Hola... ¿qué tal? Probablemente mucha gente no me conozca... bien, soy escritora de fics obviamente, y en estos momentos estoy escribiendo otra historia SasuSaku (bastante larga por cierto) pero de pronto en mi cabeza apareció esta fugaz idea, esta simple y sencilla trama y no pude evitar sentarme a escribir esto antes de que quedara en el olvido.

Quería compartirlo con ustedes.

Es simple, no hay mucha trama, no es largo, pero si hay muchísimas emociones encontradas, muchos sentimientos tocados, mucho pasado removido.

Rencor, odio, confusión, amor... todo en un simple OneShot.

De corazón espero que les guste, y que el final los sorprenda.

Dedico este fic a todos mis seguidores, todos los que están al tanto de las novedades en mis publicaciones y principalmente los que con tanta paciencia me apoyan y me esperan para leer nuevos capítulos del otro fic.

Gracias a todos por haber decidido entrar a leer esto.

Como última aclaración, este signo: -.- significa que el mismo personaje sigue hablando, pero se continúa en un párrafo aparte. Lo inventé, porque el que se usa comúnmente en cualquier libro es borrado por FF (ese empeño de la página en eliminar signos... en fin xD). Se los aclaraba por las dudas.

Esperaré sus opiniones con ansias... y ahora los dejo leer tranquilos.


El desertor olvidado.

Las calles de Konoha estaban a oscuras. El silencio imperaba en cada hogar y no había siquiera una persona caminando fuera de su casa.

Era de esperarse: un día de semana, en pleno invierno, a las tres de la madrugada.

—¡Adiós Ino! —saludaba la joven Haruno a su amiga.

Ambas acababan de regresar de una misión en otra aldea. Debían instruir en medicina a unos jóvenes del cuerpo médico por unas semanas. Habían tenido éxito, pero el camino a casa era largo y no consiguieron llegar más temprano.

—Nos vemos, Sakura —respondía la rubia con una sonrisa, entrando a su casa.

La de Sakura aún quedaba a unas cuantas cuadras más adelante. No podía esperar a llegar, ducharse con agua caliente y recostarse en su cómoda y cálida cama.

En el mundo ninja ya no había tanta actividad como antes. Habían pasado tres años desde la última gran guerra y la paz imperaba en todo el planeta. La mayoría de las misiones que le encomendaban eran de rutina, protocolo o simples reuniones diplomáticas para decidir cuestiones de mero trámite… nada demasiado "aventurero".

Todos estaban felices con la nueva situación, y Sakura disfrutaba mucho de la paz pero… algo no andaba bien.

Mientras estaba en misiones o se encargaba del cuerpo médico de Konoha todo marchaba bien, pero cuando estaba sola en momentos de ocio las cosas cambiaban.

Se ponía a pensar más de la cuenta.

La joven de cabello rosado —y cabe mencionar, más largo que antes— y ojos verdes jade caminaba por aquellas desoladas calles sin mirar atrás.

El viento le recorría el rostro, las manos y sus desnudas piernas enfriándoselas. El ambiente se puso un poco tétrico y la mente de la muchacha se dispuso a divagar.

La chica se puso a pensar que probablemente nadie se daría cuenta si algo le pasara en esos momentos. Podía caer muerta en ese preciso momento y probablemente nadie la encontraría hasta las siete o quizás ocho de la mañana.

Porque claro, nadie la esperaba en casa.

—Es triste —susurró un tanto desanimada.

Elevó un poco su cabeza y vio a la luna redonda y reluciente expulsar una luz bella sobre su rostro pálido.

Cada vez que veía esa luna podía recordar la noche en que todo había comenzado. La ida de Sasuke aquella inolvidable noche había cambiado su forma de pensar, sentir e incluso vivir.

Echó fuera un pequeño suspiro desgastado y estiró sus brazos sacudiendo la cabeza. Todo eso formaba parte del pasado ya.

Pensaba en esas cosas cuando de pronto sitió el tacto de algo —o alguien— sobre su hombro.

—¿Qué demonios?

Se sobrecogió y volteó su cuerpo entero enseguida en posición de combate, por simple instinto.

Cuando sus ojos se chocaron con los de él, sus pupilas se contrajeron de forma brusca. Sus labios se entreabrieron solos, su respiración pareció inmovilizarse y su corazón también.

No podía creer lo que veía, ni siquiera sus músculos respondían. Podían asesinarla en ese instante, ni siquiera se daría cuenta.

Mil cosas pasaban por su cabeza y al mismo tiempo todo estaba en blanco. Nada existía. Creía que iba a caerse allí mismo.

¿Acaso estaba soñando, alucinando o bajo algún genjutsu? ¿Estaba en Konoha o seguía en la misión y estaba dormida en el hotel?

Intentó abrir su boca y articular palabra, pero no podía. No tenía aliento.

—Q… q… q… —intentaba articular, inútilmente— qué… —logró, finalmente.

Los ojos de él estaban tan estáticos, tan fríos e inmóviles. Su piel era tan pálida, su ceño estaba tan fruncido que daba la impresión de estar muy enojado o algo por el estilo… o quizás su rostro simplemente reflejaba lo que era su alma por dentro.

—Sasuke —musitó de un solo suspiro—. ¿Qué…?

—¿Puedes callarte de una vez? —le pidió él sin mucho rodeo.

Su poco tacto no la sorprendía.

—¿Qué buscas? —preguntó ella, aún sorprendida.

Él tenía puesta una capa negra. La abrió lentamente, y ella se alejó de él por inercia y se puso en posición de nuevo… pero se relajó cuando vio lo que el Uchiha quería mostrarle.

Observó, con gran sorpresa, que sobre su camisa blanca se posaba una enorme mancha roja de sangre.

Ella abrió sus ojos y arrugó el entrecejo. Se apresuró, por simple instinto, a levantarle la camisa con sus propias manos.

Tenía una herida bastante grave.

—Cúrame —pidió, o más bien ordenó en un arrogante tono el Uchiha, mirándola fijo a los ojos.

Ella sacudió la cabeza sin hacerle caso. Se separó un poco de él, aún mirando la herida con extrañeza.

—Esta herida no puedo tratarla aquí —le comunicó, mirándolo fijo ahora.

Él tomó su muñeca con cierta rudeza.

—He dicho que me cures —volvió a ordenar.

Ella entrecerró sus ojos y observó las pupilas del Uchiha. Iba en serio.

Su actitud cambió por completo. Ya no estaba sobrecogida por la situación. Frunció el entrecejo con bronca y deslizó con rudeza su muñeca hacia abajo, quitando el agarre.

—Y yo te he dicho que no puedo tratarla aquí.

El joven arqueó una ceja levemente, la observó con cierta curiosidad y sin siquiera pronunciar palabra comenzó a caminar hacia el lado opuesto de donde iba ella.

—¿A dónde vas? —le gritó Sakura ni bien se dio vuelta— ¡No sobrevivirás un día más con esa herida!

Él no volteó.

—Si no fuese el caso no estaría aquí —respondió de forma seca—. Voy a tu casa.

—Mi casa no es por ahí.

Sasuke se paró en seco y volteó lentamente.

—No vivo más con mis padres. Ellos murieron hace poco tiempo y esa casa era demasiado grande para… —él la interrumpió.

—Como sea —masculló, pasando de ella y adelantándosele en el camino.

Ella no podía creer la actitud pedante del Uchiha después de tantos años… o más bien, ¿qué la sorprendía tanto? La última vez que interactuaron más de cinco minutos intentó asesinarla. Creer que cambiaria después de lo sucedido aquella tarde no tenía sentido. Lo que fue antes iba a ser siempre.

Mientras veía su espalda y caminaba detrás suyo podía recordar al Sasuke de su niñez. Era frío y soberbio pero al menos le importaba si ella dejaba de respirar. ¿Dónde estaba ese niño? Muerto, probablemente. Asesinado por él mismo.

—Llegamos —le dijo, abriendo el pequeño portón del frente para ingresar.

Ambos caminaron en silencio por el sendero que llevaba a la puerta de entrada, y ella abrió la puerta sin siquiera mirarlo.

El clima cambió por completo allí dentro. La calidez ingresó en el pecho de Sakura como una ráfaga repentina.

Era una casa pequeña, lo suficientemente grande y acogedora para ella sola. Una sala, cocina, una sola habitación, un solo baño… ¿cuánto más quería?

Cuando entró lo primero que hizo fue encender las luces. Bajo la luz podía ver bien la apariencia de Sasuke. Se veía desgastado, cansado. Su pelo era un poco más largo que antes, su espalda era más ancha e incluso lo notaba más alto… había crecido y madurado al igual que ella.

Se quitó el abrigo, la mochila y sus clásicas botas de combate. Las apartó a un costado y caminó directo a la chimenea de la sala.

Buscó los fósforos pero no los encontraba, y saber que Sasuke la estaba mirando a unos centímetros de distancia la ponía un poco más histérica de la cuenta.

De pronto la chimenea pareció encenderse sola. Se dio cuenta que Sasuke acababa de usar su jutsu de fuego.

Habían pasado tantos años que no lo recordó.

—Gracias —musitó, sin mirarlo.

—Acabemos ya con esto —respondió en tono indignante el siempre soberbio Uchiha.

—Siéntate —le pidió con la misma actitud ella.

Él hizo caso; se sentó en el sillón frente a la chimenea y ella se arrodillo frente a él. Primero necesitaba inspeccionar esa herida profunda con cautela.

—Quítate la camisa.

El joven no dudó ni un segundo y la tiró en el piso a un costado.

Allí, frente a la luz, la herida se veía mucho peor que antes. Atravesaba todo su torso, era como si alguien le hubiera clavado un kunai y lo hubiese deslizado sin cuidado y con velocidad en toda la parte superior de su cuerpo.

Sin pensarlo demasiado pasó la yema de su dedo por la línea profunda que lo atravesaba. Él gimió inmediatamente al sentirla. Le dolía.

La joven lo miró inmediatamente y los ojos de ambos se cruzaron.

Ambos se quedaron en silencio por largo tiempo, hasta que ella decidió romper la quietud.

—Esto está supurando… tiene más de una semana. ¿Cómo te lo hiciste? —le preguntó con curiosidad y cierta preocupación al mismo tiempo.

Él no le contestó.

La actitud del Uchiha terminó de quebrar los nervios de la Haruno. Se puso de pie y lo observó con dureza directo a los ojos, sin parpadear.

—¿Cuál es tu jodido problema? —le preguntó en un tono brusco.

Nuevamente, él sólo la miró con indiferencia.

—¿Qué haces aquí después de tantos años? ¿Quién demonios te has creído que eres para aparecerte de esta forma y…? —el muchacho volvió a interrumpirla.

—Fueron unos caza recompensas. Me tomaron desprevenido. No preguntes más —informó y pidió con apatía.

Ella se quedó callada por un momento, y luego se fue al baño sin decir nada.

Volvió a los pocos segundos con un botiquín de primeros auxilios. Necesitaba limpiar la herida antes de cerrarla o su trabajo sería en vano.

Abrió la caja, se arrodilló nuevamente frente a él y sacó un frasco con alcohol. Le ardería como el demonio, pero era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias.

Mojó un algodón con la sustancia y se lo pasó por la herida. Él cerró sus puños y apretujó sus uñas contra la piel sin quejarse, pero Sakura estaba totalmente segura del dolor que sentía en ese momento.

Esa herida estaba infectada, mucho.

—Ya nadie te persigue —le dijo ella finalmente—. Naruto hizo que te indultaran cuando dio a conocer la verdad de tu familia y convenció a todo el mundo de que no volverías a ser una amenaza.

—El indulto no tiene valor para los familiares de las personas que asesiné durante la guerra.

Ella suspiró, y esbozó una pequeña pero visible sonrisa en su rostro.

—Es irónica la forma en que inevitablemente estás condenado a la venganza. Si no eres tú, son los demás los que te buscan... —acabó en un susurro, sin mirarlo.

Él no respondió absolutamente nada. Luego de unos minutos terminó de desinfectarlo y colocó sus manos en la debida posición.

Aun con toda la experiencia que tenía, tardaría bastante en terminar.

—¿Por qué yo? —preguntó con tranquilidad la joven, evitando contacto ocular.

—Eres la única médico que conozco que no revelaría que me vio si se lo pidiera.

Sus ojos se abrieron un poco sorprendidos al escucharlo. De alguna manera tenía razón, pero… ¿tanto confiaba en ella?

—¿Qué hay de Naruto? —le preguntó la chica.

La herida se cerraba poco a poco.

—¿Qué hay de él? —cuestionó con frialdad él inmediatamente.

—Que es tu mejor amigo.

—Eso fue hace mucho tiempo.

—Él todavía te quiere como un hermano.

—Pero no es médico, y trataría de fastidiarme para quedarme en Konoha como siempre lo ha hecho.

Sakura exhaló un poco de aire. Se sentía tensa.

La situación era extraña, en verdad todavía no podía creer lo que estaba pasando. De todas formas podía hablarle con cierta tranquilidad. A pesar de todo lo que había pasado todavía existía algún débil, muy fino lazo que los unía y les permitía cierta naturalidad.

Ya casi terminaba de curarlo y sentía que en cuanto lo hiciera él desaparecería tan rápido como había aparecido en ese momento… y no podía dejar pasar la oportunidad. Quería escuchar lo que realmente le pasaba por la cabeza, pero no sabía cómo.

—Ese día… cuando sólo tú y Naruto luchaban —comenzó la kunoichi, haciendo memoria de los hechos—, los dos casi mueren. Cuando yo llegué pude salvarlos a ambos… pero tú te fuiste, a pesar de que ya todo había terminado. Desapareciste antes de que nadie más llegara. Ni siquiera te vi por más de diez minutos… cuando te curé te pusiste de pie y… —ella hablaba con cierta nostalgia, con tristeza. La voz se le iba en un hilo, y Sasuke la paró antes de que pudiera seguir el relato.

—Yo jamás podré perdonar a la aldea por lo que hizo —sentenció en un tono mordaz.

—¿Aldea? Sólo unos pocos lo sabían —respondió ella en el mismo tono.

Él sonrió sarcásticamente.

—Me arruinaron la vida. Me asesinaron en vida. Mi sangre simplemente rechaza la felicidad y la dicha de la que goza esta aldea gracias al sacrificio de mi hermano en el pasado. Soy incapaz de perdonar y de olvidar, y como además de todo he cometido pecados mortales sé que no soy bienvenido sin importar el indulto ni la sonrisa de Naruto. ¿Acaso esta herida no es lo suficientemente gráfica para ti? —la frialdad de Sasuke era cada vez más chocante.

Sakura apenas acababa de cerrar la herida cuando la última pregunta de Sasuke la dejó sin palabras.

Sin siquiera mirarla el joven se puso de pie y volvió a colocarse la camisa y a prepararse para retirarse.

Ni siquiera le dio las gracias.

—Ya nadie te recuerda, Sasuke —lo fulminó la pelirrosa todavía arrodillada, con la mirada corrida y el ceño fruncido.

Él la observó extrañado, y ella continuó ante su silencio.

—Todos siguieron con sus vidas y nadie le dio importancia a tu ida. Le da exactamente lo mismo a cada habitante de esta aldea si mueres hoy o mañana. Ni siquiera Naruto te menciona como antes —prosiguió la joven sin balbucear, con determinación en cada una de sus palabras—. Es Hokage, está casado con Hinata y pronto ella dará a luz a dos gemelos. Hace dos años que no lo oigo mencionar tu nombre.

Ella no lo miraba pero sabía que la escuchaba con atención. Él tragó saliva mientras procesaba sus palabras.

—¿Cuál es tu punto?

El rostro delicado y femenino de la ninja volteó en dirección al suyo y lo miró directo a los ojos.

—Que eres el único estancado en el pasado. Todavía vives como en la época en que Naruto y yo te buscábamos desesperadamente… y el hecho es que solamente eres un desertor olvidado por el pueblo, atrapado en la historia y perseguido por unos pocos vengadores—culminó la joven, sin moverse.

Él inhaló aire con la nariz y continuó mirándola fijo por unos segundos. Luego se acercó lentamente a ella sin apartar la mirada, y Sakura lo esperó un poco sorprendida ante su actitud.

Cuando se acercó lo suficiente a ella le tomó la mano y la obligó a levantarse. Lo hizo tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar.

Ella lo miró pasmada ante el suceso, y nuevamente sin darle tiempo a reaccionar le agarró el mentón con una sola mano. Acercó el rostro de ella tanto al de él que podía sentir su respiración mezclarse con la suya y eso simplemente hacía que se le erizara cada bello en su delgado cuerpo.

Él acercó sus labios al oído de la joven, que estaba inmóvil ante lo que sucedía.

—Creo que no soy el único atrapado en el pasado, ¿o me equivoco? —le susurró, estremeciéndola.

Esa pregunta la sacó de lugar totalmente.

—¿Por qué…? —preguntó ella.

No podía verle la cara, pero estaba segura que sonreía con malicia tras su rostro.

—No has cambiado nada, Sakura —finalizó, alejándose de ella lentamente y dándose media vuelta mientras se ponía la capa de nuevo.

Ella estaba tiesa, no podía responder. Su cuerpo no se movía.

Él estaba a punto de abrir la puerta para retirarse cuando la voz de la mujer lo hizo detenerse.

—Yo ya no te amo —sentenció en una simple y mortal oración.

Él estaba de espaldas, quieto.

—Sí, lo haces —confirmó él al mismo tiempo sin dudarlo.

Una pequeña lágrima impotente se deslizó por la mejilla de Sakura.

—Conocí a alguien más. Se llama Josuke y no se parece en nada a ti. En nada —lo finiquitó, haciendo especial énfasis en la última palabra.

Ambos se quedaron en silencio por un minuto. La situación era tan tensa que cualquier persona normal se hubiese ido y cortado con la misma.

Los nervios atravesaban el cuerpo de Sakura como la electricidad, Sasuke simplemente no se movía y ella no podía verle la expresión. ¿Por qué todavía no se había ido?

De repente desapareció de su vista y reapareció en frente de su rostro de una forma tan veloz que ni siquiera pudo reaccionar. En apenas medio segundo los labios de él habían chocado ferozmente contra los de ella sin pedir disculpas ni permiso. Comenzó a devorar y saborear sus finos labios en segundos.

Ella abrió sus ojos como dos platos mientras sus pupilas se contraían inmensurablemente y su cuerpo no le respondía ante la inesperada y extremadamente veloz reacción del Uchiha. El corazón estaba a punto de salirse del pecho, la sangre recorría su cuerpo a la velocidad de la luz y sentía sus venas calientes y sus extremidades temblar. Las piernas se le aflojaban de una forma que nunca había sentido.

Él atrajo su cabeza plagada de cabello rosado colocando ambas manos por detrás de la misma, entreverando sus mechones rosas entre sus pálidos dedos para atraerla hacia él aun más y aproximó su fornido cuerpo al de ella lo más que pudo sin soltarla ni en un momento.

Los ojos de él estaban plácidamente cerrados, pero los de ella continuaban en estado de shock más abiertos que un par de tazones de ramen.

Pronto Sakura reaccionó y, casi sin pensarlo, concentró una gran cantidad de chakra en sus manos y, sorpresivamente, empujó varios metros a Sasuke.

Chocó contra la pared de enfrente, haciendo una grieta con su espalda. Se deslizó hasta caer al suelo sentado.

Ella todavía jadeaba conmocionada. Lo observaba sin parpadear, con el ceño fruncido.

Él no decía nada, la miraba sentado apoyando la cabeza contra la pared, con indiferencia. Ni siquiera parecía que el golpe le hubiera afectado en algo a pesar de que la pared se vio levemente dañada.

—¿Quién te has creído… —comenzó susurrando Sakura, con la voz quebrantada— que eres…? —finalizó en un tono amenazante.

Él la miraba con tanta indiferencia que ella sentía que iba a perder los estribos en cualquier momento —claro, si no es que ya los había perdido—.

—¿¡Vas a quedarte ahí sin decir nada!? —reprochó totalmente furiosa.

Él suspiró y cerró sus ojos. La furia en Sakura sólo incrementaba con sus actitudes.

—Tú te fuiste, Sasuke —recomenzó la pelirrosa con la misma tonalidad amenazante de antes—. Decidiste marcharte. ¿Creíste que iba a quedarme enamorada de ti como esa niñita de doce años toda la vida? —ella bufó, hizo una pequeña pausa y luego prosiguió—. Y ahora vuelves, como si nada hubiese pasado. Me utilizas por mis habilidades médicas y después me besas y me humillas. Te encanta eso, ¿no? Humillarme. Me humillaste en mi niñez, rechazándome de todas las formas posibles. Me humillaste en mi adolescencia intentando asesinarme. Y me humillas ahora burlándote de mí de esta forma. ¿Cómo puedes ser tan bastardo y pretender que nada ha sucedido? ¿¡Cómo!? —una pequeña, diminuta lágrima se deslizó por la mejilla de la muchacha.

Sasuke continuaba estático, observándola. Ella no podía creer su actitud, y con gran bronca dio un pisotón en el suelo haciendo saltar todos los muebles unos centímetros más adelante. La vibración hizo que la luz se cortara y que tan sólo el fuego de la chimenea y la luz de la luna entrando por la ventana los iluminara.

—¡Contesta! —ordenó.

Él comenzó a reír. Parecía tomarle el pelo, y eso la ponía loca. La impotencia recorría cada terminación nerviosa de la Haruno.

La chica se abalanzó corriendo hacia él dispuesta a molerlo a golpes. Honestamente no había mucho que pudiera hacer contra el último Uchiha sobre la tierra, pero podía intentar al menos abofetearlo. Era lo mínimo que merecía.

Él se quedó quieto, ni siquiera se movió aun cuando pudo anticipar su movimiento mucho antes de que se produjera. Lo único que hizo fue mantener sus ojos cerrados.

El puño de la muchacha se hundió velozmente en el rostro del joven desertor.

—¿¡No vas a defenderte!? —preguntaba en gritos Sakura sentada sobre él, golpeándolo en el rostro a bofetadas.

Una gota de sangre cayó de la nariz del Uchiha a la vez que éste continuaba sonriendo como si no estuviese pasando nada.

Ella veía que él no hacía nada, y se detuvo. Simplemente paró de hacerlo. No quería seguir golpeándolo… se sentía una imbécil.

Sasuke abrió lentamente los ojos cuando dejó de sentir las potentes bofetadas de la chica darle en la cara.

Cuando dirigió su rostro a ella la vio con sus dos manos cubriéndose el rostro y sollozando.

…Estaba llorando. Sasuke disolvió su sonrisa burlona y la observó con seriedad.

Le quitó las manos del rostro y ella no opuso resistencia al sentir su tacto. Ambos se miraron a los ojos, los de ella estaban algo hinchados y colorados.

Sin cambiar su seria expresión, el joven deslizó la yema de su dedo sobre el rostro de ella y secó las lágrimas.

Estuvieron largo rato sólo mirándose.

De repente Sakura se abalanzó a él y lo abrazó con fuerzas. Él se sorprendió un poco por su actitud, pero rodeó sus brazos alrededor de su delgada cintura y le correspondió él abrazo.

La chica seguía llorando sobre el hombro de él.

Él le tomó el rostro con las manos. Estaban a milímetros de distancia. La miró directo a los ojos mientras ella respiraba agitada sobre él.

—Deja de contradecirte —le dijo finalmente después de todo el silencio que le había otorgado.

Ella arqueó ambas cejas confundida.

Él soltó su rostro y se puso de pie, dejándola con la extraña sensación de la incertidumbre, sentada allí donde antes estaba él.

Se colocó la capa, dispuesto a salir de la casa sin decirle nada.

…Era tan frio.

—¿¡A dónde te vas!? —le preguntó confundida aún.

Él no respondió. ¿Por qué habría de hacerlo?

Iba a salir de la casa cuando sintió que algo le agarraba y tironeaba la muñeca.

Se dio vuelta y la vio con ese desafiante brillo en los ojos.

—¿Por qué me besaste? —preguntó con firmeza.

Él se quedó callado por un segundo.

Suspiró, indignado.

—Porque eres una estúpida —le comunicó con frialdad.

Ella abrió sus labios sorprendida ante lo que acababa de escuchar.

—¿De qué demonios hablas?

—Lo único que sabes hacer es gritar, pisar el suelo y destruir paredes. Te haces la fuerte, pero en el fondo sigues siendo aquella niñita inútil que me seguía a todos lados.

—Déjate de rodeos y responde la pregunta—le reclamó, ignorando lo que le acababa de decir.

—Quería probarte lo patética que eres al negarte a ti misma algo que no eres ni serás capaz de cambiar —finalizó, dejándola callada.

Se dio media vuelta de nuevo, dispuesto a irse sin decir adiós… pero ella lo volvió a detener.

—Jamás… —comenzó en un hilo de voz— jamás podré entenderte… eres… tan… distinto a mí —culminó, casi sin ganas… como rendida. Ya no tenía ganas de pelear.

Sentía que el corazón le latía cada vez más despacio… se sentía olvidada, estúpida. Sentía que no valía nada para él… y aunque había intentado negárselo por mucho tiempo la realidad era tan clara como sus ojos verdes: Lo amaba.

Lo amaba tanto que le dolía por dentro sólo pronunciar su nombre… y lo que él le decía era tan cierto que no podía soportarlo, quería morir. Ese sentimiento masoquista, ese amor enfermizo que sentía por él no lograba apagarse.

No podía acallar el calor que sentía por dentro cada vez que pensaba en él. Simplemente no dependía de ella.

Él era el único. El único.

Pronto la noche se nubló y comenzó a llover, haciendo a la escena más melancólica de lo que ya era.

Todavía de espaldas él rompió el silencio que los acompañaba y quitó su mano del agarre de la muchacha, colocándola al costado de su cuerpo.

—No soy tu príncipe azul, Sakura. Si te quisiera en mi vida me hubiese quedado contigo aquella noche cuando me lo pediste llorando.

Sakura comenzó a llorar de nuevo, esta vez peor que antes. Simplemente no podía contener sus emociones ni los fantasmas del pasado que la atormentaban. ¿Por qué no podían ser distintas las cosas?

—Ya basta, ya no quiero sufrir —decía para sí misma entre sollozos.

—¿Por qué demonios me amas tanto? —le preguntó sorpresivamente haciéndola callar y quedarse boquiabierta. Ella no contestó— No puedo entenderlo. Eres desesperantemente molesta —continuó de espaldas el joven.

Ella todavía estaba quieta, sin decir nada.

—Pude asesinarte aquella tarde, cuando asesiné a Danzou. Si fueses normal me odiarías, te daría asco mi sola presencia. Sin embargo, eres como una niña, o peor, como un insecto que va a hacia la luz sabiendo que inevitablemente va a quemarse. Pude matarte tantas veces.

—Pero no lo hiciste —lo interrumpió ella, con la voz todavía un poco quebrantada—. Nunca me heriste. Jamás me tocaste. Esa tarde… tú... sabías que mentía, que no quería irme contigo sino asesinarte… y no me mataste de inmediato… Hubiese sido tan fácil para ti…

El silencio volvió a imperar varios minutos. Sasuke se había quedado sin habla por un momento, pero pronto la recuperó.

—No soy lo que buscas. Nunca lo seré y no pretendo serlo, ni siquiera quiero intentarlo. Olvídate de mí. Jamás estuve aquí.

—Sasuke… —quiso comenzar ella, pero él la interrumpió.

—No. Basta ya. Basta.

Comenzó a caminar, ya estaba fuera, caminando bajo la lluvia por el sendero para marcharse. No miró atrás ni se detuvo por un instante.

—Que decepcionado estaría tu hermano Itachi de ti —lo fulminó mientras se iba.

Se detuvo inmediatamente y desapareció de su frente como la vez pasada.

Reapareció delante y, sorpresivamente y sin darle tiempo a esquivarlo, la tomó del cuello y la levantó bruscamente por los aires.

—¡No metas a mi hermano en esto! —le gritó frunciendo el ceño, sorprendiéndola con su reacción.

Estaba totalmente enfurecido, ella podía verlo en sus ojos. La indiferencia de antes se había disipado por completo.

—Vaya, parece que sí tienes emociones después de todo —le dijo a pesar de sentir su cuello apretujado… ahora la que sonreía sarcásticamente era ella.

Él se enfureció aun más que antes y presionó sus dedos contra su delicado cuello más que antes. A ella se le estaba empezando a dificultar la respiración, pero no podía hacer mucho al respecto.

La estaba inmovilizando. Incluso su sharingan estaba activado.

—Parece… que… —intentaba articular ella— te di… donde más te duele… ¿no, Sasuke-kun? —le dijo con un tono tan sarcástico que lo sacó más de sus casillas.

La soltó y cayó al suelo. Se tocó el cuello, le dolía. Al menos ya podía respirar bien.

—Maldita imbécil —la insultó con enojo—. ¿Quién demonios eres tú para hablar de mi hermano? No conociste ni la mitad de lo que era.

Ella volvió a sonreír desde el suelo, mirándolo a él que estaba de pie justo delante suyo.

—Ah, y tú sí, ¿cierto? —preguntó entre carcajadas burlonas.

Él simplemente no podía dejar pasar de lado su actitud.

—Retráctate —le ordenó mirándola con un filo asesino en los ojos.

—¿O qué? ¿Vas a intentar matarme? Adelante, estoy acostumbrada.

Sasuke sentía que la sangre le hervía. Algo caliente le recorría la columna vertebral y acababa acumulado en su nuca.

Quería estrangularla en ese preciso instante, abalanzarse a ella sin dudarlo y romperle el cuello con sus dos manos. ¿Qué podía ella hacer contra él? No tenía oportunidad. Se la haría difícil porque era fuerte, pero al final la asesinaría.

Sin embargo… algo lo detenía. Cada centímetro de su ser le decía que lo haga, que lo había humillado, que se había metido con su sangre, con la memoria limpia del hermano.

¿Cómo osaba abrir la boca para blasfemar así sobre su hermano? ¿Qué podía ella saber de él?

"Tu hermano Itachi estaría muy decepcionado de ti". Oía esa frase una y otra vez en su mente. Quería matarla tan sólo por haber mencionado su nombre… tenía tantas ganas de matarla. Tantas.

¿Entonces por qué demonios no lo hacía?

Cerró con gran bronca sus puños, conteniéndose. Algo lo detenía. Una pequeña parte de sí lo empujaba hacia atrás.

No podía controlar su propio cuerpo. ¿Por qué?

Indignado se dio media vuelta y la dejó sola donde estaba. Ni siquiera le dirigió la palabra.

Estaba a punto de salir de nuevo de la casa, cuando la molesta voz de su ex compañera lo sacó de quicio totalmente.

—Que bueno que tu hermano no está vivo para ver en lo que te has convertido… en la forma en que llevas tu vida… —le dijo ella, esta vez más despacio y seria.

Esta vez no la tomó del cuello, se tiró encima de ella. Colocó ambas rodillas a los lados y contuvo sus manos contra el piso, inmovilizándola.

—¡Suéltame! —le gritaba la chica.

Él hacía caso omiso a sus palabras. La miraba como si de sus ojos saliera fuego. Tenía tantas, tantas ganas de matarla.

—Mi hermano me dijo que me amaba sin importar qué hiciera —le dijo con la voz seca, mirándola directo a las pupilas sin parpadear, con el entrecejo fruncido y la piel más enrojecida de lo normal.

Ella no reía como la última vez.

—¿Y qué otra cosa iba a decirte? ¡Mírate! —chilló, bufando—. ¿¡Qué te pasó!? ¿¡Qué demonios hiciste con el Sasuke que yo conocía!? ¡No era dulce, pero al menos se preocupaba un poco por mí! ¡Me escuchaba, aunque fuese un momento, pero lo hacía!

—¡Ese Sasuke está muerto! —respondió él presionando sus manos contra el suelo aún más—. ¿¡Tú qué demonios pretendes de mí!? ¿¡Qué!? —Sasuke ya había perdido la cabeza.

Ella se quedó callada un momento. Corrió la mirada y cerró sus ojos, se calmó… pero algo le dolía por dentro.

—Nada —musitó en un hilo de voz.

—¿¡Qué!? —preguntó él, todavía sacado de quicio, al no haberla escuchado.

—¡Dije que nada! ¡Absolutamente nada! —le gritó con furia, pero luego recobró la calma y suspiró levemente, corriendo la mirada nuevamente— Nada… yo de ti hace mucho que no espero… nada.

Ambos quedaron en silencio sin mirarse… o más bien era Sakura la que no lo miraba. Ya no forcejeaba para quitar sus manos de las de ella, y él simplemente las aflojó y se sentó delante suyo.

Ella no reaccionó, se quedó donde estaba. Se sentía rendida, cansada.

—Ya te dije que no soy tu príncipe azul —le dijo finalmente rompiendo con el silencio molesto.

—Lo sé —respondió secamente ella—. No te estoy pidiendo que lo seas.

Él no dijo nada, y luego de unos segundos ella volvió a hablar.

—¿Siquiera fue sincero? —le preguntó de repente, confundiéndolo.

Él sólo la miró, sin entender.

—¿A qué te refieres?

—El "gracias" de esa noche… ¿fue sincero?

La pregunta lo tomó totalmente desprevenido.

—Si —respondió simplemente. No agregó nada más.

—Yo… ¿te gustaba?

El silencio volvió a imperar. Esta vez Sasuke tardó más de lo normal en contestar. Incluso en la oscuridad y sin verlo a la cara Sakura podía sentir la tensión latente entre ellos.

—Si —respondió finalmente.

Sakura sintió una extraña presión en el pecho cuando lo escuchó.

—¿Y por qué…?

—¿No me quedé? —le siguió él, sin dejarla terminar.

—Si.

—Porque me pesaba más la venganza. Siempre me pesó más. A estas alturas ya deberías saberlo.

—Y acaso… ¿ahora eres feliz? ¿Más que cuando estabas conmigo, Naruto y Kakashi-sensei?

Sasuke no respondió.

—Entiendo… —susurró ella.

Luego decidió ponerse de pie. Caminó hacia la puerta de forma lenta pero segura y no le dirigió la mirada ni en un segundo. Estaba seria, con los ojos perdidos en la nada. Se sentía simplemente… indignada.

—Por favor, vete… ha sido suficiente por hoy. Llueve y quiero cerrar la puerta —le pidió en un tono neutral y extraño incluso para Sasuke.

Él se levantó y fue hacia donde ella a pasos lentos.

Cuando llegó a su lado paró. Ninguno se miró directo a los ojos, pero Sakura presentía que él la veía de reojo.

—Yo nunca voy a ser feliz —le dijo antes de seguir caminando hacia fuera.

Ella no le respondió nada, pero él sabía que lo había escuchado perfectamente bien.

Iba bajo la lluvia, el cielo le iluminaba el camino de a ratos con sus repentinos refusilos.

Ya estaba por abrir la reja del frente, cuando algo lo detuvo. Sentía el calor de algo detrás de él y cuando miró hacia abajo vio unos brazos delgados rodeándole el pecho por detrás.

…Era ella. Lo estaba abrazando.

No le decía nada y con el ruido de la lluvia era imposible escucharla, pero él sabía que estaba llorando.

Se quedaron bajo la lluvia por muchos minutos. Ninguno se movía. Él podía sentir su delicado cuerpo chocarle la espalda y le recordaba a aquella vez, en el bosque.

Tenía la extraña sensación de no querer interrumpirla ni que ella lo soltara.

Sakura se aferraba a su pecho como si no hubiera un mañana y apoyaba su cabeza en su espalda ancha sin levantar el rostro de allí.

—Ya basta… ya basta —parecía implorarle con aquella quebrantada voz.

Él no pudo contenerse. Podía sentir un calor extraño llegar a su corazón y viajar a través de sus venas secas de amor y de cariño. Las terminaciones nerviosas de su cuerpo respondían al tacto de la pelirrosa. No podía recordar la última vez que había sentido la piel de una mujer sobre su cuerpo.

Le pudo más su sangre que su cabeza y se dio vuelta. La miró directo a esos ojos verdes enrojecidos por el llanto, le elevó la cabeza desde el mentón sutilmente con el dedo pulgar y le acarició la cara. Las gotas de lluvia se mezclaban con sus lágrimas y se deslizaban por su cuello. Estaban empapados de pies a cabeza y el frío era impresionante, pero no les importaba. No podían sentirlo.

En realidad ninguno pensaba demasiado en esos momentos… simplemente se miraban… y con eso bastaba.

Lentamente acercó su cabeza a la suya, inclinándose un poco por la diferencia de altura… y ella dejó que lo hiciera.

Esta vez no quería moverse, ni resistirse… quería dejarse tocar, besar, acariciar.

Sasuke selló en un simple beso el deseo latente e intenso que se tenían desde que eran niños. Los dos cerraron sus ojos, y ella lentamente rodeó su pálido cuello con sus brazos, y él la tomó de la cintura atrayéndola con delicadeza a su cuerpo.

Pronto un simple roce de labios se transformó en deseo, en pasión. El fuego los recorría, ambos dejaron abrir sus bocas por instinto y comenzaron a saborearse por dentro mutuamente.

Ella recorría sus labios con dulzura y a la vez desespero. Quería unirse a él por siempre, no quería que se le escapara.

La mente de ambos estaba en blanco, hacían lo que su instinto les decía. No pensaban. No hablaban… mucho menos se alejaban.

El acto se tornó más caluroso aún y ya no les bastaba con el beso. Buscaban acercar más sus cuerpos, juntarse y sentirse.

…Querían sentirse.

Él la levantó con un solo brazo, ella no pesaba más que una pluma para alguien como él. Ella rodeó sus piernas alrededor de su cintura y se prendió de su cuello sin soltarlo ni dejar de besarlo.

Él la llevó hasta la casa, cerrando la puerta con el pie.

Todo seguía a oscuras, apenas iluminado por la chimenea. La llevó hasta allí sin pensarlo, la dejó en el suelo y ambos se separaron por un leve momento. Ella desde abajo y él desde arriba, en silencio.

Cruzaban miradas con los parpados caídos, observándose con cierta ternura mientras el fuego les secaba las pieles mojadas con la lluvia de a poco.

Él volvió a acercarse a ella, sus labios recorrieron su cuello… podía sentir la respiración agitada de Sakura y delicados gemidos mientras sentía sus cálidos labios sobre su piel… Sin embargo los besos acabaron en su pecho. La ropa le impedía el paso.

Le bajó el cierre de la blusa lentamente hasta llegar al final. Observó por un segundo sus pequeños pero firmes senos rosados, los contempló, los tocó un instante mientras seguía besando su abdomen recorriendo el bajo camino del ombligo… y nuevamente besó sus labios apasionadamente.

Ella se aferraba lo más que podía a él, y el fuego que los rodeaba era más caliente que el de la chimenea.

Él se apartó un momento y se sacó la capa y la camisa, las dejó a un lado. Cuando se puso de nuevo sobre ella, la joven miró sus pantalones.

Él no le dijo nada, ella sola dirigió sus manos a ellos y los bajó, terminando él de sacárselos junto con sus botas. Con sutileza le retiró su calza y pollera, quedando ambos tan solo en ropa interior.

El rubor cubría la mayor parte de la cara de Sakura, mientras que él no parecía inmutarse ante la peculiar situación. ¿Acaso no se daba cuenta de que estaba a punto de tener relaciones con Sakura?

Era Sakura, su pequeña compañera de equipo, la que lo seguía a todos lados como una estúpida y le decía "Sasuke-kun" a cada rato.

Pronto se percató de lo que sucedía. Su cabeza estuvo en blanco todo ese tiempo hasta que, por un momento, creyó ver a la niña de doce años que una vez conoció verle a los ojos con aquella inocencia indescriptible y jodidamente molesta.

La mirada, el brillo en sus ojos… la sonrojes de sus mejillas… era ella, era esa niña.

Y en ese momento… no pudo continuar. Se quedó tieso mientras la miraba frunciendo el ceño.

¿Acaso dudaba? ¿Estaba confundido de lo que estaba a punto de hacer?

Quizás… ¿había llevado los hechos demasiado lejos? ¿No debió dejarse llevar de esa manera?

…Quizás era un error.

Sakura comenzaba a extrañarse por esa pausa tan larga, pero no quería moverse.

—¿Eres virgen? —preguntó finalmente, mirándola a los ojos.

Ella abrió sus ojos más de lo normal ante la sorpresiva e inesperada pregunta del Uchiha. Corrió la mirada y no dijo nada.

El silencio fue una respuesta lo suficientemente clara para él.

—Lo eres —afirmó.

Luego suspiró, como si estuviera decepcionado. Se apartó de ella y se sentó a su lado, colocándose la camisa de nuevo.

Ella estaba perpleja ante los hechos.

Se tapó un poco con su blusa roja y se sentó a su lado, mirándolo sin comprender.

—¿Qué haces? —le preguntó ella con cierta timidez y confusión al mismo tiempo.

—Me cambio. Voy a irme —le comunicó como si absolutamente nada hubiera pasado.

—¿Disculpa? —preguntó ella totalmente perpleja— ¿Acaso es una broma? —continuó.

Él no le contestaba. Ya estaba poniéndose de pie para buscar los pantalones.

—Sí, soy virgen —dijo ella repentinamente.

—Eso es evidente —respondió él sin asombrarse de su confesión.

—¿Y cuál es el maldito problema?

—Ninguno, simplemente no estoy interesado.

"Interesado". Aquella última palabra fue como una apuñalada directa en su frágil corazón.

—¿¡Acaso no soy suficiente para ti!?

Él la ignoraba totalmente. Estaba preparando sus pantalones y botas como si nada.

—Claro, ya entiendo… Perdóname por no tener tu experiencia y no poder satisfacer las necesidades de un Uchiha de tu calibre. ¿Con cuantas has estado, con diez, veinte, treinta, cien? —la chica evidentemente no estaba en sus cabales.

La bronca con la que hablaba, el rencor e impotencia que sentía en esos momentos era… increíble.

De alguna manera sentía que la menospreciaba, que la humillaba como una imbécil… como si no valiera la pena en lo absoluto.

—Mi vida sexual no es de tu incumbencia —culminó el joven sin siquiera dignarse a mirarla.

—Maldito… —susurró ella, dándose vuelta casi entre lágrimas— Te odio tanto… te detesto… Ojalá nunca te hubiese conocido… jamás… eres un maldito bastardo hijo de… —un repentino beso la interrumpió.

Fue simple y delicado, pero la hizo callar.

Cuando se separó de ella la miró a sus abiertos y sorprendidos ojos.

—No puedo hacerte esto —dijo simplemente, levantándose y dejándola totalmente atontada.

Se estaba yendo, caminando por la sala hasta la ahora cerrada puerta. Sólo se escuchaba el eco de la lluvia caer sobre el techo.

—No necesito que me digas qué hacer con mi propio cuerpo. Yo quiero esto —le dijo, haciéndolo parar.

Todavía de espaldas él le contestó.

—No, no quieres. Y yo tampoco. Esto fue un error. Olvídalo. Jamás volveré a verte.

—¡No juegues a hacerte el Uchiha frio después de lo que pasó! ¿Cuántos años crees que tengo? ¿Diez? ¡Deja de pretender por una vez en tu vida!

—No pretendas ser fuerte cuando no lo eres, Sakura. No puedes manejar con esto. Te conozco demasiado bien. ¿Qué crees que pasará luego? Sabes perfectamente que no voy a quedarme. No lo haré ni por ti ni por nadie. ¿Y aun así quieres que yo sea el primero? Por favor. Sé lo que buscas y sabes bien que no puedo dártelo. Aprende a vivir con eso, olvídame de una vez y continúa con tu feliz y rutinaria vida. Sigue saliendo con el tal Josuke, estoy seguro que con él serás más feliz que estancándote en un pasado irreal de mí.

Ella cerró sus puños mirando al piso. Se puso de pie sin dejar de taparse con la blusa.

—Inventé a Josuke, Sasuke. Creí que lo sabías —hizo una breve pausa y luego continuó hablando con cierta tristeza en la voz— Tú eres… el único. No hay otro en mi vida. Estás en todos lados. ¿Que te olvide? Eso es… imposible. No he podido olvidarte jamás. Incluso si nunca nada sucedió entre nosotros antes… siempre hubo algo y tú lo sabes. Te amé con locura, Sasuke. A tal punto de intentar matarte creyendo que sería la única forma de sacarte de la oscuridad en la que estabas… pero ni siquiera pude hacer eso. Te amo y tú lo sabes, y viniste a mí sabiendo eso incluso cuando pudiste ir con cualquier otro médico y obligarlo a sanarte, y luego matarlo para que no hablara. No sé si lo haces para torturarme o qué, pero sé que hay algo en ti que aún… me quiere. Tú todavía sientes algo por mí aunque ni siquiera lo sepas, ni yo misma lo sé del todo… simplemente lo siento. Siento la tensión, el afecto, tus miradas y las mías.

-.-Y ya es suficiente. No quiero seguir torturándome a mí misma. Si te vas no sé si pueda soportarlo… al menos por una noche quisiera ser una simple mujer, y tú un simple hombre. No seamos Sakura Haruno de la aldea de la Hoja, médica y Jounnin especializada, ni tampoco Sasuke Uchiha, ex enemigo de clase S, desertor y último de los Uchiha.

-.-Seamos sólo tú… y yo. Sólo esta noche… vivamos en otro planeta donde los problemas no existen. Donde el pasado es una ilusión… donde el presente es lo único que nos queda.

Él aspiró una bocanada de aire, corrió la mirada un momento y luego la miró fijo a los ojos, caminando a ella con una postura recta y decidida.

Cuando llegó a estar frente a frente a ella, a mínimos centímetros de distancia, paró en seco sin dejar de mirarla.

Ella se mantuvo inmutada mientras esperaba que le dijera una misera palabra. Se preguntaba qué acababa de hacer, por qué demonios lo había hecho. ¿Era acaso un error?

No le importaba… ya nada le importaba. En esos momentos nada más existía, nada fuera de esa habitación, de esa casa.

En un aliento dejó escapar la última pregunta de la noche.

—¿Estás segura?

Ella simplemente lo miró, y todo fue tan claro como el agua. Sus ojos se lo pedían a gritos. Nunca había estado tan segura de querer algo, aunque ni siquiera existiera, aunque no fuese del todo autentico.

Lo quería a él, y lo quería esa noche.

Él la tenía tan cerca. Tan, tan cerca. Sentía su respiración, sentía su piel sin tocarla. Era adictiva, la deseaba, quería hacerla suya en ese instante con ferocidad.

Su instinto, su sangre, su misma piel le imploraban que rompiera esa misera distancia y volviera a hacer lo que estaba haciendo antes.

Era un Uchiha, un desertor, un enemigo… pero también un hombre, y ella estaba allí… dispuesta, hermosa, desnuda… y lo amaba con todo su ser, de la forma más incomprensible del mundo.

Fue débil por primera vez en su vida. Sakura, por una vez, había sido capaz de ganarle una batalla y hacerlo ceder con cada sentido, con cada pedazo.

Creyó que podría manejarlo, pero se equivocó. ¿Por qué no se había ido? ¿Por qué se quedó a escuchar las cursilerías de Sakura, sus locuras de enamorada? Era una simple mujer inútil, molesta, tonta… ¿entonces por qué demonios no salía por esa estúpida puerta sin mirar hacia atrás?

Ya no pudo resistirlo, verle los ojos verdes mirándolo como si le estuviera rogando que la besara fue demasiado incluso para él.

Aproximó su cabeza sin seguir dudándolo, rompió con esa molesta y pequeña distancia y le partió los labios en un apasionado beso.

Ella dejó caer la blusa que apenas la cubría y le correspondió de inmediato; sus lenguas jugaban y se entreveraban, sus pieles se tocaban y él se estaba poniendo cada vez más impaciente.

Los dos desesperaron y cayeron al suelo; él arriba y ella debajo, de nuevo. Esta vez ninguno planeaba detenerse ante lo que sucedía.

Ninguno pensaba, no podían hacerlo. El calor era lo único que les colmaba el cerebro.

Lujuria, pasión… lo prohibido.

...Amor.

Él besaba su cuello con deseo, ella suspiraba en su oído y eso lo ponía más loco de lo que ya estaba.

"Sasuke-kun…", la escuchaba susurrar despacio y seductoramente entre gemidos.

Se quitó él mismo la ropa en menos de un segundo, quedó solamente en ropa interior al igual que ella.

Él acariciaba sus senos con lentitud sin dejar de saborear su delgado y fino cuello… luego bajó rodeando a su clavícula, siguió por su abdomen perfecto y firme mientras ella se aferraba a su espalda… y llegó allí, al lugar más preciado de la muchacha.

Se detuvo un instante contemplando sus perfectamente bien formadas piernas… y deslizó sus dedos hacia los lados de sus pequeñas bragas blancas, bajándolas lentamente.

El corazón de la pelirrosa bombeaba sangre a mil por hora mientras sentía que la última prenda que le quedaba se iba cayendo por sus piernas suaves y relucientes.

Sasuke las tiró a un costado y miró con una expresión calmada a Sakura, observando su rubor y la inocencia de la que estaba a punto de despojarla.

Se acercó de nuevo a su rostro para besarla con dulzura mientras se quitaba su propia ropa interior.

Ahora ambos estaban desnudos, quietos y mirándose a la cara.

Ella no pudo evitar que la mirada se le escapara hacia abajo y, al verlo, el rubor incrementó.

Jamás pensó que podría ver a su antiguo compañero en esa situación.

Ella abrió lentamente ambas piernas sin apartar la mirada. Estaba nerviosa, pero se mostró firme en sus convicciones y no se arrepintió ni por un instante de lo que estaba a punto de hacer.

Él entendió al instante el mensaje y volvió a besarla mientras se acomodaba en la posición adecuada.

Comenzó a moverse hacia delante lentamente mientras ella se aferraba a su espalda.

Pronto el dolor se abrió paso en la parte inferior de su cuerpo al sentirlo ya dentro y no pudo evitar quejarse levemente de él, apretando sus dedos contra la dura piel del Uchiha para soportarlo mejor.

Él tragó saliva al sentirla mientras se estremecía por dentro; ahora ya no había vuelta atrás.

Ya no podía retractarse, no podía detenerse. Quería más, quería sentirla en todo su esplendor… pero se dio cuenta del dolor y lo hizo lo más lento posible.

De a poco ese malestar inicial se fue disipando solo y ambos comenzaron a disfrutar del acontecimiento. Entreveraban sus alientos, jadeaban, sentían el sudor de uno tocar el cuerpo del otro.

El fuego se había apoderado totalmente de ambos; Sakura decía su nombre pidiendo más a medida que pasaban los minutos, las horas. Los dos gritaban ahogados en placer y se veían a los ojos hablando con la mirada.

Él iba cada vez más rápido, entrelazaban sus manos sobre el suelo, se aferraban a sus pieles, se apretaban lo más que podían porque ninguno quería que el otro se escapara… querían unirse en un momento, querían ser un sólo cuerpo toda la noche.

Parecía que el piso iba a partirse en cualquier momento y que ambos se hundirían en el abismo sin soltarse.

La hiperventilación, la presión sanguínea… todo iba en aumento y ninguno quería detenerse.

La lluvia era la única testigo de aquel extraño e inusual acontecimiento en la casa de la joven Haruno.

Finalmente el hecho se consumó y los dos exhalaron el último aliento. Estaban tan exhaustos que él cayó sobre su cuerpo pequeño por un instante y luego se deslizó hacia izquierda.

Los dos inhalaban y exhalaban aire por la boca velozmente, como si acabaran de luchar la pelea más dura de sus vidas.

El fuego de la chimenea ya estaba casi extinto, ¿cuánto tiempo había pasado?

Sakura miró por la ventana desde el suelo y vio que las nubes comenzaban a disolverse y que la luna era más visible. Supuso que eran las cinco y media de la mañana… todavía era de noche.

Tenían calor, pero de a poco el frío fue sintiéndose entre sus piernas y él tomó la capa que estaba tirada en el suelo a mínimos centímetros y los tapó a ambos.

Se miraron a los ojos… no sabían qué decirse.

No había palabras, tampoco había mucho aliento que desperdiciar. ¿Qué podían decirse después de lo ocurrido?

Las gotas de sudor todavía caían de sus cuerpos.

—¿Es esto… real? —preguntó en un suspiro la chica.

—¿Acaso estás arrepentida? —le preguntó él mirándola serio.

Ella se aproximó más a él hasta quedar pegada a su piel.

—No… estoy confundida —respondió ella con una pequeña sonrisa en los labios.

Él la miró extrañada. ¿Confundida de qué? ¿Acaso no se daba cuenta de lo que acababa de ocurrir?

—No me malinterpretes —prosiguió la muchacha—, pero todo esto es simplemente… extraño. Tú, yo… aquí… sin intentar matarnos el uno al otro… —replicó en un tono gracioso e irónico la muchacha.

Él no pudo evitar sonreír, por primera vez, sinceramente. Lo que ella acababa de decir le causó gracia.

—Tienes razón —le dijo él con aquella masculina voz.

—Y ahora… ¿qué sigue…? Dentro de media hora… amanecerá y no podrás irte porque las calles estarán llenas de personas que trabajan o van a la academia… —informó, bajando la mirada un poco.

Claramente el hecho le disgustaba, ¿pero qué más podía hacer sino decírselo? De todas formas iba a irse, lo quisiera ella o no.

—Tú sabes lo que sigue.

Ella asintió, todavía sin mirarlo.

Luego de unos minutos volvió a hablar.

—Estaba recordando nuestras primeras misiones… ¿puedes recordarlas también? —le cuestionó con una nostálgica sonrisa.

—Recuerdo todas las misiones... algunas eran increíblemente estúpidas.

Ella no pudo evitar dejar escapar unas carcajadas leves ante el comentario.

—Recuerdo ese estúpido gato —le dijo ella—. ¿Puedes creer que nos asignaran esa estupidez?

Él también dejó escapar una sutil sonrisa.

—No, todavía me cuesta trabajo creerlo.

Ella continuó riendo.

—Ahora me estaba acordando de aquella vez que Kakashi-sensei nos enseñó a caminar sobre los arboles verticalmente. Naruto y tú caían una y otra vez, mientras que la tonta del grupo lo logró en menos de un minuto —finalizó entre risas, refiriéndose por "tonta" a ella misma.

Él suspiró.

—No me lo recuerdes… fue la primera vez en mi vida que me sentí inferior —le dijo.

Ella achicó visiblemente su sonrisa y sus ojos volvieron a ponerse nostálgicos.

—Eran buenos tiempos… —musitó.

—Sí, eran… hasta que la realidad nos hizo caer a tierra —continuó él.

Ella no dijo nada, parecía algo triste… y finalmente él rompió el silencio. Decidió que era hora de decirlo. Se armó de valor por dentro y dejó su orgullo y soberbia a un lado por un mísero segundo.

—Perdóname —dijo, mirándola fijamente.

Ella lo miró sorprendida con los ojos abiertos.

—¿Qué? —preguntó, todavía pasmada.

—Por todo.

Ella calló por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. ¿Estaba… pidiéndole perdón? De pronto todos los momentos duros, toscos y violentos entre ellos dos en el pasado pasaron como una ráfaga de recuerdos veloces por su mente.

Luego no pudo hacer más que sonreír enormemente ante sus palabras y le acarició el rostro con ternura. Sacudió la cabeza sin dejar de acariciarlo.

—Te perdoné hace tiempo, Uchiha… —le susurró en un instante, con un tono cálido—Tienes un corazón extraño, Sasuke… pero lo tienes y soy capaz de ver dentro de él… no eres tan oscuro como crees.

Él se quedó mirándola en silencio, contemplando sus bellos ojos… ella era tan opuesta a él. Tan distinta… tan luminosa. Tan extraña y masoquista también.

—Perdóname por lo que estoy a punto de hacer —le pidió, haciéndola arquear confundida ambas cejas.

—¿Qué…? —preguntó, pero todo ocurrió muy rápido.

El sharingan de Sasuke se activó en un segundo y la penetró totalmente a los ojos. La inmovilizó, no podía moverse.

Su mente se tornaba en blanco de a poco y no podía hacer nada, tan sólo temblar. Sentía como si una parte de sus recuerdos se estuviera escapando. ¿Qué demonios le estaba sucediendo?

Llegó un punto en que no pudo conservar la compostura y se desmayó, perdió la consciencia.

Él desactivó su sharingan… su trabajo había terminado.

Cerró sus ojos por un momento, inhaló aire y con mucha pesadez se comenzó a cambiar mientras la observababa dormir plácidamente, sin ninguna preocupación.

—Así será más fácil para todos —se auto convenció a sí mismo mientras acababa de ponerse las botas.

Luego lentamente le puso ropa, la vistió. Algo en su pecho le pesaba, pero no podía evitarlo… no veía otra salida.

La tomó en sus brazos con suavidad y la cargó a su cama. La dejó lentamente allí y la tapó con las sabanas.

Se agachó a su altura y continuó mirándola por un breve momento con la mirada algo caída, con la respiración algo lenta.

Pasó la yema de su dedo pulgar por su frente, acarició un corto mechón rosado de su flequillo y le dio el último adiós con la mirada.

Besó rápidamente su frente y se puso de pie… caminó a la puerta sin mirar atrás.

Se dirigió a las calles de Konoha lentamente luego de cerrar la reja por última vez. Miraba con un brillo extraño en sus ojos el cielo… algo había cambiado en él.

La luna, las estrellas… poco a poco todo era más claro, estaba a punto de amanecer con un cielo despejado.

Pero aunque lo negara no era el cielo lo único que se había despejado esa noche… quizás dentro de su corazón también se había disipado una nube que lo cubría desde hace tiempo, aunque nadie nunca lo supiera… ni siquiera Sakura.

Porque efectivamente, él había borrado su memoria cuando activó el sharingan. Una inmensa laguna la cubriría cuando despertara en unas horas y no entendería absolutamente nada, y nunca sería capaz de comprender lo que había pasado esa noche. Nadie podría decírselo, nadie lo sabía.

…Sólo él. Y para ambos la vida continuaría su lento y mordaz rumbo… un rumbo solitario y triste… pero al menos el corazón de uno de ellos no estaría partido ni vanamente esperanzado.

Él se había ocupado de darle un último regalo a Sakura. Quizás por bondad, quizás por pena, incluso quizás por amor. Ni él estaba seguro… lo único que sabía era que ella no sufriría por su ausencia en la mañana, no lo extrañaría, no querría volver a tocar su piel… porque esa noche no existiría en su memoria.

Tan sólo le quedaban recuerdos malos y toscos de él, y para él eso era lo mejor… porque simplemente no podía darle lo que ella quería, no podía quedarse, no podía volver, no quería hacerlo.

Él no la merecía y no podía ofrecerle nada. Estaba vacío. No había absolutamente nada que darle más que odio, soledad, rencor.

Ella no tenía la culpa de la masacre de su familia. En realidad nadie la tenía, tan sólo unos pocos lo sabían y él ya era consciente de ello, por eso había dejado de buscar la destrucción de la aldea el día que Naruto lo hizo entrar en razón por última vez en el Valle del Fin… ya no estaba cegado por la manipulación de Madara y Tobi… pero incluso sabiendo eso le tiraba más el rencor, su familia muerta, y no podía volver a vivir en esa aldea sonriente donde todo su clan había sido extinto. No podía, simplemente le era imposible.

Lo perseguían los fantasmas del pasado y vengadores de familiares asesinados por él durante la guerra, y, por al menos una vez en su condenada vida quiso pensar en alguien más que él mismo y no arrastrarla al asqueroso abismo en el que estaba y del cual era imposible salir.

Partió esa noche lejos de Konoha, corriendo con furia por los bosques vacíos, escapando del pasado como siempre, continuando con su escape eterno… pero había algo que no podía negar.

Él era el único que sabría de aquella noche, y era el único con quien podía compartirla. Esa noche sólo existiría para él, sólo se depositaría en su solitaria y oscura memoria por siempre.

Y ella despertaría al otro día y su vida no cambiaría ni en un ápice, todo sería como siempre. No pretendería esperar que vuelva de nuevo, no lo llamaría con la mente, no pensaría cada instante de su vida en lo que había ocurrido esa noche.

Ni siquiera se entraría que había perdido la virginidad con él. Jamás, jamás lo sabría.

Jamás… o quizás….

Quizás… quizás… ¿quién sabe…?

Quizás algo pequeño y hermoso ya se estaba gestando en su dulce vientre... Y quizás el desertor olvidado sería el que nunca lo sabría.