Dedicado a todos los que mantienen vivos a los personajes de ¡Hey Arnold! con sus relatos. Un abrazo de su amiga, Ami014


Te fuiste de aquí, todo ha acabado.
Y llora mi alma en soledad.
La vida me puso junto a ti…
Nunca pude predecir…
Me convertiría en tu pasado.

Te fuiste de aquí, Reik

No sabía en dónde se encontraba, pero escuchó a una dulce voz femenina llamarlo en la lejanía

…Arnold…

…Arnold… El llamado se intensificaba. ¿De quién era esa voz?

…Arnold…

"¡Cabeza de balón!" Escuchó al fin y comprendió de quién se trataba

"¿Helga? ¿Eres tú?" Preguntó tratando de encontrarla, pero no podía ver absolutamente nada "¡Sigue hablando, así te encontraré!"

El chico dio unos torpes pasos hacia delante, tropezándose con varios objetos empolvados que, al brusco contacto con el chico, lanzaron una gruesa nube de polvareda.

"Tan torpe como siempre ¿No?"

"¿Helga?" volvió a preguntar mientras se levantaba con cierta dificultad

"¿Y a quién esperabas? ¿Al conejo de pascuas?" le contestó con sorna.

El chico solo se limitó a dar unos manotazos al aire, tratando de esparcir el polvo para observar mejor a la chica, hasta que sintió un pequeño calor recorrer su espalda

"¡Hey! ¡Cuidado con lo que haces hombre mono!" le gritó la chica, quien se encontraba sentada junto a él y se aferraba a su brazo, tratando de huir a los manotazos que el chico propinaba.

El chico se levantó ágilmente y ayudó a la chica a levantarse, mientras la observaba detenidamente. Era una niña rubia, con un extraño corte, sobre maquillada y con un voluptuoso cuerpo. Era Helga, de eso no había duda. Pero era una Helga distinta, muy parecida a como lució en aquella "fiesta para niñas" de Rhonda a los nueve años.

"¿Helga?" volvió a preguntar involuntariamente, entre extrañado y aturdido

"No desperdicies mi nombre, cabeza de balón" habló la chica mientras se sentaba en un gran sillón hecho con telares en estampado animal print "La pregunta es ¿Quién eres tú?"

"¿Yo? Helga, no bromees, soy yo, Arnold"

"No recuerdo a ningún Arnold" contestó cortante mientras le dirigía una fría mirada

El chico la observó sorprendido ¿Cómo una niña de nueve años podía dejarlo helado con la mirada?

"¿Enserio no me recuerdas? Fui tu amigo, o por lo menos, eso creo"

"No lo recuerdo, joven. Ahora tengo una vida glamorosa ¿Crees que recordaría a un chiquillo de mi infancia?"

Estas palabras lastimaron profundamente el corazón de Arnold ¿Chiquillo de la infancia? ¿Era así como ella lo recordaba? Siendo que ella ocupaba un lugar muy bonito en sus recuerdos, siendo que ella fue la única que lo apoyó incondicionalmente en varias ocasiones. Ahora, ¿ni siquiera se acordaba de su nombre?

"Helga, por favor, mírame" le habló el chico, acercándose al sillón y agarrando a la chica de las muñecas, para no dejarla ir.

"Suéltame" gruñó tratando de soltarse

"No. Esta vez no te dejaré ir" contestó el chico suavizando el agarre para no lastimarla, pero en ese momento, la chica estiró fuertemente los brazos, liberándose del rubio.

Los chillidos de Abner lo despertaron de aquella pesadilla. El chico se levantó con cierta pesadez, para abrir la puerta a su cerdo, quien se encontraba ansioso por salir a dar un paseo. Luego, se dirigió lentamente hacia la azotea, como lo hacía cada día desde los doce años.

Sentarse allí, en medio de una suave brisa, sintiendo los primeros rayos del sol acariciarle el rostro, era una de las mejores sensaciones que él conocía. Dirigió su mirada al cielo, estaba despejado, pero unas pocas nubes adornaban la escena.

Recordó su pesadilla con cierto pesar. En realidad, no había pensado mucho en Helga G. Pataki a lo largo de los años, pero ella constituía un hermoso recuerdo de su infancia que él nunca había olvidado. "Ojala te encuentres bien, Helga" pensó entre suspiros

-Chaparrito, el desayuno está listo- llamó su abuelo, quien a pesar de los años, se mantenía siempre jovial

-Voy abuelo- contestó el chico, levantándose y echándole una última mirada a su ciudad.

Se vistió con la ropa que tenía acostumbrado usar desde hace varios años: jeans, una remera blanca y su clásica camisa escocesa suelta.

Se observó en el espejo un momento, recordando el viejo insulto que le daba una vieja amiga "Melenudo" pensó riendo mientras revolvía un poco su cabello rubio que se partía en varios mechones rebeldes, dándole un aire inocente.

Finalmente, se colocó unas zapatillas deportivas y bajó las escaleras, encontrándose con todo un espectáculo al que él ya estaba acostumbrado.

-Buenos días, señor Kokoshka, señor Potts- saludó el chico a un hombre algo calvo, vestido solo con unos calzoncillos blancos y una bata azul

-Buenas, Arnold- saludó el hombre mientras intentaba robar un trozo del desayuno de su vecino

-Devuélveme eso, rata ladrona- gruñó el otro hombre arrancando su plato de las garras del señor Kokoshka- Tendrías que ponerte a trabajar, en lugar de…

-¡El desayuno está servido, vaqueros!- gritó la abuela llevando puesto un vestido de cuero y unas botas rancheras- La carne de res salvaje fortalecerá sus huesos para el gran rodeo

-Son hotcakes, Pookie- habló el abuelo entrando al comedor principal de Susent Arms

-¿Ah, si? ¿Entonces donde dejé la carne de res?

El rubio observó a su "familia" con ternura, ellos nunca cambiarían y a él no le importaba que no lo hicieran.

-Bien, es suficiente por hoy para mí. Parece que el tonto de Bob estará en la ciudad y tengo un partido de golf contra él. Parece que quiere la revancha ¿eh?- dijo Phil interrumpiendo el desayuno de su nieto mientras le guiñaba amistosamente un ojo.

-¿El señor Pataki estará en la ciudad? Entonces ¿Helga también volverá? – preguntó el chico con genuina curiosidad

-¿Quién es Helga? Ah, tu fea amiguita de una sola ceja

-¡Abuelo!- reprendió el chico- Helga no es fea, en realidad es muy linda. Recuerdo una vez que su niñera la obligó a usar flores en el cabello y unas trenzas que la hacían ver muy…- el joven rubio detuvo los recuerdos que iluminaban sus ojos al notar que todos los huéspedes escuchaban expectantes y curiosos la historia. Se sintió algo incómodo y trató de desviar el tema para evitar las preguntas que seguramente inundaban los pensamientos de aquellas entrometidas personas

-Bien abuelo, tendremos que practicar desde mañana si quieres ganarle al señor Pataki

-¿Practicar? Mejor tráeme ese aburrido video de golf y ¡a dormir!

-¡Abuelo!

-Así practican los ganadores, muchacho- contestó encogiéndose de hombros –Después haremos todo lo que quieras, pero ahora apúrate; se te hace tarde para el colegio

-Está bien, ¡nos vemos luego, familia!- se despidió Arnold mientras salía corriendo a toda velocidad con rumbo a la preparatoria. Pero de pronto, detuvo su marcha frente a una casa pintada de rosa y frente a la que había un gran cartel con la leyenda "Se alquila"

"La casa Pataki" pensó el chico suspirando. Llámenlo masoquista, pero la extrañaba; su vida se había vuelto terriblemente aburrida y monótona desde que la rubia se marchó de Hillwood hace seis años. Ella era la única que lograba quitarle tan pronto una sonrisa y era la única con la que no podía mantenerse disgustado. Ella era un agradable disgusto.

-Viejo ¿Así que estas viendo la casa del terror?

-Gerald, ¿qué haces aquí?- preguntó el chico nervioso, como si lo hubiesen atrapado haciendo algo malo

-Este es el camino a mi colegio, nuestro colegio ¿recuerdas?- contestó divertido –la verdadera pregunta es que hacías aquí parado

El rubio lo observó atontado, jamás le había mentido, pero ¿Cómo admitir que observaba con melancolía la casa de su Némesis? Gerald le diría que está loco y probablemente se burlaría de él

-Así que ya escuchaste los rumores ¿No?- preguntó el pelinegro interrumpiendo los pensamientos de Arnold

-¿Rumores?

-Sí. Cuentan por ahí que tu abusona favorita volverá a Hillwood por unas semanas

-Entonces es cierto- dijo el chico con un suspiro, que no se sabría si era de pesadez o de añoranza

-Lo lamento viejo, es mejor que te prepares- le anunció Gerald dándole unas palmaditas en el hombro, como si aquella fuera la peor pesadilla que pudiese caer sobre un ser humano

-Vamos Gerald, han pasado años. Estoy seguro de que Helga ha madurado y cambiado en todo este tiempo- respondió tratando de defenderla, pero sin creer realmente lo que decía

-¿Helga G. Pataki? ¿Cambiar? ¿Seguro de que estamos hablando de la misma persona?- dijo el chico riendo con ganas, pero cambió su expresión al ver la mirada seria que el rubio le dirigía- Lo lamento viejo, pero estamos hablando de Helga, la dueña de la vieja Betsy, la chica más ruda y fea de la escuela…

-Sabes que eso no es cierto, Gerald- contestó el rubio, esta vez omitiendo aquel recuerdo de Helga con trenzas que volvió insistentemente a su mente

-Lo que digas, Arnold

-¿Y que dijo Phoebe con la noticia? Después de todo, ellas eran mejores amigas…

-Ni siquiera menciones la palabra Phoebe y Helga en la misma oración

-¿Ah?- preguntó el rubio algo confundido

-Phoebe y yo nos peleamos ayer, no entiendo el porqué ella y tú insisten en defender a la demonio rosa- contestó algo malhumorado mientras pateaba fuertemente una lata para hacer fuir la rabia- Hace solo unas semanas somos novios y ya me echó de su casa

Arnold miró comprensivamente a su amigo, sabía que él estaba loco por la chica oriental y debía estar sufriendo mucho; pero por otro lado, se lo merecía por hablar así de Helga.

-Lo lamento mucho Gerald, pero estoy seguro de que te perdonará

-Eso espero, hermano. No sé cuanto tiempo soportaré la indiferencia de Phoebe

"Eso es estar enamorado" pensó el rubio sonriendo, sin saber que a él mismo le tocaría sufrir algo parecido

Luego de entrar al colegio, ambos chicos se separaron, no sin antes desearse buena suerte con su saludo especial.

Mientras que el pelinegro se dirigió directamente a su primera clase, el rubio decidió echar un vistazo al salón que era conocido como "Sala G"

Sala G era un pequeño salón que solía estar desocupado y era utilizado como depósito para muebles viejos; pero los chicos lograron convencer al director de que era buena idea realizar allí un pequeño salón en el que los alumnos podían encontrarse a charlar un momento durante las horas libres.

Obviamente, al ser la pandilla de Arnold los que lograron que el director accediera, les tocaba a ellos utilizar gran parte del día el pequeño sitio de reunión.

-Buenos días chicos- saludó el joven con cabeza de balón al pequeño grupo de chicos que se encontraban en un rincón del mencionado salón. Este pequeño grupo de chicos eran sus amigos de toda la vida, quienes habían tomado distintos rumbos en la vida social de la preparatoria pública 119, pero que aún así se reunían cada mañana para discutir sobre las novedades de la escuela.

-Shhh…- ordenó una chica de cabellera corta y negra mientras le señalaba una silla, como obligándolo a tomar asiento- Esto es importante- le murmuró mientras se apartaba un poco del teléfono celular que sujetaba con ambas manos

-¿Dónde está Gerald?- le susurró un chico con una gran nariz y vestido con una chaqueta de cuero negro y una gran gorra verde

-Se quedó en la clase de física. Creo que le faltaban unas lecciones y decidió llegar temprano- señaló Arnold mientras observaba con atención a la pelinegra, temiendo que estuviesen haciendo alguna broma pesada-¿Qué hacen, Rhonda?

-Shhh- volvió a silenciar la chica, observándolo con una mirada acusadora, como diciéndole "No lo arruines"

-¿Hola?- contestó al fin una voz femenina que resonó en el salón, pues el teléfono se encontraba en altavoz - ¿Quién habla?

-¡Phoebeee!- gritó Rhonda con la voz más chillona que pudo fingir- ¿Me recuerdas?

-No- contestó la chica indignada –Espera, Lila ¿eres tú?

La pelinegra suspiró irritada ¿Cómo no había reconocido su perfecta imitación? Diablos, esa chica debe estar más sorda de lo que creía (ya debía estar muy sorda si era amiga de alguien como Pataki)

-No, tontita- dijo con la mayor empalagosa dulzura posible –Soy yo, ¡Olga!

-¿Olga? ¿Porqué le mienten?- preguntó sorpresivamente Arnold, recibiendo en contestación una mirada asesina por parte de todos los presentes. Pero, para suerte del grupo, la oriental no escuchó la inocente pregunta

-¿Pasa algo?- preguntó una extrañada Phoebe a través del artefacto

-Mmm... Sí, mi hermanita Bebé está algo impaciente por verte- contestó la pelinegra "entrando en su personaje"

-¿Podrías pasarme con ella? ¡Me encantaría hablarle!

-¡No! Digo…ella no se encuentra en casa ahora, pero creo que se verán pronto ¿No?

"Así que eso es lo que querían con todo este teatro" pensó el rubio molesto al notar todas la artimañas que podían usar sus compañeros con tal de enterarse del último chisme

-Sí, claro. Nos veremos el jueves, estoy tan emocionada por encontrarme de nuevo con ella, luego de tantos años. Solo he intercambiado algunas cartas con ella y francamente con el correo electrónico no…

-Si, si, si, claro ¡Hablamos luego!- dijo la pelinegra cambiando el tono empalagoso por uno más impaciente; de todos modos, ya había conseguido lo que quería.

Una vez que colgó el teléfono, volteó a ver a sus amigos y parándose sobre una silla gritó con una malévola sonrisa en los labios

-Bien chicos, está confirmado: el jueves Helga G. Pataki vuelve a Hillwood


Bien, espero que les haya interesado el primer capítulo; no se preocupen, habrá más… Tengan un poco de piedad, soy nueva en esto, pero haré mi mejor esfuerzo!

Agregué un fragmento de la música "Te fuiste de aquí" porque la escuché por la radio cuando estaba escribiendo este capítulo y me pareció una linda coincidencia con los sentimientos que creo que pasarán por la cabeza de nuestro héroe

Por favor, déjenme sus comentarios, deseo saber si les gusto, o sus sugerencias en todo caso. Gracias por leer ;)