando su lapicero del bolsillo y señalando a Ethan con él- Todo este tiempo, ¿por qué?

-¿¡Por qué!?- Le reclamó el chico- Porque no soy nadie, no soy nadie porque mi madre no es nadie, porque no importo, porque no tengo respeto y debería tenerlo, deberían respetarme y también a mi madre, pero no lo hacen, y eso debe cambiar. Percy Jackson, esa es la razón, simple; si quieres algo, ve por ello. Quiero respeto y reconocimiento; ¡Aquí estoy!

Subí hasta el Olimpo y robé el rayo maestro de Zeus, justo en las narices de los dioses. Soy la llave de un plan maestro, un plan revolucionario, no tienes idea de lo que viene, Percy Jackson. El mundo va a arder, y yo soy la llama que va a iniciarlo todo- Le escupió Ethan en la cara- Y tú, tú eres la corriente que podría apagarlo todo, no podemos correr ese riesgo.

-¿De qué estás hablando?- Percy destapó a contracorriente en cuanto Ethan sacó una caja negra de su bolsillo- Ethan, ¡Te están usando! Detente ahora, todavía puedes tomar la decisión correcta.

-Oh Percy, esta es la decisión correcta, esto es lo que quiero, y sé que me están usando, yo los estoy dejando, es lo mejor que puedo hacer- Ethan sonrió y destapó la caja, dentro había un solo escorpión, más grande lo normal y de un color negro profundo que despedía un dejo azulado; era un escorpión de los que habitaban en el tártaro, y su veneno era mortal- Todo lo que da luz; se debe quemar primero.

-Estás loco, no vas a conseguir nada de esta manera, nunca tendrás éxito- Percy no tenía tiempo para ponerse a jugar con Ethan, incluso en el Olimpo te enseñan a temer los monstruos del tártaro, sin importar cuán pequeños- De eso me encargo yo, y se de algunas personas más que harían hasta lo imposible para detenerte.

-Bueno, entonces…- Ethan se acercó un poco más a Percy, sonriendo, y sus palabras se convirtieron en un ligero susurro- …les deseo suerte.

-¡MAYA!

-¡NO!

-¡PERCY!

Lo que sucedió en esos diez segundos fue totalmente inesperado, tan repentino que ninguno tuvo tiempo de prepararse. Las converse tomaron vida y levantaron a Ethan del suelo, pero no a su comando sino que al de Luke. El rubio estaba a solo unos pasos de ellos, con su espada levantada y lista para atacar, Ethan maldijo y le arrojó la caja a Percy, dejando ir de los cordones de las tenis y echando a correr colina abajo, con Luke pisándole los talones.

-¿Estás bien?- Le preguntó Annabeth a Percy, la chica había llegado con Luke, cargando su daga, lista para atacar- ¿Qué fue lo que te lanzó?

-Annabeth, ocupo que me escuches con atención y no entres en pánico- Empezó el chico, frunciendo el ceño y cerrando los ojos- Cuando sacuda mi brazo, quiero que lances tu daga a lo que caiga al suelo, no lo pienses, no lo mires, solo mátalo. ¿Okay?

-Okay- Respondió ella, esperando lo que fuera.

Percy sacudió el brazo un par de veces antes de que el escorpión cayera al suelo, firme a su palabra, Annabeth lo atravesó con la daga antes de que pudiera siquiera registrar el cambio y al ver al monstruo disolverse la chica dejó escapar un grito ahogado, lanzándose sobre Percy.

-Note picó, ¿o sí? Oh dioses, Percy, eso era un escorpión venenoso…- Balbuceó la chica, tratando de examinar a Percy, un peso sentándose en su estomago cuando vio que el chico le sonrió en modo de disculpa- Oh no, tenemos que llevarte donde Quirón, él sabrá que hacer, venga… ¡LUKE!

-Ethan se escapó, lo siento- Contestó el rubio, subiendo la colina nuevamente y jadeando un poco, no tardó en posar sus ojos en Percy y notar lo pálido que estaba, eso y la expresión de pánico de Annabeth le aceleraron el corazón- ¿Qué sucedió?

-Un escorpión del tártaro- Contestó el chico antes de desmayarse nuevamente, esta vez en los brazos de Luke, quién simplemente lo levantó y salió corriendo en dirección a la casa grande, no tenían tiempo que perder.