Pienso, luego existo.

Pienso. Por eso existo.

Quiero pero no puedo.

Leo los números.

Sumo las palabras.

Canto los libros.

Paso las páginas de las canciones.

El vacío es inconmensurable.

La confusión es exquisita y venenosa.

Los dedos desnudos de una mano intentan lavar de mi cuerpo los pecados cometidos.

No entender lo que quiero.

Jugar a dos puntas.

No saber lo que espero.

¿Espero?

Dejo fluir.

Lo dejo correr.

¿Quería a los dos?

Tuve a los dos.

¿Quiero a los dos?

Tengo a los dos.

Decido que creo que pienso porque existo, o que existo porque pienso, pero en realidad no pienso.

El riesgo provoca que actúe por instinto.

El riesgo me atraviesa, deforma, reconstruye, desdibuja, reescribe.

Mariposas con las alas rotas desfalleciendo dentro de mí.

Dedos desnudos y fríos.

Quise a los dos.

Tuve a los dos.

La nada es todo lo que tengo ahora.

No hay luna que me acobije ni sol que me proteja.

El día y la noche eran.

Se extinguieron los dos.