N.A: Buenas minna!, como están?, yo mas menos por que e tenido pruebas todas las semanas y eso una disertación de dos notas xd… pero al tema!, aquí les traigo otro ichiruki, (que será largo por kami-sama!), y espero les guste! Y como siempre sin mas… nos leemos abajo xDDD

DECRETO!: la historia pertenece a LINDA HOWARD y los personajes a TITE KUBO!

Ahora si, a leer!

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Summary: En su carrera como policía, Ichigo Kurosaki ha conocido gente extraña, pero nadie como la atractiva y enigmática agente del FBI que se ha presentado en la ciudad para ayudarle a resolver el caso de una serie de asesinatos que traen de cabeza a todo el departamento. Rukia habla y se comporta como si no fuera de este mundo, o mejor dicho, de esta época, y posee extraños artilugios que Ichigo jamás había visto. ¿Es posible que realmente ella provenga de un futuro distante, que haya viajado al pasado en busca de un criminal que puede alterar el rumbo de la historia? Mientras libran un duelo a muerte con el asesino, ambos descubren que el paso de los siglos puede haber cambiado las costumbres, pero que la atracción entre un hombre y una mujer es algo que permanece inalterado.


Prólogo

Juzgados del condado de Karakura, Tokio

1 de enero de 1992

Se había reunido una pequeña multitud, de unas cincuenta personas, para ver el entierro de la cápsula del tiempo al lado del mástil de la bandera que había frente a los juzgados del condado. El primer día del año se despertó frío y ventoso, y el plomizo cielo no dejaba de escupir copos de nieve encima de ellos. La mitad de las personas allí reunidas eran las que, por posición, ambición o conexiones, tenían que estar allí: el alcalde y los concejales, el juez titular de la sala, cuatro abogados, los comisionados del condado, unos cuantos empresarios locales, el sheriff, el jefe de policía, el director del instituto y el entrenador del equipo de fútbol americano.

También había algunas mujeres: la señora Edie Proctor, la conserje del instituto, y las esposas de los políticos y los abogados. También había un reportero del periódico local, que tomaba notas y hacía fotografías porque el periódico era tan pequeño que no podía tener en plantilla a un fotógrafo profesional.

Isshin Kurosaki, el propietario de la ferretería, presenció el acto con su hijo de quince años. Básicamente habían venido porque el juzgado estaba justo enfrente de donde él y su hijo vivían, encima de la ferretería; porque el partido de fútbol americano de Año Nuevo todavía no había empezado y porque no tenían nada mejor que hacer. El chico, Ichigo, alto y esbelto, encorvó los hombros contra el viento y estudió las caras de todos los presentes. Era terriblemente observador y, a veces, incomodaba un poco a los adultos que lo rodeaban, pero no se metía en líos, ayudaba a Isshin en la tienda cuando salía de clase, sacaba buenas notas y, por lo general, sus compañeros lo apreciaban. En resumen, Isshin creía que había tenido mucha suerte con su hijo.

Se habían trasladado a Karakura desde Tomoeda hacía nueve años. Isshin era viudo y pretendía seguir siéndolo. Había querido a su mujer, sí, pero el matrimonio era difícil y no creía que quisiera pasar por eso otra vez. Salía con distintas mujeres de vez en cuando, aunque no con la suficiente regularidad para que alguna de ellas se hiciera ilusiones. Tenía pensado que Ichigo acabara el instituto y fuera a la universidad, y puede que entonces reconsiderara su postura respecto al matrimonio, pero, por ahora, estaba concentrado en criar a su hijo.

—Trece —dijo de repente Ichigo, en voz baja. Frunció el ceño y juntó las cejas.

—Trece ¿qué?

—Han puesto trece objetos en la cápsula, pero el periódico decía que pondrían doce. Me pregunto cuál será el otro objeto.

—¿Estás seguro que eran trece?

—Los he contado.

Claro que los había contado. Isshin suspiró mentalmente; él ni siquiera había dudado del número de objetos. Ichigo parecía observarlo y comprobarlo todo dos veces. Si el periódico decía que serían doce objetos, Ichigo los contaría para ver si era cierto o si, como en este caso, se habían equivocado.

—Me pregunto qué será ese decimotercer objeto —repitió Ichigo, con el ceño todavía fruncido mientras observaba la cápsula del tiempo. El alcalde la estaba colocando en el agujero que se había cavado el día anterior. De hecho, era una caja metálica cuidadosamente envuelta con plástico impermeable.

Dijo unas palabras, la gente rió y el entrenador de fútbol americano empezó a tirar tierra sobre la caja. Al cabo de un minuto, el agujero estaba lleno de tierra y el entrenador la aplanó con la pala para nivelarla con el suelo. Sobró tierra, claro, pero el hombre no se molestó en amontonarla. El alcalde y uno de los concejales cogieron una pequeña losa de granito en la que se había grabado la fecha del entierro y la misma fecha, pero un siglo después, que era cuando se suponía que tenía que abrirse, y la dejaron caer de golpe encima de la tierra recién removida. Seguramente, habían planeado colocarla más despacio, con la gravedad adecuada para que el fotógrafo inmortalizara el momento, pero evidentemente el peso de la losa los cogió desprevenidos y la dejaron caer al suelo. Cayó un poco hacia un lado. El entrenador se arrodilló en el congelado suelo y se sirvió de ambas manos para colocarla en el sitio correcto.

El fotógrafo del periódico hizo fotos para que el evento pasara a la posteridad.

Temblando, Ichigo cambiaba el peso de pierna constantemente.

—Voy a preguntar —dijo, de repente, y se alejó de Isshin para acechar al fotógrafo entre todo el gentío, que ahora empezaba a dispersarse.

Con un suspiro, Isshin lo siguió. A veces, le parecía que su hijo era más un perro sabueso que un chico, ya que le resultaba imposible olvidarse de algo que tenía en mente.

—¿Qué quieres decir? —escuchó Isshin que decía el reportero, Max Browning, mientras miraba a Ichigo con gesto distraído.

—La cápsula del tiempo —le explicó Ichigo—. El periódico decía que se introducirían doce objetos, pero han sido trece. Quería saber qué era ese otro objeto.

—Han metido doce. Como decía el periódico.

—Los he contado —repitió Ichigo. No lo dijo enfadado, pero se mantuvo firme.

Max miró a Isshin.

—Hola —le dijo, y luego se giró hacía Ichigo y se encogió de hombros—. Lo siento, no puedo ayudarte. No he visto nada extraño.

Ichigo se giró y concentró toda su atención en la espalda del alcalde, que ya se marchaba. Si Max no podía ayudarlo, iría directamente a la máxima autoridad.

Isshin agarró a Ichigo por el cuello de la chaqueta cuando este iba a iniciar la persecución.

—No molestes al alcalde —dijo, en un tono suave—. No es algo trascendental.

—Sólo quiero saberlo.

—Pues entonces, pregúntaselo al entrenador cuando vuelvan a empezar las clases, el lunes que viene.

—Pero ¡aún faltan seis días! —Ichigo parecía horrorizado por tener que esperar tanto tiempo para descubrir algo que podía saber allí mismo.

—La cápsula del tiempo no se irá a ningún sitio. —Isshin miró la hora—. El partido está a punto de empezar; vamos a casa. —Karakura sport jugaba contra los de Tokio, y Kelvin animaba a los Karakura porque el marido de su hermana pequeña había jugado en el equipo de Tokio hacía diez años y a Kelvin no le caía nada bien ese cabrón, así que siempre iba con quien se enfrentara a los de Tokio, pero también era ahora la cuidad en la que vivian.

Ichigo miró a su alrededor y frunció el ceño cuando vio que el alcalde había desaparecido y el entrenador ya estaba en su coche. La señora Proctor, la conserje, estaba hablando con un señor alto que él no conocía, pero no quería acercarse a ella porque parecía seca y falsa, siempre llevaba demasiado maquillaje en la cara, y pensó que seguramente su olor sería igual de falso que su aspecto.

Algo contrariado, siguió a su padre hasta la ferretería.

Jamás llegó a preguntarle al entrenador qué era aquel decimotercer objeto de la cápsula porque, a la mañana siguiente, Howard Easley, el entrenador, apareció colgado de un árbol de su jardín. No se encontró ninguna nota, pero la policía sospechó que se trataba de un suicidio porque se había divorciado hacía un año y, desde entonces, había intentado convencer a su ex mujer para que le diera otra oportunidad. Llevaba allí tantas horas que estaba totalmente congelado, y la nieve se había acumulado encima de su cabeza y sus hombros.

El suicidio del entrenador apartó los pensamientos acerca de la cápsula de la cabeza de Ichigo. Cuando se enteró del detalle de la nieve acumulada encima de la cabeza del entrenador, fue directamente a la biblioteca para informarse sobre el rigor mortis y cuánto tardaba un cuerpo en enfriarse de aquella manera. Había muchas variables, incluyendo si aquella noche había soplado viento que hubiera acelerado el enfriamiento, pero, si había hecho bien los cálculos, el entrenador llevaba allí fuera desde la media noche.

Fascinado, siguió investigando, y primero se quedó boquiabierto por una cosa, luego por otra mientras seguía profundizando en las técnicas de investigación. Pensó que aquello era muy chulo. Le gustaba. Le encantaba solucionar problemas reuniendo pequeñas pruebas. Y entonces decidió que no quería hacerse cargo de la ferretería; lo que quería era ser policía.

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N.A: bueno e me aquí, lo prometido es deuda!, xDD, pero si … me gusta mas esto por que como siempre colocan o insinúan que ichigo será doctor.. ahora les sorprendo con un ichi policía! ….mmm *momento pervert mio* ejem.. perdón.. pero se me parecio raro que envés de ver a un ichigo normal imagine a uno en blanco y ojso amarillo…*otraves transe de perversidad*… mm etto dejando esto de lado… les comunico que debido a que no tengo internet no había podido seguir esto xD y también e ambientado mas las fechas a la época actuales si?, para que no tengan mas dudas xDDD, ojala les guste esta nueva historia que ambiento y espero sus comentarios!

"Un autor o escritor, no puede hacerse llamarse como tal sin los comentarios y criticas de los demás, un autor y escritor crece con ellas..." (emina megpoid 113)